viernes, 20 de julio de 2018

El fin del régimen político-oligárquico neoliberal en México


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El fin del régimen político-oligárquico neoliberal en México

 

 

 


Introducción En este escrito -que pretende construirse desde la perspectiva de una izquierda anticapitalista- se busca caracterizar a la nueva realidad política mexicana que emergió del reciente proceso electoral y sus resultados, es decir: del triunfo de MORENA y la llegada de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a la presidencia, acontecimiento que colapsó al hasta entonces vigente régimen político y su sistema de partidos. Sobre las ruinas de ese régimen colapsado se está levantando otro que es necesario entender para hacer política en esta nueva etapa histórica del país.
Se intenta hacer esta caracterización del régimen político emergente y del nuevo gobierno situándolos históricamente para vislumbrar las perspectivas y tareas de una izquierda anticapitalista en México y, asimismo, para que ésta no sea arrastrada por el tsunami lopezobradorista actual hasta perder su identidad y proyecto, como sucedió con la oleada cardenista de los 80 que dio origen al PRD que hoy cierra, al fondo y a la derecha, de manera definitiva su ciclo de existencia.
Del régimen bonapartista sui generis al régimen oligárquico (neo) liberal
Revolución interrumpida y régimen bonapartista sui generis
Partamos del origen de todo proceso político del México moderno: la Revolución mexicana y el régimen político posrevolucionario. De acuerdo a Adolfo Gilly, en su libro La revolución interrumpida, se pueden distinguir tres concepciones sobre la Revolución mexicana, a saber: a) era una revolución burguesa que se fue desarrollando con los gobiernos de la revolución; b) fue una revolución democrática burguesa que concluyó, pese a sus logros parciales; c) forma parte de un proceso revolucionario mundial, de modo que puede entenderse como una revolución interrumpida que aúna una revolución agraria y antiimperialista, impulsada por las masas campesinas y pequeñoburguesas, con una dinámica anticapitalista, a pesar de la dirección burguesa y pequeñoburguesa dominante.
“En ausencia de dirección proletaria y programa obrero -dice Gilly-, debió interrumpirse dos veces: en 1919-1920 primero, en1940 después, sin poder avanzar hacia sus conclusiones socialistas.”
Si concebimos, como lo hace Adolfo Gilly (inspirándose en Trotsky), que la Revolución mexicana que quiebra al régimen porfirista en 1910 es una revolución permanente interrumpida, en la que una revolución democrática burguesa retardada se empalmó con el inicio de una revolución proletaria que no encontró al sujeto revolucionario que la empujara hacia el socialismo, podemos develar el enigma del régimen político posrevolucionario. Aunque éste es, sin duda, parte de un Estado burgués que consagra la propiedad privada y legitima la explotación capitalista, garantizando la reproducción de la totalidad de las relaciones capitalistas, su forma política específica, según el propio Trotsky, es la de un régimen bonapartista sui generis, es decir, la de gobiernos como el cardenista que pretenden elevarse por encima de las clases sociales, concediendo reformas sociales a las clases dominadas (obreros y campesinos) para ganar legitimidad y cierta libertad en relación al imperialismo. Así escribe Trotsky en un artículo, refiriéndose explícitamente al gobierno de Cárdenas:
“En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno oscila entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista sui generis, de índole particular. Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros. La actual política [del gobierno mexicano] se ubica en la segunda alternativa.”
Mientras los comunistas mexicanos, subordinados al estalinismo, entendían a la Revolución mexicana como una revolución burguesa en proceso a la que se debía apoyar, comprenderla como una revolución interrumpida permitía romper con la concepción etapista de la revolución que por años subordinó a los comunistas (estalinistas) mexicanos al régimen político mexicano (al PRM y luego al PRI).
De acuerdo a la concepción de los comunistas mexicanos, el régimen político que se levantó al término de la Revolución mexicana era un régimen nacionalista revolucionario al que se debía respaldar porque impulsaría al capitalismo y una “democracia burguesa”. Es por eso que caracterizar al régimen político posrevolucionario como bonapartista sui generis permitió entender su papel en el desarrollo del capitalismo mexicano y su reformismo social, pero también permitió cuestionar su autoritarismo, su caudillismo presidencialista y su política corporativa que subordinó a las organizaciones de las clases explotadas al integrarlas a su estructura a través de un partido único, lo que llamamos PRI-gobierno. Desde la perspectiva de la revolución interrumpida y del bonapartismo sui generis, la izquierda revolucionaria no debía de subordinarse al régimen posrevolucionario sino que debía de luchar contra él, reivindicando la democracia y la independencia de la clase trabajadora para reiniciar la revolución permanente y socialista.
De manera similar un pensador crítico de la política mexicana como Arnaldo Córdova caracterizó al régimen político posrevolucionario, pero recurriendo al concepto de “populismo”.
La Revolución Mexicana, según la interpretación de Arnaldo Córdova, fue una “revolución política” (que rompió con la dictadura porfirista pero no con el capitalismo) y populista, pues al mismo tiempo que frenó a una auténtica “revolución social” manipuló a las masas mediante “la satisfacción de demandas inmediatas”: la reforma agraria y la legislación laboral. Para afirmar un Estado populista, que impulsaba reformas sociales mientras desarrollaba formas de control corporativo sobre las organizaciones populares de masas, era necesario “institucionalizar” y estabilizar el poder: pasar, como decía Calles, de un “régimen de caudillos a un régimen institucional”. En ese sentido los grupos revolucionarios formaron al PNR en 1929 -que luego se transformó con Cárdenas en PRM en 1938 y con Miguel Alemán en PRI en 1946-, integraron a las organizaciones obreras, campesinas y populares a la estructura del Partido (corporativismo) y levantaron un régimen presidencialista.
Para evitar los enfrentamientos de los caudillos revolucionarios en la disputa del Poder no sólo se creó al partido oficial y se subordinó a las organizaciones de masas a él, también se dejó en el pasado la política caudillista: se transformó el carisma caudillista al institucionalizar el poder como “presidencialismo constitucional.” Es justamente esta institución, el Estado de Ejecutivo fuerte o Presidencialismo, la que impidió que el sistema político mexicano fuera caracterizado simplemente como “democracia” o como “dictadura” y la que reveló, además -señalaba Córdova- su “secreto profundo”.
Este régimen político mexicano posrevolucionario, bonapartista o populista, fue deteriorándose en cada sexenio hasta que, con la imposición de las políticas neoliberales a principios de los ochenta, fue sustancialmente modificado para volverse un régimen político oligárquico (neo) liberal.
Revolución pasiva neoliberal
Según algunos analistas, el neoliberalismo se impuso en México con una “revolución pasiva” (en el sentido de Gramsci). Cabe aclarar que el concepto de “revolución pasiva” fue elaborado por el marxista italiano para pensar las transformaciones desde arriba, que no modifican las formas de explotación sino que las modernizan; en ese sentido, toda “revolución pasiva” es una "revolución-restauración": lleva a cabo cambios importantes, pero sin que las clases dirigentes del bloque histórico dirigente cedan ni un ápice de su poder económico o político a las clases trabajadoras. De hecho, lo que se busca es evitar la participación de las masas en esos cambios, por lo que tratan de neutralizarlas y, de ser posible, ganárselas. Para entender los cambios del sistema político en esos años y sus perspectivas, resultó útil retomar este concepto.
Por ejemplo, Carlos Javier Maya utilizó el concepto de “revolución pasiva” para comprender los cambios globales que propició el neoliberalismo. Para este autor, la “revolución pasiva” pensada por Gramsci refiere “un proceso de transformación gestionado desde lo alto, como respuesta capitalista a los problemas planteados por la crisis de hegemonía.”
En realidad, aclara, no es un cambio sistémico que “hace época” pues sólo moderniza las relaciones sociales dentro de una formación económico-social pero no las modifica sustancial y radicalmente al punto de que revolucione el sistema de producción o dominación, terminando con la explotación y el dominio de clase. Por eso nos recuerda que la “revolución pasiva” gramsciana remite, más bien, a una suerte de “revolución sin revolución”, esto es, a procesos de transición “de tipo conservador” que neutralizan y/o dirigen la iniciativa popular. En ese sentido, comenta, es útil para explicar las restructuraciones del Capital en los que éste se moderniza legalmente, desde arriba y sin la participación de las masas. Y como se impulsa desde el Estado, avanza con más dominio (coerción) que con consenso, aunque de inmediato pretenda ser, al mismo tiempo que una modernización económica, una “revolución intelectual y moral” que difunde su ideología para construir su consenso, para lo cual requiere el “transformismo” de ciertos intelectuales que se volverán orgánicos. Desde esta perspectiva, Carlos Maya piensa a la globalización neoliberal como una “revolución pasiva”. Esta manera de abordar los cambios que suponen los tiempos neoliberales permite la superación de las perspectivas economicistas así como la crítica ideológica a la doctrina neoliberal vista como elemento clave de un proyecto hegemónico.
En el caso mexicano, podemos detallar la “revolución pasiva” que empezó con Salinas de Gortari a partir de la “alianza estratégica” (como le llama Arnaldo Córdova) que se acordó entre el PRI y el PAN a finales de la década de los 80, después del fraude electoral contra Cárdenas (que, por cierto, defendía al antiguo régimen bonapartista).
Aunque no puede negarse que fue desde la presidencia de Salinas de Gortari que el neoliberalismo se implantó en México de manera contundente, tampoco puede olvidarse el importante papel del PAN respaldando ese proceso. De hecho, Salinas de Gortari adquirió cierta legitimidad en su cargo gracias al apoyo del PAN. Pero ese apoyo se debía a dos coincidencias políticas fundamentales: 1) su identidad ideológica neoliberal y 2) su oposición a la izquierda cardenista y “populista”, a la que le arrebataron su triunfo electoral.
No por casualidad, el neoliberalismo se impone en México con un mecanismo que este régimen utilizará recurrentemente para su dominio político: el fraude electoral. Desde entonces comienza en México una dominación política sin legitimidad ni consenso.
La “alianza estratégica” entre el PRI y el PAN, que incluía sectores de la burguesía, se sostuvo por su fidelidad al credo neoliberal, cambiando la institucionalidad política de México ya que el entonces nuevo bloque histórico, de derecha, se apropió de la esfera pública para decidir no las políticas económicas nacionales (porque éstas vienen del BM y el FMI) pero sí arreglos electorales, leyes, gobiernos estatales, etc. En ese sentido, insistía Córdova que la famosa “alternancia política”, en gobiernos estatales y en la propia presidencia de la república, fue un “arreglo en familia” entre “el priísmo derechizado y el nuevo panismo más derechista que nunca antes.”
Con la hegemonía de un bloque histórico de derecha se proyectó a la sociedad entera sus concepciones ideológicas, dogmáticas (cerradas en el pensamiento único neoliberal) e intolerantes a todo lo popular y lo público (denigrado como “populista”), naturalizando una visión de la sociedad como jerárquica y autoritaria, supuestamente basada en seres humanos individualistas y competitivos, con ganadores y perdedores. Por supuesto, se sacralizó a la propiedad privada, la privatización de las riquezas, el desarrollo de inversiones capitalistas, la restauración del patriarcalismo, las diferencias clasistas y la explotación desmedida del hombre y la naturaleza; consecuentes con lo anterior, fueron capaces de justificar y naturalizar todas las formas de dominio, poder, explotación y violencia sobre sectores humanos.
Como grupo que tenía en sus manos el poder económico, éste se volvió una enajenada “personificación” del Capital, dedicada a velar por sus intereses. Por eso, manejó una política carente de ética, pues no lo guiaban valores sino intereses estrechamente económicos: se trataba de hacer negocios y sacar ganancias como fuera.
Ello explica por qué esta alianza gobernante no tuvo problemas con abiertas y cínicas corruptelas o en ceder la soberanía nacional a organismos financieros internacionales (BM y FMI), en impulsar las “reformas estructurales”: privatizar, desregular, flexibilizar, permitir el saqueo de los bienes públicos y los recursos naturales de la nación, etc. El bloque histórico de derecha gobernante -carente de toda veleidad nacionalista o de velar por el bien público- no tuvo ningún escrúpulo en permitir que la esfera de los asuntos públicos del país (la política) quedara en manos de extranjeros que sólo velan, también, por los intereses del Capital dominante en su país. Tampoco tuvo reservas para dominar con el terrorismo de Estado o aliarse con los narcos. Por cierto, el nuevo bloque histórico de derecha logró imponer al neoliberalismo no sólo entre la clase política sino en amplias capas de la sociedad después de años de bombardeo ideológico, volviéndolo “sentido común”. Por ello el neoliberalismo se volvió en México y en el mundo globalizado un fenómeno económico y también cultural que se expresó políticamente con un dramático cambio de régimen político.
De acuerdo a Octavio Rodríguez Araujo, un régimen político no se reduce a la política de un gobierno ya que remite a una forma de existencia del Estado que depende de una correlación de fuerzas sociales y políticas en un momento dado. Para este politólogo mexicano, de 1982 hasta el 2000 coexistieron dos regímenes políticos en nuestro país: el viejo régimen estatista, bonapartista y populista, y el nuevo régimen neoliberal, oligárquico y privatizador -ambos autoritarios y subordinados al capitalismo. Lo cierto es que con el gobierno de Salinas de Gortari y su alianza con el PAN un nuevo régimen político se empezó a imponer en México.
Régimen oligárquico neoliberal
Cabe señalar, de entrada, contra la mistificación del liberalismo político y su supuesta “democracia sin adjetivos”, que partimos de rechazar la comparación que durante años se hizo entre un gobierno populista autoritario y un gobierno neoliberal democrático. En realidad, ninguno de los dos fueron democráticos y los dos fueron bastante autoritarios, aunque lo fueron de maneras diferentes.
De hecho, el viejo régimen bonapartista y populista era hegemónico gracias a la ideología del nacionalismo revolucionario, que era casi la identidad nacional de lo mexicano, de modo que dominaba con coerción pero también con el consenso que lograba entre amplias capas sociales por su ideología y su “reformismo social” (su “política de masas”, decía Córdova), gracias al Estado social y sus organizaciones sociales corporativas.
En cambio, el nuevo régimen neoliberal dominó, pero carente de hegemonía y sin consensos, apoyado en la fuerza policíaca y militar.
“Los gobiernos del nuevo régimen -señala Rodríguez Araujo-, del tecnocrático neoliberal, han perdido los modos tradicionales de control y dominación de la sociedad, al extremo de tener que recurrir cada vez más a la presencia de las fuerzas armadas, pero al mismo tiempo, no han podido (o querido) resolver las contradicciones extremas que sus políticas neoliberales han provocado en la sociedad.”
Considerando su trayectoria, es posible que el nuevo régimen neoliberal oligárquico fuera incapaz de lograr una verdadera hegemonía política o una dominación con legitimidad porque ésta se teje -según una estudiosa del tema, Rhina Roux- en largos procesos históricos con la integración política, la soberanía nacional y la legitimidad.
