miércoles, 24 de abril de 2019

México ya pagó el muro miles de veces

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México ya pagó el muro miles de veces

 

 


La política que el gobierno de México aplicó por muchísimos años fue una política de entreguismo, sometimiento y dependencia de Estados Unidos (EEUU). En otras palabras, por muchos años el gobierno mexicano no tuvo dignidad. Maltrató a sus campesinos y no les dio protección ante los bullies internacionales. México, con sus pasados gobiernos vendidos siempre tuvo la desventaja al negociar lo que fuere con su vecino del Norte.
Ahora que se está renovando el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que inclusive se le está cambiando el nombre y todo, los super analistas mexicanos del ala conservadora andan debatiendo en torno a “¿quién ganó y quién perdió con el TLCAN y con la nueva renegociación?”. Pregúntenle a los campesinos mexicanos y luego pregúntenle a los multimillonarios (estadounidenses y mexicanos) y las respuestas serán más que claras. Hoy, con las nuevas negociaciones del TLCAN (ahora con nombre renovado), México sigue siendo chantajeado por el gobierno de EEUU. A EEUU no lo culpo, es el competidor más grande y puede darse el lujo de menospreciar a las economías menores. A Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no lo culpo, porque el México que le dejaron sus antecesores es un desastre.
A veces pareciera que México está atrapado, condenado, y que no tiene ninguna otra opción mas que la opción de depender de lo que diga, haga o dicte EEUU. Encima, el actual populista de la Casa Blanca, dirá que con el TLCAN “los EEUU salieron perdiendo” y que México les sale debiendo. Que a nadie le extrañe cuando el día de mañana salga una exigencia desde la Casa Blanca, de que México debe regresarle a EEUU los 15 millones de dólares (con intereses) que éste le “pagó” por el territorio robado a México (1848). En realidad, con lo que EEUU ha saqueado a México históricamente, podemos decir que México ya ha financiado el muro miles de veces.
En los años noventas, los campesinos mexicanos no fueron incluidos en las “negociaciones” para la aprobación del TLCAN. Los campesinos fueron engañados, su gobierno los llenó de mentiras. En lo alimentario, el TLCAN trajo a México productos caros y nada saludables, para variar, convirtiendo a México en sinónimo de diabetes y de obesidad. Hizo a México más dependiente de los EEUU en lo económico y en lo alimentario. El TLCAN faltó al respeto a los campesinos mexicanos, los hizo más pobres y los obligó a abandonar su país. Sí, el campesino mexicano perdió.
“Si votas por mí te voy a hacer rico” decía Trump a sus potenciales votantes en 2016. Como cuando en los años 90, Salinas decía a los mexicanos que “Mexico está listo para el primer mundo”.
Llámese TLCAN, llámese T-Mec, o llámese como se llame, siempre y cuando se sigan impulsando proyectos que traen prosperidad para el poderoso y miseria para el pueblo, México seguiría en las mismas. Para que México pueda recuperar su soberanía alimentaria y económica, México deberá independizarse de EEUU. Se ve difícil pero no es imposible.
Actualmente, con el nuevo gobierno encabezado por AMLO, muchos creemos que ahora que México está recuperando poco a poco su dignidad, la buena política interna dará buenos resultados en lo externo.
Rumbo a la 4ª Transformación de México.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

El pueblo recibe informes diarios pero, ¿tiene miedo AMLO?

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El pueblo recibe informes diarios pero, ¿tiene miedo AMLO?

 

 


