martes, 25 de septiembre de 2018

¿Políticos de premio Nobel?


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¿Políticos de premio Nobel? 

 

 

María Teresa González Cortés

El presidente Barack Obama recogía el 9 de octubre de 2009 la notificación del Premio Nobel de la Paz. Inexplicablemente. La excelente campaña política, que realizó en Internet en el uso de las redes sociales, le permitió a Obama alcanzar la Presidencia de los EE UU. El halo conciliador que le escoltaba, su impostada benevolencia, su forma de rebajar la gravedad en los conflictos nacionales e internacionales, su oposición al imperialismo norteamericano… hicieron de él, de Barack Hussein Obama, la persona apropiada para recibir el galardón del Premio Nobel de la Paz.
Curioso, muy curioso porque solo en 12 de meses de presidencia este excelente mago de la política triplicaba la venta de armas. Y lejos de los mensajes buenistas que le condujeron a la Jefatura de la Casa Blanca, Barack H. Obama en ningún momento clausuró el uso ilegal de ese gulag nazi o estalinista que es la penitenciaría de Guantánamo.
Obama disfrutó del triste galardón de haber mantenido más tiempo a EE UU en guerras que otros presidentes norteamericanos anteriores
Tiene su ironía que tras 115 años en vigor del Tratado de Guantánamo debamos estos días recordar al filósofo Cesare Bonesana Marqués de Beccaria, autor de la obra De los delitos y las penas (1764), libro celebérrimo en la que este jurista critica los excesos que se cometían contra los penados en el interior de las cárceles. Y tiene su ironía, digo, ya que Obama, aunque logró el apoyo incondicional de los medios de comunicación, nunca fue en ningún momento el tal “Beccaria”. Y a ocho meses de salir de la Casa Blanca Obama disfrutó del triste galardón de haber mantenido más tiempo a EE UU en guerras que otros presidentes norteamericanos anteriores, como Franklin D. Roosevelt, Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon o incluso el mismo George W. Busch, entre otros.
Si Obama es el Presidente más belicoso de la historia de EE UU, ¿qué hace Obama con un Premio Nobel de la Paz en su haber? ¿Por qué no lo devuelve? Y si la brutal guerra de drones que Obama llevó a cabo, junto a la participación de EE UU en conflictos foráneos (Afganistán, Pakistán, Libia, Siria, Irak, Yemen, Somalia, Ucrania), constituye un dato altamente relevante, ¿por qué el comité noruego del Premio Nobel (cuyos miembros son políticos retirados nombrados por el Parlamento) no exigió al antipacifista Obama la devolución del alto galardón?

De Obama a Birmania

En Birmania, Aung San Suu Kyi, tras muchos años de encarcelamiento y represión por las autoridades de su país, pudo ser (re) conocida internacionalmente. Y gracias a su defensa de los derechos humanos, de las minorías… saboreó las mieles del Premio Sajarov en 1990. Un año más tarde, las honras del Premio Nobel de la Paz. La concesión de estos méritos venía avalada por su espíritu recto, indómito, por su valentía, su crítica a los despotismos y su salvaguardia, en fin, de los valores de la democracia.
Sin embargo, en política las cosas no son como las relatan los cuentacuentos. Sobre todo cuando Aung San Suu Kyi ha dado muestras de estar muy lejos de lo que defendía y ahora es cómplice de los asesinos de los rohinyás. El silencio prolongado que la actual lideresa birmana ha mantenido en la matanza de los rohinyás o ruangás (de fe hindú, budista, cristiana y musulmana), perpetrada por miembros del ejército birmano, ha hecho añicos la imagen de compromiso moral que Occidente tanto respetaba en este icono (casi de porcelana china) de rectitud que personificó no hace mucho tiempo Aung San con su lucha contra la tiranía.
El sudafricano Nelson Mandela estuvo implicado en sus años de juventud en la elaboración de atentados terroristas, lo mismo que el egipcio Yasser Arafat. Y sin embargo recibieron el Premio Nobel de la Paz
Además, que la Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi (que asumió en 2016 los Ministerios de Exteriores, Energía y Educación, así como la Oficina de la Presidencia de Birmania) no defienda en estos momentos la libertad de prensa es un síntoma clarísimo de que no va a dar amparo a los periodistas que documentaron las matanzas de los rohinyás y han sido condenados en Birmania a una pena de siete años de prisión, a juicio de Aung San Suu Kyi por publicar secretos oficiales.
Es plausible que el problema resida en que no se debe a la ligera entregar nuestra confianza a los políticos incluso con Premios Nobel y cuyas actuaciones no son tan merecidas, tan claras y honestas o ni tan siquiera pacifistas como de ellos se predica en un blablablá de olvidos y panegíricos interminables. El sudafricano Nelson Mandela estuvo implicado en sus años de juventud en la elaboración de atentados terroristas, lo mismo que el egipcio Yasser Arafat. Y sin embargo recibieron el Premio Nobel de la Paz. Y qué decir, en esta lista de despropósitos y dudas más que razonables, del acreditado y geo-estratega Henry Kissinger que con una mano recibía el Premio Nobel de la Paz en 1973 por llevar a buen puerto las negociaciones del Tratado de Paz con Vietnam mientras que, con la otra, urdía ese mismo año el derrocamiento del Presidente chileno Salvador Allende.
Foto: Marc Nozell


Guatemala: La política no es “cosa de locos”… ¿O sí?


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Guatemala: La política no es “cosa de locos”… ¿O sí?



