viernes, 20 de julio de 2018

Los medios corporativos nos convierten en esclavos de un mundo de engaños


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Los medios corporativos nos convierten en esclavos de un mundo de engaños


La Gran Narrativa Occidental no es realmente nueva. Es sencillamente una reformulación de una era diferente, la de la “carga del hombre blanco” Hace ya varios años que vengo publicando una serie de escritos en mi blog con un objetivo en mente: ayudar a abrir una puerta para los lectores y alentarles a traspasarla. Selecciono […]
La Gran Narrativa Occidental no es realmente nueva. Es sencillamente una reformulación de una era diferente, la de la “carga del hombre blanco”
Hace ya varios años que vengo publicando una serie de escritos en mi blog con un objetivo en mente: ayudar a abrir una puerta para los lectores y alentarles a traspasarla. Selecciono temas que por lo general son los dominantes en la cobertura que realizan los medios occidentales y que representan un consenso que podemos denominar la Gran Narrativa Occidental, e intento mostrar cómo esta narrativa se ha elaborado no para informar y esclarecer sino para ocultar y engañar.
No pretendo decir que yo y otros muchos blogueros que hacemos esto seamos más inteligentes que todos los demás. Sencillamente tuvimos la oportunidad –con anterioridad- de atravesar nosotros mismos esa puerta debido a una experiencia de vida discordante que la Gran Narrativa Occidental no pudo explicar, o porque alguien mantuvo la puerta abierta para nosotros, o quizá lo más habitual sea una combinación de esas dos opciones.
Mi despertar personal
Para mí es fácil identificar mi propio proceso de despertar. Empezó con la dislocación de trasladarme a Nazaret y sumergirme en la narrativa de otros: la de los palestinos. Entonces tuve que enfrentarme, por vez primera en mi carrera como periodista, a un muro impenetrable de oposición, incluso desde mi propio y antiguo periódico, The Guardian, cuando intentaba explicar esa contranarrativa. De hecho, me encontré con que la narrativa palestina se tergiversaba invariablemente tildándola de antisemitismo. Fueron años oscuros de desilusión y pérdida de la brújula profesional e ideológica.
Fue en ese momento de pérdida –privado del consuelo de la Gran Narrativa Occidental- cuando uno busca una puerta hacia el esclarecimiento. El viaje para encontrarlo puede resultar largo. Mi puerta apareció cuando leía sobre el Modelo de Propaganda de Ed Herman y Noam Chomsky en su libro Manufacturing Consent   [Los guardianes de la libertad], así como al tropezar con una página en Internet llamada Media Lens. Me ayudaron a entender que el problema de la narrativa no se limitaba a Israel-Palestina, sino que era mucho más amplio. En realidad, la Gran Narrativa Occidental se ha desarrollado y refinado durante siglos para preservar los privilegios de una élite minúscula y expandir su poder. El papel de los periodistas como yo era el de seguir alimentando esos engaños para que los lectores permanecieran temerosos, pasivos y respetuosos frente a esa élite. No es que los periodistas mientan –al menos, no la mayoría-, es que están tan profundamente vinculados a la Gran Narrativa Occidental como todos los demás.
Una vez que uno está preparado para atravesar la puerta, para deshacerse del viejo guion, la nueva narrativa se asienta porque resulta de gran utilidad. Explica realmente el mundo y la conducta humana tal como se experimenta en todas partes. Tiene un poder predictivo genuino. Y lo más importante, revela una verdad que han comprendido todas las personalidades destacadas de la ilustración espiritual e intelectual a lo largo de la historia humana: que los seres humanos son igualmente humanos, ya sean estadounidenses, europeos, israelíes, palestinos, sirios, rusos, venezolanos o iraníes, ya sean coreanos del norte o del sur.
El término “humano” no se limita a constituir una descripción de nosotros como especie o entidad biológica. También describe quiénes somos, qué es lo que nos motiva, qué es lo que nos hace llorar, lo que nos hace reír, lo que nos hace enfadarnos, lo que provoca nuestra compasión. Y la verdad es que todos somos esencialmente lo mismo. Nos molestan las mismas cosas, nos divierten las mismas cosas. Nos inspiran las mismas cosas, nos indignan las mismas cosas. Queremos dignidad, libertad y seguridad para nosotros y nuestros seres queridos; apreciamos la belleza y la verdad. Y tememos la opresión, la injusticia y la inseguridad.
Jerarquías de la virtud
La Gran Narrativa Occidental nos dice algo completamente diferente. Divide el mundo en una jerarquía de “pueblos”, con virtudes y vicios diferentes, incluso conflictivos. Algunos humanos –los occidentales- son más racionales, más cariñosos, más sensibles, más completamente humanos. Y hay otros humanos –el resto- que son más primitivos, más emocionales, más violentos. En este sistema de clasificación, nosotros somos los Chicos Buenos y ellos los Chicos Malos; nosotros somos el Orden, ellos el Caos. Necesitan de una mano firme que les controle y les impida hacerse demasiado daño a ellos mismos y a nuestra zona civilizada del mundo.
La Gran Narrativa Occidental no es realmente nueva. Es sencillamente una reformulación de una era diferente, la de la “carga del hombre blanco”.
La razón por la que persiste la Gran Narrativa Occidental es porque es útil para los que están en el poder. Los humanos podemos ser esencialmente lo mismo en nuestra naturaleza y en nuestros impulsos, pero estamos definitivamente divididos por el poder y su corolario moderno: la riqueza. Un pequeño número la tiene y la inmensa mayoría no. La Gran Narrativa Occidental está ahí para perpetuar el poder legitimándolo, para hacer que su distribución injusta y desequilibrada parezca natural e inmutable.
En otro tiempo, los reyes nos decían que tenían sangre azul y derechos divinos. Hoy necesitamos de una narrativa diferente, aunque diseñada para conseguir el mismo fin. Al igual que reyes y barones que una vez lo poseyeron todo, ahora una élite corporativa diminuta domina el mundo. Y tienen que justificar eso ante ellos mismos y ante nosotros.
El rey y los barones tenían sus cortesanos, el clero y un amplio círculo de séquitos que la mayor parte del tiempo se beneficiaban lo suficiente del sistema como para no perturbarlo. El papel del clero en especial era el de sancionar el gran desequilibrio de poder postulando que era esa la voluntad de Dios. En la actualidad, la función de los medios es similar a la de ese clero de antaño. Puede que Dios haya muerto, como observó Nietzsche, pero los medios corporativos han ocupado su lugar. En las incuestionables premisas de cada artículo, se nos dice quién debería gobernar y quién debería ser gobernado, quiénes son los Chicos Buenos y quiénes los Malos.
Para hacer que este sistema sea más aceptable, más democrático, para hacernos creer que hay igualdad de oportunidades y que la riqueza se derrama, la élite occidental ha tenido que permitir que aparezca una gran clase media interna, similar a los cortesanos de antaño. Los botines de la violación y saqueo de sociedades lejanas se comparten con moderación con esta clase. Sus conciencias rara vez se ven afectadas porque la función de los medios corporativos es asegurar que conozcan muy poco sobre el resto del mundo y que les importe aún menos, haciéndoles creer que esos extranjeros son menos dignos, menos humanos.
Nada más que estadísticas
Si los lectores occidentales comprendieran, por ejemplo, que un palestino no es diferente de un israelí –aparte de en oportunidades e ingresos-, entonces podrían sentir tanta simpatía ante una afligida familia palestina como sienten por una israelí. Pero la Gran Narrativa Occidental está ahí precisamente para asegurar que los lectores no sientan lo mismo en los dos casos. Por eso es que de las muertes palestinas se informa invariablemente como si de una estadística se tratara; porque los palestinos mueren en grandes cantidades, como el ganado en el matadero. En cambio, los israelíes mueren mucho más raramente y sus muertes se recogen individualmente. Se les dignifica con sus nombres, las historias de su vida y fotos.
