viernes, 9 de junio de 2017

La historia secreta de los Botín (y 3)

La historia secreta de los Botín (y 3)


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Los Botìn han reinado en el Banco Santander como monarcas absolutos, la pleitesía al presidente esta acuñada a perpetuidad. A quien intente hacerles sombra lo fulminan. En el anterior post (2) he dejado constancia de algunos episodios que atestiguaban la forma de actuar del patriarca de la saga, en éste, tercero y último  transcurre en el relevo generacional de padre a hijo que para sorpresa de todos elevó el listón más allá donde lo dejo su antecesor. Para empezar Emilio Botín hijo se demostró a si mismo que había nacido para la banca, tan sólo tuvo suficiente con el desenlace de un episodio, con tintes de tragedia, que demostró a las claras la particular forma de hacer negocios de los Botín. A buen seguro la transmisión genética ha pasado de generación a generación. De tal palo tal astilla. El episodio tiene por protagonista a la familia Serrano Goyría. La historia arranca en 1946, cuando Felipe Serrano, un palentino dedicado a la venta de efectos navales, se estableció en Santander. Sus negocios fueron lo suficientemente prósperos como para acumular unos buenos ahorros que, en principio, decidió invertir en acciones de Telefónica. Se dirigió para ello a las oficinas del Banco Santander, en donde fue atendido por el mismísimo don Emilio, cuyas dotes persuasorias le hicieron cambiar de idea: Felipe Serrano invirtió su dinero, 150.000 pesetas de la época, en acciones del Santander. El banco entonces tenia un capital social de 50 millones de pesetas. Desde aquella primera inversión, Felipe Serrano hizo muchas más cosas en el mundo de los negocios, con cuyos beneficios obsequiaba generosamente a sus tres hijos, José Miguel, Luis Felipe y Juan Pablo. El primero tomo el timón de la familia, tras los pasos de su padre, y en 1986 compra el 62% de la empresa Inmuebles y Transportes (Intra), dedicada al transporte de viajeros en el País Vasco. Un año después, la familia transforma la sociedad -que contaba con un capital de 52 millones de pesetas- en Intra Corporación Financiera y traslada el domicilio social de Bilbao a Santander.
imagesCAIJWJBDTres años después, Intra poseía un capital de 14.000 millones (pesetas); sucesivas ampliaciones y la emisión de bonos habían llevado a la sociedad a cotizar en la Bolsa de Madrid. Canalizan las inversiones sin apartarse de la tradición familiar de invertir en inmuebles, y en la adquisición de acciones del Banco Santander, del que compran 400.000 títulos, siempre con el visto bueno de los Botín. En 1988, cuando los Serrano Goyría alcanzan el millón de acciones, los Botín invitan a José Miguel a sentarse en el consejo de administración. La familia es considerada como accionista ejemplar: ha concurrido a todas las ampliaciones y nunca ha vendido una sola acción. Todos los parabienes para José Miguel Serrano Goyría no eran más que el abrazo del oso al segundo accionista del banco; en realidad los Botín empezaban a desconfiar, sin duda porque ni siquiera se fían de si mismos. Entre tanto, Intra proseguía su paseo triunfal: en su junta general de accionistas anuncia dos nuevas ampliaciones de capital. Además, José Miguel Serrano Goyría, en una triunfal junta general de accionistas de Intra, comete un pecado mortal: entre vítores y aplausos, desvela que su familia controla el 2% del capital del Banco Santander; acaban de comprar 300.000 acciones más, y ya son 10.000 millones los que tienen invertidos en el banco. Para los Botín dicha revelación era todo lo abominable que cualquiera podía imaginar. Los Serrano Goyría habían traspasado con inconcebible desvergüenza la línea imaginaria de su coto bunquerizado: el control en exclusiva y sin fisuras del propio banco. Emilio Botín hijo, Emilito, que había aprendido de su antecesor la manera de eliminar del mapa a quien se pusiera por delante, escenificó apropiadamente los acontecimientos.
La revista Actualidad Económica se hizo eco de la revelación de José Miguel Serrano Goyría y tituló en portada “El salto a la fama”. Revista en mano, Emilio Botín, en reunión pedida por él, recibió a Serrano Goyría a quien le pregunta “¿el salto a qué?”. Emilio Botín no podía entender que, después de haberle nombrado consejero, hubiera persistido en comprar mas acciones del banco: “Si quieres comprar más acciones, tienes que pedirnos permiso”, le espetó. Y para demostrar que aquello no era solo una reprimenda, le anuncio, desde aquel mismo instante, todos los créditos del banco concedidos a las sociedades de Intra quedan cancelados; asimismo, le conminó a adquirir de inmediato todas las participaciones que el Santander tenia en su grupo; y lo más letal, el Banco Santander dejaba de figurar como referente en cualquier información relacionada con Intra. La maquinaria del Santander se puso en marcha. Los servicios de comunicación del banco se pusieron a trabajar: el Santander retiraba los créditos a Intra, y fomentaba el rumor de que “Intra podía ser la nueva Rumasa”, una información que destilaba veneno dirigida al Banco de España y a la Comisión Nacional del Mercado de Valores. El Banco Santander fue machacando implacablemente a Intra hasta febrero de 1991, fecha en que se vio obligada a presentar suspensión de pagos. A los Serrano Goyría no les quedo más remedio que poner sobre la mesa su paquete del 2% del capital del Santander para hacer frente a sus acreedores. Los 10.000 millones de pesetas en acciones estarían desde este momento en manos de atomizados accionistas acreedores de Intra. Solo quedaba por cumplimentar el epílogo ineluctable: Emilio Botín solicitó la inmediata dimisión como consejero de José Miguel Serrano Goyría, al que tampoco advirtieron de que se sacara las manos de los bolsillos; más bien le empujaron para que rodase por las escaleras y se rompiese la crisma. Emilio Botín junior demostró que llevaba la lección bien aprendida y había superado con nota su primer gran examen.
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A la izquierda, Alfredo Saenz I el sobornado junto a Emilio Botín II,el sobornador
Esta singular Historia Secreta de los Botín se sostiene por su condición de “secreta” si no fuera así sería una historieta explicada y reinterpretada como muchas otras dedicadas a tan poderosa familia. Lo dicho, lo explicado aquí no consta en la literatura comercial y así y todo, es cierto pero poco o nada se ha difundido. En este blog hay cumplida referencia a la vida y milagros de los Botín, en la barra del blog: El banco paralelo del Santander extraído del libro El botín de Botín donde se pone de manifiesto, en un capítulo, lo que el banco da de sí. También con estos mismos títulos encontraras información en los archivos del blog. Nunca nadie ha contado nada sobre este despelote financiero que es más que cierto aunque parezca increíble. En diferentes archivos hay referencias sobre el Banco Santander y la familia Botín pero quisiera referirme a un episodio de la historia financiera de este país que ha pasado oculto a la verdad. Han sido tantas las páginas escritas en una domesticada prensa y las horas y horas dedicadas en programas de radio y televisión en difundir, sin fisuras, un acontecimiento del que los contertulios, y mensajeros sólo tienen una versión que acaba instaurándose como la verdad única. Cierto es, que toda esta tropa tenían por delante a Mario Conde, de esto se trata lo que viene a continuación: el agujero de Banesto, este personaje no supo o no pudo cortar de raíz la ofensiva contra él y el banco. Cuando trató de reaccionar era demasiado tarde, ya le habían colocado la etiqueta de “ladrón” y las puertas se cerraron y el mundo se le vino encima. La policía cuando trata de resolver un asesinato intenta deducir a quien beneficia esa muerte. Quien resulta más beneficiado acostumbra a ser el autor. Con el descalabro de Banesto pasó lo mismo, perjudicados hubieron muchos empezando por los accionistas pero beneficiario sólo uno: Emilio Botín, que se adjudicó Banesto por subasta en una plica sin firma, el Santander y todos aquellos que el banquero necesitó para llevar a termino su plan como fue el solicito funcionario Alfredo Saenz nombrado por el Banco de España, para llevar a buen puerto la nave Banesto y al que Botín soborno para que recalara en el puerto de Santander. Este asunto bien se le puede tratar de secreto ya que tan sólo ha circulado por la catacumbas del sistema, y eso si ha circulado. El asunto es demasiado extenso como para explicarlo con detalle, no obstante para aquellos que puedan estar interesados encontrarán en la barra del blog: Investiga que algo queda donde se puede encontrar El Banco de España fabricó el “agujero” de Banesto. Los 285.000 millones expoliados de fondos públicos al bolsillo de Botín. imagesCA66FUGS