1. Los políticos y empresarios mexicanos e internacionales, son tan poderosos por posesión de miles de millones de dólares depositados en paraísos fiscales, custodiados por ejércitos del mundo, que les basta con ponerse de acuerdo y mover un dedo, para derrocar cualquier gobierno. No han derrocado a Nicolás Maduro de Venezuela, les encantaría derribar también al mexicano López Obrador o al boliviano Evo Morales –muy calificados los tres de gobernantes de centro-izquierda- pero no lo hacen porque parte del mundo está atento y no saben hasta dónde pueden llegar las revueltas de protesta que se armarían. Venezuela y Bolivia desde hace décadas se han declarado antiyanquis y buscado la construcción del socialismo del siglo XXI, López Obrador no se define aún por ese camino.
2.AMLO nunca se ha declarado antiyanqui ni tampoco se ha autocalificado simpatizante del socialismo, pero si López Obrador y la Coordinadora (CNTE) llegaran a un acuerdo para luchar juntos en las calles y centros de trabajo, por un programa de centroizquierda -el de AMLO, la CNTE, los trabajadores de la salud- aplicado en la economía, la sociedad, los servicios de salud y educación, estoy seguro que los grandes empresarios, los expresidentes, los huachicoleros, los lavadólares, los expresidentes, los del poder judicial, estarían muriendo de miedo y –antes de acudir formalmente a pedir auxilio al gobierno de Trump- se esconderían porque todos de una u otra manera están implicados en los desfalcos que ha sufrido México.
3. Espero que muy pronto a AMLO, a la CNTE, a los trabajadores del IMSS, ISSSTE, se les prenda el foco de la inteligencia para la búsqueda de la unidad tan necesaria para confrontar a eso que AMLO ha llamado los conservadores, la derecha, los FIFÍ, los neoliberales, el poder judicial –con el 98 por ciento de los medios de información a su servicio- que buscan someter al gobierno de López Obrador. Durante décadas he apoyado las luchas y huelgas sindicales, pero siempre me han parecido muy limitadas, muy economicistas, comparadas con las batallas nacionales políticas y económicas. Pienso que la CNTE debe seguir su lucha tradeunionista, pero es pequeña comparada con la batalla nacional, incluso con posibilidad internacional, del lópezobradorismo.
4. El PRI, el PAN, el PRD, por ningún motivo deben resucitar y levantarse porque ya los conocemos como corrompidos, defraudadores y asesinos; si acaso lo hicieran estaríamos condenados a otros 50 años de acelerada corrupción. Con López Obrador, aunque no sea un gobierno de izquierda radical, puede asegurarse una transición hacia un capitalismo menos brutal, menos salvaje, que cambie mucho la conciencia del pueblo. Si logramos unir los programas de centroizquierda sin sectarismos, domesticaremos­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­ a los neoliberales después que ellos reconozcan que nosotros sí servimos al pueblo. Pero sería una idiotez pensar que los grandes capitalistas van a entregar pacíficamente su poder; antes estarán dispuestos a masacrar al pueblo.
5. La derecha aplaude la confrontación de la CNTE con López Obrador; busca que el enfrentamiento lleve a la caída del presidente o por lo menos que lo debilite. Julio Astillero ha escrito que “el político tabasqueño (López Obrador) ha escogido un camino, el de un memorando pretendidamente habilidoso, que le ha generado la inmediata réplica adversa de sus (enemigos): el ministro en retiro, José Ramón Cossío, el constitucionalista Diego Valadez y el también docto Miguel Carbonell; de sus opositores políticos (con el desesperado cazador de oportunidades, Vicente Fox Quesada, en destacado lugar) y del segmento social “predispuesto a encontrar indicios de autoritarismo creciente en el comportamiento del poderoso Presidente de la República”.
6. Yo la política sólo la veo a través de la lucha de clases. Respetar legalidades que antes nos fueron impuestas por el sistema neoliberal y capitalista me parece una tontería o ñoñería. Si la izquierda o centro izquierda fuera minoría todo lo arreglaríamos con el movimiento de masas en las calles; pero si al contrario, es mayoría en el país, entre los diputados y senadores, no debería tener prejuicios de manejar su mayoría. Lloran como tontos los de Morena diciendo que en el 100 por ciento del territorio mexicano hay corrupción, que tienen lista precisa de los corruptos, pero mueren de miedo enfrentarlos. Si la clase capitalista y el imperio los derroca por cobardes y tontos me voy a morir de risa; si se acomodan a gobernar como los anteriores los combatiré con todas mis fuerzas.
Blog del autor: http://pedroecheverriav.wordpress.com
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Spengler y el katehon

Spengler y el katehon

 

