El desarrollo de la contrainsurgencia y la guerra sucia en México: antecedentes del narco-paramilitarismo (IX)
Aspectos sobre la Guerra Sucia y algunos de sus actores, dentro de la estrategia contrainsurgente.
Después de la represión ejercida sobre el movimiento estudiantil de
1968, las organizaciones obreras, campesinas y populares ligadas al PRI,
dejaron de ser suficientes para el control social. Por lo que el Estado
mexicano, respaldado por el modelo contrainsurgente estadounidense,
establece una forma “novedosa” y radical de control, dedicado
exclusivamente a reprimir violentamente todas las organizaciones que no
se sometieran.
De manera que, después de derrotar militarmente
el Estado mexicano a los grupos guerrilleros de la década de 1970, éste
abrirá de lleno la etapa conocida como guerra sucia
[1], caracterizada por la implementación del terror como método prioritario de amedrentamiento.
Para lo cual el Estado crea grupos clandestinos o secretos, conocidos como
paramilitares, a
partir de los cuales podrá reprimir a la población en general, sin que
se le pueda comprobar algún crimen. Además de que, al eludir la ley,
podrá mantener cierta aceptación en la población. Toda vez que, los
actos realizados por los grupos paramilitares, carecerán de
verosimilitud ante la población, gracias al control férreo de los medios
de comunicación, mismos que durante años han tergiversado y omitido
evidencias.
Logrando así, exculparse a gobernantes, militares,
policías y demás implicados, hasta la fecha. Y en consonancia, han
proliferado dichos grupos por todo el país, actuando la mayoría en una
geografía determinada, definida por el lugar en que se suscitan los
movimientos sociales, amparados siempre por el gobierno local y federal.
Pero, conforme algún grupo ha perdido su carácter de secreto,
éste ha sido desarticulado, especialmente cuando ha salido a la luz
pública algún hecho sanguinario y brutal cometido por ellos. O bien,
cuando han logrado desarticular completamente algún movimiento social
[2].
Operación de guerra sucia contra la población, que estaría encomendada principalmente a los militares
Francisco Quirós Hermosillo [3] y Mario Arturo Acosta Chaparro.
Para el caso de Acosta Chaparro, éste sería asignado a la 27 zona
militar, desde donde coordinará, junto con autoridades de la
Procuraduría General de la República (fiscalía de la nación), la
destrucción de la guerrilla de Lucio Cabañas.
Orgulloso, Acosta
Chaparro se jactaba entre sus colegas que en aquellos años del gobierno
de Luis Echeverría y del general Hermenegildo Cuenca al frente de la
Defensa Nacional, se dejó el cabello largo, calzó huaraches, comenzó a
usar morral y sombrero para aminorar el fuerte sol de la zona de Atoyac.
Atuendo con el que se infiltró en la guerrilla y se ganó entre sus
colegas el mote del “Guara”.
Graduado años atrás en guerra
irregular en Fort Bragg, Carolina del Norte, sede de la escuela de
guerra especial y de los Boinas Verdes del ejército estadounidense.
Mientras que en México realizo el curso de fusilero paracaidista, (tal
como lo han hecho los
GAFE, grupo que posteriormente conformarían el sanguinario cartel de los ZETAS).
Ganándose el ascenso Acosta Chaparro a capitán mayor del ejército,
después de la liberación del senador y cacique guerrerense Rubén
Figueroa, secuestrado en mayo de 1974 por la guerrilla de Lucio Cabañas y
liberado en septiembre de aquel año.
Posteriormente, para 1976, formará parte de una sección de militares incorporada al llamado “
grupo exterior” de la hoy desaparecida Dirección Federal de Seguridad. Ahí será uno de los fundadores, junto a Quirós Hermosillo y
Miguel Nazar Haro, de la
Brigada Blanca,
grupo paramilitar que se encargó de detener, torturar y desaparecer
militantes de grupos guerrilleros a finales de los años 70.
Por
su preparación en contrainsurgencia, Acosta Chaparro fue nombrado jefe
del grupo de interrogatorios, encargado de obtener información de los
detenidos mediante todo tipo de recursos. Uno de los cuales sería la
instalación de puestos de control en caminos y carreteras, para realizar
interrogatorios y detenciones sin motivo alguno.
Quirós Hermosillo y Acosta Chaparro escogían a los detenidos y los sentaban en una silla para sacarles “
la foto del recuerdo”.
Luego les disparaban en la nuca a los “paquetes”, como llamaron a los
civiles capturados. Con una pistola calibre .380, a la que le adaptaban
un silenciador.
Pistola a la que Quirós nombró “
la espada justiciera”,
además de que enseño a sus subalternos a vendarles la cabeza a los
civiles y apuntarles en la nuca para que murieran de manera instantánea.
Así, Quirós y Acosta harían de la base aérea de Pie de la
Cuesta, el lugar de “operaciones especiales”. Desde ahí despegaba un
avión Arava, perteneciente al escuadrón 301, al cual subían a los
cuerpos sin vida de los detenidos, y metidos en bolsas de lona, eran
arrojados al mar, en lo que se llamó “los vuelos de la muerte”.
Entre tales avatares, a Francisco Quirós Hermosillo se le atribuye la
desaparición forzada de Rosendo Radilla Pacheco, quien fue visto por
última vez en el ex Cuartel Militar de Atoyac de Álvarez, Guerrero,
perpetrada el 25 de agosto de 1974, tras ser detenido ilegalmente en un
retén militar.
En tanto que, se cree que Acosta Chaparro pudo
haber ejecutado él solo a más de 200 personas, entre los años 1975 a
1979, hechos por los que nunca llegó a consejo de guerra. Y operó en
Guerrero hasta 1999, aun cuando fue llevado, junto Quirós Hermosillo,
ante la Fiscalía Especial de Movimiento Sociales y Políticos del Pasado
(FEMOSPP). Hechos en los que se dejaron de lado varios testimonios para
que fueran condenados, incluso de militares subalternos, de manera que
ambos, no recibieron ninguna condena por tales delitos.
Sino
que sería hasta el final del mandato de Ernesto Zedillo, y cuando el
gran amigo de ambos, el general Enrique Cervantes Aguirre, era
secretario de la Defensa, que serían acusados de tener vínculos con el
narcotráfico, particularmente con el
Cártel de Juárez.
De manera que, sería condenado Acosta Chaparro por narcotráfico a 17
años de prisión la tarde del 2 de noviembre del 2002. Pero, después de
cuatro años en prisión en diciembre del 2006, y tras ser nombrado
Guillermo Galván (antiguo compañero del Colegio Militar), secretario de
la Defensa Nacional. Fue puesto en libertad y recibió un homenaje junto a
otros militares que en 2007 pasaron a retiro
[4].
Además, un tribunal colegiado le ratificó el auto de libertad ante la
“inconsistencia” de las acusaciones por narcotráfico y fue absuelto. Por
lo que recuperó sus grados y patentes militares en ese año. Más toda
vía, Acosta Chaparro
[5] recibió asesoría y representación, durante el gobierno de Felipe Calderón, para negociar con el narcotráfico a nivel nacional.
Participación de la Dirección Federal de Seguridad en la guerra sucia.
Dentro del espectro de la guerra sucia impulsada en nuestro país por
los personajes anteriormente citados, también tendrá un papel
preponderante
la Dirección Federal de Seguridad [6],
dependencia de la Secretaría de Gobernación que inicialmente sería
creada para dar información y protección del presidente de la República,
pero posteriormente sería rediseñada como un instrumento de
investigación, primero y de represión después.
Resultando
entonces que, la DFS cumpliría una función casi tan importante como la
del ejército. Sus agentes y comandantes participaran en la cacería de
activistas del 68 y luego, en todo el país, de miembros de las
guerrillas, de los sospechosos de serlo, así como de sus amigos y sus
familiares.
Hechos que estarían a cargo del policía político,
Miguel Nazar Haro, hombre que fue entrenado en la Escuela de las Américas y crea en 1976, junto con Quirós Hermosillo y Acosta Chaparro,
la Brigada Blanca,
misma que estaría conformada por 240 agentes de elite procedentes de
diversas corporaciones, policías capitalinos y del Estado de México.
Además de militares e integrantes de la Dirección Federal de Seguridad.
G rupo paramilitar que operará desde distintos campos militares,
utilizando las cárceles de estos lugares como prisiones clandestinas
para civiles, ya que por ley deben alojar sólo a reos de las fuerzas
armadas. Hechos sabidos a partir de testimonios dados por algunos de los
llamados desaparecidos políticos.
Destacando en tales eventos el
Campo Militar Número 1,
al convertirse sede de la Brigada Blanca. De suerte que, desde dicho
centro se coordinó el ejército con las corporaciones policiacas en el
combate contra los “subversivos” y sus acciones llegarían hasta
Guerrero, Sinaloa, Chihuahua, Nuevo León, Jalisco, Puebla y Morelos.
A este grupo se le atribuye la desaparición del militante de la Liga Comunista 23 de Septiembre,
Jesús Piedra Ibarra, hijo de la ex senadora de izquierda, Rosario Ibarra de Piedra.
Miguel Nazar Haro entre 2003 y 2004 enfrentó cargos por privación
ilegal de la libertad de Jesús Piedra Ibarra. Sin embargo, nunca purgó
una condena en la cárcel. Este hombre originario de Tuxpan, Veracruz,
falleció el 26 de enero de 2012 a los 87 años, sin aclarar lo que
ocurrió en la Guerra Sucia.
Algunos grupos paramilitares: el Batallón Olimpia, los Halcones, Grupo Sangre y las Brigadas Blancas.
El Batallón Olimpia, fue creado en febrero de 1968 y dirigido por
Ernesto Gómez Tagle. Dándose a conocer como un grupo que se encargaría
de la seguridad durante el desarrollo de las olimpiadas, al mantener el
orden y la vigilancia de las instalaciones deportivas, antes y durante
el desarrollo de los juegos que se desarrollarían en octubre de ese año
[7].
Se sabe que, una de sus primeras acciones represivas consistió en
auxiliar al Ejército Mexicano y al Cuerpo de Granaderos, en la toma del
Casco de Santo Tomás, del Instituto Politécnico Nacional, el 23 de
septiembre de 1968, en donde estuvieron vestidos de civil y con pañuelos
envueltos en la mano izquierda arrestaron estudiantes.
Análogamente, en el mitin del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, el
mismo Batallón tuvo como misión, detener a los representantes del
Consejo Nacional de Huelga, que se encontraban entre los oradores del
mitin, en el tercer piso del Edificio Chihuahua. Para tal efecto, se
vistieron de civil y se infiltraron exitosamente entre los asistentes al
mitin, sin identificaciones, solamente armados con pistolas .45’ y un
guante o pañuelo blanco listo para colocarlo en el mano izquierda como
forma de identificación. Distintivo, que además llevarían todos los
agentes policiacos.
De manera que, al desatarse la balacera, el
espacio ocupado por la Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco, sería
cubierto por tres cercos de seguridad. Y el primer cerco estaría hecho
por miembros del Batallón Olimpia, y su objetivo sería rodear el
Edificio Chihuahua, para impedir la entrada o salida del mismo. El
segundo cerco comprendería la plaza y lo realizó la
Brigada de Fusileros Paracaidistas. Finalmente, último se encargó de cubrir el resto de la Unidad de Tlatelolco y fue llevado a cabo por
Batallones de Infantería del Ejército Mexicano [8].
Realizándose los primeros disparos, por francotiradores, y fueron
dirigidos contra la multitud que se encontraba en la plaza. Al respecto,
la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado
(FEMOSPP) recabó cuatro hipótesis sobre quién inició los disparos: 1ª El
Batallón Olimpia y un “Grupo Especial” creado por Fernando Gutiérrez
Barrios, incluido en un informe dirigido a la DFS. 2ª Estudiantes y
habitantes de Tlatelolco, versión difundida por la prensa y el gobierno
de la época. 3ª Elementos del Estado Mayor Presidencial, desde el piso
doce del Edificio Molino del Rey, de acuerdo también con un informe
enviado por oficiales del ejército a la DFS y 4ª, por francotiradores
enviados directamente por la DFS, apostados en el piso 21 de la Torre de
la Secretaría de Relaciones Exteriores, bajo el mando de un comandante
de apellido Llanes.