Empecemos por lo principal, Banesto es intervenido por el Banco de España a resulta de unos informes del servicio de inspección en que se afirma que el banco tiene una “agujero” de 605.000 millones de pesetas. De inmediato se destituye a los administradores de su poltrona en el consejo de administración y el Banco de España coloca a los suyos que se reafirman en el insoldable “agujero” y se inicia el procedimiento previsto para estos casos de insolvencia. Se dio la fatal circunstancia, para los malandrines del asalto y toda la cohorte de cuentacuentos, que situaban la dimensión del tremendo “agujero” en España y paralelamente afirmaban en un tribunal de los Estados Unidos que nunca existió ningún “agujero” en Banesto, es decir, juraban lo contrario de lo que enfatizaban aquí. Un artículo publicado en el Wall Street Journal hacia mención a la demanda presentada por el potentísimo grupo inversor Carlisle Ventures Inc. visto en juicio en la Corte de Manthatan. Los norteamericanos habían concurrido a la ampliación de capital del Banco Español de Crédito atraídos por las bondades relatadas en su Memoria sobre la buena marcha y solvencia de la entidad tan solo nueve meses antes de su descalabro. Implícitamente el Banco de España daba el visto bueno a todos los inversores, especialmente a los internacionales, de lo que aquella Memoria relataba. Su sorpresa fue morrocotuda cuando supieron la intervención del banco por un “agujero” descomunal que le habían producido miles de clientes morosos. Los americanos no se creyeron ni una sola palabra, es más, no estaban dispuestos a dejarse engañar. Tiburones de esa magnitud siempre llegan a las últimas consecuencias, no iban a permitir que su inversión en acciones de un banco español se fuera por el desagüe del water de la noche a la mañana. Iban a recuperar su inversión en su territorio: New York, lejos de los juzgados españoles.
BANESTO%20LOGO[1]El artículo hacía énfasis en la declaración ante los tribunales norteamericanos del Banco de España y los administradores de Banesto que aseguraban que las irregularidades detectadas –las mismas que propiciaron la intervención- eran irrelevantes. El contenido del artículo era demoledor los norteamericanos no se habían dejado chulear con el argumento infantil del “agujero”. En España, ni la más mínima referencia al juicio de New York ni a nada que se le parezca. Silencio total. En Estados Unidos se desmentía lo que en España se afirmaba: la existencia del monumental “agujero”. Otro recorte del Wall Street Journal, de fecha posterior, tan solo era un breve que noticiaba el acuerdo, antes de que se pronunciara la sentencia, entre Carlisle Ventures Inc. y el banco español. El resto de accionistas no tuvieron tanta suerte y perdieron buena parte de sus ahorros. Una pregunta en juicio, formulada por los abogados del grupo inversor Carlisle Ventures Inc. desmontó la declaración del representante del Banco Santander, se preguntaba si era cierto lo que el propio banco afirmaba en un documento interno del que se leyó una frase: “Al año siguiente de la intervención por el Banco de España se recuperaron 596.696 millones de los 605.000 estimados como “agujero”.La respuesta fue sí, pero tan bajito que el juez reclamo que se pronunciara en voz más alta.    
A pesar de tan rotunda demostración de que todo fue una engañifa, de la que Mario Conde, como se ha dicho, no supo o no pudo defenderse. Los malandrines que diseñaron el fabuloso engaño, de asaltar el banco por la puerta de atrás, se embuchacaron la pasta en una orgÍa de asalto a los fondos públicos, nada menos que 285.000 millones de pesetas de la época. Cabe preguntarse donde están las  instituciones del Estado o ese señor gordo con gafas oscuras y sombrero de copa que sale en los chistes ¿Dónde está el Fiscal General del Estado? ¿Y el abogado del Estado? Y toda esta plaga de instituciones que ponen la ley por delante de todo ¿Es posible acusar  al mismísimo Banco de España fabricar el “agujero” del Banco Español de Crédito? ¿Puede el Gobierno soltar una millonada sin ninguna comprobación? ¿Si recuperaron el dinero del “agujero” como es que no lo devolvieron a las arcas públicas? Devolver el dinero público es tanto como reconocer que todo fue un montaje, es más pragmático dejarlo en el bolsillo de Botín y su cohorte y así evitar un sacrilegio en el ámbito financiero, un golpe bajo al Gobierno y las instituciones del Estado, y un bochorno para la Justicia que entre todos habían dado por bueno el mayor atraco al dinero de los contribuyentes. De aquellos polvos vienen estos lodos: Banesto tan sólo fue un simulacro de lo que ha venido después, donde los bancos se creen legitimados a echar mano a la caja pública en un toma el dinero y corre.
Para rematar este tema de Banesto añadiré dos píldoras que ponen de manifiesto el montaje que esta tropa tuvo que bregar para consumar el expolio. Los asaltantes, Emilio Botín incluido, se vieron en la necesidad de echar mano de la sociedad mercantil SCI Gestión S.A. que figuraba entre las participadas por el banco. La legislación española obliga a que una empresa de reciente creación consolide (que no se puede separar del balance) con su grupo, esto, precisamente, no interesaba a los artífices del engaño que querían ir por libre. Para encontrar una solución tuvieron que rebuscar entre las empresas participadas por el banco que si se les permitía no consolidar. El milagro de que la travestida SCI Gestión S.A. pudiera tener sus cuentas fuera de la contabilidad del banco era pan comido. SCI Gestión tenía tres empleados: un piloto, un mecánico de vuelo y un asistente de cabina, y un solo avión que era utilizado por el presidente y algunos directivos del banco. Entre un despeje y aterrizaje el Banco de España le había dado autorización para que, a espaldas de la contabilidad del banco, recobrase a miles de recalcitrantes morosos que se habían ido sin pagar. Así con esta autorización se extraían del balance del banco las supuestas recuperaciones de créditos morosos. Champán para todos.
usura 001La otra perla es un sutil detalle. Cuando se hablaba del “agujero” se decía que había sido provocado por miles de créditos “dañados”. Me llamó la atención esta calificación, era la primera vez que la oía, sintonizaba con “estropeados, rotos, perjudicados” cosas por el estilo. La hemeroteca estaba llena de esta expresión. Oficialmente no existía esta calificación; los créditos de un banco o están vivos o están morosos. No hay más. La inspección del Banco de España atribuía a la mala calidad de los créditos otorgados por el Banco Español de Crédito la razón objetiva de su insolvencia, por lo que a esos créditos se les calificó con la original nomenclatura de “dañados”. Hasta entonces, este término, el de créditos “dañados”, no se había aplicado formalmente en la terminología bancaria. Los créditos, o están vivos cuando cumplen con los requisitos y el ciclo contractualmente previsto y su evolución es normal, o son dudosos o morosos cuando ha transcurrido determinado tiempo tasado en cada caso desde su vencimiento y no han sido cobrados. Daba la impresión que los inspectores del Banco de España se habían sacado de la manga un nuevo concepto para sostener la deliberada ambigüedad de su apreciación sobre la solvencia efectiva del banco intervenido. Los funcionarios, en este caso los inspectores, pueden llegar nadando hasta muy lejos pero no pierden ojo a la ropa que han dejado en la orilla. Por jugosa que sea la dádiva, la recompensa o la promesa está prioritariamente en salir bien parado, ellos nunca se pronunciaron que los créditos del Banco Español de Crédito estuvieran calificados como morosos.
Se daba una circunstancia relevante respecto al término “dañado”. Se podría pensar que los asaltantes del banco y a las arcas del Estado nunca podrían haber conseguido sus objetivos dada la complejidad de sortear los obstáculos presentes en el camino. No obstante, fue un paseo triunfal, no era más que la constatación de que el poder había basculado, ostensiblemente, lejos del interés ciudadano. Por muy “dañados” que hubieran calificado a los créditos los inspectores del Banco de España tenían en su propia casa la Central de Información de Riesgos (CIR) que dispone de información histórica de cada unos de los riesgos que asumen las entidades financieras. Todos los créditos están registrados así como sus garantías y su evolución. Este registro informático es prácticamente un baluarte inexpugnable cuando se trata de alterar la situación de miles de créditos. Pero así y todo, nunca se realizó comprobación alguna por el Fondo de Garantía de los Depósitos Bancarios que en nombre del Gobierno, del Estado y de un carrusel de instituciones pagaron sin rechistar, hasta el último euro, la suma de un interminable listado de recalcitrantes morosos. Será por champagne, brindemos por ello.

