viernes, 2 de febrero de 2018

Los Estados que salvaron a al-Qaida



Aunque Irán y sus apoderados en la región intentan pasar por moderados que combaten el “terrorismo”, un libro recién publicado arroja más luz sobre el papel de los actores estatales –Teherán y Pakistán sobre todo- a la hora de facilitar las operaciones de al-Qaida desde el 11-S hasta nuestros días.
El nuevo libro de los periodistas de investigación Adrian Levy y Catherine Scott-Clark, The Exile: The Flight of Osama bin Laden, traza la carrera del fundador de al-Qaida, Osama bin Laden, pasando por la fecha en que su nombre se nos hizo familiar –el 11 de septiembre de 2001-, por su caída en 2011, hasta llegar a finales de 2016, cuando al-Qaida era más poderosa que nunca. Es un relato absolutamente absorbente, que saca a la luz un caudal enorme de hechos nuevos, incluyendo muchos detalles complejos de cómo al-Qaida operaba a nivel humano en el día a día y de los Estados y para-Estados que protegían a la red terrorista, colaboraban con ella y la posibilitaban, algo que aún siguen haciendo.
La concentración de la red de Bin Laden en Sudán y después en las zonas bajo control talibán de Afganistán en la década de 1990, es historia conocida, pero las escisiones y debates entre los yihadistas árabes alrededor de Bin Laden, incluida la oposición de un número significativo de ellos a la masacre del 11-S, son quizá mucho menos conocidos. Los autores rastrean cómo Bin Laden manipuló sus propias cuasi-instituciones para salirse con la suya. En primer lugar, Bin Laden asumió el plan de un hombre, Khalid Shaykh Muhammad (KSM), que ni siquiera era miembro de al-Qaida, y luego, antes de la votación crucial, atestó el consejo de la Shura de extremistas egipcios pergeñando una fusión entre al-Qaida y la Yihad Islámica, que estaba dirigida por Ayman al-Zawahiri.
Esta intriga de alto riesgo se añade a los problemas menos elevados de dirigir una organización terrorista clandestina. El entonces jefe de seguridad de Bin Laden, Nasser al-Bahri (Abu Yandal), fue enviado de vuelta a su Yemen natal antes del 11-S. Al Bahri había concertado una nueva esposa para Bin Laden, Amal, como parte de un plan para reforzar las relaciones con una influyente tribu yemení. En aquel momento, Yemen servía de importante ámbito de reclutamiento y recaudación de fondos, así como de potencial base alternativa en caso de que los lazos con los talibán siguieran deteriorándose. Amal era muy joven; su presencia enfureció a las otras esposas de Bin Laden, que se negaron a hablar con la muchacha y empezaron a atacar a la esposa de al-Bahri, Tayez. ¿Sabía ella lo que su marido iba a hacer para Bin Laden? ¿Por qué no las advirtió? Amal no tuvo más opción que aceptar el ostracismo a que la sometieron; Tayez no se sintió tan atrapada. “Abochornado por la malevolencia de su familia”, explican los autores, Bin Laden “permitió que su jefe de seguridad se trasladara a Sanaa, disfrazándolo de ‘misión’ […] para reforzar el apoyo entre los líderes tribales, jeques e imanes yemeníes, preparando así la reubicación allí de al-Qaida”.
Cuando unos Estados Unidos enfurecidos barrieron a los talibán del poder a finales de 2001, y tenían “al Sheij” y a sus tropas arrinconadas en Tora Bora, tropezaron con la contradicción que echaría a perder para siempre la campaña afgana: no sólo eran apoderados del “ala-S” de los Servicios de Inteligencia pakistaníes (ISI), como Jaysh-e-Muhamad y Lashkar-e-Tayyiba –instrumentos terroristas organizados para emprender una guerra en la sombra con la India-, que ayudaban activamente a que los operativos de al-Qaida entraran en Pakistán, protegiéndoles una vez que se encontraban en el país, sino elementos poderosos del ISI in toto y del establishment militar y de inteligencia pakistaní que apoyaban a niveles más amplios una política que trataba de asegurar que EE. UU. no pudiera conseguir eliminar a al-Qaida. En su forma más cínica, esta política intentaba que los cheques siguieran llegando, pero para muchos representaba un compromiso profundamente sincero con la causa yihadista.
