jueves, 29 de octubre de 2015

La agroecología en América Latina contra el poder de Monsanto


telesurtv.net

La agroecología en América Latina contra el poder de Monsanto

La agroecología plantea propuestas de manejo agrario y desarrollo rural basadas en la sostenibilidad social y ecológica, contrarias al agronegocio defendido por grandes transnacionales del capital en detrimento de la salud humana y la Madre Tierra. 
Participantes en un seminario regional realizado en Brasilia en junio pasado coincidieron en que la agroecología debe convertirse en una parte importante de las estrategias de erradicación del hambre en los países de América Latina y el Caribe.
El evento destacó entonces que la agroecología permite el desarrollo sostenible de la agricultura, el avance hacia sistemas alimentarios inclusivos y eficientes, y promueve el círculo virtuoso entre la producción de alimentos saludables y la protección de los recursos naturales.


A partir de este 29 de octubre, el gigante suramericano vuelve a ser escenario de un encuentro relacionado con ese tema, en este caso la IV Jornada de Agroecología de Bahía, que hasta el 1 de noviembre se constituye como un espacio para el diálogo, la formación, la coordinación y el intercambio de experiencias entre sus participantes, según expresa la web del evento.
La cita, que se realiza anualmente desde 2012 y en esta ocasión tiene por tema central Tierra, territorio y poder, busca fortalecer la creación de propuestas y políticas, y la expansión del conocimiento sobre la agroecología, semillas nativas, territorialidad para la vida, memoria e identidad, organización popular y desarrollo de la calidad de vida de los que trabajan con respeto por la tierra.
¿Qué es la agroecología?
De acuerdo con Ecologistas en Acción, una confederación de más de 300 grupos de activistas en España, la agroecología plantea propuestas de manejo agrario y desarrollo rural basadas en la sostenibilidad social y ecológica, que pueden aportar interesantes vías para superar grandes retos de la humanidad, tales como el cambio climático, el agotamiento de los recursos fósiles y minerales, o el hambre y las migraciones.
Este tipo de práctica busca la aplicación de los conceptos y principios de la ecología al diseño, desarrollo y gestión de sistemas agrícolas sostenibles, en contraposición con el enfoque tradicional de la agricultura, que persigue el incremento de los cultivos sin tomar en cuenta el efecto sobre el entorno.
En el V Congreso Latinoamericano de Agroecología, celebrado del 7 al 9 de octubre de 2015 en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, Marta Greco, del Movimiento Nacional Campesino e Indígena (MNCI-CLOC/Vía Campesina Argentina), destacó que "la agroecología es un eje transversal que se vincula con la soberanía alimentaria y la reforma agraria popular en toda la región”.
En el Valle de Intag de Ecuador, se fomenta el comercio de la agroecología.
A su vez, Adalberto "Pardal" Martins del Movimiento Sin Tierra de Brasil (MST-Vía Campesina), sostuvo que la agroecología es la práctica campesina de resistencia ante el agronegocio y el avance del capital.
Una experiencia: La FAO ha reconocido a Cuba por su desarrollo de la agricultura urbana, como se denomina  a la producción de alimentos dentro de los confines de las ciudades: en los patios, terrazas, huertos comunitarios y huertas de frutales, así como en espacios públicos o no aprovechados.
El organismo internacional destaca la importancia de esta práctica y su peso en la alimentación de los habitantes de la isla, donde se importar la mayor parte de lo que se consume.
Al mismo tiempo, reconoce que la agricultura urbana, en la que participan más de 300 mil personas, ha generado otros beneficios, como los ambientales, ya que 5 000 basureros y lotes abandonados han sido convertidos en huertos productivos que no utilizan agroquímicos y en los cuales se recicla buena parte de los desechos sólidos orgánicos generados en las ciudades.
"La idea principal de la agroecología es ir más allá de las prácticas agrícolas alternativas y desarrollar agroecosistemas con una mínima dependencia de agroquímicos e insumos de energía”, manifestó en una oportunidad el profesor chileno Miguel Altieri.
“La agroecología es la práctica campesina de resistencia ante el agronegocio y el avance del capital”.
