martes, 28 de mayo de 2019

El turismo neoliberal en México


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El turismo neoliberal en México

 


Sol, arena y mar; selvas y manglares; montañas y pueblos mágicos. México es el sexto país más visitado en el mundo, casi 40 millones de turistas internacionales disfrutan y pasean por nuestro territorio y el turismo genera nueve de cada 100 pesos de la riqueza nacional.
El gobierno actual, como los anteriores, es consciente de la riqueza que genera el sector y por ello lo ha mostrado como uno de los polos de desarrollo y estabilidad nacional; no en balde uno de los proyectos estrella del sexenio será el famoso Tren Maya, un tren “moderno, turístico y cultural”.
Sin embargo, en realidad ¿quiénes se han beneficiado por el turismo?, ¿a quiénes les llegan esos millones de pesos que se generan cada día en nuestro país?
A estas preguntas, tenemos algunas respuestas: 10 millones de mexicanos viven del turismo, cuatro millones en actividades directas y seis millones en actividades indirectas. De estos, ocho millones son trabajadores informales y el promedio del salario para los dos millones en la formalidad es de seis mil pesos mensuales. Es de los sectores productivos con más quejas respecto a los derechos de las mujeres, pues a prácticamente todas las trabajadoras les hacen pruebas de embarazo constantemente y despiden a quienes obtienen resultados positivos.
Además, en Jalisco 195 mil menores trabajan en el sector turístico y tan sólo en Cancún cerca de 35 mil niños laboran de manera informal e ilegal; tal vez para ellos fue la amable explicación caricaturizada acerca del Tren Maya. No hay que olvidar que nuestro país es el segundo destino a nivel mundial de turismo sexual y donde la mayoría de quienes son explotados bajo este inhumano rubro son menores.
Siguiendo con la numeralia, las cinco cadenas de hoteles más importantes en Méxicoson extranjeras: InterContinental Hotels, GroupMarriott International, Hyatt Group, Hilton Hotel & Resorts, NH Hotels. Les siguen en importancia las firmas mexicanas Grupo Posadas, creada por Gastón Azcárraga, hermano de Emilio Azcárraga, fundador de Televisa, con quien en 2005 compró Mexicana de Aviación; Hoteles Misión, cuyo fundador, Roberto Zapata, fue director general de Nacional Hotelera hasta su estatización, y City Express, famosa porque es la empresa mexicana de hotelería de mayor crecimiento en los últimos años y porque los recientemente fallecidos Moreno Valle eran algunos de sus accionistas.
Con esto queda claro que el dinero del turismo tiene un destino bien claro: los bolsillos de los burgueses. El pueblo, por el contrario, no sólo no mejora su situación, sino que la empeora, pues el turismo aumenta las posibilidades de explotación laboral y sexual de menores, debido a la gran exigencia de mano de obra que se necesita para cubrir la demanda de trabajo, la extrema flexibilización de los contratos y la prácticamente nula regulación del entorno, ya que, al final, el “cliente siempre tiene la razón”, aunque esa razón conlleve la violencia sexual o los despidos injustificados.
Si bien México ha sido desde hace décadas un baluarte del turismo mundial, fue durante el neoliberalismo y, más concretamente, en los últimos dos sexenios, cuando se dio un “boom de la hotelería”, y se consolidó como uno de los 10 destinos turísticos más importantes del mundo. Esto, en gran parte, fue motivado por la modificación del artículo 27 constitucional, en 1992, y provocó la privatización de tierras, costas, playas, riveras y ríos de nuestro país. Durante la década de 1990 y los principios de siglo, muchas playas públicas se fueron llenando de bardas, mallas ciclónicas y anuncios de “prohibido el paso”. Ya en la segunda década del siglo, las playas quedaban escondidas tras grandes hoteles de lujo a donde los habitantes sólo podían acceder si trabajaban en ellos, pues ni pensar en quedarse una noche ahí.
Ahora mismo México está viviendo una “era dorada” de la hotelería; desde 2014 las tres grandes firmas nacionales antes mencionadas buscan llegar a 300 nuevas propiedades, abriendo cada una entre 13 y 20 hoteles cada año, apoyadas con los favores de los gobiernos neoliberales, quienes han otorgado millones de pesos al Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET), dirigido por Pablo Azcárraga, de Grupo Posadas, en concepto de “promoción turística”, a través del Consejo de Promoción Turística de México, hoy extinto.
En el caso de las empresas internacionales muchas encontraron en Baja California un nicho inmobiliario inmejorable después del huracán Catrina, el cual arrasó literalmente con todo a su paso, dejando el terreno libre para la inversión, claro todo “a favor” de la recuperación económica.
Volviendo al Tren Maya, sólo por dar un ejemplo concreto, el proyecto ya inició las licitaciones y otorgamientos directos a empresas extranjeras, aun cuando se había dicho que el proyecto no contaría con inversionistas extranjeros por ser “estratégico”.
Para nosotros, como Organización de Lucha por la Emancipación Popular, todos los proyectos turísticos, industriales, de desarrollo nacional, deben ser realmente pensados para los pobres, para las clases históricamente oprimidas.
Deben ser desarrollados como proyectos estatales que aseguren las ganancias para la nación, que generen trabajos bien pagados con base y con todos los derechos laborales, y se debe eliminar completamente el trabajo infantil. Al mismo tiempo, las grandes empresas deben regresar lo que se han robado, lo que compraron ilegal o legalmente gracias a la privatización de nuestros recursos naturales y al despojo al pueblo. Al mismo tiempo, no podemos permitir que se sigan haciendo proyectos que privilegien la ganancia sobre el medio ambiente.
Se vuelve urgente y necesario, la estatización de la gran industria turística, esa que pertenece a los grandes empresarios nacionales y extranjeros: que esos nueve de cada 100 pesos que se generan realmente caigan en los bolsillos del pueblo. Es tiempo de que lo producido en México se quede en las manos de quienes lo producen y no de los grandes empresarios de siempre.
¡Contra el despojo, la represión y la explotación; resistencia, organización y lucha por el socialismo!
Nota:

