sábado, 5 de agosto de 2017

Cuba: ¿satisface su Conceptualización? Kaos en la red


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Cuba: ¿satisface su Conceptualización? Kaos en la red


La complejidad de una tarea de tal naturaleza, exige su enriquecimiento constante de acuerdo con el pulso de diversos componentes del pueblo
Cuba
Leí y volví a leer el documento “Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista” (1) que en su Introducción contempla un conjunto de importantes fortalezas y oportunidades con las cuales cuenta nuestro país para avanzar en la construcción de la irreversibilidad de su Socialismo (2), así como el “Capítulo 1: Los principios que sustentan el modelo y sus principales transformaciones”. Al respecto, comparto mi ángulo de mira de manera crítico-revolucionaria (3) (4).
Reconozco que entre nuestras fortalezas y oportunidades se encuentran la unidad del pueblo cubano y el ejemplar legado histórico del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz (5), particularmente su Concepto de Revolución (6) y la convicción de que sí se puede alcanzar la victoria con nuestros propios esfuerzos, principios e ideales (7).
También, el respaldo mayoritario del pueblo a nuestro Partido dirigente, al Estado y a sus líderes, con reconocidos prestigio, honestidad y autoridad. Puntualmente, deviene baluarte la máxima del Compañero Raúl Castro según la cual “únicamente el Partido Comunista, como institución que agrupa a la vanguardia revolucionaria y garantía segura de la unidad de los cubanos en todos los tiempos, puede ser el digno heredero de la confianza depositada por el pueblo en su líder” (8).
Asimismo, la firmeza de los valores esenciales arraigados en la mayoría de cubanos/as, entre los que sobresalen el humanismo, el patriotismo, el antimperialismo, la dignidad, la responsabilidad y la honradez; la elevada vocación solidaria e internacionalista, así como una cultura cimentada en las mejores tradiciones éticas y espirituales de nuestra Historia —entre otras, susceptibles de ser enriquecidas (9).
No obstante, si bien es cierto que “Actualizar el Modelo Económico y Social Cubano es imprescindible y posible a partir de nuestras fortalezas y potencialidades, preservando y consolidando nuestro socialismo”, no deja de ser verdad que el texto definitivo de la Conceptualización del mismo Modelo debió igualmente hacerse acompañar de las debilidades y amenazas que exhibe nuestro proceso revolucionario cuya erradicación y/o disminución se convierte en Luz para el porvenir en la Mayor de las Antillas.
Razonemos: ¿Será de poca monta que recientemente el propio Raúl se refirió a los errores de los dirigentes, dejándonos como magisterio “No tratemos de tapar el sol con un dedo. Errores son errores, y son errores nuestros, y si vamos a medir por la jerarquía entre nosotros, son errores míos en primer lugar, porque soy parte de esa decisión [acerca del sector no estatal]. Esa es la realidad”? (10). He aquí, como botón de muestra, un elemento a tener presente para enaltecer el Socialismo cubano (11).
Además, encuentro tino en el contenido del “Capítulo 1: Los principios que sustentan el modelo y sus principales transformaciones” que de modo actualizado “expone y fundamenta los objetivos estratégicos de este, los principios en que se sustenta y las principales transformaciones requeridas en correspondencia con las condiciones contemporáneas” —aunque estamos lejos de la Rosa sin espinas.
Asumo como correcto que entre los “Principios de nuestro socialismo que sustentan el Modelo” conste ante todo que el ser humano es el objetivo principal y sujeto protagónico del quehacer revolucionario con dignidad, igualdad y libertad plenas, siendo también portador de la cultura e identidad nacionales, y de valores como el amor a la Patria y a la Humanidad, el heroísmo, el patriotismo, el antimperialismo, la solidaridad y el internacionalismo; sin desatender que entre los “valores esenciales de nuestra ideología” consta asimismo “[…] el respeto a los demás y al medio ambiente”.
No debo menos que ponderar el principio del papel dirigente del Partido Comunista de Cuba, único y vanguardia organizada de la nación. En este orden de ideas, hemos de andar envueltos en las doctrinas de nuestro Héroe Nacional José Martí y su Discípulo sin par Fidel Castro convencidos de que la pretensión del “Norte revuelto y brutal” y sus acólitos del patio No es tanto que haya pluripartidismo en Cuba y Sí que desaparezca nuestro histórico Partido, precisamente porque él es garantía del abrazo del grueso de cubanas y cubanos con el proyecto revolucionario de los humildes, por los humildes y para los humildes —reitero una vez más (12).
Aplaudo asimismo que entre nuestros postulados aparezca explicitada la democracia socialista, fundamentada en la activa participación de los ciudadanos/as en el ejercicio del poder soberano, expresada de forma directa o indirecta a través de los órganos representativos, como son las asambleas del Poder Popular y demás órganos del Estado y del Gobierno que de ellas se derivan, los delegados de circunscripción, los Consejos Populares y la sociedad civil con un activo papel.
Al respecto, me permito volver a significar: “¡Desaparezca la posibilidad de que alguien insertado en la vida política desconozca quién es/qué hace/cómo le rinde cuentas su representante elegido/a para integrar la Asamblea Nacional!” (13). Ello tributa al control popular como un contenido fundamental de la participación democrática del pueblo en el gobierno de la sociedad, el respeto a la legalidad, el enfrentamiento y prevención de violaciones e incumplimientos de lo establecido.
Por demás, a cuanto acabo de examinar le incorporo, entre otras primacías, que igualmente contamos con el principio del reconocimiento moral y jurídico de la igualdad de derechos y deberes de la ciudadanía y de las garantías para hacerlos efectivos con equidad, inclusión, justicia social, participación política, superación de las brechas sociales, respeto a la diversidad y el enfrentamiento a toda forma de discriminación por color de la piel, género, identidad de género, orientación sexual, discapacidad, origen territorial y nacional, creencia religiosa, edad y cualquier otra distinción lesiva a la dignidad humana —sin soslayar el respeto a los demás.
(Defiendo la idea según la cual la persona de piel oscura, no tiene derecho a despreciar a la de piel clara; el sujeto religioso, no tiene derecho a despreciar a quien no lo sea; la mujer, no tiene derecho a despreciar al hombre; el individuo homosexual, no tiene derecho a despreciar al heterosexual —a pesar de que por mucho tiempo esos segmentos sociales hayan sido objeto de discriminación. Es decir, a contrapelo de la lucha contra los opresores del ser humano, nadie tiene derecho a despreciar la otredad —reconocimiento a quien sea diferente: ver artículo 30 de la vigente Declaración Universal de los DDHH (14)).
Entonces, doy por hecho que mis modestas propuestas realizadas un año atrás al documento de marras (15) asoman en el consenso formulado en su última versión. Y, al margen de la satisfacción que experimento con esta Conceptualización en Cuba, considero/sugiero tener presente que la complejidad de una tarea de tal naturaleza exige su enriquecimiento constante de acuerdo con el pulso de diversos componentes del pueblo. ¡Amén!
Referencias: