SURAMERICA, Abril 3 2015. El ABC de la corrupción Dilma
Rousseff, Michelle Bachelet y Cristina Kirchner están envueltas en
escándalos, Un fantasma recorre el sur de América Latina: el fantasma de
la corrupción.
La coordinación con la que se fantaseó cuando en el poder de Argentina,
Brasil y Chile se establecieron presidentas de signos políticos afines
fue sustituida por un eje menos edificante.
Cristina Kirchner, Dilma Rousseff y Michelle Bachelet están envueltas en
escándalos. Como de costumbre, las desviaciones morales se vuelven más
visibles a contraluz del malestar económico. La prosperidad que habían
prometido el kirchnerismo, el PT y el socialismo se ha vuelto muy
dudosa.
Antes de alcanzar el ideal de la república igualitaria, las sociedades
sudamericanas quedaron atrapadas en las miserias de una república
deshonesta.
La de Chile es una pesadilla inesperada. Comenzó en agosto pasado,
cuando se descubrió que Penta, un holding financiero e inmobiliario,
facturó servicios inexistentes para financiar a dirigentes de la Unión
Demócrata Independiente, una fuerza de derecha. Hubo derivaciones
sorprendentes.
Se descubrió que la empresa Sociedad Química y Minera de Chile
(Soquimich) había suministrado fondos irregulares a algunos legisladores
de Nueva Mayoría, la alianza de izquierda que lidera Bachelet. Una
conexión escabrosa: Soquimich pertenece al exyerno del dictador Augusto
Pinochet, Julio Ponce Lerou.
La oleada alcanzó a Bachelet cuando se supo que Natalia Compagnon
recibió un crédito del Banco de Chile de 10 millones de dólares,
destinado a comprar terrenos rurales, que fueron revendidos después de
una recalificación para uso urbano.
Compagnon fue acompañada por su esposo, Sebastián Dávalos Bachelet, hijo
de la presidenta. En la operación ganaron alrededor de dos millones de
dólares.
Dilma Rousseff debe mirar ese nueragate como un juego de niños, al lado
de su propio terremoto: Petrobras. Y se insinúa un nuevo pozo negro en
el Ministerio de Finanzas.
El fin de semana pasado los empresarios en prisión llegaron a 20.
Petrobras no presenta sus estados contables porque desnudaría fraudes
por 10.000 millones de dólares.
Ya hay 42 políticos involucrados, casi todos de la alianza gobernante.
La propia presidenta ha sido despeinada: varias empresas sospechadas
financiaron su campaña; y cuando fue ministra de Lula da Silva presidió
el Consejo de Administración de Petrobras.
Antes de alcanzar el ideal de república igualitaria, las sociedades
sudamericanas quedaron atrapadas en las miserias de una república
deshonesta,
Las andanzas de la argentina Cristina Kirchner no trascienden la esfera
familiar. El contratista de obra pública Lázaro Báez, señalado como
testaferro de la presidenta y de su esposo, el fallecido Néstor
Kirchner, está siendo investigado por lo que sería una gigantesca
operación de lavado de dinero. Báez acostumbraba a alquilar costosas
habitaciones en hoteles de los Kirchner.
Se presume que esos pagos retornaban al matrimonio convertidos en
sobornos. Sólo en seis meses se habrían girado a sociedades off shore
más de 10 millones de euros.
El impacto de estos escándalos es más agresivo por la procedencia
política de Kirchner, Rousseff y Bachelet. Las tres llegaron al gobierno
con las banderas de la izquierda y, por lo tanto, con el compromiso de
modificar el vínculo entre el Estado y el mercado, entre el poder y los
negocios.
En el ABC de la indecencia que han formado Argentina, Brasil y Chile hay
que dar la cara por la desviación de fondos mientras se administran
economías estancadas.
Bachelet es la más mortificada. En Chile la corrupción es inusual. El
país ocupa el puesto 21/175 del ránking de Transparencia Internacional.
Brasil está en el lugar 69 y Argentina en el 107. Además, para la
izquierda haber tocado una moneda ligada a Pinochet es una vergüenza
insoportable.
El PT de Rousseff, en cambio, perdió el candor en 2005, con el mensalão,
que llevó a prisión a varios de sus directivos. Y para el kirchnerismo
el escándalo constituye un hábitat natural: entre 2003 y 2008 los
Kirchner ya habían multiplicado su patrimonio 578 veces.
La diversidad de antecedentes determina la disparidad de expectativas.
Por eso la corrupción tiene una proyección distinta sobre la política en
cada país. La imagen positiva de Bachelet se derrumbó en un año del 60
al 30%. Dilma está en un infierno que sólo experimentó Fernando Collor:
13%.
Los brasileños preparan otra marcha contra ella para el 14 de abril. En
cambio Cristina Kirchner, que también soportó movilizaciones, conquista
el beneplácito del 47% de la población. El resto la condena.
Bachelet es la más mortificada. Para la izquierda haber tocado una moneda ligada a Pinochet es una vergüenza insoportable,
La hipótesis más elemental para desentrañar las divergencias es que los
argentinos toleran la corrupción mucho más que los chilenos y los
brasileños. Según la consultora Isonomía, sólo el 10% cree que el
problema es más grave que la inseguridad o la inflación.
También influyen las estrategias para lidiar con la crisis. Bachelet se
flageló en público. Despidió a su hijo y proyectó un refuerzo en los
controles sobre los funcionarios.
Cristina Kirchner, en cambio, jamás ofrece explicaciones. Prefiere
denunciar un complot de los medios, las empresas y el "partido
judicial", para boicotear su gestión, destinada a los desamparados.
En otras palabras: para la presidenta argentina las denuncias de
corrupción son una coartada de "ellos", los privilegiados, contra
"nosotros", los garantes de la igualdad. Esta descripción supone una
política: el kirchnerismo renunció a representar a los sectores medios,
que son los más indignados con la malversación de sus impuestos.
Dilma es un personaje en transición. Reconoció irregularidades y anunció
reformas. Pero el PT se está kirchnerizando. Convocó a salir de casa
para defender al gobierno. Y ayer su presidente, Rui Falcao, repitió la
tesis argentina: los sectores concentrados y la prensa pretenden
condicionar la voluntad popular. Renace la denuncia de Lula: hay un
ataque de las "élites blancas".
La deriva de Rousseff es enigmática. La polarización hace juego con el
mapa electoral: Brasil está partido por la mitad. El norte, subsidiado,
votó al PT. Y el sur, más acomodado, pidió el cambio.
¿Caerá Dilma en la tentación de Kirchner? ¿Gobernará para uno solo de
esos dos países? Joaquim Levy, el ministro de Hacienda, se debe estar
haciendo la pregunta. Él tiene que seducir con su política económica a
aquéllos a los que están demonizando.
En sus dias el Edificador, Dr. José Luis De Jesús nos enseño que toda
carne esta corrumpida y eso es lo que hay en los gobiernos de la tierra.
Hoy bajo el Orden de MelquisedecLisbet, aquí vemos evidencias de que la
corrupción no respeta ni socialismo ni comunismo, y esta escrito del
hombre sea varón o sea hembra, que no hay quien haga lo bueno, no hay ni
siquiera uno.
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