El papel de Hamid Gul, el jefe del ISI durante las últimas etapas de la ocupación soviética de Afganistán como pieza clave de las cloacas pakistaníes del terrorismo “negable” patrocinado por el Estado, fue razonablemente bien entendido. Las escenas esbozadas por Levy y Scott-Clark sobre el comportamiento de los oficiales militares y de inteligencia de servicio en Pakistán constituyen algunos de los pasajes más impactantes del libro.
El teniente general Mahmud Ahmed, uno de los conspiradores que derrocó al gobierno civil en Pakistán en 1999, llevando a Pervez Musharraf al poder, fue jefe del ISI durante ese período crucial. En EE. UU. se producía el 11-S y Ahmed, atrapado allí durante varios días, fue atacado por el jefe de la CIA en cuanto regresó a Pakistán. Tan pronto como estuvo libre, Ahmed visitó al líder talibán Muhammad Omar. "Nunca entregues al Sheij Osama", le dijo Ahmed al mullah Omar, y protégele “a cualquier precio”. Ahmed empezó entonces a compartir inteligencia con Omar, que le facilitó entrenamiento en la guerra de guerrillas, en la resistencia al poder aéreo estadounidense y envió un equipo de especialistas del ISI para ayudar a los talibán a poner bombas-trampa en las ciudades; también hizo llegar a los talibán tal cantidad de tanques-cisterna de combustible y suministro de camiones, que atascaron el cruce fronterizo con Afganistán, en Chaman”. En diciembre de 2001, después de que Islamabad llegara a un acuerdo con EE. UU. para aplastar a al-Qaida en un movimiento de pinza en las montañas a lo largo de la Línea Durand, uno de los operativos del ISI intentó volar el parlamento indio, el Lok Sabha, desencadenando casi una guerra termonuclear en el subcontinente, llevándose a rastras a las tropas que estaban a punto de acabar con al-Qaida.
Bin Laden y una célula pequeña, protegidos por Ibrahim Said Ahmed, el mensajero que hizo célebre la película Zero Dark Thirty como Abu Ahmad al-Kuwaiti, se adentró en unas zonas tribales paquistaníes que incluso al ISI le resultaba muy difícil controlar. Después de varios años de vivir en hogares cada vez más abarrotados, Bin Laden se instaló en el complejo de Abbottabad a finales de agosto de 2005. Poco después, el ISI, a través de Fazlur Rahman Khalil, el padrino de los talibanes, se acercó directamente a Bin Laden, ofreciéndole facilitar su estancia en Pakistán: debería mantenerse callado y fingir que estaba muerto; se asegurarían de que sus redes en la policía y el ejército mantuvieran a los estadounidenses y a cualquier otra persona lejos de él y de sus principales lugartenientes. Incluso a finales de agosto de 2010, el ISI estaba utilizando líneas de comunicación con Bin Laden, buscando un pacto de no agresión. Bin Laden sospechaba que era una trampa para atraerle; es posible que nunca lo sepamos.
Ese mismo mes del verano de 2010, Bin Laden abandonó el recinto de Abbottabad. No era la primera vez que lo hacía. Entre otros viajes, Bin Laden había asistido a la reunión de planificación en Mansehra, a unos 24 kilómetros al norte de Abbottabad, con ocasión de la enorme atrocidad acaecida en Mumbai en noviembre de 2008, un crimen “facilitado por Lashkar, supervisado por el ala-S del ISI y patrocinado por al-Qaida”. Esta vez Bin Laden estaba arreglando las comunicaciones con su esposa Khairiah, que estaba en Pakistán, aunque a cierta distancia, por razones de seguridad. Acababa de salir de Irán con Hamza, el hijo de Bin Laden, y otros familiares.