Incluso cuando llega el momento de distinguir a un palestino entre la masa de los muertos, los medios corporativos occidentales muestran una gran renuencia a hacerlo. Como en el caso de Razan al-Najjar, la enfermera palestina de 21 años ejecutada de un tiro por un francotirador cuando atendía a los manifestantes desarmados que estaban siendo asesinados y heridos ante la valla perimetral que los enjaula en la prisión de Gaza.
Gaza se está hundiendo lentamente en el mar, pero ¿a quién le importa? Esos palestinos primitivos que viven como los hombres de las cavernas entre los escombros de unos hogares que Israel ha destruido repetidamente. Sus mujeres llevan hiyab y tienen demasiados niños. No parecen como nosotros, no hablan como nosotros. Sin duda que no piensan como nosotros. No pueden ser como nosotros.
Incluso esos jóvenes manifestantes palestinos, con los rostros cubiertos con pañuelos extraños, lanzando cometas en llamas y arrojando piedras raras, parecen diferentes. ¿Podemos imaginarnos a nosotros mismos de pie frente a un francotirador protestando de esa forma? Desde luego que no. No podemos imaginar cómo es vivir en una de las zonas más densamente pobladas del planeta, en una prisión al aire libre sobre la que otra nación actúa como carcelera, en la que el agua de beber está llegando a ser tan salada como el agua de mar y donde no hay electricidad. Por tanto, ¿podemos ponernos en el lugar de los manifestantes, podemos sentir empatía? Es mucho más fácil imaginar que somos el poderoso francotirador que protege la “frontera” y su hogar.
Pero al-Najjar socavó todo eso. Una mujer joven y hermosa con una bella sonrisa que podría ser nuestra hija, atendiendo desinteresadamente a los heridos, sin pensar en ella misma sino en el bienestar de los demás, nos sentiríamos orgullosos de tenerla como hija. Podríamos identificarnos con ella mucho más que con el francotirador. Ella es como una puerta que nos invita a pasar y ver el mundo desde una ubicación diferente, desde una perspectiva distinta.
Esa es la razón por la que los medios corporativos no han invertido en la muerte de al-Najjar la cobertura emocional y empática que si se hubiera tratado de una enfermera israelí joven y bonita a la que hubiera disparado un palestino. Fue ese doble rasero en su propio periódico, The Guardian, lo que indignó al caricaturista Steve Bell la pasada semana. Como indicó en correspondencia con el editor, el periódico apenas había cubierto la historia de al-Najjar. Cuando trató de corregir el desequilibrio, su propia viñeta destacando su muerte –y su omisión- fue censurada. Los editores del Guardian sostuvieron que su viñeta era antisemita. Pero la verdad es que al-Najjar resulta peligrosa. Porque una vez que has atravesado esa puerta, es probable que no des marcha atrás y es improbable que vuelvas a creer en la Gran Narrativa Occidental.
El verdadero mensaje de Israel
La cuestión Israel-Palestina me ofreció esa puerta, al igual que ha hecho con muchos otros. Y no es, como los apologetas de Israel –y los defensores de la Gran Narrativa Occidental- les dirán, porque muchos occidentales sean antisemitas. Se debe a que Israel se sitúa en una zona gris de experiencia, una a la que pueden fácilmente acceder los turistas occidentales pero que al mismo tiempo les da la oportunidad de vislumbrar el submundo de los privilegios de Occidente.
La Gran Narrativa Occidental ha acogido a Israel con entusiasmo: es, supuestamente, una democracia liberal, muchos de sus habitantes visten y hablan como nosotros, sus ciudades se parecen bastante a las nuestras, sus programas de TV se remodelan y se convierten en éxitos en las pantallas de las nuestras. Si no te acercas demasiado, Israel podría ser Gran Bretaña o EEUU.
Pero hay abundantes pistas, para quienes se molestan en mirar un poco más allá de lo superficial, de que hay algo profundamente equivocado respecto de Israel. A pocos kilómetros de sus hogares, los hijos de esas familias de aspecto occidental se entrenan regularmente con sus armas de fuego sobre manifestantes desarmados, niños, mujeres, periodistas, personal sanitario y aprietan el gatillo sin apenas reparos.
No lo hacen porque sean unos monstruos sino porque son exactamente como nosotros, exactamente como nuestros hijos. Ese es el verdadero horror de Israel. Tenemos la oportunidad de vernos a nosotros mismos en Israel, porque no es exactamente nosotros, porque la mayoría de nosotros tenemos alguna distancia física y emocional con Israel, porque todavía nos parece un poco extraño, a pesar de los mejores esfuerzos de los medios occidentales, y porque su propia narrativa local –justificando sus acciones- es incluso más extrema, más autorizada y más racista hacia el Otro que la Gran Narrativa Occidental.
Es esa impactante comprensión –la de que podríamos ser israelíes, que podríamos ser esos francotiradores- la que abre la puerta pero impide que muchos la traspasen para ver lo que hay al otro lado. O, aún más preocupante, la que hace que se detengan ante el umbral vislumbrando una verdad parcial sin querer comprender todas sus ramificaciones.
Igualmente humano
Para explicar lo que quiero expresar, permítanme por un momento hacer una digresión y considerar el film alegórico de Matrix.
Neo, el héroe interpretado por Keanu Reeves, empieza a darse cuenta de que la realidad a su alrededor no es tan sólida como parecía. Las cosas se han vuelto extrañas, inconsistentes, inexplicables. Con la ayuda de un mentor, Morpheus, se le muestra la puerta hacia una realidad completamente diferente. Neo descubre que, de hecho, existe en un mundo oscuro dominado por formas de vida generadas por un ordenador que se alimenta con su conciencia y la del resto de la humanidad. Hasta ese momento, había estado viviendo en un mundo onírico creado para amansarle, a él y a otros humanos, mientras se explotaba su energía.
Neo y una pequeña banda que se han liberado a sí mismos de esta falsa conciencia no puede confiar en derrotar a sus oponentes directamente. Deben emprender la guerra a través de Matrix, un mundo digital en el que las formas de vida de los ordenadores triunfan siempre.
Volvamos a nosotros. Al otro lado de la puerta se halla la verdad de que los humanos somos todos igualmente humanos. Desde este punto de ventaja es posible comprender que un occidental o un israelí privilegiados reaccionarían exactamente como un palestino si tuvieran que soportar las experiencias de vivir en Gaza. Desde esta posición, es posible comprender que mi hijo podría apretar el gatillo, al igual que hacen la mayoría de los adolescentes israelíes, si toda su vida hubiera sido bombardeado, como les ocurre a ellos, con un lavado de cerebro desde sus medios, escuelas y políticos que describen a los palestinos como primitivos y violentos.
Esclavizados al poder
La conclusión de todo esto es que la vía para cambiar a mejor nuestras sociedades depende de un cambio en nuestra conciencia, de liberarnos de las falsas perspectivas, de ser capaces de atravesar la puerta.
Si permanecemos en un mundo de espejismos o de falsas jerarquías de la virtud, ajenos al papel del poder, continuaremos siendo Neo viviendo en su mundo onírico.
Y si sólo avanzamos hasta el umbral y echamos un vistazo a las sombras del otro lado, seremos también esclavos del engaño, al igual que Neo llevó su batalla a Matrix, combatiendo fantasmas en la máquina como si fueran enemigos de carne y hueso.
Este peligro puede verse también en el caso de Israel-Palestina, donde los horrores que Israel inflige a los palestinos radicalizan justificadamente a muchos observadores. Pero no todos atraviesan la puerta. Se quedan en el umbral indignados con Israel y los israelíes, y beatifican a los palestinos sólo como víctimas. Algunos consiguen encontrar de nuevo falsos consuelos, aceptando esta vez conspiraciones preconcebidas de que “los judíos” están tirando de las palancas que hacen posibles esas atrocidades y la inacción occidental.
Quedarse parado en la entrada es tan malo como negarse a caminar. Los espejismos son tan peligrosos como profunda es la falsa conciencia.
Nuestro planeta y el futuro de nuestros hijos dependen de que nos liberemos a nosotros mismos viendo los fantasmas de la máquina por lo que realmente son. Tenemos que comenzar a reconstruir nuestras sociedades sobre la base de que compartimos una humanidad común. Que el resto de los humanos no son nuestros enemigos, sólo aquellos que desean esclavizarnos a su poder.
CounterPunch. Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández. Extractado por La Haine