La historia secreta de los Botín (2)


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La historia secreta de los Botín (2)

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BICI 001
DEVORA2 001Emilio Botín Sanz de Sautuola tenía el convencimiento profundo de que los Botín habían nacido para la banca, sobre todo él, dotado de un olfato lobuno para los buenos negocios y una pasión incontenible por las finanzas, especialmente por las ajenas. Veamos como se montaron en el negocio bancario alejados del rollo patatero de múltiples cuentacuentos a tanto la línea. La creación del Santander como entidad bancaria comienza en 1857, pero sin ningún apellido Botín entre sus fundadores. El banco nació con la con la idea de dar cobertura a las necesidades comerciales que en aquella época tenia la Montana; el trigo de Castilla había que embarcarlo en Santander rumbo a las Américas, a cambio de productos exóticos y ultramarinos. Esta fue la razón que llevó a los comerciantes de la región a unirse para fundar el pequeño banco que ha dado origen al gigante de hoy. El 20 de agosto de 1857 la entidad abrió por vez primera sus puertas al público en un local que pertenecía al Marques de Pombo, y que, posteriormente, acogería al Club de Regatas de la capital cantabra. Habrían de pasar muchos años, y algún que otro incendio, para que en 1890 el banco se establezca en el número 2 del Muelle, el actual paseo de Pereda, con un capital social de cinco millones de reales de vellón y trece empleados en plantilla. Apostillemos tan sólo un par de datos: el gigante bancario cuenta ahora con 10.852 oficinas, la mayor red minorista del mundo y con 190.604 empleados en el grupo repartidos por medio mundo, España 33.345, Europa 64.101, Reino Unido 25.574, Latinoamérica 89.860, Estados Unidos 8.781 y en actividades corporativas 2.288
Los comienzos del banco no fueron muy boyantes, como reflejan las crónicas de aquellos años. Muy pronto perdió el privilegio de emitir papel moneda, reservado con carácter exclusivo al Banco de España. Don Emilio Botín López, el iniciador de la saga Botín, un hombre con pocas dotes para las finanzas y que a buen seguro no sabia distinguir una letra de cambio de un pagaré, no fue presidente hasta 1909, debido al carácter rotatorio del cargo, por lo que su trayectoria bancaria resultó tan fugaz como anodina. De ahí que la teoría del pedigrí obedezca al denodado esfuerzo hagiográfico de cronistas interesados. El primer apellido ilustre de la familia lo aporta el bisabuelo del actual presidente del Santander, Marcelino Sanz de Sautuola, pero su gloria no se debe tanto a sus habilidades financieras sino al casual hecho de haber sido descubridor, con su hija María de las cuevas de Altamira, en 1879. Los Sanz de Sautuola heredaron la fastuosa finca de Puente San Miguel, en donde, al casarse doña María con Emilio Botín López, el matrimonio fijó su residencia. En esta casa, el profesor Cartailhac, de la Universidad de Toulouse, hubo de acudir a disculparse en 1905, por haber cuestionado la autenticidad de las pinturas rupestres, ante la abuela del actual Emilio Botín, una dama con fama de espíritu caritativo que, según se cuenta, recibía diariamente en la finca a numerosos lugareños para darles de comer. Quienes la conocieron alaban sin disimulo sus dotes de administración, y su capacidad ahorradora, hasta el punto de que cuando el hijo del carnicero le llevaba la carne, la pesaba ella misma para comprobar que la ración se ajustaba escrupulosamente a lo solicitado, y si faltaban unos gramos devolvía el pedido.
MADRE 001La finca de Puente San Miguel ha sido lugar de celebración de bodas y bautizos de toda la Familia, oficiadas bajo las especies arbóreas exóticas y preciadas, cuyo inventariado incluye desde una meta secuoya (única en España que doña Ana García de los Ríos -la madre de Emilio y Jaime Botín- se trajo de Londres en una sombrerera, hasta cedros dorados, arces airosos, araucarias frondosas y tejos de Hokkaido. El verdadero impulsor de aquel hermoso rincón fue Emilio Botín padre, don Emilio, sin duda mucho más preocupado por sus plantas que por los problemas industriales de la región, la endémica asignatura pendiente de los Botín. Allí, en aquel paradisiaco rincón, solía recibir también a sus colegas bancarios, a los que sometía a su particular tercer grado en sesiones reposadas, en las que casi siempre conseguía sus expansivos propósitos. De aquellas conversaciones surgieron anécdotas sin desperdicio. En una ocasión se hallaba en el jardín hablando con Ignacio Villalonga, dueño y presidente del Banco Central, cuando Pablo Tarrero, vicepresidente ejecutivo del Santander, interrumpió la velada para decirles que otro grupo de banqueros que habían sido citados ya estaban esperando en la casa. Tarrero se acercó a los otros dos y les dijo: “Bueno, qué, ¿estáis subiendo la bolsa?”, a lo que a Villalonga replicó: “No, Pablo, hoy nos toca bajarla”. Esas eran las maneras que gastaban los banqueros en la época franquista para enriquecerse de la forma más indecorosa, sin que nadie del régimen se atreviera a ponerles en su sitio aunque, claro esta que, de aquellos polvos vienen estos lodos.
Sangre de banquero en las venas
images[1]Quizás el secreto del éxito de los Botín estaba justamente en los orígenes ancestrales de la familia. El secreto de los Botín, guardado bajo siete llaves, reside en sus ancestros judíos, vinculados a los chuetas mallorquines convertidos al cristianismo, y que desde la isla fueron emigrando a distintas partes de la península. Es verdad que sus rasgos fisonómicos, tez oscura y rasgos orientales, en nada coinciden con la tipología habitual de las gentes de Cantabria. No hay raíces del apellido Botín en tierras cantabras. Los tratados de genealogía están en blanco cuando alguien quiere saber algo sobre el apellido Botín. Así, en los más prestigiosos tratados de heráldica y genealogía, no aparece una sola línea acerca del apellido, a pesar de los esfuerzos de don Emilio, y sus ínfulas aristocráticas, por alargar su linaje mediante una ristra interminable de ancestros. Su pasión innata por la banca hace de don Emilio el primer banquero español que vislumbró el potencial del negocio al otro lado del Atlántico. Empezó por Puerto Rico, después fue Argentina, mas tarde Venezuela. Al principio sólo se trataba de simples oficinas de representación, aunque no tardó en abrir sucursales propias. Después vino la compra de otros bancos y la red se extendió por todo el continente americano, en el que cuentan y no acaban de las mil marrullerías cometidas por los responsables de la entidad cántabra en aquel continente. A la par, la expansión del Santander en España, a pesar del statu quo bancario pregonado por el patriarca de los Botín, encontró las condiciones idóneas en la década de los sesenta, a lo que no fue ajeno el boom de la construcción.
Así, hasta levantar un imperio que, según se jactaba el propio don Emilio, se había acumulado “peseta a peseta”. Su obsesión por la acumulación de activos llegó a convertirse en leyenda. Esas pesetas que ganaba el banco (el banco y la familia), otros las perdían, y don Emilio, cuando tenía que defenderse de acciones discutibles, no dudaba en decir que todo lo hacia “en defensa de sus accionistas”. Este escudo protector le servia para desenvainar la espada, siempre esgrimida con determinación, bajo el lema “atacar antes de ser atacado”, una sabia dicotomía entre la defensa y el ataque como el producto más acabado de otra variante en la que llego a ser un virtuoso: “Devora antes de que te devoren”, implacable doctrina que corresponde a la herencia genética de la familia. La verdad es que se lanzaba al ataque con decisión pero no sin cautelas previas, conociendo de antemano el potencial del adversario y, si sé me apura, hasta el desenlace de la contienda. Juan Abelló, íntimo amigo de los Botín, los describe diciendo que, en trance de buscar solución a cualquier controversia susceptible de tres posibilidades para acabar con el conflicto, ellos siempre eligen la que más daño puede hacer a su contrincante. Con esta óptica de los negocios, don Emilio Botín tuvo que enfrentarse a innumerables batallas. Sus adversarios, más bien sus enemigos -y este carácter concurría para él en cualquiera que intentara hacer sombra a su reinado- eran borrados del mapa de un plumazo. Su concepto del capitalismo erigido en dogma moral y fundamento de una verdadera cruzada financiera, se basaba en la máxima eficacia en los resultados y la obediencia ciega prestada por sus colaboradores, desde el consejo de administración al último botones.
Peligro de caída
MILAGRO 001Sobran ejemplos de este código de conducta fundamentalista. Jesús Fiochi, empresario cántabro, hizo fortuna con el negocio de la construcción. La época dorada de la promoción inmobiliaria fue la panacea para Fiochi, y el dinero corría raudo hacia sus cuentas bancarias. El empresario, además, mantenía una excelente relación con don Emilio, era de los pocos privilegiados de este mundo al que se le permitía el tuteo con el prócer del Santander. La fortuna acumulada por Fiochi le hizo pensar en convertirse en banquero, por lo que propuso al cántabro la creación de un banco en Burgos, idea que no cayó en saco roto, por lo que Botín decidió apoyarle. Las cosas no discurrieron como estaban previstas: el banco burgalés empezó a tambalearse, y a las primeras de cambio don Emilio abandonó a su amigo y levanto el vuelo. Hasta entonces todo habían sido parabienes y la financiación del Santander cubría lo necesario. Pero cuando las cosas se torcieron, el novato en las lides bancarias tuvo que apechugar, él solito, con el descalabro. Fiochi acabó arruinado cuando el Santander le fue ejecutando, una a una todas sus propiedades. Botín no se reparó en gastos, ni siquiera ante la vivienda de la familia Fiochi; la humillación fue tal que acabó con la vida de Fiochi seis meses después del embargo. Don Emilio tenía por costumbre, quizá una caritativa obsesión, consistente en recordarle a cualquiera que estuviese a su lado que bajara las escaleras sin llevar las manos en los bolsillos, porque, según él, en caso de caída podía defenderse mejor si llevaba las manos sueltas. Se ve que en el caso de su amigo Fiochi, se le olvidó recomendar tan prudente cautela, porque el infortunado cayó rodando por las escaleras sin poner las manos a tiempo.