Mientras movimientos sociales, campesinos, pueblos originarios y sociedad civil en general aumentan su comprensión sobre la importancia de la agroecología, crece la oposición de esos sectores a transnacionales que potencian el agronegocio.
A la cabeza de esas empresas se encuentra la estadounidense Monsanto, una compañía que ha recibido numerosas denuncias internacionales por acaparar la venta y el uso de semilla, y que se ha visto envuelta en escándalos por sobornar a funcionarios gubernamentales para que apoyen en diversos países la promoción de sus productos.
Asimismo, científicos y ambientalistas han advertido sobre los daños que pueden ocasionar las semillas, sustancias y técnicas promovidas por la firma, al tiempo que agricultores de varias naciones han denunciado perjuicios en sus cultivos.
Monsanto en América Latina
El gigante de la biotecnología con sede en San Luis (Misouri, EE.UU.), manifestó esta semana que espera duplicar sus ventas en México en los próximos cinco años, una meta que dependerá de que el maíz genéticamente modificado tenga futuro en la nación azteca.
Mientras ese país aguarda por una determinación de los tribunales sobre permitir o no la siembra comercial de ese cultivo,   Monsanto tiene 19 solicitudes en espera de aprobación para proceder a su expansión en el campo mexicano.
Pese a las protestas de grupos sociales de esa nación, la firma tiene un nivel de inversión promedio de 20 millones de dólares en los últimos cinco años, que destina a la investigación y a plantas procesadoras de semillas.
El Dato: El 23 de mayo de 2015, 421 ciudades de 48 países protestaron a nivel mundial contra Monsanto.
En el caso de Colombia, en agosto de 2013 ese país vivió una serie de manifestaciones de origen agrario, como consecuencia de la resolución 970  del instituto Colombiano Agropecuario, la cual prohibía  a los campesinos almacenar semillas de sus propias cosechas para siembras futuras. 
La OMS anunció que el glifosato, ingrediente activo del herbicida Roundup de Monsanto, se clasifica como probable carcinógeno.
Tal normativa solo permitía la compra de semillas "certificadas", un recurso legal en el que algunos vieron el favoritismo hacia empresas como Mosanto, Dupont y Sygenta, las más importantes en el mercado de los alimentos transgénicos. 
Aunque las manifestaciones de los campesinos evitaron la continuidad de esa medida, el hecho fue una muestra de la influencia de esas grandes transnacionales en la región.
Al mismo tiempo, Monsanto mantiene el interés de ingresar al mercado panameño como lo hizo en el año 2013 con la introducción de semillas de maíz genéticamente modificadas, que en la actualidad se cosechan en las provincias centrales de ese país.
En ese momento, productores, científicos y ambientalistas rechazaron la llegada de esos productos; sin embargo, la compañía logró introducir dos especies de maíz destinado a la alimentación animal.
La incidencia de los cultivos biotecnológicos sobre América Latina es tal que dos de los tres países con mayor cantidad de hectáreas sembradas con organismos genéticamente modificados pertenecen a esta región.
Mientras Estados Unidos tuvo en 2014 una superficie sembrada con cultivos transgénicos de 73,1 millones de hectáreas, Brasil y Argentina le siguieron con 42,2 y 24,3 millones, respectivamente, según el Servicio Internacional de Adquisición de Aplicaciones de Agrobiotecnología.
El dato:  En 2014, se cultivó a nivel mundial una superficie récord de 181.5 millones de hectáreas de transgénicos, lo que representa un aumento de 6 millones de hectáreas con respecto a 2013.
Entre septiembre de 2012 y agosto de 2013 las ventas de Monsanto superaron los 14 mil millones y medio de dólares, de los cuales una quinta parte correspondió a las realizadas en Brasil, Argentina y México.
De igual modo, el mayor proveedor de semillas en el orbe tiene activos por 1.600 millones de dólares en el Cono Sur y una red de “Centros de Servicios” que le sirven como intermediarios entre la compañía y los productores rurales.
Ante la presencia de estas y otras empresas, que tienen gran influencia entre grupos económicos y políticos, eventos como la IV Jornada de Agroecología de Bahía proponen alternativas de desarrollo que no tienen al capital como centro, sino al ser humano y su entorno, a la Madre Tierra y su importancia vital. 

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