Este artículo fue publicado en el No. 42 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), Abril-Mayo 2019.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

El Pentágono amenaza con atacar a Siria y lanzar la guerra en el golfo Pérsico

El Pentágono amenaza con atacar a Siria y lanzar la guerra en el golfo Pérsico


Salvador González Briceño ha publicado un reportaje en las páginas virtuales de geopolítica.ru en el que asegura, como lo hace World Socialist Web Site (23.05.19) que *En apoyo a Israel y Arabia Saudita, los halcones Pompeo y Bolton amenazan" mientras Trump califica de falso el anuncio del New York Times sobre el envío de tropas estadounidenses al golfo Pérsico.
Algunos quieren la guerra, otros la reelección. Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos de América (EEUU) no mete las manos al fuego por sus halcones Mike Pompeo y John Bolton, quienes atizan la guerra contra Irán, pero tampoco se retracta. Al contrario, dice que si Irán quiere guerra, la tendrá y “con gran fuerza”, como lo califica, entre otra de sus expresiones últimas.
No recula, dice González Briceño, porque, si bien no apuesta por la guerra, el propio Trump sabe que desde su campaña construyó el discurso, si no para el rompimiento con el país persa, sí para desarticular el acuerdo nuclear de Barack Obama, como lo hizo hace un año, el 8 de mayo de 2018.
Desoyó la opinión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que le ha dado seguimiento puntual al Plan de Acción Conjunto y Completo de 2015, como se conoce al acuerdo nuclear suscrito con Irán, avalado por los países miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas: Francia, Alemania, Reino Unido, Rusia y China. No escucha tampoco a la Unión Europea, que sostiene el acuerdo, atendiendo a su propia seguridad energética.
Preparativos de guerra
Era “defectuoso”, dijo Trump refiriéndose al plan, e Irán “es el mayor exportador de terrorismo”; así como “el mayor patrocinador del terrorismo (que) podría adquirir las armas más poderosas en el mundo. Por eso, anuncio que EEUU se retirará del acuerdo”. En fin, porque el acuerdo era un “mal negocio” de Obama.
Pocos días después de que el presidente Donald Trump amenazara con el "final oficial" de Irán, Washington advirtió con que reanudaría las agresiones militares a Siria, alegando, sin fundamento, que Damasco empleó armas químicas en la campaña militar contra las milicias vinculadas a Al Qaeda en la provincia noroeste de Idlib.
Las nuevas amenazas de Estados Unidos siguieron las reuniones informativas a puerta cerrada sobre la campaña de guerra contra Irán ante los miembros de la Cámara de Representantes y el Senado de EEUU el martes por el secretario de Estado Mike Pompeo, el secretario de Defensa en funciones Patrick Shanahan, y el titular del Estado Mayor Conjunto, el general Joseph Dunford.
Se informó de que el objetivo de estas presentaciones fue defender la "inteligencia" inventada sobre amenazas iraníes de llevar a cabo ataques contra "intereses estadounidenses" o de sus aliados en la región del golfo Pérsico, además de afirmar que el masivo y amenazante despliegue militar de EEUU en la región había frustrado los supuestos planes de Teherán.
Incluso mientras se llevaba a cabo esto, el Departamento de Estado de EEUU emitió una declaración en la que afirmaba que estaba recopilando información sobre un presunto ataque con gas de cloro el 19 de mayo en Idlib, combinado con la amenaza de que "Estados Unidos y nuestros aliados responderán de manera rápida y apropiada”.
La misiva del Departamento de Estado incluyó una denuncia de una "campaña de desinformación continua por parte del régimen de Asad y Rusia para crear la falsa narrativa de que son otros los responsables de los ataques con armas químicas que el propio régimen de Asad está llevando a cabo".
La cortina de humo informativa
Este pasaje se agregó sin duda en respuesta a la filtración de un documento condenatorio preparado por un destacado investigador de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) sobre un presunto ataque químico en abril de 2018 en Duma, un suburbio de Damasco, que se usó como pretexto para ataques estadounidenses con misiles dirigidos contra Siria.
El análisis estableció que los cilindros de gas encontrados en la parte superior de un bloque de apartamentos y que fueron culpados por la muerte de 49 personas no pudieron haberse caído del aire, como se alega al culpar al Gobierno sirio.
La fabricación de nuevos incidentes de armas químicas por parte de Washington y sus aliados en Siria serviría como medio para proseguir la campaña de Estados Unidos contra Irán en otro frente.
La amenaza contra Siria pisa los talones del despliegue estadounidense en Oriente Próximo de un grupo de navíos de batalla encabezado por el portaaviones USS Abraham Lincoln, un grupo de batalla de bombarderos, incluyendo B-52 con capacidad nuclear y una batería de misiles Patriot.