Cuando escapó de la “Montaña Blanca” a finales de 2001, Osama había recurrido a un viejo amigo: Gulbuddin Hekmatyar, un señor de la guerra muyahaidin, tristemente célebre por reducir Kabul a cenizas en la guerra civil con otros comandantes muyahaidin que siguió a la expulsión de los soviéticos de Afganistán, así como por su participación en la gran batalla con el Ejército Rojo. En 2001, Hekmatyar tenía su base en Irán y estaba bajo la dirección del general Qassem Soleimani, el comandante de la Fuerza expedicionaria Al-Quds dentro del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). “Dirigida desde Teherán, la red de Hekmatyar en Afganistán siguió activa y respondió a la petición de ayuda de Osama”, señalan los autores. Mientras Bin Laden y su partido se adentraban en Pakistán, gran parte del liderazgo militar y religioso de al-Qaida se dirigió hacia Irán. No se trató de un acontecimiento accidental.
En enero de 2002, Soleimani aprobó directamente que se proporcionara un puerto seguro a al-Qaida. En marzo de 2002, el goteo de operativos de al-Qaida hacia Irán se convirtió en torrente cuando a los hombres de Soleimani se les ordenó que establecieran campamentos en la frontera para albergar a los terroristas de al-Qaida y a sus familias. Algunos grupos de yihadistas fueron trasladados a Teherán, alojados en el hotel Amir, con sus mujeres e hijos al otro lado de la calle en el hotel de cuatro estrellas Howeyzeh, ambos en la misma calle que los cuarteles de Soleimani en la antigua embajada estadounidense. A esos hombres se les facilitaron documentos falsos para que pudiera trasladarse al sureste asiático y más allá. Un grupo de los dirigentes más destacados de al-Qaida: los militares Sayf al-Adel y Abu Muhammad al-Masri; el estratega Mustafa Setmariam Nasar (Abu Musab al-Suri); el fundador del Estado Islámico, Ahmad al-Khalayleh (Abu Musab al-Zarqawi); más la familia de Bin Laden, fueron instalándose formando una red entre las poblaciones árabes en Irán. A través de Mafuz Ould al-Walid (Abu Hafs al-Mauritani), el principal clérigo de Bin Laden en Afganistán, salieron de entre las sombras y llegaron a una serie de condiciones con la Fuerza Al-Quds.
En ocasiones, esas condiciones semejaban un arresto domiciliario, aunque incluso en esa supuesta cautividad, a al-Qaida se le permitía que dirigiera sus operaciones. Sayf al-Adel dirigió el bombardeo de Riad desde Irán en mayo de 2003, y al-Adel, que estaba muy próximo a Soleimani, era completamente consciente de que donde su terrorismo se solapara con los intereses iraníes, la Fuerza Al-Quds le ayudaría. El jefe de los asuntos exteriores de al-Qaida, Abu al-Khayr, era libre de trabajar en una “bomba sucia”, a pesar de hallarse bajo custodia (a Abu al-Khayr se le permitió abandonar Irán en 2015, desde donde se dirigió directamente a Siria, donde se suponía que Irán se mantenía firme contra los terroristas de al-Qaida. Abu al-Khayr era el segundo de al-Qaida cuando la coalición liderada por los estadounidenses acabó con él en Idlib en febrero de 2017).
En otros momentos, especialmente después de 2007, al-Qaida era mucho más libre. Sin duda que hubo una lucha constante para conseguir apalancarse –en 2010 pareció propiciarse un intercambio de rehenes entre Khairiah y los otros-, pero cuando eso se vino abajo, Irán, a pesar de las repetidas peticiones, no entregó a al-Qaida a EE. UU., y hasta el momento presente permite que al-Qaida dirija su “principal oleoducto” desde Pakistán, a través de Irán, hacia el mundo árabe. Cuando se produjeron deportaciones, como en el caso de al-Zarqawi, que pasó breves momentos en una prisión iraní, Irán ayudó a los operativos de al-Qaida a hacer los viajes que de todas formas iban a hacer, y la Fuerza Al-Quds permitió que al-Zarqawi siguiera su camino con teléfono de satélite, pasaportes, armamentos y dinero, ayudándole a orquestar su caos en Iraq.