De acuerdo a esta autora, la hegemonía no es la mera imposición de ideas e intereses de los grupos dominantes a los dominados; la hegemonía implica el consenso activo de los gobernados: es “la aceptación activa de los gobernados del mando estatal resultado de un proceso también atravesado por los intentos de las clases subalternas por imponer reivindicaciones propias.”
La hegemonía implica la conformación de una comunidad política que integra mitos y creencias colectivas de los grupos subalternos en un intercambio y pacto político con el Estado que permite la relación de mando-obediencia.
La tesis que defiende Rhina Roux en El Príncipe mexicano es que la hegemonía del Estado nacional se alcanzó en un arco histórico que va de Juárez y llega hasta Cárdenas:
“En el cardenismo culminó el proceso histórico de configuración del Estado nacional abierto en México por las reformas juaristas. En los años treinta del siglo XX terminó de conformarse la comunidad ilusoria estatal, se institucionalizó el vínculo mando obediencia entre gobernantes y gobernados, y se afirmó la soberanía del poder estatal frente a poderes y mandos externos…”
El neoliberalismo irrumpió en la escena política para poner en cuestión tanto a esa “comunidad ilusoria estatal” como a la hegemonía que cobijó al viejo régimen bonapartista, pero sin lograr ser capaz de levantar otra. Por ello mismo, el bloque histórico neoliberal intentó borrar de la historia a Juárez y a Cárdenas, mientras que, significativamente, AMLO siempre buscó conectarse con ellos.
Pero, ¿cómo podría construir una nueva hegemonía si el neoliberalismo, por esencia, desintegra lo social, disuelve la soberanía nacional y no es capaz de legitimarse con sus políticas anti-populares?
Lo intentó, sobre todo, con el discurso políticamente liberal de la “transición democrática”, según el cual México al fin había entrado a la democracia (así fuera imperfecta). Pese a los fraudes electorales, a la subordinación de todos los poderes al ejecutivo y de éste al imperialismo y a las cúpulas empresariales, a la existencia de partidos satélites abiertamente colaboracionistas y desdibujados ideológicamente, al colapso del Estado de Derecho y al descrédito de los partidos así como de las instituciones políticas (INE, TRIFE, etc.), el régimen político neoliberal a través de sus intelectuales orgánicos cantó loas a la llamada “democracia sin adjetivos”, a las elecciones libres y a la competencia electoral, a la alternancia, al sistema de partidos, a la división de poderes como contrapesos, al imperio de la ley, a las instituciones ciudadanas, etc. El duro contraste entre el discurso del liberalismo político y la antidemocracia imperante sólo generó más desconfianza, descontento y rechazo al régimen político.
El régimen también recurrió al control de los medios de comunicación masivos (la televisión y la radio) y sus mensajes encubridores y retóricos; es verdad que ello funcionó durante algunos años hasta que las llamadas “redes sociales” se instituyeron y generalizaron en sectores de la sociedad y las nuevas generaciones. Se abrió entonces la posibilidad de ensayar nuevas formas contra-informativas al margen y fuera de control del Estado.
Otra tentativa de parte del régimen por adquirir legitimidad ante ciertos sectores de la población fue recurrir a la Iglesia tradicional, como lo hicieron tanto el PAN como el PRI, con el proyecto de re-moralizar a la sociedad atacando la herencia juarista del Estado laico y relanzando al patriarcalismo como punta de lanza de una ofensiva contra los derechos de las mujeres conquistados por el movimiento feminista. Sin embargo, la estrategia no funcionó en amplias capas de la sociedad donde la escolarización pública y el laicismo resultaron irreversibles y corrosivos para los dogmas religiosos conservadores.
Como los sucesivos gobiernos neoliberales debían someterse a procesos electorales con una legitimidad cuestionada, el acuerdo histórico entre el PRI y el PAN permitió una alternancia simulada que dejaba intocadas a las políticas neoliberales y las corruptelas de la clase política que generó el régimen. Sin embargo, ello no bastaba para sortear los procesos electorales. Por eso, durante este régimen político neoliberal, el fraude electoral fue prácticamente naturalizado e institucionalizado, formando parte sustancial de los mecanismos de dominación que se echaban a andar en cada elección: funcionaban entonces las redes de control y compra o condicionamientos del voto a través de los cientos de llamados "programas sociales", se lanzaba el desigual bombardeo propagandístico con “guerra sucia” incluida, se encendían los programas en la computadoras del IFE para favorecer a los candidatos oficiales o se hacía el trabajo manual de robarse urnas o alterar actas, siempre contando como válvulas de seguridad el control de los tribunales electorales y el propio INE. Al final de estas tentativas fallidas de generar cierto consenso o legitimidad por parte del entonces nuevo régimen político neoliberal, sólo se confirmaba el debilitamiento creciente de la legitimidad y hegemonía de un régimen que había abandonado la lucha por la soberanía nacional mientras el Estado-nación parecía disolverse en feudos regionales de gobernadores y de grupos empresariales haciendo dinero con los servicios privatizados o subrogados, o en funcionarios y políticos corruptos entremezclados con delincuentes y narcos.
Si el liberalismo político sólo fue una ficción mistificadora de la realidad, el (neo) liberalismo económico fue, en cambio, una realidad apabullante. Por eso podemos caracterizar a ese régimen de neoliberal -en lo económico, no en lo político-, siempre y cuando señalemos al sector beneficiado y dirigente de ese bloque histórico: la oligarquía que se enriqueció con las privatizaciones y corruptelas de los gobiernos neoliberales, esa que AMLO llamó “la mafia del poder”.
El nuevo régimen político de México que imperó en estos últimos años fue abiertamente oligárquico: en él mandaron y decidieron en la esfera pública los más poderosos económicamente, para seguir enriqueciéndose. Arnaldo Córdova también constataba que el Estado nacional mexicano se volvió, como decía Marx, “un comité de administración de los asuntos comunes del conjunto de la burguesía.” Señalaba, además, que como el Estado mexicano ha servido principalmente a los ricos, se ha divorciado de la sociedad. Decía que ello era como una fantasía de la burguesía realizada: “todo el Estado -decía Córdova- en sus muy diferentes departamentos, gobernado para los dueños de la riqueza.” Todo el Estado, lo que queda de él, ha estado dedicado a sus negocios: privatizando bienes y servicios públicos, pagando a contratistas donde se pueda para suplir la intervención estatal, subrogando, dando tratos preferenciales en contratos, rescatando si el negocio (de carreteras, por ejemplo) va mal, etc.
Se tenía al poder ejecutivo como “mayordomo” de los grandes empresarios; además, las partidocracias actuaban como cómplices que imponían a sus subordinados diputados y senadores lo que acordaran fuera de las Cámaras, “en lo oscurito”, que era donde realmente se gobernaba y desgobernaba al país. Si había algún problema, se ponía a trabajar al poder judicial, que para eso se le paga bien. El último recurso siempre fue el ejército.
-¿Dónde quedó la política como esfera pública para discutir y decidir los asuntos colectivos de nuestra sociedad? -En manos del Capital extranjero y de la oligarquía económica.
-¿Quién mandaba en ese régimen político y, en consecuencia, en el país? ¿Quiénes dominaban, decidían y ordenaban en la esfera de los asuntos públicos de la comunidad? -Además de los representantes del Capital transnacional a través de los organismos financieros internacionales (BM y FMI), la oligarquía: “los pocos, que son (muy) ricos”: el núcleo de 28 empresas que concentra grandes fortunas. Lo podemos decir citando al propio AMLO:
“Recapitulando: la actual oligarquía se conformó desde el gobierno de Carlos Salinas, cuando un puñado de traficantes de influencia, al amparo del poder público, inició el despojo de bienes de la nación y del pueblo, con el engaño de una supuesta modernización del país. El modelo llamado neoliberal, más bien de corrupción y saqueo, se consolidó con los gobiernos de Zedillo, Fox y Calderón.”
Crisis del régimen oligárquico neoliberal
Si la forma política del neoliberalismo se impuso con el relanzamiento mundial del Capital hace más de 30 años, intentando además darle una justificación ideológica a la desenfrenada dinámica capitalista que rompía todas las regulaciones (la victoria del mercado libre sobre sus adversarios comunistas), ahora el neoliberalismo sigue respondiendo a la dinámica de un capitalismo "desmecatado" (como lo califica Armando Bartra) pero se encuentra desgastado ideológicamente, incapaz de responder a las crisis económicas permanentes y generando crisis políticas de legitimidad a nivel mundial.
Después del sueño neoliberal de imponer un Nuevo Orden mundial despertamos en la realidad de un Caos geopolítico con nuevos conflictos inter-imperialistas que sólo anuncian una "inestabilidad geopolítica crónica" cuyas evidencias son la competencia imperialista, la enorme movilidad del capital, la financiarización de la economía, la nueva espiral de la carrera armamentista...
Si a ello le sumamos que las instituciones financieras han privado a los gobiernos de tomar decisiones económicas estratégicas en sus países, nos encontramos ante una "crisis de gobernabilidad" planetaria que ha golpeado a los procedimientos legitimadores de la "democracia" burguesa y ha quebrado las formas de poder político tradicionales para imponer una nueva dominación con crisis permanente de legitimación.
De la crisis de legitimidad del régimen oligárquico neoliberal mexicano
La crisis de dominación política del régimen neoliberal, la incapacidad de generar consenso y legitimidad, fue una constante pero durante el sexenio de Enrique Peña Nieto (EPN) se agudizó al punto de hacernos soñar la caída de su gobierno.
No se podía soslayar que la propia candidatura de Peña Nieto fue denunciada como fraudulenta desde antes de las elecciones por el movimiento estudiantil y popular del #Yosoy132 , que en el proceso electoral se denunció que la campaña de Peña Nieto rebasó con mucho el tope legal de gastos electorales, que se mostraron múltiples vídeos y tarjetas de Soriana para probar que se compraron votos para el candidato del PRI y que se estaba formando un frente unitario contra la imposición de EPN en el 2012. El gobierno de EPN nació con la marca del fraude y la ilegitimidad.
Sin embargo, las cosas no llegaron a más porque el propio candidato afectado por el fraude, Andrés Manuel López Obrador, decidió organizar a su partido (MORENA) y abandonó la lucha contra el fraude. Ello permitió que EPN tomara el poder ejecutivo e impusiera en el 2012 y el 2013 sus primeras contra-reformas estructurales, con el apoyo del falso “Pacto por México” firmado por el PRI, el PAN y su nuevo socio: el PRD. Con este Pacto el PRD pasaba de las filas de la oposición (limitada, negociadora, pragmática) a sumarse al bloque hegemónico neoliberal, volviéndose abiertamente un partido colaboracionista.
Acosado por denuncias de mala administración y corrupción, como la de su “casa blanca”, el gobierno de EPN perdía legitimidad en sectores importantes de la población hasta que ocurrieron los hechos de la noche trágica de Iguala del 26 de septiembre de 2014, en la que 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa fueron desaparecidos.
Para algunos, esa fue la gota que derramó el vaso: el repudio nacional contra el gobierno de EPN llevó a las calles a miles de contingentes que gritaban con fuerza y por todos los medios: “¡Fue el Estado! ¡Fuera Peña Nieto! ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”
Cuando el clamor popular parecía extinguirse después de las elecciones del 2015, que le dieron cierta legitimidad al régimen, en 2016 la SEP pasó de la declaración de la guerra contra el magisterio -eso era la reforma administrativa y laboral que llamaron educativa- a las acciones bélicas al tratar de imponer a sangre y fuego las evaluaciones docentes. Si la contra-reforma energética, privatizadora y anti-nacional, no despertó el esperado repudio popular masivo, la mal llamada reforma educativa sí lo hizo. Mientras el gobierno llenaba de policías y militares las calles para aplastar la insurrección magisterial, ésta mantenía y extendía sus protestas con un creciente apoyo popular.
En esta situación explosiva ocurrió la masacre de Nochixtlán el 19 de junio de 2016: el ataque armado de policías y militares contra una población que apoyaba al magisterio. Esta nueva matanza obligó a la SEP a negociar con la CNTE. Pese a que esas negociaciones evitaron que la confrontación creciera, los gobernantes las negaron y en su discurso siguieron provocando a los maestros de todo el país, ¡incluso en plena campaña electoral!
De hecho, acostumbrados a la imposición por la fuerza y la corrupción, el gobierno de EPN y sus aliados en el poder fueron incapaces de recomponer ya no su hegemonía política y mantener cierta gobernabilidad sino cierta imagen aceptable ante la población. En vez de intentar mejorar su muy deteriorado perfil, permitieron la exhibición cínica de gobernantes corruptos e impunes; en vez de hacer gestos nacionalistas, invitaron a Trump a seguir su campaña antimexicanos ¡en México! En esos días no faltaron voces acusando a EPN de traidor de la patria.
Y así se llegó a 2017: en vez de mantener en paz al país antes de las elecciones presidenciales del 2018, le echaron gasolina al fuego del descontento popular en enero de este año con un aumento en el precio de la gasolina que desató otra enorme movilización nacional repudiando el hecho. La profunda crisis de legitimidad del régimen político mexicano entero (incluidos partidos institucionales y gobernadores) se insertaba en un complicado panorama internacional, con la crisis de los llamados “gobiernos progresistas” y, por supuesto, la sorpresiva llegada de Donald Trump al poder presidencial de Estados Unidos.
La política proteccionista de Trump ponía en riesgo el frágil, derruido y dependiente país que los neoliberales en el poder configuraron en estos últimos 30 años.
Quedaba claro que las políticas neoliberales -la desregulación económica, el Tratado de Libre Comercio, el desmantelamiento del Estado social, el ataque a los derechos y condiciones laborales y de vida de los trabajadores, la privatización de nuestras riquezas naturales- fueron veneno puro para nuestra economía: terminaron tanto con la industria como con el campo, endeudaron al país al punto de dejarlo a merced de los organismos financieros internacionales, acrecentaron la desigualdad, la miseria, el desempleo y la sobrexplotación. La única industria que creció en esos años de “capitalismo delincuencial” (como dice Harvey), con ganancias exorbitantes, fue la delictiva, pero a costa de más de medio millón de muertos y desaparecidos.
Nuestra agónica economía quedó débilmente sostenida con un PEMEX privatizado -que padece la caída de precios del petróleo y su acelerado agotamiento-, la inversión externa en sectores extractivistas y las remesas de los migrantes amenazados por el gobierno de Trump.
La llegada a la presidencia de Estados Unidos de un supremacista blanco, ultraconservador que defiende políticas proteccionistas no sólo iba contra el credo neoliberal sino que suponía la derrota (ideológica, política, económica, cultural) pronosticada y cumplida para los políticos neoliberales mexicanos.
Estos políticos dejaban un país al borde del colapso económico: con un PEMEX desmantelado y privatizado, de modo que, por ejemplo, importamos gasolina que venden particulares para obtener ganancias privadas; las remesas de los mexicanos que trabajan en Estados Unidos corren el peligro de ser recortadas por una masiva expulsión de migrantes del país del norte; la inversión extranjera ya es frenada y desviada de regreso a Estados Unidos. Cuando Trump dijo: “compra y contrata lo estadounidense”, condenó a muerte a la limitada economía exportadora, levantada con orgullo por los neoliberales, que depende en un 80% de la economía estadounidense.
El colapso del régimen oligárquico neoliberal mexicano
Conocedores del funcionamiento político del régimen político mexicano, este 2018 se preveía un fraude electoral contra AMLO que podría ser el detonante de un levantamiento popular que confrontara al régimen y lo hiriera de muerte.
