sábado, 27 de octubre de 2018

"Ante la advertencia de catástrofe global presentada por la ONU, necesitamos un 'Plan Marshall' para el cambio climático"


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 "Ante la advertencia de catástrofe global presentada por la ONU, necesitamos un 'Plan Marshall' para el cambio climático"

 

 


"Ante la advertencia de catástrofe global presentada por la ONU, necesitamos un 'Plan Marshall' para el cambio climático"
Un nuevo informe del panel del clima de las Naciones Unidas advierte a la humanidad de que solamente tiene una docena de años para mitigar el calentamiento global y limitar el alcance de la catástrofe global. De lo contrario, millones de personas estarán en peligro debido a las crecientes sequias, inundaciones, incendios y pobreza. El amplio informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la O.N.U. pide cambios inmediatos y sin precedentes en las políticas globales para mantener el calentamiento global en un máximo de 1,5ºC. Hablamos con Kevin Anderson, profesor de catedra de liderazgo contra el cambio climático en el Centro de Estudios de Medioambiente y Desarrollo en la Universidad de Uppsula y titular de energía cambio climático del Centro de Investigación Tyndall para el Cambio Climático de la Universidad de Manchester en el Reino Unido, que dice que el informe del IPCC no responsabiliza a los grandes emisores mundiales, y argumenta la necesidad de un “Plan Marshall” contra el cambio climático para salvar al planeta de la destrucción. “Aproximadamente el 70 por ciento de las emisiones globales de dióxido de carbono son producidas por el 20 por ciento de la población mundial….Cuando intentamos enfrentarnos al cambio climático y reducir las emisiones centrándonos en los 7,5 miles de millones de personas, creo que se está malinterpretando donde reside la verdadera responsabilidad de las emisiones,” dice Anderson “No estamos desarrollando las políticas que necesitan ser creadas para ese 20 por ciento en particular”.
Transcripción
AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now! Soy Amy Goodman, En América Central, al menos 13 personas han muerto después de las lluvias torrenciales del Huracán Michael a su llegada a Honduras, Nicaragua y El Salvador causando inundaciones y desprendimientos. Se espera que el monstruoso huracán llegue al Mango de Florida como una tormenta de Categoría 3 el miércoles, el Gobernador de Florida, Rick Scott, ha declarado el estado de emergencia en 35 condados, y el Gobernador de Alabama, Kay Ivey, ha declarado el estado de emergencia en todo el estado.
Florida se está preparando para una gran tormenta cuando el nuevo informe del panel del clima de las Naciones Unidas advierte a la humanidad de que solo queda una docena de años para mitigar el cambio climático o enfrentarnos a una catástrofe global. Este es el jefe de la agencia meteorológica de la O.N.U. Petteri Taalas.
PETTERI TAALAS: Hay una urgencia extrema y países que dan su compromiso después del Acuerdo de Paris. Y hasta ahora, el progreso no ha sido lo suficientemente bueno como para acercarnos al objetivo de 1,5 grado o 2 grados de calentamiento. Así que hay una clara necesidad de elevar nuestro nivel de ambición para alcanzar, cuanto menos, el objetivo de 2 grados. En este momento nos dirigimos hacia un calentamiento de 3 a 5….
Existen algunas estimaciones: ¿Cuál es la diferencia entre un calentamiento de 1,5º y uno de 2º? Y uno de los temas más importantes es que habría 420 millones de personas menos sufriendo debido al cambio climático si fuésemos capaces de limitar el calentamiento a 1,5º…
Las emisiones que ya hemos despedido a la atmosfera hasta ahora significan que esta tendencia negativa continuará durante las próximas décadas. Así que va a ocurrir, lo que se traduce en un aumento en la cantidad de desastres y retos debidos al cambio climático.
AMY GOODMAN: El informe del IPCC expone varios caminos posibles para limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados que incluyen cambios en el uso de la tierra y los sistemas de transporte, y la adopción de tecnologías futuras, que incluyan retirada de dióxido de carbono de la atmosfera. Según el informe, las emisiones netas globales deberían caer un 45 por ciento de los niveles de 2010 para 2030 y alcanzar el cero neto para el año 2050. El lunes, el presidente Trump viajó a Orlando, Florida, pero no hizo ninguna mención al cambio climático o al nuevo informe de las Naciones Unidas.
Para más información, nos acompaña Kevin Anderson. Es profesor de catedra de liderazgo contra el cambio climático en el Centro de Estudios de Medioambiente y Desarrollo en la Universidad de Uppsula y titular de energía y cambio climático del Centro de Investigación Tyndall para el Cambio Climático de la Universidad de Manchester en el Reino Unido.