El trabajo preliminar y la provisión de fuentes en el libro son impresionantes. Cuando uno llega al momento, en mayo de 2011, en que las fuerzas de operaciones especiales de la Marina estadounidense llegan a por Bin Laden, y él comprueba que su recinto es una trampa de la que no hay escapatoria, los autores narran los acontecimientos de forma absolutamente única. Cuando los helicópteros se le vinieron encima, “Osama se despertó con una expresión temerosa”, escriben. Se nos cuenta lo que su esposa, Amal, “pensó” acerca de lo que estaba sucediendo. Por un momento, uno se pregunta cómo puede saberse esto y entonces uno lee las notas al pie. Levy y Scott-Clark preguntaron a las únicas personas que podían saberlo.
Cualquier crítica es una cuestión de énfasis e interpretación.
En mi opinión, el libro descarta demasiado fácilmente la cuestión de las conexiones de Sadam Husein a favor de la opinión general de que no existían tales conexiones. Un ejemplo: cuando se refieren al movimiento de una docena de yihadistas vinculados con al-Qaida en Bagdad en mayo de 2002, incluido al-Zarqawi, los autores escriben que la administración Bush –ante la insistencia del secretario de estado Colin Powell- había bloqueado un plan para matar a al-Zarqawi en su base del norte de Iraq a fin de utilizarle para justificar la inminente invasión “permitiendo que Zarqawi se deslizara hasta Bagdad”. En sí misma, esta narrativa esconde la capacidad de acción de los implicados: hombres buscados de perfil alto no sólo se “deslizaron” hacia la capital de Sadam. Pero la narrativa no se sostiene una vez que se tiene en cuenta que Powell y su adjunto, Richard Armitage, eran más intransigentes que incluso el director de la CIA, George Tenet, en su oposición a la invasión de Iraq.
Mahfuz al-Walid ocupa un lugar preponderante como fuente en el libro, y sólo ocasionalmente se tiene la sensación de que algunas de sus autojustificaciones y tendencias partidistas son florituras. “Aquí en Afganistán […] no pudimos contener nuestra alegría cuando vimos a EE. UU. saborear, por un día, lo que el pueblo islámicos lleva tragando cada día desde hace décadas”, dijo al-Walid a un entrevistador de Al-Jazeera en noviembre de 2001. “Uno de los actos de gracia de esta generación es matar estadounidenses”. Al-Walid fue el segundo líder de al-Qaida en aparecer en público tras el 11-S. Ahora dice que fue una declaración ad hoc que hizo encolerizado después de ver las sangrientas secuelas de un ataque aéreo estadounidense. Resulta un poco demasiado oportuno.
Finalmente, el marco de la lucha dentro de Irán entre reformistas y conservadores respecto al hecho de albergar al liderazgo de al-Qaida se desmonta más bien en sí mismo. Ya sea que uno acepte o no los hallazgos de la CIA en el sentido de que estos cismas entre las elites son aspectos secundarios en un Estado dirigido con mano firme por el líder supremo Ali Jamenei y su Fuerza Al-Quds, Irán albergó a dirigentes clave de al-Qaida. Las personas con peso en Irán acogieron a al-Qaida en un momento de peligro existencial, les dejaron que orquestaran libremente el terrorismo más allá de las fronteras de Irán y continúan manteniendo a líderes operativos de al-Qaida, como Sayf al-Adel y Abu Muhammad al-Masri, a salvo de los drones estadounidenses. Esta es una conclusión a tener en cuenta para poder avanzar.
Kyle Orton es analista de cuestiones relativas a Oriente Medio, con un interés especial en Siria y el yihadismo. Twitter @KyleWOrton
Fuente: https://www.aljumhuriya.net/en/content/states-saved-al-qaeda  
Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma. 
 

