El Papa Francisco encabezó los primeros ritos de la Semana Santa
CIUDAD DEL VATICANO, 25 de marzo.— “No se dejen robar
la esperanza, no sean hombres y mujeres tristes”, dijo ayer el papa
Francisco a los miles de jóvenes reunidos en la Plaza de San Pedro donde
encabezó la misa del Domingo de Ramos, con lo que se inician los ritos
de la Pascua.
En la plaza donde los “viva Francisco” no se dejaron
esperar, el Papa llamó a recordar las “heridas de la humanidad” que
dejan las guerras, la violencia, los conflictos económicos que golpean
al más débil, la sed de dinero y de poder, la corrupción y la división
entre los gobernantes y el pueblo.
“Nuestra alegría no nace de la
posesión de las cosas. No debemos creer al maligno que nos dice: no
puedes hacer nada contra la violencia, la corrupción, la injusticia o
contra tus pecados. No debemos acostumbrarnos al mal”, manifestó
Francisco a los jóvenes que ayer llegaron a la Basílica de San Pedro.
Desde hace 38 años el Domingo de Ramos es también la Jornada de la Juventud, por lo que Francisco se dirigió a ellos.
A
la vigilia del histórico encuentro con el Papa emérito Benedicto XVI en
Castel Gandolfo, Francisco encabezó una misa ante 250 mil fieles de
todo el mundo, que una vez más abarrotaron la plaza y las calles
aledañas a la basílica en el Vaticano.
Jorge Mario Bergoglio hizo
una fuerte denuncia sobre el riesgo de ceder ante la desesperanza. “En
este momento viene el diablo enmascarado de ángel e insidiosamente nos
dice su palabra... No lo escuchemos y sigamos a Jesús”, exhortó el
Pontífice.
Ante los presentes el Papa confirmó su presencia en la
Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará del 23 al 28 de julio en
Río de Janeiro, Brasil.
“Veo con alegría el próximo julio en Río
de Janeiro, los espero en aquella gran ciudad de Brasil. Prepárense
bien, sobre todo espiritualmente en sus comunidades, porque el encuentro
es una señal de fe para el mundo entero”, dijo Francisco repitiendo su
mensaje en alemán, francés, inglés, español y polaco.
Luego en
italiano se refirió a la Virgen María “para que nos acompañe en la
Semana Santa y sostenga a quienes viven situaciones difíciles”.
Traslado en jeep
Nuevamente el papa Francisco utilizó el jeep descubierto para pasear por la Plaza de San Pedro y saludar a los fieles.
Su
viaje se detuvo cuando vio a un grupo de jóvenes de la diócesis de
Buenos Aires. Ante ellos hizo parar el vehículo y quiso bajar a
saludarlos.
Era evidente que se conocían, pues al descender del carro se
dirigió a abrazarlos y ellos respondieron igualmente con abrazos y besos.
El
general Domenico Giani, encargado de la Gendarmería Vaticana, no se
veía preocupado, incluso ayudó a uno de los jóvenes a hablar después con
el Papa siguiéndolo hasta su jeep.
También ayudó a sostener a varios niños para que el Papa los pudiera besar.
Antes,
el Pontífice ya había llevado a cabo la procesión en la Basílica, donde
todos agitaban sus palmas y ramos de olivo para recibir sus
bendiciones.
Recuerdan en Jerusalén camino que siguió Cristo
La
coincidencia de la Semana Santa cristiana y de la Pascua judía atrajo a
multitudes de creyentes de ambas religiones a Jerusalén, en donde ayer
rememoraron el pasaje de Jesucristo.
Algunos con ramos de olivo y
de palma, otros con guitarras y pancartas; fueron miles los que
acudieron a la tradicional procesión del Domingo de Ramos, que tuvo
lugar entre la aldea de Betfagé y la iglesia de Santa Ana en la ciudad
antigua.
“Precioso y emotivo”, caracterizó una devota argentina el
descenso por el Monte de los Olivos, que sirvió de escenario hace dos
mil años para todos los episodios narrados en el Evangelio.
Recordar
los pasos y el dolor de Jesús era el objetivo de los peregrinos que
sumidos en cánticos y festejos subieron hasta el monte, pararon para
rezar en las estaciones relevantes y luego descendieron hasta las
murallas.
“El Domingo de Ramos es motivo de fiesta, nos traslada
al comienzo de la fe cristiana, a la creencia en la resurrección”,
relató el padre Ortíz, que hizo el recorrido al frente de su parroquia
puertorriqueña.
La procesión, colorida y alegre, recuerda la
entrada de Jesús en Jerusalén antes de la crucifixión, desde el momento
en que vio Jerusalén y lloró por su destino, hasta ser recibido
festivamente por los campesinos y su entrada en el Monte del Templo.
Al
son de canciones y los protocolarios “aleluyas” que tanto caracterizan
esta jornada, los fieles avanzaron lentamente detrás del patriarca
latino de Jerusalén, monseñor Twal, rodeado de frailes de distintas
órdenes, religiosos y monaguillos.
“No es como en nuestro país,
pero desde luego muy vistoso”, declaró Marta, española que por primera
vez se daba cita en la convocatoria religiosa.
Boy Scouts
palestinos llegados de todos los confines de Tierra Santa amenizaron la
cabeza de la procesión con sus melodías, mientras más atrás se
empezaban a entremezclar los cánticos en diferentes idiomas.
“La
mezcla es quizás lo que más me sorprendió”, destacó Luz Salgado,
colombiana que trabaja en Israel y fiel todos los años a esta procesión y
los otros actos de la Semana Santa.
Los principales actos tendrán
lugar el Jueves Santo en el cenáculo y el Viernes Santo a través de la
Vía Dolorosa, el camino que hizo Jesús desde la prisión en la que fue
custodiado hasta la gobernación romana para el juicio, y el Monte
Gólgota para la crucifixión, catorce estaciones cargadas de simbolismo
religioso que los peregrinos recorrerán una y otra vez.
El Gólgota
quedó hace siglos dentro del Santo Sepulcro, el lugar de reposo de
Jesús hasta que resucitó, y donde están las últimas cinco estaciones.
Es el epicentro de la Semana Santa y donde también se celebran las misas de Sábado de Gloria y Domingo de Resurrección.