Dr. Anderson, bienvenido de nuevo a Democracy Now!
KEVIN ANDERSON: Buenos días.
AMY GOODMAN: Quería preguntarle primero sobre este informe mientras este monstruoso huracán recorre Latinoamérica y amenaza a Florida y Alabama.
KEVIN ANDERSON: Bueno, el informe deja bien claro que entre 1,5 grados centígrados de calentamiento y 2 grados centígrados de calentamiento, debemos esperar condiciones climáticas más extremas, lo que de hecho, es la razón por la que las zonas más pobres del mundo pidieron a la comunidad científica que investigara cuales son las diferencias reales entre los impactos de un calentamiento de 1,5 grados y uno de 2 grados. Y, por supuesto, 2 grados fue el límite previo al que aparentemente todos nos estábamos dirigiendo, pero como emana del informe, es muy claro que hay un paquete entero de impactos que es mucho peor con un calentamiento de dos grados que con uno de 1,5 y que estos fenómenos azotaran principalmente a las comunidades más pobres y más vulnerables del mundo.
Así que es un informe muy importante en todo lo relacionado al conocimiento de los impactos del cambio climático y en que deja claro cuál debe ser nuestro objetivo, 1,5 mejor que 2 grados, aunque, como probablemente comentemos después, creo que incluso un calentamiento de 2 grados parece muy optimista ahora.
AMI GOODMAN: Escribe en su respuesta a este transcendente informe de la O.N.U que solo unos pocos emisores son, en última instancia, los responsables del cambio climático.. Explique quienes son.
KEVIN ANDERSON: Bueno, para ponerle unas cifras, aproximadamente la mitad de las emisiones globales proceden de las actividades de más o menos el 10 por ciento de la población mundial, y aproximadamente el 70 por ciento de las emisiones globales de dióxido de carbono proceden del 20 por ciento de la población mundial. Y, las emisiones están estrechamente relacionadas con la riqueza o la renta de los ciudadanos. Así que, un profesor como yo, sería relativamente, un gran emisor. Normalmente los profesores viven en casas grandes y tienen un coche grande. Viajan bastante a menudo. Algunos de ellos tienen una segunda vivienda. Cogen vuelos. Consumen muchos productos. Así que, sí está muy relacionado con las rentas.
Y por eso, mi preocupación es que cuando intentamos enfrentarnos al cambio climático y reducir nuestras emisiones centrándonos en los siete mil millones y medio de personas, creo que malinterpretamos donde reside la verdadera responsabilidad de las emisiones, y por ello, no estamos desarrollando políticas dirigidas especialmente a ese 20 por ciento de la población.
Mucha de la gente que está escuchado tu programa ahora, en EE.UU. o en cualquier otra parte del mundo, serán emisores medios o bajos. Y ellos, si, es importante que hagan algunos cambios. Pero habrá otra gente escuchando que serán grandes emisores. Y somos nosotros a los que realmente deben estar dirigidas esas políticas, para sacar las emisiones fuera de nuestros estilos de vida. Debemos asegurarnos, al hacer todo eso, de que no empobrecemos a la gente que ya está sufriendo con el sistema económico actual.
AMY GOODMAN: ¿Quiénes son los mayores emisores de carbono, Dr. Anderson?
KEVIN ANDERSON: Los mayores emisores de carbono, Bueno, van a ser los más ricos del mundo. Desde el punto de vista del clima, cuando oyes a los Al Gores y los DiCaprios hablar del cambio climático y miras a su huella de carbono, será miles de veces mayor que la media de cualquier africano y probablemente muchos cientos más que muchos americanos. Así que, más o menos, los más ricos son los mayores emisores.
Pero también creo que un profesor como yo, profesores titulares en universidades, la gente a la que vemos como superior –ese es el leguaje que usamos- superior en nuestras organizaciones y empresas, tanto del sector público como por supuesto del privado, estas personas son los grandes emisores. Así que, quiero decir, no haré ningún comentario sobre periodistas, pero ciertamente, algunos de los periodistas que conozco, son también grandes emisores. Son esa cúpula dirigente de nuestra sociedad.
AMY GOODMAN: ¿Y qué países?
KEVIN ANDERSON: ¡Oh! países, bueno, quizá el mayor emisor de la actualidad sea China, seguido de EE.UU., pero en ambos países, por supuesto, hay grandes diferencias entre los grandes emisores dentro de ese país y los que emiten menos dentro de ese país.
Así que, los dos países que más emiten son EE.UU. y China, y luego, siguiendo muy de cerca está la Unión Europea.
AMY GOODMAN: ¿Me puede hablar del monstruoso huracán al que se enfrenta EE.UU. ahora mismo y que va a azotar El Mango de Florida? Si miramos los informes meteorológicos, y los partes meteorológicos en momentos como estos –cada vez ocupan más y más tiempo en las noticias, porque si no estamos hablando de incendios en California, estamos hablando de estas tormentas monstruosas en las Carolinas y que ahora probablemente azoten Florida y Alabama- Alabama, todo el estado está en estado de emergencia –no hay casi ninguna mención por parte de los meteorólogos- y no solo estoy hablando de Fox, estoy hablando de MSNBC y CNN- de la conexión entre estas tormentas cada vez más violentas y el cambio climático. ¿Hay alguna conexión? ¿Y puede explicarla?
KEVIN ANDERSON: Bueno, ciertamente hay una conexión. Lo que hemos hecho poniendo más dióxido de carbono en la atmosfera es hacer que esa atmosfera este más caliente. En otras palabras, hemos introducido más energía en la atmosfera. Esa energía se desarrollará en una suerte de condiciones meteorológicas diferentes y más extremas.
Ahora bien, es imposible decir si este huracán en particular está causado por el cambio climático, lo que sucede a menudo es que estamos agravando o aumentando el poder de estos huracanes en estos fenómenos meteorológicos extremos. Y esto, lo que llamamos el lenguaje refinado de la atribución, con el que estamos intentando decir, “¿es este fenómeno un fenómeno del cambio climático?” estamos entendiéndolo mejor. Y ciertamente hay bastante evidencia para sugerir que algunas de las recientes condiciones meteorológicas graves que hemos visto han sido seriamente empeoradas por el calentamiento adicional que hemos puesto en la atmosfera debido a la quema de combustibles fósiles y a la liberación de dióxido de carbono.
Así que, aunque no puedo comentar nada sobre este huracán en particular, y decir “este huracán fue causado por el cambio climático”, la gravedad de este huracán y los setenta y tantos otros fenómenos que hemos visto en los últimos años, claramente han sido agravados por el cambio climático, por nuestra quema de combustibles fósiles. Y los meteorólogos deberían hacer esa conexión cuando hablan de estos temas durante las predicciones meteorológicas en EE.UU.
AMY GOODMAN: Ud. habla de lo que es necesario, Profesor Anderson. El informe dice que no hay precedentes históricos documentados para la escala de cambios necesarios. Ha hablado de un Plan Marshall. ¿Qué quiere decir con un nuevo Plan Marshall?
KEVIN ANDERSON: Bueno, el Plan Marshall fue una estrategia deliberada después de la Segunda Guerra Mundial para tratar de reconstruir Europa después de que, obviamente, había sido bombardeada y destruida, tanto institucional como físicamente, durante la guerra. Por eso digo que es probablemente la analogía metafórica más cercana a la dimensión del reto al que realmente nos enfrentamos de decarbonizar, de cambiar de un sistema basado en los combustibles fósiles a un sistema energético de carbono cero, y para hacer eso, las zonas ricas del mundo deben hacerlo en dos décadas y probablemente en tres o tres décadas y media las zonas ligeramente más pobres del planeta.
No vamos a conseguirlo mediante mecanismos menores, simplemente ajustando los mercados. Va a requerir la intervención estratégica de los gobiernos para hacer los cambios necesarios. Ahora en un principio parece un gran desafío, y ciertamente lo será. Pero creo que también hay una narrativa positiva detrás de todo esto, en lo que esta transición, esta transformación a un sistema de energía de carbono cero vendrá con muchas oportunidades de trabajo, a largo plazo, oportunidades de trabajo seguras, no solo construyendo centrales generadoras de energía de bajo consumo de carbón, sino también el amplio programa de electrificación que será necesario y en acondicionamientos –en otras palabras, haciendo que los edificios que ya están construidos, que seguiremos usando durante los próximos 20, 30, 40 años- sean adecuados para siglo 21, que necesiten mucha menos energía para calentarlos o enfriarlos, y que sean un entorno mucho más seguro mientras el clima continua cambiando, que es indudablemente lo que hará. Aunque detengamos todas las emisiones hoy, el cambio climático seguirá desarrollándose.