La pobreza sigue teniendo nombre de mujer y de los condenados de la tierra


rebelion.org

La pobreza sigue teniendo nombre de mujer y de los condenados de la tierra

 


Tiene razón Alejandro Nadal [AN]cuando en "Davos: los ricos y poderosos en la montaña mágica" [1] formula algunas críticas sobre el reciente informe de Oxfam [2]. Resumimos.
El informe sobre desigualdad a escala mundial (oxfam.org) revela que el año anterior 82% de la riqueza generada en la economía mundial fue a parar a manos del 1% de la población. En cambio, "para la mitad más pobre del planeta (3.700 millones de personas) los ingresos permanecieron sin cambio". Para Oxfam, como es razonable, "esta concentración de riqueza no es el signo de una economía saludable, sino el síntoma de un modelo que ha fallado a miles de millones de personas que no pueden salir de la pobreza por medio de su trabajo".
El informe se apoya "en datos duros de varias fuentes, incluyendo el Laboratorio sobre desigualdad mundial, de la Escuela de economía en París, creado por Thomas Piketty y Emanuel Sáez (wid.world)". Entre sus recomendaciones para revertir este proceso de creciente desigualdad "se encuentra el control y eliminación de la evasión fiscal y el incremento de los salarios". Para Oxfam, prosigue AN, "el problema medular es que la economía mundial se comporta como un modelo de crony capitalism, que puede traducirse como capitalismo de compadres o de connivencia". De ahí que las grandes empresas puedan beneficiarse de la evasión fiscal y del salario de hambre que pagan a muchos de sus trabajadores, especialmente las que ellos llaman "menos cualificadas".
Sin embargo, aquí se concreta la posición valorativa de AN, "aunque la crítica es certera, está basada en un diagnóstico muy superficial". El capitalismo no es un modelo, como dice Oxfam. "Es un modo de producción (y consumo) históricamente determinado". Las grandes corporaciones, que tanto aparecen en el informe, "son centros privados de acumulación de capital que se enfrentan en una encarnizada competencia por la rentabilidad". De ahí también la búsqueda sistemática y permanente de mecanismos para deprimir salarios. Le llaman "devaluación interna". Las recomendaciones de Oxfam, sostiene AN, "están condenadas a languidecer como débil eco en los participantes de la reunión en Davos, cuando regresen a sus países en sus jets privados". Un ejemplo. Oxfam sugiere que los gobiernos deben funcionar en beneficio de toda la población en lugar de hacerlo para beneficio de las grandes corporaciones. Buena idea, exclama AN, "pero eso ignora todo sobre la dinámica del capitalismo contemporáneo y, en especial, sobre la política macroeconómica neoliberal".
Nadal da un ejemplo. De política monetaria. Uno de los temas clave, señala, ignorado por Oxfam "se relaciona con el funcionamiento del sistema bancario". En ninguna parte del estudio aparece un apartado que explique "algo sobre los bancos comerciales privados y su función en la creación de dinero". Hoy se sabe que el 95% de la oferta monetaria en cualquier país del mundo "se compone de títulos de deuda creados por los bancos privados". Los bancos centrales tienen funciones "de regulación monetaria muy restringida y en última instancia son responsables de crear reservas cuando se las piden los bancos comerciales privados". El resultado final "es un feudalismo monetario que tiene sojuzgada a la población mundial". De este modo, en opinión de AN, las recomendaciones tendrían que ir más allá "de la fallida regulación bancaria, que ni siquiera ha podido mitigar la rapiña del sistema de bancos sombra". La tesis del gran economista mexicano del que tanto aprendemos: se necesita nacionalizar la actividad bancaria para recuperar así el control sobre la creación monetaria. Ni más ni menos y sin temor a las palabras: nacionalizar.
Sin embargo, estando de acuerdo con lo señalado por el maestro Nadal, el informe aporta datos muy significativos que conviene tener muy en cuenta. Algunos ejemplos que extraigo en algún caso de la presentación de Joaquín Estefanía "¡Son el 1%!" y del resto del informe [2]:
- Casi el 14 % de la población ocupada son trabajadoras/es que a pesar de tener un empleo no logran salir de la pobreza. El 58% son mujeres.
- Persisten en España 600.000 hogares que no tienen ningún tipo de ingreso, unos 215.000 más que antes de la crisis. ¿Se imaginan qué papel juegan las mujeres en esos hogares?