Sin embargo, el régimen se quebró en el propio proceso electoral: primero se desgarró el autodenominado “Pacto Por México” (signado por el PAN y el PRD apoyando al PRI) y luego, más significativamente, se rompió la histórica alianza del PRI con el PAN, acuerdo que había instituido al propio régimen político y amalgamado un bloque histórico.
Anunciado durante las campañas electorales el fin del régimen, los partidos trataron de armar nuevas coaliciones: ya sea alrededor del PAN, subordinando a un PRD desdibujado ideológicamente, o en torno a AMLO y MORENA sumando a sectores empresariales y movimientos sociales, a evangelistas y ateos, pero también a expanistas, expriístas, experredistas, etc.. La burguesía también se dividió: un sector capitalista ligado al mercado interno se confrontó con la oligarquía favorecida por el neoliberalismo y con el bloque de clases cuyo expresión política fue el PRIAN. En estos movimientos y maniobras políticas, la izquierda institucional se desvaneció: el PRD se fue al fondo, a la derecha, a la cola del PAN (el tradicional partido de la derecha); MORENA se corrió al centro político, definiéndose con un proyecto de un nuevo gobierno progresista a la Lula.
Aunque en la campaña hubo guerra sucia contra AMLO y parcialidades del INE a favor de los partidos del régimen, la división entre el PRI y el PAN se volvió ruptura irreversible cuando el gobierno priísta reveló los sucios negocios del candidato del PAN (Anaya) mientras éste amenazaba con meter a la cárcel a EPN. Los oligarcas y jefes políticos llamaron al PRI y al PAN a la unidad contra AMLO para presentar un candidato único pero todo fue inútil: los candidatos del régimen ya quebrado se atacaron entre sí, dejando en las encuestas como puntero solitario a AMLO.
Que el régimen estaba roto lo empezaron a expresar las encuestas electorales que, sin línea política o control gubernamental, empezaron a proyectar el alza de preferencias electorales a favor de AMLO y MORENA.
El fin del régimen estaba anunciado.
Cabe señalar, además, que los candidatos del PRI y del PAN/PRD resultaron un fiasco intelectual y político durante la campaña presentándose sin propuesta nacional, mentirosos, con un discurso vacío y demagógico; mientras tanto, AMLO marcaba la agenda de la discusión política y recorría el país con mítines cada vez más numerosos, conquistando electoralmente el norte de México (el sureste ya era suyo desde campañas anteriores). Al final de la campaña electoral, las encuestas daban 20 o 30 puntos a AMLO por encima de su más cercana competencia (el candidato del PAN/PRD) y, pronosticaban la debacle del PRI, del PAN, del PRD y de varios partidos paleros. Sin embargo, muchos analistas políticos, críticos y disidentes del régimen neoliberal, no se atrevían a refrendar ese pronóstico porque no se cerraba la posibilidad de un megafraude electoral.
Años de dominación neoliberal sin generar consenso, hundiendo al país en la descomposición social y la barbarie, fomentaron un enorme rechazo al régimen político (representado por el PRI, el PAN y el PRD) que se expresó a lo largo de todo el gobierno de Peña Nieto. Ese extendido y profundo descontento logró encauzarlo AMLO para su vía electoral en su disputa por la presidencia.
El 1° de julio, día de las elecciones, no hubo megafraude pero sí fraudes electorales divididos (del PRI, del PAN y del PRD, principalmente) y por cargos locales (como el escandaloso fraude por la gubernatura de Puebla).
Las instituciones electorales recibieron 56 millones 508 mil 266 votos que equivalen a una participación ciudadana del 63.42 por ciento.
AMLO obtuvo el 53.19%, que significan más de 30 millones de votos. Sus adversarios quedaron muy atrás: Anaya (de la alianza del PAN/PRD/MC) obtuvo el 22.27% y Meade (de la alianza PRI/PVE/PANAL) sólo el 16.40%.
Pero eso no es todo: AMLO ganó en 31 de los 32 estados del país y en 20 estados obtuvo más del 50% de los votos, de esos 20, en 10 obtuvo más del 60% de los votos (en su estado originario, Tabasco, obtuvo el 80% de los votos). De nueve gubernaturas en disputa, MORENA ganó cinco: la de la ciudad de México, Morelos, Chiapas, Tabasco, Veracruz y está en disputa Puebla, pero también ganaron muchos congresos locales y más del 80% de los municipios.
De acuerdo con datos preliminares del Instituto Nacional Electoral, la coalición encabezada por Morena sumaría el 61.40% de las curules en la Cámara de Diputados y 53.13% en la de Senadores, lo que la pondría en una posición política privilegiada.
Es muy probable que cinco partidos políticos pierdan el registro por sus bajas votaciones (el PRD entre ellos) mientras que el PRI y el PAN se vuelven minorías nacionales y en los Congresos federales. En estos partidos, que fueron los pilares del régimen neoliberal, se anuncian disputas y escisiones, con un futuro incierto.
Sin duda, esto es el colapso de un régimen político, el fracaso de una forma de dominación, el fin de un período histórico.
Las causas de este colapso ya se indicaron: la permanente crisis de dominación política del régimen, la imposibilidad de generar consenso o legitimidad, el desgaste político-ideológico del neoliberalismo, la catástrofe social y económica que significaron para el pueblo y los trabajadores las políticas neoliberales, el creciente descontento contra el régimen que se movilizó en el sexenio de EPN, la división del bloque histórico que por años sostuvo el régimen, todo ello, más una política estratégica y hegemónica, le permitió a AMLO ganar la presidencia, el poder ejecutivo y la mayoría en el legislativo, varias gubernaturas, la mayoría de municipios. Más que transición pactada “en lo oscurito”, el triunfo de AMLO es una transición empujada por el descontento popular, pero también una transición institucional hacia un nuevo régimen político.
Cabe reconocer que AMLO desplegó, por años, una política estratégica y de lucha hegemónica. A lo largo de su terca lucha política, AMLO construyó un nuevo “sentido común” con una política pedagógica que educó a sus seguidores; organizó un partido subordinado a su proyecto, formando comités y con un periódico que trazaba sus posicionamientos y adoctrinamientos. Armó un nuevo bloque pluriclasista y heterogéneo para disputar la presidencia como objetivo casi único. La izquierda anticapitalista debería aprender mucho de esta lucha.
Una victoria democrática del pueblo mexicano contra el neoliberalismo
Los resultados electorales demuestran que la mayoría de los mexicanos votaron contra el régimen político neoliberal y contra los partidos que lo representan.
Más que un voto mayoritario a favor del incierto proyecto político de AMLO fue un voto de castigo contra el muy conocido neoliberalismo y todo lo que implica: la afirmación de un Estado enajenado, ajeno al control social y vuelto contra la sociedad, pero subordinado a la oligarquía.
Votando por AMLO y MORENA la mayoría votó contra la miseria y el desempleo crecientes, contra el recorte de derechos laborales, contra partidos y políticos que sólo han empeorado al país, contra las élites económicas y políticas que desprecian a los que viven de su trabajo; muchos votaron contra las “reformas estructurales”, contra la privatización de PEMEX y contra la mal llamada Reforma educativa; otros votaron contra la farsa de la guerra contra las drogas y contra los miles de asesinados y desaparecidos; muchísimos más votaron contra el cada vez más recurrente terrorismo de Estado; la gran mayoría votó, en efecto, contra la corrupción; algunas votaron contra los feminicidios y casi todos contra los partidos y políticos que durante años engañaron al pueblo.
Votaron contra un régimen político que siempre los negó como sujetos.
Esos que votaron contra el México neoliberal y por la esperanza que les daba AMLO sabían que el fraude electoral era otra manera de negarlos y por eso salieron masivamente a votar y a cuidar las urnas, a impedir y a denunciar el fraude. Contra los pesimistas, deterministas y fatalistas de siempre, esos millones de mexicanos que salieron a votar contra el régimen político neoliberal lo derrotaron y, en efecto, hicieron historia. Se ganó una batalla pero no la guerra.
Por eso hay algo de revancha en este triunfo y mucho de esperanza. Pero la esperanza es, por definición, espera pasiva de un deseo imposible. En este momento de triunfo más que esperanzas pasivas requerimos acción política colectiva con utopías posibles, como la ecosocialista, que no sólo cambien al régimen político sino al sistema capitalista.
Ante un gobierno bonapartista y progresista
No cabe duda de que el régimen oligárquico neoliberal se quebró. El pacto PRI-PAN se rompió por el desgaste de una dominación sin legitimación o consenso; la dominación política se fue disolviendo a tal punto que las encuestas escaparon del control político y el fraude no alcanzó para salvarlos de su hundimiento.
El PRI y el PAN se han vuelto minoritarios y se les desligó de gobiernos y privilegios que les permitían sostenerse en el poder. Es muy probable que el PRD vaya a desaparecer del escenario político.
Además, estos partidos se hundirán en sus propias crisis particulares: sectores del PRI se irán con MORENA, el PAN se meterá en una feroz lucha interna por el control de un partido derechista que queda a contracorriente de la nueva mayoría, un PRD sin recursos se desfondará. Varios de los partidos satélites van a perder el registro y van desaparecer. El sistema de partidos hasta ahora vigente se colapsó. Gobernadores e instituciones levantadas con el neoliberalismo se debilitarán ante la nueva fuerza política que representa AMLO y MORENA.
Es verdad que cambia el régimen político y se legitima un nuevo gobierno con estas elecciones, pero no se atenta contra el sistema capitalista. El gobierno de AMLO no será anticapitalista pero tampoco será otro gobierno empresarial y neoliberal más. Aunque ya muchos se apresuran a señalar a sus aliados (a los empresarios, a los evangelistas, a los ex) no se reconoce que hasta ahora la dirección política la tiene AMLO. Aunque AMLO no pretende desligarse por completo del neoliberalismo, sin duda fijará una política en tensión con las recetas neoliberales. Más que abiertamente neoliberal o anti-neoliberal, será socioliberal, para decirlo con una fórmula contradictoria.
Para explicar lo que probablemente viene será necesario volver sobre AMLO.
En todo este proceso de ruptura del régimen político la figura principal ha sido AMLO. MORENA sólo ha sido su apéndice político. Más que un partido político con vida interna democrática, MORENA ha sido la plataforma de un caudillo político que encaja perfectamente en la categoría política de “bonapartista”, utilizada por Marx.
Recordemos que Marx emplea esta categoría para caracterizar cierto tipo de liderazgo político que se independiza parcialmente de la burguesía y sus partidos políticos tradicionales, buscando un equilibrio entre la burguesía y el proletariado, centralizando en una persona con el poder ejecutivo todo el poder político. ¿Acaso no es esa la exacta descripción de lo que es y pretende hacer AMLO?
Aclaro que no se trata de regresar a la categoría del bonapartismo sui generis (de Trotsky) como caracterización de un régimen político, sino de describir al gobierno de AMLO como bonapartista (según Marx).
Los gobiernos bonapartistas emergen en momentos de crisis social, como ocurre en este caso, cuando la burguesía y sus representantes políticos son incapaces de gobernar políticamente, pero también cuando no existe la fuerza política de los trabajadores para tomar el Estado y el gobierno.
El gobierno de AMLO pretenderá ser un gobierno bonapartista y populista, en la línea de los gobiernos progresistas que proliferaron al sur de nuestro continente como tentativas políticas por ganar cierta independencia del neoliberalismo. No al modo de Chávez en Venezuela ni como Evo en Bolivia, sí como Lula en Brasil.
Aunque AMLO quiera emular a Lázaro Cárdenas, su política nacionalista (si acaso) será una atenuada tanto por el contexto neoliberal como por su asunción de las ilusiones del liberalismo político. Es muy probable que lo liberal e institucional de AMLO (¡y la mayoría de MORENA!) mate o debilite a lo nacionalista, como en el caso anunciado de su política ante la reforma energética (vital para recuperar la soberanía económica y política de México), en donde dice no proponerse abrogar tal nefasta contra-reforma energética sino sólo revisar los contratos…
Como en algunos países de América del Sur, el futuro gobierno bonapartista y progresista de AMLO viene de una crisis de gobernabilidad producida por la aplicación estricta de las políticas neoliberales (que vienen de las exigencias de cada vez más ganancias de esa fuerza enajenada y enajenante que es el Capital), y como una tentativa de equilibrar imposiciones neoliberales con políticas sociales, redistributivas.
De no romper tajantemente con esas políticas neoliberales, el gobierno de AMLO correrá el riesgo de volverse una salida en falso de la crisis política y económica actual que sólo abrirá las puertas a una derecha revanchista y bárbara, como sucedió con los fracasos de los gobiernos progresistas en Brasil, Argentina, Ecuador, Paraguay…
Pero nada está escrito de antemano excepto un nuevo terreno en el que podemos pronosticar nuevas luchas, pero no su desenlace…
Situación y tareas para una izquierda anticapitalista
La verdadera salida del neoliberalismo y de la crisis civilizatoria del capitalismo es anticapitalista y ecosocialista. Pero esa es la salida que le toca a los anticapitalistas construir.
Aunque el tsunami de AMLO modificó por entero el régimen político, dejó vacío el espacio político que debe ocupar la izquierda.
El PRD se corrió a la derecha y probablemente pierda el registro. MORENA (con el PT) se corrió al centro y es ahora gobierno. Al parecer, sólo conservarán el registro político MORENA, el PAN, el PRI y el PT.
El espectro de partidos políticos en México tiene un hueco a la izquierda. Para llenarlo se requiere una izquierda anticapitalista, independiente y opositora, aunque no resentida ni sectaria, que se atreva a hacer política con una forma partidaria, buscando su registro y constituyendo su propio bloque contra-hegemónico.
Los nuevos tiempos mexicanos requieren una izquierda con una forma política, partidaria, de preferencia con registro electoral y con un proyecto hegemónico, político y cultural, que se coloque dentro o al lado de las luchas sociales que vienen, dando la batalla política y simbólica desde nuestra perspectiva.
Como la crisis que atravesamos es civilizatoria y tiende a agravarse, sin duda las luchas sociales -de los trabajadores, de las mujeres, de los campesinos y pueblos originarios, de los jóvenes, de los ecologistas- van a seguir con una tendencia antineoliberal y anticapitalista.
Ese es, debe ser, el terreno de la izquierda anticapitalista para constituir nuevas alianzas y proyectos políticos que apunten a la disputa por el poder. De hecho, el gobierno de AMLO recibió un enorme apoyo popular producto del descontento con las políticas neoliberales y estas fuerzas presionarán social y políticamente en ese sentido.
En ese contexto político será importante mantener nuestra identidad y programa anticapitalista y proyectarla en ese nuevo terreno de luchas por venir.
En resumen, la tarea central de la izquierda es constituir un bloque o polo anticapitalista para llenar ese enorme hueco político a la izquierda del sistema político mexicano.
Por eso, hoy más que nunca, es necesaria y urgente una izquierda partidaria al mismo tiempo anticapitalista, feminista, ecologista, democratizadora, que exija una nueva Constituyente para eliminar las contra-reformas neoliberales, que luche por restituir los derechos laborales y sindicales, que luche por los derechos y libertades de las mujeres, que defienda los recursos naturales de los megaproyectos ecocidas, que pugne por una transición energética, así como por abrir espacios para nuevos partidos políticos con una Reforma política democratizadora.
No esperemos que esta izquierda anticapitalista esté a la altura de estas tareas, actuemos porque así sea.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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ELN y el nuevo escenario