AMY GOODMAN: Ud. ha criticado al IPCC por limitar sus recomendaciones sobre políticas a seguir para que encajen perfectamente dentro del actual modelo económico. ¿Puede explicarlo? Quiero decir, para algunos, tener un trascendental informe como este es crucial, porque vivimos en un país, en los Estados Unidos, donde el presidente niega con orgullo el cambio climático, lo llama el timo chino. Así que tener un informe como este –pero Ud. critica algunos aspectos del mismo.
KEVIN ANDERSON: Por supuesto, Aunque creo que es un informe realmente bueno en su intento de entender los impactos entre un calentamiento de entre 1,5 y 2 grados centígrados, cuando llega el momento de decir lo que debemos hacer, creo, de nuevo, que no está siendo verdaderamente honesto. Y teniendo en cuenta que es efectivamente un informe científico, creo que nuestro papel como científicos y académicos es decir las cosas como son, sin colorearlas o endulzarlas para hacerlas más atractivas.
Por eso mis comentarios son esos –y no solamente con este informe. Es algo que ocurre repetidamente con el IPCC. Así que, aunque estamos siendo bastante honestos cuando hablamos de los impactos, cuando llega la hora de decir que tenemos que hacer, corremos asustados. No queremos asustar a los políticos o al público. No queremos cambiar los sistemas energéticos que tenemos ahora. Por eso siempre intentamos algo así como masajear en líneas generales el statu quo, hacer cambios graduales.
Lo que estoy diciendo es que, realmente, cuando miramos a las cifras que hay detrás del informe, miras a las cifras a las que llega la ciencia, estamos hablando de una revolución del sistema energético completa. Y eso va a suscitar cuestiones fundamentales sobre como manejamos nuestras economías. Y de nuevo, puedes volverte y decir, “Bueno, eso parece ser algo demasiado diferente al sistema económico que tenemos ahora” Pero debemos recordar de que ahora hace 10 años de la crisis bancaria, y muchas partes del mundo todavía están sufriendo las repercusiones de esa crisis. Por decirlo de otra manera, el actual marco económico ha tenido problemas dentro de su propio dominio.
Por eso creo que esta ha sido una oportunidad real, que estamos perdiendo, para reestructurar la economía hacía una economía adecuada a la sociedad, no una sociedad adecuada a la economía. Y creo que los políticos –o, los académicos, han evitado asustados ser honestos sobre lo que nuestros números nos dicen acerca del ritmo de cambio que necesitamos y como debemos cambiar la capacidad productiva de nuestra sociedad, de construir segundas viviendas para profesores o jets privados o grandes coches cuatro por cuatro- cambiarla a construir transporte público, electrificaciones, mejorar las viviendas para todo el mundo. Es mover esa capacidad productiva, los recursos y el trabajo, del lujo para el 20 por ciento a una infraestructura baja en carbono para todos nosotros.
AMI GOODMAN: Dr. Anderson ¿y las consecuencias de que Trump haya sacado a EE.UU del Acuerdo de París? Acabamos de tener una sección sobre Brasil. El primer candidato, Jair Bolsonaro, a quien nuestros invitados llamaron fascista, un candidato de la extrema derecha, ha prometido que también sacará a Brasil del Acuerdo de París, y que abolirá el Ministerio de Medio Ambiente, lo que los defensores del medio ambiente temen conducirá a la deforestación del Amazonas. ¿Su opinión sobre ambos, Bosonaro y Trump?
KEVIN ANDERSON: Bueno, desde una perspectiva científica, y podría discutirse que también desde una perspectiva moral, están completamente fuera de onda con lo que los análisis están diciendo. También creo que debemos ser muy cuidadosos cuando vemos a estos personajes extremos, -y ambos creo que son personajes extremos- debemos recordar que ellos son un poco de ruido en el sistema. La tendencia general es que hay un mayor reconocimiento de la seriedad del problema. Incluso las encuestas en Estados Unidos muestran esto. No he visto los datos para Brasil, así que no estoy seguro. Estamos viendo fenómenos del cambio climático y la gente ya piensa que es un tema importante.
Aunque algunos de nuestros dirigentes, quizá no siempre las personas más brillantes, no puedan entenderlo o piensen que tienen una base política que debe atraer a aquellos que no quieren escuchar ese mensaje, creo que el resto de nosotros no deberíamos tenerles miedo. Debemos redoblar nuestros esfuerzos. Y de hecho, cuando el presidente Trump decidió salir del Acuerdo de París, lo que, por supuesto, todavía no puede hacer aunque tenga esos planes, los chinos y los franceses dijeron “Bueno, intentaremos hacer un esfuerzo extra para compensar”. Y también vemos en EE.UU. que muchos alcaldes siguen diciendo que el cambio climático es realmente un tema importante. Así que, EE.UU no es una dictadura. Trump no puede dictar lo que la población de EE.UU. va a hacer. Por supuesto que él es importante, y tiene mucha influencia, pero también la tienen los alcaldes.