El grupo naval participó con un grupo de batalla de buques anfibios que transportaban a infantes de la marina, aviones de combate y buques de desembarco de Estados Unidos en una serie de ensayos militares provocadores frente a las costas iraníes. Un comandante naval de Estados Unidos dijo que tenían como objetivo "aumentar nuestra letalidad y agilidad para responder a las amenazas".
Mientras tanto, el Pentágono ha elaborado planes de guerra que requieren el envío de hasta 120 mil soldados estadounidenses a la región, un número similar al que se desplegó en la región antes de la invasión de Irak, en aparente preparación para un ataque total contra Irán.
Esta concentración militar ha puesto a Oriente Próximo una vez más al borde del precipicio, con la posibilidad de que cualquier incidente en la región, ya sea real o ficticio, pueda desencadenar un conflicto bélico devastador, que podría eclipsar la carnicería de la guerra de Estados Unidos en Irak.
El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Javad Zarif, advirtió el martes que Washington está "jugando un juego peligroso" con su acumulación militar en el golfo. Dice wsws.
“Tener todos estos recursos militares en una pequeña vía fluvial es en sí mismo propicio de accidentes, especialmente cuando hay personas interesadas en accidentes. Por lo tanto, se requiere extrema prudencia y creemos que Estados Unidos está jugando un juego muy, muy peligroso", dijo Zarif.
Sin ninguna prueba, Washington ha intentado culpar a Irán por el presunto sabotaje de cuatro embarcaciones, entre ellas dos barcos petroleros de propiedad saudí, frente a las costas de los Emiratos Árabes Unidos la semana pasada, así como el lanzamiento de un cohete Katyusha en la zona verde de Bagdad, un área fuertemente fortificado, aproximadamente a medio kilómetro de la embajada de Estados Unidos.
Un grupo antes desconocido el martes se atribuyó el lanzamiento del cohete, diciendo que fue en represalia por el hecho de que Trump emitió un indulto completo a un exteniente del Ejército de EEUU que había sido condenado y sentenciado a 25 años de prisión por la ejecución extrajudicial de un prisionero, Alí Mansur Mohamed, en 2008 en Irak.
Otro posible detonante de una guerra a gran escala es la guerra cuasigenocida contra Yemen, la cual se ha prolongado por cuatro años y es liderada por Arabia Saudí con el apoyo de Estados Unidos. Han muerto unos 80 mil civiles, y ha empujado a unos 10 millones al borde de la inanición.
Una carta fulminante
En medio de las provocativas amenazas militares contra Siria e Irán, un grupo bipartidista del Congreso que comprende a integrantes de la mayoría de la Cámara de Representantes y el Senado firmó una carta al Presidente Trump instando a adoptar una política aún más agresiva en la región y en particular en Siria.
La carta equivale a una demanda de que el Gobierno de Trump mantenga una fuerte presencia militar en Siria, intensificando la confrontación con el Gobierno del presidente Bashar al Asad, así como con Irán y Rusia, y apoyando los ataques israelíes contra el país.
La carta terminó sindo firmada por casi 400 miembros del Congreso, incluidos los principales demócratas en la Cámara de Representantes y el Senado. La carta fue emitida a nombre de los representantes Eliot Engel y Michael McCaul, el presidente y miembro de rango del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, y los senadores James Risch y Bob Menéndez, presidente y miembro de alto rango del Comité de Relaciones Exteriores del Senado.
Al referirse a la presencia recurrente de Al Qaeda y el Estado Islámico en Siria, la carta se centró en los cargos relacionados con el "comportamiento amenazador del régimen iraní" y el "papel desestabilizador de Rusia" en el país". Exigió a la vez que la Administración "aumente la presión sobre Irán y Rusia respecto a las actividades en Siria" para "detener las crecientes amenazas a los intereses de Estados Unidos, Israel y la seguridad y estabilidad regional".
La carta es, en suma, una demanda bipartidista de que el Gobierno de Trump mantenga la presencia de tropas de EEUU en Siria, cuya cifra oficial es de 2 mil, pero sin duda es mucho mayor. Pese a que, en diciembre último, Trump anunció que retiraría las fuerzas estadounidenses del país, en pocas semanas el Gobierno infringió esta posición e indicó que permanecerían in situ varios cientos de soldados.
Fuera de las críticas formuladas por los demócratas sobre los temerarios tuits de Trump, la carta del Congreso confirma que el impulso de guerra contra Irán es resultado de una política bipartidista que ha sido proseguida durante décadas por sucesivas Administraciones, así demócratas como republicanas, para garantizar militarmente la hegemonía estadounidense sobre el golfo Pérsico y sus vastos recursos energéticos a costa de millones de vidas.