“Locura” no es un término científico. Si bien es cierto que se asocia inmediatamente con la siempre mal definida idea de “enfermedad mental”.
Hay que notar que la locura es, en todo caso, una designación de signo ideológico que sirve para marcar, para etiquetar, para sacarse de encima lo que molesta a la “sana” normalidad. Proviene del latín “locus”: lugar, significando entonces –jugando un poco con la semántica–: “el que está en un lugar determinado, que no es el lugar correcto”. Padecer “locura”, estar “loco”, entonces, sería no sólo haber perdido el sano juicio sino ocupar un lugar de exclusión. Y, por supuesto, ahí entra de todo un poco, desde psicóticos alucinados a marginales varios, desde “inmorales” de toda laya hasta todo aquel que la “sana” conciencia ve como raro, peligroso, un atentado al orden y las buenas costumbres.
“Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”, se ha dicho por allí (expresión atribuida incorrectamente a Nicolás Maquiavelo, pero en verdad del francés Joseph de Maistre), frase que levanta las más enconadas reacciones. En todo caso, hay que situar la aseveración: la clase política es una expresión de la dinámica social. No es que, como pueblo, nos merezcamos “corruptos y ladrones”. Sucede, en todo caso, que los políticos profesionales que supuestamente representan a las grandes mayorías son una expresión –¿un síntoma?– de cómo funciona la sociedad en su base.
Hay que partir entonces por entender qué es la política. Tal como están las cosas, vale la mordaz definición de Paul Valéry: “Es el arte de impedir que la gente se entrometa en lo que realmente le atañe”. Y deberíamos agregar: “haciéndole creer que decide algo”. La política en manos de una casta profesional de políticos termina siendo en muchos casos una perversa expresión de manipulación de los grupos de poder, lo cual no tiene nada que ver con la repetida idea de democracia. Aunque votemos cada cierto tiempo, las reales relaciones de poder van por otro lado, no se deciden en una urna. ¿Quién está “loco”: el político, el que lo elige, la sociedad en su conjunto?
Vale preguntarse con carácter crítico todo esto. Pero sin apelar necesariamente a la Psicopatología, a la Psiquiatría ni a la Psicología clínica. Aunque, sin dudas, mucho de lo que pasa en el plano político es “cosa de locos”.
En Guatemala vivimos una sociedad llamada “post-conflicto”. Pero realmente muy lejos estamos que esto sea “post”. Formalmente terminó la guerra hace ya casi 22 años, aunque el conflicto al rojo vivo sigue siendo nuestra más cotidiana realidad. Una violencia desatada –no sólo la delincuencial; habría que meter ahí diversas formas de violencia como el linchamiento, el racismo, el machismo, la cultura autoritaria, la tenencia desaforada de armas de fuego, factores todos que sobredeterminan nuestra vida cotidiana– junto a una corrupción y una impunidad que ya se nos hicieron normales, son el pan nuestro de cada día. “Sólo borracho se puede vivir aquí” dijo el guatemalteco Premio Nobel de Literatura 1967 Miguel Ángel Asturias. No se equivocaba mucho. De hecho, el alcoholismo tiene una prevalencia muy alta en la población. Y no está de más recordar que dos de las familias más ricas del país son precisamente los fabricantes de cerveza y de ron.
E igual que el alcoholismo, otras cosas nos obligan a pensar cómo somos, por qué actuamos como actuamos (200 personas por día salen del país buscando el “sueño americano” sabiendo que una de cada tres llega mientras otra muere en el intento, un tercio de las mujeres son madres solteras porque los padres biológicos se esfumaron, quien fuera sentenciado por crímenes de lesa humanidad -el general José Efraín Ríos Montt- sale libre 24 horas después de la sentencia, la jueza que lo juzgó es sancionada y a quienes protestan porque no tienen para comer se les mete preso). Parecen cosas de locos. Nos declaramos una sociedad católica que no acepta el matrimonio homosexual, pero el país presenta uno de los índices más altos de realización de abortos (ilegales) en Latinoamérica (quinto lugar en el continente, 170 diarios, aunque nos golpeemos el pecho y se movilicen 100,000 personas para adversarlo, como ocurrió recientemente), y el crecimiento de mujeres transgénero que ofrecen servicios sexuales pagados en la ciudad de Guatemala marca un 1,000% de aumento en la última década. ¿Una locura? Por cierto, ningún “macho” se declara usuario de estos servicios. ¿Quiénes serán entonces?
Como vemos, hablar de locura, o de lo que sería su contraparte, la salud mental, no se agota ni por asomo en un planteo psiquiátrico. Implica forzosamente hablar de cómo es la sociedad, cómo es nuestra historia, de por qué actuamos así: ¿quién protesta porque se le haga viajar en un bus atestado cobrándole lo que el chofer quiera, o colgado del paragolpes, o incluso en el techo? ¿Cómo es posible que, desde un racismo visceral, alguien pueda ufanarse de “ser pobre pero no indio”? ¿Por qué tenemos la clase política que tenemos? ¿Por qué gana la presidencia una propuesta de “mano dura” para terminar con la delincuencia, haciéndonos creer que eso es posible? ¿Por qué terminamos creyendo que “las maras” son el principal problema nacional, y no la pobreza estructural que afecta a más de la mitad de la población y las genera en las barriadas marginalizadas? ¿Por qué la población pudo votar masivamente por un comediante que “vendió” actoralmente la imagen de no-corrupto, siendo luego en la práctica tan corrupto como cualquiera de los presidentes anteriores?
Ahí viene entonces nuestro planteamiento principal del problema: la política, como expresión superior de las relaciones de poder dentro de la sociedad, se ve muy enferma. Y más “enfermos” aún se ven muchos de quienes la practican profesionalmente. La corrupción, la malversación de fondos públicos, el pasarse de un partido a otro como práctica ya común sin el respeto por los valores mínimos de los votantes, la falta de proyectos y la pura improvisación, todo eso ¿no es “locos”?
La salud mental de una nación no tiene que ver tanto –o casi nada– con diagnósticos psiquiátricos estigmatizantes sino con esa capacidad de poder llevar gozosamente la vida. Ahora bien: si “sólo borrachos” podemos mantenernos, más allá de la exageración literaria del Premio Nobel, eso algo nos dice. Con más de 30 años de retorno de la democracia y más de dos décadas de “paz”, la vida en Guatemala sigue siendo complicada, difícil, agobiante. Y ni hablar de la situación económica. Se prohíbe la llegada de un grupo musical “blasfemo”, como los suecos Marduk, pero hay aldeas donde no existen escuelas pero sí cantinas e iglesias evangélicas. Es un país productor neto de alimentos (“hombres de maíz”), pero tiene el segundo índice de desnutrición crónica en Latinoamérica, y el quinto a nivel mundial. ¿Estamos todos locos?
A las Abuelas de Plaza de Mayo, en Argentina, el poder constituido las trató de “locas”. ¡Y sin dudas no lo estaban! Del mismo modo, si bien la vida en Guatemala no es muy fácil que digamos, de ningún modo ¡estamos locos!..., aunque el clima general sea enloquecedor. ¿Qué sucede entonces? ¿Por qué la clase política da muestras de esta generalizada “insanía”? ¿Por qué, por ejemplo, la actual loca disputa de sectores ultra reaccionarios para evitar que se investigue la corrupción? ¿Cómo es posible que un adalid de los tanques de pensamiento de derecha como Gloria Álvarez tenga que vivir fuera del país para evitar procesos judiciales por corrupción? ¿Puros mensajes enloquecedores? Terminó la guerra, pero hay ahora proporcionalmente más armas de fuego en manos de población civil que durante el conflicto interno. ¿Cómo explicar todo esto?
Dentro de unos meses habrá elecciones presidenciales. Eso puede significar una posibilidad para tratar de cuestionar algunas cosas que no funcionan. Mientras sigue muriendo población por hechos de violencia armada, mueren en la misma proporción –o mayor aún– otros guatemaltecos… ¡por hambre! ¡Qué locura! Y con una artera maniobra politiquera se quiso hacer pasar una ley que ponía en absoluto peligro la soberanía alimentaria. Camotán y su hambruna crónica son noticia, curiosamente, sólo en algunas administraciones presidenciales. Pero Guatemala es uno de los países más desnutridos del mundo, aunque produzca mucha caña de azúcar o palma africana para destinar al etanol que llena los tanques de combustible de los vehículos en el Norte quitando tierras a la producción de alimentos. ¡Qué locura!, ¿no? Y los políticos lo avalan…o son los gestores de esto. Recuérdese al en relación a ello la oprobiosa Ley Monsanto, votada incluso con el beneplácito de los pocos congresistas de “izquierda” que hay.
¿De qué sociedad democrática hablamos en Guatemala entonces? ¿Cómo es posible que la violencia, a dos décadas de terminada la guerra interna, no desaparece sino que aumenta? Ahora pasaron a ser comunes los desmembramientos y el sicariato infantil, mientras a diario suben las ventas de drogas ilegales y de teléfonos celulares inteligentes. ¿Estamos todos locos? Por cierto, el 10% del Producto Interno Bruto lo aporta la narcoactividad.
¿Qué tal si intentamos reflexionar sobre todas estas “locuras”? Reflexionar y buscarle alternativas, más que “ponernos borrachos” (como pudo constatar y denunciar con consternación Miguel Ángel Asturias). Quizá no estamos locos, aunque todo esto que mencionamos tenga mucho de locura. ¿Cómo construir, cómo afianzar nuestra salud mental en un medio tan hostil, tan plagado de problemas y con tan pocos caminos a la vista? El desmembramiento de personas del que hoy nos escandalizamos, o la quema de un ladrón de gallinas o de teléfonos celulares que se comente en cualquier punto del país, (¿”justicia popular” o “barbarie”?), fueron práctica común en los años del conflicto armado realizada contra algún colaborador del movimiento guerrillero en la población civil no combatiente en áreas rurales, aunque de ello no se hable. Pedagogía del terror, se le llamó: se repite activamente (quemar a un ladrón, por ejemplo), lo que se padeció pasivamente. Y si el Poder Legislativo echa un manto de olvido sobre el genocidio con un acuerdo gubernativo que llama a la “concordia nacional” y a “dejar atrás el pasado”, eso no parece muy sano. Así no se arreglan los problemas. Vale la pena recordar lo que reza un cartel a la entrada del infame Museo Memorial del Horror de Auschwitz: “Olvidar es repetir”. En Alemania todavía se siguen inaugurando monumentos recordatorios de la locura nazi para no repetirla; aquí se cierra el capítulo de la guerra por ley. ¿Se obtendrán buenos resultados así?
La única manera de hacer prevención en este campo de la salud mental es hablando, sacando a luz lo que “enloquece”. La basura puesta por debajo de la alfombra no desaparece; ahí está, y de algún modo va a retornar. La salud mental de una población no es el silencio: ¡es la posibilidad de hablar de los problemas, de no taparlos con psicofármacos –ni con “un traguito”–, de ventilarlos! No hablar del aborto, por ejemplo, pero practicarlo, no es precisamente lo más sano que pueda haber (valga decir que la morbi-mortalidad materna por causa de los abortos ilegales es altísima). Si ya entramos de lleno en el clima electoral, pues hablemos de política y de los políticos. Hablemos de nuestros problemas –que por cierto son muchos y complejos– sin tabúes, sin prejuicios. Perdámosle el miedo a esto de “estar locos”. Tenemos muchos problemas, sin dudas, y de eso hay que hablar. ¿Qué nos merecemos políticamente? ¿Peleas e insultos en el Congreso? ¿Malversación de fondos y pagos ocultos en las Alcaldías? La política no puede ser sólo eso. ¡No lo es!, definitivamente. Pero, hoy por hoy, la clase política es lo único que nos muestra.
El campo de la llamada “enfermedad mental” es, sin lugar a dudas, el ámbito más cuestionable y prejuiciado de todo el ámbito de la salud. “Yo no estoy loco” es la respuesta casi automática que aparece ante la “amenaza” de consultar a un profesional de la salud mental. Aterra al sacrosanto supuesto de autosuficiencia y dominio de sí mismo que todos tenemos, la posibilidad de sentir que uno “no es dueño en su propia casa”, como diría el psicoanálisis en palabras de su fundador Sigmund Freud. Es por eso que, en un intento de aportar algo a los problemas nacionales, desde la Ciencia Psicológica podemos plantearnos algo de todo esto, viendo que las “locuras” de los políticos son una expresión sintomática de un modelo social que definitivamente no está sirviendo a las grandes mayorías, pues no genera ni paz ni desarrollo.
En conclusión: quizá los políticos profesionales, esos que ya se nos hizo común ver rodeados de guardaespaldas y con buenas prendas costosas, no están “locos” precisamente sino que expresan una anomalía social más profunda. En ese sentido, la falta de proyecto que pareciera haber, la deshonestidad y la parodia son, en definitiva, lo que el sistema imperante nos ofrece. ¿Eso merecemos? Hay que hablar muy en serio de eso, porque no estamos locos…., aunque nos lo quieran hacer creer.

Manipulación y Desinformación: Otra Forma de Terrorismo Contra Irán


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Manipulación y Desinformación: Otra Forma de Terrorismo Contra Irán



