miércoles, 10 de mayo de 2017

Alain de Benoist: La desmundialización, ¿el futuro de las naciones?


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Alain de Benoist: La desmundialización, ¿el futuro de las naciones?


Boulevard VoltaireDesde hace algunos años, algunos autores no dudan en hablar de “desmundialización”. ¿Es una observación objetiva o simplemente un deseo piadoso?
Alain de Benoist – Desde principios de la década de 2010, tras la publicación de la famosa obra de Philippin Walden Bello (Desglobalization, 2002), muchos autores (Jacques Sapir, Emmanuel Todd, Frédéric Lordon, Edgar Morin, etc.) han empezado a hablar de hecho de desmundialización. Marine Le Pen, Nicolas Dupont-Aignan, Jean-Pierre Chevènement, Arnaud Montebourg y Jean-Luc Mélenchon también se apoderaron de este tema. El debate incluso ha repuntado recientemente: Donald Trump se hizo elegir denunciando los efectos de la mundialización y el Brexit triunfó gracias al voto de las regiones devastadas por la desindustrialización. Sin embargo, esto es menos una constatación que una consigna. La idea general es que es posible poner fin a la mundialización, o por lo menos, que es posible darle otro contenido, una idea con la que, según las encuestas, el 65% de los franceses está hoy a favor.
La mundialización tal como la conocemos fue posible, al final del siglo pasado, por el colapso del sistema soviético. Rápidamente se tradujo en la deslocalización, la desindustrialización, la precarización y el desempleo, y posteriormente en una deuda que desembocó, en los Estados Unidos, en el cataclismo de las “subprimes“, y en el estallido de una crisis financiera mundial de la que todavía no hemos salido, pero que demostró claramente los límites.
La mundialización representa antes que cualquier otra cosa, el despliegue planetario de la lógica del capital, que espera contrarrestar la tendencia a la baja de la tasa de ganancia por el desarme aduanero, la expansión indefinida del comercio, la mercantilización general de la existencia (por la transformación en mercancías de lo que no había sido producido para ser vendido), y la transformación del planeta en un enorme mercado. El motor de este proceso, haciendo de la desmesura una línea de conducta, reside en una ideología de libre comercio fundada sobre el mito de la autosuficiencia de los “mercados eficientes”, que aboga por la desaparición de las fronteras que impiden la libre circulación de personas, mercancías y capitales (lo que explica la similitud, en este punto del discurso, del MEDEF* y del seguidor de la ultra-izquierda adepto de la redención por el extranjero, lo que significa, también, abolir las barreras y unificar el mundo por el universalismo político y filosófico).
Por lo tanto, es muy natural que las recomendaciones dirigidas a desmundializar propongan actuar primero sobre el plan económico y financiero: la reorientación de las economías de la prioridad de la producción para la exportación, hacia la producción destinada a los mercados locales, restableciendo los “circuitos cortos”, prohibición de las deslocalizaciones que ponen en competencia a los trabajadores autóctonos con aquellos países donde la mano de obra es menos costosa y las normas de producción menos restrictivas, la relocalización aproximando los lugares de producción y los lugares de consumo, proteccionismo y reglamentación comercial, recuperación de las tasas aduaneras a países con salarios bajos, gravar las transacciones financieras y los beneficios de las multinacionales, control de los capitales y drenaje gradual de la esfera especulativa, reinstauración de una frontera entre los bancos de inversiones y los bancos de depósitos, lucha contra los fraudes sobre los precios de transferencia, el abandono del dólar como moneda de reserva mundial, etc.
Se trata, en otros términos, de detener la tendencia hacia la eliminación de los límites de un sistema que necesita supirmir todos los obstáculos (políticos, culturales y sociales) que dificultan la expansión y la reproducción concentrada del capital .
Y para esto, garantizar que la política afirma de nuevo su tutela sobre la economía.
BVDespués del mundo bipolar y el mundo unipolar, aparentemente entramos en un mundo multipolar. ¿Quiere esto decir que, al menos sobre el plano geopolítico, ya hemos salido de la globalización?
AdB – La globalización comenzó con un momento unipolar, que es cuando los EE.UU. pensaron sentar las bases de un “nuevo siglo americano”, en el mismo momento en el que Francis Fukuyama se arriesgó a anunciar “el fin de la historia”. Este momento no duró. El ascenso de China y Rusia, el que se anuncia en otros países emergentes, muestra claramente que estamos pasado de un universum a un pluriversum, es decir, a un mundo multipolar. La ironía de la historia es que mientras que el fin de la URSS había hecho posible la globalización, ¡es más bien el resurgimiento de Rusia el que marca el descenso! Esto es obviamente una buena noticia – o, más bien, lo sería si Europa misma fuera una potencia, pero ahora no es mas que una suma de debilidades.
BVEn esta perspectiva, ¿hay todavía un futuro para las viejas naciones o hay que aspirar a la creación de nuevos bloques europeos, americanos, africanos, orientales o asiáticos?
AdB – Es tanto más difícil oponerse a la globalización cuando se hace desde una base más pequeña. Los países aislados, por ejemplo, difícilmente pueden oponerse ellos solos a la omnipotencia de los mercados financieros. Esta es también la razón por la que, teniendo en cuenta los riesgos de retorsión (o de “guerra comercial”), un proteccionismo a escala continental europea sería más eficaz que un simple proteccionismo nacional, que todavía es mejor que ningún proteccionismo en absoluto.
Lo ideal sería alcanzar “grandes espacios” autocentrados, relativamente homogéneos, que constituyeran tantos polos políticos, económicos y de civilización frente a la actual globalización. El realismo obliga a decir que estamos todavía bastante lejos. Ese es sin duda el camino que se acabará por tomar, pero llevará tiempo.
Entrevista realizada por Nicolas Gauthier.
(Traducción Página Transversal).
Fuente: Boulevard Voltaire.