Las empresas se quejan de que les falta personal pero no se les ocurre subir los salarios


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 Las empresas se quejan de que les falta personal pero no se les ocurre subir los salarios

 

 


Las empresas se quejan de que les falta personal pero no se les ocurre subir los salarios

Cadena de montaje de una planta de fabricación de automóviles en EEUU. EFE
En las últimas semanas algunos medios de comunicación de Estados Unidos se han preocupado por lo que en circunstancias normales se consideraría una buena noticia: la buena marcha de la economía del país, que ha traído consigo niveles de desempleo bajos y, en algunos sitios, incluso falta de mano de obra.
Los propietarios y los gerentes de las empresas se lamentan de que les cuesta encontrar personal para los puestos con bajos salarios. En declaraciones a The Baltimore Sun, una asociación empresarial señala que “ya nadie quiere hacer trabajo manual”. Así que este tipo de trabajo simplemente se queda sin hacer.
Los responsables de las empresas enumeran todo lo que han hecho para solucionarlo: los anuncios que han publicado, los visados para trabajadores de otros países que han tramitado, o cómo van a las escuelas para convencer a los estudiantes de las ventajas de aprender a trabajar en una obra o a conducir un camión. The Wall Street Journal se ha hecho eco de los increíbles beneficios que las compañías de fontanería ofrecen a los recién contratados: espacios tranquilos, excursiones en moto acuática, clases de cerámica, desayuno gratis, cerveza gratis.
Sin embargo, ninguna de estas iniciativas funciona. La culpa de la escasez de mano de obra parece estar repartida por todo el país. Se dice que los opiáceos son el problema. También se culpa a los subsidios sociales, la falta de estacionamiento, una tasa de natalidad a la baja, así como al encarcelamiento masivo y, sobre todo, las políticas sobre inmigración de Trump. En realidad, nadie está seguro de conocer la causa del problema.
La escasez de mano de obra continúa de forma preocupante e incontrolada, y los periodistas intentan convertirla en una especie de pesadilla. Hay una "crisis del cangrejo" en la región de la Bahía de Chesapeake. Nadie recoge las fresas en Ohio. Una panadería muy popular de las afueras de Denver ha tenido que cerrar. Se ha cancelado la apertura de una comunidad de residencias para jubilados en Tucson, Arizona. Los gerentes quieren que el gobierno les proporcione la mano de obra barata a la que están acostumbrados.
La solución de manual para este problema de escasez de mano de obra –que es simplemente pagar más a los trabajadores– se menciona de pasada o no se menciona. El sector empresarial es tan reacio a considerar esta solución obvia que Neel Kashkari, el presidente de la Reserva Federal de Minneapolis, se lo reprochó el año pasado: "Si no suben los sueldos, me parece que están lloriqueando".
Lo cierto es que cuando se reconoce la necesidad de ofrecer mejores salarios, el lloriqueo no hace más que empeorar. Sirva de ejemplo el ataque de pánico de The Washington Post en su portada: "La escasez de camioneros representa una amenaza para la economía". En este caso, el problema de los camiones inactivos por falta de conductores se ve agravado por la posibilidad, aún más aterradora, de que cuando estos conductores finalmente aparezcan puedan estar en condiciones de negociar mejores salarios. Es una perspectiva "peligrosa" porque podría hacer subir los precios "tan rápidamente que el país se enfrente a una inflación descontrolada, lo que fácilmente puede conducir a una recesión".
El economista de izquierdas Dean Baker no tardó en señalar que se trata de una afirmación absurda y exagerada. Incluso en el supuesto de que los camioneros consiguieran un aumento salarial, sólo representaría una pequeña fracción del PIB de Estados Unidos. ¿Y saben qué? Ni siquiera estaríamos delante de unos beneficios imprevistos ya que, aunque se ajustaran por la inflación, los salarios de los camioneros todavía están muy por debajo de lo que deberían. A pesar de que se trata de una afirmación absurda, sí sirve para entender el pánico ante esta falta de mano de obra: los más pudientes del país están horrorizados ante la posibilidad de que la clase trabajadora pueda negociar sus condiciones.
Lo cierto es que la realidad económica es diferente. Todavía no hemos llegado a este punto. Si estudian las cifras de la Oficina de Estadísticas Laborales sobre los salarios de los trabajadores que no trabajan como supervisores en las últimas décadas, verán que el crecimiento ha sido inusitadamente lento. Por lo general, las economías en expansión elevan los salarios con bastante rapidez. La economía de Estados Unidos se ha ido recuperando desde 2009 y los salarios apenas han subido.
La situación es todavía más perversa en el otro lado del Atlántico. Según un artículo publicado en el Financial Times en 2017, el Reino Unido es "la única economía grande y avanzada en la que los salarios se contrajeron mientras la economía se expandía". Un logro asombroso, si lo pensamos. Y el think tank Resolution Foundation ha afirmado que, en lo relativo al crecimiento salarial, esta década "será la peor desde las guerras napoleónicas".
Ni toda la cerveza gratis en el mundo podrá parar lo que se avecina.
A la caza de los sindicatos ¿Cómo se ha podido producir esta situación en una era tan moderna e ilustrada? Bueno, para empezar, piensen en todo ese lloriqueo del sector empresarial estadounidense, que parece estar dispuesto a culpar a cualquiera y a hacer lo que haga falta para no tener que pagar más a los trabajadores.
Todas las innovaciones en la gestión de la mano de obra parecen haber sido diseñadas con este asombroso objetivo en mente. Todas las grandes iniciativas políticas bipartidistas, desde el libre comercio hasta la reforma de la asistencia social, apuntan en la misma dirección. Cuando los republicanos están al mando, empieza la temporada para ir de caza y atacar a las organizaciones de la clase obrera. Y ya te puedes olvidar del aumento del salario mínimo, al margen de quién esté en la Casa Blanca.
Obviamente, en el Reino Unido está pasando lo mismo. Ya sea la guerra de Thatcher contra los sindicatos o la "tercera vía" del Nuevo Laborismo, Gran Bretaña ha seguido de cerca el modelo estadounidense. Las decisiones políticas en ambos países han tenido resultados altamente predecibles, y ahora tenemos que vivir con las consecuencias. Los buenos tiempos ya no son tan buenos para la gente común, sólo para la gente que tiene poder: los dueños de empresas, bienes inmobiliarios y acciones. Excepto en los mercados laborales más restringidos, los trabajadores no tienen poder para exigir lo que les corresponde por justicia.
Si me preguntan, esto es lo que nos debería provocar un ataque de pánico: no la posibilidad de que los trabajadores prosperen sino el hecho de que todavía no lo hayan hecho.
Según Josh Bivens, del Instituto de Política Económica de Washington, las estadísticas nos permiten hacer un seguimiento de la lenta disminución del poder de negociación de los trabajadores estadounidenses en la historia más reciente.
A medida que pasan los años, se requieren niveles cada vez más bajos de desempleo para activar el crecimiento salarial que antaño era la señal de que estábamos ante un momento próspero.
“La lucha de décadas de los empleadores para eliminar cualquier fuente de influencia económica de la que disfrutan los trabajadores parece haber funcionado", afirma. “Estos trabajadores ahora solo obtienen un aumento salarial cuando el mercado laboral está al rojo vivo”.
Y esto es lo que ha venido pasando en los últimos cuarenta años, un enorme proyecto de ingeniería social al que han contribuido los presidentes más recientes. Comparado con esta enorme transformación, todas las guerras culturales, las luchas por las banderas y los tuits se desvanecen en la insignificancia más absoluta.
Sin embargo, hay un detalle esperanzador: si la economía de Estados Unidos sigue mejorando, sin lugar a dudas los salarios subirán. Ni toda la cerveza gratis en el mundo podrá parar lo que se avecina.
Esta situación no me da miedo. Que a los trabajadores les vaya bien no es una amenaza. Aunque si necesitas un baño de terror cuando empiezas el día, aquí va: cuando finalmente el crecimiento sea sólido, Donald Trump dirá que es mérito suyo. Y existe la posibilidad de que los estadounidenses le den la razón.
Traducido por Emma Reverter.
Fuente: http://www.eldiario.es/theguardian/aumentos-salariales-problema_0_792321115.html


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Los africanos son europeos sólo para el fútbol

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Los africanos son europeos sólo para el fútbol

 

 