Mientras que, conforme con testigos
ubicados en la terraza del Edificio Chihuahua, la balacera comenzó en el
balcón al momento en que una luz de bengala tocaba el suelo de la
plaza; un individuo con un arma de fuego y guante blanco en la mano
izquierda, disparó sobre la multitud reunida en la plaza.
Testimonios que por su abundancia han llevado a concluir que fueron
agentes gubernamentales, militares o policías, quienes comenzaron con el
tiroteo, que existieron francotiradores en los edificios aledaños,
incluyendo la iglesia de Santiago, así como la existencia del Batallón
Olimpia y su participación en la masacre.
Hasta la fecha, no se
sabe con precisión el número de muertos como consecuencia del ataque.
En los archivos de la DFS se mencionan 26 muertos, mientras que en los
archivos de la Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales se
escribió el número 1433, sin embargo, testigos presenciales hablan de
montículos de cadáveres que el ejército los aglutinó a la orilla de la
plaza, contando decenas. Incluso, el testimonio de un ex agente del
servicio secreto, protegido por la FEMOSPP, describió que “había visto
más de un centenar de cadáveres en el cuartel de granaderos de
Tlatelolco.
[9]”
Los Halcones.
A diferencia del
Batallón Olimpia, en el que todos sus miembros pertenecían a los
cuerpos de seguridad y fue utilizado directamente para una masacre, los
Halcones fueron un grupo de choque
integrado por pandilleros,
miembros del servicio de limpia, cargadores de los mercados del Distrito
Federal, ex militares y algunos policías en activo.
Así que,
en un principio se les utilizó para controlar a los grupos estudiantiles
a través de golpizas durante el movimiento de 1968 y coadyuvaron para
crear una imagen pública de que el movimiento estudiantil era violento.
Para tal efecto, a partir del primer incidente entre estudiantes y
policías [en julio de 1968], comenzaron a ser trasladados a los Talleres
Generales del Departamento del D.F., vehículos procedentes del
corralón, de la Secretaría de Hacienda, para un reacondicionamiento
“urgente”.
Luego se “habilitó” a empleados de la Oficina de
Limpia y personas de pésimos antecedentes traídos ex profeso de algunos
poblados del Estado de Hidalgo, como tripulantes de los mismos
vehículos, y entre ellos se distribuyeron, por el mismo titular, José
Tovar Miranda, trozos de manguera, martillos de bola, pistolas,
metralletas, entre otras armas.
Más toda vía, los Halcones
también serían utilizados para romper las huelgas. Actos para los cuales
fueron entrenados en kendo, karate, judo, jiutitsu, box, combateka ,
prácticas de tiro con armas automáticas, uso de armas blancas, así como
labores de espionaje, entre otras.
Acondicionamiento que se
realizaba en la Cuchilla del Tesoro en San Juan de Aragón, ahí contaban
con una pista de entrenamiento tipo comando, casino, depósito y carpas
para dormir. Hechos dentro de los que cabe señalar que, en el grupo
existió una élite entrenada en Japón, Inglaterra, Estados Unidos y
Francia, y cuyos miembros encargaban de transmitir sus experiencias a
los demás Halcones.
Se debe agregar también que, en 1970
algunos Halcones fueron utilizados para labores de “vigilancia” dentro
del recién inaugurado y estratégico, Servicio de Transporte Colectivo
Metro, lugar en el que se dedicaron a evitar mítines relámpago
[10].
Dentro de tal espectro, el 10 de Junio de 1971, al grito de
“¡Che-Che-Che Guevara!”, y armados con varas de bambú, cadenas, palos,
además de estar protegidos por policías y el
cuerpo de granaderos, cercan, sobre la avenida de Los Maestros, enfrente de la Escuela
Normal de Maestros, a una parte del contingente estudiantil que marchaba por primera vez
desde los acontecimientos en la Plaza de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968.
Ahí, los Halcones arremetieron armados
con rifles y pistolas, no obstante algunos estudiantes, lograron romper el cerco, permitiendo a muchos
escapar de una muerte segura. Aun así, manifestantes que
alcanzaron a llegar heridos a los hospitales de la ciudad, serían extraídos en el transcurso de la
noche por los mismos Halcones, al amparo de camiones militares en los que muertos
y heridos fueron apilados.
Actos ante los cuales, una vez más, el
gobierno mexicano negaría su participación, apoyados por los medios de comunicación que hablarían de un
“zafarrancho estudiantil”. Sin embargo, a diferencia del 2 de octubre, fotógrafos y camarógrafos capturarían
evidencias suficientes de la protección gubernamental a los atacantes y la publicarían.
Aspecto dentro del cual abundara el hecho de que, los Halcones se
encontraban directamente bajo la nómina y control del Departamento del
Distrito Federal (DDF), por lo que no se podía negar un vínculo directo
con el presidente de la República, ya que el DDF era un órgano público
descentralizado de la gestión federal, administrado por un Regente, que a
su vez era nombrado por el Presidente de la República.
Aun así, al igual que el 2 de octubre de 1968, los cadáveres fueron
“desaparecidos”, por lo que tampoco se pudo establecer un número determinado de muertos.
Cabe añadir que, después del 10 de junio, algunos Halcones siguieron
trabajando para el DDF, golpeando a estudiantes, rompiendo huelgas y
actuando como grupos de choque ante grupos antagónicos al regente en
turno.
En tanto que,
otros más, con los conocimientos técnicos aprendidos y financiados por el Estado, se dedicaron a cometer asaltos y secuestros, amparados en una supuesta agrupación política o de Bandera Falsa
llamada
Comando de Acción Revolucionaria Armada (CARA), mismo que estaría conformado también por miembros anticomunistas como
Sergio Martínez Romero, El Fish y gente del
Movimiento Universitario de Restauración del Orden (MURO).