Pero la lista de los accidentados es mucho más amplia. Otro de los amigos más dilectos de don Emilio era Antonio Escalante Huidobro terrateniente extremeño, que a raíz de algunos avatares adversos en sus negocios agrícolas y ganaderos, suscribió determinados créditos con el Banco Santander. En cierta ocasión don Emilio le propuso que se presentara a las primeras elecciones generales, con el fin de añadir un político más a su cuadra. A Escalante no le seducía la idea, habida cuenta de la marcha irregular de sus actividades, pero el patriarca le convenció “de eso no te preocupes, Antonio, lo importante es que no salgan elegidos los rojos”, le espetó. Con dicha doctrina, a Escalante le pareció que el tiempo que iba a hurtar a sus asuntos estaría sobradamente compensado con las ayudas que sin duda iba a recibir del banquero. El terrateniente no tuvo suerte en su empeño contra las “hordas izquierdistas”. Se presentó, claro esta, por las listas de Alianza Popular en las legislativas de 1979, y quinientos votos escasos le separaron del ansiado escaño. Don Emilio, tras la derrota sufrida por su mandado amigo, sencillamente lo borro del mapa, y el Santander ejecutó de inmediato todos los créditos dejándolo en la miseria. Vamos a dejar aquí las vicisitudes del círculo de amistades del prócer de los Botín y las conectaremos con las de su sucesor para poder asegurar que de tal palo tal astilla. Esto será en la próxima entrega.
La política, o el arte de apostar a caballo ganador y colocado
alianza-popular-1982%20generales[1]Hay que reconocer el ojo clínico del patriarca de los Botín, no tan sólo fue el primero en vislumbrar el negocio bancario al otra lado del Atlántico sino otro más próximo y lucrativo: el pupilaje de sus políticos, una casa de huéspedes con hospitalidad asegurada mientras rinda, con la salvedad que si el pupilo no aporta negocio se le deja caer. En política, la familia Botín siempre ha mantenido un pragmatismo maquiavélico, defendido de puertas para a fuera que “hay que estar de parte del gobierno de turno”, por lo que don Emilio no dudó en respaldar la intervención de Rumasa dispuesta por Felipe González en 1983; claro que sus barbas, en aquel momento, estaban en remojo.  Pero lo cierto es las inclinaciones derechistas de la familia han sido evidentes, a pesar de algunos guiños estratégicos y transitorios que no han tenido mas remedio que hacer a los socialistas. Hasta el punto de que don Emilio Botín se rodeo de patricios del régimen franquista, como Manuel Fraga Iribarne y Juan Hormaechea, que en los inicios de la democracia llegaron a pasar por su nómina. Se cuenta que; cuando el Rey optó por nombrar presidente del Gobierno a Adolfo Suárez, en 1976, provocó, como se sabe, un profundo disgusto en Manuel Fraga, aspirante también al sillón. Don Emilio recibió una llamada personal del monarca porque tenia interés en que siguiera ocupando el cargo de ministro de la Gobernación con categoría de vice-presidente del nuevo Gobierno, añadiendo algo que parece increíble: parece que el monarca había llamado personalmente a Fraga a su casa y su mujer le dijo que permanecía encerrado en habitación y no se le podía molestar por nada ni por nadie, incluido el Rey. Botín no dudó en decir a Carmen, la mujer del irascible político, que “estaba dispuesto a ponerse de rodillas delante de su marido para que aceptase el encargo de la Zarzuela”. Así lo hizo tres veces consecutivas; el banquero intento infructuosamente que el gallego, ciego de rabia, se pusiese al Felipe+González+1[1]teléfono para tratar de una cuestión delicada que implicaba al mismísimo monarca. Botín, no quería perder la oportunidad que un patrocinado suyo, por decirlo suavemente, renunciara por un cabreo a un puesto en el Gobierno. No obstante lo cual, a pesar del feo gesto del entonces líder de la derecha española, los Botín tiraron la casa por la ventana (a costa del banco, naturalmente), cuando las primeras elecciones democráticas, apostando fuerte por Alianza Popular, aunque el empeño por aupar la derecha al poder resultó tan baldío como aquellas insistentes llamadas para que Fraga formara parte del Gobierno Suárez. Desde entonces, ese pupilaje de políticos ha pasado de la modesta casa de huéspedes al hotel de cinco estrellas dado el rendimiento obtenido, por unos y otros –patrón y huéspedes-) bajo el pragmatismo maquiavélico impulsado por don Emilio, de que “hay que estar de parte del gobierno de turno”, se puede traducir que hay que apostar a caballo ganador y colocado y así nunca se pierde: gobierno y oposición pertenecen a la misma cuadra.      
EI diario de la discordia
INFOR 001El ojo clínico de Botín padre una vez que empezó a fichar “caballos para su cuadra” emprendió, primero, la compra de periodistas para después pasar a la compra de medios de comunicación. El prócer, más listo que el hambre, participaba rodeado siempre de otros interesados para no despuntar, pero seguro de la fuerza que iba a tomar la comunicación en España a través de la prensa y la televisión. Él iba a estar ahí, de una forma o de otra, y como anécdota este episodio del que curiosamente nunca se han ocupado los medios de comunicación, es el  relativo a la incursión de don Emilio en el negocio periodístico que emprendió a través de sus amigos Víctor y Jesús de la Serna. Se trataba de resucitar el viejo vespertino madrileño Informaciones,lo que se logró por la suma de esfuerzos de Emilio Botín padre, el marqués de Deleitosa, el conde de Cadaguay los March. El director, Jesús de la Serna, reunió en torno a él a un plantel de periodistas que luego, curiosamente, formaron la base de El País. Pero a poco de comenzar el rotativo su andadura, los banqueros -siempre proclives a la división entre si- nunca estaban de acuerdo con cualquier cosa que se publicaba, incluso la más nimia; ya por supuesto, se sucedieron también las presiones políticas, hasta llegar a los extremos mas ridículos que cabe imaginar: por ejemplo Gonzalo Fernández de la Mora, entonces ministro de Obras Públicas, llegó a quejarse ante el editor, de que en la primera página del periódico se había dado cuenta de un descarrilamiento en el que murieron seis personas; para el ministro de Obras Públicas resultaba escandalosa la publicación de semejante noticia, que mejor podía haber quedado reducida, a fin de no limitar el derecho de información, a un par de líneas en cualquier hoja par del interior del número. Lo cierto es que ante las incertidumbres del cambio político, las desavenencias entre los socios capitalistas procedentes del sector bancario subieron de tono y provocaron la caída del periódico de la peor manera posible, sin preocuparse en lo más mínimo del destino de la plantilla: así, a Víctor de la Serna, el gran amigo de los Botín, ni siquiera le concedieron la menor indemnización por el despido.
EI otoño del patriarca
padre-e-hijo-botin-008D5DMGP1_1[1]En noviembre de 1986, después de 36 años en la presidencia del banco, don Emilio cedió el mando del buque insignia, el Santander, a su primogénito. Otro banco, el Bankinter, del que también era presidente desde su constitución hacia 21 años, se lo encomendó a su otro hijo Jaime. El patriarca todavía permaneció como administrador, pese a sus 83 años, de suerte que el cambio generacional quedaba tutelado bajo su sombra protectora, una sombra un tanto incómoda para sus vástagos, todo hay que decirlo. Durante los 56 años que don Emilio permaneció en el banco, su actividad fue frenética, pero al transferir el cetro a sus hijos, el patriarca se dedicó a la vida contemplativa. Mantuvo la cabeza despierta, aunque se acentuó su padecimiento tradicional, la aguda flebitis. En esta etapa de su vida, ya con el deber cumplido, entró en fase ascética, solo interrumpida de vez en cuanto para recibir al joven financiero Javier de la Rosa, con el que siempre mantuvo una relación cordial, antes de su caída en desgracia. La verdad es que los vínculos postreros con el empresario catalán no le fueron demasiado bien al cantabro, como ocurrió en el asunto de la azucarera Ebro; se trataba de dar un golpe de mano en esta sociedad para hacer en tan formidable y valiosa empresa lo que les viniera en gana en detrimento de los socios minoritarios, a los que intentaban acorralar mediante el ejercicio de una opa limitada al 51% del capital social.
Botín y de la Rosa, asesorados por Ramón Hermosilla, se las prometían muy felices, pero llevaron a efecto la operación tan rematadamente mal que Francisco Lozano y Santiago Foncillas, -presidente y vicepresidente de la sociedad, respectivamente, asistidos en derecho por Rafael Pérez Escolar, pusieron a los opantes en un serio compromiso, hasta el punto de que tuvieron que tirar la toalla y respetar íntegramente el derecho de todos los accionistas de la azucarera sin limitación alguna. E incluso, gracias a la generosidad de los opados, Botín y de la Rosa no tuvieron que sentarse en el banquillo. De esta forma, con más pena que gloria; acabaron los devaneos financieros de don Emilio. En sus últimos años, Botín Sanz de Sautuola oía misa a diario con devoción, lo que solía hacer en la iglesia de los Redentoristas. El trayecto que separa el templo de El Promontorio lo hacia a pie. Quienes se percataban de su presencia veían a un venerable anciano, rosario en mano y apoyado en el sempiterno bastón, con el mismo porte elegante de toda su vida. Quien sabe si buscaba la admonición del único que podía perdonarlo.
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La historia secreta de los Botín (1)