Los medios de comunicación occidentales y de ciertos países árabes se negaron a llamar terrorista al atentado de Ahvaz, en Irán, en el que murieron 24 personas.
Irán ha sufrido un nuevo ataque terrorista, esta vez en la ciudad de Ahvaz, al suroeste del país. Acción criminal que se saldó con 24 muertos y decenas de heridos y que ha dado muestra de la hipocresía de occidente a la hora de demostrar su condena, como suele hacerlo cuando sus ciudades y ciudadanos son las víctimas de ataques terroristas.
Los gobiernos europeos y sus sociedades no salieron a la calle con carteles Je Suis Ahvaz. No condenan el terrorismo de grupos apoyados por países a los cuales venden armas y otorgan impunidad. No utilizan la terminología correcta cuando se trata de países y sociedades, que no son parte de sus alianzas políticas. Muestran así ese doble rasero, esa duplicidad que divide al mundo entre habitantes de primera y segunda categoría. Nuevamente, ese occidente liderado por Washington y sus aliados, a través del uso tendencioso de sus medios de comunicación, concretan una conducta donde la manipulación, la desinformación y la mentira son parte de su política internacional
Medios y Poder
Manipulación y desinformación, que distorsiona deliberadamente la realidad por parte de los denominados medios de comunicación, que expresan, en el caso de los medios occidentales y sus socios,  la crónica política de agresión contra la República Islámica de Irán, a propósito del atentado en la ciudad de Ahvaz.Con mayor concreción, entiendo el desinformar como aquel objetivo de dar a conocer datos, cifras, análisis, hechos premeditadamente manipulados al servicio de objetivos variados, como también información insuficiente o incluso omitiéndola. Más de algún cínico considerará,  que esto no es extraño, que el mundo es así, que no se puede cambiar, dando muestra con ello, que esa manipulación, la mentira, las noticias falsas, el uso de la desinformación, la hasbara, ha hecho mella en una parte importante de la humanidad, que considera tal situación como inevitable y un destino inexorable. Efectos de la concentración de los medios en manos de unos pocos grupos.
Esta conducta consiste, básicamente, en el uso que hacen los medios de comunicación hegemónicos de los hechos, acontecimientos o procesos de una forma que sirva a sus intereses políticos, económicos, ideológicos y militares. Una pauta claramente visible en los poderes occidentales y sus aliados, a través del poder monopólico que poseen en materia de medios de información radiales, televisivos, agencias informativas, medios gráficos y aquellos que conforman las empresas que dominan las llamadas redes sociales. Por ejemplo, señala un estudio de Media Pluralism Monitor, dos tercios de los estados europeos tienen el 80% de la propiedad de sus medios concentrada en menos de cuatro grupos.
El flujo de información volcado en gran parte de los medios occidentales, repetidos al pié de la letra por sus símiles en las monarquías ribereñas del Golfo Pérsico, Israel e incluso en naciones tan lejanas como las de Latinoamérica han minimizado el ataque terrorista en Ahvaz. Una acción criminal extremista atribuida a una célula del grupo Al-Ahvaziya, movimiento terrorista apoyado por la monarquía saudí y que reivindicó los asesinatos en una entrevista concedida a la agencia británica de noticias Reuters. Una acometida criminal que no distinguió niños, mujeres y hombres asistentes a un desfile militar, que conmemoraba un nuevo aniversario del inicio de la defensa sagrada en la guerra contra Irak.
En general,  el análisis de este acto terrorista ha mostrado el rostro embustero de aquellos que suelen llenar sus portadas, editoriales y páginas interiores, sus programas televisivos, radiales, de los más variados adjetivos cuando las víctimas son de alguna ciudad europea o cuando ocurre en algún país considerado cercano a las potencias occidentales. Los adjetivos allí se multiplican: terror, masacre, extremismo, consternación, locura. No se escatima esfuerzo semántico en calificar dichos ataques como lo que son, actos deliberados y destinados a generar desestabilización, terror social.
Pero, si esas agresiones de grupos terroristas , que esas mismas potencias occidentales y sus socios han creado, organizado y apoyado, acontecen en ciudades de Siria, Irak, Palestina, Yemen, Irán, no se habla de terrorismo sino que se usan eufemismos: Ataques, Acciones armadas, asalto armado. De esa forma, no se le otorga la importancia que tienen esos crímenes situándolos en una categoría inferior. Para los medios de occidente, las víctimas de Oriente Medio no tienen el valor de aquellos caídos en sus ciudades. Las grandes capitales que suelen vestirse de luto, donde sus habitantes suelen salir a la calle con carteles coloridos que expresan Je Suis París, Je Suis London, Bruselas, Niza  e incluso un Je Suis Charlie,  cuando se trató de Ahvaz, enmudecieron.  Tras el ataque a Ahvaz,  el Sídney Opera House, The Calgary Tower, el Cristo Redentor en Brasil, Wembley Stadium en Londres, monumentos italianos u otros grandes sitios arquitectónicos del mundo no se iluminaron con los colores de la bandera de Irán.
Hipocresía y Doble Moral
Hace unos años, en noviembre del año 2015 di cuenta, frente a un atentado terrorista sufrido por Beirut, la capital libanesa que esa falta de solidaridad con los muertos que no sean europeos es parte de la mentalidad colonial que impregna nuestras sociedades ¿Para qué, si los muertos de Oriente Medio son una cifra más en la larga lista de miles, de cientos de miles de muertos que esa zona del mundo adiciona día a día en los conflictos azuzados por las potencias occidentales? ¿Para qué sobrecogerse por la muerte de unos cuantos chiitas en un suburbio libanés de unos cuantos cientos de ciudadanos iraquíes, en Yemen o unos cuantos cientos de palestinos asesinados desde marzo del 2018 a manos de francotiradores sionistas? ¿En qué afecta al mundo occidental esas muertes, esos heridos, ese desangrar cotidiano. Que importa, no son de los nuestros? Misma conducta observada cuando la muerte se ha hecho presente en suelo iraní.
El líder de la Revolución Islámica de Irán, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, sostuvo que el ataque terrorista en el suroeste del país es una conspiración de gobiernos títeres de Estados Unidos en la región. Aseguró que este crimen tiene como objetivo crear inseguridad en el país. El análisis de la situación, las declaraciones de regímenes como el saudí, la retórica cómplice de monarquías como la de los Emiratos Árabes Unidos, que cuestionó al carácter terrorista del ataque en la ciudad de Ahvaz la conducta desestabilizadora de la triada criminal conformada por Estados Unidos, Israel y Arabia Saudí, confirman la apreciación del gobierno iraní.
La cancillería de Irán convocó a los embajadores de Países Bajos, Dinamarca y al  encargado interno del Reino Unido pues el gobierno iraní había advertido a estos países, que estaban albergando a terroristas de Al Ahvaziya “otorgándoles refugio a pesar de su carácter de terroristas “nuestro país había advertido de esta situación y pidió su arresto y enjuiciamiento. No es aceptable que la Unión Europea (UE) no nombre a estos grupos como organizaciones terroristas, a menos que hayan llevado a cabo un ataque terrorista en Europa” señaló el portavoz de la Cancillería de Irán, Bahram Qasemi. Cuánta razón tiene Irán en su reclamo y sobre todo como se refleja esta doble moral occidental. ¿Cómo hubiese actuado la ONU y su Consejo de Seguridad? ¿Cómo hubiese actuado la Unión Europea y sus miembros si un atentado terrorista hubiese sido ejecutado por miembros de un grupo que contara hipotéticamente con refugio del gobierno de Irán?
Los datos objetivos muestran con certeza como regímenes aliados de Estados Unidos están empeñados en desestabilizar a la nación persa. Así lo ha dicho, tanto la entidad sionista como la Casa al Saud a través de sus máximos dirigentes. No se han guardado sus amenazas. Los objetivos también son claros: crear inseguridad, desestabilización, intensificar la presión contra la nación Persa en el plano económico, político, diplomático, militar. Atacarlo desde diverso frentes. En la frontera con Afganistán, en la zona de Juzestán entre otras. Y si para ello hay que atacar su Parlamento, el Mausoleo del Iman Jomeini, como se hizo en los atentados del año 2017, atacar sus puestos fronterizos como se concreta habitualmente o disparar a los asistentes a un desfile militar en la ciudad de Ahvaz, tales actos terroristas se efectúan pues esos criminales obedecen a la política de desestabilización diseñada en las oficinas de la delictiva y criminal triada.
Esa política de desestabilización, de acciones terroristas, de minimizar los efectos y presentarlos como meros asaltos, ataques armados, como si fuesen parte de una lucha lícita, que presenta a estos criminales como “rebeldes moderados” “luchadores”, esa política necesita gobiernos y medios de comunicación que manipulen, desinformen. Que generen un torrente comunicacional tendencioso, sesgado, plagado de mentiras más allá de lo emotivo– definido hoy con el concepto de posverdad – un flujo comunicacional que desinforma de una forma estudiada, diseñada de forma tal que sirva a los propósitos e intereses que esos medios representan.
Por ello es fundamental dar la lucha contra la injusticia en todos los frentes. El combate contra la triada criminal se da en el campo militar, político, diplomático, económico, ideológico y comunicacional. Combate diversificado que requiere decisión, voluntad, firmeza y pleno convencimiento que nuestros pueblos deben tener como norte el triunfo sobre el imperialismo y sus hijos putativos como son el sionismo y el wahabismo. Ese triángulo abominable ha dado la orden de manipular, de desinformar, ha ordenado a sus diarios, revistas, programas televisivos, radiales. Ha ordenado que sus funcionarios que por cientos de miles generan opinión en las redes sociales, minimicen los ataques contra Irán, que lo presente como ataques armados, acciones que tendrán su explicación rebuscada y falsa.
Quien se hace cargo de esa manipulación, de la desinformación, quien no se niega a ser utilizado, sabiéndolo, consciente de ello, es aval y cómplice del crimen, del terror. No es necesario que maneje un arma y dispare, es suficiente, que como un  borrego sea conducido al matadero sin siquiera rebelarse ante estas conductas criminales. En esta situación que vive Irán, la solidaridad, el compromiso con su lucha por defender su soberanía y el apoyo que otorga a los pueblos de Siria, Palestina, Yemen, Irak contra las agresiones de la triada criminal, debe ser un imperativo. Y, en ese objetivo el camino es dar dura batalla a la manipulación y la desinformación.
Hay que combatir la mentira y apoyar la decisión de Irán que “en un futuro cercano, se les infligirá una venganza mortal e inolvidable a los terroristas malvados y criminales” que cometieron el ataque en Ahvaz. Venganza que debe ir acompaña de la intensificación de su defensa, que según las propias autoridades de la nación persa “es una necesidad innegable”. No se puede conceder un centímetro a las presiones, a las amenazas y a la acción desestabilizadora de la triada criminal. Y lo mencionado debe ser acompañado de la represalia, el castigo a culpables y cómplices de una manera ejemplar. Desde otras trincheras, el denunciar, dar a conocer los crímenes del imperialismo, el sionismo y el wahabismo son parte también de la labor en favor de nuestras sociedades.

