domingo, 26 de febrero de 2017

Kropotkin, geógrafo anarquista

Kropotkin, geógrafo anarquista







Con este artículo iniciamos una revisión a los grandes autores de la Geografía a lo largo de la historia.

Piotr Kropotkin es considerado como el padre de la Geografía anarquista junto a Elisée Reclus, además de ser el fundador de la escuela del anarcocomunismo. Kropotkin nació en el seno de una familia de la nobleza rusa el 9 de diciembre de 1842. Su padre era un príncipe latifundista con cientos de personas a su servicio, algo que sin duda influiría en el posterior pensamiento de su hijo.

La relación de Kropotkin con la Geografía se inicia a los 20 años, en 1862, cuando es llamado por el Zar Nicolás I para incorporarse a las filas del ejército ruso con el fin de evaluar las condiciones penitenciarias en la zona de Siberia -destino que eligió voluntariamente para alejarse del ambiente de la corte que tanto le desagradaba-, donde además inició unas exploraciones por la región de Manchuria y hasta el río Lena. En 1867 abandonó el ejército zarista y encauzó su carrera hacia una Geografía más academicista, ingresando en el mismo año en la Sociedad Geográfica Rusa como secretario de Geografía Física, cargo con el publicó obras de gran importancia para este campo como su estudio sobre los glaciares europeos, la desecación de Eurasia debido al deshielo glaciar y su análisis sobre la orografía del continente asiático.

Su influencia en la ciencia geográfica rusa llegó a tal nivel que le ofrecieron el cargo de presidente de la Sociedad Geográfica Rusa, cargo que Kropotkin rechazó como se comenta el siguiente fragmento:

“(…) recibí un telegrama de la susodicha corporación, en el que se me decía: “El Consejo os ruega aceptéis el cargo de secretario de la Sociedad.(…) Se habían realizado mis esperanzas; pero al mismo tiempo, otras ideas y otras aspiraciones habían invadido mi pensamiento. Después de meditar detenidamente sobre lo que debería contestar, telegrafié: “Gracias encarecidas; pero no puedo aceptar”.
P. Kropotkin, Memorias de un revolucionario



A partir de entonces Kropotkin abandonó el campo académico para lanzarse al ámbito político-revolucionario. El motivo de este viraje personal, profesional e intelectual hay que buscarlo en sus experiencias exploradoras por Siberia, donde pudo comprobar la miseria con la que convivían las clases pobres campesinas de Rusia y Finlandia a la vez que se hacía obvia la corrupción e ineficacia del Estado zarista. Esta desigualdad fruto, como afirmaría después, de “la codicia humana” chocaba de frente con el comportamiento altruista en animales, que tanto había estudiado una década antes, y que le proporcionaría la base de su tesis sobre el apoyo mutuo en las sociedades humanas y que se convertiría en uno de los principales pilares ideológicos del anarcocomunismo. Así, afirmaba lo siguiente:

¿Pero qué derecho tenía yo a estos goces de un orden elevado, cuando todo lo que me rodeaba no era más que miseria y lucha por un triste bocado de pan, cuando por poco que fuese lo que yo gastase para vivir en aquel mundo de agradables emociones, había por necesidad de quitarlo de la boca misma de quienes cultivaban el trigo y no tenían suficiente pan para sus hijos? De la boca de alguien ha de tomarse forzosamente, puesto que la agregada producción de la humanidad permanece aún tan limitada… Por eso contesté negativamente a la Sociedad Geográfica”.
P. Kropotkin, Memorias de un revolucionario



A partir de entonces, Kropotkin inicia un viaje por Europa donde entra en contacto con los principales círculos anarquistas cercanos a Bakunin en Ginebra, aunque fue personalizando su propia aportación al anarquismo incorporando la fase previa de la colectivización comunista (anarcocomunismo). Posteriormente volvió a Rusia donde fue duramente encarcelado por el zar aunque logró escaparse con una fuga planificada y se exilió en Londres, viajó a París (donde también estuvo en prisión) y vuelta a Londres, para volver a Rusia en 1917 con motivo de la revolución. Murió en 1920.
Anarquismo y Geografía


La conquista pan de Piotr Kropotkin

Para entender la relación entre la ciencia geográfica y el anarquismo hay que contextualizar tanto la situación política como teórica de la época. En la primera, nos encontramos con una Europa de fuertes desigualdades sociales asentadas sobre la ferviente industrialización llevada a cabo desde hacía 150 años y que tenía una gran diferenciación espacial entre los países europeos occidentales como Francia e Inglaterra, y Rusia cuyo modelo productivo seguía basado en un feudalismo latifundista. Por tanto, en el plano político predomina una lucha de clases cuya máxima expresión en el siglo XIX es la creación de una espacio tan relevante como la Comuna de París (1871) y la unión de los trabajadores en la Primera (1864) y la Segunda Internacional (1889).

En lo teórico, el anarquismo se enfrenta a las teorías predominantes sobre el darwinismo social de Herbert Spencer en las sociedades humanas, que basaban la selección natural en la lucha entre individuos, y rechaza de plano cualquier atisbo de determinismo que justifica como algo natural las desigualdades sociales.

Frente a estos planteamientos, el anarquismo de Kropotkin y de otros grandes autores como Reclus y Mechnikov, refuerzan la idea del necesario apoyo mutuo en las sociedades como forma de progreso y superación de la autoridad coercitiva. La teoría del apoyo mutuo enlaza con otro de los pilares de la Geografía anarquista: la solidaridad en la producción. Frente a las teorías malthusianas basadas en la mayor presencia de competidores que de medios de subsistencia como justificación para un reparto desigual que favorecía a las clases dominantes, la geografía anarquista defendía que la solidaridad entre los pueblos era el instrumento necesario que cubriría sus necesidades con un reparto justo de los recursos.

En cuanto a la distribución espacial de esta realidad, siguiendo los postulados anarquistas Kropotkin defendía el rechazo a toda autoridad estatal por lo que el modelo propuesto eliminaba el concepto de fronteras políticas como espacio de división y tendía a coger la federación de pueblos como ejemplo pragmático de autogestión proletaria. Así, el anarquismo pasaba a definirlo como ” éticamente humano, natural y geográficamente realizable”.

Hoy en día los planteamientos geográficos anarquistas tanto de Kropotkin como de Reclus son recogidos por la escuela de la Geografía radical y su objetivo de ser realmente útil a la sociedad a través del estudio de las desigualdades sociales y sus manifestaciones espaciales en las ciudades y los Estados del mundo.

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