viernes, 29 de noviembre de 2019

Seis proyectos de orden mundial ‎contradictorios entre sí ‎, por Thierry Meyssan


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Seis proyectos de orden mundial ‎contradictorios entre sí ‎, por Thierry Meyssan



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La retirada estadounidense de Siria, a pesar de haber sido inmediatamente objeto de una ‎‎“corrección”, indica ciertamente que Washington ya no tiene intenciones de seguir ejerciendo el ‎papel de gendarme del mundo, de ser el «Imperio necesario». Esa retirada desestabilizó ‎sin demora todas las reglas de las relaciones internacionales. Hemos entrado en un periodo de ‎transición en la que cada una de las grandes potencias sigue una nueva agenda. Veamos: ‎

Los tres «grandes»



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Estados Unidos
El derrumbe de la Unión Soviética pudo haber provocado el de Estados Unidos ya que ambos ‎países basaban su existencia como potencia en la existencia del otro como adversario. Pero ‎Estados Unidos sobrevivió a la desaparición de su adversario. Con la Operación Tormenta del ‎Desierto, el presidente George Bush padre garantizó que Estados Unidos se convirtiera en líder ‎indiscutible de todas las naciones, después desmovilizó 1 millón de soldados y proclamó la ‎búsqueda de la prosperidad. ‎
Las grandes transnacionales llegaron a un pacto con el dirigente chino Deng Xiaoping para que los ‎obreros chinos garantizaran, por salarios 20 veces inferiores a los de los obreros ‎estadounidenses, la manufactura de los productos que antes se fabricaban en ‎Estados Unidos. Esto favoreció un importante desarrollo del transporte internacional de ‎mercancías, así como la desaparición de empleos y de la clase media en Estados Unidos. ‎El capitalismo industrial fue reemplazado por un capitalismo financiero. ‎
A finales de los años 1990, Igor Panarin, profesor en la Academia de la diplomacia rusa, analizó el ‎derrumbe económico y psicológico de la sociedad estadounidense y estimó que es posible que ‎se produzca un derrumbe de Estados Unidos, fenómeno que –como sucedió con el derrumbe de ‎la URSS– daría paso a la división de Estados Unidos en nuevos Estados independientes.
Tratando ‎de postergar el derrumbe, Bill Clinton liberó a su país del respeto al Derecho Internacional con la ‎agresión contra Yugoslavia por parte de la OTAN. Como eso no fue suficiente, varias ‎personalidades estadounidenses tratan de adaptar su país al capitalismo financiero y de organizar ‎por la fuerza los intercambios internacionales para instaurar un «nuevo siglo americano» [léase ‎‎“estadounidense”]. Con George Bush hijo, Estados Unidos abandonó su posición de líder y trató ‎de convertirse en un poder mundial unipolar absoluto. George Bush hijo inició la «guerra sin fin» o «guerra ‎contra el terrorismo» teniendo como verdadero objetivo destruir, atacándolos uno por uno, las ‎estructuras de los Estados en todos los países del «Medio Oriente ampliado», o «Gran Medio ‎Oriente». Barack Obama prosiguió esa tarea asociando a ella una miríada de aliados. ‎
Esa política arrojó resultados, que sólo beneficiaron a unos pocos, los «súper ricos». ‎Los estadounidenses reaccionaron eligiendo presidente a Donald Trump. Trump rompió con sus ‎predecesores y, como Mijaíl Gorbatchov en la URSS, trató de salvar a Estados Unidos liberándolo ‎de sus compromisos más costosos. Reactivó la economía estadounidense estimulando las ‎industrias nacionales contra las que habían trasladado sus empleos al extranjero, subvencionó la ‎extracción del petróleo de esquistos y logró tomar el control del mercado mundial de ‎hidrocarburos a pesar del cártel constituido por la OPEP y Rusia. ‎
Consciente de que el ejército estadounidense es principalmente una enorme burocracia que ‎malgasta un presupuesto colosal con resultados insignificantes, Donald Trump puso fin al apoyo ‎que Estados Unidos aportaba al Emirato Islámico (Daesh) y al PKK, negociando con Rusia una vía ‎para poner fin a la «guerra sin fin» y tratando de perder lo menos posible. ‎

En el próximo periodo, Estados Unidos actuará prioritariamente en función de su ‎necesidad de ahorrar en todas sus acciones en el extranjero, llegando incluso a abandonarlas de ‎ser necesario. El fin del imperialismo no es una opción sino una cuestión existencial, un reflejo ‎motivado por el instinto de conservación, por la voluntad de sobrevivir.


