EL SIGLO XXI: LA ERA DEL FRAUDE
Desde
los últimos años del siglo XX el fraude se ha instalado en la política
exterior de Estados Unidos con unos nuevos ropajes. Utilizando falsos
pretextos, Washington desmanteló Yugoslavia y Serbia con el fin de
seguir los pasos de una agenda no declarada. En el siglo XXI, este
fraude se ha multiplicado varias veces.
Afganistán, Irak,
Somalia y Libia han sido destruidos, e Irán y Siria también habrían
seguido el mismo camino si el Presidente ruso no lo hubiera impedido.
Washington también está detrás de la actual destrucción de Yemen, y
Washington está financiando la destrucción israelí de Palestina. Además,
Washington ha intervenido en Pakistán sin una declaración de guerra,
asesinando a mujeres, niños y ancianos bajo el pretexto de la “lucha
contra el terrorismo”. Los crímenes de guerra de Washington rivalizan
con las atrocidades cometidas por otros países a lo largo de la
historia.
He
documentado estos crímenes en mis artículos y libros, publicados por
Clarity Press. Aquellas personas que todavía crean en la pureza de las
intenciones de Washington en su política exterior, son unas almas
cándidas.
Rusia y China tienen actualmente una alianza
estratégica que resulta demasiado fuerte a los ojos de Washington. Rusia
y China están impidiendo que Washington se inmiscuya en sus intereses
nacionales y ponga en peligro su seguridad. Los países que tienen
importancia para Rusia y China estarán protegidos por esa alianza. A
medida que el mundo se despierta y ve los males que Occidente
representa, más países buscarán la protección de Rusia y China.
Estados
Unidos también está fallando en el frente económico. En mis artículos y
en mi libro “El fracaso del Capitalismo del laissez faire”, escrito en
inglés y traducido al chino, coreano, checo y alemán, he demostrado cómo
Washington ha quedado al margen, con un efecto positivo en la gestión a
corto plazo, mientras que los accionistas y Wall Street han vaciado la
economía estadounidense, desviando los empleos de la Industria, los
avances tecnológicos, así como la competencia profesional, hacia China,
la India y otros países, dejando a Estados Unidos como una economía tan
desmembrada que los ingresos familiares medios están descendiendo en los
últimos años. Hoy en día, el 50% de los jóvenes en torno a los 25 años
de edad viven con sus padres o abuelos, porque no pueden encontrar un
empleo que pueda garantizarles una independencia económica. Este hecho
es ocultado por los medios de comunicación, que hablan de unas historias
imaginarias de recuperación económica de Estados Unidos.

Es
tan diferente lo que se cuenta de la situación real, que una queda
estupefacto. Como ex profesor de Economía, editor de The Wall Street
Journal y Secretario Adjunto del Tesoro para la Política Económica, me
sorprende la corrupción que reina en el sector financiero, en el Tesoro,
las Agencias de regulación financiera, en la Reserva Federal. En otros
tiempos, los procesamientos y las sentencias habrían llevado a prisión a
los banqueros y altos funcionarios del Gobierno.
En Estados
Unidos no hay mercados financieros libres. Todos los mercados están
manipulados por la Reserva Federal y el Tesoro. Los organismos
reguladores, controlados por esos otros organismos, cierran los ojos, e
incluso si no lo hacen, se ven incapaces de hacer cumplir las leyes,
porque los intereses privados son más poderosos que las leyes.