El maestro ignorante o la degradación de la educación


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El maestro ignorante o la degradación de la educación

 

 

Carlos Barrio

En El Maestro ignorante Jacques Rancière hace suyas las experiencias del pedagogo francés del siglo XVIII Jean Jacotot, quien puso en práctica una nueva forma de entender la enseñanza, no autoritaria, horizontal e integradora. Ranciere se basa en las experiencias de Jacotot para denunciar el papel ideológico de la educación, como instrumento al servicio de la dominación de clase y legitimador de esquemas de desigualdad. Frente a la desigualdad, Jacotot propugnaba el “comunismo de las inteligencias”, donde la relación jerárquica entre maestro y alumno es sustituida por una especie de comunidad de iguales donde el profesor no es tanto un transmisor de conocimientos cuanto un mero guía que alumbra las incursiones de sus alumnos por los ignotos senderos del saber.
Las pedagogías comprensivas, herederas del método Jacotot, postulan la igualación por debajo, el desprecio de la meritocracia y privilegian el método por encima del aprendizaje de contenidos. Estas se empezaron a implantar después de la Segunda Guerra mundial en el norte de Europa y en especial en el Reino Unido, donde acabaron por desplazar a las meritocráticas “Grammar Schools” inglesas hasta convertirlas en una “rara avis” en dicho país.
En España las pedagogías comprensivas tuvieron su puerta de entrada con la aprobación de la Ley General de Educación (1970), durante el tardo franquismo y alcanzaron su cenit en la LOGSE
En España las pedagogías comprensivas tuvieron su puerta de entrada con la aprobación de la Ley General de Educación (1970), durante el tardo franquismo y alcanzaron su cenit en la LOGSE, cuya filosofía se basó fundamentalmente en estas ideas contrarias a la selección y al esfuerzo individual en el aprendizaje. Estas ideas suponen la entrada de planteamientos democratizadores en el aula, frente la concepción jerárquica de la docencia que destaca que la superioridad intelectual del maestro sobre el alumno radica en que éste se supone que domina aquello que el alumno se supone quiere aprender.
Tradicionalmente la izquierda siempre vio en la enseñanza un poderoso instrumento de promoción social, de ahí que las escuelas y facultades de países como la antigua Unión Soviética tuvieran un carácter elitista que primaba la calidad sobre la cantidad del alumnado. Incluso un protocomunista como fue Platón intentó en sus diálogos trasplantar el modelo verticalizado de la “paideia griega” al ámbito de la política, de forma que sólo los “sofoi” (sabios) fueran los que dirigieran la sociedad, estableciendo en La República un detallado programa educativo para aquellos destinados a las más altas funciones del gobierno.
Este cambio de paradigma en las ideas educativas de la izquierda se explica por la confluencia de una serie de factores. Por un lado, la difusión de las ideas sesentayochistas que siempre vieron en la meritocracia en la educación un resabio burgués o la influencia de las ideas de la llamada Escuela de Frankurt que denunció el carácter eminentemente instrumental de la educación en el capitalismo, como un simple medio para facilitar la formación de cuadros técnicos especializados en detrimento de una educación que fomentara un espíritu crítico con el sistema. A esto se vino a unir la promoción de la figura del pedagogo por encima de la del profesor en el diseño curricular de los planes de estudios para cambiar los planteamientos educativos tradicionales.
Esta escuela comprensiva, inicialmente pensada para los niveles educativos inferiores, ha ido extendiendo su ámbito de aplicación a ámbitos educativos superiores, en la medida en que nuevas generaciones, educadas en la cultura del no esfuerzo, accedían a niveles superiores. Incluso algunos de los egresados en tan estéril credo pedagógico alcanzaban las más altas dignidades académicas. Se convertían en el ideal de Jacotot, en maestros ignorantes, dispuestos a impartir su docta ignorancia en cátedras universitarias, repartidas por doquier, al amparo de políticos dispuestos a ampliar sus redes clientelares con el mayor número de clientes políticos en el mundo universitario.
La educación superior ha servido de instrumento de propagación de ideas radicales de izquierdas en buena parte de los países occidentales
El escándalo universitario en el que se han visto implicados numerosos políticos españoles no deja de ser un epifenómeno de este proceso de degradación intelectual de la universidad, donde la difusión del saber es menos importante que el adoctrinamiento o el pago de favores a la comunidad universitaria por parte de políticos tan ambiciosos como poco escrupulosos.
La educación superior ha servido de instrumento de propagación de ideas radicales de izquierdas en buena parte de los países occidentales. Los llamados cultural studies han moldeado las mentes de la intelectualidad en los EEUU desde los años ochenta. Una impresionante obra de ingeniería social, que ha servido para difundir ideas colectivistas, hipercríticas con el capitalismo y de la democracia representativa, así como para crear una nueva jerga política entre las nuevas generaciones.
Se pedía eliminar del currículo académico el estudio de ciertos filósofos como Descartes o Kant por resultar demasiado androcéntricos y poco sensibles a la temática colonial
El feminismo radical cultural y los estudios multiculturales se han convertido en materia transversal que moldea la mentes de generaciones enteras de universitarios originando situaciones cercanas al esperpento, como la producida en Escuela de Estudios Orientales y Africanos (SOAS) de la prestigiosa Universidad de Londres, en la que se pedía eliminar del currículo académico el estudio de ciertos filósofos como Descartes o Kant por resultar demasiado androcéntricos y poco sensibles a la temática colonial. Se da la infeliz circunstancia en muchos campus universitarios norteamericanos de la difusión de los llamados espacios seguros, donde el libre debate o la difusión de idas contrarias a lo políticamente correcto es proscrita en aras de la protección de la sensibilidad de los estudiantes.
La nueva izquierda no parece estar tan interesada en formar como en adoctrinar
El nuevo populismo de izquierdas encuentra, en países como España, Grecia o Italia, un terreno abonado para que sus ideas tengan amplio respaldo. Buena parte de la izquierda ha perdido el norte, en lo que se refiere a la educación. Esta siempre ha constituido el principal instrumento de promoción social (mucho más que la pura transferencia de rentas). Por medio de la educación, personas de orígenes humildes pueden ascender en el escalafón social y económico. La izquierda clásica entendió esto muy pronto, de forma que en la socialdemocracia escandinava se dedicaron ingentes cantidades de medios para proveer una escuela pública de mucha calidad, que permitiera que las capas populares accedieran al saber. También tenían claro que la educación no es sólo cuestión de medios, es fundamentalmente cuestión de principios
La cultura del esfuerzo, la exigencia y el respeto en el aula son tan importantes como una correcta asignación de medios materiales. La nueva izquierda no parece estar tan interesada en formar como en adoctrinar. La trasmisión del nuevo abecedario político es más importante que la geografía, el cálculo, la literatura o las artes plásticas. Uno de los grandes errores que se ha cometido en España ha sido dejar que la “educación” se haya convertido más en un laboratorio de ideas, que en una etapa de aprendizaje. Los valores son muy importantes, pero sin un acervo de conocimientos que proporcionen herramientas críticas, se convierten en estériles consignas. Así se da la infeliz circunstancia de que posiblemente tengamos la generación de políticos más egresada de nuestra historia a la par que la más ignorante.
Foto: Cole Keister

¿Quiénes están detrás del ataque terrorista en Irán?


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¿Quiénes están detrás del ataque terrorista en Irán?


Otro ataque terrorista se registra en Irán, esta vez, el blanco ha sido un desfile militar en la ciudad sureña de Ahvaz. El atentado dejó decenas de muertos y heridos.
En este artículo pretendemos estudiar los motivos detrás de este ataque terrorista y sus posibles patrocinadores.
Ataque mortal
El incidente tuvo lugar, este sábado, media hora después de que comenzaron los actos conmemorativos, cuando varios terroristas, vestidos como soldados, dispararon contra la multitud que presenciaba el desfile y también contra los militares que participaban en el evento.
Es de mencionar que entre las víctimas mortales se encuentran niños y periodistas. Inmediatamente dos grupos terroristas reivindicaron la autoría del atentado, Daesh y Al-Ahvaziya, respaldados por Arabia Saudí.
Las reacciones fueron inmediatas.El presidente de Irán, Hasan Rohani, advirtió de una respuesta contundente y de inmediato, diciendo:"La respuesta de la República islámica a la más mínima amenaza será terrible". Añadió: "Quienes aportan apoyo en materia de inteligencia y propaganda a estos terroristas tendrán que responder por ello".
En este mismo sentido, el canciller iraní, Mohamad Yavad Zarif,acusó a patrocinadores del terrorismo y sus amos estadounidenses por los ataques terroristas y afirmó que los atacantes fueron reclutados, entrenados, armados y pagados por un régimen extranjero.
¿A quiénes podría referirse Zarif?
Inmediatamente después del ataque mortal, el asesor del príncipe heredero de Abu Dabi, Abdul Jaleq Abdulá, a través de un tuit defendió el atentado, diciendo: “Un ataque militar a un blanco militar no es un acto terrorista”. Añadió que “extender el conflicto al territorio iraní es una opción que se había declarado antes y que aumentará en el futuro”.
Sus palabras concuerdan exactamente con las del príncipe heredero Saudí quien había afirmado previamente que se debe extender el caos al territorio iraní. Algo que pone de relieve que estos dos países pueden estar detrás de los últimos dos ataques terroristas en el territorio iraní.
Es de mencionar que ambos grupos terroristas que reivindicaron la autoría del atentado reciben apoyos logísticos y financieros de parte de los países ribereños del Golfo Pérsico. El objetivo principal de los patrocinadores es crear división en el sur de Irán, a través de poner a la minoría árabe frente al sistema.
¿Por qué quieren a un Irán en caos?
El motivo reside en el papel que desempeña Teherán en las ecuaciones regionales y su postura antiterrorista. Desde el inicio de los conflictos en Siria e Irak, entre otros, hace 7 años, Irán se encuentra en el frente de la lucha contra los grupos terroristas que actúan en la región para derrocar a los gobiernos de Irak y Siria. El fruto de la presencia iraní fue el fracaso absoluto de los terroristas y la perdida de su influencia que se extendía como una sombra de muerte en la región.
Es fácil de entender que tales grupos no pueden suministrar el fondo y arma necesaria para sus operaciones y deben recibir ayudas. Por lo tanto, el fracaso de los terroristas significa el de sus patrocinadores.
En este caso, no solo ha fracasado el plan de Arabia Saudí, Emiratos Árabe Unidos y sus patrocinadores occidentales de dividir Siria e Irak para frenar la influencia de Irán en la región, sino hoy, Irán tiene una mayor influencia en la región y se considera como uno de los actores claves tanto en las ecuaciones regionales como internacionales. Algo que no les ha gustado para nada a estos países, por lo tanto, se han dedicado a extender la inseguridad al territorio iraní para poder así reducir su influencia.
¿Cómo serían las consecuencias de tales medidas desestabilizadoras?
Si fijamos bien en la historia reciente de Oriente Medio, la región siempre ha estado en conflicto y esto mediante la presencia directa e indirecta de los extranjeros, en concreto, Estados Unidos. El resultado de este escenario para los países de la región ha sido el saqueo de los recursos petroleros de la región y la permanente inseguridad que ha cobrado la vida de decenas de miles de personas. Pero para EEUU ha sido totalmente contrario, es decir, ha beneficiado a este país y a sus aliados mediante la venta de armas y el saqueo de petróleo sin haberse afectado negativamente.
En este sentido, cabe recordar las palabras de Mijaíl Gorbachov, quien dijo que de momento Irán es una excusa para la venta de armas de EEUU y sus aliados en Oriente Medio y el próximo blanco será Arabia Saudí.
Con todo lo expuesto, se puede decir que el perspectivo de la situación en Oriente Medio no solo camina hacia el mejor sino para el peor y esto seguirá mientras los países de la región no se unan contra los planes separatistas y desestabilizadores de los terceros.