“Pd: perdón por lo largo, pero para hablar de Colombia, solo se puede, como decía García Márquez, escribir largamente. Es como querer hablar de Argentina sin copiar a ese realismo ríoplatense de Art o Oesterheld, que también sabe describir al Peronismo (mágico) de los ché”. (Cartas desde la guerrilla).
La derecha avanza, y gobierna nuestro continente. En Colombia llegó Duque, se fueron las FARC-EP, se posicionaron los paramilitares. En menos de un mes 29 líderes sociales fueron asesinados en el vecino país, más de 100 solo en este año y, frente a la imposibilidad de culpar a la ex guerrilla, hoy día se buscan a nuevos chivos expiatorios. Son los “tiempos mejores” de la derecha colombiana, esa que hoy ve en la guerrillera del ELN el principal enemigo a combatir.
***
El Ejército de Liberación Nacional (ELN), organización fundada el 4 de julio de 1964, tiene una larga historia de lucha en su país. A punto de disolverse en los años 70’s, producto de una crisis que no les dejó más que una veintena de guerrilleros y un comando central en el exterior carente de legitimidad, logró sobreponerse de la mano de un sacerdote español, el “Cura Pérez” o “Manuel Pérez”, religioso que, influenciado por la corriente de los ‘curas obreros’ y de los Traperos de Emaús , decidió vivir la encarnación del cristianismo revolucionario, en esa misma organización donde Camilo Torres había muerto en combate un par de años antes que él decidiera incorporarse. 50 años después, ya sin el cura guerrillero y con más de 5 mil hombres y mujeres alzados en armas, se han convertido en la guerrilla más antigua del mundo, como a ellos mismos les gusta reconocerse.
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El país está en alerta y los ánimos aún están caldeados, pese a que durante los últimos años Colombia ha buscado darle un giro a su conflicto armado de más de 50 años.
El Acuerdo de Paz que realizó el Gobierno de Manuel Santos con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP) fue un hito importante de estos nuevos tiempos. La guerrilla se desarmó, se volvió partido político (Fuerzas Alternativas del Común) y decidió acogerse a la Justicia Especial de la Paz. Por otro lado, el gobierno acordó cesar la persecución militar contra sus militantes y los líderes sociales, abrir un espacio de diálogo político-social e iniciar una reforma agraria.
Sin embargo, el proceso tuvo detractores. La derecha más dura, entroncada en la figura del ex presidente Álvaro Uribe y su partido político ‘Centro Democrático’, fueron sus principales rostros, pero no los únicos; terratenientes, líderes religiosos, comunicadores sociales y todo un sector que fue bombardeado continuamente con propaganda facistoide se levantaba contra los acuerdos. El plebiscito del 2016, que buscaba darle una legitimidad mayor al proceso, fue la primera victoria social para quienes se oponían a estos nuevos cambios. Increíblemente la población votó en contra del proceso de paz en el plebiscito . La facción más violenta de la derecha empezaba a cimentar nuevamente su poder.
Luego vino la victoria militar: a principios de octubre del 2017 el ejército realizó una masacre en Tumaco, Nariño, municipio que históricamente ha sido de los más afectados por la guerra y donde se hacía presente el Frente 27 de las FARC-EP, los Paramilitares y el Ejército. Este municipio, que ha sido el mayor puerto de producción de cocaína de toda Sudamérica y, paradójicamente uno de los más pobres de la Costa Pacífica colombiana, ha sido territorio en disputas por el control de la coca y donde el grupo más afectado ha sido siempre la población civil.
Fue así que en Tumaco dispararon a mansalva, dejando un saldo 7 muertos y una decena de heridos. Si bien en Colombia las masacres son –lamentablemente- comunes, desde el proceso de acuerdo de paz (que duró más de 8 años en dictarse) habían dejado de perpetuarse. Los militares informaron en una primera instancia que se trató de una matanza desarrollada por las disidencias de las FARC-EP. Luego, que era un enfrentamiento contra ellos. Finalmente, que los campesinos eran productores que no querían la erradicación de la coca de sus campos.
El mensaje era claro, volvía el permiso para matar. Volvían los falsos-positivos (campesinos ejecutados hechos pasar por guerrilleros para engrosar las tierras de los terratenientes). No hubo responsables, como tampoco hubo responsables por los otros 87 líderes sociales asesinados durante el 2017, sin embargo era el año donde menos gente murió, se vivía un momento de ‘baja intensidad’ de la guerra.
***
Durante los 80’s, y bajo el mando conjunto del ‘Cura Pérez’ y ‘Alias Gabino’, el ELN empezó a re-armarse. La crisis les había pegado muy fuerte, rencillas internas, fusilamientos dudosos y enfrentamientos con las otras guerrillas habían dejado prácticamente inoperante a la organización, de hecho, el gobierno las había declarado objetivo militar eliminado. Quizás por eso pudieron mantenerse con vida los pocos militantes que quedaban . Congresos ideológicos dieron paso a nuevas formas de organización; un ejército guerrillero más flexible, más horizontal, y menos militarista. Enfocados en el trabajo popular e intelectual, empezaron a comprehender de una manera distinta la lucha armada, abandonaron el sectarismo y empezaron a confluir con otros grupos armados que lo llevaron incluso a cambiarse el nombre: Unión Camilista – Ejército de Liberación Nacional (UC – ELN). Manuel Pérez siempre recuerda esos años como “los años que nos volvimos sociólogos” como respuesta a su pasado “ultramilitarista”. Así pasaron los años : la militancia creció, nacieron nuevas generaciones dentro de la guerrilla, y nuevos militantes se les fueron adhiriendo en la lucha. Pronto se convertirían en la segunda guerrilla más grande de Colombia, solo atrás de la poderosísima FARC que, durante su Séptima Conferencia Nacional Guerrillera (1982), decidió pasar de ser una ‘Guerrilla de Autodefensa’ a un ‘Ejército Regular’. De allí que a las FARC le sumaron a sus siglas el EP (Ejército del Pueblo), logrando llegar a la suma de 15 mil hombres y mujeres levantados en armas. El ELN, por su lado, ya contaba con 5 mil guerrilleros.
Así, en esos nuevos vientos de la lucha insurgente de Colombia, sucedía algo inédito : guerrillas que anteriormente estuvieron enfrentadas, entendieron que era momento de coordinar la lucha. Se crearía la ‘Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar’ (CGSB) que agrupaba a grupos de izquierda marxistas, maoístas, nacionalistas e indigenistas. Por primera vez, la unidad en la acción permitiría el ascenso de la lucha revolucionaria a través del campo y la ciudad.
“ Junto a las FARC-EP, batallamos décadas en la lucha popular. Ambos hacíamos parte del campo popular, con contradicciones que algunas veces se agudizaron, pero en general, compa ñeros de lucha. Incluso durante algunos años, compartimos estrechamente en la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (CGSB), donde nos concentrábamos unidades de ambas organizaciones en un solo campamento y el mando de mayor rango, independientemente de la organización a la que perteneciera, asumíel mando de toda la tropa. ” Nos dice el ‘Comandante Uriel’ del Frente de Guerra Occidental Omar Gómez (FGOOG).
***
Junio del 2018, otro momento clave. En la segunda vuelta presidencial se enfrentaban dos candidaturas que proponían una salida radicalmente distinta en el clivaje de guerra o paz. Por un lado Iván Duque, empresario, terrateniente y representante de la ultraderecha colombiana, amigo de los presidentes actuales de Chile, Argentina, Brasil y proclive a las políticas estadounidense; por otro, Gustavo Petro, ex guerrillero del M-19, ex alcalde de Bogotá y único candidato de la izquierda colombiana con posibilidades reales para llegar al poder luego de Jorge Eliécer Gaitán. El debate inundó Colombia, la votación histórica del uribismo era de 7 millones de votos, la izquierda nunca había pasado a una segunda vuelta. Duque propone echar abajo los acuerdos de paz; Petro buscaba reforzarlos. En Cúcuta, tierra de paramilitares, Petro sufre un atentado. En las universidades, semillero de intelectuales de izquierda, a los partidarios de Duque se los rechaza como el ostracismo. Eran sin dudas las elecciones más reñidas de la historia contemporánea de Colombia.
Las votaciones mantuvieron en velo no solo a Colombia, sino también a gran parte de Sudamérica. La esperanza que Colombia detuviera el avance avasallador de la derecha en el continente era posible. La derecha ya sumaba en toda Sudamérica la no despreciable suma de casi 100 millones de votos. Mientras que los sectores progresistas, no hace muchos años, tuvieron lo que se llamó su ‘década ganada’. Salvo honrosas excepciones, el subcontinente giraba a la derecha. Entonces, no sólo se trataba de una elección interna, sino también se ponía en juego el contexto internacional ¿Sería lo mismo un eje progresista con Colombia-Uruguay-Venezuela para contrarrestar el eje Argentina-Brasil-Chile? Pero no, no fue así, con 10. 398. 689 votos, es decir, el 54.03 % de la votación, el candidato de derecha, Iván Duque ganó las elecciones. A la victoria social del plebiscito, a la victoria militar de Tumaco, se le sumaba la victoria política de las elecciones generales.
Para los ‘elenos’ y en especial para el ‘Comandante Uriel’, ni Duque, ni Petro eran garantías de nada ya que “el período actual demuestra que el capitalismo mundial no está dispuesto a darle espacio ni siquiera a gobiernos populistas”.
***
En los 90’s, con la entrada del neoliberalismo a todo el subcontinente, la lucha revolucionaria fue perdiendo peso en el mundo, más allá de Cuba y Colombia, el término “guerrilla” prácticamente había dejado de existir. Los últimos referentes como Nicaragua, el Salvador, Guatemala, habían sufridos unas ejemplares derrotas. Ya no había tantos referentes intelectuales apoyando, ni artistas cantando canciones de “fusil contra fusil” o manifiestos universitarios. Décadas de guerra se hacían sentir en la población, y, como no, en las filas guerrilleras. ‘Camilo Sierra’ ex comandante de las FARC-EP -nos decía- “en las filas guerrilleras hay muchos combatientes, pero pocos revolucionarios” en algún momento para él se fue “jodiendo todo”.
Entonces algunos grupos empezaron a negociar con los gobiernos de turno, los casos emblemáticos del Movimiento 19 de Abril (M-19) y del Movimiento Armado Quintín Lame (MAQL), dos guerrillas que solo se pueden entender en el contexto colombiano, pues a diferencias de los otros grupos armados identificados con algún pensamiento político emancipador, estas respondían a situaciones específicas de la realidad Colombiana.
Éstas encontraron un acuerdo en 1991 con el gobierno de turno: la realización de una Asamblea Constituyente, cese al fuego definitivo y la amnistía fueron sus principales beneficios. Pero a pesar de las promesas de la clase política, uno a uno los dirigentes guerrilleros fueron asesinados. Seguía la triste tradición de la oligarquía de no respetar los acuerdos y pactos de guerra, como en la época de la Violencia de principios de siglo XX, o el triste genocidio de la gran mayoría de los militantes de la Unión Patriótica (UP), partido político que surge de la misma época de negociación (1991) -pero con las FARC-EP-, donde los paramilitares entraron a escena de la forma más sangrienta que un régimen liberal haya conocido en el continente. Solo el ELN no sufrió abiertamente la masacre, pues ellos decidieron no sumarse a las negociaciones de paz. La guerrilla elena tomaba notas.
***
El mismo día cuando Colombia jugaba en el mundial de Rusia contra Inglaterra, eran encontrados 7 campesinos asesinados, todos de la localidad de Argelia, Valle del Cauca, mismo lugar de donde el defensor izquierdo de la selección, Jerry Minas, y que le dio el gol del empate a Colombia en los minutos de descuento, provenía.
Unos días después, en Tumaco, eran acribillados 3 trabajadores de la Fiscalía general de la República. Fueron alcanzados con armas de larga distancia desde distintas partes de la carretera que une el municipio con Pasto, la capital regional. Unos 8 hombres de alias ‘Guacho’ del Frente Oliver Sinisterra, disidente de las FARC-EP en Tumaco, asesinaron, primero disparándoles y luego quemándolos, a Douglas Dimitry Guerrero Medina, de la Unidad Nacional contra el Crimen Organizado; Willington Montenegro Martínez, investigador IV grupo antiexplosivos, y Jaír Alfonso Montenegro Galindes, técnico investigador.
‘Guacho’ se volvió internacionalmente conocido cuando secuestró a 3 periodistas ecuatorianos y luego los asesinó, generando una crisis diplomática entre los gobiernos de Ecuador y Colombia, que llevó incluso que el país vecino quitará su aval a las conversaciones que el Gobierno de Colombia llevaba con el ELN en territorio ecuatoriano. Sin embargo, para la comunidad tumaqueña, ‘Guacho’ ya era fuertemente conocido. Luego de la retirada de las FARC-EP de las zonas selváticas de Tumaco, el territorio quedó abierto para nuevos grupos armados; allí durante el 2015, 2016, 2017 y 2018 se ha llevado una sangrienta disputa por el control del territorio y sus rutas comerciales, las disidencias agrupadas en ‘Guerrillas Unidas del Pacífico’ (GUP), bandas de paramilitares como ‘La gente del orden’, o bandas de narcotraficantes internacionales como la poderosísima ‘Cartel de Sinaloa’, entro otras, se disputan el territorio, inundando de sangre y fuego la cotidianeidad de la gente de Tumaco.
Sin embargo, para el gobierno, los medios de comunicación y los poderosos de siempre, todo era obra del Ejército de Liberación Nacional. Ya sea en la costa pacífica o en el atlántico, el campo o la ciudad, eran los elenos intentando ocupar el territorio ‘abandonado’ por las FARC-EP.
***
Nos comunicamos con el ‘Comandate Uriel’ del Frente de Guerra Occidental Omar G ó mez (FGOOG) , a quién se le conoce como El ala más radical y dura de la Guerrilla del ELN. Lo primero que Dice Uriel, es que por motivos de seguridad, la entrevista debe ser en el ritmo que la guerra imponga “entre el deber de cuidarnos, movernos y vivir en la guerra, se nos traspapeló” –dice pidiendo disculpas-. Hace semanas están siendo “acechados” por el ejército, entonces, todo debe ser muy rápido, no hay tiempo para grandes reflexiones, acá lo que importa es trasmitir el mensaje. Hoy el gobierno quiere buscar un nuevo “Chivo Expiatorio” –dice-, ya no están las FARC-EP, entonces los ‘Elenos’ surgen como el fetiche de la prensa de derecha. Queríamos saber qué podían decir ellos.
En la actualidad, más allá de Cuba y Colombia, el término “guerrilla” prácticamente ha dejado de existir, por lo tanto ¿qué significa ser guerrillero en pleno siglo xxi?
Significa portar la esperanza; continuar levantando la cabeza para exigir dignidad. Ser guerrillero significa resistencia antes los embates del sistema de violencia que nos rodea y nos consume todo el tiempo. Si bien el t é rmino guerrilla se ha dejado de utilizar, hay movimientos de resistencia y liberaci ó n que contin ú an en pie de lucha en todo el mundo. Mientras haya miseria y desigualdad, la gente, el pueblo, los oprimidos levantarán la cabeza y se alzar á n en armas para conquistar un futuro mejor.
Somos la guerrilla más antigua del mundo, y nos sentimos con una responsabilidad enorme de estar siempre junto al pueblo y no claudicar en los ideales de liberación y mejores condiciones de vida para las mayorías. También nos sentimos orgullosos de ser guerrilleros; yo en particular, además de la responsabilidad y el legado de resistencia que estamos dejando, me siento honrado y afortunado de haber escogido esta profesión que me permite estar cerca de los oprimidos y en contra de los opresores; un camino de vida en el que es posible sentir el hambre y las dificultades que los de a pie sienten todos los días, pero también que da la posibilidad de mirar al horizonte y ver y construir el camino de una sociedad diferente. Sabemos que es un proceso y que es larga la lucha, pero nuestras motivaciones son justas y verdaderas.
¿Cuáles creerían ustedes es el principal aporte que le han realizado a la izquierda latinoamericana en sus más de 50 años de lucha?
Hacemos parte de esa vanguardia colectiva en la lucha por cambiar la sociedad. Nuestro principal aporte es la vasta experiencia en esta guerra de guerrillas que hemos librado durante m á s de medio siglo. Nuestros aprendizajes y síntesis le quedar án a las nuevas generaciones que también estén dispuestas a utilizar las armas con el objetivo de una Colombia, de un mundo diferente.
Además de esto, es imposible negar que hayamos hecho una resistencia activa a la entrada de las multinacionales de diverso tipo que pretenden saquear los territorios y apropiarse a cualquier costo de los elementos naturales. Así, logramos que más generaciones de campesinos, indígenas, negros, puedan mantenerse en sus territorios ancestrales y seguir desarrollando sus prácticas culturales, políticas y económicas.
¿Cómo valoran los acuerdos entre el Estado colombiano y las FARC-EP? ¿Cuál es su relación con las disidencia s de las FARC-EP? ¿Cuál es su relación con las FARC (Fuerza alternativa revolucionario del común?)
De manera oficial el ELN sentó su postura sobre el Acuerdo de La Habana en 2016 en un Pleno Ampliado de la Dirección Nacional (que es de los máximos espacios de deliberación y decisión de nuestra Organización), se concluyó en una Carta Abierta que respetamos el proceso y los acuerdos que hicieron los compañeros, pero no los compartimos.
Hace un año, a nombre del Frente de Guerra Occidental Omar Gómez, dijimos que el Acuerdo de La Habana era una buena plataforma para el movimiento social; y eso que haciendo referencia al texto acordado; no a la caricatura de acuerdo que se ha venido tejiendo después del plebiscito; y menos en el manoseo y desbarate que hacen en el Congreso.
Junto a las Farc-EP, batallamos décadas en la lucha popular. Ambos hacíamos parte del campo popular, con contradicciones que algunas veces se agudizaron, pero en general, compañeros de lucha. Incluso durante algunos años, compartimos estrechamente en la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (CGSB), donde nos concentrábamos unidades de ambas organizaciones en un solo campamento y el mando de mayor rango, independientemente de la organización a la que perteneciera, asumía el mando de toda la tropa.
Con las disidencias de las FARC-EP, en nuestra zona de operación, no hay grupos significativos. Sabemos que en las demás regiones, donde hay presencia importante, se lleva una relación con ellos acorde a la valoración que se tenga del grupo específico.
En el suroccidente, por ejemplo, hemos tenido dificultades con las llamadas GUP y otros grupos menores degenerados en delincuencia.
Con disidencias que se mantienen política e ideológicamente en el caudal revolucionario, nuestra actitud es de comunicación y diálogo. Consideramos que aquellos que no se desmovilizaron por considerar vigente la lucha armada, son revolucionarios dignos, cuya experiencia es necesaria, incluso, para entender la negoción de FARC-EP.
Con el partido político FARC, no tenemos ninguna relación. Nuestra postura es de respeto.
¿Cuál es la principal diferencia entre el proceso de diálogo que ustedes han iniciado con los otros procesos de diálogos en Colombia? Y por lo tanto ¿Qué esperan de este proceso?
El diálogo del ELN tiene como intención abrir una tribuna donde sean las mismas comunidades nunca escuchadas y excluidas, las que digan con su propia voz lo que necesitan y lo que quieren.
Nuestra apuesta es el Gran Diálogo Nacional, pero a 16 meses de la apertura de la fase pública de la mesa, este que era el punto 1 de la Agenda, sigue sin comenzar. Solo dos semanas de Audiencias Preparatorias que son la antesala de la participación, no la participación en sí.
Tratamos de poner una metodología para la Mesa que, si bien fue aceptada inicialmente, luego cayó en letra muerta por parte del Gobierno; era: “punto acordado, punto que se comienza a cumplir”. Contrario a la metodología de “nada está acordado hasta que todo esté acordado”.
El pasado 9 de enero se terminó el cese al fuego bilateral entre ustedes y el gobierno colombiano ¿Cómo vivieron ese proceso? ¿El gobierno cumplió con lo pactado?
En la página del ELN está el documento oficial de evaluación del Cese. Recién iniciado el Cese, se dio la Masacre de Tumaco a manos de la fuerza pública y ni siquiera ese incidente fue llevado al Mecanismo de Veeduría y Verificación.
En su momento denunciamos varios incidentes que a todas luces violaban los protocolos pactados. Desembarcos cerca de concentraciones, asedio, capturas de guerrilleros, entre otros.
***
Más de 100 líderes asesinados. Otras 100 personas asesinadas directa o indirectamente por la guerra del control del territorio en este 2018. El paramilitarismo y las narcobandas asentándose cada vez más. El silencio de los medios de comunicación. Y una derecha sintiéndose poderosa. Esa es la Colombia de Duque, la Colombia que se viene, en esa donde la derecha, tuvo consecutivas victorias políticas, sociales y militares. Y la guerrilla “más antigua” del planeta, está enfrentada a escenarios inéditos, en donde las batallas no se pueden ganar solo con armas, sino con un necesario sentido de realidad y pragmatismo.
Sin embargo, por ahora, y como dicen por allá: solo queda “pasarse a la resistencia”.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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Ajuste de cuentas