Mucho más que una guerra comercial


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Mucho más que una guerra comercial

 

 


El planeta se encuentra suspendido de un hilo y sigue con suma expectación las noticias vinculadas a lo que se ha dado en llamar “guerra comercial” entre Estados Unidos y China. Vale debatir si en realidad se trata de una guerra y si en verdad las causas de su inicio y la actual escalada tiene un trasfondo de orden comercial.
Como es sabido, este conflicto fue iniciado en marzo de 2018 tras un anuncio realizado por el presidente de Estados Unidos Donald Trump, quien informó su decisión de imponer aranceles por un monto 50 mil millones de dólares a los productos chinos bajo el artículo 301 de la Ley de Comercio de 1974, sustentado en el supuesto de “prácticas desleales de comercio” y “robo de propiedad intelectual” por parte de la nación asiática. Unos días después, China respondió aplicando aranceles a 128 productos estadounidenses, dando origen de esa manera a un escalamiento del diferendo que pareció entrar en una etapa de tregua y posteriores negociaciones tras el encuentro de los presidentes de ambos países en Buenos Aires el pasado 1° de diciembre en el marco de la celebración de la Cumbre del G-20.
Sin embargo, tras 11 rondas de conversaciones realizadas en ambas capitales, el conflicto lejos de acercase a una culminación exitosa, ha escalado incluso con la decisión de imponer nuevos aranceles por parte de Estados Unidos justo cuando estaba por comenzar la realización de ese décimo primer encuentro bilateral que se habría de realizar en Washington durante la segunda semana de este mes de mayo.
El 10 de mayo Estados Unidos aumentó los aranceles a las importaciones chinas por un valor de 300 mil millones de dólares elevándolos de 10 a 25%, a lo que Beijing respondió anunciando un plan que se propone introducir gravámenes sobre las importaciones estadounidenses a partir del 1° de junio por valor de 60 mil millones de dólares.
Pero, como hemos dicho con anterioridad, el verdadero eje del problema es que la República Popular China va logrando una superioridad tecnológica respecto de Estados Unidos que la coloca en una mejor posición para avanzar en su desarrollo hacia una economía fortalecida que la va a colocar en las próximas décadas en la vanguardia económica del planeta y que a través del Plan de la Nueva Ruta de la Seda ha generado un mecanismo que trae prosperidad no sólo a su país sino a otros pueblos del mundo corroyendo con ello el sistema mediante el cual se usan las relaciones económicas internacionales como instrumento de opresión, subordinación y miseria para la mayor parte de la humanidad.
De manera tal que tras la llamada guerra comercial se esconde en realidad una guerra tecnológica que es expresión de la desesperación estadounidense por el elevado desarrollo científico chino, que por primera vez en los últimos 130 años ha coloca a la potencia norteamericana en un lugar secundario en este ámbito.
El principal conflicto se ha desatado en torno a la nueva generación de comunicación móvil denominada 5G obtenida por China con un adelanto de 8 meses respecto de Estados Unidos. Vale decir que este país había consiguiendo la primacía en las previas 3G y 4G. La tecnología 5G traerá indudables implicaciones en las actividades sociales, geopolíticas, empresariales y militares al ser 40 veces más rápida que la 4G y tener una capacidad de transmisión de datos ostensiblemente mayor al poder desarrollar a través de ella la conexión de grandes bases de datos, la expansión de aplicaciones de inteligencia artificial, incluyendo robótica de carácter avanzado y la posibilidad de múltiples conexiones ultrarrápidas de internet entre ciudadanos, organizaciones y cosas como dinero móvil, vehículos sin conductores, cirugías a distancia, enseñanza virtual y uso de drones, mucho de lo cual ya está en uso en China.