La OEA y la invasión militar en Venezuela


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La OEA y la invasión militar en Venezuela

 

 


Suenan tambores de guerra en torno a Venezuela. EE.UU., junto con la OEA, tiene los ojos puestos en la mayor reserva de petróleo, situada en la tierra de Bolívar.
Los tambores de guerra vuelven a sonar en relación a la República Bolivariana de Venezuela. El gobierno de Estados Unidos, que es igual a decir las multinacionales estadounidenses del petróleo, tienen puestos sus ojos en la mayor reserva de oro negro del planeta, que justamente está en la tierra de Bolívar, y todo indica que no van a detenerse en su intento hasta conseguirla. Aunque la quema de hidrocarburos como energéticos constituye la principal causa del calentamiento global, mientras haya petróleo en el planeta estas rapaces empresas parecen dispuestas a seguir quemándolo (¡y vendiéndolo, obteniendo fabulosas ganancias!). Las reservas probadas que yacen en el subsuelo venezolano permitirían seguir contaminando el planeta (y dando mucho dinero), de mantenerse el actual consumo, al menos por casi dos siglos más.
La Organización de Estados Americanos –OEA– es, como dijera hace años el Che Guevara, el “ministerio de colonias” de Washington. Aunque eso resulte patético, ayer como hoy es una triste verdad. Para muestra, lo que está sucediendo en este momento con el papel jugado por su secretario general, el chileno (¿estadounidense?) Luis Almagro.
Siguiendo muy de cerca la situación venezolana, convirtiéndose de hecho en el vocero oficioso de Washington y de sus multinacionales petroleras, Almagro viajó recientemente a Colombia desde donde pidió, con el mayor descaro y violando todos los protocolos diplomáticos, la opción militar para acabar con la Revolución Bolivariana. “En cuanto a intervención militar para derrocar a Nicolás Maduro creo que no debemos descartar ninguna opción”. Según su decir, dado que las múltiples reuniones elucubradas por él desde la OEA pidiendo sanciones contra Venezuela, o abiertamente su expulsión de ese organismo regional, no dieron los resultados esperados, ahora “el tiempo se agotó”.
¿Qué tiempo se agotó?, podríamos preguntarnos. ¿La paciencia de la Casa Blanca será?, la cual probó numerosísimas variantes para desplazar al gobierno venezolano –ayer con Hugo Chávez, hoy con Nicolás Maduro–, siendo que ninguna de ellas le resultó. Ni golpes de Estado, paros patronales, guarimbas, sabotajes, mercado negro, hiperinflación inducida, desabastecimiento, provocaciones varias, pudieron torcer el rumbo del proyecto nacionalista que hace ya cerca de dos décadas se viene desarrollando en Venezuela. La intervención militar foránea se ve ahora como, quizá, la única opción posible para detener el proceso político en curso.
Decir “intervención militar” es decir invasión de fuerzas extranacionales capitaneadas por Estados Unidos, que tiene preparada esta opción como un recurso final para recuperar esas cuantiosas reservas petroleras, hoy nacionalizadas y manejadas por un Estado con compromiso social. De ahí la cantidad de bases militares con alta tecnología bélica, todas norteamericanas, que atenazan a Venezuela (7 en Colombia, 1 en Curazao, 2 en Honduras), más el posible accionar de ejércitos nacionales de algunos países latinoamericanos bajo el manto de la OEA, todos bajo el liderazgo militar de Washington.
El pedido formulado por el Secretario Almagro representa un fiel reflejo de la caracterización dada por el Che Guevara: es una grosera intromisión del organismo regional en los asuntos internos de un Estado miembro (la metrópoli ordenando qué hacer a sus colonias). Con esta petición se viola flagrantemente el artículo 19 de la Carta de la OEA. Esa no intromisión que establece el documento fundacional, estipula que no deberá ejercerse injerencia en ninguna forma, ni militar ni bajo ningún otro aspecto: político, diplomático, económico. Si la OEA considera que “el tiempo se agotó”, pareciera que eso no responde a una sana y sopesada actitud diplomática de diálogo sino a la febril mentalidad de un invasor ávido de robar lo que no le pertenece.
Claramente, el artículo 21 de dicha Carta indica en forma tajante que el territorio de un Estado miembro es inviolable, no pudiendo ser objeto ni de ocupación militar ni de ninguna otra medida de fuerza tomada por otro Estado ni por el organismo, así sea en forma temporal.
Por otro lado, el artículo 22 estipula que ningún Estado de la organización podrá acudir al uso de la fuerza, salvo en caso de legítima defensa repeliendo una invasión.
De hecho, lo que plantea ahora la OEA a través de su cabeza visible Luis Almagro –vocero encubierto de la Casa Blanca– constituye una abierta ilegalidad en términos de derecho internacional. Es, en concreto, un llamado a la violencia, incitando a la desestabilización de un gobierno democráticamente electo. Es un llamado a la guerra, lisa y llanamente. Si se quiere decir de otro modo: un absoluto absurdo en términos diplomáticos, pues la organización que debería velar por la paz regional, está haciendo una apología de la violencia.
Esta conducta injerencista de Almagro trajo como respuesta inmediata del Gobierno venezolano una denuncia presentada ante la Organización de las Naciones Unidas –ONU–.
Sin dudas la situación actual del país caribeño es difícil, sumamente difícil. Los ataques solapados –y no tan solapados– que el Gobierno de Estados Unidos, junto a las oligarquías de distintos países de la región latinoamericana, viene realizando contra Venezuela, han dejado graves secuelas. El descontento en la población no es poco, pues la vida cotidiana se ha venido deteriorando cada vez más en estos últimos años, a partir de la presidencia de Nicolás Maduro. Pero queda claro que el problema no es tal o cual presidente: es la voracidad de las compañías petroleras del país del norte que no desean perder su botín, junto a otras innumerables riquezas que presenta el territorio venezolano: agua dulce, gas, minerales estratégicos, oro, diamantes, biodiversidad de su selva amazónica.
Independientemente de errores que pueda haber cometido el Gobierno bolivariano, es un imperativo ético primordial condenar enérgicamente cualquier intento de injerencia en sus asuntos internos. Los problemas de los venezolanos los deben arreglar los venezolanos. Lo demás es, pura y abiertamente, una vil invasión.

Guatemala. 2015: vuvuzelas. 2018: movilización popular

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Guatemala. 2015: vuvuzelas. 2018: movilización popular



En 2015 Guatemala vivió una gran crisis política que terminó con el encarcelamiento del por entonces binomio presidencial (Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti).
El lema de aquel entonces era la lucha contra la corrupción. Se decía en ese momento, y ahora se puede afirmar con firmeza, que toda esa movilización anticorrupción tenía que ver, fundamentalmente, con un plan finamente trazado por Washington.
Dos motivos lo fundamentan: 1) la decisión política de intentar transparentar las mafiosas y corruptas políticas centroamericanas, que tal como están ahora, constituyen una bomba de tiempo que expulsa gente hacia el territorio norteamericano y, al mismo tiempo, representan un peligro de posible “ingobernabilidad” (visto desde la lógica capitalista del imperio, de ahí que montaron el Plan Alianza para la Prosperidad); y 2) ser un laboratorio de pruebas para las recetas anticorrupción con las que, posteriormente, el gobierno estadounidense pudo mover gobiernos díscolos en otras latitudes (Brasil, Argentina, etc.).
El experimento fue todo un éxito. La población, básicamente clase media urbana, se indignó profundamente ante las denuncias aparecidas, y en una demostración de civismo (muy bien manejado con técnicas de manipulación social), una buena cantidad de población salió a protestar a la plaza. La movilización, de todos modos, era bastante limitada (lo cual hacía pensar en quién y para qué movía todo eso): entonar el himno nacional, sonar vuvuzelas, vociferar contra los funcionarios corruptos y volverse a la casa. No había, en sentido estricto, un proyecto político de cambio. Ninguna fuerza popular-de izquierda-revolucionaria pudo aprovechar el descontento para ir más allá, pues toda la iniciativa mostró desde un inicio que no apuntaba a cambiar nada. Puro gatopardismo. De todos modos, esos acontecimientos sirvieron para fomentar un calor popular antes inexistente.
La crisis política abierta ese año se cerró con una elección amañada, donde apareció un candidato a la medida: un actor que personificó el papel de “presidenciable no corrupto”. El circo mediático estuvo bien montado, a tal punto que permitió que Jimmy Morales llegara a la presidencia. Rodeado de militares vinculados a la guerra interna y a grupos mafiosos de oscuro pasado –todos ligados al Estado contrainsurgente y a los negocios sucios que el mismo permitió–, la crisis terminó y todo pareció volver a la “normalidad”.
Pero esa “normalidad” en Guatemala significa explotación, miseria, exclusión. Pasaron las movilizaciones sabatinas con muchas vuvuzelas del 2015 y todo siguió igual en la base: 60% de la población bajo el límite de pobreza, desnutrición crónica (quinto puesto en el mundo), desocupación, salarios de hambre, analfabetismo, racismo y patriarcado, manipulación burda de las grandes masas, valores misóginos, homofóbicos y ultraconservadores. Era obvio que ese montaje anticorrupción funcionó como distractor. Los problemas fundamentales no se tocaron.
Pero la población del país no es solo la clase media urbana que “civilizadamente”, al ritmo de vuvuzelas, se indignó por el robo de algunos funcionarios. Movimientos populares de base, campesinos e indígenas en lo fundamental, siguieron protestando tal como lo venían haciendo desde siempre, sin la caja de resonancia de los medios comerciales de comunicación. Esas reivindicaciones (mejores condiciones de vida, tierra para los campesinos pobres, mejora salarial, servicios básicos decentes, etc.) se continuaron levantando siempre, aunque no inundaran las plazas ni aparecieran en la televisión.
Tanto esas protestas como las investigaciones contra la corrupción llevadas adelante por la CICIG y el Ministerio Público (en tanto parte de la iniciativa estadounidense de transparentar las mafias del Triángulo Norte de Centroamérica), fueron acorralando a la administración de Morales. El llamado Pacto de corruptos (empresarios, clase política, militares, todos moviéndose con criterio mafioso) se empezó a sentir nervioso por ambos motivos. La movilización popular siempre es molesta para las clases dominantes; y si a eso se suma la posibilidad de ser investigada por corrupta, tenemos el cuadro actual: reacciona mostrando los dientes. De ahí que 1) hace lo imposible por evitar las investigaciones cerrando el paso a la CICIG, y 2) comenzó un sistemático ataque a luchadores populares con métodos de la guerra contrainsurgente (van 18 muertos este año, con total impunidad).
Pero la gente no se quedó callada. Hoy existe una movilización popular distinta a la del 2015: hay conducción política producto de la articulación de distintos grupos de base, hay proyecto claro (pedir la renuncia del elenco gobernante y el llamado a una Asamblea Constituyente), y ya no hay el miedo de años atrás.
El escenario no es pre-revolucionario ni por asomo; pero abre posibilidades interesantes para el campo popular.