- España es el tercer país más desigual de la Unión Europea (sólo por detrás de Rumanía y Bulgaria y empatado con Lituania). De hecho, es el país en el que más ha crecido la desigualdad durante la década 2007-2016. España mantuvo, en 2016, la tercera tasa de pobreza más alta de la Unión Europea (sólo por detrás de Rumanía y Bulgaria).
 Pensión media en España en 2017: 920 euros (muchas mujeres viudas, mayores de 75 que no pudieron cotizar, reciben pensiones de miseria).
- Entre las familias con un único adulto y niños a su cargo, la pobreza alcanza el 42,2%. ¿Se imaginan el género mayoritario de esos adultos, en solitario, que tienen niños a su cargo?
- El 40% de la población no puede irse de vacaciones al menos una semana al año; el 38,7% no puede asumir gastos imprevistos, y el 10% no puede mantener su casa a una temperatura adecuada.
- La mal llamada recuperación económica ha favorecido cuatro veces más a los más ricos que a los más pobres.
- Mientras el 10% más pobre ha visto disminuir un 17% su participación en la renta nacional española de 2007 a 2016, el 10 % más rico la ha visto incrementada en un 5%.
- Hay más y en el mismo sentido desigual: el 1% de la cima la ha incrementado en un 9 %.
- El 10% más rico concentra en España más de la mitad de la riqueza total del país: un 53,8 %; el 90% restante el 46,2%, 7,4 puntos de diferencia.
- El 1% de ricos entre los ricos españoles posee una cuarta parte de la riqueza del país (casi el mismo porcentaje que el 70 % más pobre)
- De 2016 a 2017, el 1% más rico capturó el 40% de toda la riqueza generada; el 50% más empobrecido, en cambio, apenas consiguió repartirse un 7% del incremento.
- Más de 10 millones de ciudadanos españoles, el 22,3 % de la población total, tienen rentas que se sitúan por debajo del umbral de la pobreza (la más alta desde 1995). Casi el 29 % de los menores de 16 años.
- Desde 2013 a 2016, el 29% de los euros provenientes del crecimiento han ido a parar al 10 % de los ciudadanos con las rentas más altas. Sólo el 8% de los euros han quedado en manos del 10 % más pobre.
- Desde el primer trimestre de 2012 la productividad por hora trabajada ha crecido 10 veces más que el salario por hora trabajada. Destacado: ¡10 veces más! Estas mejoras de la productividad se han destinado en buena medida a privilegiar el crecimiento de las rentas del capital, siempre insaciable.
- En 2016 los salarios sumaron en España 532.852 millones de euros. En 2008, el año del inicio de la crisis, los salarios fueron superiores a los de hoy: 559.777 millones de euros (datos del Instituto Nacional Estadística, INE). Si durante ese tiempo los salarios se hubieran actualizado según la inflación (sin mejoras complementarias), los trabajadores habrían ganado 37.000 millones de euros más (el 3,5% del PIB).
- Tasa de pobreza media en la OCDE: 11,5%; entre los jubilados: 15,5%. En España: tasa de pobreza general: 15,5%, entre los jubilados: 5,4% con un "colosal transferencia de rentas a los más jóvenes" (Pérez Oliva).
- Empleos vulnerables (según definición de la OIT): empleos con "altos niveles de precariedad", empleos con elevado nivel de inseguridad, temporales, de ingresos irregulares, indecentes e insuficientes, además de menor protección social. Previsión laboral de la OIT para 2018: esos empleos vulnerables también aumentan en número y porcentaje en todo el mundo; ya afectan al 43% de trabajadores y trabajadoras, casi la mitad de la clase trabajadora. Ya son 1.400 millones de personas las que los soportan.
- Informe de la OIT (Perspectivas sociales del empleo en el mundo…): para 2019 se prevén 193 millones de desempleados en el mundo cuando en 2017 ya hubo 193 millones de parados. En dos años: disminución: 0.
No hace falta seguir. El escenario es conocido.
¿Quién puede hablar y afirmar que estamos o hemos salido de la crisis? ¿Qué porvenir se abre ante nuestros ojos para muchas mujeres trabajadoras y para nuestros jóvenes? ¿Hay alguna duda de que hay que apoyar el paro del 8 de marzo, el día -no ocultemos la perspectiva de clase- de la mujer trabajadora? ¿No convendría centrarse en temas sociales y olvidarse un poco de temas identitarios que nos dividen?
Notas:
1) http://www.jornada.unam.mx/2018/01/24/opinion/023a1eco?partner=rss
2) https://www.oxfamintermon.org/es/campanas/proyectos/gobernar-para-elites-riqueza-extrema-abuso-de-poder
3) Otras fuentes usadas además del informe Oxfam: Xavier Caño, "Como está de verdad la clase trabajadora". http://www.elviejotopo.com/topoexpress/esta-verdad-la-clase-trabajadora/. Milagros Pérez Oliva: "No es culpa de los mayores que los jóvenes estén peor". El País, 31 de enero de 2018, p. 12.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