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La República Popular China
Después del intento de golpe de Estado de Zhao Ziyang y de la revuelta de Tiananmén, Deng ‎Xiaoping inició su «viaja al sur». Anunció que China continuaría su proceso de liberación ‎económica estableciendo contratos con las transnacionales estadounidenses. ‎
Jiang Zeming prosiguió esa política. La costa de China se convirtió en el «taller del mundo», ‎lo cual trajo al país un gigantesco desarrollo económico. Poco a poco, Jiang Zemin limpió el ‎Partido Comunista de caciques y veló por que los empleos bien remunerados se extendieran al ‎interior del país. Posteriormente, Hu Jintao, preocupado por instaurar una «sociedad ‎armoniosa», abrogó los impuestos que pagaban los campesinos en las regiones más intrincadas ‎del país, adonde no llegaba el desarrollo económico. Pero no logró controlar los poderes ‎regionales y cayó, víctima de un caso de corrupción. ‎
Xi Jinping se propone abrir nuevos mercados poniendo en aplicación un proyecto titánico de ‎creación de vías comerciales internacionales que recuerda la antigua «Ruta de la Seda». Pero ‎ese proyecto llega demasiado tarde ya que, contrariamente a la época de la Antigüedad, China ya ‎no propone productos originales sino más bien lo mismo que venden las transnacionales occidentales, ‎aunque más barato. Los países pobres acogen ese proyecto como una bendición. Pero los países ‎ricos lo ven con gran temor y se preparan para sabotearlo. Xi Jinping está reposicionando a ‎su país en todos los islotes que había abandonado en el Mar de China en la época del derrumbe ‎del imperio Qing y de la ocupación de China por 8 ejércitos extranjeros. Consciente del poder de destrucción de las potencias occidentales, Xi Jimping ha establecido una alianza con Rusia y ‎se abstiene de tomar iniciativas políticas internacionales. ‎

