viernes, 18 de noviembre de 2016

La CIA en Italia, años 50 a los 70. Apoyando a los huérfanos del cardenal y al tecnofascismo.

La CIA en Italia, años 50 a los 70. Apoyando a los huérfanos del cardenal y al tecnofascismo.

Masacre de la Piazza Fontana de Milán, 12 de diciembre de 1969. Marcó el comienzo de la época llamada "Los años de plomo", en los que los atentados terroristas desestabilizaron el país. La única organización política perjudicada con todo ello, fue el PCI. Leemos en la Wikipedia: "Este ataque se enmarca dentro de la Operación Gladio de la OTAN, la turbia cooperación de ramas desviadas de los servicios secretos italianos con la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA) a través de cuadros neofascistas reclutados y de operaciones de bandera falsa (falsas incriminaciones)". Fue lo que también se llamó la “estrategia de tensión” (strategia della tensione).


Comentario previo del blog del viejo topo
Cómo fabricar mentiras contra los comunistas y que toda la opinión pública se las crea.

El 13 de mayo de 1981, el turco  Mehmet Ali Ağca disparó cuatro veces contra el papa Wojtyła (Juan Pablo II). Diferentes periodistas de EE.UU. y, en Italia, el periódico Il Giornale, comenzaron a difundir la teoría de que el intento de asesinato había sido planificado por la URSS y la KGB, con apoyo de los servicios secretos búlgaros y de la Stasi de la RDA. Dicha atribución de autoría fue una historia falsa creada para desprestigiar a los países socialistas. El 25 de septiembre de 1991, un analista de la CIA ya retirado de la Agencia, Melvin A. Goodman, reveló que sus compañeros de la CIA, siguiendo órdenes superiores, falsificaron sus informes de análisis con el propósito de poder culpar a Bulgaria y a la RDA (Alemania Oriental) de haber llevado a cabo la planificación del atentado.  

Hoy en día está probado que la llamada "pista bulgara" fue un invento para dañar la imagen del movimiento comunista en el mundo, y de la URSS y del PCI en particular. Además del papel de la CIA en el montaje, la sospecha también ha recaído sobre la Inteligencia Militar Italiana (SISMI)

Esto sería la parte inventora de la falsa atribución, pero ¿quién fue la parte ejecutora? Ahora se sabe que el turco Ağca había militado en una organización paramilitar turca de extrema derecha denominada Los Lobos Grises (versión en inglés más completa). Dicha organización era colaboradora de Gladiola red secreta terrorista creada por la OTANFinalmente, la sombra de Gladio se extiende sobre aquel atentado que, entre otras cosas, buscaba desestabilizar la política italiana y dañar a un PCI que acariciaba la entrada en el gobierno.


Izda: logo de Bozkurtlar (Lobos Grises), organización paramilitar
de extrema-derecha turca colaboradora  de Gladio (derecha, logo de Gladio)

El profesor estadounidense Edward S. Herrmann, colaborador puntual de Noam Chomsky, escribió que otro profesor americano, el neocon Michael Ledeen, fue contratado por la CIA para elaborar en detalle la "pista búlgara". Ledeen, historiador y filósofo, trabajó como analista de política exterior, llegando a ser asesor del Consejo Nacional de Seguridad de EE.UU., y del Departamento de Estado y el Departamento de Defensa. Estudioso del Fascismo y de la figura de Mussolini, pasó una amplia temporada en Italia, como profesor en la Universidad de Roma. Contribuyó al lavado de imagen de Benito Mussolini, coqueteando con una visión dulce del régimen fascista. También desarrolló amplios contactos en Italia. Según escribió Charles R. Babcock en el Washington Post el 2 de febrero de 1987, Ledeen en su etapa italiana trabajó para el SISMI, la inteligencia militar italiana. Oficialmente, su trabajo con el SISMI consistía en "evaluar riesgos". Así pues, no resulta casual que Ledeen fuese el gran diseñador y guionista de la falsa "pista búlgara", siendo uno de los más afamados defensores de la misma, dedicándose a su divulgación en programas de TV y en le prensa escrita. Y Ronald Reagan, en la Casa Blanca, feliz y contento con todo ello.


