Unos
tres mil kilómetros separan la provincia argentina de Chubut del Estado
brasileño Mato Grosso do Sul. En uno y otro lugar, se viven procesos de
persecución y aniquilamiento de Pueblos Originarios, en represalia a
las acciones de recuperación territorial.
En
nombre y defensa de intereses terratenientes, el Pueblo Mapuche en
Argentina y los Pueblos Guaraní y Kaiowá en Brasil, son víctimas
directas de un ensañamiento sangriento cuyo objetivo es despojarlos de
sus territorios ancestrales. Todo ocurre con la complicidad de los
Estados nacionales, que no garantizan el debido cumplimiento de las
leyes y los derechos indígenas. El empresario italiano Luciano
Bennetton, y un conjunto de terratenientes ávidos de expandir a
cualquier costo la frontera de los agronegocios, en uno y otro caso, son
los beneficiarios directos de estas políticas de exterminio.
Cacería de Mapuches
Recientemente,
tres feroces ataques militarizados – en territorio del Pu-Lof-contra la
Comunidad mapuche de Cushamen- , dejaron como saldo un tendal de
indígenas heridos, y detenidos que fueron posteriormente torturados. La
gravedad de los hechos quedó debidamente registrada por medios
alternativos que nuevamente sirvieron de contrapeso ejemplar ante el
silencio cómplice o los relatos desvirtuados de los medios hegemónicos.
María
Isabel Huala, de la comunidad Pu-Lof, relató a La Garganta Poderosa:
“¿Qué pasó? Más de 20 efectivos de la Infantería provincial irrumpieron
en nuestra comunidad, el miércoles a la noche, alegando abiertamente,
así, como les digo, textual, literal, explícito, que vinieron “a cazar”.
Con esa orden llegaron. Y con mi familia se fueron, dejando un tendal
de heridos con perdigones de goma y de plomo, con el efectivo
silenciador de los negociados que sostienen con la familia Benetton, con
Joe Lewis, con las petroleras y con las mineras, que solamente vienen a
destruir nuestro territorio. Pues lo intentaron, lo intentan y lo
volverán a intentar, durante años, durante décadas, durante siglos,
cambiando la estrategia de la hipocresía”.
Huala señaló además que
“una vez más, nos vinieron a cazar. Y sí, parece increíble, increíble
hasta que mirás la foto de mi sobrino Emilio Jones Huala, con el maxilar
destruido por un balazo. Trasladado a Bariloche, donde los médicos
analizan si operarlo para reconstruirle la mandíbula o ponerle una placa
de platino, comparte ahora hospital con mi hijo Fausto, que ingresó a
terapia intensiva con una oreja comprometida por un derrame interno y un
traumatismo de cráneo, como consecuencia de todos los disparos que
recibió el último miércoles pasado. Ahí está hoy, peleándola y esperando
que lo puedan intervenir, cuando el coágulo se disuelva, aunque
posiblemente no pueda recuperar la audición del oído izquierdo. No
soportó tanto diálogo”.
El conflicto de Benetton con el Pueblo
Mapuche es de larga data. Reseña el sitio digital La Izquierda Diario:
“En el año 2007, la comunidad Santa Rosa Leleque decidió recuperar su
territorio ancestral y durante años debió enfrentar continuos y
violentos intentos de desalojo, hasta que en 2014 el Instituto Nacional
de Asuntos Indígenas (INAI) reconoció su derecho sobre el territorio en
el marco de la Ley 26.160 de relevamiento territorial”.
El 13 de
marzo de 2015, un conjunto de familias de la zona protagonizó otra
recuperación en tierras usurpadas por Benetton, sosteniendo que las
mismas son territorio ancestral del Pueblo Mapuche. “Nosotros, Mapuches,
seguimos siendo una inmensa mayoría sin tierra, con la única
alternativa de ser peones, empleadas domésticas y obreros, es decir,
mano de obra barata y explotada por la oligarquía criolla y el
empresariado transnacional”. Y sostenían que “la única manera de frenar
el ‘asesinato planificado’ desde el poder económico y del Estado
(ecocidio y etnocidio), es mediante el control territorial efectivo de
nuestras comunidades movilizadas” explicó entonces un comunicado firmado
por los Pu Lof en Resistencia del Departamento Cushamen y el Movimiento
Mapuche Autónomo del Puel Mapu (MAP)

En
mayo de 2016, el lonko Facundo Jones Huala, fue encarcelado tras ser
capturado en tierras recuperadas por el Lof en resistencia de Vuelta del
Rio, localidad de Cushamen, propiedad del magnate Benetton. El lonko
recuperó su libertad a principios de septiembre de ese año, luego de que
el juzgado federal de la ciudad de Esquel -a cargo del juez Guido
Otranto -dictara la sentencia del proceso de extradición de Facundo
Jones Huala, en la que consta la nulidad de la causa debido a las
irregularidades que se dieron en todo el proceso de investigación.
Osvaldo
Bayer escribió por estos días una columna- también en La Garganta
Poderosa- en la que enuncia que “A contramano de toda lógica humana, el
capitalismo sigue arrasando a las comunidades originarias, mediante un
Estado manejado por gobiernos que responden incondicionalmente a sus
intereses, que nunca son los intereses del pueblo. Y así, van pasando
diversos funcionarios, uno tras otro, asumiendo el poder con retórica
democrática, cuando en realidad sólo vienen a engordar el capital de los
más ricos. Pues en este caso, la bolilla le cayó en todos los colores
de Benetton, que llegó al país para desequilibrar todavía más la balanza
de la igualdad, penetrando en la economía y la política nacional, a tal
punto que las Fuerzas reprimen al servicio de su vergonzosa empresa.