En el próximo periodo, China consolidará sus posiciones en las instancias internacionales, ‎sin olvidar todo lo que los imperios coloniales infligieron al pueblo chino en el siglo XIX. Sin embargo, ‎China seguirá absteniéndose probablemente de intervenir militarmente y optará por mantenerse ‎en una posición de potencia estrictamente económica.
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La Federación Rusa
En el momento del derrumbe de la URSS, los rusos creyeron que podrían salvarse integrándose al ‎modelo occidental. En realidad, el equipo de gobierno de Boris Yeltsin, conformado por la CIA, ‎organizó el saqueo de los bienes colectivos por parte de unos cuantos individuos. En 2 años, un ‎centenar de esos individuos, el 97% de los cuales provenían de la minoría judía, acapararon el ‎máximo posible, convirtiéndose en multimillonarios. Esos nuevos oligarcas lucharon entre sí ‎de forma despiada, a golpe de batallas a tiros y de atentados dinamiteros en pleno Moscú, ‎mientras que el presidente Yeltsin lanzaba tanques contra el Parlamento. Sin un verdadero ‎gobierno, Rusia cayó en la ruina. Señores de la guerra y yihadistas armados por ‎la CIA organizaron la secesión en Chechenia. El nivel de vida y la esperanza de vida de los rusos ‎se derrumbaron. ‎
En 1999, el director del FSB [1], Vladimir Putin, salvó al presidente Yeltsin de una ‎investigación por corrupción. Vladimir Putin fue nombrado entonces presidente del Consejo de ‎Ministros, puesto que utilizó para forzar la dimisión de Yeltsin y hacerse elegir en su lugar. Vladimir ‎Putin puso fin a la guerra civil en Chechenia y fue deshaciéndose metódicamente de los oligarcas ‎que se negaron a plegarse ante el Estado. El regreso de Rusia al orden institucional también ‎puso fin al “sueño occidental” de los rusos cuyos niveles de vida y esperanza de vida registraron ‎una inmediata recuperación. ‎
Después de haber reinstaurado el estado de derecho, Vladimir Putin se mantuvo fuera de la ‎presidencia de la Federación Rusa por espacio de dos mandatos consecutivos. Apoyó a un insulso ‎profesor de Derecho, Dimitri Medvedev, adulado por Estados Unidos, como candidato a la ‎presidencia de la Federación. Sin embargo, decidido a no dejar el poder en manos ‎no confiables, Putin se hizo nombrar primer ministro. Creyendo que Rusia se derrumbaría ‎nuevamente, Georgia atacó Osetia del Sur pero se encontró instantáneamente con el ‎primer ministro Putin en su camino. Aquello permitió a Putin comprobar el lastimoso estado de ‎las fuerzas armadas rusas, pero logró vencer recurriendo al factor sorpresa. ‎
En 2012, después de haber dejado pasar dos mandatos presidenciales, durante los cuales ‎se desempeñó como primer ministro, Putin se presentó nuevamente como candidato a la ‎elección presidencial, fue electo democráticamente y se dedicó a transformar el sector de ‎la defensa. Cientos de miles de oficiales, a menudo desviados de lo que debe ser el ‎comportamiento de un militar por los anteriores años de decadencia de las fuerzas armadas ‎rusas, fueron enviados a la jubilación y Putin puso al general Serguei Choigu, un tuvano (miembro ‎de una minoría de Siberia), a la cabeza del ministerio ruso de Defensa. ‎
Volviendo al modo de gestión ruso tradicional, Vladimir Putin separó el presupuesto civil de una ‎parte del presupuesto militar: la Duma Estatal (el parlamento de la Federación Rusa) se encarga de votar el presupuesto civil y el presupuesto militar es secreto. Vladimir Putin restauró ‎la investigación militar, mientras que Estados Unidos creía no tener ya necesidad de invertir en ‎ese sector. Bajo el mandato de Vladimir Putin se desarrollaron numerosas armas de nuevo tipo, ‎antes de proceder al despliegue de las nuevas fuerzas armadas rusas en ayuda de la República ‎Árabe Siria. En el teatro de operaciones sirio, el ejército ruso puso a prueba su nuevo armamento ‎en condiciones de combate real y pudo decidir qué armas pasarían a la etapa de producción. En aras ‎de favorecer la experiencia de las tropas en condiciones de combate, se organizó una rotación ‎trimestral del contingente ruso en Siria. En 18 años, la Federación Rusa, que en 1991 había ‎perdido su lugar internacional en el sector militar, se ha convertido en la primera potencia ‎militar mundial. ‎
