martes, 16 de enero de 2018

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2018-01-16

 Arturo Rodríguez García | Proceso

La postulación de José Antonio Meade Kuribreña está marcada por una alineación de intereses manifiestos desde que Claudio X González Laporte –uno de los hombres más influyentes dentro del poderoso Consejo Mexicano de Negocios (CMN)— lo “destapó” en octubre, como parte de dos apariciones públicas, en las que se dijo halagado de que lo compararan con el extinto Fidel Velázquez, coincidentemente, el protagonista histórico del ritual sucesorio.
Una de esas apariciones fue en el Foro de Negocios 2017, realizado en San Luis Potosí y otra, en una entrevista concedida a la revista Forbes. En el centro de las expresiones de Claudio X estaba el apoyo a Meade y la crítica a Andrés Manuel López Obrador, contra quien dijo, tanto él como las empresas en cuyos consejos de administración participa, estaban dispuestos a actuar.
Claudio X es cabeza emérita de Kimberly Clark México, además de miembro de los consejos de administración de Grupo Carso, el consorcio de Carlos Slim; de Grupo Alfa, de la familia Garza-Sada y, de Grupo México, de Germán Larrea. Es decir, cuatro de las más grandes fortunas mexicanas con membresía en el CMN.
Los hombres del CMN, la llamada “cúpula de cúpulas”, con unos 50 miembros, representan alrededor del 30% del Producto Interno Bruto del país; 15 de ellos forman parte de las listas de millonarios del mundo. Si un día los miembros del CMN decidieran sacar sus capitales de México provocarían una profunda crisis… quizás lo han hecho.

Definitivamente, no son las mejores personas del país y un recuento elemental de agravios a la nación lo demuestra.
Ellos crecieron sus negocios con concesiones, contratos y políticas públicas; saludaron las represiones brutales como la de 1968; participaron activamente en los ataques a la libertad, como el boicot publicitario al Excélsior de Julio Scherer.
Se beneficiaron de los bancos, las minas y la industria paraestatal durante las privatizaciones salinistas, y cuando no pudieron desarrollarlas, los rescató el gobierno con cargo al bolsillo del pueblo con el Fobaproa, una operación que recayó en parte en Dionisio Meade, padre del candidato y cuya implementación fue de los primeros empleos que tuvieron los hermanos José Antonio y Lorenzo, en el IPAB.
Por sus malos negocios, la banca se vendió a extranjeros, lo mismo que las siderúrgicas y grandes empresas otrora propiedad de la nación.
Durante medio siglo han financiado las campañas de los presidentes. Lo hicieron en los regímenes priistas y luego facilitaron “la alternancia” con los panistas al aportar al fondo “Amigos de Fox”; patrocinaron la campaña del “peligro para México” en 2006 contra López Obrador, quien por cierto, desde octubre de 2016, acusó a Claudio X de ser el anfitrión de otros magnates como Roberto Hernández, para confabular en su contra atrayendo a derechistas venezolanos, un asunto en el que el tabasqueño insistió a mediados de 2017 y que hoy parece relacionarse con la presencia del estratega, experto en campaña negra, Juan José “J.J.” Rendón.
La alineación de intereses en torno a Meade es notable también en la inclusión de políticos relacionados con los intereses de esos magnates, como Javier Lozano Alarcón, el pendenciero político saltimbanqui, protector de Grupo México, durante su estancia en la secretaría del Trabajo calderonista, responsable de dejar en la impunidad la muerte de 65 trabajadores en la mina Pasta de Conchos, ocurrido en 2006.
Cierto es que hay muchos aspectos cuestionables en López Obrador. Sin embargo, por escapar a la naturaleza del debate democrático, es necesario advertir que, en este su tercer intento, tal parece enfrentará, una vez más, la intromisión anómala, insana y tenebrosa, del gran capital.
yoselin

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