Michael Ledeen, el inventor en sus detalles de la "pista búlgara"

Que la CIA recurriese a Ledeen para la fábula de la conspiración comunista, resultaba coherente: era el hombre perfecto para la tarea, por lo que hemos apuntado. Más tarde, Michael Ledeen aparecía implicado en el escándalo del Irán-Contra o Irangate, protagonizado por el gobierno de Ronald Reagan; también se le llegó a relacionar la logia masónica italiana P2, vinculada a Gladio.

El atentado contra Juan Pablo II siempre ha dejado sombras sin iluminar, pero todos los indicios de una forma u otra acaban conduciendo a Gladio, pero por el camino aparecen también implicados los servicios secretos de la RFA: "Le Monde diplomatique declaró que Abdullah Çatli, uno de los líderes de los Lobos Grises, había organizado el intento de asesinato «a cambio de 3 millones de marcos alemanes» para los Lobos Grises. En Roma, Catli declaró en 1985 al tribunal italiano «que había sido contactado por el BND, la agencia de inteligencia alemana, quien le habría prometido una jugosa suma de dinero si implicaba a los servicios rusos y búlgaros en el intento de asesinato contra el papa»." (fuente). 


Toda la falsa historia de la implicación del KGB y de los búlgaros, en su divulgación en Italia tuvo un protagonista sobresaliente: el diario milanés Il Giornale. Fundado por Indro Montanelli, Il Giornale siempre se caracterizó por su abierta hostilidad contra el PCI y sus simpatías por la Democracia Cristiana, practicando un anticomunismo en extremo manipulador. En 1979 fue comprado por Silvio Berlusconi, bajo cuyo control el diario se convirtió, llegado el momento, en el principal promotor de la mentira de la "pista búlgara"


El periódico Il Giornale fue quien creó la historia de que el KGB estaba detrás del atentado contra el papa Wojtyła (Juan Pablo II). La imagen es un fragmento de un número digitalizado de Il Giornale en el que se informa en detalle del complot soviético contra el papa, que resultó ser una mentira. Podéis consultarlo on line pinchando aquí: http://docplayer.it/14723791-Re-il-6-agosto-78-meno-di-tre-mesi-dom-il-ritrovamento.html (enlace activo el 17-11-2016). 
Otro fragmento de lo mismo. Valga la explicación de la nota en la anterior imagen.

William Blum nos cuenta en el texto que sigue que, entre los años 50 y 70, la CIA invirtió fuertes sumas de dinero en "comprar" medios italianos y periodistas. Por ejemplo, Blum considera que Il Giornale estaba "directamente asociado a la CIA" y se beneficiaba de los generosos fondos que la Agencia destinaba a la compra de voluntades y conciencias. En las elecciones de 1976, al no estar permitida la publicidad política en la TV italiana, el embajador americano en Suiza, Nathaniel Davis, "compró grandes espacios de tiempo en la televisión de Montecarlo para presentar comentarios “noticiosos” diarios" sobre política italiana: de esta tarea se encargaron el personal del periódico ll Giornale.

Es uno los casos narrados por Blum en este capítulo de su libro, en el que detalla la intervención de la CIA en Italia, en los años 50, 60 y 70. Leyéndolo uno llega a la conclusión que la vida política italiana se decidía en Washington. Pero, en realidad, ésta no es sino la esencia misma de la democracia burguesa, de la democracia capitalista. 


El modus operandi de la CIA descrito por Blum en el capítulo que sigue, sufrirá un cambio con la administración Reagan. La Agencia financiaba directamente a políticos, sindicatos y partidos, periódicos y canales de Radio y TV, profesores de universidad y editoriales, etc. Con ello la CIA tenía a su disposición todo un ejército de creadores y propagadores del tipo de información que interesaba difundir, y una herramienta poderosa para influir en la opinión pública y en la política. Esto entrañaba sus riesgos para la CIA, en la medida en que antes o después muchas cosas quedaban al descubierto; también suponía una parte nada desdeñable del presupuesta de la CIA. Por ello, con la llegada de Reagan a la Casa Blanca, esta función que la CIA venía ejerciendo va a ir pasando a organizaciones y fundaciones privadas, de forma que el mecanismo se vuelve mucho sutil y más opaco de lo que ya era. Un ejemplo actual de este cambio producido en los 80, lo tenemos en las fundaciones de George Soros, el gran padrino de Hillary Clinton y uno de los responsables del golpe de estado neonazi en Ucrania. Fundaciones suyas como las que agrupa Open Society Foundations, intervienen de manera más profunda y eficaz en la política de los estados de lo que lo hacía la CIA en la época anterior a Reagan. Hoy en día no es la CIA la que tutela un periódico, o tutela a un periodista o a un profesor de universidad: quien realiza dicha tarea son fundaciones como las mencionadas de Soros. Que se lo pregunten, si no, al diario.es: su vice-director y co-fundador Juan Luis Sánchez, está en la nómina de Soros, es miembro del Consejo Asesor de Open Society Foundations.