Hechos dentro de los cuales será muy relevante que sus elementos eran jóvenes, mayoritariamente de clase humilde y pandilleros
[11],
puesto que ello les permitió tener una mayor duración y dinamismo, ya
que exculpó con mayor facilidad a las autoridades, a la vez que
justificó el discurso tras el 2 de octubre de 1968, que llamo a la
“unidad y conciliación”, por parte de Luis Echeverría Álvarez
[12].
Sin embargo, al no ser militares, carecieron de toda la logística de
impunidad institucional, tal como que si contó el Batallón Olimpia.
Añadiéndose el hecho de que, toda la información dentro de los Halcones
estaba fraccionada, por lo que muy pocos conocían la existencia de otros
grupos que entrenaban, así como los nombres de sus dirigentes.
Resultando entonces que, a los pocos días de lo sucedido el 10 de
junio, varios periodistas pudieron publicar imágenes en las que aparecen
Halcones disparando rifles M-1, pistolas .45’, blandiendo cadenas,
varas de membrillo y bambú, ante la impasibilidad de las fuerzas
policiacas
[13].
A lo cual se le añadirá el hecho de
que, muchos fueron reconocidos por familiares y vecinos, perdiendo con
ello su secrecía. Y a partir de las detenciones realizadas tras los
asaltos cometidos por algunos ex Halcones, se conservaron sus
declaraciones ministeriales en los archivos gubernamentales, y en las
que para exculparse, contaron con lujo de detalles su entrenamiento y de
nueva cuenta la complicidad gubernamental al mantenerlos a sueldo en
las nóminas del DDF como empleados de los servicios de limpia o
entrenadores deportivos.
A la vez que, el Batallón Olimpia
jamás fue molestado y sus miembros continuaron en el anonimato de las
fuerzas armadas; los Halcones en cambio, perdieron rápidamente esa
protección clandestina, hasta ser desechados con una gratificación de
cinco mil pesos.
Pero aún, al paso del tiempo, algunos ex
Halcones recibirían cartas y llamadas anónimas mediante las que fueron
amenazados de muerte, quedando así deshabilitados como cuerpo represivo
[14].
Grupo Sangre.
El Grupo Sangre, surgió tras el secuestro del candidato priista a la
gubernatura, Rubén Figueroa. Y estuvo conformado por policías retirados,
así como militares bajo las órdenes del General de División, Diplomado
en Estado Mayor, Salvador Rangel Medina, comandante de la 27ª Zona
Militar. Pero además, algunos campesinos acusaron también al Teniente
Coronel de Infantería, Francisco Quiróz Hermosillo, Comandante del 2º
Batallón de la Policía Militar, de pertenecer a tal agrupación.
Las acciones de dicho grupo estarían constreñidas al Estado de
Guerrero, tanto a nivel rural como urbano, cometiendo actos de tortura y
asesinatos sobre militantes y simpatizantes del Partido de los Pobres.
De suerte que, el Grupo Sangre cazaba a las bases sociales guerrilleras
en la retaguardia de las zonas conurbadas de Acapulco, mientras que, el
Ejército Mexicano enfrentó al PdlP en las montañas.
Así,
comenzaron a aparecer cadáveres sin identificar y con señas de tortura
producidas por quemaduras, en Acapulco y poblaciones cercanas. Y, a
partir de entonces se promoverá la “despersonalización” de los
asesinados.
En vista de que, al desconocerse la identidad y las
causas de los asesinatos, se le ha podido restar importancia, hasta
justificar las muertes diciendo que,
pueden ser personas conectadas
con el hampa o con traficantes de drogas o bien que se trata de gente
que cometió algún crimen, por lo que han sido ejecutadas en venganza [15].
Actos a los cuales el Grupo les sumo el contar con una cárcel
clandestina, ubicada en la colonia Fraccionamiento de Costa Azul, y
reportando sus actividades únicamente al gobernador y al Comandante de
la Zona Militar de Acapulco.
Y más toda vía, al pertenecer sus
miembros a institutos armados, se les otorgó impunidad y clandestinidad
permanente. No se sabe quiénes eran sus miembros, pero no así quienes lo
comandaban (Salvador Rangel Medina, Francisco Javier Barquín y
Francisco Quiróz Hermosillo).
Finalmente, para 1976, la DFS
reportó que el Grupo Sangre había dejado de existir, no obstante que,
treinta de sus miembros actuaban en un grupo clandestino de represión
bajo las órdenes del Capitán Francisco Javier Barquín. Dicho grupo según
se indicó, se dedicaba a vengar los insultos cometidos contra el
gobernador, Rubén Figueroa o se orientó contra las personas que han
tenido problemas con el Ejército, como traficantes de drogas (para
llegar a un arreglo). Sujetos que en su mayoría tras ser detenidos,
fueron desaparecidos
[16].
La Brigada Especial o Brigada Blanca.
El último grupo, más tecnificado, especializado y temible de los años
setenta fue, la Brigada Especial o también llamada Brigada Blanca. Ésta,
superaría por mucho a los grupos paramilitares ya citados. Hecho que se
observa a partir de que su logística sería de alcance nacional, tanto
urbano como rural y demostrando su “infalibilidad” en el combate a la
subversión, al lograr eliminar a muchos de los movimientos sociales.
Creada la Brigada Blanca, para eliminar a la Brigada Roja de la Liga
Comunista 23 de Septiembre, así como luego de los asesinatos de los
empresarios Eugenio Garza Sada, líder del grupo Monterrey; Fernando
Aranguren, presidente de la Coparmex en Jalisco, y de la empresaria
Margarita Saad Valenciano, plagiada en Guerrero
[17].
La
Brigada Blanca tendría una estructura militar y civil integrada por:
Luis de la Barreda Moreno, director de la Federal de Seguridad;
responsable de la Comisión de Seguridad, Miguel Nazar Haro; jefe del
departamento jurídico, Alfonso Cabrera Morales; coordinador general de
la comisión y responsable de las operaciones, Francisco Quiroz
Hermosillo, comandante del segundo batallón de la Policía Militar; jefe
del Estado Mayor, Mario Arturo Acosta Chaparro Escapite –de él dependían
las jefaturas regionales y operativas, en las que se encontraban
personajes como Salomón Tanús y Francisco Sahagún Baca
[18].
