Desde el anuncio mismo de su sorpresiva elección y
sin esperar a que tomara posesión de la Casa Blanca, la inmensa mayoría
de los medios de Estados Unidos y de la OTAN denunciaron al presidente
Donald Trump como incapaz, si no mentalmente perturbado. Se inició así
entre la clase mediática y el nuevo presidente una batalla donde
cada parte acusa a la otra de propagar noticias falsas.
Responsables de casi todos los países de la OTAN –y sólo en esos países– denuncian las «
fake news» o “noticias falsas”. Con ello dicen sacar a la luz la supuesta influencia de la propaganda rusa en las «
democracias occidentales».
El país más afectado por esta campaña es Francia, cuyo presidente,
Emmanuel Macron, acaba de anunciar la elaboración de una ley destinada
especialmente a luchar contra este «
atentado contra la democracia»… pero sólo «
en periodo electoral».
En realidad, las noticias falsas son un problema tan viejo como el mundo y el hecho que la expresión inglesa «
fake news»
se repita ahora, exactamente de la misma manera, en todas las lenguas
de la OTAN indica el origen anglosajón de esta “nueva” problemática.
La OTAN, fuente de la campaña
sobre las «fake news»
En 2009, el presidente Barack Obama anunciaba en la cumbre de la OTAN
celebrada en Estrasburgo-Kehl su intención de crear un servicio de «
Comunicación Estratégica» para la alianza atlántica [
1]. Se necesitaron 6 años para crear ese servicio alrededor de la
77th Brigade de las fuerzas terrestres del Reino Unido y de la
361st Civil Affairs Brigade de las fuerzas terrestres de Estados Unidos (con bases en Alemania e Italia).
La misión inicial era contrarrestar las acusaciones de que
el Estado profundo estadounidense había organizado los atentados del 11
de septiembre de 2001 y, posteriormente, las denuncias que señalaban a
los anglosajones como los planificadores de las «
primaveras árabes» y de la guerra contra Siria. Dichas acusaciones eran calificadas de «
complotistas» o «
conspiracionistas».
Pero, luego se pasó rápidamente a tratar de convencer a los pueblos de
los países miembros de la OTAN de que Rusia continúa la propaganda de la
desaparecida Unión Soviética y que, por ende, la alianza atlántica
todavía sirve para algo.
Finalmente, en abril de 2015, la Unión Europea también se dotó de un «
Grupo de Trabajo para las Comunicaciones Estratégicas Hacia el Este» (
East StratCom Task Force). Ese grupo de trabajo envía semanalmente a miles de periodistas un resumen sobre la «
propaganda rusa». Por ejemplo, en su última edición (11 de enero de 2018) acusa a
Sputnik
de haber propalado que el zoológico de Copenhague alimenta sus fieras
con animales domésticos abandonados. ¡Gravísima amenaza para las «
democracias»! Parece que a los especialistas de la
East StratCom Task Force les cuesta trabajo encontrar ejemplos significativos de «
injerencia rusa».
En agosto del mismo año 2015, la OTAN inauguró su «
Centro de Comunicación Estratégica» en Riga, capital de Letonia. Al año siguiente, el Departamento de Estado se dotó, por su parte, del
Global Engagement Center, o Centro de Compromiso Global, que persigue los mismos objetivos.
Facebook, el juguete preferido de Hillary Clinton, acabó volviéndose contra ella
En 2009, la secretaria de Estado Hillary Clinton, estimulada por
Jared Cohen –responsable del Buró de Planificación Política –
se convenció de que era posible derrocar la República Islámica de Irán
manipulando las redes sociales. El resultado no fue el esperado. A pesar
de eso, 2 años después, en 2011, el mismo Jared Cohen, convertido en
jefe de Google Ideas, logró movilizar a la juventud del Cairo. Aunque la
«
revolución» de la plaza Tahrir no influyó en la opinión del
pueblo egipcio, nacía así el mito de la propagación del modo de vida
estadounidense a través de Facebook. Como resultado, el Departamento de
Estado financió numerosas asociaciones y congresos para la promoción de
Facebook.
La verdadera sorpresa sobrevino durante la elección presidencial
estadounidense de 2016. El promotor inmobiliario Donald Trump, un
advenedizo para la clase política, eliminó uno por uno a todos sus
rivales, incluyendo a la propia Hillary Clinton, y resultó electo para
ocupar la Casa Blanca gracias a los consejos de Facebook. Por primera
vez, el sueño de la lideresa de los políticos profesionales se convertía
en realidad… pero en contra de ella misma. De la noche a la mañana,
Facebook pasó a ser demonizado por la prensa dominante.
Se reveló entonces que es posible provocar artificialmente
movimientos de opinión y de masas mediante la manipulación de las redes
sociales, pero que los usuarios acaban volviendo a la razón al cabo de
cierta cantidad de días. Esto es una constante en todos los sistemas de
manipulación de la información: sus efectos son efímeros. El único tipo
de mentira que permite crear comportamientos prolongados por largo plazo
implica haber empujado la ciudadanía a contraer algún tipo de
compromiso menor, o sea hacer proselitismo [
2].
