domingo, 6 de agosto de 2017


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Miguel A. Reyes. 
 
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Las Trece Rosas: epílogo en Valencia Kaos en la red


Por Matías Alonso
Este es el testimonio que desmiente las falacias y manipulaciones que en el aniversario de aquella crueldad siguen difundiendo los herederos de sus asesinos.
El 5 de agosto es el aniversario de uno de los fusilamientos más sentidos y mediáticos por su especial crueldad como fue el de las llamadas “Trece Rosas”, trece muchachas que el franquismo triunfante utilizó para aterrorizar a la población dejando entrever que ninguna condición humana detendría su política de exterminio de todo tipo de disidencia; le daría igual el sexo o la edad, la religión o el credo político y lo demostró al amanecer de aquél 5 de agosto de 1939.
Ese día tocaba martirizar a la juventud; antes que las Trece Rosas ya habían asesinado a otro grupo de cuarenta y tres muchachos; entre las chicas había por lo menos una católica practicante y nueve de ellas eran menores de edad. Para no dar una imagen demasiado cruel dicen que el Tribunal perdonó a dos de las chicas, una de ellas Carmen Cuesta, “La Peque”, y ahí acaba la historia conocida.
Pero ese no fue el final para las tribulaciones de Carmen y su familia; como Coordinador del Grupo para la Recuperación de la Memoria Histórica tuve ocasión de conocer hechos relacionados con ellas y que ya no son tan conocidos: su padre, Alfonso Cuesta, fue fusilado mientras Carmen estaba en la cárcel; su madre, Lucinda Rodríguez, también fue encarcelada por unos meses y ninguna de ellas conoció el fin de Alfonso hasta unos días después en que Angelita fue a la prisión donde conoció la cruel noticia.
Llegó a ver la fosa donde lo enterraron, pero cuando regresó había desaparecido. Cuando salieron de la cárcel la madre y la hija se encontraron con la habitual pena de destierro; si querían volver a estar juntas debían irse todas de Madrid y eligieron Valencia para rehacer su vida como pudieran.
Esta fue otra de las miles de familias que sobrevivió como pudo con la inmensa herida abierta de no saber dónde tiraron el cuerpo de Alfonso, su padre; para eso nos buscó Angelita y por eso, cuando Esperanza Aguirre quiso utilizar también a las víctimas del franquismo para darse una falsa pátina de modernidad la primera carta que recibió pidiéndole la ayuda prometida iba firmada por Angelita Cuesta y el GRMH… ni que decir tiene que la respuesta no tardó en llegar: “es imposible… no sabemos nada”. Y en ello estamos, aún hoy en día Alfonso Cuesta sigue engrosando la larga lista de desaparecidos que según la Fundación Francisco Franco son mentira porque Franco no fusiló a nadie.
No sabemos si alguien reclamará los restos de Alfonso si los encontramos; Carmen y Angelita murieron en Valencia… pero hoy quiero recordarlas como testimonio que desmiente las falacias y manipulaciones que en el aniversario de aquella crueldad siguen difundiendo los herederos de sus asesinos. Franco fusiló; murió fusilando, y nosotros lo demostramos con cada fosa exhumada; les acusan los huesos que por fin hablan; les acusa la Historia y les acusan los miles de muertos en vida que son nuestra gran asignatura pendiente.
http://www.elplural.com/politica/2017/08/06/las-trece-rosas-epilogo-en-valencia