La historia secreta de los Botín








La historia se repite, los Botín llevan en su ADN la apropiación de lo ajeno y lo llevan a cabo con total impunidad. Para conocer lo que ha pasado con el Banco Popular, antes tendrás que conocer la vida y milagros de la saga de los Botín y a continuación por sus hechos también los conoceréis, el asalto al Banco Español de Crédito (Banesto) figura en los antecedentes olvidados de esta familia de trileros, aquí en Ataquealpoder hemos dado cuenta. Lo ocurrido en Banesto y el Popular se semejan como dos gotas de agua. Lo sacaré de nuevo a la luz.  



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La historia secreta de los Botín (1)

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En el anterior post: Hipotecas basura en el reino de la usura salía a relucir Donemilione también conocido por Emilio Botín que resultaba ser el capo de unos delincuentes que arruinan a todo cliente que cae en sus manos endosándoles hipotecas basura imposibles de pagar. Unión de Créditos Inmobiliarios, entidad participada por el Santander, se disfraza de entidad financiera para continuar, año tras año, haciendo de las suyas abusando de miles de familias a las que arruina aprovechando la indefensión en la que se encuentra el deudor al aplicarle, con todas de la ley y a raja tabla, la Ley Hipotecaria, un procedimiento situado en la Edad Media que no permite al cautivo abrir la boca ni decir palabra. Quizás a muchos de los habituales del blog les puede parecer que el apelativo de Donemilione es exagerado, no obstante, dejando al margen un buen número de visitas a los juzgados, tan sólo en este año Emilio Botín, presidente del Banco Santander se ha visto involucrado en dos procesos judiciales a) el que se le pretendía juzgar por sobornar al juez Baltasar Garzón con prebendas variadas en su año sabático en New York. Ver en los archivos del mes de febrero El archivo de la causa contra Garzón esconde el banco paralelo del Santander y b) un asunto fiscal de tener escondido en Suiza 2.000 millones de euros y que Hacienda, tan diligente con el currito de turno al que golpea con puño de hierro y no de deja pasar ni una, en contraste con el guante de seda aplicado a la poderosa familia Botín que antes de instruir un proceso de inspección se le comunica al defraudador interpretando que ha tenido un descuido en su declaración de renta y que sino le importa por una miseria de tributación están dispuestos a olvidarse del asunto. Para, definitivamente, olvidarse del asunto tiene que montarse el teatrillo de pasar por la lavadora de asuntos peliagudos que proporciona la justicia. Ver en los archivos del mes de mayo Se ha iniciado el punto sin retorno …….
Estamos perdidos, en un mundo al revés donde el populacho tan sólo es el pagano de una descomunal estructura de Estado y una camarilla de espabilados mueve los hilos del teatrillo de la democracia en la que se forran mientras las penalidades de la plebe crecen a un ritmo espectacular. Insisto en lo del mundo al revés, Falciani el empleado del banco HSBC que destapó las cuentas secretas de un montón de millonetis está en la cárcel mientras los Botín siguen donde estaban y ni tan siquiera se les ha llamado a declarar a un juzgado. El descuido por el olvido del fortunón de la familia Botín en Suiza se salda con la módica aportación de un triste 1%. Me explico para aquellos que les parezca increíble o aquellos que se han visto sorprendidos por Hacienda cuando, cogido por los pelos, les ha enviado una “complementaria” a su declaración renta. Hablan del 10% de la cantidad trincada en el paraíso fiscal, pero en realidad se refieren al 10% del rendimiento (los intereses que genera el capital) que supongamos es del 3% anual, por los últimos 4 años (los anteriores están prescritos) da un total del 12% al que se le aplica el 10%, ¡tachan, tachan! aquí tenemos el 1,2% sin multa alguna por tener desde hace años 2.000 millones de euros fuera del alcance de Hacienda. La escusa, más que el argumento, de los Botín para disponer de esta fortuna en Suiza es la peregrina afirmación de la fortuna perteneció al padre de la saga que la tenía escondida para que no se la incautaran los “rojos”. Con esta increíble afirmación que ha servido de Jordán purificador ¿Los botín no se han metido en otro lío? Emilio Botín padre, murió en 1993 dejando una fortuna de las incalculables por la que los herederos tuvieron que pagar por impuestos de la herencia 10.500 millones de las antiguas pesetas (63,1 millones de euros) por lo que se deduce del argumento de los Botín de que el dinero era del padre, los 2.000 millones de euros están pendientes del pago de impuestos de transmisiones. Esto no deja de ser una pequeñez que se compensará con miles de persecuciones a los que menos tienen para repizcarles unos euros. El trato exquisito a los Botín tiene mucho que ver con la financiación de los partidos políticos y del indudable apoyo al partido que consiga formar gobierno. Las prebendas y los patrocinios vienen de atrás por lo que creo conveniente poder echar un vistazo a la historia secreta de los Botín.
De Botín a Botín: de casta le viene al galgo
Emilio Botín, el actual presidente del Banco Santander, ha heredado de su padre el estilo agresivo y desenvuelto en el ejercicio de la actividad bancaria, algo que ha permitido el imparable ascenso de su banco durante los últimos años. Lo que ya se había cimentado, cuando menos en experiencia, con las espectaculares operaciones de su antecesor, el mítico don Emilio, que consiguió alcanzar unas metas consideradas como inabordables. Su abuelo Emilio Botín López, decía que en los negocios “hay que jugar siempre con ventaja, con un as en la manga”. La norma de su nieto es aún más terminante: Hay que devorar antes de que te devoren”. Entre ambos se sitúa el verdadero don Emilio, prácticamente el primero de la saga solía decir: “Quien da primero da dos veces”. Cabe reconocer que los Botín son gentes de pocos pero contundentes ideas expresadas a través de frases no precisamente originales. Pero con tan primario bagaje ideológico les ha funcionado para bastir el más sólido imperio -en lo económico- de España. Hay que reconocer de esta gente a la hora de solucionar los asuntos que les concierne es el sentido pragmático el que domina: Emilio Botín padre, contaba que en Santander había un inspector de Hacienda que estaba metiendo en cintura al banco y a sus máximos rectores, y se jactaba de haber solucionado el problema nombrando alto directivo de la Fundación Marcelino Botín al funcionario. Este episodio cuadra con las citas de estos eminentes próceres que se transmite de generación en generación en virtud a la efectividad que se obtiene de ellas.
Emilio Botín Sanz de Sauturola falleció en 1993 y fue presidente del Banco Santander durante 56 años: entre 1930 y 1986
El contenido mítico de la saga Botín arranca, sin lugar a dudas, en la personalidad eminente del padre, Emilio Botín Sanz de Sautuola -el don Emilio por antonomasia- que murió a los 90 años, habiendo sido presidente del Santander durante 36, entre 1950 y 1986. Y aunque los hagiógrafos pretenden forjar una leyenda en torno a los antecedentes bancarios del actual presidente del Santander, por lo que hablan de que es hijo, nieto y bisnieto de banqueros. Pero esto no se corresponde con la realidad porque la historia bancaria de la familia empieza en el padre del actual Emilio. El abuelo y el bisabuelo no sabían distinguir una letra a la vista de otra a días o meses vista, y hay quienes aseguran que les resultaba imposible de todo punto liquidar una cuenta corriente. Y lo curioso del caso es que no parecía que el destino hubiera llamado a don Emilio, el padre, por los caminos de las finanzas. Antes, fue un joven santanderino sin oficio ni beneficio, el cual, hasta que entró en el banco llevado de la mano por su tío Marcelino, tenía como principal ocupación desplumar a sus paisanos jugando al póquer. Al menos, así lo relató el que fue presidente del diario Informaciones, Víctor de la Serna, hijo del gran escritor y periodista e intimo de los Botín. El personaje tenía alma de jugador cuando el banco se hallaba en una situación muy difícil, y un buen día el presidente, don Marcelino, sorprendió a los pocos consejeros que quedaban en la casa diciéndoles que, para arreglar las cosas, había contratado a su sobrino Emilio como director. Obvio es decir que los demás administradores dimitieron en el acto, aunque la favorable predicción del tío se cumplió en términos insospechados: desde ese mismo día Emilio Botín Sanz de Sautuola y López se dio de baja en todos los casinos y empezó a jugar a lo grande en otras mesas de juego mucho más provechosas: los consejos de administración de las múltiples sociedades que se le ponían a tiro. Parece que el cambio de fichas lo llevo don Emilio Botín hasta las últimas consecuencias, puesto que nunca más quiso saber nada de las otras mesas de juego, las recreativas; el mismo Víctor de la Serna hijo contaba que acompañó con otros amigos a Emilio Botín a pasar unos días en Montecarlo, y todos entraron a probar fortuna en el casino, menos don Emilio que se abstuvo de tentar a la suerte.