Así que el deber del resto de nosotros que estamos más informados a través de la ciencia, y que también diría, contamos con una experiencia más razonada, moral y progresiva para realizar nuestros análisis – es nuestro deber aumentar nuestro trabajo y asegurarnos que nos dirigimos en la dirección adecuada y no nos asustamos de los Trumps de este mundo, hay muchos. Vendrán y se irán. Pero el cambio climático, la física del cambio climático, está aquí para quedarse, sin importarle los caprichos efímeros del presidente de turno.
AMY GOODMAN: Y por último, ¿Cómo se ve el futuro? ¿Cómo pueden empeorar las cosas, si seguimos como hasta ahora?
KEVIN ANDERSON: Bueno, de la manera que están las cosas en este momento, creo que es bastante razonable pensar que nos estamos dirigiendo a un calentamiento de unos 4 grados centígrados durante este siglo. Eso sería totalmente devastador. Recordemos que la diferencia entre hoy en día y la Edad de Hielo es aproximadamente 5 grados, estamos hablando de cambios que normalmente ocurrirían en decenas de miles de años sucediendo en poco más de cien años. Y cien años, en algunos aspectos, puede parecer mucho tiempo, pero muchas de las personas que nos están escuchando, sus hijos estarán vivos todavía en cien años, y ciertamente sus nietos. Cien años es mañana en muchísimos aspectos. Y lo que hagamos hoy formará parte de la infraestructura
AMY GOODMAN: ¿Cómo será el mundo?
KEVIN ANDERSON: Bueno, veremos muchas más hambrunas, sequias, inundaciones, cambios en los patrones de alimentos. Creo que probablemente empezaremos a ver muchos más cambios entre comunidades, lo que se traducirá en mucha más tensión entre comunidades. Si miramos a Siria, los conflictos en Siria claramente no fueron causados por el cambio climático, pero los 12 años de sequía en esa región fueron un factor agravante. Y eso es en solo un año de 1 grado de calentamiento.
Al dirigirnos a un calentamiento de 4 grados centígrados, estamos hablando del colapso de muchos ecosistemas que en el mundo polinizan nuestras cosechas, que limpian nuestro aire. Así que este es un planeta muy diferente al que ahora habitamos. Y el caos que resultará de todo eso será malo para nuestra especie, para los humanos, pero también, por supuesto, para muchas otras especies en el planeta. Y es por esto por lo que tenemos que hacer todo lo que podamos para conseguir un calentamiento de 1,5. Creo que es un gran reto. Así que hagamos todo lo posible para mantener la temperatura lo más baja posible.
AMY GOODMAN: Kevin Anderson, nos gustaría agradecerle que haya estado con nosotros, el profesor Zennströn en liderazgo contra el cambio climático.
KEVIN ANDERSON: Ha sido un placer
AMY GOODMAN: ´en el Centro de Estudios de Medioambiente y Desarrollo en la Universidad de Uppsula y titular de energía cambio climático del Centro de Investigación Tyndall para el Cambio Climático de la Universidad de Manchester en el Reino Unido, desde donde está hablando con nosotros.
Fuente: https://www.democracynow.org/2018/10/9/climate_scientist_as_un_warns_of

Jamal Khashoggi entendía el poder


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Jamal Khashoggi entendía el poder


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En un giro radical Arabia Saudita reconoció que el asesinato de Jamal Khashoggi fue premeditado. En tanto, Salah, hijo del periodista, abandonó el país, luego de que le levantaron una prohibición para viajar, y la UE pidió un embargo de armas a Riad. La imagen, ayer afuera del consulado saudita en Estambul, donde se organizó una vigilia en memoria del comunicador. Foto Ap. 
Supe justamente lo que en realidad significó el asesinato de Jamal Khashoggi en el contexto de Medio Oriente cuando me di cuenta de a quién tendría que llamar para que me explicara. A quién iba a llamar por teléfono para enterarme de qué estaba pasando. Pues desde luego, hubiera tenido que llamar a Jamal Khashoggi y por eso es que su muerte es tan importante; porque era, como él mismo sabía, un solitario e importante periodista árabe que no escuchaba –ya no más– la voz de su amo. Ese fue su problema.
