martes, 8 de agosto de 2017

ODIO DE CLASE


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ODIO DE CLASE



POR SEVERINO MENÉNDEZ / BONJOUR, KARL.COM
El pasado mes de mayo, el Día de la Victoria volvió a celebrarse en Rusia con importantes actos, que reflejaron el recuerdo imborrable de esa gesta en el corazón de los pueblos que formaron la Unión Soviética.
Vladimir Putin aprovechó este año para homenajear con gran dignidad al Regimiento Inmortal en su marcha. (1). Aunque hay que decir, igualmente, que tergiversó su memoria, obviando la naturaleza y características únicas del Ejército Rojo de aquella época, así como el papel central y determinante del Partido Comunista de la Unión Soviética en la resistencia armada y en el camino de la victoria sobre el nazi-fascismo.
Hay que decir, igualmente, que Putin no hizo en esa ocasión un homenaje sincero. Llamó en su discurso a defender la patria rusa actual, una patria que ya no es la que era. Putin fue precisamente uno de los que contribuyó a que dejara de ser la patria de los obreros, los soldados y los campesinos, que derrotaron con enorme heroísmo al nazi-fascismo en lo que en la Unión Soviética de los años 40 del pasado siglo se llamó la Gran Guerra Patria.
Putin lanza hoy una soflama para defender "la patria" , representada hoy por los monopolios rusos, en lucha desesperada contra los monopolios de otros centros imperialistas y que él gobierna con regocijo de aquellos. No esta celebrando realmente el Día de la Victoria, sino que llama a filas al pueblo trabajador ruso, para que defienda con su sangre los intereses de sus capitalistas. Mientras, encarcela a los verdaderos sucesores de aquellos que dice homenajear. Y como muestra de ello podemos destacar el hecho reciente de la represión contra el PCOR,(2), con el encarcelamiento de varios de sus dirigentes, por difundir durante los dias de la conmemoración y a través de diferentes actos, la tergiversación y el intento de manipulación burguesa del día 9 de mayo, Día de la Victoria.
Y es que ya han transcurrido casi tres décadas desde que la contrarrevolución derrocaba la construcción socialista en la Unión Soviética y en otros países del centro y este europeo, alterando así la correlación de fuerzas a nivel mundial. Aquella época en la que un tercio de la humanidad había salido de la órbita del capitalismo y trataba de construir el socialismo, con todas sus dificultades y contradicciones. A esa implosión no estuvo ajena la influencia de los sectores del propio PCUS que luego le terminarían asestando el golpe final.
Durante aquellos años existía la bipolaridad, un doble poder en el mundo, donde una de las partes ejercía una influencia progresista y de avance en los procesos de liberación nacional y en las luchas descolonizadoras.
Pero tras la traición del aparato del PCUS, donde se encontraban Gorbachov, Yeltsin, Lavrov, pero también los cuadros altos e intermedios del KGB como el propio Putin, el Estado Soviético mutaba decantándose por las relaciones de producción capitalista. El contrapoder del Socialismo en el mundo desaparecía temporalmente.
Tras ese periodo, y con la desaparición del contrapeso del polo que ponía freno al imperialismo, el mundo comenzó a vivir lo que se dio en llamar la "unipolaridad". Rápidamente las relaciones internacionales y el derecho internacional, tal y como se conocían, saltaron por los aires al reconfigurarse solamente por los estados capitalistas y no como el resultado de la correlación de fuerzas entre los estados capitalistas y el campo socialista como había sucedido hasta entonces.
En tales circunstancias de unipolaridad, la frase de Rosa Luxemburgo se torna más evocadora que nunca, (3). Sin la presencia de un campo socialista fuerte y cohesionado, la barbarie empezó a manifestarse en la degradación generalizada de las condiciones de vida de la clase obrera en todo el planeta, así como en la generalización de la guerra como recurso habitual en las relaciones internacionales. La guerra en Iraq, en Yugoslavia, en África, en Oriente Medio… se convirtieron en la puerta de entrada de los grandes monopolios, en el saqueo generalizado de las materias primas y los recursos naturales de otros países.
LAS ILUSIONES DE LA "MULTIPOLARIDAD"
Por ello no resulta extraño que en la actual situación de terror y del recuerdo de un mundo pasado que fue mejor, los pueblos valoren ahora la importancia de un contrapoder que ponga freno a tanta barbarie. Pero ello genera a su vez la esperanza ilusoria en la constitución de un mundo multipolar, que pueda volver a recrear una correlación de fuerzas favorable a las aspiraciones de progreso de la Humanidad. Desgraciadamente esta esperanza está injustificada.
A pesar de que las alianzas interestatales de las últimas décadas consigan ir resquebrajando el dominio casi absoluto del centro imperialista norteamericano, estas uniones, sin embargo, no tienen, ni mucho menos, el carácter progresista que se les pretende atribuir. Y esto es así porque la naturaleza de clase de estas alianzas, determinadas por el modo de producción capitalista, están sujetas a las leyes que rigen su desarrollo. Y en casos como el de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), las contradicciones que se producen con los Estados Unidos se circunscriben estrictamente a los marcos de confrontación interimperialista.
Nos encontramos, pues, ante una disputa por ocupar la cúspide de la pirámide del imperialismo. No hay que olvidar, por otra parte, que, en las economías capitalistas de los países aludidos, los ataques contra la clase obrera y los sectores populares continuan siendo salvajes, pues sus respectivas burguesías tratan de salvaguardar los intereses de sus propios monopolios.
No estamos ante el escenario de una disputa entre dos mundos, como ocurría mientras existió el campo socialista. Todo lo contrario. Nos encontramos ante un escenario en el que diferentes centros imperialistas emergentes, disputan la hegemonía a los Estados Unidos o a la Unión Europea. La perentoria necesidad de esos centros imperialistas de lograr un nuevo reparto del mundo, con vistas a su propio desarrollo económico, nos pone sobreaviso de la proximidad de una nueva guerra global.
Si continuamos empeñados en maquillar la naturaleza de esos centros imperialistas, otorgándoles gratuitamente la patente de "progresistas", nos podremos reencontrar nuevamente con una repetición de la historia, en el sentido de que la clase obrera de los distintos países vuelva a verse empujada a escoger entre, igual que en la primera guerra mundial, entre el Zar o el Káiser.
Por eso se hace preciso desenmascarar y denunciar como ajenas, las banderas de la "multipolaridad". Esa "multipolaridad" representa a un mundo que solo aspira a cambiar un centro imperialista por otro. Es entendible que la socialdemocracia, la vieja y la nueva, enarbolen esas banderas tratando de enrolar tras ellas a la clase obrera. Ese ha sido siempre su papel histórico. Pero para quienes se reclaman socialistas y comunistas, la bandera de lucha en contra toda unión interestatal de naturaleza capitalista, es algo más que una cuestión de principios: es una necesidad de estrategia revolucionaria.
El Socialismo es la única salida ante la barbarie capitalista, que nos empuja cada día más y más, al precipicio de una guerra, que en esta ocasión podría provocar nada menos que la desaparición de la humanidad misma.
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[1] Desde el año 2012 familiares de fallecidos durante la II Guerra Mundial portan sus retratos en manifestación. En 2015 el propio Putin participó portando el retrato de su padre.
[2] PCOR – Partido Comunista Obrero Ruso.
[3] «Socialismo o barbarie».

http://canarias-semanal.org/not/20727/-zar-o-kaiser-esa-es-la-cuestion-/ --------