Contra el fascismo


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Contra el fascismo


El fascismo bien pronto encontró alternativas atrayentes. Una buena manipulación del miedo al extranjero, al migrante, basado en el terrorismo islámico pero también en el riesgo de perder los puestos de trabajo y en el sambenito de la «inseguridad ciudadana», era una propaganda muy eficaz en sectores de las clases trabajadoras desilusionados y traicionados por el eurocomunismo, por los restos del stalinismo y por la integración de la burocracia sindical…

«Sobre la base de esa doble discriminación, de raza y de clase, la gran masa de los alemanes disfrutó hasta la segunda mitad de la guerra de una buena situación. Ignoraron durante mucho tiempo el reverso criminal de su bienestar, un imperialismo social y racista edulcorado por la palabrería socializante de sus dirigentes […] La combinación del amparo y atenciones generales con la violencia ejemplar contra los denominados “enemigos del pueblo” no convirtió a la inmensa mayoría de alemanes en nazis entusiastas, sino más bien en conformistas que disfrutaban de las posibilidades cotidianas de beneficiarse que les ofrecía el sistema. Pero la lealtad pasiva así obtenida bastó para garantizar la capacidad de maniobra interna del Estado nacional socialista hasta verano de 1944»
Götz Aly: La utopía nazi. Cómo Hitler compró a los alemanes.
Crítica. Barcelona 2006, pp. 330 y 344.
Los textos que se recogen en este librito publicado por Sare Antifaxista que prologo aquí, intentan explicar qué es el fascismo desde las necesidades de la lucha de clases y de liberación nacional: es por tanto un libro de combate práctico y teórico, evitando ser engullido por el agujero negro del academicismo «imparcial». Son textos que he ido escribiendo al calor de las movilizaciones contra las múltiples expresiones del fascismo, pero que, estudiados en su conjunto, pueden servir para un debate colectivo que establezca los puntos mínimos de un concepto de fascismo válido para facilitar su derrota.
Recientemente han salido en prensa los casos de varios nazis, fascistas y franquistas con vidas cotidianas normales, personas que no se distinguieron por una especial brutalidad visible. Kurt Waldheim, por ejemplo, fue miembro de las SA, grupos paramilitares de asalto, y participó durante la II GM en las deportaciones de decenas de miles de personas a campos de exterminio a las órdenes del general Alexander Lohr ejecutado en 1947 por criminal de guerra, A pesar de conocerse su historial, fue elegido secretario general de la ONU entre 1972 y 1981. Pocos Estados le recibieron en viaje oficial, menos el Vaticano y algunos países árabes. Para 1986 se disponía de información más concreta y grave sobre sus responsabilidades, pero en ese año ganó las elecciones austríacas siendo presidente hasta 1992. Luego vivió «retirado» de la vida política hasta su muerte en 2007 siendo enterrado con honores oficiales.
Rudolf Höss, lugarteniente de Himmler, fue comandante de Auschwitz, tenía a su cargo a criminales de la calaña de Mengele, Josef Kramer apodado La Bestia de Belsen, y muchos más. Según su hija « parecía el mejor hombre del mundo, siempre dulce y amable con quienes le rodeaban». Separaba perfectamente el mundo de sus atrocidades diarias en Auschwitz y el mundo de sus relaciones personales dentro y fuera de aquél averno. En ambos era consciente de su quehacer y vivía normalmente esa aparente contradicción. El policía español Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño, recibió muy contadas y suaves reprimendas por las torturas salvajes que aplicaba a detenidas y detenidos durante la dictadura franquista y en los primeros años de la «monarquía constitucional». Dejó su «trabajo» en 1982 a la edad de 38 años tan profusamente condecorado que su sueldo se incrementó en un 50%. Mediante el método de las «puertas giratorias» pasó a ser responsable de seguridad de Renault, transnacional francesa que colaboró decisivamente en el esfuerzo de guerra con los ocupantes nazis.
En la actual Argentina, Denise Yanet Evequoz, conocida como Ana Elisa Duprat, maestra de trato dulce con la juventud, justifica en su docencia el holocausto nazi a la vez que dice «defender la vida» negando el irrenunciable derecho al aborto legal, seguro y gratuito. En Norte América, las organizaciones nazifascistas han aumentado en un 22% durante el primer año de gobierno de Donald Trump, siendo la punta de lanza de la legitimación de la aberrante medida nazi de Trump de separar hijas e hijos de migrantes encerrándolos en cárceles especiales, como se hacía en los campos de concentración alemanes cuando los trenes de mercancías descargaban su «carne humana»: las madres eran separadas a golpes de sus hijos e hijas para no verlos nunca más. La Marina yanqui va a crear campos militares para encarcelar a 120.000 migrantes, de entrada. No merece la pena extendernos sobre los sucesivos golpes a los derechos sindicales y sociales de la clase trabajadora que en los cuatro primeros meses de 2018 ya había igualado las huelgas y horas «perdidas» de todo 2017: es en este contexto en el que la Corte Suprema anula el derecho de la clase obrera a presentar demandas colectivas contra la patronal. Y si vamos a Japón vemos que una especie de neofascismo empieza a penetrar sutilmente desde 2012 en algunos estamentos del poder, reforzando el revanchismo imperialista y militarista.
Estos seis casos son una minúscula gotita en el océano fascista conocido y oculto, en el que miles y miles de personas que tuvieron y tienen responsabilidades con esta política inhumana campan a sus anchas porque la burguesía sabe que los necesita o que puede necesitarlos en un futuro. Pero reflejan muy bien las características generales del fascismo al margen de las formas particulares y singulares que adquiera en cada sociedad a través de los años.
De la misma forma en que a raíz de la crisis sociopolítica abierta con la revolución bolchevique de 1917 y sus efectos sísmicos mundiales, más la posterior crisis socioeconómica abierta en 1929, el gran capital y amplísimos sectores de la mediana y pequeña burguesía pasaron a apoyar al nazifascismo y al militarismo como garantía definitiva contra la revolución social; de manera similar, desde la crisis de 2007 cuando se van intensificando los esfuerzos por asentar el fascismo como reserva irracional de masas contrarrevolucionarias. Al haber desaparecido el «peligro comunista» inmediato como en los años treinta, y al no existir la llamada «guerra fría» desde 1991, el fascismo vio cómo se debilitaba su mayor argumento hasta entonces.
Debía buscar rápidamente otra fuerza incontrolable, otra forma de miedo, que surgiera de atavismos profundos creados durante siglos y reforzados abiertamente por la estrategia del miedo lanzada inicialmente por la Iglesia desde finales del siglo XII, pero reforzada sistemáticamente a raíz de las grandes hambrunas del s. XIV. Pero en el capitalismo, a diferencia de la Baja Edad Media, el miedo irracional, no controlado por la conciencia, proviene fundamentalmente de la precarización de la vida en un mundo que, sin embargo, podría resolverlo mediante drásticas medidas sociopolíticas que pusieran las enormes fuerzas productivas a disposición de la humanidad, en vez de a las órdenes de la minoría burguesa. Este sueño, esta esperanza roja, sufrió un golpe en 1991, pero la angustia no desapareció en amplios sectores a pesar del triunfalismo imperialista. Una sociedad puede ser alegre pero puede estar carcomida por temores profundos, cósmicos, parecidos al Cthulhu de Lovecraft: ahí también anida el fascismo que, como solución, propone la omnisciencia del duce, del führer, del caudillo a cambio de la obediencia ciega.
El fascismo bien pronto encontró alternativas atrayentes. Una buena manipulación del miedo al extranjero, al migrante, basado en el terrorismo islámico pero también en el riesgo de perder los puestos de trabajo y en el sambenito de la «inseguridad ciudadana», era una propaganda muy eficaz en sectores de las clases trabajadoras desilusionados y traicionados por el eurocomunismo, por los restos del stalinismo y por la integración de la burocracia sindical… Desde siempre es sabido que el racismo también se alimenta de la angustia del hombre blanco a ver a «sus mujeres» en brazos de hombres de otras etnias. Si ya el nazifascismo y el franquismo explotaron al máximo en su beneficio esta ansiedad, temor, angustia y miedo del patriarcado blanco, luego se ha intensificado con el aumento de migrantes, con la crisis del sistema familiar clásico, con la toma de conciencia feminista, con el impacto de la hipersexualización burguesa de la vida…
El neofascismo sabe que ahora tiene otra sólida base irracional para crecer, lo que aprovecha para atacar los derechos elementales de las mujeres en todos los sentidos, como hemos visto en las reacciones disimulada o descaradamente justificadoras de la iniquidad de la Manada. Los microfascismos tienden a aumentar en la invisible cotidianeidad bajo las presiones de la crisis, pero a la vez, muchos «demócratas» ocultan su ideas fascistas con los buenos modales, con la frase oportuna, con la caricia oportuna a una niña migrante en un acto de «ayuda humanitaria» para que las televisiones y demás sistemas de comunicación instantánea lo divulguen por todo el mundo.
La devastación social desencadenada desde 2008 ha reforzado lo anterior. Si bien desde finales de la década de 1980 y en especial desde 1995, por poner una fecha, las luchas obreras y populares iban recuperándose paulatinamente en el capitalismo imperialista, el clásico por recurrente proceso de polarización social ha ido agudizándose y otra vez pero con formas y algunos contenidos nuevos, se empieza a entrever en la lejanía algo parecido al siempre deseado fantasma del comunismo. Los servicios de planificación y estrategia represiva de los Estados también lo sienten y se preparan para el combate: el Tribunal Constitucional alemán ha privado a 800.000 maestros del derecho de huelga tal vez por el miedo a que allí cunda el ejemplo de las poderosas huelgas de maestros en los EEUU. Hasta ahora, la burocracia sindical alemana ha conseguido evitar que la lucha obrera en ascenso empiece a desbordar el límite de tolerancia del capital.
La patronal española no ha podido llevar a puerto, por el naufragio del PP, su plan de reducir al máximo el ya golpeado derecho a huelga, pero lo intentará de nuevo. Un informe de la CEOE de finales de 2017 reconocía que aumentaba la lucha de clases sobre todo desde ese verano. Aprovechando este 1 de Mayo, sectores de la patronal avisaban a las burocracias sindicales que iban perdiendo influencia entre la clase trabajadora cada vez más activa, tanto que en 2017 se había incrementado en un 50% con respecto a 2016 aunque se encuentra todavía muy lejos de los niveles de hace décadas. Movilizaciones masivas en lo que va de 2018 como las de las mujeres trabajadoras, jubiladas y sobreexplotadas, el pensionado, el movimiento estudiantil, etc., indican que la ley Mordaza, la parálisis impuesta por la burocracia político-sindical, el miedo al paro y la necesidad perentoria de aceptar la explotación laboral debido al empobrecimiento…, nada de esto ha logrado detener por ahora esa recuperación. No es casualidad, por tanto, que se haya disparado la violencia fascista contra las recuperadas formas de autoorganización de la juventud trabajadora, contra los derechos de las naciones oprimidas, contra las y los migrantes y quienes les ayuda, contra los derechos humanos concretos en cuanto tales.
¿Y qué decir de Macrón frente a las movilizaciones sociales de todo tipo a las que responde con una militarización que nos recuerda a De Gaulle? ¿Y qué comentar de Salvini obsesionado en llegar a ser el segundo Duce, que cuenta con el inestimable apoyo del M5 Estrellas, que en su origen fue la admiración del reformismo español, como lo había sido antes Syriza? Salvini ha lanzado una propuesta que no es nueva, pero que cada día que pasa tiene más posibilidades de materializarse: crear un partido europeo de extrema derecha que llegue a ser mayoritario en Bruselas. Se trata de una dinámica de acercamiento fascista que responde a la ley de centralización y concentración que es la base misma de Unión Europea. Son muchos los obstáculos que frenan la propuesta y hasta pueden abortarla, pero tarde o temprano resurgirá otro proyecto similar.
La concentración y centralización de capitales en Europa genera, como siempre, tensiones interburguesas por el reparto de poder pero se termina imponiendo la fracción capitalista más poderosa. En la actualidad, las presiones múltiples de los EEUU también favorecen el ascenso del fascismo mediante la expansión militar en el Este para agotar a Rusia, de modo parecido a cómo la segunda guerra fría lanzada por Reagan ayudó a la implosión de la URSS. Si en gran medida, los ejércitos italianos, alemán y español fueron fuerzas decisivas para el ascenso del nazifascismo, ahora, noventa u ochenta años después vuelven a serlo los estrategas político-militares, conectados con los ejércitos privados burgueses y con su industria político-mediática. Han aprendido mucho mientras que la izquierda lo ha olvidado casi todo, voluntariamente muchas veces. Recordemos que la OTAN fue central en las formas de guerra sucia, terrorismo, guerra psicológica y cooptación de políticos, intelectuales y periodistas en la primera guerra fría. Entonces el fascismo estaba desacreditado pero tenía un sólido refugio en la OTAN y otras instituciones imperialistas. Ahora también.
Para concluir, uno de los mayores errores del olvido muchas veces voluntario de la historia por la izquierda, es el abandono de las vitales reflexiones teóricas que fue haciendo el movimiento revolucionario sobre la naturaleza político-militar de toda concepción estratégica. No es casualidad que las reflexiones sobre el régimen bonapartista, que ya anunciaba indicios de lo que luego sería el fascismo, se hicieron precisamente bajo las presiones de la derrota político-militar de la revolución de 1848. Tampoco es casualidad que fuera otro estallido de violencia consciente y defensiva del pueblo, la Comuna de 1871, la que demostrara la urgencia de elaborar formas de poder de clase antagónicas al autoritarismo criminal de la contrarrevolución, formas que debían demostrar a la clase obrera mundial que puede avanzarse al socialismo, rompiendo así con la resignación derrotista que luego caería obnubilada ante la demagogia fascista.
Del mismo modo, las reflexiones tras la derrota de la revolución de 1905 demostraron que toda estrategia debe integrar una profunda concepción de la guerra, del militarismo y de la estructura psíquica alienada de masas, mentalidad obediente a los dictados de la autoridad suprema, como se comprobó al poco tiempo sobre los millones de cadáveres desde 1914 en adelante. La irrupción del imperialismo en esta época, uno de cuyos efectos más destructivos es el fascismo, demostró al movimiento revolucionario que debe actualizar en todo momento la teoría de la crisis sistémica, de la violencia, del Estado, de la democracia, del patriarcado, del racismo, etcétera, sin las cuales la hidra fascista sigue siendo una incógnita.
Pero aquellos avances que se expresaron en los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, fueron abandonados por razones que no podemos desarrollar ahora. En lo que concierne al fascismo, además tenemos que volver a autores como Gramsci, W. Reich, Trotsky y otros que aportaron ideas básicas. Las transformaciones habidas desde entonces exigen no quedarse en una lectura formal de la impresionante riqueza teórica sintetizada en esos congresos, sino de su crítica dialéctica a la luz de los cambios acaecidos, para, así, poder combatir con más eficacia al fascismo contemporáneo. Espero que los textos aquí reunidos faciliten esta tarea.
Iñaki Gil de San Vicente
Euskal Herria Julio de 2018

Dispuesto Washington a dinamitar la iglesia ortodoxa


voltairenet.org

Dispuesto Washington a dinamitar la iglesia ortodoxa

Red Voltaire


El nuevo embajador de Estados Unidos en Grecia, Geoffrey R. Pyatt –quien, como embajador en Ucrania, organizó el putsch de la Plaza Maidán en 2014, junto a la entonces secretaria de Estado adjunta Victoria Nuland [1]– se dedica actualmente a la creación de una iglesia ortodoxa independiente en Ucrania.
La iglesia ortodoxa está organizada en 7 patriarcados, siendo el Patriarcado de Constantinopla primus inter pares (“primero entre los iguales”), lo cual constituye una primacía honorífica. El patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, prácticamente no tiene fieles en Turquía, pero se ocupa de la diáspora griega en todo el mundo. El patriarca de Moscú, Cirilo I, está a cargo de los ortodoxos rusos, incluyendo los de Ucrania.
Una separación de los ortodoxos ucranianos en relación con el patriarcado de Moscú significaría un duro golpe para la cultura rusa en Ucrania.
Desde mayo de 2018, Bartolomé I no esta otorgando visas a los sacerdotes ortodoxos del patriarcado de Moscú que desean viajar al Monte Athos.
El 31 de julio de 2018, Bartolomé I firmó con los jefes de las religiones minoritarias en Turquía una declaración en la que todos afirman que Turquía es un país maravilloso donde las religiones se desarrollan libremente, aunque no es eso lo que ha podido verse allí en el pasado [2]. Ese texto fue recibido con cólera entre los fieles de las diferentes confesiones que sufren cotidianamente los abusos y humillaciones de las autoridades turcas.
El 31 de agosto, los patriarcas Cirilo y Bartolomé sostuvieron un encuentro amistoso en Estambul. Pero el 6 de septiembre el patriarca de Constantinopla nombró dos enviados especiales para que se encarguen de crear una iglesia independiente en Ucrania, enviados que la iglesia ortodoxa de Kiev se negó a reconocer.
Por su parte, el líder eclesiástico ucraniano Filareto de Kiev, un ex agente del KGB excomulgado tras la desaparición de la URSS, creó una secta denominada «Iglesia ortodoxa autocéfala ucraniana», respaldó el putsch de Maidán y ha calificado al presidente ruso, Vladimir Putin, de «Caín» y «Judas». Filareto se considera ahora jefe de la iglesia independiente ucraniana –desvinculada del patriarcado de Moscú– a la que el Patriarca de Constantinopla Bartolomé I podría otorgar su reconocimiento.
Filareto viajó a Estados Unidos el 14 de septiembre de 2018 y fue recibido en el Departamento de Estado junto a los dos enviados especiales de Bartolomé I, que acababan de reunirse en Kiev con el presidente ucraniano Petro Porochenko. También se entrevistó entonces con el ex vicepresidente estadounidense Joe Biden, con quien mantiene estrechas relaciones desde 2014. El hijo de Joe Biden, R. Hunter Biden, es actualmente miembro del consejo de administración de Burisma Holdings, la principal compañía de explotación del gas ucraniano. Filareto de Kiev incluso entregó a Joe Biden la Orden de San Vladimir, que ya había otorgado antes al senador estadounidense John McCain.
También está resurgiendo un antiguo diferendo sobre la iglesia ortodoxa de Macedonia, a la que el patriarcado de Constantinopla niega su reconocimiento mientras siga utilizando la denominación de Macedonia, que Grecia considera de su exclusiva propiedad.
En Moscú, el patriarca Cirilo reunió un sínodo especial y la iglesia ortodoxa rusa decidió, el 14 de septiembre, retirar de la liturgia la referencia al patriarca de Constantinopla, o sea dejar de rezar por él, «suspender» toda celebración conjunta con él y «romper» toda relación de trabajo en las instancias a las que pertenecen ambos patriarcas.
El 19 de septiembre, el patriarca de Alejandría y de toda África, Teodoro II, llamó ambas partes a la razón pero la amenaza de cisma se mantiene.

Europa usa el mar Mediterráneo de fosa común


kaosenlared.net

Europa usa el mar Mediterráneo de fosa común


Por Jose Pallás
El viaje de norte a sur se denomina turismo y se realiza de forma segura. Este mismo trayecto en dirección contraria es un genocidio al que llaman migración.