Personajes, los últimos dos, que fueron comandantes del temible
Servicio Secreto y la División de Investigaciones para la Prevención de
la Delincuencia (DIPD). Así como trabajaron al lado de Arturo
El Negro Durazo Moreno.
Además de tales sujetos, el gobierno para combatir a la Liga en la
capital, desplegó helicópteros, un grupo especializado en desactivación
de explosivos, comunicaciones y acciones especiales (expertos tiradores
de precisión, personal con manejo sicológico), además de que convirtió
los separos, que estaban en instalaciones de la DIPD en centros de
tortura.
Acciones que se darían de manera que, el exterminio de
las guerrillas rurales, recaería en el Ejército, especialmente sobre la
Brigada de Fusileros Paracaidistas. Mientras que, para el combate de
las guerrillas urbanas, se usaría a la policía, pero no los agentes
uniformados preventivos, sino la policía de investigación, que con ropas
de civil, han tenido la posibilidad de mimetizarse entre la sociedad;
así como policías judiciales, agentes de la ex policía secreta y de la
DFS
[19].
Ofensiva que, hasta 1976, en el Valle de
México, se encontraría a cargo de un grupo de agentes pertenecientes al
C-047108 de la Dirección Federal de Seguridad; sobre el 2º Batallón de
la Policía Militar del Ejército Mexicano; para el Distrito Federal en la
6
a Brigada de Servicios Especiales, también conocida como
“Base 21” o “Comandos”, de la División de Investigaciones para la
Prevención de la Delincuencia (DIPD), rama de investigaciones
perteneciente a la Dirección General de Policía y Tránsito (DGP y T),
integrada por un jefe, 33 oficiales y 60 agentes; para el Estado de
México, fue creado el Batallón de Radio Patrullas del Estado de México (
BARAPEM ), perteneciente a la policía estatal; y, por último, por
agentes asignados de la Policía Judicial Federal (PJF) y del Distrito
Federal (PJDF).
Dichas corporaciones hacían investigaciones por
separado y guardaba con celo sus pesquisas, ya que las capturas
logradas figuraban como beneficios políticos para los altos funcionarios
de cada dependencia, aspecto que derivo en que el combate a la
guerrilla fuera disperso y desordenado.
Causando la falta de
coordinación caos en las investigaciones; la Policía Judicial Federal
buscaba a guerrilleros que habían muerto a manos del Ejército Mexicano,
además de que el Ejército, no transfería detenidos a la DFS para
interrogarlos, por lo que los agentes debían ir a los cuarteles
militares a tomar sus propias declaraciones.
En otras
ocasiones, los agentes Judiciales llevaban a cabo operativos aparatosos
que ponían en alerta a los militantes, lo cual les permitía su fuga; los
agentes de la DIPD se concentraban en obtener información que les
permitiera saber dónde estaba el dinero de la guerrilla, posibilitándole
a los detenidos ganaran tiempo y sus compañeros abandonaran las casas
de seguridad
[20].
Respecto a los agentes comisionados a
la Brigada Especial, estos serían en su mayoría jóvenes con edades
entre los veinte y treinta años, lo cual les permitió pasar
desapercibidos al realizar sus patrullajes. Así como, fueron sujetos que
contaban con experiencia como
policías políticos, infiltrándose
en organizaciones estudiantiles de izquierda o participando en la
destrucción violenta de ellas, como fue el caso de Max Toledo y Carlos
Morales García, golpeadores y pistoleros al servicio de la Federación de
Estudiantes de Guadalajara, por lo que no necesitaron algún tipo de
adoctrinamiento, excepto clases sobre cómo se originó la LC23S basadas
en el
Libro Blanco de la Liga Comunista, hecho para tal efecto.
En el caso de los salarios de los agentes, estos eran bajos, pero en
contra parte recibían importantes prestaciones sociales como un bono
mensual de $3,000.00, armas, artículos personales a bajo costo,
gratificaciones por parte de empresarios, corporaciones y políticos,
además de un codiciado
botín de guerra, en que se
convertían las pertenencias de militantes de la LC23S y sus familiares, a
quienes dejaban sus casas vacías y en caso de que los ocupantes
murieran o desaparecieran, también se quedaban con las casas.
Y
se encontrarían entre los miembros más destacados de la Brigada: Rafael
Moro Ávila, nieto del ex gobernador de Puebla; Maximino Ávila Camacho,
hermano del ex presidente Manuel Ávila Camacho;
Julián Slim Helú,
subdirector de la DFS en diciembre de 1976, hermano de Carlos Slim
Helú, beneficiado en los años 90’ con la privatización de Teléfonos de
México; Andrés Quintanar Reyna, hijo del General Alberto Quintanar
López, uno de los dirigentes del Batallón Olimpia.
Dentro de
las actividades que realizo la Brigada se encontrarían el espionaje,
realizado hacia familiares y amigos de los militantes identificados,
mismos que podían permanecer durante días o semanas detenidos e
incomunicados en el Campo Militar Número Uno o en los reclusorios de la
ciudad.
Además, los actos de espionaje convirtieron en
marginados sociales a algunos militantes, puesto que sus familiares,
ante el terror de ser detenidos o el odio de perder sus bienes
materiales los dejaron en el olvido presos. Mientras que otros
exmilitantes y sus familiares ante el temor de que alguien algún día
fueran a buscar información acerca de lo que callaron o negaron, se
convirtieron en ermitaños, de suerte que algunos, desilusionados y en
soledad, cayeron en alguna adicción o se suicidaron
[21].
Así también, la Brigada realizaría patrullajes, que le serían posibles
gracias a que jamás fue expuesta oficialmente por las autoridades
gubernamentales y sus miembros, mantenidos en absoluto secreto, pudieron
movilizarse por todos los rincones de la ciudad e infiltrarse como
estudiantes, obreros, albañiles, taxistas y vendedores ambulantes, con
el único fin de detectar las
repartizas del
Madera.