Os recordamos que de los artículos publicados en el blog de autores como Blum o tantos otros, no todo cuanto puedan expresar tiene porqué coincidir con la línea de pensamiento de este blog. Habrá cosas en las que estemos muy de acuerdo o muy en desacuerdo, pero cuando publicamos un trabajo externo es porque consideramos que en conjunto resulta de probado interés. Espero que os resulte interesante el siguiente capítulo del libro de Blum.


@VigneVT  


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Referencia documental
William Blum: "La CIA en Italia, años 50 a los 70. Apoyando a los huérfanos del cardenal y al tecnofascismo", en  Asesinando la esperanza. Intervenciones de la CIA y del ejército de los Estados Unidos desde la II Guerra Mundial, cap. 18, pp. 145 a 148. Editorial Oriente, Santiago de Cuba (Cuba), 2005 (original en inglés: William Blum, Killing Hope: U.S. Military and CIA Interventions Since World War II, Common Courage Press, 2004).
Fuente de digitalización y correcciones (cítese y manténgase el hipervínculo): blog del viejo topo
Imágenes y negrita: son un añadido nuestro, igual que los pies de foto.
Para acceder a otros capítulos publicados en el blog, véase al final los hipervínculos en el índice del libro.

Nota:
Sugerimos ver también el capítulo divulgado en este blog, dedicado a las elecciones italiana de 1948: "La CIA contra el PCI, primer operativo de la Agencia en el mundo. Italia, 1947-1948: elecciones libres al estilo Hollywood". Para otras entradas relacionadas, véase al final antes del índice del libro.


ITALIA. AÑOS 50 A LOS 70
Apoyando a los huérfanos del cardenal y al tecnofascismo
William Blum

Tras las múltiples extravagancias escenificadas por EE.UU. en 1948 para exorcisar el fantasma del comunismo que acosaba a Italia, la CIA se estableció en el país por largo tiempo, con una operación menos aparatosa pero de mayor insidia. Un memorándum de la Casa Blanca, elaborado después de las elecciones de 1953, informaba: "Ni el garrote guerrero de Moscú ni la zanahoria económica norteamericana estaban siendo esgrimidos de manera visible ante votantes en esa elección" (1). El financiamiento encubierto era la palabra de orden. Víctor Marchetti, antiguo asistente ejecutivo del director de la CIA, ha revelado que los años 50, la Agencia "gastó entre veinte y treinta millones de dólares al año, o quizás más, para financiar sus programas en Italia”. 'Los gastos en los 60, agregó, estuvieron en el orden de los diez millones anuales (2).

La propia CIA ha admitido que entre 1942 y 1968 pagó un total de 65,15 millones de dólares a los demócratas cristianos y otros partidos, a grupos obreros y a una amplia variedad de otras organizaciones en Italia (3).  También gastó una cantidad no revelada en apoyar revistas y libros publicados, así como otros medios de manipulación de noticias y opiniones, tales como la inclusión de informaciones en medios de prensa no norteamericanos alrededor de todo el mundo que arrojaban una luz desfavorable sobre el comunismo, para luego conseguir que estas historias fuesen reimpresas en publicaciones italianas amistosas (4).

No se conoce cuándo la  CIA terminó con la entrega de fondos a grupos anticomunistas en Italia, si es que lo ha hecho. Los documentos internos de la Agencia en 1972 reflejan contribuciones de cerca de diez millones de dólares a partidos políticos, organizaciones afiliadas y a 21 candidatos a las elecciones parlamentarias de ese año (5). Al menos seis millones pasaron a manos de líderes políticos para las elecciones de junio de 1976 (6). Y en los 80, el director de la CIA, William Casey, coordinó para que Arabia Saudita pagara dos millones de dólares con miras a impedir que los comunistas alcanzaran éxitos electorales en Italia (7).

