sábado, 25 de octubre de 2014

Dos siglos de lucha

Dos siglos de lucha


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Raúl Contreras Bustamante 25/10/2014 04:40
Dos siglos de lucha
A Morelos, el forjador de la         nación.
El pasado 22 de octubre, se cumplieron dos siglos de la promulgación del Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, que es el nombre auténtico de la Constitución de Apatzingán.
Este documento esencial de nuestra Historia Constitucional, fue el resumen de la inspiración de las doctrinas inglesa y francesa —que motivaron los grandes movimientos sociales de aquella época— así como, de las ideas de grandes mexicanos, como: Morelos, José María Liceaga, José María Coss, Ignacio López Rayón, Carlos María Bustamante, Andrés Quintana Roo, por citar a algunos de los diputados que lo aprobaron.
Jesús Reyes Heroles, dijo que esta Constitución representa “El primer planteamiento radical del liberalismo mexicano”; fue la introducción del país al constitucionalismo.
Es el tratado más importante en materia de derechos humanos que tuvo nuestra nación, hasta 1857. Hay que reconocer que ni la Constitución estadunidense, como tampoco la de Cádiz, tuvieron un capítulo tan bien elaborado en esta materia. El llamado Congreso de Anáhuac, inició trabajos en Chilpancingo, pero tuvo que moverse por diversos sitios, debido a la presión del Ejército Realista.
El hecho de haber sido promulgada, en medio de la Guerra de Independencia, demuestra la vocación de aquellos próceres de anteponer al derecho, por encima de la violencia. Fue el inicio del tránsito de México para dejar de ser un régimen absolutista a uno liberal y democrático.
La construcción de un gobierno republicano, estructurado mediante el principio de la división de Poderes, es su herencia. Es la única Constitución —de nuestra historia— que establece una supremacía constitucional y política del Poder Legislativo sobre el Ejecutivo.
Morelos es un héroe distinto. No aspiraba al poder personal, era partidario de gobiernos colectivos. Rechazó con firmeza los títulos de Alteza Serenísima y de Generalísimo, que le dieron sus compañeros de lucha; y adoptó simplemente el de ser El Siervo de la Nación.
La concepción de que la soberanía reside originariamente en el pueblo; es imprescindible, inenajenable e indivisible y que la ciudadanía tiene la potestad de establecer la forma de gobierno que más le convenga, alterarlo, modificarlo y abolirlo totalmente, cuando su felicidad lo requiera, es producto de aquellas mentes luminosas.
Decretó la proscripción de la esclavitud y la tortura. La igualdad sin distinción de castas. Morelos sostenía que “lo único que debería distinguir a un americano eran el vicio y la virtud”.
Estableció que la igualdad, seguridad, propiedad y libertad, son derechos naturales del hombre.  De manera muy avanzada a aquella época, constituyó una larga lista de garantías y derechos, como la inviolabilidad del domicilio; el debido proceso legal; el principio de presunción de inocencia; la garantía de audiencia; las libertades de imprenta, expresión, de trabajo; entre muchas otras salvaguardas.
Algunos dicen que esta Constitución no estuvo vigente. Sin embargo, de su estudio y análisis encontramos que muchos de sus principios aún rigen nuestra vida actual; y además, que sus anhelos —de manera lamentable— son metas inalcanzadas.
No parece una simple coincidencia que la conmemoración de estos dos siglos de vida de la Constitución de Apatzingán, se verifique cuando la nación se desangra por los terribles acontecimientos de Iguala o el estado de sitio en que vive Michoacán.
Son una llamada de atención de nuestros antepasados para que corrijamos el rumbo. Para que se destierre la impunidad, la violación sistemática de la ley, la corrupción y la desigualdad. La diferencia entre la opulencia y la miseria, siguen siendo el origen del mal que nos enferma.
El Corolario de esta columna, es una frase que solía decir don Guillermo Fonseca Álvarez: “El verdadero estadista, es aquél que comienza por gobernar al gobierno”.

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