El filósofo alemán Oswald Spengler fue, a mi entender, la gran luminaria del siglo XX. Más allá de algún exceso, sobre todo en el terreno de sus analogías y licencias poéticas, y más allá de su alergia al racionalismo y al pensar sistemático, éste hombre fue, por encima de todas las cosas, un profeta, una mente poderosa y fina, una luz de larga mirada prospectiva.
Hace un siglo publicó La Decadencia de Occidente [Der Untergang des Abendlandes]. El propio título, la polisemia (sobre todo para un hispanohablante) del término Untergang, su propia concepción originalísima, esto es, que la Historia posee una morfología, léase, que ella es un paisaje de culturas y civilizaciones antes que un fluido de aconteceres susceptibles de ser "explicados" por leyes… todo esto y mucho más hizo que su libro estuviera destinado al éxito y que, a favor o en contra, cerrilmente o de manera pausada, todo el mundo hablara de él. Spengler es, como su compatriota Schopenhauer, autor de "un solo libro".
Es cierto que dejó publicados más textos, ninguno de ellos exento de chispa, intuición, sustancia de interés histórico, político, sociológico, metafísico. Pero Der Untergang des Abendlandes es su catedral, su Magnum Opus, su cima, de forma parecida a como El Mundo como Voluntad y Representación fue la tarjeta única de entrada en el Olimpo del pensamiento para don Arturo Schopenhauer. En este dato, el de ser autores de un único gran libro, y no en su supuesto pesimismo, es donde yo cifraría el parentesco de los dos pensadores, don Oswaldo y don Arturo. No creo que exista verdadero pesimismo –al menos en Spengler– cuando el autor nos dice que este derrumbe y disolución (Untergang) es un proceso tan ajeno a nuestros sentimientos y anhelos como pueda serlo -a la galaxia entera- la evaporación de una gotita del arroyo o el lento fluir de una capa tectónica.
Tal mirada "cósmica" y más que "cósmica", cuasi teísta, con la que el filósofo de la Historia quiere situarse lejos, con vistas a despojar de antropomorfismo el curso inexorable de los acontecimientos humanos, recuerda no poco a los precedentes no reconocidos de Spengler: Hegel o Marx, ya miren atrás con ojos reaccionarios, ya vislumbren el futuro de un modo progresista y revolucionario. También Hegel y Marx han adoptado en no pocos momentos "el punto de vista de Dios" para ver lo que reyes, súbditos, contendientes o labriegos, obreros o magnates, hacen como sujetos incrustados en unas masas, o a la manera de hormigas atrapadas en la miel, pegajosa sustancia metida en un tarro de cristal a punto de caerse en añicos en el suelo. Que la Razón sigue su curso inexorable (Hegel), o que "fuerzas sociales por encima de la voluntad humana" (Marx) determinen a los individuos y a los grupos en sus cursos de acción, son esquemas de pensamiento que no está muy alejados del fatum spengleriano. Éste nos dice que la historia es la biografía de las culturas y las culturas –no las "sociedades" o las "naciones"- son la verdadera unidad vital cuyo decurso debe ser estudiado por el historiador.
El hombre europeo, y en concreto, una parte significativa y determinante de ese hombre europeo, el español, vive hoy tiempos oscuros y de encrucijada. Hay mucha oscuridad en esta noche para saber qué senda tomar. Algunos caminos, seguro, conducen hacia un despeñadero cuyo fondo parece tan hondo como infernal. Otros senderos son inciertos y llevan por divisa la palabra "muerte". Quién, si no Spengler, reflexionó hasta el fondo sobre la muerte fatal de las culturas. Las culturas, ya viejas y aquejadas de esclerosis, se llaman Civilizaciones. Son éstas, las grandes civilizaciones de la Tierra, plantas marchitas y cada vez más leñosas, casi pétreas. Y de piedra (o asfalto, hormigón, acero) están hechas sus ciudades. Ciudades desmesuradas y altaneras, "cosmopolitas" y "multiculturales" que, en realidad, ignoran el suelo de donde brotaron y crecen contra las mismas raíces de las que esa cultura, como retoño juvenil, un día brotó. Vivimos en una España y en una Europa asfaltadas, a muchos metros por encima del humus de donde vinieron nuestras etnias, nuestras raigambres, nuestros credos. Vivimos daltónicos sin ver la sangre bien roja de quienes la derramaron para que nosotros estemos aquí.
Al cadáver de nuestra España, y de nuestra cultura hispano-europea, devenida Civilización universal, ningún partido político le puede insuflar vida. El miedo a la balcanización de España, el asco ante la euroburocracia de Bruselas, el horror ante la invasión alógena, el deterioro de la familia, la peligrosidad e impunidad de los delincuentes, la burla de nuestra Historia y de nuestras Glorias, la injusticia económico-social, el auge de la oclocracia dentro y fuera de los partidos… Nada de eso, por sí sólo o en sinergia, puede ya formar detonantes de la preocupación colectiva para formar un "katehon", un movimiento de resistencia ante la disolución. España sola ya no puede resolver estos problemas. Hace falta un movimiento resistente y contrario a la decadencia a ambos lados del Atlántico, orillas del océano donde aún poseemos hermanos: América y Europa. Una "derechita" llena de complejos y que juega a ganar escaños y concejalías ya no nos vale. En realidad no nos sirve ni la izquierda ni la derecha. Todo el tingladillo de 1978 no sirve de nada ya, ni un chavo. Hace falta un gran muro de contención popular y una savia nueva y rabiosa. La noche es muy oscura. Es el momento pre-cesarista que profetizaba Spengler. Son las tinieblas que se te meten –frías– hasta en el hondón del alma, donde todo se confunde, en un cieno donde hasta la hez se traga con gusto y hace falta poseer, justo entonces, un faro en el cerebro y ver bien las cosas por dentro.