En sus 36 años de mandato al frente del Santander, don Emilio dirigió con mano férrea el banco hasta conseguir la identificación, prácticamente absoluta, entre su familia y la entidad. Quienes trabajaron con el cántabro, o le trataron en la intimidad, dicen que, aparte de sus grandes dotes de negociador, era un conversador excelente. Pero también sobresalía en él otro rasgo de indudable mérito: cualquiera que fuese recibido en su casa, por modesta que fuese la condición del huésped, don Emilio primero le consagraba su solicita atención, de tal suerte que muy rara vez accedía a interrumpir la entrevista si le anunciaban cualquier llamada telefónica urgente. Se cuenta que, en una ocasión, un amigo se lo encontró saliendo del edificio de la calle de Alcalá, en la que el Santander llegó a tener su oficina principal en Madrid, acompañado de un modesto director de sucursal. El presidente le dijo al verle: “Te presento a uno de los mejores directores de nuestro banco; esta haciendo una labor excepcional en su ciudad”. Luego, cuando ya se fue el subordinado henchido de orgullo, añadió: “Comprenderás que estas cosas hay que hacerlas porque dan un magnifico resultados ahora este hombre se va a comer a todos sus competidores juntos”. En las comidas  que ofrecía en su casa, don Emilio obsequiaba invariable a sus invitados con unos riquísimos pescados llenos de espinas, y siempre se ofrecía a servirlo él mismo practicando la operación con el cuidado de un experto cirujano. A propósito de comidas, Cesar Martínez Beascoechea, entonces secretario general de la entidad, todavía no alcanza a comprender cómo logró convencer a Pablo Garnica para que Banesto no se merendara al Santander. Todo lo contrario con lo que sucedió años después cuando el Santander de los Botín se comió al viejo banco madrileño de un bocado. Y es que no siempre el pez gordo se come al chico.
La compra del Banco Mercantil fue una de las jugadas maestras de Botín Sanz de Sautuola. Un pulso que sirvió para demostrar que, en algunas ocasiones, es el pez pequeño el que se pega la gran comilona. La operación fue tan comentada en todos los círculos financieros, que más de un banquero, con envidiables dotes adivinatorias, llego a pronosticar el hundimiento definitivo de don Emilio. El patriarca de los Botín pasaba por ser un hombre emotivo, hasta el punto que, se dice, que en los entierros se le saltaban las lágrimas con facilidad suma. Pero su faceta sentimental quedaba aparcada del todo cuando se trataba de defender los intereses del banco no dejaba pasar por alto el menor fallo, ni le temblaba el pulso a la hora de cesar a cualquier directivo, por muchos servicios que hubiese prestado a la entidad. Don Emilio ha pasado tanto a la historia como a la leyenda de la banca. Su misma figura ha quedado como un icono referencial: solía aparecer en verano con un impecable traje blanco de lino y bastón con delicada empuñadura de plata, y cubierto en invierno con un abrigo de visón hasta los pies y un elegante sombrero. En una ocasión dijo:”Casi nadie gasta de acuerdo con lo que tiene. Unos viven por encima de sus posibilidades y otros por debajo”. Convengamos, una vez más, en que tales reflexiones no merecen la inmortalidad intelectual, pero lo cierto es que la familia Botín ha estado siempre entre los segundos, sobre todo porque lo que gastan sus miembros lo paga el Santander. Cuenta el director de una editorial de Burgos, dedicada a la publicación de libros históricos, que le fue a visitar el director de la sucursal del Santander para pedirle una obra que interesaba a alguien de la familiar Botín, pero al mismo tiempo solicitó “una importante rebaja”, porque así se lo habían ordenado. El precio de la obrita en cuestión era de 1.500 pesetas, y el director de la editorial optó por regalarlo para que no padeciese de manera grave la solvencia económica de la familia; de la que por supuesto no recibió muestra alguna de agradecimiento.
Un Greco en el dormitorio
Además de su interés por la historia, don Emilio Botín tenía una decidida afición por la buena pintura, siempre, claro esta, que pudiera comprarla a precio de saldo. Con agudeza indiscutible, asoció muy pronto sus gustos pictóricos a la obra de Solana, hasta el punto de que logó adquirir la mejor colección del genial artista. Con buen ojo se encaprichó también de un cuadro del Greco que custodiaban las monjas del Hospital de la Caridad de Illescas. Se trataba de una extraordinaria obra: La  Adoración de los Pastores, que el genial artista de las caras largas la realizó para presidir en su propia tumba en Santo Domingo el Antiguo, en Toledo. Los designios del Greco no se cumplieron y el cuadro dio algunas vueltas. Hasta la muerte del banquero cántabro presidió en su dormitorio de El Promontorio (la residencia de los Botín en Santander), después pasó al salón principal del banco (su antigua sede) en el paseo de la Castellana, y ahora, en la actualidad, puede contemplarse en el Museo del Prado. La historia de cómo llegó al museo nacional es supuesta pero se dice, con cierto criterio, que los Botín entregaron la tela en compensación para saldar una deuda fiscal que supuso un buen trueque para la saga de banqueros. Pero vayamos a como se consiguió la preciada obra. Obtener la ansiada tela no fue tarea fácil. Hace ya unos cuantos años, el santanderino mandó a su amigo, Víctor de la Serna, para que desplegara sus dotes diplomáticas con la madre superiora del Hospital y consiguiera, siempre por supuesto a un a módico precio, el apetecido óleo. El escritor iba y venía de Illescas un día si el otro también y un mes y otro mes, pero el Greco no caía. Hasta que una mañana don Emilio tomó cartas en el asunto y mandó traer una cartera de mano en la que metió fajos de mil pesetas hasta llegar a la exorbitante cifra de un millón de entonces. Acompañado de su amigo de la Serna, subieron en su Rolls-Royce y el banquero estiro la pierna derecha, como solía hacer por su flebitis, poniendo el pie a la altura de la cara del chófer perfectamente uniformado. Y así llegaron al ilustre rincón toledano, hablaron con las monjas, y don Emilio, de improviso, abrió ante ellas la cartera en la que refulgía el color verde. La madre superiora, al ver el deslumbrante espectáculo numismático, no dudo en permutar de inmediato la cartera con su irresistible contenido, no dudo en poner el Greco encima de la mesa. Una vez más, el banquero hizo un magnifico negocio. Cabe recordar que en las últimas subastas las obras del maestro de Creta se habían pagado por más de mil millones de pesetas, mil veces más de lo que había pagado a las monjitas.
Devorando los peces pequeños
Emilio Botín II junto a Emilio Botín I
Desde sus orígenes al mando de1 Santander, que se inician en 1941, hasta su retiro en diciembre de 1989, pasaron muchas cosas para don Emilio. Su primer gran éxito -como ya se ha dicho- lo culmino al absorber al gran banco rival en la región cantabra, el Mercantil de Santander, estrategia de expansión llevada a cabo desde su puesto de director general. Con esta operación el “bancuco” (como muchos llamaban al Santander) dobló su tamaño. Después vendría la apertura de sucursales, la compra de otros bancos y la aventura de las Americas, con la implantación de una cuidada red de oficinas en aquel continente. A finales de 1980 obtuvo el control de la Banca Jover y del Banco Comercial Español. Del reparto del pastel de Rumasa, al Santander le correspondieron el Banco de Murcia y el Comercial de Cataluña. Hay que reconocer que Botín senior unía a su ambición sin limites un innegable tesón bastará con decir que, durante sus primeros años de mandato en el banco, dormía doscientas noches al año en el tren que une Madrid con Santander. En invierno llegaba a la estación santanderina con su ropaje más so1emne, en e1 que, como ya se ha dicho, destacaba sobre todo e1 abrigo de pieles que le llegaba hasta los pies. E1 mozo del coche-cama le sudaba con reverencia, y e1 banquero le correspondía sacando del bolsillo derecho de la chaqueta un fajo de billetes de cien pesetas, del que cuidadosamente cogía uno y se lo  daba al empleado; así fue durante tanto tiempo que cuando los billetes de cien pesetas dejaron de circular seguía dándole uno al mozo que lo recibía con los mismos signos de gratitud que cuando tenían curso legal. Esto es tan sólo una anécdota que nos introduce en el próximo post como suma y sigue.
Próximo post: La historia secreta de los Botín (2)
 