En todo caso, Facebook entendió eso perfectamente porque creó su propio «
Buró de Política Mundial y Sensibilización de los Gobiernos»
y lo puso en manos de Katie Harbath. Facebook pretende crear emociones
colectivas a favor de tal o más cual cliente, pero no trata de organizar
campañas duraderas [
3].
Es también por eso que el presidente francés Macron quiere imponer
leyes sobre las redes sociales sólo para los periodos electorales.
El propio Macron llegó a la presidencia gracias al desorden que Facebook
y un semanario sembraron conjuntamente contra su rival Francois Fillon,
una operación orquestada por Jean-Pierre Jouyet [
4].
En todo caso, el temor de Macron a que la próxima vez las redes
sociales sean utilizadas contra él coincide con la voluntad de la OTAN
de hacer ver que existe una continuidad entre Rusia y la URSS en materia
de propaganda. Así que Macron cita como ejemplos de manipulación una
entrevista de
Sputnik sobre su vida privada y el hecho que ese medio se hizo eco de una alegación sobre una cuenta bancaria suya en el extranjero.
El informe de Christopher Steele

- En Reino
Unido, los jóvenes ven en la retórica oficial sobre las «fake news» una
voluntad gubernamental de lavarles el cerebro. Así lo demuestra
el éxito de la marca de vaqueros Fake News.
Durante la campaña previa a la elección presidencial en Estados
Unidos, el equipo de Hillary Clinton encargó al ex agente de los
servicios secretos británicos Christopher Steele una investigación sobre
el candidato Donald Trump. Ex jefe del «Buró Rusia» del MI6,
Christopher Steele es conocido sobre todo por sus alegaciones
escandalosas y siempre inverificables. Después de acusar –sin pruebas– a
Vladimir Putin de haber ordenado el envenenamiento de Alexander
Litvinenko con polonio 210, también lo acusó de haber hecho caer a
Donald Trump en una trampa sexual para poder chantajearlo. El
Informe Steele fue entregado discretamente a ciertos periodistas, políticos y espías, antes de ser publicado [
5].
De ahí procede la tesis actual de que, tratando de que su títere
ganara las elecciones y de impedir la elección de Hillary Clinton, el
amo del Kremlin ordenó a «
sus» medios la compra de publicidad en
Facebook y la divulgación por esa vía de calumnias contra la
ex secretaria de Estado, hipótesis que ahora vendría a confirmarse por
una conversación del embajador de Australia en Londres con un consejero
de Donald Trump [
6]. Aunque se ha comprobado que
Russia Today y
Sputnik
no gastaron más que unos pocos miles de dólares en publicidad, que
además tenía poco que ver con la señora Clinton, la clase dirigente
estadounidense dice estar convencida de que eso bastó para invertir el
apoyo del que había gozado la candidata demócrata, que gastó en su
campaña 1 200 millones de dólares. En Washington se sigue creyendo que
los inventos tecnológicos permiten tal grado de manipulación de los
seres humanos.
Ya no se trata de observar que si Donald Trump y sus partidarios
hicieron campaña a través de Facebook fue porque toda la prensa escrita y
audiovisual les era hostil, sino de afirmar que Rusia manipuló Facebook
para impedir la elección de la favorita de Washington.

- Jared
Cohen, ex colaborador de Condoleezza Rice y más tarde de Hillary
Clinton, comparte la filosofía de los dirigentes de Google: el
transhumanismo. Según Jared Cohen, es posible derrocar gobiernos si se
utilizan los algoritmos correctos en las redes sociales.
El privilegio jurídico
de Google, Facebook y Twitter
En sus esfuerzos por demostrar la injerencia de Moscú, la prensa
estadounidense ha resaltado el enorme privilegio que gozan Google,
Facebook y Twitter. Esas 3 empresas no son consideradas responsables de
los contenidos que difunden. Desde el punto de vista del derecho
estadounidense son sólo “transportadores” de información (
common carrier).
Los experimentos realizados por Facebook han demostrado, por un lado,
que es posible crear emociones colectivas. Pero esa empresa no es
considerada jurídicamente responsable de los contenidos que vehicula,
contradicción que pone de relieve la existencia de una anomalía en el
sistema.
Sobre todo teniendo en cuenta que el privilegio de Google, Facebook y
Twitter es claramente indebido. En efecto, esas 3 empresas actúan
al menos de dos maneras para modificar los contenidos que “transportan”.
En primer lugar, censuran unilateralmente ciertos mensajes, ya sea por
intervención directa de su personal o mediante el uso disimulado de
algoritmos. Pero además promueven su propia versión de la verdad
en detrimento de los demás puntos de vista (
fact-checking).
Por ejemplo, en 2012, Qatar encargó a Google Ideas, ya bajo el mando
de Jared Cohen, la creación de un programa informático capaz de seguir
las deserciones en el Ejército Árabe Sirio. ¿Objetivo? Mostrar que Siria
era una dictadura y que el pueblo había iniciado una “revolución”. Pero
rápidamente resultó que esa visión de las cosas era falsa. La cantidad
de deserciones nunca pasó de 25 000, en un ejército que cuenta
450 000 hombres. Es por eso que, luego de haber promocionado ese
software, Google acabó retirándolo discretamente.