Es incalculable, por abrumadora, la cifra de personas que han muerto durante los últimos años en el mar Mediterráneo en su interminable huida de África y Oriente Medio a Europa. Este mismo viaje pero en dirección sur se puede hacer tranquilamente con pasaporte europeo y con los 15 euros que cuesta un billete de avión para un vuelo Madrid-Rabat en una línea low cost. Sin embargo, las personas que intentaron llegar al norte por mar murieron incluso cuando estaban apenas a unas pocas brazadas de alcanzar a nado la ansiada tierra firme. En vez de lanzarles un flotador salvavidas como gesto de acogida, agentes de la Guardia Civil española les dispararon gases lacrimógenos y pelotas de goma y murieron ahogadas. Que se pueda contrastar con la grabación y el testimonio de los supervivientes, esto le ocurrió el 6 de febrero de 2014 a las 15 personas muertas en la playa de El Tarajal en Ceuta que, junto con Melilla, son las dos ciudades que España tiene enclavadas en el continente africano y que sirven de frontera con Marruecos.
América tampoco pestañea ante esta tragedia humanitaria. Hay familiares que siguen esperando la llamada de sus seres queridos para saber que están bien y que por fin han llegado. Pero la buena noticia no llegará nunca a los hogares de todas las personas cuyas vidas se deshidrataron hasta la última gota en mitad de los desiertos que se extienden como una peligrosa alfombra de bienvenida a los Estados Unidos. Murieron a pesar de que hubo activistas que habían sembrado su dantesco peregrinaje con botellas de plástico llenas de agua pero que luego fueron vaciadas de una patada por agentes fronterizos que patrullan los límites gringos con México a la caza de inmigrantes. Puede llevar meses de preparación y años de intentos fallidos conseguir cruzar las fronteras que separan al norte del sur, que son permeables a los capitales y a todo tipo de mercancías incluidas las armas y las drogas pero permanecen infranqueables para las personas que no han nacido en el lado con mejor fortuna.
En el lado maldito del mapa es difícil saber mucho más allá de lo que puedan relatar las Patronas sobre las personas mutiladas y fallecidas tras ser atropelladas por la Bestia. Este monstruo metálico cruza incansable las vías del tren por todo México repleto de materias primas, cosechas enteras y personas subidas a bordo rumbo al norte, como Run Run en la triste voz de Violeta Parra. Al paso de los trenes de carga a gran velocidad por el Estado de Veracruz, este grupo de mujeres arriesga su pellejo para lanzar bolsas de almuerzo preparado con cariño a las personas que viajan aferradas a lomos de esta bestia con nombre propio. Como los trenes, las Patronas no descansan desde hace más de dos décadas que llevan prestando su ayuda a las personas que emigran sin parar por delante de sus ojos.
El frío también es mortal. A diferencia de las tumbas sin nombre a lo largo del ferrocarril, la nieve era la única lápida reservada a las personas que murieron intentando atravesar la cordillera de los Alpes para pasar de Italia a Francia. Si no perecieron congeladas durante su larga marcha por las montañas heladas que sirven de frontera natural (igual de efectiva que los desiertos y el mar) pudieron encontrar refugio gracias a Cédric Herrou. Él dejó de ser un agricultor anónimo para los medios de comunicación que se hicieron eco de su lucha ante la Justicia francesa. Cuento corto, Herrou tuvo que plantarse delante de un juez para defender su derecho a prestar auxilio a las personas migrantes, a las que ofrece abrigo y asistencia con los trámites burocráticos para solicitar asilo en Francia. A cambio de su fraternal servicio a la comunidad la policía mantiene sitiada su granja ubicada en el Valle del Roya.
Chalecos que no salvan vidas
Ya sea en el Mediterráneo a bordo de una lancha neumática, que quedó a la deriva puesto que no había zarpado de Libia o Turquía con suficiente combustible para llegar a la otra orilla, o navegando en un frágil cayuco de madera que partió de Senegal rumbo a las Islas Canarias y que fácilmente pudo volcar con cualquier ola del océano Atlántico, todas las personas náufragas compartían el mismo destino. Europa… Solo el mar sumido en un silencio cómplice lleva la cuenta de los millones de migrantes que se ha tragado cual Saturno devorando a su prole. Para colmo, además de cobrar caro el pasaje a la muerte segura, los traficantes de seres humanos hicieron negocio hasta el último minuto con la desesperación de sus víctimas y les vendieron chalecos salvavidas falsos que no impiden que te hundas y que por tanto no van a salvar tu vida en caso de naufragio.
En las rutas marítimas para emigrar a Europa puede estimarse que a diario se pierden cientos de vidas humanas que escapan de la guerra y la miseria. Todas estas personas fallecidas son sumergidas en una fosa común sin fondo y son condenadas al olvido ya que ni siquiera llegan a engrosar las estadísticas oficiales de los Estados europeos ni de la Organización Internacional para las Migraciones de Naciones Unidas. Es más, desde la desmantelación de la fuerza de salvamento aéreo y marítimo conocida como Mare Nostrum e impulsada por Italia entre 2013 y 2014, los europeos no mantienen ninguna operación militar conjunta con el objetivo exclusivo y prioritario de atender a las personas que necesitan auxilio en alta mar. De hecho, la Unión Europea sustituyó Mare Nostrum, que durante el año que se mantuvo salvó a más de 150.000 personas de una muerte agónica en el Mediterráneo, por la operación Tritón, con menos medios económicos y materiales y cuyo mandato estaba centrado en vigilar las fronteras y capturar a los traficantes en detrimento de salvar a las víctimas de la trata de personas que se ahogan en el mar.
En esta línea de todo menos humanitaria, los gobernantes de Europa están más preocupados en financiar la construcción de campos de concentración para encerrar a las personas migrantes en los países de los que huyen; como Libia, donde las víctimas de los criminales son secuestradas, torturadas, violadas y hasta ejecutadas mientras los captores extorsionan a sus familias para que manden dinero lo tengan o no. No obstante, las cárceles masificadas para personas que no han cometido ningún delito ya funcionan a pleno rendimiento en suelo europeo. Reciben el eufemístico nombre de “centros de acogida y orientación” en Francia, “centros para refugiados” si te encuentras en Alemania o “centros de internamiento de extranjeros” si has sido retenido en España y estás a la espera de que te devuelvan deportado a la casilla de salida. Mientras, con la otra mano, los países europeos se dedican a mantener la raya intacta de sus fronteras terrestres reforzando estas con vallas cada vez más altas y coronadas con concertinas (alambre con cuchillas) e incrementando el número de agentes policiales que tienen la orden de realizar “devoluciones en caliente” (prohibidas por el Derecho Internacional) de las personas que logran al fin pisar Europa.
Aún peor, los Estados europeos no dudan en poner trabas a las oenegés que pelean financiera y legalmente por mantener activas las operaciones de salvamento marítimo. Las Autoridades nacionales en la orilla europea inmovilizan sus barcos y enjuician a sus activistas acusados de tráfico de seres humanos, los mismos a los que quieren salvar. La represión se impone así sobre la urgencia, desviada esta última hacia las costas en la orilla africana tras el acuerdo en 2016 entre la Unión Europea y Turquía de 3.000 millones de euros a cambio de mano dura para frenar la migración proveniente de países de Oriente Medio como Siria o Irak. Por el contrario, se llegó hasta el punto de que la oenegé Médicos Sin Fronteras tuviera que retirar su barco Providence del mar Mediterráneo. Y no es la única oenegé que ha enfrentado dificultades para realizar su labor humanitaria, también la alemana Sea-Eye y la británica Save The Children suspendieron sus operaciones de salvamento marítimo. Pese a todo, en la actualidad se mantiene un número reducido de organizaciones que prestan auxilio en alta mar y que cuentan con embarcaciones como el buque Aquarius, fletado por SOS Méditerranée y Médicos Sin Fronteras y convertido en un raro pero bizarro símbolo de solidaridad después de rescatar a 629 personas de las aguas el pasado junio de 2018.
En el mar no hay migrantes
Proactiva Open Arms es una de las organizaciones no gubernamentales que realiza operaciones de salvamento marítimo con mayor pegada mediática, no en vano el documental sobre su barco Astral conmocionó a la opinión pública española. La oenegé sigue operando en el Mediterráneo a pesar de las zancadillas institucionales y su fundador, Òscar Camps, hace mucho tiempo que calcula los días en muertos. Especialmente los días en los que, los activistas del Mediterráneo, no pueden concentrar sus esfuerzos en socorrer vidas porque la burocracia les obliga a vagar por el mar con centenares de personas rescatadas a bordo en busca de un lugar donde desembarcar mientras los países europeos más cercanos como Italia o Malta rechazan su solicitud de puerto seguro.
Hay palabras que se las puede llevar el viento con la misma facilidad que a un grano de arena pero otras permanecen en nuestra conciencia como si estuvieran grabadas en la roca. Estas son las declaraciones de Camps cuando el barco Open Arms llegó el 4 de julio de 2018 al puerto seguro que le había ofrecido la ciudad de Barcelona y al que arribó con 60 personas rescatadas de las aguas del Mediterráneo: “En el mar no hay migrantes, en el mar hay navegantes o náufragos y lo que nosotros rescatamos son vidas en peligro. Venir hasta aquí nos ha costado cuatro días y 300 muertos y volver allí nos va a costar otros cuatro días y quizá 300 muertos más”.
Si los cálculos de Camps son fiables, a partir de una simple regla de tres a razón de 75 vidas humanas por día y embarcación, se puede afirmar que con un solo barco de salvamento se podría haber impedido la muerte de más de 25.000 personas en el mar Mediterráneo en los últimos 12 meses. Cuántas personas más han desaparecido sin dejar rastro. La memoria es el único homenaje póstumo que queda para ofrecer a todas las personas migrantes que no lograron concluir su hazaña porque murieron en el camino víctimas de lo que la Historia juzgará como un genocidio.
AUTOR
Jose Pallás. Periodista licenciado por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.
FOTO
Title: Refugees on a boat crossing the Mediterranean sea, heading from Turkish coast to the northeastern Greek island of Lesbos.
Author: Mstyslav Chernov.
License: Creative Commons Attribution-Share Alike.
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Refugees_on_a_boat_crossing_the_Mediterranean_sea,_heading_from_Turkish_coast_to_the_northeastern_Greek_island_of_Lesbos,_29_January_2016.jpg