Más aun, la mayor compañía petrolera en EE.UU., Exxon Corporation, admitió que entre 1963 y 1972 realizó contribuciones políticas a los demócratas cristianos y a otros partidos italianos que totalizaron entre 46 y 49 millones. La Mobil Oil Corp. también contribuyó al proceso electoral italiano en el rango de unos 500.000 dólares anuales entre 1970 y 1973. No hay informes acerca de que los pagos de estas corporaciones se debieran a esfuerzos persuasivos de la CIA o el Departamento de Estado, pero no parece probable que las firmas participaran en este renglón de manera tan extravagante por pura espontaneidad (8).

Buena parte del dinero entregado por la CIA a los partidos políticos italianos desde la Segunda Guerra Mundial, terminó “en villas, casas de vacaciones y cuentas suizas de los propios políticos", dijo un antiguo funcionario de alto nivel de Estados Unidos (9).

Una intervención norteamericana más directa en las elecciones de 1976 fue la propaganda. Al no estar permitida la publicidad política en la televisión italiana, el embajador de EE.UU. en Suiza, Nathaniel Davis, se ocupó de comprar grandes espacios de tiempo en la televisión de Montecarlo para presentar comentarios “noticiosos” diarios a cargo del personal del periódico ll Giornale Nuovo, de Milan, que estaba asociado directamente con la CIA. Fue este periódico el que difundió esa pieza particular de desinformación conocida como “El complot de la KGB para asesinar al papa”, en mayo de 1981.

Otro periódico italiano, el Daily American, de Roma, por décadas el principal periódico en inglés del país, tuvo como propietaria parcial y a veces administradora a la CIA durante un largo periodo entre los 50 y los 70. "En todo momento tuvimos al menos un periódico en cada capital extranjera", admitió la CIA en 1977, en referencia a periódicos que eran propiedad directa, o estaban abiertamente subsidiados, o infiltrados en la medida necesaria como para que publicasen artículos útiles a la Agencia, o eliminaran aquellos que se consideraran perjudiciales (10).

El embajador Davies también hizo coordinaciones para que se leyeran en la televisión de Montecarlo y en la suiza -que eran vistas en Italia— reportes noticiosos publicados por la CIA en varios periódicos. Los programas eran elaborados en Milán por Franklin J. Tonnini, del cuerpo diplomático estadounidense, y por Michael Ledeen, un reportero de Il Giornale Nuovo (11) (Ledeen, norteamericano, fue luego consultor de la administración Reagan y uno de los miembros destacados del tanque pensante de la Georgetown University en Washington, el Centro para Estudios Estratégicos e internacionales).

La lucha sin cuartel contra el Partido Comunista Italiano adoptó nuevos giros. Uno fue elucubrado por la embajadora norteamericana, Claire Booth Luce, en los años 50. La celebrada señora Luce (dramaturga y esposa del director de Time, Henry Luce) decidió dar a conocer que no se concederían contratos del Departamento de Defensa de EE.UU. a ninguna compañía italiana cuyos empleados hubieran votado en favor de los sindicatos comunistas para representarlos. En el caso de Fiat, esto tuvo resultados dramáticos: los votos a favor del sindicato comunista cayeron de 60% a 38% (12).


Se difundió que el Departamento de Defensa de EE.UU. no concedería contratos a aquellas empresas cuyos trabajadores votasen a sindicatos comunistas, caso de la FIAT. En la imagen: el Secretario General del PCI, Enrico Berlinguer, se dirige a los trabajadores en huelga de la FIAT, Lingotto, 1980.
Giovanni Battista Montini (Pablo VI)
Y estaba luego el caso del Cardenal Giovanni Battista Montini, otro beneficiario de la generosidad de la CIA. Los pagos que recibió revelan algo sobre el pensamiento mecánico de la CIA acerca de cómo la gente se vuelve radical. Al parecer el buen cardenal estaba auspiciando orfanatos en Italia durante los años 50 y 60. "La idea  era que si tales instituciones eran adecuadamente apoyadas, muchos jóvenes tendrían allí una vida aceptable y no caerían en las manos comunistas" (13). El cardenal había estado involucrado en la operación del Vaticano para evitar la cárcel a conocidos nazis facilitándoles la salida hacia la “libertad”. Tenía una larga historia de asociación con gobiernos occidentales y sus agencias de inteligencia. En 1963 se convirtió en el papa Pablo VI (14).