Simultáneamente, Vladimir Putin supo utilizar el golpe de Estado nazi en Ucrania para recuperar ‎Crimea, territorio ruso que Nikita Jrushov había incorporado administrativamente a Ucrania. La ‎Unión Europea adoptó entonces contra Rusia una serie de sanciones que Vladimir Putin utilizó ‎para alcanzar la autosuficiencia de la Federación Rusa mediante el desarrollo de la producción ‎agropecuaria interna. ‎
Putin estableció además una alianza con China y logró que ese país modificara su proyecto de ‎nueva ruta de la seda incorporando las necesidades del territorio ruso en materia de ‎comunicaciones terrestres para fundar una «Asociación de Eurasia Ampliada». ‎

Durante los próximos años, Rusia tratará de reorganizar las relaciones internacionales en ‎función de 2 objetivos:
- separar los poderes públicos y los poderes religiosos;‎
- reinstaurar el derecho internacional sobre las bases formuladas por el zar Nicolás II.


Occidente de Europa



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Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte
En el momento del derrumbe de la URSS, el Reino Unido suscribió, con reservas, el Tratado de ‎Maastricht. El primer ministro John Mayor pretendía aprovechar las ventajas que ofrecía la Unión ‎Europea como entidad supranacional, pero conservando la moneda británica. Se regocijó ‎por tanto con el ataque George Soros contra la libra británica e impuso que esa moneda saliera ‎del SME (el sistema monetario de la Unión Europea). Su sucesor, el laborista Tony Blair, restauró ‎la plena independencia del Banco de Inglaterra y planteó la posibilidad de que el Reino Unido ‎saliera de la UE para unirse al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) [2]. Tony Blair transformó la defensa de ‎los intereses de su país sustituyendo el respeto del Derecho Internacional por referencias a los ‎Derechos Humanos. Se convirtió en promotor de las políticas estadounidenses de Bill Clinton, y ‎más tarde de las políticas de George Bush hijo, estimulando y justificando la ampliación de la ‎Unión Europea, la «guerra humanitara» en Kosovo y posteriormente el derrocamiento del ‎presidente iraquí Saddam Hussein. En 2006, Blair elaboró el plan de «primaveras árabes» y ‎lo presentó a Estados Unidos. ‎
Su sucesor, Gordon Brown, vaciló en cuanto a la continuación de esa política y trató de recuperar ‎un margen de maniobra, pero tuvo que consagrar sus energías a la crisis financiera de 2008, que ‎finalmente logró atravesar. Después, David Cameron aplicó, con Barack Obama, el plan Blair-‎Bush de «primaveras árabes», principalmente la guerra contra Libia pero el objetivo de poner a ‎la Hermandad Musulmana en el poder en el Medio Oriente ampliado lo logró sólo parcialmente. ‎David Cameron acabó dimitiendo cuando los electores británicos votaron a favor del Brexit, en un ‎momento en que la posibilidad de incorporar el Reino Unido al Tratado de Libre Comercio de ‎América del Norte había quedado atrás. ‎
Theresa May trató de aplicar el Brexit, sacando al Reino Unido del Estado supranacional creado ‎por el Tratado de Maastricht pero manteniéndolo en el mercado común anterior a Maastricht. ‎Fracasó en ese empeño y fue reemplazada como primer ministro por el biógrafo de Winston ‎Churchill, Boris Johnson. Este último ha decidido sacar totalmente el Reino Unido de la Unión ‎Europea y reactivar la política exterior tradicional del Reino: la lucha contra todo Estado ‎competidor en Europa. ‎