Estado de Derecho –palabras más, palabras menos– es aquel orden en donde se gobierna en función de la ley y no a partir del capricho de los hombres. Día a día, el discurso que prevalece en el ambiente nacional es el que afirma, casi religiosamente, que nuestro país configura su devenir dentro del susodicho modelo. Si ello fuera así, no cabría la polémica que en este momento ha suscitado una de las medidas que el próximo gobierno federal piensa implementar: la austeridad presupuestaria, la cual se reflejaría –entre otros aspectos– en las percepciones de los servidores públicos.
Al vagar por las cientos de publicaciones de una afamada red social, nos encontramos con un atinado comentario jurídico del Lic. Francisco Burgoa respecto del tema que nos atañe, que nos permitiremos parafrasear en las líneas de este párrafo. Ni tardos ni perezosos, no pocos brincaron refunfuñando cuando se anunció que nadie ganaría más que el presidente. Muchos han calificado esto como un dislate, como una injusticia, como algo ilegal, como una determinación anticonstitucional, como algo incorrecto, como populismo jurídico… como el asomo de un posible régimen autoritario. ¿Y si antes de ponerle etiquetas a una acción, que de entrada parece lógica, volvemos la mirada a nuestras leyes?
Pues, raudos y veloces, consultamos el documento recomendado por el jurista citado: nuestra constitución política… ni más ni menos. Y, ¿qué creen? Pues nada: la medida no tienen nada de novedosa, pero sí mucho de justa. De acuerdo con el artículo 127, los servidores públicos de todo el país (donde se incluyen diputados, senadores y un largo etcétera) deben recibir una remuneración adecuada por el desempeño de sus funciones y proporcional a sus responsabilidades. Este pago será determinado anualmente, respetando tres bases, siendo una de ellas la siguiente: “Ningún servidor público podrá recibir remuneración, en términos de la fracción anterior, por el desempeño de su función, empleo, cargo o comisión, mayor a la establecida para el Presidente de la República en el presupuesto correspondiente”. El lineamiento constitucional referido está vigente desde 2009. Es más: se les dio un periodo de gracia para ajustar las remuneraciones que en ese momento eran superiores, para el ejercicio fiscal de 2010.
Entonces, ¿por qué tantos golpes de pecho?... ¿por qué se desgarran las vestiduras? ¿No que vivimos en un Estado de Derecho? Fácil y sencillo: porque se fija un tope de 108 mil pesos. En la actualidad tenemos un presidente de la república que gana, más o menos, 250 mil; ministros de la suprema corte que obtienen 269 mil; y diputados que alcanzan los 149 mil. En realidad, la cuestión radica –una vez más– en una simulación, ahora de tipo legal, donde la ley es aplicada en beneficio de nuestra malgastada élite política.
Desde hace mucho tiempo era necesario un ajuste de cuentas como este, que –si se es un poco objetivo– termina siendo un tema de ética, de honradez y de equidad, máxime cuando se vive en un país con más del 50% de la población sumida en la pobreza y un buen número de “clasemedieros” que apenas llegan a fin de mes.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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Nicaragua. Carlos Fonseca Amador: ¿Qué es un Sandinista?