El periodismo y el arte burgués


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El periodismo y el arte burgués

 

 

 



1. Estilo y autobiografía
—Empecemos con este cuento  (“Un oscuro día de justicia”), ¿cuándo lo escribiste, en qué época lo escribiste?
—Este cuento lo escribí… me acuerdo de la época en que terminé de escribirlo, lo debo haber terminado en noviembre de 1967 y debo haber empezado a escribirlo a mediados de ese año; me acuerdo de la fecha porque en octubre del 67 murió Guevara y yo terminé de escribirlo más o menos un mes después.
—¿Cómo lo ves vos dentro de la serie de los Irlandeses, qué idea tenés sobre esos cuentos?
—Claro, bueno, en la serie de los Irlandeses, que por ahora son estos tres cuentos, evidentemente hay una recreación autobiográfica pero, quizá, no tan estrecha como podría parecer. Lo autobiográfico es nada más que un punto de partida, una anécdota y a veces ni siquiera una anécdota entera sino media anécdota. Porque yo estuve en dos colegios irlandeses, uno en Capilla del Señor, que era un colegio de monjas irlandesas en el año 37 y después en el 38, 39 y 40 estuve en este otro, el Instituto Fahy de Moreno, que era un colegio de curas irlandeses. En este sentido hay una realidad mixta, ¿no es cierto?, porque hay un mundo de irlandeses pero al mismo tiempo es la Argentina, y es indudablemente en la Argentina, es decir, hay una burla acerca de uno de los personajes, no sé si en este cuento o en cuál de los cuentos, que dice que uno de los personajes pretendía ser descendiente de reyes y no de humildes chacareros de Suipacha. Cada tanto eso está, está porque estaba, el mundo se vivía así, doblemente…
adelanto_walsh_02_der  —Dicotómicamente.
—Exacto, hay una evidente dicotomía. Por otro lado hay una cierta evolución de la serie, en este cuento aparece… una nota política, la primera más expresamente política, porque había una connotación política en todos los otros pero mucho más simbólica e inconsciente. Quiero decir, hay una evolución en los cuentos; aquí, en este cuento se empieza a hablar del pueblo y de sus expectativas de salvación representadas por un héroe, es un héroe externo, es decir, no deposita sus expectativas en sí mismo, sino en algo que es externo, por admirable que pueda ser… Creo que la clave de la iluminación, de la comprensión sobre la relación política en este caso entre el pueblo, por un lado, y sus héroes, por el otro, está en el final, cuando dice “…mientras Malcolm se doblaba tras una mueca de sorpresa y de dolor, el pueblo aprendió…”, y después, más adelante, cuando dice “…el pueblo aprendió que estaba solo…”, y más adelante “…el pueblo aprendió que estaba solo y que debía pelear por sí mismo y que de su propia entraña sacaría los medios, el silencio, la astucia y la fuerza…”. Creo que ese es el pronunciamiento más político de toda la serie de los cuentos y muy aplicable a situaciones muy concretas nuestras: concretamente al peronismo e inclusive a las expectativas revolucionarias que aquí se despertaban o se despertaron con respecto a los héroes revolucionarios, inclusive con respecto al Che Guevara, que murió en esos días, te das cuenta, la agente que te decía: “si el Che Guevara estuviera aquí entonces yo me meto y todos nos metemos y hacemos la revolución…”. Concepto totalmente místico, es decir, el mito, la persona, el héroe haciendo la revolución en vez de ser el conjunto del pueblo cuya mejor expresión es sin duda el héroe, en este caso el Che Guevara, pero que ningún tipo aislado por grande que sea puede absolutamente hacer nada, es decir, cuando se delega en él lo que es una cosa de todos no se da el proceso, no se puede dar. Creo que ésa es la lección que ellos aprenden ese día; no es un tipo venido de afuera porque no hay ninguna connotación peyorativa para el tipo que viene de afuera, que pelea, se juega y es un héroe. No deja de ser un héroe por el hecho de que el otro lo cague a patadas, pero lo que ellos aprenden es que ellos, en una segunda instancia, si es que ellos se la quieren cobrar con respecto al celador, se tienen que combinar entre ellos y ellos cagarlo a patadas entre todos. Esa es la lección.
—Una especie de metáfora política…
—Que se me hizo consciente después, en este tipo de relato donde yo recupero cosas muy viejas y que tienen una vida propia muy poderosa; yo no necesito legislar por anticipado lo que va a pasar, eso pasa y después vuelvo y lo interrumpo y a lo sumo hago algunos ajustes.
—Volviendo un poco atrás, ¿qué perspectivas le ves vos a la serie de los Irlandeses? ¿La vas a seguir? ¿La ves como una sola historia?
—Sí, yo pienso seguirla. Hay un par de temas más que tengo pensados por allí y seguramente si me pusiera saldrían muchos más en vez de un par. En ese caso asumiría la forma de esas novelas hechas de cuentos que es una forma primitiva de hacer novela, pero bastante linda. Habría un par de historias adicionales ya pensadas, una de las cuales será de adultos, es decir, es un cuento contado por chicos pero que es de adultos. El título es “Mi tío Willie que ganó la guerra”. Es una historia contada por los chicos en una circunstancia especial: están enfermos en la enfermería. Hay una peste de escarlatina y un chico cuenta la historia de un tío que va a pelear a la guerra mundial, entonces la historia ahí se le escapa: comienza a ser una historia de adultos, después vuelve al narrador final, pero la historia se les escapa. Esa sería una de las historias. Hay otra historia probable con la intervención y participación del diablo, también en la misma enfermería. Probablemente yo calculo a muy grosso modo que la historia puede crecer, pero yo no quiero darle un crecimiento infinito. Es probable que la historia final la integren seis o siete historias que constituyan una novela hecha por cuentos, todos episodios transcurridos en un año, hasta el último día en el colegio.
adelanto_walsh_03_col  —¿Vos veías esto desde el principio, viste la posibilidad de esta serie cuando empezaste a escribir el primer cuento?
—Es medio difícil. Evidentemente la intención de escribir sobre esto yo la tenía hace mucho, es decir, yo tengo borradores o apuntes sobre la vida del colegio que datan de hace muchos años, quince años tal vez, pero como eran muy malos, nunca los retomé. De golpe, en el 64 escribí el primer cuento, yo no sé si en ese momento tuve la intención de escribir más que ese primer cuento, pero ya cuando escribí el segundo la idea de la serie apareció sola.
—También se conecta con cierta tradición de la literatura en lengua inglesa, digo, porque es un poco cierto mundo del primer Joyce, un poco el tono de Faulkner. Sobre todo en la textura de los cuentos, esa escritura que podríamos llamar “bíblica” de algún modo. En este sentido los veo con una personalidad propia en relación con el estilo del resto de tu obra, que tiende a ser más ascético.
—Exacto, puede ser. Yo ahí en ese caso más que con Joyce, si bien evidentemente en el Retrato [del artista adolescente] y en algunos cuentos e inclusive en el Ulises, ya ni me acuerdo, haya algunas historias que transcurren en un colegio de curas, fijate que si yo tuviera que buscar alguna influencia en la forma, es decir en el tipo de estilo que vos llamaste bíblico, es decir en el tipo de desarrollo de la frase, lo buscaría tal vez más en [Lord] Dunsany, que temáticamente no tiene nada que ver. Y yo a Dunsany lo he leído en traducción, salvo algún cuento; no sé si te acordás aquellos Cuentos de un soñador, esa forma creciente, envolvente; eso me impresionó mucho, mucho, cuando lo leí hace muchos años. Ahora, es cierto que son diferentes de los otros. Evidentemente si queremos calificar el modo de escritura o la tentativa que hay en el modo de escritura hacia un uso ampliado de la palabra, es decir, una amplificación de los recursos hacia un lenguaje; si quisiéramos calificarlo de algún modo épico que es lícito usar en el sentido de que las anécdotas y el medio son muy pequeños y entonces vos podés usar un lenguaje grandioso y grandilocuente para historias de chicos que no me lo permitiría quizá si tuviera que escribir una historia épica, entonces tal vez usaría un lenguaje muy reducido.
Contra una concepción burguesa de la literatura
—Otra cosa que me interesa ver es la relación entre cuento y novela, digamos, en términos generales, esta especie de novela fragmentaria que vos proponés. Es una novela que se va leyendo en textos discontinuos, es el lector quien reconstruye distintos momentos que van formando una sola historia y, a la vez, cierta particularidad en la estructura narrativa que siempre se ordena alrededor de una acción breve; incluso relatos largos, como cartas, están armados sobre pequeñas situaciones. Yo no sé si vos has pensado sobre esto.
—Sí, yo he pensado cosas muy contradictorias según mis estados de ánimo o, en fin, pasando por distintas etapas. El mayor desafío que se le presenta hoy por hoy y que se le presenta sistemáticamente a un escritor de ficción es la novela. Yo no sé bien de dónde procede eso, por qué esa exigencia y hasta qué punto la novela es la forma más justificable, porque hasta cierto punto tiene una categoría artística superior, aunque hay excepciones; a Borges, por ejemplo, nadie le pide una novela. Por otro lado esto nos lleva a un problema mucho más general sobre el cual habría que indagar, es decir, no he terminado de convencerme ni de desconvencerme. Habría que ver hasta qué punto el cuento, la ficción y la novela no son de por sí el arte literario correspondiente a una determinada clase social en un determinado período de desarrollo, y en ese sentido y solamente en ese sentido es probable que el arte de ficción esté alcanzando su esplendoroso final, esplendoroso como todos los finales, en el sentido probable de que un nuevo tipo de sociedad y nuevas formas de producción exijan un nuevo tipo de arte más documental, mucho más atenido a lo que es mostrable. Eso me preguntaron, me hicieron la pregunta cuando apareció el libro de Rosendo. Un periodista me preguntó por qué no había hecho una novela con eso, que era un tema formidable para una novela. Lo que evidentemente escondía la noción de que una novela con ese tema es mejor o es una categoría superior a la de una denuncia con ese tema. Yo creo que esa concepción es una concepción típicamente burguesa, de la burguesía y ¿por qué? Porque evidentemente la denuncia traducida al arte de la novela se vuelve inofensiva, no molesta para nada, es decir, se sacraliza como arte. Ahora, en el caso mío personal, es evidente que yo me he formado o me he criado dentro de esa concepción burguesa de las categorías artísticas y me resulta difícil convencerme de que la novela no es en el fondo una forma artística superior; de ahí que viva ambicionando tener el tiempo para escribir una novela a la que indudablemente parto del presupuesto de que hay que dedicarle más tiempo, más atención y más cuidado que a la denuncia periodística que vos escribís al correr de la máquina. Creo que es