Nuestros hermanos mapuches han sufrido tres violentas represiones en
menos de dos días y nosotros tenemos la obligación de gritar frente a
estos atropellos inadmisibles e inexplicables”.
Genocidio en Mato Grosso do Sul
A
500 kilómetros de la frontera con Argentina, en el Estado Brasileño de
Mato Grosso do Sul, los Pueblos Guaraní y Kaiowá – cerca de 40
comunidades en la zona- denuncian estar siendo víctimas de un genocidio.
Es que entre 2000 y 2016 ocurrieron 425 homicidios contra líderes y
pobladores indígenas Guaraní y Kaiowá en Mato Grosso Do Sul. Estos
crímenes son ejecutados por fuerzas paramilitares y “fanzendeiros”
(terratenientes) que intentan quedarse con los territorios de los
indígenas.
En portugués, Mato Grosso do Sul significa «Selva
Grande del Sur». Se trata de uno de los 26 estados que forman – junto al
distrito federal – la República Federativa del Brasil. Está localizado
al sur de la región Centro-Oeste, limita con Paraguay y Bolivia, y ocupa
una superficie de 357.124 kilómetros cuadrados. Su población ronda los
dos millones y medio de habitantes. Aquí, el Pueblo Guaraní Kaoiwá
alcanza una población de 45 mil personas, que habitan en comunidades
que, juntas, totalizan unas 42 mil hectáreas.
En Brasil, durante
la década de 1910, el Estado brasileño a través del Servicio de
Protección al Indígena (SPI) —hoy Fundación Nacional del Indígena
(FUNAI)— creó las primeras “reservas para indígenas”.

Valdelice
Verón (lideresa Indígena), de una Comunidad Guaraní-Kaiowá, cuenta:
“Nos despojaron de nuestra tierra para llevarnos a esas reservas. Por
eso ahora estamos recuperando nuestros territorios. Pero ellos (los
fanzendeiros) quieren seguir con sus grandes plantaciones de soja, de
caña de azúcar, de ganadería, en nuestros territorios, por eso nos matan
y persiguen. Lo hacen contratando a pistoleros o ellos mismos disparan.
Ya son cientos de indígenas asesinados en los últimos años y el Estado
brasileño es cómplice por no hacer nada para frenar esta masacre. Los
tiros de bala y quema de nuestras casas, escuelas y puestos de salud son
constantes. Tratamos de defendernos como podemos pero ellos tienen las
armas y la mano de obra de matones contratados”
En 2016, la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) expresó su
“preocupación” por la situación en el Estado de Mato Grosso do Sul:
“tiene el número más alto de asesinatos de líderes indígenas del país y
que a pesar de los llamados de atención y las recomendaciones emitidas
por la Relatora Especial de Naciones Unidas para los derechos de los
pueblos indígenas, Victoria Tauli-Corpuz, el Estado brasileño sigue sin
adoptar las medidas urgentes y necesarias para prevenir y sancionar la
violencia en contra de las comunidades indígenas Guarani-Kaiowá. La
mayor parte de la selva originaria de Mato Grosso do Sul fue aniquilada
para la instauración de agro negocios que se expandieron notoriamente en
las últimas dos décadas”.
Ya en 2011, los Guaraní-Kaoiwá enviaron una carta abierta a la entonces presidente Dilma Rousseff:
“Qué
bueno que usted haya asumido la presidencia del Brasil. Es la primera
madre que asume esa responsabilidad. Pero, queremos recordar que para
nosotros la primera madre es la madre tierra, de la cual somos parte y
que nos sustenta desde hace millares de años. Presidenta Dilma: nos
robaron a nuestra madre. La maltrataron, hicieron sangrar sus venas,
dañaron su piel, quebraron sus huesos. Ríos, peces, árboles, animales y
aves… todo fue sacrificado en nombre de lo que llaman progreso. Para
nosotros es destrucción, es matanza, es crueldad. Sin nuestra madre
tierra sagrada, nosotros también estamos muriendo poco a poco. Por eso
estamos haciendo este llamado al comienzo de su gobierno. Devuelvan
nuestras condiciones de vida que son nuestros “Tekoha”, nuestras tierras
tradicionales. No estamos pidiendo nada de más, solamente nuestros
derechos que están en las leyes de Brasil y a nivel internacional…”.
Nunca obtuvieron respuesta
Hoy
con Temer en la Presidencia, la violencia recrudece. El Consejo
Indigenista Misionario (CIMI), advirtió recientemente que “Sin su
territorio ancestral, hay hambre en las comunidades Guaraní Kaiowá. En
campamentos improvisados, al costado de las rutas, entre las
plantaciones de caña y soja, desde noviembre los indígenas no reciben
las partidas alimenticias por parte del gobierno”.
“Hoy los niños
están con hambre, lloran, casi comiendo tierra. Precisamos salir a
luchar, a reclamar, necesitamos apoyo” explicó Gilmar, morador de
Fazenda Madama.
Hasta diciembre de 2014, cerca de 14 mil partidas
alimenticias eran llevadas a las comunidades de Mato Grosso do Sul, a
través de un convenio con el gobierno federal. En 2015 la cantidad de
partidas disminuyó a dos mil. “Con la no renovación del acuerdo, ya no
llegan partidas. Hoy las familias están desatendidas y acorraladas por
los agronegocios” señala Silvio Raimundo da Silva, agente indigenista da
Funai de Dourados.
* Sergio Alvez. Director de Revista Superficie y colaborador de Agencia Pelota de Trapo
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http://www.anred.org/spip.php?article13552