Inglaterra, Francia y Bélgica, tres de las cuatro naciones semifinalistas del Mundial de Fútbol Rusia 2018, tienen en sus planteles jugadores de ascendencia africana. El legado del colonialismo y la inmigración como consecuencia de ello pone de relieve una historia que sigue latiendo al ritmo de la xenofobia y la discriminación.
Catorce de los 23 integrantes de la selección campeona, ¿Francia?, son de origen africano: Kanté es de Mali; Mendy, Dembelé y Sidibé de Senegal, Pogbá de Guinea, Umitití y Mbappé de Camerún, Ramis de Maruuecos, Fekir de Argelia, Kimpembé de Congo, Tolissó de Togo, y N´Zonzi, Mandanda y Matuidi de la República Democrática del Congo.
Hace 20 años, en el Mundial de Francia 1998, la selección local logró coronarse campeona al admitir que los descendientes de africanos eran también ciudadanos franceses. Desde ese momento, no es raro ver a negros, turcos y árabes en otras selecciones “europeas” como Alemania, Bélgica, Inglaterra e incluso las escandinavas.
Zinedine Zidane revolvió entonces muchos sentimientos de culpa de los franceses porque "Zizou" es hijo de una Argelia en la que el colonialismo francés perpetró demasiados horrores. Veinte años después, la selección de Francia es incluso más multicultural que en 1998. Inglaterra es otro ejemplo de multiculturalidad que beneficia a su fútbol. Diferente es la historia de Croacia: los Balcanes no son tierra de inmigración, sino más bien lo opuesto. Suiza puede dar fe de ello con varios balcánicos en su selección.
Ilógico quizá, nunca un conjunto africano pasó de cuartos de final, pero África triunfa en Rusia mediante Bélgica, Inglaterra y Francia. Hombres y mujeres que dejaron Congo, Guinea, Marruecos, Camerún, Argelia, Mali, Nigeria y Angola para instalarse en Europa, ven hoy con orgullo cómo sus hijos son héroes deportivos vistiendo las camisetas de esos países en que todos crecieron, y mayoritariamente nacieron.
Esos hijos son franceses, belgas, ingleses, daneses o suecos, pero saben bien de dónde vienen sus familias. Es el caso del belga Romelu Lukaku, cuyos padres llegaron del ex Zaire, hoy República Democrática del Congo. El de Blaise Matuidi: sus padres abandonaron Angola, devastada por una guerra civil que dejó más de medio millón de muertes. "Nunca olvidé mis raíces angoleñas. Tuve que tomar una decisión difícil al optar por Francia", dijo años atrás el mediocampista.
Y el caso de Samuel Umtiti, autor del gol que lanzó a Francia a la final, nació en Camerún pero creció en Francia. Sin duda, África aportó mucho al creciente éxito de Europa.
1.400 muertos en seis meses por la xenofobia europea
Más de 1.400 inmigrantes, de enero hasta principios de julio 2018, perdieron la vida en las aguas del Mediterráneo. No tienen nombre ni rostro (y los medios hegemónicos los convierten en números), y para siempre quedaron sepultados en el anonimato del fondo del mar y para siempre separados de la familia.
Sus sueños se transforman en pesadillas, la esperanza en tragedia. Según el diario italiano Corriere della Sera en el primer cuatrimestre de 2018 el 9% de los migrantes-refugiados del norte de África se ahogaron en el cruce del Mediterráneo. Sería evidentemente una exageración llamarlos mártires de la migración.
En cuanto a la inmigración actual de los refugiados, el fenómeno se debe, entre otros factores, a la asimetría aguda entre los países y las regiones centrales y países periféricos. Lo cierto es que el progreso técnico y el crecimiento económico, por sí solos, no conducen al desarrollo integral ya la paz, que sólo son posibles cuando el crecimiento se acompaña de una distribución real y profunda de la renta y la riqueza.
La asimetría es aún mayor cuando comparamos las naciones del viejo continente europeo con aquellas del nuevo continente africano. Con la revolución del transporte y de las comunicaciones, cosas y personas corren y vuelan a una velocidad, una aceleración sin precedentes: asombra hoy la velocidad de desplazamiento de mercancías, dinero, tecnología, noticias, conocimiento, información, armas, drogas y violencia, a veces apenas por Internet.
Los jóvenes africanos tienen, al otro lado del desierto y del Mediterráneo, una posible salida de Eldorado. Se agregan a esto los factores que conducen al éxodo masivo de su propia tierra, incluyendo un sentido de liberación de las sociedades tradicionales de control social rígido, dice Alfredo Gonçalvez, vicario general de la Congregación de los Misioneros de San Carlos.
Sin dudas, la movilidad humana se encuentra umbilicalmente ligada a la política económica de cada país y de todo el globo. Hoy, los desplazamientos humanos masivos se convirtieron en planetarios y de ahí su relación con la geopolítica mundial, con el giro a la derecha (y ultraderecha) de varios países, los europeos (en especial Francia., Alemania, en parte el Reino Unido, Austria, Hungría, Polonia, Italia) y Estados Unidos. Incluso los países escandinavos, la República Checa, Eslovenia.
Lo más grave es que tal actitud xenófoba suele ser una caja de resonancia de las respectivas poblaciones, en las que reina el miedo, la amenaza y el rechazo al otro, al extranjero, en los que se basa el prejuicio y la discriminación, el racismo y la xenofobia.
La última cumbre de la Unión Europea (UE) formada por 18 países, se realizó el 28 y 29 de junio pasado, donde quedó patente que el tema de los migrantes representan una 'papa caliente'. Los gobernantes son presionados por buena parte de su población que no acepta la vecindad de los migrantes; y también por el Acuerdo de Berlín de 2017, con la promesa de un sistema de cuotas para cada nación
¿Progresos en la cumbre? Nada cambió: cada país se presenta con una serie de condiciones que más parecen muros invisibles, y rechazan un posicionamiento taxativo y solidario, aun cuando reconocen que ningún país puede resolver por sí solos lo que ellos llaman " crisis migratoria ", pero al mismo tiempo, se aferran a las ventajas y desventajas de la política interior y exterior.
Los medios hegemónicos –que representan los poderes fácticos de cada país y de la UE– siguen hablando de inmigrantes ilegales. La prensa italiana, por ejemplo, habló del fracaso de la cumbre, otros del "caos, la indiferencia y la insensibilidad", "decadencia y la ceguera" o "matanza silenciosa" para definir el resultado de las negociaciones fallidas en Europa. Y el retorno prevalecer es el nacionalismo de otros tiempos, es una especie renovada de la ideología de la seguridad nacional notoria.
Criminalización de los migrantes
La potitización de las migraciones representa, en general, la criminalización de los migrantes, señala el vicario brasileño Alfredo Gonçalves. Son fuertemente indeseados, rechazados. Para los gobiernos de derecha, constituyen un "problema" que exige soluciones; para ciertos medios de comunicación son una "amenaza" disfrazada; para buena parte de la población, provocan "miedo y riesgo", temen lo que califican despectivamente como "ola negra", "avalancha humana”.
Algunos analistas más serios hablan de tener en cuenta el argumento de la demografía, ya que varios países europeos están en declive de población, con un crecimiento por debajo de cero. Los migrantes, en su mayoría jóvenes, podrían llenar el vacío de una generación en cuanto a la sustitución de la mano de obra que tarde o temprano comienzan a agotarse..
Según otros, Europa está cosechando lo que sembró en los siglos pasados, en los oscuros días del colonialismo más rapaz, despojando a vastas zonas de África y Medio Oriente de todas sus riquezas, llevándose incluso a los trabajadores que fueron convertidos en esclavos y enviados a las Américas.
Lo cierto es que el discurso de la derecha xenófoba -expatriar a los indocumentados e impedir la entrada de nuevos inmigrantes (copiado casi literalmente de la política de "tolerancia cero" de Trump),- detenta gran apoyo popular. Algunos gobiernos de centroizquierda, intentaron e intentan mantener las fronteras abiertas, socorro, rescate, acogida e intento de inserción.
Hay casos extremos, como en Hungría, donde las personas, familias y entidades que se disponen a acoger y ayudar a los inmigrantes pueden ser consideradas criminales y, por lo tanto, pasibles de penalidad y prisión.
En julio, el austríaco Sebastián Kurz, dictó medidas para reforzar el control en la frontera entre Austria e Italia en Brennero. El ultraderechista italiano Matteo Salvini envió una circular a todos los alcaldes, para restringir el derecho de asilo a los inmigrantes y llevó al Tribunal Supremo a la idea europea de cerrar los puertos italianos a todos los buques internacionales.
Fronteras como las que unen y dividen Turquía y Grecia, Norte de África y el sur de Europa, México y EE.UU., Myanmar y Bangladesh, la isla de Batan (Malasia) y Singapur, Chile, Perú y Bolivia, al mismo tiempo, Venezuela, Colombia y Brasil, Paraguay, Argentina y Brasil, entre otros,- se convierten en volcanes en estado de erupción.
Las motivaciones de la migración son casi siempre las mismas: pobreza, miseria, hambre, falta de empleo y oportunidad; violencia, guerra, conflictos que pueden ser étnicos, religiosos o político-ideológicos; desastres naturales, no raramente amplificados debido a los progresivos cambios ambientales. Escapan a los jóvenes sobre todo, pero también a las mujeres y, de forma creciente, a los niños desatendidos
La población que llega a Europa viene en su inmensa mayoría de los países de África, Oriente Medio y Asia menor. "En el corredor entre Europa y África, en cambio, lo que está en juego son los países pobres, donde domina la 'limpieza' étnica, religiosa o ideológica, las luchas fratricida, la sequía y las inundaciones, sea la persecución política, la prisión o ejecución pura y simple, sea la muerte a cuentagotas ya los ojos de la propia familia, debido a las condiciones precarias en que viven..
La gran mayoría migratoria se origina en los países africanos, especialmente en la región subsahariana; Oriente Medio. Países como Siria, Afganistán, Iraq en el Oriente Medio; , Libia, Etiopía, Eritrea, Somalia, Sudán, Senegal, Burkina Faso, Chad, Malí (África) aparecen en el primer plano. Las demás naciones como la India, Sri Lanka, Filipinas, Myanmar e Indonesia (Asia) expulsan a miles de personas, algunas de las cuales también llegan a Europa.
Brasil y Argentina ¿son europeos?
También el gobierno golpista de Brasil y el neoliberal de Argentina estudian cómo impedir la entrada de los ciudadanos, a la inmigración, es decir, la forma legal y documentada, para desencadenar la carrera represiva a través de "ilegales" y sin documentos en orden. No sólo contra los tradicionales migrantes de sus países vecinos, sino también los provenientes de Haití, Centroamérica, África y Oriente Medio.
Fútbol y migración
Un 7% de la población francesa es de origen inmigrante, proporción que en su selección se multiplica por diez. Suiza, donde uno de cada cuatro habitantes tiene procedencia extranjera, presentó en Rusia una selección con 60% de jugadores de origen inmigrante. Similar es lo de Inglaterra, con un 10%, cifra que en la selección, con importante aporte jamaiquino, crece al 50%.
Inglaterra presentó seis futbolistas de origen nigeriano en el último Mundial Sub 17, para el que paradójicamente (o quizás no tanto) Nigeria no se clasificó. Los ingleses son hoy campeones mundiales sub 17 y sub 20 y buscan el título de mayores, señala Sebastián Fest..
Y no solo África renueva y mejora el fútbol europeo. Más allá de los jamaiquinos de Inglaterra, Alemania tiene entre sus figuras a hijos de inmigrantes turcos, como Mesut Özil e Ilkay Gündogan, además de jugadores de origen africano, como Sami Khedira (su papá es tunecino) y Jérôme Boateng (de padres ghaneses). El hermano de éste, Kevin-Prince, juega para Ghana.
Albania lo hace representada por la Confederación Helvética. Edi Rama, el primer ministro albanés, abrió días atrás una cuenta bancaria para que sus conciudadanos donaran dinero que permitiera pagar las multas a Granit Xhaka y Xherdan Shaquiri por haber celebrado sus goles a Serbia haciendo el gesto del águila bicéfala, símbolo de la Gran Albania y de explosivas reverberancias geopolíticas en los Balcanes.
Suiza cuenta con futbolistas nacidos en Camerún, Costa de Marfil y Cabo Verde. Xhaka y Shaquiri nacieron en Suiza, pero siguen muy ligados a la tierra de sus padres. Incluso Taulant, hermano de Granit, juega por Albania. Y Bélgica, ejemplo clarísimo de talento de la inmigración, es una Torre de Babel: sus futbolistas hablan entre sí básicamente en inglés en los partidos, añade Fest.
Y aunque el protagonismo no sea el de sus selecciones, África aportó mucho al creciente éxito de Europa. Hay una revolución que se gesta en las periferias de las grandes ciudades europeas: tras cambiarle la cara a la sociedad europea, la inmigración está cambiándosela ahora también a su fútbol, a pesar de la xenofobia y la discriminación alentada por sus elites.
Aram Aharonian: Periodista y comunicólogo uruguayo. Mágister en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la )
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¿Dónde estamos actualmente?