Motivos por los cuales, de pronto durante algún enfrentamiento con la
guerrilla, aparecían vendedores callejeros de fruta, trabajadores de
Telmex, de la compañía de luz, taxis con antenas de radiotransmisión en
el toldo, turistas, clientes de una tortería y encuestadores. Todos
portando armas cortas automáticas listas para enfrentamientos
callejeros, y entre el equipo del disfraz (puestos de fruta, cajas de
herramienta) armas largas, como los fusiles Fal M-1 y M-2.
Y
durante los enfrentamientos en las casas de seguridad, los agentes
tomaban rehenes, casi siempre familiares o militantes detenidos, para
utilizarlos como escudos humanos y que los atrincherados dejaran de
disparar, pero si tal no ocurría, comenzaban a ejecutarlos como medio de
coacción y terror.
Posteriormente lanzaban bombas de gas
dentro de la casa y disparaban a todo aquél que saliera, principalmente
en las piernas para poder llevárselo vivo y torturarlo para obtener
información. Después del enfrentamiento llegaba un segundo grupo al
lugar de los hechos y se encargaba de conducir a los detenidos, quienes
eran vendados rápidamente de los ojos y aventados al piso en vehículos
distintos, en donde los agentes se subían en ellos para que no pudieran
moverse y en el camino eran golpeados.
Por otro lado, otra
forma de control ejercida por el gobierno sobre la población, sería el
uso de los jefes de manzana, elegidos por medio de planillas entre los
vecinos de una calle para, al menos en teoría, apoyar el cumplimiento de
planes y programas del gobierno o bien realizar obras y acciones de
beneficio entre vecinos
[22].
Pasando los nombres de
todos los jefes de manzana a formar parte, a través del PRI, del sistema
de informantes de la Brigada Especial, siendo que debían avisar
inmediatamente sobre movimientos sospechosos de vecinos o casas de
apartamentos.
La aplicación de tales acciones fue llamada por los franceses
Dispositivo de Protección Urbana y los estadounidenses
Aldea Estratégica.
Además, la Brigada también se valdría de encuestas falsas, hechas casa
por casa, con las que contabilizaba el número de habitantes, la
escolaridad, ocupación y si había miembros de una familia que se
encontraran en otro Estado de la república.
Conocimiento sobre
la población, dentro de una determinada zona geográfica, que les sería
fundamental para preparar patrullajes, ya que, al tener una idea de
quiénes habitaban en determinada zona, les era más fácil ubicar y
detener a personas sospechosas.
Dentro de la misma lógica, se
encontrarían grupos que patrullarían alrededor de las escuelas de nivel
medio superior, llevando en sus vehículos fichas con los nombres y
fotografías de todos los estudiantes sospechosos de militar o simpatizar
con organizaciones sociales y armadas.
Así, se les facilitaba
detener a los estudiantes en cualquier momento, para obtener información
que pudiese llevar a la detención o eliminación de algún guerrillero.
Mientras que las fotografías, generalmente fueron extraídas de los
expedientes escolares, en complicidad con las autoridades escolares,
generalmente de la UNAM e IPN, con los servicios policiacos en el
combate a la guerrilla.
Dentro de tal entramado, los
empresarios también fueron excelentes proveedores de información,
facilitando expedientes laborales, así como realizaron informes sobre
quienes simpatizaban con ideas comunistas e informaron sobre la
aparición de pintas y repartizas en los alrededores de sus fábricas o
empresas
[23].
Además de que, cuando encontraron
propaganda dentro de sus empresas o dirigida a sus trabajadores, los
empresarios infiltraron agentes de la Brigada Especial para ubicar a los
militantes y las fechas de las repartizas del periódico
Madera.
Hechos ante los cuales, algunas veces, los agentes extendieron su ayuda,
deteniendo a todo aquel obrero que intentara llevar a cabo algún tipo
de organización laboral.
Cabe señalar además que,
independientemente de la infiltración a las fábricas, había patrullajes
intensos en las zonas industriales durante todo el horario laboral de
diecinueve horas, permaneciendo las patrullas observando e intimidando a
los trabajadores.
Ayuda ante la cual los empresarios a cambio,
financiaron a la Brigada Especial, presentándose los casos de sobre
sueldos que recibían agentes de la Brigada Especial como Nazar Haro.
Incluso algunos empresarios lo solicitaron para realizar ‘trabajos’ de
investigación como el robo de mercancía, espionaje corporativo,
negociación ante secuestradores y demás.
De forma que, pese a
ser disuelta la DFS y con ella la Brigada Especial, algunos comandantes y
agentes encontraron protección, trabajo y financiamiento en el seno de
los grupos empresariales de todo el país, particularmente para la
conformación de empresas de seguridad, ante los cual los empresarios
señalaron que dichos agentes fueron
patriotas al servicio de la nación.
La reconfiguración de la Brigada Especial.
Ante la desarticulación y debilitamiento militar de la Liga, el
gobierno de José López Portillo permitió la competencia directa de
funciones entre la Brigada Especial y un nuevo grupo represivo
dependiente de la Dirección de Investigaciones para la Prevención de la
Delincuencia (DIPD):
el Grupo Jaguar.
Dicho grupo
sería más brutal y sanguinario que la Brigada Especial, y serían ellos
los que eliminarían al último dirigente histórico, Miguel Ángel Barraza
García, durante un enfrentamiento en las inmediaciones de Ciudad
Universitaria en el Distrito Federal, el 23 de enero de 1981, así como
detuvieron - desaparecieron a la última dirigente, Teresa Gutiérrez
Hernández, el 12 de enero de 1982.
No obstante tales hechos,
pervivirá del deseo de exterminio por parte del gobierno de la guerrilla
durante los gobiernos de Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo,
Miguel de la Madrid y hasta la fecha.
De suerte que, si la
competencia entre la Brigada Especial y el Grupo Jaguar provoco la
disminución de la operatividad del grupo. Por otra parte, se ha podido
continuar con la estrategia contrainsurgente, pero a principios de los
ochenta toma más un carácter de guerra psicológica diseñada por el
Ejército Mexicano, por lo que en 1982, el presidente José López
Portillo, declara una amnistía a los guerrilleros que continuaban en
prisión, en tanto que la Brigada siguió activa, al menos hasta 1984.