Este repugnante, peligroso, aterrador y sucio asesinato –porque no me van a decir que un hombre de 60 años que muere en una pelea a puños con otros 15 hombres no es un asesinato– no sólo muestra al gobierno saudita tal y como es, sino que nos muestra a nosotros tal como somos. ¿Por qué nos seguimos enamorando de los estados árabes –como también lo hace Israel– y después gritamos aterrados cuando resultan ser extremadamente desagradables y muy violentos?
Para responder a esta pregunta ya hay varias pistas. La reacción inicial de Trump al decir que la versión saudita era creíble –cuando claramente no lo era– fue el comienzo. Después, el asesinato se convirtió en el peor en la historia de los encubrimientos. Fue la calidad del asesinato lo que le pareció perturbador, como pueden ver. Estos fulanos no sabían cómo borrar sus rastros. Ya había admitido que no quería renunciar a la venta de armas estadunidenses a Arabia Saudita. Nuestra querida primera ministra (británica) Therea May, además, se refirió a la horrenda muerte de Jamal diciendo que lo habían matado y no que fue asesinado.
Posteriormente –y esto es un indicador puesto que nadie lo contradijo– tuvimos al ministro del Exterior saudita, Adel al Jubeir, quien describió el asesinato como un enorme y grave error. Error. Déjenme repetirlo: ¡ERROR¡
Al Jubier, ex embajador saudita en Washington que alguna vez se dijo víctima de un intento de asesinato en Estados Unidos, estaba hace un año dando lecciones a la prensa sobre la guerra contra Yemen y afirmó que Arabia Saudita respeta las leyes humanitarias internacionales. Pues por lo visto lo que ignoran son las leyes diplomáticas internacionales. Pero esperen un minuto; Al Jubier –a quien conocí muy bien hace muchos años– es un hombre muy elocuente y bien educado. Su inglés es impecable. No se equivocó al usar la palabra error. Lo que quiso decir –más bien creo que quiso decir– es que Jamal Khashoggi no debió haber muerto.
Jamal no debió haberse enfrascado en la famosa pelea a puñetazos. Algo salió mal. Quizá los asesinos no entendieron qué debían hacer. Debió haber una rendición, no un asesinato. Quizá una plática amigable se salió de control. No estaban conscientes de sus propias fuerzas, Antes de darse cuenta, Jamal se estrelló contra sus puños, o el puño de uno de ellos. Ellos cometieron un error y por esta razón nos podemos olvidar del equipo de 15 golpeadores; eso sin mencionar al doble de Jamal que fue captado saliendo del consulado –aparentemente vestido con la ropa de Jamal, por amor de Dios– quien después tiró esa misma camisa, pantalones y saco en un basurero. Olvídense del científico forense y de la misteriosa camioneta negra. Y las dos semanas de negación de los hechos que cubrieron una descarada y total mentira desde el primer día. ¿Y esto fue un Error?
No debía extrañarnos, claro. Esta semana el error fue minimizado y se convirtió en un lamentable incidente, según el ministro saudita, en una conferencia internacional de empresarios en Riad para la que numerosas compañías occidentales disminuyeron el rango de su representación al enviar a directivos secundarios en vez de principales al encuentro.
Mohamed bin Salmán –¿lo vieron sonriente con sus invitados y bromeando con el rey Abdullah de Jordania?– está totalmente limpio; eso debemos creer. Intocable e inocente. Puro como la nieve recién caída del cielo. Pero después de su guerra vil en Yemen, su arresto de los más importantes príncipes y nabobs (hombres muy adinerados de Oriente. N. de la T.) de Riad, su secuestro del primer ministro libanés y su asalto contra Qatar –con la exigencia de cerrar la cadena Al Jazeera (que ahora debe estar disfrutando mucho el torpe proceder saudita), ¿sería de extrañar que Mohammed bin Salmán se hubiera mezclado en algo que se salió de control aun cuando eso hubiera ocurrido y ahora nos digan que nada pasó? Un error, por ejemplo.
Si la guerra en Yemen puede salirse de control –incluso resultar un error–bueno, ¿qué puede esperarse cuando un grupo de golpeadores son llevados a Estambul a bordo de jets sauditas? Por cierto, me encantó el detalle de que volaron hacia distintos aeropuertos de Estambul, eso realmente confundió a los turcos ¿verdad? Quizá no fue el peor encumbrimiento de la historia.
Ciertamente fue un error.