Estamos en un valle en medio de una densa niebla y se puede escuchar cómo los contendientes se mueven en la bruma tomando posiciones para enfrentarse en cuanto aclare.
En esta guerra de maniobras pesa en favor del gran capital el hecho de que el 1 de julio todos los votantes (salvo un puñado que anuló su voto) lo hicieron por partidos que quieren conservar intacto el sistema o, en el mejor de los casos, reformarlo para que funcione más eficazmente. Nadie puso en cuestión la explotación del trabajo ajeno que a todos les parece natural.
Los mexicanos, en su inmensa mayoría, aún confían en el Estado, buscan reformas y no una revolución y creen posible un capitalismo “bueno”, democrático, más justo. La ideología y la cultura capitalistas dominan ampliamente las mentes de casi todos y muy particularmente en la Academia, los medios de (des)información y la tecnocracia y sólo unos pocos trabajadores, indígenas y estudiantes se declaran anticapitalistas y tratan de construir relaciones autonómicas y autogestionarias. Con eso cuenta la gran burguesía para intentar colonizar desde adentro al gobierno futuro y cooptarlo porque ella comparte con el presidente que debería instalarse en diciembre y con Morena no sólo los valores capitalistas y la confianza en las instituciones del capital sino también la aceptación plena de este capitalismo dirigido por el capital financiero internacional.
En contra del capital, en cambio, dentro y fuera de MORENA, militan las experiencias y las movilizaciones que durante décadas ha realizado algunos sectores populares, como las autodefensas, las policías comunitarias, la elección de autoridades municipales por asambleas o la comprensión –a partir sobre todo de Ayotzinapa- de que el asesino, represor y enemigo no es tal o cual político sino el Estado del capital. Pero el peso de la dominación ideológica y cultural de la burguesía es todavía muy superior a los avances realizados en la vía de la conquista de la independencia política. Por eso quienes votaron por López Obrador para que la situación no se degrade aún más y, también, para evitar un proceso revolucionario que podría ser muy costoso deberán hacer su experiencia con el nuevo Madero cuando se movilicen para reclamar cambios concretos y urgentes.
Hoy AMLO, desde aquí a diciembre, puede agitar ante sus partidarios un cheque redentor que recién podrá cobrar –si lo hace- dentro de tres meses. Por lo tanto, al mismo tiempo que la tendencia a esperar y a confiar se afirma entre sus votantes, aparece también la esperanza, en otros sectores, a subirse al carro de los ganadores para ver si así pueden mejorar algo su situación. De ahí la brutalidad y la grosería de la carta de “Moisés” al padre Solalinde que efectuaba un sondeo oficioso en la nutrida ala zapatista-católica que considera posible y positiva una alianza AMLO-EZLN-CIG.
Al tratar de cortar de raíz esa opinión, el dúo “Moisés”-“Marcos-Galeano” margina del EZLN a ese sector sinceramente preocupado por el aislamiento creciente del zapatismo y pone también una enorme piedra en el camino hacia la independencia política y el anticapitalismo de los sectores más avanzados que votaron por MORENA. Porque hoy, por el contrario, es indispensable tender puentes hacia éstos, compartir con ellos movilizaciones y exigencias y discutir juntos cómo concretar ya mismo los objetivos que se plantean.
Al mismo tiempo, en el EZLN y en CIG es necesario igualmente hacer un balance de la campaña de Marichuy que, a pesar de su carácter fundamentalmente étnico, no logró el apoyo sino de pequeños núcleos indígenas y no obtuvo el sostén popular que podría haber tenido si hubiese superado su carácter sectorial indigenista además de su carencia de reivindicaciones nacionales y de planteos dirigidos a los trabajadores y campesinos mestizos.
Para que los votantes honestos de MORENA puedan avanzar son necesarios sin duda los militantes anticapitalistas, que deben aprender de sus errores, dejar de considerarse líderes iluminados de un proceso que les pasa al lado y buscar aprender también de otros sectores en lucha. Para que progrese políticamente la parte fundamental de la base de AMLO se necesita un núcleo anticapitalista unificador que incluya al EZLN-CIG si éstos superan el sectarismo, un bloque con un programa claro y una estrategia fácilmente comprensible.
Porque el capitalismo no es regional ni nacional sino internacional y los Estados son cada vez más represivos y antidemocráticos y pierden consenso y porque la concentración mundial y nacional del capital y el control del mundo por pocos miles de personas disuelve en la práctica muchas de las atribuciones de los Estados y empuja hacia la creación de comunas autogestionarias federadas. O sea, la creación desde la base de la sociedad de un Estado que a la vez sea un no-Estado, un mero administrador de las cosas y no de las personas hasta su futura desaparición como relación social.
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Mientras Trump se vuelve hacia Gaza se derrumba el "Acuerdo del Siglo" para Medio Oriente


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 Mientras Trump se vuelve hacia Gaza se derrumba el "Acuerdo del Siglo" para Medio Oriente

 

 