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Nicaragua. Carlos Fonseca Amador: ¿Qué es un Sandinista?


Por Film Fonseca
Texto publicado originalmente mediante volante clandestino, 1975 01 01.
1 EL revolucionario Sandinista debe evitar la simple “frase revolucionaria”, tenemos que acompañar esto con una profunda identificacion con los principios revolucionarios.
2 El Sandinista sabe vincular la teoría revolucionaria con la práctica concreta en la que actúa, estrecha vinculación con las masas populares, asimilación de la experiencia que se desprende de la práctica de nuestra fuerza combativa.
3 El Sandinista debe tener un auténtico espíritu crítico, ya que tal espíritu de crítica constructiva le da consistencia mayor a la unidad y contribuye a su fortalecimiento y continuidad, entendiéndose que una crítica mal entendida que expone la unidad, pierde su sentido revolucionario y adquiere un carácter reaccionario.
4 Un Sandinista posee, ante todo, modestia revolucionaria. Esta es una cualidad que tiene más importancia de lo que a primera vista puede parecer. La modestia facilita, quizá en muchos casos decisivamente, la vida colectiva, la actividad de un conjunto de personas.
5 La conciencia colectiva, la conciencia de que es la energía de un conjunto de hombres lo que integra la vanguardia, es imprescindible en el espíritu militante. Ese espíritu colectivista, que lo sustenta la modestia, debe convertirse en una pasión en el militante Revolucionario.
6 El Revolucionario nunca olvida el título que ostentan los combatientes Sandinistas: HERMANO. Esto tampoco es opuesto al empleo de la energía y el rigor, tan necesario en la vida dura clandestina y guerrillera. De lo que se trata es de ser enérgico y riguroso sin olvidar el respeto, la sinceridad, la fraternidad.
7 El militante Sandinista, en cualquier lugar que esté, debe estar relacionado en alguna medida con la vida del Pueblo Trabajador.
8 El Sandinista sabe que la corrección ideológica no vale nada sin una consecuente conducta práctica, pero una conducta práctica positiva es insuficiente si no esta acompañada de una definición ideológica revolucionaria.
9 El Sandinista sabe que solo la vinculación intensa con los trabajadores contribuye a su verdadera educación política.
10 El Sandinista practica una política de paciencia y serenidad, evitando que esta se convierta en una política de indulgencia. Ser paciente sin ser indulgente, sin pasar por alto las distintas violaciones a los principios.
11 El revolucionario Sandinista no puede proponerse solamente enseñar a las masas populares, sino que al mismo tiempo debe aprender y saber ser discípulo de las masas populares. Que todos sus pasos lleven la marca del carácter de nuestro pueblo.
12 Hay cuestiones que molestan en lo personal, pero nuestra obligación es subordinarlo todo a los intereses de la causa Sandinista, a los intereses del subyugado pueblo nicaragüense, a los intereses de los explotados y oprimidos de Nicaragua.
13 El Sandinista sabe ayudarle a sus compañeros a que reconozcan sus fallas, sus debilidades. Pero debe entender que un Sandinista no va a ser comprensivo por tácticas, por simple conveniencia, sino porque así lo exigen los principios revolucionarios.
14 El Sandinista sabe vincular las opiniones de las personas a las prácticas de estas, como concuerdan lo que hablan con lo que han hecho. Demostrar perfeccionismo en el papel es fácil, demostrarlo en la práctica es difícil.
15 Un revolucionario sabe que esté donde esteé, siempre que luche por la humanidad, estará cumpliendo con su deber.
16 Un Sandinista no es desmedido ni en el pesimismo ni en el optimismo.
17 El Sandinista sabe que si alguna vez es necesario calificar, se deben emplear los términos más objetivos e imparciales. Sin caer en epítetos. Calificar, pero no para responder al insulto con insulto, sino para poner de relieve nuestra serenidad.
CARLOS FONSECA AMADOR
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filmfonseca.wordpress.com/2012/03/30/que-es-un-sandinista-por-carlos-fonseca/