La destitución del presidente Kuczynski viene como por un tubo, por Herbert Mujica Rojas


voltairenet.org

La destitución del presidente Kuczynski viene como por un tubo, por Herbert Mujica Rojas

Herbert Mujica Rojas,Red Voltaire

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Innegable cuesta abajo la rodada
Ni el más entusiasta vividor o servidor, a la postre es lo mismo, de la administración Kuczynski se atreve a negar lo que asoma como indetenible avalancha: la destitución del presidente por permanente incapacidad moral.
Pero el inevitable nadir de PPK impulsará consigo la convocatoria de nuevas elecciones generales. Es decir los 130 huéspedes precarios del Congreso tendrán que comprender que ellos serán también de la partida. No es difícil adivinar que varias decenas ya están armando las campañas reeleccionistas. La ecuación estrujar las mamas del Estado y tener prensa –el cuarto de hora de fama- y ser llamado doctor o doctora, es un placer sublime para estos personajes.
El canibalismo con saco y corbata que se practica en Perú y a la que llaman “política” encontrará en pocas semanas instantes supremos de desverguenza irredimible. Mientras tanto los analistas, estrategas, politólogos y demás personas dedicadas a pontificar de acuerdo a las estaciones y al viento que sufraga las faltriqueras, persistirá en mil exégesis, ninguna de las cuales sirve gran cosa. Si algo.
¿Es una tragedia reconocer nuestra incapacidad nacional para actuar como seres decentes y constructores de una sociedad igualitaria, justa, culta y libre? ¿Cómo explicar que el Estado polemice con balas y asesine a productores agrarios que reclaman lo que le niegan desde hace decenios? ¿De qué manera comprender el dolor de quienes están muy lejos de Lima pero que son igual de peruanos que cualquiera de nosotros?
¡Ni un elefante con una pata fracturada, miope o con urticaria aguda, habría sido tan torpe en su comportamiento como fue el presidente PPK con el indulto y gracia a Alberto Fujimori. En las horas que vienen Perú tomará conocimiento de cómo la Corte Interamericana de Derechos Humanos le dirá de sus gravísimos yerros en contra de sentencias de los que la Nación fue disciplinada cumplidora.
Nadie ayudó a calcular al presidente PPK. O no se dejó ayudar o, de repente, aún no comprende que los negocios, finanzas y actividades lucrativas, no pertenecen al ámbito de un jefe de Estado. En cualquier caso la indignación es monumental y todo indica que esta vez el número de votos sí será realidad y la vacancia, el resultado rotundo.
No sería fracaso sólo de PPK. Los hombres y mujeres que están en la cosa pública desde hace más de 30 ó 40 años están demostrando su mediocridad absoluta, orfandad de luces de Estado y un conservadurismo que sólo admite como solución su ¡licenciamiento total! ¡Viejos a la tumba! Y hay jóvenes que tienen el alma vieja.
Aquí la trampa es ley. Peor aún: la celebran tirios y troyanos. La televisión y, en general, los miedos de comunicación, con rarísimas excepciones, vomitan adefesios que embrutecen durante las 24 horas. En lugar de llamar a polémica de ideas o confrontación de planteamientos, el caballazo, la imposición, el latigazo, forman parte del fallido ADN social peruano.
Al débil mental se reputa como formador de opinión. Al bufón que se pasea de canal en canal, diciendo siempre las mismas bobadas, se tilda de periodista. Don Nadie y Doña Ninguna están en primera fila de la línea de mando en el Perú. ¿Cómo entender de otro modo, la cuasi bicentenaria seguidilla de sórdidas estupideces incurridas y que registra nuestra maquillada historia nacional?
Cuesta abajo la rodada. Lo mismo un burro que un gran profesor. Verdades del tango.

Cerco a la libertad de prensa en Marruecos por las protestas sociales del Rif


rebelion.org

Cerco a la libertad de prensa en Marruecos por las protestas sociales del Rif