Mientras Trump se vuelve hacia Gaza se derrumba el "Acuerdo del Siglo" para Medio Oriente
El "Acuerdo del siglo" de la Administración Trump para Palestina-Israel ha ido, como era de prever, cuesta abajo. Están cambiando la marcha. The Washington Post informa: "Con el prometido plan de paz del Presidente Trump para el Medio Oriente paralizado, los funcionarios del Gobierno se están enfocando en mejorar las condiciones en la empobrecida Franja de Gaza, una medida que podría presionar a los líderes palestinos para llegar a la mesa de negociaciones".
No contengas la respiración.
El "Acuerdo del siglo" estaba muerto al llegar porque se basaba en la idea de que Arabia Saudí y Egipto "entregarían a los palestinos" a cambio de una alianza más formal entre Arabia Saudí, Egipto, Israel y los Estados Unidos contra Irán. Se esperaba que los palestinos estuvieran satisfechos con la ayuda para el desarrollo económico mientras que sus aspiraciones para su propio Estado eran esencialmente archivadas, es decir, arrojadas al basurero.
Como era de esperar, a medida que se difundían los elementos del Acuerdo, los desmoralizados palestinos quedaron desilusionados. Ya habían perdido la confianza en el presidente Mahmoud Abbas y su Autoridad Palestina, que por los Acuerdos de Oslo se había convertido en el subcontratista de Israel para reprimir la resistencia de la ocupación. Tampoco los palestinos habían olvidado cómo Abbas y sus negociadores intentaron, sin éxito, comprometerse en una medida que habría destruido cualquier perspectiva de un Estado palestino independiente viable. Esto fue revelado por la filtración de los Documentos de Palestina, cuando salieron a la luz más de 1.600 documentos secretos, notas, transcripciones y mapas de conversaciones privadas entre Palestina, Israel y los Estados Unidos celebradas durante una década (1999-2010).
El comunicado de Al Jazeera TV y The Guardian en 2011 demostraron la voluntad de los funcionarios palestinos de otorgar a los israelíes asombrosas concesiones prácticamente en todas las cuestiones importantes y pedían poco a cambio, incluida la aceptación de colonias ilegales en Cisjordania y Jerusalén Oriental (con pequeños intercambios de tierras), cediendo soberanía sobre una amplia franja del este de Jerusalén y renunciando al control del sitio sagrado musulmán Haram al-Sharif ante un comité multipartidista y renunciando al derecho al retorno de todos menos de unos pocos de los millones de refugiados originados durante la limpieza étnica de los palestinos, oficialmente no reconocida, en 1948 y 1967. La delegación palestina también dijo que no se permitiría a los refugiados votar sobre la eventual propuesta de acuerdo y no puso objeciones al anhelo de los israelíes de que su país es el Estado judío, a pesar del hecho de que el 20 por ciento de la población es árabe musulmana y cristiana.
La parte israelí consideró que las ofertas eran políticamente inaceptables en parte porque no se incluyeron dos grandes colonias israelíes en Cisjordania. Además Israel insistió en sus propios intercambios de tierras: bloques de colonias en Cisjordania a cambio de aldeas palestinas que se extienden a lo largo de la frontera anterior a 1967, o Línea Verde. Esto despojaría a los palestinos de la ciudadanía israelí en el lado israelí de la línea sin su consentimiento individual y haría de Israel un Estado judío más puro. Bajo el statu quo, Israel controla directamente más del 60 por ciento de Cisjordania, la llamada Área C. Lo que queda a los palestinos es un archipiélago de ciudades separadas por territorio controlado por Israel. (Ver "Los mapas de los asentamientos israelíes" de Adam Entous que sorprendieron a Barack Obama").
Como hasta ese momento el mundo no había sido informado acerca de la generosidad palestina (muchos palestinos preferían el término agotamiento) ni del rechazo de Israel (Israel nunca es desvelado) las revelaciones fueron una sorpresa, especialmente para las víctimas sufrientes del sionismo y del "liderazgo" palestino. El anhelo por un acuerdo también desmintió, como señala Jonathan Cook, la queja crónica de Israel de que no tiene "ningún socio palestino para la paz". Difícilmente podría haber soñado con un socio más obsequioso.
Por lo tanto, a la luz de este registro y con la iniciativa de Trump "estancada", se está perfilando una nueva estrategia centrada en la crisis humanitaria en Gaza. Es un acto en la dirección equivocada. La situación desesperada de Gaza podría abordarse como parte de una solución general, pero ese no es el caso.
Por un lado, la administración ve a Gaza con los ojos vendados. Gaza está habitada, entre otros, por palestinos expulsados ​​de sus aldeas cuando las fuerzas militares israelíes se apoderaron de tierra de los árabes para el recién proclamado Estado judío en 1948. (Desde que se inició la remoción de los palestinos el plan se ejecutó a medias antes de que se declarara el Estado judío de Israel en mayo de 1948, es apropiado decir que la remoción fue iniciada por bandas terroristas judías o sionistas. Lo que se ha llamado acertadamente limpieza étnica no era solo física, sino también cultural e histórica. Se eliminaron casi 500 aldeas palestinas, que fueron borradas del mapa y reemplazadas por ciudades judías con nuevos nombres).
Cuando quedó despejado el polvo de la guerra y le siguió la declaración de independencia de Israel en 1948, Egipto retuvo la Franja de Gaza (sin anexarla) y Jordania ocupó Cisjordania (después de confabularse con los israelíes para evitar la creación de un Estado palestino independiente). La guerra -en la que los ejércitos árabes desorganizados, mal entrenados y mal equipados apenas pelearon- permitió a Israel expandir su territorio del 56 por ciento de Palestina recomendado por la Asamblea General de la ONU al 78 por ciento. Israel no declarará sus fronteras, prefiriendo dejar ese asunto para una determinación futura. Luego, en su ataque de 1967 contra Egipto, Siria y Jordania, Israel cumplió su aspiración de incorporar tanto Cisjordania como la Franja de Gaza que ocupó militarmente y construyó colonias exclusivamente para judíos israelíes, conducta expresamente prohibida por el derecho internacional, como declaró la Corte Internacional de Justicia en 2004.
En 2005, Israel desmanteló las colonias de la Franja de Gaza y reubicó al ejército fuera de la valla a lo largo de las dos fronteras. (La frontera sur es con Egipto, que es un aliado de Israel, y el Mar Mediterráneo está al oeste). Así, Israel todavía seguía controlando Gaza a pesar de la anunciada "retirada". En 2005, los palestinos, hartos del Gobierno corrupto de la Autoridad Palestina, votaron a favor de Hamás en una elección libre impulsada por la Administración Bush, que quedó impactada por los resultados. (Para una discusión sobre Hamás, vea mi artículo "Por qué Palestina importa"). Después de un fallido golpe de Estado de la AP contra Hamás respaldado por Estados Unidos, Israel, EE.UU. y la Unión Europea procedieron a castigar a los habitantes de Gaza. En 2007, Israel impuso un bloqueo total, controlando quién y qué podría entrar y salir del pequeño territorio con casi dos millones de residentes. El objetivo del bloqueo es mantener a los palestinos indigentes y desmoralizados. Además de esto, Israel ha emprendido varias veces guerras aéreas y terrestres a gran escala contra los habitantes de Gaza, esencialmente indefensos, dejando a su paso muerte, heridos, falta de vivienda, agua potable contaminada y una destrucción impactante. Debido a que el bloqueo impide la entrada de materiales y otros bienes, no se pueden realizar las reparaciones necesarias. Se prevé que Gaza sea inhabitable en menos de dos años.
Más recientemente el ejército israelí ha matado a más de un centenar de habitantes de Gaza y ha herido a miles durante las manifestaciones mayoritariamente no violentas cerca de la cerca fronteriza. Israel afirma que utiliza la fuerza contra los habitantes de Gaza en defensa propia, pero esto suena hueco, teniendo en cuenta que Gaza es una gran prisión al aire libre completamente controlada por Israel. Los habitantes de los territorios ocupados tienen derecho a resistir en virtud del derecho internacional. (¿Qué pensaríamos de las quejas nazis de que los judíos en los campos de concentración volaban cometas de fuego sobre las tierras agrícolas alemanas?)
Esta es la crisis humanitaria a la que se refieren la administración Trump y los principales medios de comunicación estadounidenses. No es el resultado de un desastre natural o una enfermedad misteriosa. Es el resultado de la política israelí. Sin embargo, usted nunca sabría esto por la mayoría de políticos y expertos que lideran las discusiones.