Por otro lado, Google promociona, desde hace 7 años, los artículos
que se hacen eco de los comunicados del Observatorio Sirio de los
Derechos Humanos (OSDH). Esos comunicados dan, día tras día, la cantidad
exacta de víctimas de ambos bandos. Pero son cifras imaginarias porque
es materialmente imposible determinar esa cifra diariamente. Nunca se ha
visto, en tiempo de guerra, un Estado capaz de determinar diariamente
la cantidad exacta de soldados muertos en combate y de víctimas civiles.
Pero el OSDH sabe, desde el Reino Unido, algo que nadie es capaz de
determinar con precisión en la propia Siria.
Lejos de ser “transportadores” de información, Google, Facebook y
Twitter son en realidad sus creadores y por tanto deberían ser
jurídicamente responsables de sus contenidos.
Las reglas de la libertad de expresión
Aún considerando que los esfuerzos de la OTAN y del presidente Macron
contra Rusia en el plano audiovisual y de internet están condenados al
fracaso, no es menos cierto que lo más conveniente es que los nuevos
medios estén incluidos en el derecho general.
Los principios que rigen la libertad de expresión son legítimos sólo
si son los mismos para todos los ciudadanos y para todos los medios.
Esto último no es así en este momento. Si bien existe una aplicación del
derecho general, no existen, en cambio, reglas precisas, como el
derecho de respuesta o en materia de desmentido, para los mensajes que
se difunden a través de internet y de las redes sociales.

- Sobre la
Red Voltaire, “Le Décodex” del diario francés {Le Monde} dice:
«Sitio web de Thierry Meyssan, conspiracionista ligado al gobierno
sirio. Afirma, sin prueba, que la matanza de Charlie-Hebdo es un
atentado orquestado por Washington» (sic).
Como siempre en la historia de la información, los medios ya
establecidos tratan de sabotear a los nuevos. Recuerdo, por ejemplo, el
virulento editorial que el diario francés
Le Monde, dedicó en 2002 a mi trabajo, publicado en internet, sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001. Lo que le desagrada a
Le Monde, tanto como mis conclusiones sobre esos acontecimientos, es que la
Red Voltaire no esté sometida a una serie de obligaciones financieras de las que ese cotidiano se sentía prisionero [
7]. Quince años más tarde,
Le Monde muestra la misma actitud de defensor de un clan con la creación de lo que llama
Le Décodex. Más que criticar los artículos y videos de los nuevos medios de información,
Le Monde
pretende medir el grado de confiabilidad de los sitios web que
rivalizan con el suyo. Por supuesto, sólo le parecen confiables los
sitios web de los diarios que se publican en papel, como el propio
Le Monde, mientras que a todos los demás los clasifica como poco confiables.

- Miembro
eminente de la masonería, el político socialista Gerard Collomb,
es seguidor del sansimonismo. Vinculado al varias veces ministro
socialista y ex director general del Fondo Monetario Internacional
(FMI), Dominique Strauss-Kahn, Gerard Collomb se puso del lado de
Emmanuel Macron desde el inicio de su campaña electoral. Sempiterno
secretario general de la Fundación Jean-Jaures, desde su creación
en 1992, hizo que esta publicara un estudio que calificaba a sus
opositores políticos de “conspiracionistas” y, muy recientemente, un
falso sondeo de opinión que los acusa de ser crédulos. Gerard Collomb es
el actual ministro del Interior de Francia.
Para justificar la campaña contra las redes sociales, la Fundación
Jean-Jaures –fundación del Partido Socialista francés vinculada a la NED
(National Endowment for Democracy) estadounidense– acaba de publicar un
sondeo imaginario [
8].
Ese sondeo trata de demostrar, exponiendo una serie de cifras, que las
personas frustradas, las clases trabajadoras y los partidarios del
Frente Nacional [
9]
son gente crédula. Según ese sondeo, el 79% de los franceses creen en
alguna teoría de la conspiración. Como prueba de su ingenuidad,
el sondeo precisa que 9% de los franceses están convencidos de que la
Tierra es plana.
Realmente, ni yo ni ninguno de mis amigos franceses consultados
a través de internet nos hemos encontrado nunca con un compatriota que
creyera que la Tierra es plana. Se trata simplemente de una cifra
inventada, suficiente para que cualquiera pueda dudar de todo el
estudio. Lo que sí es cierto es que, a pesar de estar vinculada al
Partido Socialista de Francia, la Fundación Jean-Jaures ha tenido desde
siempre como secretario general a Gerard Collomb, ahora convertido en
ministro del Interior por el actual presidente francés Emmanuel Macron.
Esta misma fundación ya había publicado, hace 2 años, un estudio
tendiente a desacreditar a los opositores políticos del sistema,
tildándolos de «
conspiracionistas» [
10].
COMPARTE EL SITIO DE: https://plataformadistritocero.blogspot.mx/