Si Boris Johnson logra mantenerse en el poder, durante los próximos años el Reino Unido ‎tratará de enemistar a la Unión Europea con Rusia.


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Francia
Francois Mitterrand no entendió el desmembramiento de la URSS y llegó incluso a respaldar el ‎intento de golpe de los generales soviéticos contra el presidente Mijaíl Gorbatchov. Lo que sí vio ‎Mitterrand fue una oportunidad para construir un Estado supranacional europeo ‎lo suficientemente grande como para rivalizar con Estados Unidos y China, dando continuación ‎a los intentos napoleónicos en ese sentido. También favoreció, junto al canciller alemán Helmut ‎Kohl, la unificación alemana y el Tratado de Maastricht. ‎
Inquieto ante ese proyecto de “Estados Unidos de Europa”, el presidente estadounidense ‎Bush padre, convencido de que era necesaria la «doctrina Wolfowitz» sobre impedir el ‎surgimiento de un competidor ante el liderazgo de Estados Unidos, obligó a Mitterrand a aceptar ‎que la Unión Europea se pusiera bajo la protección de la OTAN y que se extendiera a los países ‎que habían sido miembros del desaparecido Pacto de Varsovia. Francois Mitterrand utilizó la llamada ‎‎«cohabitación» [3], así como al ministro gaullista del Interior, Charles Pasqua, para combatir a la ‎Hermandad Musulmana, cofradía que la CIA había obligado a aceptar en Francia y que el MI6 ‎utilizaba para expulsar a Francia de Argelia. ‎
Como sucesor de Mitterrand en la presidencia de Francia, Jacques Chirac desarrolló la fuerza ‎nuclear francesa de disuasión poniendo fin a las pruebas nucleares francesas y pasando a los ensayos por simulación antes de firmar el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos ‎Nucleares (TPCEN) [4]. Al mismo tiempo, Jacques Chirac adaptó las fuerzas ‎armadas de Francia a las necesidades de la OTAN poniendo fin al servicio militar obligatorio e ‎integrando el país al Comité Militar de la alianza atlántica. Chirac apoyó la iniciativa de la OTAN ‎contra Yugoslavia (la guerra de Kosovo), pero –después de haber leído y estudiado el libro ‎‎L’Effroyable imposture [5]– encabezó la oposición mundial a la agresión contra Irak. Eso ‎le permitió vincularse al canciller alemán Schröder y hacer avanzar la Unión Europea, como ‎Estado supranacional europeo, que él seguía viendo como herramienta de una independencia ‎europea alrededor del dúo franco-alemán. Desestabilizado por el asesinato de su socio de negocios, ‎el ex primer ministro libanés Rafic Hariri, Jacques Chirac se volvió contra Siria, país que ‎Estados Unidos designaba como fuente de la orden del asesinato de Hariri. ‎
Partidario de una política radicalmente diferente a la de su predecesor Jacques Chirac, el ‎proestadounidense Nicolas Sarkozy puso las fuerzas armadas de Francia bajo las órdenes de ‎Estados Unidos al incorporarlas al Mando Integrado de la OTAN. Sarkozy trató de ampliar la ‎zona de influencia de Francia organizando la Unión para el Mediterráneo, pero ese proyecto ‎no funcionó. Derrocó al presidente Laurent Gbagbo en Costa de Marfil y, aunque ‎nunca entendió lo que estaba sucediendo en las «primaveras árabes» de Túnez y Egipto, ‎encabezó la operación de la OTAN contra Libia y contra Siria. Sin embargo, dando pruebas de ‎realismo, Sarkozy entendió la resistencia de Siria y se retiró de ese país. Prosiguió la ‎construcción de los Estados Unidos de Europa forzando la adopción del Tratado de Lisboa por los ‎legisladores franceses a pesar de que los electores ya habían rechazado ese texto bajo la ‎denominación de «Constitución Europea». En realidad, la modificación de las instituciones, que ‎supuestamente debían hacerse más eficaces con 27 países miembros de la Unión Europea, ‎transformó profundamente el Estado supranacional, que ahora impone su propia voluntad a los ‎países miembros. ‎
Al llegar al poder sin preparación previa, el presidente Francois Hollande siguió de manera algo ‎rígida los pasos de su predecesor Nicolas Sarkozy, cuya ideología tuvo que adoptar. Hollande ‎firmó todos los tratados que Sarkozy había negociado –incluyendo el pacto presupuestario ‎europeo que permite la adopción de sanciones contra Grecia– limitándose a agregar en ‎cada uno, como excusándose por su cambio de posición, una declaración en la que expresaba su ‎propio punto de vista pero sin carácter vinculante. Hollande autorizó así la instalación de bases militares de la OTAN en suelo francés, poniendo fin ‎de esa manera a la doctrina gaullista de independencia nacional de Francia. También continuó la ‎política de agresión contra Siria‎, emprendiendo incluso una imprudente escalada verbal para ‎después no hacer nada, con lo cual se plegaba a las órdenes de la Casa Blanca. Hollande asignó ‎a las fuerzas terrestres de Francia una misión en el Sahel, poniéndola a hacer el papel de ‎infantería del AfriCom, el mando de las fuerzas militares de Estados Unidos en África. Finalmente, ‎Hollande justificó la existencia de la Bolsa de Emisiones de CO₂ mediante el Acuerdo de París sobre ‎el clima. ‎
Ganador de la elección presidencial francesa en 2017 gracias al fondo de inversiones ‎estadounidense KKR, Emmanuel Macron es ante todo un defensor de la globalización que ‎preconizaron los presidentes estadounidenses Bill Clinton, George Bush hijo y Barack Obama. ‎Sin embargo, Macron adopta rápidamente la visión de Francois Mitterrand y de Jacques Chirac, ‎según la cual sólo la existencia de un Estado supranacional europeo permitirá a Francia conservar ‎un papel internacional importante, aunque combina esa visión con la versión Sarkozy-Hollande: la ‎Unión permite la obligatoriedad. Esos dos líneas a veces lo llevan a caer en contradicciones, ‎sobre todo ante Rusia. Pero ambas líneas se unen en una condena del nacionalismo de los ‎Estados miembros de la Unión Europea, la opción de un Brexit corto y también en un deseo de ‎restablecer el comercio con Irán. ‎