Tome el artículo del Washington Post que he vinculado en la parte superior. Está escrito por Anne Gearan, una respetada reportera que seguramente sabe que engaña a sus lectores. Ella escribe por ejemplo,
La importante propuesta de paz [de Trump] se ha visto obstaculizada por la Autoridad Palestina, que negociaría cualquier colonia, pero sigue enfurecida por la decisión de Trump del año pasado de reconocer Jerusalén como la capital de Israel.
No hay ninguna pista aquí de que la decisión de Trump sobre Jerusalén fue un bofetón en el rostro de los palestinos previo a la negociación porque aceptó por completo la posición del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, que no está dispuesto a hacer ninguna concesión real a los palestinos. A pesar de todas sus fallas, Abbas no estaba siendo petulante: las personas a las que afirma representar no aceptan el reclamo de Israel de una Jerusalén indivisa. (Y tampoco lo hacen los amigos de Trump del Estado del Golfo).
Gearan señala que "el desempleo en Gaza es de alrededor del 40 por ciento y los residentes solo tienen unas cuatro horas de electricidad al". ¿De quién es la culpa? Ella señala que la ONU "dice que las condiciones allí son terribles y cada vez peores, y predice que sin intervención, el territorio costero que limita con Israel y Egipto será 'inhabitable' para 2020". ¿Sin intervención? Es la intervención israelí la que ha llevado a Gaza a su condición. Los habitantes de Gaza no deberían tener que elegir entre la liberación y el desarrollo económico; la liberación traería desarrollo.
La reportera del Post escribe que "las protestas en la frontera de Gaza e Israel en abril y mayo provocaron la muerte de decenas de palestinos". Pero las protestas, que fueron abrumadoramente pacíficas, no condujeron a las muertes. Esos palestinos fueron asesinados por francotiradores de Israel que se encontraban a salvo fuera de la cerca de la prisión. Gearan reconoce la intervención de los soldados, pero solo cuando señala que "la Administración Trump ha respaldado a Israel contra las críticas internacionales porque sus soldados usaron una fuerza desproporcionada al disparar a civiles que se manifestaban en las vallas fronterizas durante las protestas". Escoger a los manifestantes encarcelados que se acercan demasiado una valla fortificada parecerá desproporcionada a cualquier observador razonable.
Gearan continúa:
Un enfoque centrado en Gaza podría tener al menos beneficios políticos a corto plazo para Israel, si una tregua en la frontera hostil reemplazara las imágenes de enfrentamientos mortales.
"Queremos apoyarlos", dijo el alto funcionario israelí sobre el equipo de EE.UU., y agregó que no está claro si Hamás aceptará la tregua y un intercambio de prisioneros que Israel exigirá desde el comienzo de cualquier propuesta.
Ella esconde a sus lectores el hecho de que Hamás ha cumplido las treguas en el pasado, solo para que Israel las rompiera cuando necesitaba mostrar sus músculos ante el mundo árabe.
Señala además que "los palestinos también buscan una reparación para los árabes que abandonaron sus hogares cuando se estableció el Estado de Israel". Esos palestinos no se limitaron a abandonar sus hogares, como si hubiera sido por su voluntad, lo que es contrario a la evidencia que siempre ha afirmado la propaganda. Fueron conscientemente expulsados ​​por una campaña de asesinatos y caos. Esta limpieza étnica fue completamente documentada por archivos del Gobierno examinados por historiadores israelíes hace 30 años. La "limpieza étnica" es el término de los historiadores, e incluso el ejército israelí utilizó el término "limpieza" y "pureza" en sus documentos.
Por supuesto Gearan informa, como si fuera un hecho, de que "Israel se retiró de Gaza en 2005". Mostré anteriormente la falsedad del relato.
Finalmente, Gearan discute la preocupación palestina de que el vuelco de Trump hacia Gaza pueda indicar una medida calculada para separar a ese grupo de palestinos de sus hermanos en Cisjordania:
Abbas dijo el mes pasado que rechazaba un paquete económico organizado por Estados Unidos para Gaza como un intento del Gobierno de Trump de dividir a los palestinos y reducir un conflicto político con Israel a una emergencia puramente humanitaria. Una declaración de su vocero advirtió a los países de la región para que no apoyaran un proyecto que separaría aún más Gaza de Cisjordania y requeriría concesiones sobre el estado de Jerusalén...
Pero:
El funcionario estadounidense desestimó las sugerencias de que centrarse en Gaza es el preludio de un plan impulsado por los EE.UU. para crear un Estado palestino en Gaza, lo que eliminaría del acuerdo a la recalcitrante Autoridad Palestina.
Tenemos motivos para preguntarnos si ese es realmente el plan estadounidense-israelí. Jonathan Cook escribe:
Según los informes, Trump espera revelar pronto un paquete, asociado con su plan de  "acuerdo pacificación del siglo ", que se comprometerá con la construcción de una red de energía solar, una planta de desalinización, un puerto marítimo y un aeropuerto en el Sinaí, así como una zona de libre comercio con cinco áreas industriales. La mayor parte del financiamiento provendrá de los estados del Golfo, ricos en petróleo.
Las fuentes diplomáticas egipcias parecen haber confirmado los informes. El programa tiene el potencial de ayudar a aliviar el inmenso sufrimiento de Gaza, donde escasean la electricidad, el agua limpia y la libertad de movimiento. Palestinos y egipcios trabajarían conjuntamente en estos proyectos, proporcionando trabajos desesperadamente necesarios. En Gaza, el desempleo juvenil supera el 60 %.
No se ha aclarado si se alentará a los palestinos de Gaza a vivir en el Sinaí en las proyectadas ciudades de trabajadores migrantes. Sin duda Israel esperará que gradualmente los trabajadores palestinos hagan del Sinaí su hogar permanente.
Mientras tanto Egipto se beneficiará tanto de la enorme inyección de capital en una economía actualmente en crisis como de la nueva infraestructura que se puede utilizar para su propia población en la agitada península del Sinaí.
Vale la pena señalar que durante dos años un ministro del gabinete israelí ha estado proponiendo proyectos de infraestructura similares para Gaza ubicados en una isla artificial que se establecerá en aguas territoriales palestinas. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha rechazado repetidamente la propuesta.
En cambio localizar el proyecto en Egipto, bajo el control de El Cairo, unirá las preocupaciones de seguridad egipcias sobre Gaza con las de Israel y servirá para matar el proyecto de Estado para la causa nacional palestina.
Cook entiende por qué este plan sería atractivo para Estados Unidos e Israel. (Señala que el general israelí Yoav Mordechai, que coordina la estrategia en los territorios ocupados, ha propuesto "una zona de libre comercio y proyectos de infraestructura en el Sinaí"). Entre otros beneficios, "haría permanente la división territorial entre Gaza y la Cisjordania y la división ideológica entre las facciones rivales de Fatah y Hamás"; "rebajar la calificación de Gaza de una cuestión diplomática a una humanitaria;" "alentar la solución final de potencialmente ubicar a millones de refugiados palestinos en territorio egipcio, despojándolos de su derecho en el derecho internacional a regresar a sus hogares, ahora en Israel"; "debilitar los reclamos de Abbas y su Autoridad Palestina, ubicada en Cisjordania, de representar la causa palestina y socavar sus movimientos para lograr el reconocimiento de la condición de Estado en las Naciones Unidas" "y levantar el oprobio de Israel al cambiar la responsabilidad de reprimir a los palestinos de Gaza a Egipto y al mundo árabe en general". ¿Por qué aceptaría Egipto el trato? Por, dice Cooks, "la susceptibilidad de Egipto a los incentivos financieros".
Por lo tanto, la estrategia de Trump-Kushner puede ser destruir, en nombre del humanitarismo, cualquier perspectiva de genuina liberación palestina. El efecto podría ser arrojar a los habitantes de Gaza a Egipto, de manera efectiva si no físicamente, mientras Israel continúa engullendo Cisjordania.
Adiós, solución de dos estados. Hola, apartheid de un Estado.
 Sheldon Richman , autor de America's Counter-Revolution: The Constitution Revisited , mantiene el blog Free Association y es miembro senior y presidente de los fideicomisarios del Center for a Stateless Society , y editor colaborador en Antiwar.com . Él es también el editor ejecutivo de The Libertarian Institute.
 Fuente: https://www.counterpunch.org/2018/07/16/trump-turns-to-gaza-as-middle-east-deal-of-the-century-collapses/
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