En la escalada del problema creado, el pasado 12 de mayo el gobierno de Estados Unidos difundió una lista de casi cuatro mil productos chinos a los cuales podría imponer nuevos aranceles, al mismo tiempo el presidente Trump dijo que estaba estudiando la posibilidad de decidir aplicar tarifas del 25% al resto de las mercancías chinas que hasta ese momento no tenían tales gravámenes y que había dado instrucciones para dar los pasos iniciales en esa dirección a partir de lo cual la administración estadounidense dio inicio formal al proceso de aprobación de nuevos impuestos con la publicación de un listado de 3805 categorías de bienes valorados en 300 mil millones de dólares anuales, el cual incluye mercancías como celulares, computadoras personales, leche, acero y aluminio.
De manera frontal, y utilizando un tono inusitado para su tradición diplomática, la respuesta china fue frontal, el martes 14 de mayo el portavoz de la Cancillería, Geng Shuang informó que “La experiencia anterior fue testimonio de que China no quiere una guerra comercial, pero tampoco tiene miedo de ella; si alguien provoca una guerra en la entrada a nuestra casa, vamos a luchar hasta vencer”. Geng también manifestó la esperanza de que Estados Unidos no menosprecie la disposición de China de defender sus intereses. De manera clara, China ha asumido que lo que ha decidido Estados Unidos es la realización de una guerra y como tal se está preparando para defenderse y contrarrestar los efectos de la misma. No hay que olvidar que la guerra es la continuación de la política y Estados Unidos ha decidido una política de confrontación y enfrentamiento para lograr la derrota del enemigo.
Al día siguiente, 15 de mayo, en un editorial titulado: "China ha hecho la preparación integral" leída en el noticiero estelar de la Televisión Central de China (CCTV) el gobierno envió un mensaje al pueblo en el que se informa acerca de de su posición en torno a la confrontación planteada por Estados Unidos. En el mismo se comunica que "…no queremos esta lucha, pero no tenemos miedo y vamos a luchar si es necesario". En el imaginario de los ciudadanos chinos, el trasfondo del conflicto no tiene carácter comercial ni económico, sino que lo ha entendido como una lucha por el honor y en salvaguarda de la integridad del país. El editorial antes mencionado toma nota de este sentimiento y lo manifiesta de la siguiente forma: "Para la nación china que ha experimentado varias tormentas en los últimos 5.000 años, ¿hay alguna situación que no hemos visto antes? En el proceso de la gran revitalización de la nación, tiene que haber dificultades e incluso olas terribles. La guerra comercial provocada por Estados Unidos es sólo una barrera en el camino de desarrollo de China, y no es un gran problema en absoluto".
La respuesta china produjo irritación extrema en Washington, no acostumbrado a que alguien en el mundo le responda de igual a igual, el jueves 16 de mayo, el presidente Trump afirmó que China resultaría gravemente perjudicada si los dos países no llegan a un acuerdo comercial porque las tarifas impuestas por Estados Unidos obligarán a las compañías a trasladar la producción a otros países.
Vale considerar que en su comparecencia ante los medios de comunicación el portavoz Geng había expresado que Estados Unidos no necesitaba preocuparse por la estabilidad de China porque durante las cuatro décadas de desarrollo de la política de reforma y apertura, el entorno de inversión extranjera del país había mejorado continuamente, lo que ha conducido a que China sea uno de los mayores destinos en el mundo para la inversión extranjera alcanzando un nivel récord en diciembre del año pasado.
Este último aumento de las tasas, impulsado por el presidente Trump y los planes de China de contrarrestarlas, han influido negativamente en las empresas estadounidenses afincadas en el país asiático. En ese marco, contradiciendo a Trump quien afirmó que lo que tenían que hacer las empresas estadounidenses era construir sus fábricas o manufacturar sus productos en Estados Unidos, para lo cual no tendrían que pagar ningún arancel, algunas de las principales compañías han dudado de ese ofrecimiento e incluso Exxon Mobil decidió establecer un proyecto de productos petroquímicos a gran escala en China. De la misma manera, la fabricante de vehículos eléctricos Tesla comenzó oficialmente la construcción de una planta de fabricación en Shanghái, su primera en el extranjero, y la corporación agrícola Cargill decidió ampliar su capacidad de procesamiento central en la provincia china de Jilin en abril. De la misma manera, un grupo de 170 empresas de la industria del calzado encabezadas por Adidas, Nike, Converse, Puma y Clarks entre otras, han enviado una carta al presidente Donald Trump en la que le instaron a reconsiderar los aranceles a los zapatos fabricados en China, al estimar que tal política puede resultar "catastrófica" para "empresas, consumidores y la economía estadounidense en general", considerando que el 72% de los zapatos que importa Estados Unidos, provienen de China.