En los próximos años, Francia está llamada a tomar sus decisiones en función del impacto ‎que puedan tener en la edificación de la Unión Europea. Tratará prioritariamente de aliarse a ‎cualquier potencia que actúe en ese sentido.


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La República Federal de Alemania
El canciller alemán Helmut Kohl‎ vio el desmembramiento de la Unión Soviética como una oportunidad para ‎reunir las dos Alemanias. Obtuvo la aprobación de Francia a cambio del respaldo alemán ‎al proyecto de moneda única de la Unión Europea: el euro. También obtuvo la aprobación de ‎Estados Unidos, que vislumbró en el asunto una manera de incorporar a la OTAN el ejército del este de ‎Alemania, a pesar de la promesa estadounidense a Mijaíl Gorbatchov de no incorporar la ‎República Democrática Alemana a la alianza atlántica. ‎
Ya realizada la reunificación alemana, el canciller Gerhard Schroder planteó la cuestión del papel ‎internacional de Alemania, que seguía bajo las consecuencias de su derrota en la Segunda Guerra ‎Mundial. Aunque Alemania ya no estaba bajo la ocupación de las cuatro grandes potencias ‎consideradas ganadoras de la guerra, aún seguía albergando enormes guarniciones ‎estadounidenses así como la sede del EuCom (el mando de las fuerzas estadounidenses en ‎Europa), además de que estaba a punto de convertirse también en sede del AfriCom (el mando de ‎las fuerzas estadounidenses para África). Gerhard Schroder utiliza la guerra «humanitaria» ‎en Kosovo para desplegar legalmente, por primera vez desde 1945, tropas alemanas fuera del ‎país. Pero se niega a reconocer como Estado ese territorio conquistado por la OTAN. ‎Al mismo tiempo, Schroder se implica fuertemente junto al presidente francés Jacques Chirac ‎contra la guerra que Estados Unidos y Reino Unido promueven y finalmente desatan contra Irak. ‎Para ello, Schroder subraya que nada demuestra que el presidente iraquí Saddam Hussein haya ‎estado implicado en los atentados del 11 de septiembre. El canciller Schroder trata de influir para ‎que la construcción de la Unión Europea se encamine por la vía pacífica, fortalece los vínculos ‎con Rusia en materia de energía y propone una Europa federal (en la que se podría incluir Rusia), ‎según el modelo alemán. Pero encuentra la oposición de Francia, extremadamente empeñada en ‎imponer el proyecto de Estado supranacional. ‎
La canciller Angela Merkel vuelve a la política de su mentor Helmut Kohl, quien en sólo una noche ‎la había hecho abandonar sus responsabilidades en las juventudes comunistas de la antigua ‎República Democrática Alemana para integrarse al gobierno de la República Federal de Alemania. ‎Estrechamente vigilada por la CIA, que no sabe bien cómo definirla, Angela Merkel fortalece las ‎relaciones de Alemania con Israel y Brasil. En 2013, respondiendo a una proposición de Hillary ‎Clinton, Merkel solicita a Volker Perthes que estudie la posibilidad de desarrollar el ejército alemán ‎para que este desempeñe un papel central en el CentCom si Estados Unidos desplaza sus tropas ‎de Europa hacia el Extremo Oriente. Merkel solicita entonces estudios sobre la manera como los ‎oficiales alemanes podrían dirigir los ejércitos de los países del centro y del este de Europa y ‎también pide a Volker Perthes que redacte un plan de capitulación para Siria. Muy apegada a las ‎estructuras atlantistas y europeas, Merkel se distancia de Rusia y apoya el golpe de Estado nazi ‎en Ucrania. Por una cuestión de eficacia, Merkel exige que la Unión Europea pueda imponer ‎su voluntad a los países miembros más pequeños, se muestra muy dura durante la crisis ‎financiera griega y posiciona pacientemente sus peones dentro de la burocracia europea hasta ‎lograr la elección de su compatriota Ursula von der Leyen como presidente de la Comisión ‎Europea. Cuando Estados Unidos se retira del norte de Siria, Merkel reacciona de inmediato ‎proponiendo a la OTAN el envío del ejército alemán como reemplazo, conforme al plan de 2013. ‎

En los próximos años es probable que Alemania privilegie las posibilidades de intervención ‎militar en el marco de la OTAN, principalmente en el Medio Oriente, y que desconfíe del proyecto ‎de Estado supranacional europeo centralizado.


Viabilidad


Resulta extraño oír hablar hoy en día de «multilateralismo» y de «aislacionismo» o de ‎‎«universalismo» y «nacionalismo». Estas cuestiones no se plantean en la medida en que desde ‎la conferencia de La Haya (en 1899) se sabe que el avance de la técnica hace solidarias a las ‎naciones. Todo este palabreo no logra esconder la incapacidad para admitir las nuevas ‎correlaciones de fuerzas y la ausencia de voluntad para plantearse un orden mundial lo menos ‎injusto posible. ‎
Sólo las tres grandes potencias pueden abrigar la esperanza de contar con los medios que ‎sus políticas exigen. Sólo pueden alcanzar sus fines sin guerra si siguen la línea rusa, basada en ‎el Derecho Internacional. Pero el peligro de inestabilidad política interna en Estados Unidos da ‎más vigencia que nunca al peligro de enfrentamiento generalizado. ‎
Al salir de la Unión Europea, los británicos se ven obligados a unirse a Estados Unidos –lo que ‎el presidente Donald Trump rechaza– para no desaparecer de la escena política. Mientras tanto, ‎Alemania y Francia –ambas en situación de decadencia– no tienen más opción que apostar por la ‎Unión Europea. Por ahora, Alemania y Francia tienen opiniones muy diferentes sobre el tiempo ‎disponible y ven la construcción europea de dos maneras incompatibles entre sí, lo cual podría ‎llevarlas a desmembrar ellas mismas la Unión Europea. ‎

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