Contrapeso a AMLO


1. Puta, dicen los empresarios, si López Obrador nos barrió vergonzosamente en las elecciones, llevándose la presidencia, la mayoría de diputados y senadores federales, los gobernadores y los congresos locales estatales, ¿qué nos queda como ciudadanos mexicanos que producen y piensan? Pero fíjense bien, a los empresarios y a la derecha no le preocupa tanto que casi todo el aparato de gobierno haya sido ganado por AMLO, sino que sus enormes negocios de miles de millones de pesos ahora se interrumpan. ¿Puede olvidarse o ignorarse que el PNR, PRM, PRI, desde 1929 -por lo menos durante 45 años- controlaron el 95 por ciento de gobiernos, legisladores, el aparato judicial y con ello todos los grandes empresarios estaban felices porque se enriquecían en libertad?
2. Lo que sucedió es que los empresarios se hicieron multimillonarios a la sombra de los gobiernos del PRI sin entrarle directamente a la política porque aún no se sentían maduros y preparados; pero a partir de 1982 –como respuesta a la nacionalización de la banca de López Portillo- con su grito empresarial de “México en la libertad”, esos poderosos magnates –encabezados por Manuel Clouthier desde las organizaciones empresariales- le entraron a la política vía PRI y PAN. 1982 no sólo fue el año de la entrada del Neoliberalismo y FMI usando al gobierno de De la Madrid, sin además fue el momento en que el PRI dejó de controlar el 80 por ciento de lo electoral. Así que quien quiera encontrar un fuerte cambio en México tiene que partir de 1982.
3. Nunca se preocupó nadie porque el PRI tuviera “contrapesos”. En 1963 el presidente López Mateos, quizá por influencia de la Revolución Cubana, de la Alianza por el Progreso, del Movimiento de Liberación encabezado por Cárdenas o de las guerrillas en América Latina, creó los famosos “diputados de partido” cuando la llamada oposición no tenía nada. Después de las elecciones presidenciales que ganó Díaz Ordaz se repartieron gratuitamente 20 diputados al PAN encabezados por Christieb Ibarrola, 10 al PPS encabezados por Lombardo Toledano y 5 diputados al PARM dirigido por el militar Juan Albarrán. Ninguno de los tres partidos era de oposición, pero con estos gestos de sometimientos lograban buenos subsidios para pagar locales, propaganda, transporte y salarios.
4. Nadie reclamó nunca algún “contrapeso” al PRI porque todas “las fuerzas vivas” estaban muy contentas acumulando capital y riquezas. Hoy López Obrador ha comenzado a sufrir muchos golpes de respuesta. 15 días de felicitaciones desde todos los sectores, pero a partir del 16, como si estuviera bien sincronizado, han comenzado los disgustos y desacuerdos poniendo en primer lugar los salarios de los que cobran de 3 a 5 veces arriba de 100 mil pesos. ¿De qué van a vivir los multimillonarios que llevan años mamando de las ubres del presupuesto y haciendo grandes negocios a la sombra de sus cargos? Tengo la esperanza en que AMLO no dé pasos atrás en sus 50 puntos con pretexto alguno como el aeropuerto, el avión, los salarios y su representante en cada entidad.
5. Si la derecha está muy organizada y avanza para frenar las propuestas populares, pienso que AMLO debe contar con muchos asesores de calidad que construyan propuestas y respuestas serias y muy responsables para todo. Estaba pensando en el intelectual Buscaglia y otros de su categoría en medios de información que poseen argumentos muy claros y convincentes que de ninguna manera pueden simplemente ser rechazados. Hay que sumar a esa gente a las discusiones y a la construcción de proyectos de solución. Entre los 50 puntos hay algunos que no requieren mucho, pero hay otros que son definitivos y determinantes para dar continuidad al proyecto. La política no es simplemente blanco o negro, aceptar o rechazar; se requiere pensar con profundidad y detenimiento.
Blog del autor:  http://pedroecheverriav.wordpress.com
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39 aniversario de la Revolución Popular Sandinista en Nicaragua


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39 aniversario de la Revolución Popular Sandinista en Nicaragua


Por Sandinistak Euskal Herria
En estos últimos meses, muchas/os de nosotras/os estamos recibiendo y nos hacemos, la misma pregunta ¿Qué está pasando en Nicaragua?
“Por la Paz! Ni un paso atrás!”
Más allá de querer responder con un análisis profundo, de por sí complejo y, a todas luces, posiblemente subjetivo, sí se puede responder que lo que existe en estos momentos en Nicaragua es un intento de golpe de Estado contra un Gobierno Constitucionalmente elegido por más del 72% de la población en las últimas elecciones celebradas en 2016.
Y partiendo de esta realidad incontestable, deberemos realizar un pequeño estudio sobre las verdades y mentiras, la utilización de ciertos medios de comunicación y el poder de las redes sociales para tergiversar, manipular, apoyar, sin conciencia y sin vergüenza, una situación de crisis en Nicaragua, de por sí, uno de los países con mayor crecimiento económico de la zona, con altas tasas de reducción del analfabetismo, de la mortalidad infantil, de la pobreza extrema, y con los más altos datos de seguridad en la zona Centroamericana y de América Latina.
Y entonces, ¿por qué un intento de golpe de Estado en Nicaragua?
Más allá de los posibles errores del actual Gobierno y del partido que los sustenta, el FSLN, huelga decir, que la situación está orquestada al mejor estilo del Manual Sharp para golpes blandos que ya ha sido utilizado en otros lugares, léase Venezuela. Una estrategia que va en contra de todos los gobiernos progresistas de América Latina y en lugares de conflicto en otros hemisferios. Una situación en la que los grupos de Inteligencia y Contrainteligencia de los EE.UU, sus ONG y Fundaciones satélites, van conformando una red que busca crear, junto con la derecha criolla, la desestabilización, e incluso la destrucción total de países para pescar en río revuelto. Una historia bien conocida.
Y esta historia tiene sus cómplices también en Europa. Es curioso que partidos que se autodenominan “democráticos”, y que llevan exigiendo, por ejemplo, en Euskal Herria, diálogo, Paz y No violencia, se alineen sin rubor con golpistas violentos que realizan actos terroristas, destrucción de instalaciones, secuestros, torturas y asesinatos selectivos, en este caso de militantes sandinistas. Las escenas de torturados y quemados vivos se siguen produciendo. Allá ellos/as con sus responsabilidades y sus conciencias.
No menos importante de señalar es la utilización de los medios de comunicación para emitir información sesgada, interesada, y no contrastada, de noticias que siempre se decantan para un lado. Curiosamente para el que alienta y promueve la derecha más reaccionaria en contra de gobiernos progresistas. El caso de EITB a día de hoy con Nicaragua, dado su carácter público, es palmario y vergonzoso. También son parte responsable del sufrimiento.
Por ello, este 19 de Julio, ante el 39 Aniversario de la Revolución Popular Sandinista queremos hacer un llamado a la cordura, a la sensatez, al diálogo y a la Paz.
Nicaragua es una parte, y no será la última, de este tablero de ajedrez siniestro que promueve el Imperialismo para ejercer su poder y destrozar las conquistas sociales de todos los pueblos que luchan por su independencia, su autodeterminación y su liberación nacional y social.
Así pues, desde nuestra plataforma de apoyo a la Revolución Popular Sandinista y a su vanguardia, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, queremos expresar nuestro apoyo incondicional a la búsqueda de una salida pacífica a este innecesario y auspiciado derramamiento de sangre entre hermanos/as.
POR LA PAZ
¡LOS/AS HIJOS/AS DE SANDINO NI SE VENDEN, NI SE RINDEN!
¡VIVA LA REVOLUCIÓN POPULAR SANDINISTA!
¡VIVA SANDINO ! ¡VIVA NICARAGUA LIBRE!
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Los ministros de Monsanto



