Base Naval de Guantánamo: La vergüenza de los presos

El 6 de febrero pasado comenzó una
huelga de hambre de prisioneros de
Guantánamo,
la cárcel que Estados Unidos tiene desde principios del siglo XX en el
oriente de Cuba. En enero de 2002 fue reacondicionada por George W. Bush
para alojar a los detenidos capturados en Afganistán y otros países.
Esos presos eran sospechados de pertenecer o colaborar con Al Qaeda,
que había cometido los atentados del 11-S contra las Torres Gemelas.
Pero sólo una pequeña porción de aquellos fue capturada por militares
norteamericanos o de sus aliados de la ISAF (fuerza internacional con
eje en la OTAN en el país de los derrocados talibanes). La mayoría cayó
sin pruebas, por delaciones de civiles, a los que se les pagó
recompensas.
SIN JUICIO NI DEFENSA
El resultado fue que de los 700 musulmanes llevados a Guantánamo,
apenas media docena tenía alguna implicancia en la red que comandó Osama
Bin Laden. La abrumadora mayoría no revistaba allí, pero de todos modos
estuvo detenida durante muchos años, sin ser acusada ante un juez ni
poder nombrar abogado defensor. Todos los presos fueron torturados, con
la técnica del “submarino” que se conoció en Argentina durante la
dictadura militar, colocando la cabeza del prisionero en un recipiente
con agua hasta casi el punto de ahogarlo (“waterboarding”).
Muchas otras formas de torturas fueron empleadas: ruido, altas y
bajas temperaturas, grilletes, celdas de aislamiento, golpes, etc. Por
cierto, mantener a una persona encerrada a miles de kilómetros de su
país y sus familias, sin contacto con éstas ni derecho a la defensa en
juicio, etc., es de por sí una forma muy concreta de violar sus derechos
humanos. Eso también se llama tortura.
Esa situación comenzó oficialmente el 11 de enero de 2002 y ya dura
más de once años, con lo que se tiene una idea más acabada del drama.
Una parte del contingente fue saliendo en libertad o derivada a cárceles
en otros países que aceptaron recibirlos. A propósito, entre otras
complicaciones para llevar adelante los juicios estuvo que EEUU no
quería que esos reos fueran trasladados a su territorio: temía que tal
circunstancia pudiera ocasionar nuevos atentados. Con dinero, la Casa
Blanca logró que gobiernos aliados recibieran ese “presente griego”:
Afganistán, Bahrein, Albania, etc.
130 PRESOS DE 166
El 6 de febrero de este año comenzó una protesta de los prisioneros,
en forma de una huelga de hambre. Fue la respuesta a un desalojo o
cambio de lugar de la prisión, que incluyó malos tratos y golpes,
requisas a sus pocas pertenencias y afectación de sus libros sagrados
como el Corán.
Al principio, como suele suceder, empezó un grupo pequeño, de menos
de treinta presos. Pero con el tiempo y ante la falta de respuesta a los
reclamos, caso de la reposición de nuevos ejemplares del Corán, más la
conducta brutal del régimen carcelario, que empezó a alimentar por la
fuerza a los huelguistas mediante sondas por la nariz muy dolorosas, la
protesta se fue extendiendo por Guantánamo.
La última información disponible es que hay 130 presos que adhieren
activamente a la huelga, sobre 166. Según el vocero estadounidense de la
penitenciaría, Samuel Casa, están “alimentando” de ese modo tan
polémico a unos veinte internos, entre los que se encuentran más débiles
y han perdido más peso.
Los funcionarios estadounidenses alegan que el establecimiento
penitenciario es severo pero mucho mejor que Abu Ghraib, la tristemente
célebre cárcel de Irak donde torturaban y mataban a los presos iraquíes,
y encima los verdugos tomaban fotografías muy sonrientes. De todos
modos la huelga de hambre de estos meses en Guantánamo indica que allí
las condiciones no deben ser muy distintas ni mejores. De hecho allí han
fallecido nueve presos, de los cuales se confirmaron seis suicidios en
estos años, según la cifra oficial que puede ser mucho mayor y
disimulada en la práctica. Y muchos otros internos se han vuelto locos,
literalmente hablando, por la tortura, el aislamiento y la conducta
sádica de sus carceleros.
Si un preso de esos, inocente, no podían darles información ni a
golpes: ¿Qué aportaría a los interrogadores si además se había enfermado
mentalmente?
PROMESA VIOLADA
El 22 de enero de 2009, a dos días de haber asumido en la Casa
Blanca, Barack Obama prometió solemnemente que antes de cumplirse un año
de gestión iba a cerrar la referida cárcel de la vergüenza. Esa también
había sido una promesa de la campaña electoral donde enfrentó al texano
bruto, alimentando falsas expectativas en que era un político decente y
con visos democráticos.