Tales hechos dan cuenta de que estas empresas, dado su carácter transnacional no necesariamente actúan en sintonía con su país de origen, sino que deciden sus destinos de inversión y eligen a sus socios comerciales a partir de sus mejores intereses en la búsqueda de mayor ganancia. Retirarse de China podría significar para estas empresas la pérdida del mayor mercado mundial, que además está en permanente expansión dados los importantes avances de China en la lucha contra la pobreza y el incremento constante en los niveles de consumo de su población.
Por otra parte, en un esfuerzo por atraer nuevos inversionistas y mantener los que tienen, China continúa reduciendo las limitaciones para la inversión extranjera, reservándose para si, solo las áreas estratégicas de la economía y las que están vinculadas a la industria para la defensa.
En ese ámbito, la nueva Ley de Inversión Extranjera, que entrará en vigencia el 1° de enero de 2020, fomentará más inversiones en China ya que generará una mayor confianza en un entorno estable, transparente, previsible y justo para las inversiones extranjeras. Las medidas para la ampliación y mayor eficiencia (que incluye una fuerte lucha contra la corrupción) en la aplicación de la política de reforma y apertura permitirán además la racionalización y una mayor descentralización en la toma de decisiones incidiendo en la creación de un mejor ambiente empresarial en el país.
En esa medida, Estados Unidos se enfrenta a racionales políticas de Estado asumidas por la dirección china encaminadas a hacer avanzar la economía, evitando en todo momento el conflicto y enfrentándolo solo porque es un escollo que la insensata administración Trump ha planeado como vía para que su país pueda salir del marasmo económico en el que se encuentra.
En ese sentido, los datos que aporta una encuesta realizada entre el 16 y el 20 de mayo de manera conjunta por la Cámara de Comercio Americana en Shanghái (AmCham Shanghai) y la Cámara de Comercio Americana en China, con sede en Beijing (AmCham China) establece con claridad que las medidas tomadas por el presidente Trump están incidiendo negativamente en las empresas estadounidenses que se encuentran en China. La pesquisa da cuenta que el mayor impacto viene dado por el perjuicio a la competitividad de la gran mayoría de los encuestados (el 74,9%), lo cual se ha reflejado en una menor demanda de mercancías, mayores costos de producción y superiores precios de venta de productos que condujeron a mayores costos operativos que tuvieron fuerte impacto en el 45,6% de las empresas que se vieron impelidas a localizar fuentes alternas para la colocación de sus productos.
No obstante, China había tomado medidas en ese sentido, cuya comprensión generó grandes debates en diferentes escenarios, en torno al estado real de la economía china, toda vez que las mismas expusieron que ella se encontraba en un proceso de ralentización indetenible, sin embargo, el gobierno chino explicaba que dadas las dificultades por las que atravesaba la economía global se hacía necesario disminuir las metas en el crecimiento del PIB, y trasladar el producto que emanaba de esa mengua en el flujo de las exportaciones a su gigantesco mercado interno que todavía posee un gran potencial para absorber los excedentes de producción que el conflicto generado por el gobierno de Estados Unidos podría crear. Así, muchas empresas estadounidenses y de otros países, se han acogido al plan “En China, para China” que consiste en ubicar su producción en el mercado local de un país poseedor de un potencial de 1.4 millones de consumidores. El gigantesco mercado chino es la primera arma que tiene ese país para enfrentar la guerra de Trump… pero no es la única.
Fuente: https://barometrolatinoamericano.blogspot.com/2019/05/mucho-mas-que-una-guerra-comercial-el.html