En una entrevista realizada en 1974, Marchetti habló también del entrenamiento ofrecido por la Agencia a los servicios de seguridad italianos: “Eran entrenados, por ejemplo, para enfrentar desórdenes y demostraciones estudiantiles, para preparar expedientes y hacer el mejor uso posible de los informes bancarios y devoluciones de impuestos de los ciudadanos, etc. En otras palabras, para vigilar a la población mediante la tecnología. Es lo que llamo tecnofascismo(15).

William Colby. En 1953 se convirtió en jefe de la 
estación de la CIA en Italia. Objetivo: frenar al PCI.
William Colby, más tarde director de la CIA, llegó a Italia en 1953 como jefe de estación y dedicó los cinco años siguientes a financiar y aconsejar a las organizaciones de centro-derecha con el propósito expreso de inducir a los italianos a alejarse del bloque izquierdista, en particular del Partido Comunista, y así, evitar que tomase el poder en las elecciones de 1958. En su recuento de este periodo, él justifica este programa sobre la base del apoyo a la “democracia” o la “democracia de centro” y evitar que Italia se convirtiera en un satélite soviético: Colby entendía que toda la virtud y la verdad estaban arracimadas en el centro del espectro político y que el Partido Comunista Italiano era una organización extremista decidida a abolir la democracia y crear una sociedad modelada en los (¿peores?) excesos de la Rusia stalinista. No ofrece evidencias que sustenten esta conclusión sobre los comunistas, probablemente considera que la misma es tan obvia para el lector como para él mismo. Tampoco explica en qué consiste lo que llama “democracia”, tan reverenciada por él y aborrecida por los comunistas (16).

Colby aparece como un tecnócrata que ejecutaba las órdenes de su bando y repetía el discurso de su partido sin analizarlo seriamente. Cuando la periodista italiana Oriana Fallaci lo entrevistó en 1976, ésta le comentó al final de un frustrante diálogo: “Si usted hubiera nacido del otro lado de la barricada, habría sido un perfecto stalinista”. A lo que Colby replicó: “No acepto eso. Pero... bueno... pudiera ser. No, no. No lo habría sido” (17).

Los políticos norteamericanos que tuvieron que ver con Italia en las décadas subsiguientes al periodo de Colby, no se preocuparon más que él por suavizar el lenguaje. Después de todo Colby se tomaba el trabajo de destacar sus inclinaciones “liberales”. Estos eran hombres incapaces de ver al Partido Comunista Italiano en su contexto político nacional, sino solo como una amenaza para la “seguridad nacional” de EE.UU. y la OTAN. Sin embargo, durante todos esos años, el partido estaba recorriendo un camino lo suficientemente revisionista como para hacer a Lenin revolverse en su tumba, si hubiera estado enterrado. El camino estaba señalizado con carteles que proclamaban “'el avance democrático al socialismo” y “el camino nacional al socialismo”, el abandono de "la dictadura del proletariado" y la condena a la invasión soviética a Checoslovaquia. El partido proyectó su papel "nacional" como el de una operación responsable, participó en "la carrera por la productividad", confirmó su a un sistema multipartidista y a la permanencia de Italia en el Mercado Común Europeo y en la OTAN, y fue el primero en condenar cualquier forma de terrorismo. En muchas ocasiones constituyó la principal fuerza política en los ayuntamientos, incluidos los de Roma, Venecia y Florencia, sin que se diera rasgo alguno de regreso a la barbarie, y fue un participante de facto en la administración del Estado italiano. (El Partido Socialista, uno de los blancos primarios de EE.UU. en las elecciones de 1948, fue miembro formal del Gobierno durante buena parte de los 60 y hasta los 90.)

En los expedientes del Departamento de Estado y de la CIA hay gran cantidad de informes internos elaborados por analistas anónimos que testifican la existencia real del “compromiso histórico” del Partido Comunista y la evolución de su alejamiento de la Unión Soviética, a lo que fue llamado “eurocomunismo”.

A pesar de esto, sin embargo —de hecho a pesar de todo— la política de EE.UU. permaneció invariable, aferrada a un tiempo que ya no era y probablemente nunca fue; una política que no tenía nada que con la democracia (en cualquiera de sus definiciones y sí con la convicción de que un gobierno comunista en Italia no habría sido el socio en extremo complaciente en la empresa de la Guerra Fría, que fueron los sucesivos regímenes demócrata-cristianos durante décadas. No habría sido suficiente para un gobierno el ser independiente de Moscú. El problema con un gobierno comunista era que probablemente trataría de ser igualmente independiente de Washington

William Blum
Fuente de la digitalización:













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