Hechos que también coincidirán, en los años ochenta, tras el triunfo de
la Revolución Sandinista en Nicaragua, con la modificación de las
estrategias contrainsurgentes en todo el mundo, que a partir de entonces
recurrirá con mayor prioridad al paramilitarismo como forma de combate,
aspecto que se expresa hoy en día en el narcoparamilitarismo.
Aspecto que ha tenido su expresión más acabada en Colombia, donde los
grupos económicos y políticos afectados por la guerrilla, han financiado
a grupos mercenarios, también conocidos como
autodefensas,
y que reconociéndolos como organizaciones políticas beligerantes, han
podido recibir beneficios e inmunidad otorgada a través de amnistías.
Expresándose en México también en años recientes, particularmente en el
estado de Michoacán, toda vez que una vez desarticulada la guerrilla
urbana mexicana, resurgió la guerrilla rural con los grupos que pudieron
sobrevivir a la persecución de los años setenta y ochenta, y éstos
utilizan nuevas estrategias en las que el uso de las armas es casi
simbólico y cuenta más la penetración mediática entre la población
[24].
De manera que el Estado mexicano ha continuado con su línea represiva, a
partir de que las torturas, desapariciones y ejecuciones siguen
presentes en los grupos policiacos y militares. Máxime cuando, quienes
exterminaron a la guerrilla de los setentas y ochentas se convirtieron
en comandantes e instructores de nuevos grupos represivos, a pesar de
que la mayor parte de sus miembros sufrieron el mismo final que los
demás grupos clandestinos de represión, señalados y repudiados por la
sociedad.
Hechos que se articularan que el conocimiento
exclusivo adquirido por algunos comandantes y agentes, sobre como operan
la política y los empresarios, es decir, la corrupción, y se valieron
de ésta para enriquecerse o participar en actos criminales.
Más
aun cuando durante la represión hacía la guerrilla, se entretejieron
alianzas con algunos narcotraficantes, hecho reconocido por el General
Mario Arturo Acosta Chaparro, quien declaro que: “Los impuestos de los
narcos crearon fortunas… y otra parte del dinero… fue destinado a la
lucha contra los movimientos subversivos”
[25].
Aspecto que contribuirá para que algunos agentes se dedicaran con especial énfasis al negocio del narcotráfico como
Arturo Moreno Espinoza, quien ofrecía protección a narcotraficantes en Sinaloa donde era jefe de la Policía
Judicial en 1988. Así como
Manuel Cavazos Juárez y Rodolfo Reséndiz Rodríguez, mismos que
participarían en la matanza de doce asaltantes colombianos y un mexicano cuyos, restos fueron
arrojados al Río Tula en 1981.
Y que de ahí dieran de nuevo el salto a la represión contrainsurgente, pero esta vez mediante el narcoparamilitarismo.
Hemerografía.
Falleció de cáncer el general Francisco Quirós Hermosillo - La Jornada
www.jornada.unam.mx › Inicio › Política
Falleció de cáncer el general Francisco Quirós Hermosillo - La Jornada
www.jornada.unam.mx › Inicio › Política
T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
Una ola de saqueos pone en alerta al Estado de México - El País
https://elpais.com › Internacional
El policía - Rafael Rodríguez Castañeda - Primer capítulo ...
https://www.megustaleer.com/libro/el-policia/MX7645/fragmento/
Asesinan al general Mario Arturo Acosta Chaparro - Proceso
www.proceso.com.mx › Nacional
Acosta Chaparro: Las deudas de un boina verde - Animal Político
https://www.animalpolitico.com › Seguridad
Notas[1]
En octubre de 1961, año en que la Revolución Cubana se asume
socialista, oficiales del Ejército Mexicano fueron enviados a tomar el
Primer Curso Interamericano de Guerra Contrarrevolucionaria celebrado en
la ciudad de Buenos Aires, Argentina.
Ahí aprendieron tácticas
y estrategias de guerra no convencional, también conocidas como de
Guerra Sucia, desarrolladas por el ejército francés tras la derrota
sufrida en las guerras de liberación de Indochina y Argelia; mismas que
estaban basadas en nueve puntos: La creación de escuadrones de la
muerte, encargados de asesinar a miembros de la subversión y
sospechosos; la desaparición de detenidos a los que ya se les había
arrancado información a través de la tortura; el Dispositivo de
Protección Urbana, diseñado para controlar los movimientos de la
población; el patrullaje sorpresa, consistente en la detención violenta y
sorpresiva de individuos en zonas de afluencia masiva, con el fin de
atemorizar a la población; conformación de grupos paramilitares para que
la población civil atacara a los grupos subversivos; Acción
Psicológica, con la que se llevaban a cabo actividades tendientes a
desprestigiar a los grupos subversivos; creación de campos de
concentración en los que se obtenía el arrepentimiento de militantes
revolucionarios para infiltrar sus antiguas organizaciones; la
utilización de la tortura como forma de obtener información, misma que
era vista como una “constructiva razón de Estado”; Por último se
encontraba el golpe de Estado o guerra total, con la que se obtenía el
pleno dominio militar sobre la población y con ello se procedía al
desplazamiento de poblaciones para asegurar un máximo control y la
eliminación de cuadros revolucionarios como táctica para eliminar a la
subversión.
Algunos de estos nueve puntos de la guerra
contrarrevolucionaria o contrainsurgente fueron aplicados en el combate
contra los grupos armados mexicanos, en especial el asesinato, la
tortura y la desaparición de militantes detenidos, sin atacar por ningún
motivo las causas que le dieron origen. Extraído de:
T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
Para información más detallada sobre el concepto de Guerra Sucia
también se puede consultar en Rebelión: México arde al calor empresarial
(IX y último).
El vínculo indisoluble entre el proyecto empresarial y la contrainsurgencia.
Ramón César González Ortiz.
04-09-2017
[2] T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
[3] Falleció en un hospital militar, en 2006.