Incluso
los organismos que elaboran las estadísticas para el Gobierno están
corrompidos. Las medidas de inflación se han inventado con el fin de
minimizar la inflación. Esta mentira no sólo ahorra a Washington el pago
de las pensiones de acuerdo con el aumento del coste de la vida, sino
que sustrae dinero que se emplea en más guerras; del mismo modo,
subestimando la inflación, el Gobierno puede fingir un aumento real del
PIB, contando la inflación como un crecimiento real, del mismo modo que
el Gobierno da una tasa de paro del 5% no contando a los trabajadores
que desanimados ya no buscan empleo, una vez que se han dado por
vencidos. La tasa oficial de desempleo es del 5%, pero nadie encuentra
un trabajo. ¿Cómo puede ser el desempleo del 5% cuando la mitad de los
jóvenes en torno a 25 años de edad están viviendo con sus parientes
porque no pueden permitirse una existencia independiente? Como ha dicho
John Williams, de incluir a aquellos estadounidenses que han dejado de
buscar trabajo porque no hay empleo, la tasa sería del 23 %.
La
Reserva Federal, una herramienta de un pequeño número de Bancos, ha
logrado hacer creer que hay una recuperación económica desde junio de
2009, imprimiendo miles de millones de dólares que encuentran su camino
no en la economía, sino en los precios de los activos financieros. Un
mercado de acciones mantenido artificialmente es la prueba de unos
medios financieros prostituidos que crean la ilusión de una economía en
auge.
Un
pequeño número de personas que saben esto, y sólo se trata de un
pequeño número, señalan que no ha habido tal recuperación desde la
recesión anterior, que se mantiene todavía viva. John Williams ha dicho
que la producción industrial estadounidense, cuando se ajusta
debidamente por la inflación, no ha llegado a los niveles de 2008, y
mucho menos al pico del año 2000, y de nuevo ha bajado.
El
consumidor estadounidense está consumido, abrumado por las deudas y con
unos ingresos que no aumentan. La política económica de Estados Unidos
se centra en el ahorro de un puñado de Bancos de Nueva York, no en el
ahorro del conjunto de la economía estadounidense.
Los
economistas y otros cómplices de Wall Street no hablarán de la caída de
la producción industrial de Estados Unidos, que se ha convertido en una
economía de servicios. Los economistas dirán en todo caso que se trata
de unos servicios de alta tecnología acorde con una nueva economía, pero
en realidad se trata de camareros, vendedores a tiempo parcial, y
servicios ambulatorios de salud. Todo ello ha sustituido a la
fabricación y los trabajos de ingeniería, considerablemente más
económico, colapsando la demanda agregada efectiva en Estados Unidos. En
ocasiones los economistas neoliberales quizás reconozcan que hay
problemas, pero los atribuyen a China.

No
está claro que la economía estadounidense pueda ser levantada. Para
reactivar la economía estadounidense haría falta regularizar el sistema
financiero, y una recuperación de los puestos de trabajo y del PIB de
Estados Unidos, que la deslocalización se llevó a otros países. Haría
falta, como ha señalado Michael Hudson en su nuevo libro, Matando al
anfitrión, una revolución en la política fiscal que impida que el sector
financiero se quede con los excedentes económicos y la capitalización
de la deuda mediante el pago de intereses al sector financiero.
El
Gobierno de Estados Unidos, controlado por unos intereses económicos
corruptos, nunca va a permitir que se intervenga con políticas que
incidan sobre todo aquello que pueda perjudicar a los que tienen poder
de decisión en dichas políticas y en los resultados de Wall Street. Hoy
en día, el Capitalismo hace dinero mediante la venta de la economía
estadounidense y de las personas que dependen de ella.
En
este Estados Unidos libre y democrático, el Gobierno y la Economía
sirve a unos intereses muy alejados de los intereses de los
estadounidenses. Esta traición está oculta detrás de un enorme
trampantojo erguido con la propaganda de los economistas el libre
mercado y las mentiras de los medios financieros que se prostituyen para
sobrevivir.
Cuando Estados Unidos falle, también los harán los
Estados vasallo de Washington, Europa, Canadá, Australia y Japón. A
menos que Washington destruya el mundo mediante una guerra nuclear, el
mundo se rehará, y este Occidente corrupto y disoluto quedará en una
mera insignificancia en el nuevo panorama del mundo.
Paul Craig Roberts
(Fuente:
http://www.paulcraigroberts.org/; visto en
Periodismo Alternativo)