Se han cumplido cuatro años desde la formulación de aquella promesa y
tres de su rotundo incumplimiento. Los demócratas podrán argumentar que
tuvieron la contra de los republicanos y que su presidente debió
negociar con éstos en medio de graves desequilibrios presupuestarios y
del endeudamiento federal. Lo cierto es que en medio de esas
negociaciones bipartidistas se votaron en el Capitolio soluciones en
común para esas temáticas, así como el presupuesto de “Defensa” de más
de 600.000 millones de dólares. Y en ese fárrago de crisis capitalista
se marchitó y murió la promesa de cerrar Guantánamo.
Y eso que el supuesto cierre no incluía algo básico: la devolución de
la base naval y sus alrededores a Cuba, su legítimo dueño. Como se
sabe, sobre el final de la guerra por la independencia de Cuba con
España, se coló EEUU y tomó posesión de la isla como una semicolonia
suya. Esta tenía bandera propia y Constitución, pero desde la Enmienda
Platt, 1902, Guantánamo y su base naval se arrendaron a perpetuidad a
Washington. El costo del arriendo eran 2.000 dólares anuales que Fidel
Castro se negó a recibir desde 1959 hasta nuestros días.
LIMITACIONES A ABOGADOS
En los últimos años la situación de la cárcel era alevosamente ilegal
y violatoria de los derechos humanos, por lo que Cinco Premios Nobel,
entre ellos el argentino Adolfo Pérez Esquivel, reclamaron en 2005 su
cierre definitivo. En esa misma línea hubo pronunciamientos de Amnistía
Internacional y del relator de DDHH de la ONU, entre muchos otros
organismos y personalidades.
Hasta los diarios The New York Times y The Washington Post publicaron
columnas recomendando salir de Guantánamo y cesar el trato inhumano a
sus prisioneros.
El Departamento de Justicia tuvo que flexibilizar algunas
disposiciones: los presos pudieron designar abogados, que realizaron
visitas y leyeron los expedientes. A los llamados “combatientes
enemigos” no se les dio más jurisdicción que los tribunales militares…
Últimamente esos letrados se han quejado de que tales facilidades se
vienen cortando. Ya no acceden a todos los papeles de las causas contra
sus defendidos. Y algo peor, en febrero pasado desaparecieron documentos
legales de las computadoras del Pentágono, relativas a los juicios en
preparación en Guantánamo. Prensa Latina informó el 13 de abril pasado:
“según fuentes militares citadas en un reporte de NBC News, el incidente
provocó el retraso hasta el venidero 11 de junio de las audiencias
previas al ya dilatado juicio contra los reos que permanecen en ese
enclave en un limbo legal”.
Los abogados de la defensa quedaron espantados y solicitaron -en
especial en las causas donde los fiscales pueden pedir pena de muerte-,
que se demoren las audiencias hasta que puedan contar con todo el
material.
NO ES UN CHISTE
El Departamento de Estado norteamericano publica un reporte anual
donde juzga la conducta de los países del mundo en derechos humanos. ¿De
todos? No, de todos menos Estados Unidos, que tiene una pésima nota en
Guantánamo y en muchos otros rubros humanitarios. Está aplazado en
cuanto a las libertades democráticas recortadas, pero también en
derechos económicos y sociales, pisoteados por las crisis y ajustes
contra los pobres y sectores más vulnerables.
China es uno de los acusados por Washington. Y Beijing ha tomado la
sana costumbre de replicar al imperio, año a año, con datos comprobados.
El 21 de abril, la agencia Xinhua publicó el “Registro de los Derechos
Humanos en Estados Unidos en 2012″, donde se puede l r: “el 13 de enero
de 2012, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos
Humanos, Navi Pillay, criticó a EEUU por no haber cerrado la cárcel de
Guantánamo y no haber garantizado la asunción de responsabilidad por
parte de aquellos que habían cometido graves violaciones -incluyendo
torturas- entre sus muros (www.un.org, 23 de enero de 2012). Una
personalidad estadounidense escribió que las políticas antiterroristas
del actual gobierno estadounidense “violan claramente al menos 10 de los
30 artículos de la declaración, entre ellos la prohibición del ‘trato
cruel, inhumano y degradante o el castigo’” (www.nytimes.com, 24 de
junio de 2012)”.
Obama se hizo el gracioso la semana pasada, durante una cena con los
corresponsales de la Casa Blanca y la farándula de Hollywood. Mejor que
se ocupe del drama de Guantánamo, que no es ningún chiste. La solución
es simple, económica y perfectamente factible: el cierre de la cárcel y
la devolución a Cuba de la base.
(Con información de La Arena.com)