Nuevos retos y perspectivas del movimiento obrero mexicano


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Nuevos retos y perspectivas del movimiento obrero mexicano

 

 


“El proletariado, para ser capaz de gobernar como clase, debe despojarse de cualquier residuo corporativo, de todo prejuicio o incrustación sindicalista”
Antonio Gramsci
La conmemoración del 1 de mayo de 2019 se ha realizado en medio de un proceso de recomposición de la lucha de la clase trabajadora, de nuevos esfuerzos de articulación del sindicalismo independiente y de una reciente reforma laboral que abre importantes oportunidades para enfrentar al charrismo sindical y construir organizaciones sindicales auténticas.
La aplastante derrota electoral de los partidos de la derecha, PRI y PAN -que auspiciaron y protegieron la existencia de un aparto corporativo burocrático que mantuvo oprimida y maniatada a la clase trabajadora a lo largo de casi 80 años-, ha generado mayor confianza en la clase trabajadora para destruir a ese aparato, democratizar sus organizaciones sindicales y alcanzar mejores condiciones de vida y de trabajo. Esa es la razón que explica el histórico triunfo de las 96 huelgas de la maquila en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas, a principios de año; del repunte de huelgas del sindicalismo universitario, de disputas por la titularidad de contratos colectivos o la formación de corrientes sindicales disidentes en gremios tan importantes como el petrolero, seguro social, la educación, entre otros.
Después de muchos años de no hacerlo, la plaza del Zócalo de la Ciudad de México se vio nuevamente desbordada por contingentes del sindicalismo independiente de la Nueva Central de Trabajadores (NCT), la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) y del Sindicato Minero. Grandes movilizaciones también se realizaron en otras entidades de la república en donde también participaron contingentes de la combativa Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), corriente democrática al interior del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