Se presentó el trabajo interministerial de las carteras de Salud, Ciencia y Tecnología, Ambiente y Agroindustria. En conferencia de prensa, Rubinstein, Barañao, Bergman y Etchevehere dejaron frases antológicas para justificar la aplicación de agrotóxicos a gran escala. “Uno también se puede morir tomando mucha agua. No hay sustancia inocua. Dependemos hoy de los fitosanitarios para proveer alimentos al mundo. El problema está. Y es algo que yo siempre le he reclamado a los productores: ¿Cuál es el problema con los fitosanitarios o los agroquímicos respecto de otras tecnologías que también tienen efectos nocivos como la electricidad o el automóvil, que también producen muertes?”. Lino Barañao 11/07/2018. Ministro de Ciencia y Tecnología.
El miércoles por la mañana, los ministros de Salud; Ciencia y Tecnología; Ambiente, y Agroindustria brindaron una conferencia de prensa para presentar las propuestas surgidas de un equipo de trabajo interministerial, para la formulación de políticas públicas en cuanto a la aplicación de "fitosanitarios". El informe estará a disposición para la sociedad en las próximas semanas pero en la frase del ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao, ya puede entenderse el espíritu del trabajo interministerial: justificar el uso de agrotóxicos sin importar cuántas muertes generen. E instalar la falsa idea de que los agrotóxicos - a los que prefieren llamar fitosanitarios- son necesarios para que la población tenga alimentos. Sí, aseveran que el veneno que destruye la comida es necesario para que haya comida. Sí, aún cuando se utiliza para producir biodiesel o soja, productos que no come la población argentina, los ministros sostienen que ese veneno es el que nos permitirá alimentar a las personas que habitamos el suelo argentino.
Un vaso de glifosato para Barañao: Comida para los ricos, veneno para los pobres
“Con los autos y con la electricidad, todos asumimos el riesgo porque nos sentimos beneficiarios. Todos pensamos que el auto puede provocar un accidente, alguien puede morir, pero yo puedo tener un auto o quiero tener un auto. En el caso de los agroquímicos parecería que se beneficia solamente el productor y que el ciudadano común sufre las consecuencias nocivas. Pero no es así: todos somos dependientes de la agricultura. La humanidad depende de la producción de alimentos. Van a haber mil millones más de personas en el planeta y esto implica 70% más de producción y no hay 70% más de tierra para cultivar. Entonces, claramente necesitamos de nuevas tecnologías que hagan sostenible la agricultura y que, en la medida de lo posible, sus efectos sean inocuos sobre la salud humana”, agregó Barañao.
Sí, para el ministro de Ciencia los agrotóxicos son un mal necesario. Sí, Lino Barañao quiere hacernos creer que el problema es que faltan tierras, y no que están mal distribuidas. Sí, no reconoce que su compañero de gabinete Luis Miguel Etchevehere tiene como principal objetivo en su cargo destrozar a la agricultura familiar. Sí, omite recordar que hace pocos días su compañero le quitó el monotributo social agropecuario a los pequeños trabajadores y trabajadoras de la tierra. Sí, no se anima a decir, lo que sí se anima a decir Nahuel Levaggi, de la Unión de Trabajadores por la Tierra: “El Ministerio de Agroindustria está hecho por y para los grandes terratenientes, al sector de la pampa húmeda agroexportadora, y desprecia a todos los pequeños productores de alimentos”.
“Por un lado tenemos una agricultura industrial que produce alimentos para dos mil millones de personas que solo quieren comer. Y tiene que ser de una forma sostenible y minimizando el impacto ambiental, y eso requiere biotecnología. Pero al mismo tiempo tenemos que tener en cuenta que esa agricultura industrial demanda cada vez menos mano de obra, con tres personas se manejan 7 mil hectáreas. Realmente hay una eficiencia que se contrapone a la generación de empleo”. Reconoció Barañao que la producción a gran escala que promueve y fomenta el Ministerio de Agroindustria no crea empleo.
“Por otro lado hay un fenómeno paralelo, que es la generación de este mercado de lujo responsable o consumo sustentable, que es este auge de productos agroecológicos, orgánicos, que crece exponencialmente. Es una tremenda oportunidad para Argentina, la de producir este tipo de productos Premium de mayor calidad”. Sí, para el ministro de Ciencia comer alimentos sin veneno se trata de un lujo. Comida para los ricos, veneno para los pobres.
“Hay un enorme potencial en la generación de empleo a través de la producción agroecológica orgánica en el país. Ahí estamos haciendo un acuerdo estratégico con Singapur para comercializar estos productos de alta calidad a los mercados asiáticos”, destacó Barañao. Sí, los alimentos agroecológicos son de difícil acceso en el país en que se producen, pero se podrán comer en Singapur.
Cuando la salud no es prioridad
Los cuatro funcionarios que participaron de la conferencia de prensa remarcaron que es muy importante contar con estudios e investigaciones serias sobre el uso de "fitosanitarios" y aseguraron que se trata de una prioridad para los ministerios. Sin embargo, Adolfo Rubinstein, ministro de Salud de la Nación, reconoció en la misma conferencia que su área no tiene como prioridad analizar las consecuencias del glifosato en la salud de la población.
-Este año varias organizaciones pidieron que a la hora de hacer la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNyS), se hicieran análisis de agrotóxicos en sangre y orina. ¿Por qué tomó la decisión de no hacerlo?
-Ustedes saben que en toda encuesta hay que priorizar. Tiene decenas de módulos. Y el tema fue que teníamos que priorizar muchísimos aspectos de la nutrición. Este año la encuesta, a diferencia de 2005, incluye población adulta, más otras mediciones objetivas y directas. Así que fue un proceso de priorización, no hubo ninguna razón en especial.
“Si está bien aplicado, no causa daño”
Para el ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevere, lo que se llama veneno o agrotóxicos -pero él llama “fitosanitarios”- no causa daño. Sin importar a cuántos metros de la población se fumigue. “No pasa por la distancia sino por la forma de aplicación y la dosis de los fitosanitarios, pesa más el tema del viento y la temperatura. Bien aplicado como cualquier otro producto, con la dosis y aplicación adecuada, los fitosanitarios no causan ningún tipo de daño”. La Escuela Primaria N° 7 y Jardín de Infantes N° 903, en 2011; la Escuela Primaria N° 12, Secundaria N° 3 y Jardín de Infantes N° 909, en 2014; y la Escuela Primaria N° 8 y Jardín de Infantes N° 904 de Marcos Paz fueron fumigadas en los últimos años en horario escolar, a pesar de que la ordenanza Nº 44 / 2012 promulgada por el Concejo Deliberante del municipio establece que están prohibidas las fumigaciones aéreas y que la aplicación de productos agroquímicos sólo puede realizarse a partir de los trescientos metros (300m) del perímetro del establecimiento educativo.
Los chicos y las chicas tienen problemas respiratorios, les salen muchos granos, sufren dolores de cabeza permanentes y han tenido fuertes intoxicaciones. En San Antonio de Areco los límites a las fumigaciones son similares desde que se implementó la prohibición en 2016. Pero antes, en 2014, en la escuela número 11 de San Antonio de Areco se fumigó con 2,4-D al lado del alambrado de la escuela. A la maestra rural Ana Zabalaoy le agarró una parestesia facial y una insuficiencia respiratoria. Además se le reactivó un cáncer de mamá que había tenido diez años atrás, se le hicieron varias metástasis, una de ellas en la columna que le genera mucho dolor. Tanto en Marcos Paz como en San Antonio de Areco si se hubiesen respetado las distancia, si no se hubieran fumigado escuelas nadie se habría enfermado. Pero sí, para Etchevehere regular las distancias no sirve para nada.
“Frente a la diversidad de opiniones necesitamos una voz objetiva. No podemos guiarnos por pálpitos, por cuestiones militantes o por pareceres. Es donde más estrictos hay que ser. Todo depende de qué dosis y de qué manera es aplicada. Invitamos a todos a manifestarnos con rigor científico. Creemos que estamos generando empleo formal y reduciendo la pobreza”. Sí, Luis Miguel Etchevehere, el ex presidente de la Sociedad Rural, se identifica como una voz objetiva. Sí, Luis Miguel Etchevehere, el mismo que asegura que los agrotóxicos no causan daño alguno, sin ninguna prueba científica independiente. Sí, el mismo que ignora todas las investigaciones de los campamentos sanitarios realizadas por la Universidad Nacional de Rosario. Sí, el mismo que ignora que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado al glifosato “potencialmente cancerígeno”. Sí, el mismo que ignora que la Justicia de Estados Unidos acaba de sentar en el banquillo de los acusados a Monsanto por que su herbicida glifosato Roundup enfermó de cáncer al productor rural David Dickens. Sí, el mismo que les dijo a la Sociedad Argentina de Apicultores (SADA) que se acostumbren a que se mueran las abejas a causa de los agrotóxicos porque el modelo no va a cambiar. Ese hombre quiere venir a darnos lecciones de objetividad, cuando todas sus declaraciones y acciones evidencian que su objetivo en el cargo es ampliar las ganancias de los grandes productores, sin importar lo que cueste, sin importar que se destroce el suelo, que se mueran las abejas o comamos veneno.
“En definitiva, cualquier producto que tenemos abajo de la pileta en el lavadero de nuestras casas posiblemente son igual o más tóxicos de los que estamos hablando”, cerró su exposición. Y con esas palabras la evidencia quedó muy clara. Sí, para el ministro Etchevehere parece que los elementos con los que limpiamos los muebles o lavamos la ropa, podrían ser los mismos con los que envenenamos a los alimentos. Sí, para el ministro aunque lo niegue - y quiera llamarlos fitosanitarios- los agrotóxicos son tóxicos. No importa las distancia ni los usos, ni las aplicaciones, ni los estudios e investigaciones, su objetivo es beneficiar a los grandes productores.
Contaminación ideológica
Al ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Sergio Bergman, le preguntamos si para el trabajo interministerial había consultado los resultados de estudios realizados por la Universidad de Rosario, donde se detectó un crecimiento de cáncer en un 500 por ciento en casos vinculados con agrotóxicos y si pensaba visitar a dichas poblaciones. Esperábamos que se hiciera el desentendido. Y sí. Se amparo en las competencias y responsabilidades de los gobiernos municipales y provinciales: “Es muy importante ver las incumbencias y las responsabilidades de los diferentes gobiernos: municipales, provincial y luego el nacional. Con la idea de que todos nos vamos a ir haciendo cargo de la incumbencia de cada uno pero sin dejar de trabajar juntos, todo este tipo de trabajo colaborativo, interministerial es una nueva forma de trabajar en Argentina. Estamos convencidos de que las buenas prácticas son muy importantes pero no como un acto testimonial sino como un acto transformacional de cómo vamos a vivir. Eso lo regulan las prácticas pero también el mercado. Tenemos que cambiar la manera de producir alimentos, pero lo que nos falta -además de sentido común- es el atributo de la moderación”.
Como no nos había respondido si pensaba visitar a las poblaciones en donde se incrementaron os casos de cáncer a causa del glifosato, se lo volvimos a preguntar: “Dado que cada una de tus preguntas, que las contestamos, más que una pregunta es una aseveración ideológica que respetamos...sobre tu último comentario…. no dije en ningun momento que no iba visitar a nadie. Tenés que entender que esos lugares tienen gobiernos locales: municipales y provinciales”. Sí, para el ministro Bergman el cáncer que generan los agrótoxicos es “aseveración ideológica”.
“De ninguna manera nos tenemos que sentir imputados por temas que no están en la agenda de lo que tenemos que hacer”, fueron las últimas palabras del ministro de Ambiente y de la conferencia de prensa. Y sí, para los ministros de Ambiente, Ciencia, Salud y Agroindustria no está en la agenda ni prohibir ni reducir los agrotóxicos. Lo que está en la agenda es hacernos creer que podemos comer veneno y ser felices.


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