viernes, 7 de diciembre de 2018

Lo que se esconde tras la embestida de ‎Estados Unidos contra los smartphones ‎chinos, por Manlio Dinucci


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Lo que se esconde tras la embestida de ‎Estados Unidos contra los smartphones ‎chinos, por Manlio Dinucci

 

 

Manlio Dinucci,Red Voltaire



Luego de haber impuesto fuertes gravámenes a una serie de mercancías chinas –por un monto de ‎‎250 000 millones de dólares– el presidente Donald Trump aceptó en el G20 una «tregua», ‎posponiendo con ello la adopción de nuevas medidas, sobre todo porque la respuesta china está ‎afectando la economía estadounidense. ‎
Pero, además de las razones comerciales, hay también razones de orden estratégico. Bajo la ‎presión del Pentágono y de las agencias de inteligencia, Estados Unidos ha prohibido los ‎smartphones y los equipos de telecomunicaciones de la empresa china Huawei, afirmando que ‎pueden ser utilizados para espiar a los usuarios, y está presionando a sus aliados para que también ‎los prohíban. ‎
La advertencia de Estados Unidos –principalmente a Italia, Alemania y Japón, los países donde ‎se hallan las mayores bases militares estadounidenses– sobre el peligro de espionaje chino viene ‎de las mismas agencias de inteligencia estadounidenses que han estado espiando durante años las ‎comunicaciones telefónicas de sus aliados, sobre todo en Alemania e Italia. ‎
La marca estadounidense Apple, en otra época líder absoluto en ese sector, se ha visto rebasada ‎en ventas por Huawei. Esta última, una empresa china que pertenece a sus trabajadores –quienes ‎son a la vez accionistas–, se ha situado en segundo lugar en ventas a nivel mundial, detrás de la marca ‎sudcoreana Samsung, lo cual es emblemático de una tendencia general. ‎
Estados Unidos, cuya supremacía económica se basa artificialmente en el dólar –hasta ahora la ‎principal divisa de los mercados mundiales y las reservas monetarias– va quedándose cada vez ‎más a la saga de China, tanto en capacidad productiva como en calidad de su producción. El New ‎York Times escribe: ‎
«Occidente estaba seguro de que el enfoque chino no funcionaría. De que sólo tenía que esperar.‎ Y todavía está esperando. China está proyectando una gran red global de ‎comercio, inversiones e infraestructuras que van a reconfigurar los vínculos financieros y ‎geopolíticos.»‎
Eso es lo que está sucediendo principalmente –aunque no sólo allí– a lo largo de la Nueva Ruta de ‎la Seda que China está implementando a través de 70 países de Asia, Europa y África. ‎
El New York Times analizó 600 proyectos realizados por China en 112 países (41 oleoductos y ‎gasoductos; 199 centrales de generación eléctrica, principalmente hidroeléctricas, entre ellas ‎‎7 represas en Cambodia, que garantizan el 50% de la electricidad que necesita ese país; 203 ‎puentes, carreteras y vías férreas; y varios grandes puertos en Pakistán, Sry Lanka, Malasia y otros ‎países). ‎
Washington ve todo eso como «una agresión a nuestros intereses vitales», como subraya el ‎Pentágono en la Estrategia de Defensa Nacional de los Estados Unidos de América 2018. ‎El Pentágono define a China como un «competidor estratégico que utiliza una economía ‎depredadora para intimidar a sus vecinos», ignorando toda la serie de guerras que ‎Estados Unidos desató hasta 1949, incluso contra China, para apoderarse de los recursos de ‎otros países. ‎
Mientras China construye represas, vías férreas y puentes, ciertamente útiles a su propio ‎desarrollo comercial pero también al desarrollo de los países donde se construyen, las guerras ‎estadounidenses lo primero que destruyen es precisamente las represas, vías férreas y puentes. ‎El Pentágono acusa a China de «querer imponer a corto plazo su hegemonía en la región indo-‎pacífica y de querer tomar desprevenido a Estados Unidos para apoderarse en el futuro de la ‎predominio global», lo cual estaría haciendo en complicidad con Rusia, acusada a su vez de ‎querer «destruir la OTAN» y «subvertir los procesos democráticos en Crimea y en el este de ‎Ucrania». ‎
De ahí el incidente en el Estrecho de Kerch, provocado por Kiev bajo la dirección del Pentágono, ‎para que se cancelara el encuentro entre Trump y Putin previsto al margen del G20 ‎‎(efectivamente cancelado) y meter a Ucrania en la OTAN, aunque de hecho ya es miembro de ese ‎bloque militar. ‎
La «competición estratégica a largo plazo con China y Rusia» es vista por el Pentágono como una ‎‎«prioridad principal». Por eso, el Pentágono «modernizará sus fuerzas nucleares y fortalecerá la ‎alianza transatlántica de la OTAN». ‎
Tras la fachada de la guerra comercial se prepara la guerra nuclear. ‎
Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la versión al francés de Marie-Ange Patrizio

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