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Londres saca de Siria a los «Cascos Blancos»



El Reino Unido, Estados Unidos y Canadá evacuarán de Siria a varios cientos de miembros del grupo conocido como White Helmets o «Cascos Blancos» luego de la rendición de los grupos terroristas en el sur de ese país.
Los Cascos Blancos se presentan como una organización humanitaria pero participaron activamente en los actos de guerra contra la República Árabe Siria, por ejemplo cortando durante 42 días el suministro de agua a los 5,6 millones de habitantes de Damasco, la capital siria [1]. Numerosos miembros de los Cascos Blancos son a la vez miembros de al-Qaeda o del Emirato Islámico (Daesh).
Esos elementos irán no sólo al Reino Unido y Canadá sino que también van a establecerse en Holanda y Alemania.

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Desde Siria, «periodistas» piden ayuda a Israel


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Desde Siria, «periodistas» piden ayuda a Israel


Setenta y cinco individuos que dicen haber trabajado como periodistas en las zonas «rebeldes» en Siria han lanzado una llamada de auxilio a Israel y solicitan que las autoridades israelíes les permitan cruzar la línea de demarcación con Siria y ser posteriormente evacuados hacia Europa.
Estos «periodistas», cuyos nombres no se conocen con precisión, no son generalmente combatientes sino que se han dedicado a “cubrir” los acontecimientos, acreditando las alegaciones de crímenes supuestamente cometidos por las autoridades de Siria, como su supuesto uso de armas químicas.
Al principio, varios de estos «periodistas» fueron remunerados por medios como la televisión saudita Al-Arabiya, la BBC, la televisión qatarí Al-Jazeera, el canal informativo francés France24 y la televisión británica Sky, pero ahora dicen que todos los medios de prensa internacionales los han abandonado a su suerte.
El MI6 (servicio de inteligencia británico para el exterior) había instalado en Siria varios de estos individuos para garantizar el envío de «imágenes» a la prensa occidental. Con un presupuesto anual de 3 millones de euros, ese dispositivo ha sido presentado tardíamente como una forma de lucha contra el Emirato Islámico (Daesh), aunque en realidad fue instaurado desde el inicio de la agresión contra Siria para justificar la guerra contra el gobierno de Damasco.
- “How Britain funds the ‘propaganda war’ against Isis in Syria”, Ian Cobain, Alice Ross, Rob Evans, Mona Mahmood, The Guardian, 3 de mayo de 2016.

- «Las técnicas de la propaganda militar moderna», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 16 de mayo de 2016.

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Erdogan pone fin a 2 años de estado de emergencia en Turquía


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Erdogan pone fin a 2 años de estado de emergencia en Turquía


El presidente turco Recep Tayyip Erdogan puso fin al estado de emergencia en su país.
El estado de emergencia, impuesto inicialmente por 3 meses luego del intento de asesinato organizado por la CIA contra Erdogan, el 15 de julio de 2016, y del golpe de Estado improvisado aquel mismo día, había sido prorrogado en 7 ocasiones.
Erdogan aprovechó las disposiciones del estado de emergencia para excluir de la administración y la sociedad turcas a los elementos hostiles a su partido –el AKP–, principalmente a las personas vinculadas al predicador fundamentalista Fethullah Gulen, refugiado en Estados Unidos.
Fethullah Gulen participó en la conquista del poder junto a Erdogan, pero se mantuvo fiel a Estados Unidos, lo cual lo llevó a distanciarse del actual presidente turco.
Durante las purgas realizadas en Turquía, más de 150 000 funcionarios han sido depuestos y más de 80 000 personas han sido encarceladas. Esto último obligó las autoridades penitenciarias a liberar delincuentes comunes por falta de capacidad en las cárceles. Al menos 28 000 opositores han sido condenados.
La semana próxima, la Gran Asamblea Nacional de Turquía introducirá en el derecho común una serie de disposiciones vinculadas al estado de emergencia, como la prohibición de las concentraciones nocturnas y la posibilidad para el Estado de seguir deponiendo funcionarios sin tener que justificar por qué lo hace.

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El primer ministro al-Abadi impone estado de emergencia en Irak


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El primer ministro al-Abadi impone estado de emergencia en Irak


Una ola de manifestaciones se ha levantado en el sur de Irak, donde la población denuncia las graves carencias de los servicios gubernamentales.
Para evitar que ese movimiento de protesta se extienda a la capital, el primer ministro Haider al-Abadi impuso el estado de emergencia el pasado fin de semana.
Las protestas comenzaron con la exigencia de que se estabilice el servicio eléctrico. En el sur de Irak las temperaturas fluctúan actualmente entre 45 y 48 grados Celsius y resulta prácticamente imposible trabajar sin aire acondicionado.
A los reclamos por la falta de electricidad se agregaron después las protestas por la ausencia de agua potable y por la presencia de trabajadores extranjeros en el sector de los hidrocarburos en un momento en que el desempleo alcanza cifras muy elevadas.
Como colofón, entre los problemas que denuncian los manifestantes está también la cuestión de la corrupción, que fue un tema predominante en la campaña electoral que antecedió las recientes elecciones legislativas en Irak.

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Israel abandona a sus colaboradores en Siria



Ante el avance de las tropas del Ejército Árabe Sirio, un centenar de personas que colaboraban con los israelíes en el sur de Siria tratan de replegarse hacia Israel acompañados de sus familias.
Esas personas y sus familiares se han concentrado en la línea de demarcación entre Siria y el Golán ocupado por Israel, pero el gobierno del primer ministro israelí Benyamin Netanyahu ha ordenado cerrarles el paso.
Durante la guerra en Siria, Israel reclutó colaboradores en suelo sirio, tanto para fomentar movimientos separatistas entre los pobladores drusos o beduinos como para utilizar a esos elementos como agentes de enlace con diversos grupos terroristas.
Al final de la guerra en Líbano, Israel protegió a sus colaboradores cristianos, reunidos en el Ejército del Líbano Sur (ALS) bajo las órdenes de Antoine Lahad. Sin embargo, los israelíes se niegan ahora a proteger a los colaboradores musulmanes de Israel en Siria.

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El establishment estadounidense ante la cumbre de Helsinki, por Manlio Dinucci


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El establishment estadounidense ante la cumbre de Helsinki, por Manlio Dinucci

Manlio Dinucci,

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«Tenemos que conversar sobre todos los temas, desde el comercio hasta lo militar, los misiles, la cuestión nuclear, China.» Con esas palabras inició el presidente Trump la cumbre de Helsinki. «Ha llegado el momento de hablar en detalle de nuestras relaciones bilaterales y de los puntos neurálgicos internacionales», subrayó Putin.
Pero los dos presidentes no decidirán solos cómo serán las relaciones entre Estados Unidos y Rusia en el futuro.
No es casual que, precisamente en el momento en que el presidente de Estados Unidos estaba a punto de reunirse con el presidente d Rusia, el fiscal especial Robert Mueller inculpara a 12 rusos acusándolos de haber manipulado la elección presidencial estadounidense penetrando en el sistema informático del Partido Demócrata para perjudicar a la candidata Hillary Clinton. Los 12 inculpados, acusados de ser agentes del GRU –la inteligencia militar de la Federación Rusa–, han sido definidos oficialmente como «los conspiradores» y se les inculpa por «conspiración en detrimento de Estados Unidos».
Al mismo tiempo, Daniel Coats, director de la Inteligencia Nacional estadounidense y principal consejero del presidente en la materia, acusaba a Rusia de haber «socavado nuestros valores básicos y nuestra democracia». Y después afirmaba que la «amenaza de ataques cibernéticos ha alcanzado un punto crítico» análogo al que antecedió el 11 de septiembre, no sólo de parte de Rusia –país que calificó como «el agente extranjero más agresivo»– sino también de parte de China e incluso de Irán.
Simultáneamente, en Londres, los «investigadores» británicos anunciaban que la inteligencia rusa (de nuevo el GRU) también envenenó en Inglaterra a un ex agente ruso, Serguei Skripal, y a su hija, quienes sobrevivieron inexplicablemente a la intoxicación con un gas extremadamente letal.
Es evidente el objetivo político de esas «investigaciones»: afirmar que a la cabeza de esos «conspiradores» está el presidente ruso Vladimir Putin, con quien el presidente Donald Trump se sentó a la mesa de negociaciones a pesar de la gran oposición de demócratas y republicanos a que lo hiciese. Inmediatamente después de la inculpación contra los «conspiradores», los demócratas exigieron a Trump que anulara su encuentro con Putin. No lo lograron, pero siguen presionando fuertemente en contra de todo tipo de conversación.
Lo que Putin está tratando de obtener de Trump es a la vez simple y complejo: un relajamiento de la tensión entre los dos países. Con ese objetivo propuso a Trump, quien aceptó, una investigación conjunta sobre la «conspiración».
No se sabe cómo va a desarrollarse la discusión sobre los temas cruciales: Crimea, Siria, armamento nuclear, etc. Tampoco se sabe lo que Trump va a solicitar. Lo que sí se sabe es que cualquier concesión que haga podrá ser utilizada para acusarlo de complicidad con el enemigo. Al relajamiento de la tensión con Rusia se oponen no sólo los demócratas (que han asumido el papel de «halcones») sino también numerosos republicanos entre los que se cuentan importantes miembros de la administración del propio Trump. No sólo se trata del establishment estadounidense sino incluso del establishment europeo, cuyos poderes y ganancias dependen de la existencia de tensiones y guerras.
No serán las palabras sino los hechos lo que demostrará si el clima de distensión de la Cumbre de Helsinki puede convertirse en realidad. Ante todo con una desescalada de la OTAN en Europa, o sea con la retirada de las fuerzas, incluso nucleares, que Estados Unidos y la OTAN han desplegado contra Rusia y también con el cese de la expansión de la OTAN hacia el este.
Incluso si un acuerdo sobre esos temas llegara a producirse entre Putin y Trump, ¿podrá este último ponerlo en práctica? ¿O en realidad estaría la decisión final en manos de los poderosos círculos del complejo militaro-industrial?
Lo que sí es seguro es que no podemos, en Italia y en Europa, mantenernos como simples espectadores de decisiones que determinarán nuestro futuro.
Fuente
Il Manifesto (Italia)

Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la versión al francés de Marie-Ange Patrizio

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