Y todos debimos de haber notado, ¿no es cierto? la repulsiva e hipócrita cascada de indignación de parte de nuestros valientes y morales líderes occidentales ante el asesinato de Jamal. Han estado titubeando durante dos años sobre la guerra en Yemen, inventándole excusas y evitando la responsabilidad por ella, es muy obvio que les importa mucho, mucho más la muerte de Jamal que los 5 mil civiles que han perecido en el conflicto en Yemen. ¿Cuánto vale la muerte de un niño o de todos los asistentes a una boda comparados con el asesinato de Jamal? Supongo que siempre podremos encontrar excusas para las bajas en Yemen – daños colaterales, escudos humanos, investigación a fondo, pero el asesinato de Jamal fue demasiado obvio, demasiado envuelto en mentiras, demasiado lleno de matones. Nosotros, al igual que el príncipe heredero –alabado sea su nombre– nos quedamos sin excusas. Dios nos libre pero ¿qué haríamos si se descubriese que el famoso cuchillo –siempre suponiendo que hubo un cuchillo y que Jamal fue desmembrado– y que éste fue fabricado en Scheffield?
Naturalmente, todos esperamos que Jamal no haya sido desmembrado. Si Adel al Jubier no lo sabe, y el cónsul saudita no lo sabe –y dado que ahora está a salvo, de vuelta en Riad, nunca lo sabremos– y si Mohammed bin Salmán tampoco lo sabe (porque él no puede saber nada de esta atrocidad) entonces todos esperamos que se le haya dado a Jamal un solemne y digno funeral musulmán; que se hayan dicho todas la plegarias de rigor para su alma y que su cuerpo haya sido sepultado –en secreto, desde luego– amortajado, sobre su lado derecho y con la cabeza en dirección a la Meca; la ciudad santa de la cual es protector el rey, padre de Mohamed bin Salmán.
Esto no habría sido fácil de hacer si, en efecto, Jamal fue partido en pedazos por nuestro científico forense favorito y llevado a la residencia consular o al bosque –como indica la versión oficial turca– para enterrarlo clandestinamente. Los perpetradores pensaron, debido a lo piadoso de su país y a su fe, que debían darle un funeral musulmán. Sin embargo, para entonces, deben haberse dado cuenta de que cometieron un grave y terrible error. Según la ley islámica, un cuerpo mutilado debe ser cosido con sus partes en su lugar antes de ser amortajado. ¿Habrán cosido a Jamal? ¿Le habrán puesto una mortaja?
Por supuesto, se nos atora en el pescuezo el hecho de que el hombre que ha filtrado cada detalle de la impactante muerte de Jamal sea el mismo sultán Erdogan, quien ha encarcelado a 245 periodistas y tiene entre 50 mil y 60 mil presos políticos. Erdogan debe estar sacando provecho de esta macabra y terrible historia. Bueno, al menos él no los mutila a todos; asegura que fueron excarcelados tan pronto entraron a prisión, para luego admitir que no sabe dónde están sus cuerpos.
Y sí, este asesinato va a afectar a Turquía y a Arabia Saudita, a Egipto y Siria –y a Israel, que suspira con cariño por Mohamed bin Salmán– y desde luego afectará a Trump. Pero volvamos a la pregunta inicial de cómo es que los buenos acaban siendo malos. ¿Cómo es que agradables y moderados líderes que garantizan la estabilidad de Medio Oriente –y naturalmente incluyo aquí a los sauditas– acaban siendo tan horrendos? No me refiero a sus pueblos sino a sus autócratas y dictadores, reyes, príncipes y tiranos a quienes les sonreímos, a quienes halagamos, admiramos y ante quienes nos arrodillamos.
Ahora todos amamos al moderado y estabilizador régimen del presidente y mariscal de campo Sisi de Egipto. Pero, ¿quién recuerda ahora al estudiante italiano de la Universidad de Cambridge, Giulio Regeni, torturado con cuchillos y asesinado en El Cairo, quien fue hallado tirado a un lado del camino hace apenas dos años? Los italianos sospechan que los policías de Sisi cometieron el asesinato, incluso hubo en el caso una cámara de vigilancia que no funcionó. Estas cosas siempre pasan en el peor (mejor) momento. Los egipcios saben el nombre del principal policía sospechoso, pero el régimen ordenó olvidar el caso. Por lo tanto Roma y El Cairo han hecho las paces y los turistas italianos siguen llegando a Egipto sin preocuparse por los 40 mil o 50 mil o hasta 60 mil presos políticos que se pudren en las cárceles del país. El cuerpo de Regeni tenía heridas de arma blanca. Qué chistoso es que los instrumentos con filo parecen ser los favoritos de los regímenes árabes.