Ese mismo día fue promulgada una nueva Ley Federal del Trabajo, reglamentaria del artículo 123 constitucional, que contiene medidas progresivas, por lo menos en el papel, que otorga a los trabajadores mayores recursos legales para disputar al charrismo la representación sindical; la obligación del voto universal, directo y secreto; crear nuevas organizaciones sindicales; impedir la formación de sindicatos de protección patronal (blancos); consultar a la base para aprobar la firma de los Contratos Colectivos de Trabajo (CCT); acceder a su registro público y de las organizaciones sindicales; obligar a los patrones a cotizar al Seguro Social con el salario real de los trabajadores y entregar a cada trabajador ejemplares de los CCT y sus modificaciones, entre otras cosas.
Estos avances son viejas demandas por las cuales ha luchado el sindicalismo independiente desde hace décadas y que ahora son posibles porque están acompañadas de la presión del sindicalismo de Estados Unidos y Canadá para que el capítulo laboral (Anexo 23-A) del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) obligara a México a realizar cambios en materia de justicia laboral y libertad sindical. A esta misma lógica obedece la ratificación, por parte del nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), del Convenio 97 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre el derecho de sindicación y de negociación colectiva.
Para que estos logros no queden en letra muerta, es muy importante que las dirigencias sindicales conozcan el contenido y alcance de esta reforma y elaboren estrategias para impulsar la sindicación de los trabajadores no organizados (casi el 90 por ciento del total de la fuerza de trabajo), disputar al interior o como sindicatos independientes, la representación sindical; unificar en una misma organización democrática e independiente del gobierno, y de cualquier partido político, al conjunto del sindicalismo independiente y democrático. Se ha abierto una coyuntura muy favorable para que la clase trabajadora mexicana alcance su objetivo más preciado y estratégico: enviar al charrismo sindical al basurero de la historia. Lograrlo significará un verdadero golpe mortal al viejo régimen de dominación priista.
Los avances que representa esta reforma no pueden hacernos olvidar, ni por un momento, que aún queda pendiente revertir la reforma neoliberal de 2012 que legalizó la precariedad laboral al reglamentar laxamente el outsourcing; facilitar y abaratar el despido de trabajadores; reducir a un año el derecho a salarios caídos en caso de litigio y establecer el pago por hora; ampliar los contratos temporales a prueba y capacitación y atentar contra la bilateralidad de la relación obrero patronal al permitir acuerdos individuales entre patrones y trabajadores.
Aún reconociendo la bondad de algunas medidas de la política laboral obradorista –agreguemos el aumento a los salarios mínimos nacionales del 16 %, en la frontera norte del 100 %, becas para estudiantes y trabajadores jóvenes, eliminar el carácter punitivo de la evaluación magisterial e impulsar el fortalecimiento de empresas estratégicas como Petróleos Mexicanos (PEMEX) y Comisión Federal de Electricidad (CFE) y la no represión a movilizaciones sociales-, todavía son insuficientes para confiar en que su gobierno ha emprendido un curso antineoliberal. Menos aun cuando debemos mantener una postura crítica ante las decenas de miles de despidos de empleados públicos ocasionados por la “austeridad republicana”, la intromisión en la vida interna del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), el mantenimiento de un tope a los salarios mínimos y profesionales, su reticencia a dialogar con las direcciones del sindicalismo independiente o dejar en pie aspectos fundamentales de la reforma educativa de Enrique Peña Nieto.
El movimiento sindical no debe bajar la guardia ante el gobierno de AMLO. Debe mantener en alto reivindicaciones como la de revertir las reformas neoliberales del 2012; recuperar gradualmente la pérdida del 70 por ciento de la capacidad de compra de nuestro salario, producto de 30 años de neoliberalismo; reducir la jornada laboral a 35 horas semanales; regresar al régimen solidario de pensiones y por el control de las organizaciones sindicales de los fondos de pensiones; revertir las reformas neoliberales en materia educativa y energética; aplicar un impuesto progresivo a las grandes fortunas; demandar una auditoria a la deuda pública y desconocer las deudas odiosas.
Es muy importante que el sindicalismo democrático comprenda que se ha abierto una nueva coyuntura, que demanda una exacta comprensión de los cambios políticos acontecidos, para elaborar una nueva estrategia y táctica para emprender la ofensiva en contra del charrismo sindical y fortalecer la auto organización de la clase trabajadora. Es insensato continuar utilizando las mismas formas de lucha ante un gobierno diferente al PRI y al PAN, aunque tampoco haya roto con el neoliberalismo.
Sobre todo, es necesario superar las visiones gremialistas e inmediatistas, tan arraigadas en el conjunto del sindicalismo mexicano, construyendo una visión de clase y de largo plazo, es decir que, sin perder de vista el objetivo de nuestra emancipación total, tengamos la capacidad de pensar políticamente y actuar localmente. Es la capacidad de construir un movimiento que abarque al conjunto de la clase trabajadora –convirtiéndose en el caudillo de una nación oprimida como la nuestra (hegemonía)-, y su aplicación en sus propios espacios, lo que convierte a los gremios en su conjunto en una clase.