Implicado en presuntas desapariciones forzadas ocurridas en el estado
de Guerrero, además fue sentenciado por las autoridades militares por
ser penalmente responsable de haber dado protección al extinto Amado
Carrillo Fuentes, creador y líder del
cártel de Juárez, de acuerdo con información de inteligencia gubernamental
Falleció de cáncer el general Francisco Quirós Hermosillo - La Jornada
www.jornada.unam.mx › Inicio › Política
[4] Acosta Chaparro: Las deudas de un boina verde - Animal Político
https://www.animalpolitico.com › Seguridad
[5]
Acosta Chaparro sería asesinado en 2012, baleado luego de que descendió
del vehículo en el que se transportaba, una camioneta Explorer azul
marino, placas 275-UBK del Distrito Federal.
Hecho que ocurre,
en momentos en que el general investigaba el secuestro del panista Diego
Fernández de Cevallos y se crea la “comisión de la verdad”, que estaría
encargará de investigar las desapariciones durante la “guerra sucia” en
el estado de Guerrero, de las cuales uno de los principales implicados
era el general Arturo Acosta Chaparro.
La comisión tendría una
vigencia de dos años para su funcionamiento y facultades para acceder a
los archivos judiciales de la época, con el objetivo de “procesar
judicialmente” a los responsables de las violaciones a derechos humanos
durante las décadas de los 70 y 80.
Asesinan al general Mario Arturo Acosta Chaparro - Proceso
www.proceso.com.mx › Nacional
[6]
1947, el presidente Miguel Alemán Valdés crea por decreto creó la
Dirección Federal de Seguridad (DFS), adscrita a la Secretaría de
Gobernación.
El policía - Rafael Rodríguez Castañeda - Primer capítulo ...
https://www.megustaleer.com/libro/el-policia/MX7645/fragmento/
[7]
Estuvo constituido por “120 elementos provenientes de batallones del
ejército de todo el país, elementos de la Dirección Federal de
Seguridad, Policía Judicial Federal, Policía Judicial del Distrito
Federal e Inspección Fiscal Federal”, contaba con un alto número de
oficiales, además de depender directamente del Estado Mayor Presidencial
(EMP), el que a su vez, es el encargado de la seguridad y logística del
presidente de la república. En:
T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
[8] T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
[9] T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
[10] T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
[11]
La utilización de personas de bajos recursos económicos dentro de los
grupos represivos ha sido una constante a lo largo del tiempo. Karl Marx
escribió en
El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte que la
República Burguesa francesa, dirigida por Luis Napoleón, había derrotado
la insurrección proletaria de junio utilizando, entre otros, al lumpen
proletariado organizado en la Guardia Móvil, creada en 1848 y reclutada
con jóvenes de baja extracción social, con la misión principal de
reprimir las revueltas populares. En:
T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
[12] Similar a lo ocurrido durante el actual mandato priista encabezado por Enrique Peña Nieto, los llamados
saqueos
a principios de 2018. Actos registrados desde la zona metropolitana de
Toluca, la capital del Estado, hasta el oriente en los suburbios de
Nezahualcóyotl y Ecatepec. Así como en Michoacán e Hidalgo, y en la
Ciudad de México, en las delegaciones Gustavo A. Madero e Iztapalapa.
En:
Una ola de saqueos pone en alerta al Estado de México - El País
https://elpais.com › Internacional
[13] T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
[14] T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
[15]
Desconcierto, mediante el cual, el gobierno ha obtenido tres
resultados: elimina opositores, con la aparición del cadáver causa
terror en la población, principalmente en los militantes contrarios y,
por el otro, la población al especular acerca de la causa de la muerte,
la autoriza excusando así la responsabilidad gubernamental. En:
T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
[16] T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
[17] La Jornada: Jefe de la Brigada Blanca, persiguió a la Liga Comunista
www.jornada.unam.mx/2012/04/22/politica/004n1pol
[18]
Algunos ex militantes de los grupos armados, así como estudiosos,
consideran que la Brigada Especial fue una coordinación de los
diferentes cuerpos policiacos, lo cual es incorrecto. La confusión parte
de que quienes se encargaban del combate contrainsurgente utilizaban
casi siempre las mismas técnicas en su labor: torturas, ejecuciones y
desapariciones; sin embargo, aunque también las realizó la Brigada
Especial, no fueron un grupo constituido exclusivamente para esa tarea,
ni actuaron con la misma impunidad ni clandestinaje; de hecho, la
brutalidad aplicada por la Brigada Especial provocó temor en los agentes
policiacos de otras corporaciones.
T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
[19]
Más todavía, la importancia en el uso de la policía en el combate a la
guerrilla urbana se debió principalmente a que sus elementos se
encuentran dispersos en la población, cualidad que les facilita una
labor de espionaje; y a diferencia de los militares,
eran mejor vistos ante la ciudadanía ya que sus actividades ocultas podían ser enmascaradas con el combate a la delincuencia común (
aspecto que se desgasto en los ochentas),
aunque como se ha visto antes, esto era difícil de percibir entre la
población debido al comportamiento criminal con que operaban; son más
baratos de mantener que el ejército, además de que éstos últimos
“tienden a exagerar las medidas de mantención del orden, polarizando a
la sociedad y creando resentimiento contra la autoridad”.
T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
[20]
Miguel Nazar Haro, agente y directivo de la DFS especializado en
contrainsurgencia, se quejó de esta situación y recorrió los estados del
país en donde llevó a cabo reuniones para que “sin discolerías, sin
celos profesionales, sin envidias, deberá existir una absoluta
coordinación entre Ejército y las diversas Policías”, para evitar la
dispersión de la información y contener principalmente los asaltos
bancarios, primordial fuente de financiamiento de los grupos
insurgentes.
Abundando en tal sentido, Nazar declaró en el año
2003, durante el proceso judicial que se le siguió por su participación
en los delitos de lesa humanidad cometidos durante los años sesenta y
setenta que, cuando cometían un delito los grupos guerrilleros, al lugar
llegaban diversos cuerpos policiacos y se enfrentaban entre sí creyendo
que eran los delincuentes.
T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
[21] T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
[22] T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
[23] T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
[24] T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
[25] T esis - Cedema.org
www.cedema.org/uploads/Ortiz_Rosas-2014.pdf
Ramón César González Ortiz es Sociólogo y Maestro en Estudios
Políticos y Sociales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de
la UNAM.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.