Quién recuerda lo mucho que queríamos a Muamar Khadafi cuando derrocó al rey Idris, en Libia, y cómo lo odiamos después, cuando ayudó al ERI, y luego volvimos a quererlo cuando renunció a sus instalaciones nucleares y Tony Blair le dio un beso. Después, ayudamos a que los opositores a Khadafi se rindieran para que el dictador libio pudiera torturarlos en sus prisiones de muerte.
Y qué decir de Saddam Hussein, a quien apoyamos en su guerra contra Irán –aunque usara armas químicas– hasta que invadió Kuwait, y después, cuando supuestamente tenía armas de destrucción masiva, fue derrocado por nosotros y ejecutado.
Después está Bashar al Assad, quien recibió honores en París el Día de la Bastilla como el rostro de la Siria moderna, y cuyo padre asesinó a 20 mil personas en 1982, durante la rebelión de Hama, y después fue acusado de la muerte de medio millón de personas durante la guerra civil siria en la que miles fueron ultimados, tanto por el régimen como por islamitas pagados –sí– por Arabia Saudita.
El régimen de Assad fue sinónimo de horcas, el Isis se caracterizó por sus postes de crucifixión y bloques de decapitación. Nuevamente las armas blancas. Por supuesto, los sauditas niegan todo esto. Porque es impensable que los sauditas apoyen a un culto asesino de la misma manera que es impensable que ese mismo gobierno mande a un escuadrón de la muerte a Estambul.
Nunca cometerían semejante acto terrorista –o error– de la misma forma en que no ejecutarían masivamente a sus enemigos en el territorio saudita. Después de todo, la decapitación del líder religioso jeque Nimr al Nimr (y otras 46 personas) ocurrió antes de que Mohamed bin Salmán fuera príncipe heredero.
Lo mismo ocurrió en el caso del escándalo por millones en sobornos que tenían que ver con el contrato por armamento de Al Yamamah, que la policía británica investigó hasta que los interrogatorios policiales terminaron cuando Tony Blair se arrodilló ante la presión saudita y puso fin a tan inconveniente investigación.
Sí. Todo se trata de dinero y riqueza y poder: y porque esta gente se ha mantenido en el poder gracias a las locuras, mentiras, corrupción e hipocresía de nuestros líderes políticos. Permitimos que nuestros sátrapas lleven a cabo actos de corrupción y asesinatos masivos dignos del rey Creso de Lidia ¿pues qué esperábamos? Los creamos, sostuvimos, apoyamos, besamos y amamos. ¿Qué es una invasión o dos entre amigos? ¿Acaso no es Arabia Saudita vital para la seguridad de Gran Bretaña? Se supone que esa es una de las razones por las que abandonamos la investigación del caso Al Yamamah, y volveremos a escuchar este mismo argumento de los lacayos de Arabia Saudita en Gran Bretaña en los próximos días o semanas. ¿Qué pasaría si los británicos dejáramos de recibir toda esta información sobre el terror islamita de los sauditas? Bueno, esperemos que no nos envíen a 15 tipos a Heathrow, incluido un científico forense.
Jamal Khashoggi sabía todo sobre el poder y el peligro. Hace un cuarto de siglo se apareció en mi hotel en Jartum y condujo el vehículo que me llevó por el desierto sudanés para reunirme con Osama bin Laden, a quien él conoció durante la guerra entre Afganistán y la Unión Soviética. Nunca se ha reunido con un periodista occidental, me dijo mientras pasábamos velozmente por las ruinas de unas pirámides sudanesas. Esto va a ser muy interesante. Khashoggi se estaba divirtiendo con sicología aplicada, ¿cómo respondería Bin Laden a un infiel?
Pobre de quien interpretara que los anteojos redondos y el sarcástico sentido del humor de Khashoggi eran indicio de laxitud espiritual. Llamaba a Bin Laden jeque Osama.
Conocí a Khashoggi en 1990 y hablé con él por última vez por teléfono desde Beirut a Washington hace un par de meses. Aun cuando fungió como asesor de la familia real, y trabajó como editor y periodista en Arabia Saudita, hablaba de lo que llamaba los hechos de la vida. En privado, descartaba cualquier rumor de una revolución dentro del palacio en el reino, pero siempre hablaba del cinismo y la facilidad para el soborno de las potencias occidentales que apuntalaban a los regímenes árabes para después destruirlos si no obedecían; y de cómo los pueblos árabes, en general, no son libres.
Esto es verdad, y quizá me lo hubiera repetido si hubiera yo podido hablar con él antes del error ocurrido en Estambul. Pero los muertos no hablan y los sauditas deben estar muy complacidos por ello.
The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca.
Fuente: http://www.jornada.com.mx/2018/10/26/opinion/030a1mun

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