poderosa, lógicamente muy poderosa, pero al mismo tiempo creo que gente más joven que se forma en sociedades distintas, en sociedades no capitalistas o en sociedades que están en proceso de revolución, gente más joven va a aceptar con más facilidad la idea de que el testimonio y la denuncia son categorías artísticas por lo menos equivalentes y merecedoras de los mismos trabajos y esfuerzos que se le dedican a la ficción. En un futuro, tal vez, inclusive se inviertan los términos: que lo que realmente se aprecie en cuanto a arte sea la elaboración del testimonio o del documento, que, como todo el mundo sabe, admite cualquier grado de perfección. Evidentemente en el montaje, la compaginación, la selección, en el trabajo de investigación se abren inmensas posibilidades artísticas. Digo esto porque pienso en trabajos como el de [Miguel] Barnet, por ejemplo, no tanto en el segundo como en el primero, Biografía de un cimarrón… E inclusive aquí mismo, cuánta gente hay de cuyas vidas uno contaría la historia con mucho gusto realmente y sin limitaciones en cuanto a lo que podés conseguir. No se trata de firmar el certificado de defunción de la novela o de la ficción, pero es muy probable que se pueda caracterizar a la ficción en general como el arte literario característico de la burguesía de los siglos XIX y XX principalmente, y por lo tanto no como una forma eterna e indeleble, sino como una forma que puede ser transitoria. En este sentido es necesario volver siempre y tomar como marco de referencia las cosas que a uno le hicieron creer. No hablo de las cosas que a uno le hicieron creer cuando iba a la escuela, sino de las cosas que a uno le hicieron creer después, cuando ya grande empezaba a escribir, a relacionarse con la literatura. Cosas que a uno lo condicionaron, lo frustraron, lo inhibieron…, y son frustraciones e inhibiciones que llegan hasta el día de hoy por más que uno trate de sacudírselas hasta cierto punto. ¡Cuando pienso en las imbecilidades que realmente uno oyó repetir durante décadas y que incluso tímidamente repitió o no refutó acerca de la relación entre el arte y la política! Pensar que aquí hasta hace poco tiempo hubo quien sostenía que el arte y la política no tenían nada que ver, que no podía existir un arte en función de la política, algo que formaba una vez más parte de ese juego inconsciente en la medida en que las estructuras sociales funcionan también como inconscientes; es parte de ese juego destinado a quitarle toda peligrosidad al arte, toda acción sobre la vida, toda influencia real y directa sobre la vida del momento… Yo hoy pienso que no sólo es posible un arte que esté relacionado directamente con la política, sino que, como retrospectivamente me molesta mucho esa muletilla que hemos usado durante años, yo quisiera invertir la cosa y decir que no concibo hoy el arte si no está relacionado directamente con la política, con la situación del momento que se vive en un país dado; si no está eso, para mí le falta algo para poder ser arte. No es una cosa caprichosa, no es una cosa que yo simplemente la siento, sino que corresponde al desarrollo general de la conciencia en este momento, que incluye por cierto la conciencia de algunos escritores e intelectuales y que realmente se va a ver muy clara a medida que avancen los procesos sociales y políticos, porque es imposible hoy en la Argentina hacer literatura desvinculada de la política o hacer arte desvinculado de la política. Es decir, si está desvinculado de la política, por esa sola definición ya no va a ser arte ni va a ser política. Por eso, lo que yo dije antes no debe tomarse como un descarte aislado de las formas literarias tradicionales de la novela, del cuento, para reemplazarlos siempre y definitivamente por el testimonio, pero sí pienso que va a haber que usar esas formas de otra manera. Pienso que ya no se van a poder usar inocentemente con una serie de convenciones que prácticamente ponen a toda la historia en el Limbo. Me siento incapaz de imaginar, no digo de hacer, una novela o un cuento que no sea una denuncia y que por lo tanto no sea una presentación sino una representación, un segundo término de la historia original, sino que tome abiertamente partido dentro de la realidad y pueda influir en ella y cambiarla usando las formas tradicionales, pero usándolas de otra manera. Por otra parte, es evidente que el solo deseo de hacer propaganda y agitación política no significa que vayas a elegir la literatura para desacreditarla, es decir, porque hay otras maneras: si por ejemplo el cuero o el tiempo no te dan, podés hacer política de otra manera, no necesitás ponerte a escribir una mala novela que le dé la razón a la derecha, que diga: “Ven, esos tipos no saben escribir novelas”.
adelanto_walsh_04_der  Escritura y lucha política
—¿Cómo te instalarías desde esa perspectiva si tuvieras que leer la literatura que sale en este momento en la Argentina?
—Yo estoy muy atrasado, porque debo confesar que leo muy poco; es decir, leo bastante más política que literatura. Creo que el grueso de la literatura argentina, tanto de derecha como de izquierda, incluyendo -supongo- la mía, salvo en los dos libros de testimonios, está todavía de este lado de la franja divisoria que yo tracé hace un rato, es decir, ha sido literatura hecha por burgueses, aun por burgueses opositores, para consumo de la clase burguesa y para afirmar todo el sistema. Creo que del grueso de la literatura nuestra se puede decir esto, independientemente de sus valores como arte literario; es inútil que esto parezca una acusación contra los demás escritores, porque debiera empezar por mí, pero ¿qué es lo que refleja nuestra literatura? Refleja los conflictos de la pequeña clase media, y ni siquiera los conflictos reales de raíz económica, su lucha por el poder, los generalmente llamados conflictos espirituales, íntimos, eróticos, amorosos, alguna parcela de eso. Nosotros no tenemos en nuestra literatura una lucha obrera claramente representada, digamos; no hay ningún cuento, aunque debe de haber alguno, que hable sobre una huelga o una revolución o sobre la Resistencia o sobre lo que está pasando ahora; no tenemos nada. Si nuestra literatura fuera sometida a un marciano, un visitante de afuera, para que a partir de ella desentrañara la realidad argentina, ese visitante se formaría una idea totalmente exótica; quiero decir que más verdad se encuentra en los diarios, porque por lo menos está la foto. Pienso que eso va a cambiar, debe haber ya signos de cambio, pero por ahora…
—De todos modos pienso que esos cambios habría que ligarlos no sólo a la voluntad personal de los escritores, sino también al momento de la lucha de clases en la Argentina. Quiero decirte: no es casual que nos planteemos esa problemática, esta discusión en este momento, a un año del Cordobazo. La movilización de las masas les replantea constantemente a los intelectuales el problema de sus posibilidades y de sus maneras de actuar, participar en la lucha del pueblo.
—Es cierto. Ahora, en ese sentido, los escritores de ficción, dentro del campo de los escritores y de los intelectuales, hemos ocupado una posición de retaguardia porque esto que yo digo en relación con los escritores de ficción no es enteramente cierto en relación con los ensayistas, por ejemplo. No es enteramente cierto porque tipos como Scalabrini Ortiz en 1940 ya eran escritores, no hay ninguna duda, aunque él había empezado escribiendo un cuento. Esos tipos sí fueron una vanguardia. Lo que yo te digo de los escritores era cierto de los estudiantes hace cuatro o cinco años, y la capacidad de ellos de reaccionar con hechos frente al proceso y la de maniobra que tiene un estudiante es mucho mayor que la que tiene un escritor, porque el estudiante reacciona cuando cambia una idea; pero vos cuando cambia la idea tenés que escribir un libro, que es más difícil que tirar una piedra, y entonces el movimiento es más difícil y parece más serio. Yo no creo que haya un atraso, sino que, en efecto, el proceso es más duro para los escritores que nos hemos criado en la idea de la novela burguesa; esa novela que uno quiso escribir desde los quince años no sirve para un carajo y en realidad lo que hay que escribir es otra cosa.
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—Digamos que de algún modo entonces lo que hay que enfrentar al mismo tiempo es una idea de la literatura.
—O por lo menosdesacralizarla un poquito, porque evidentemente Occidente ha hecho del escritor una imagen tan monstruosa como la de la actriz: es la puta del barrio. Son sagrados los tipos. Ahora, para desacralizar a los tipos tenés que cuestionar todo, para la utilidad de lo que están haciendo y sobre todo para poder desafiarlos con su propia ambigüedad, salvo Borges, que preservó su literatura confesándose de derecha, que es una actitud lícita para preservar su literatura y él no tiene ningún problema de conciencia. Vos viste que desde la derecha no hay ningún problema para seguir haciendo literatura. Ningún escritor de derecha se plantea si en vez de hacer literatura no es mejor entrar en la Legión Cívica. Solamente se plantea el problema de este lado; entonces vos tenés que hablar, tenés que decir eso con los escritores de izquierda. Hay un dilema. De todos modos no es tarea para un solo tipo, es una tarea para muchos tipos, para una generación o para media generación volver a convertir la novela en un vehículo subversivo, si es que alguna vez lo fue. Desde los comienzos de la burguesía, la literatura de ficción desempeñó un importante papel subversivo que hoy no lo está desempeñando, pero tienen que existir muchas maneras de que vuelva a desempeñarlo y encontrarlas. Entonces, en ese caso, habrá una justificación para el novelista en la medida en que se demuestre que sus libros mueven, subvierten. Por otro lado, mientras uno está fuera de todo contacto con la acción política, ya sea directa o por el medio que te rodea, uno está alienado en el concepto burgués de la literatura. Sos un inocente en realidad, vos estás en realidad compitiendo con estos tipitos a ver quién hace mejor el dibujito cuando en realidad te importa un carajo, porque vas a estar compitiendo con estos tipos… hasta que te das cuenta de que tenés un arma: la máquina de escribir. Según cómo la manejás es un abanico o es una pistola y podés utilizar la máquina de escribir para producir resultados tangibles, y no me refiero a los resultados espectaculares, como es el caso de Rosendo, porque es una cosa muy rara que nadie se la puede proponer como meta, ni yo me lo propuse, pero con cada máquina de escribir y un papel podés mover a la gente en grado incalculable. No tengo la menor duda.
“Les presentamos a R. J. Walsh. Entrevistas 1954-1974” (Editorial Desde la Gente) se presentará el 13 de junio, a las 19 horas, en la sala Osvaldo Pugliese del Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543. El compilador de las entrevistas, Osvaldo Aguirre, dialogará con el periodista Carlos Polimeni.