jueves, 3 de mayo de 2018

África en un espejo chino




Según la ONU, de los cuarenta y ocho países más pobres del mundo, treinta y seis son africanos. Nigeria, República Democrática del Congo, Mali, Burundi, República Centroafricana, Somalia, Sudán del Sur y Libia son los países con guerras y conflictos abiertos, y, además, se viven situaciones muy críticas en Sudán, Eritrea y Mozambique. África: un continente de mil doscientos millones de habitantes, la mayoría menores de treinta años (en cuarenta países, el cuarenta por ciento de la población tiene menos de veinte años), con casi la mitad en situación de pobreza, con varias guerras en curso y una sangría de jóvenes que, jugándose la vida, atraviesan el Sahel y el desierto intentando alcanzar Europa. Y, sin embargo, África se mueve: el 21 de marzo de 2018, 44 de los 55 países que integran la Unión Africana se reunieron en Kigali, Ruanda, para firmar el Tratado de Libre Comercio Africano (AfCFTA, en inglés). Nigeria, la mayor economía africana, quiere examinar cuidadosamente las consecuencias del acuerdo antes de adherirse, así como Sudáfrica y Uganda. Ese Tratado es una de las iniciativas de la Agenda 2063 de la Unión Africana.
Estados Unidos, que contempla el despegue asiático y el fortalecimiento chino, no quiere perder pie en África ante Pekín. En agosto de 2014, Obama impulsó una cumbre USA-África en Washington, a la que asistieron presidentes de cuarenta y siete países africanos: era un claro mensaje de que Estados Unidos no iba a resignarse a los cambios que llegan de oriente e iba a disputar a China su presencia en el continente negro. Obama lanzó también el plan Power Africa para llevar electricidad a algunas zonas del Sahel, y visitó Kenia y Etiopía, para hacer frente a la creciente actividad china: desde 2010, China se ha convertido en el principal socio comercial de África, superando a Estados Unidos, hasta el punto de que algunos estudios consideran que el intercambio comercial de China con África ya duplica al estadounidense-africano. La preocupación norteamericana llevó al Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes a aprobar, en marzo de 2018, una investigación sobre los planes de China para “reforzar su poder militar y económico en África”. En 2018, el gobierno de Xi Jinping tiene previsto realizar en Pekín el Foro de cooperación China-África, el mayor encuentro sobre colaboración económica, que reunirá a todos los países del continente. El anterior Foro se celebró en Johannesburgo, Sudáfrica, en 2015, y supuso un nuevo impulso a la colaboración entre China y África.
Todo ello, cuando la Unión Africana, que reúne a todos los países africanos, ha definido la Agenda 2063, un ambicioso programa de desarrollo a cincuenta años vista, basado en proyectos previos como el Plan de Acción de Lagos, el Programa de Integración Mínima, el Programa de Desarrollo de Infraestructura en África (PIDA), el Tratado de Abuja o el Programa de Desarrollo Agrícola Integral de África (CAADP). Los desafíos son ingentes. África enfrenta el problema del desarrollo y la corrupción, además de las guerras y hambrunas: la trigésima cumbre de la Unión Africana en Addis Abeba, celebrada en enero de 2018, puso el acento en la lucha contra la corrupción y en el impulso al desarrollo, y la asociación con China es la apuesta de futuro de muchos países, basada en el concepto de “beneficio mutuo” con que Pekín fomenta su colaboración estratégica. China está construyendo infraestructuras por todo el continente, y es capaz de ofrecer tecnología, equipos sofisticados, una eficaz logística, financiación, y expertos en todas las actividades económicas, sin que, a diferencia de Estados Unidos o Francia, exija contrapartidas políticas, diplomáticas y militares. A corto plazo, las prioridades para África son la seguridad alimentaria, la eliminación del hambre y el control de enfermedades, así como la pacificación del continente y la intensificación del desarrollo económico. Para todos esos objetivos, África ha puesto sus ojos en China. Nigeria, Etiopía y Egipto, son los tres gigantes demográficos africanos; por su economía son los mismos, con Etiopía cediendo su lugar a Sudáfrica. Históricamente, el continente africano ha sido una fuente de recursos naturales para los países capitalistas, que no han dudado en instigar guerras y enfrentamientos para conseguir sus propósitos. La competencia entre China y Estados Unidos va acompañada de acusaciones y propaganda: Washington (como si su trayectoria en el último siglo, en todo el mundo, hubiera estado presidida por la solidaridad y la colaboración y no por el más descarnado imperialismo) acusa hoy a China de llevar a cabo una política “extractiva” en África, al tiempo que la prensa conservadora y los intelectuales a su servicio acusan a China de “imperialista”. Es el reflejo del miedo: la alarma ante los cambios en el continente africano llevó a Thomas Waldhauser (general de marines y feroz veterano de Afganistán e Iraq, nombrado jefe del USAFRICOM de Stuttgart en 2016) a advertir a Ismail Omar Guelleh, presidente de Djibuti, sobre las “cosas que China no debería hacer en su país”. No fue la primera acusación norteamericana, ni mucho menos: desde hace años, su diplomacia siembra sospechas y propaga falsas acusaciones para dañar la actividad china, y el propio Tillerson, en su reciente gira por América Latina, señalaba a Pekín como autor de “injustas prácticas comerciales”, y advertía a los países latinoamericanos del peligro de la “excesiva dependencia” de sus relaciones con China. Como si América Latina no hubiese padecido el viejo imperialismo de Washington y sus sanguinarias imposiciones, el secretario de Estado, apuntando a China, afirmó: “En América, se extiende la amenazante sombra de China y Rusia”, y “América Latina no necesita nuevos poderes imperiales que sólo miran su interés. Estados Unidos es distinto: no buscamos acuerdos a corto plazo con beneficios desiguales, buscamos socios". En África, Estados Unidos mantiene las mismas acusaciones: por boca de su secretario de Estado, se convertía así en un sorprendente, preocupado y solidario país que vela por la equidad y la justicia en el mundo. Lástima que para el relato de Tillerson la trayectoria norteamericana no le ayudase precisamente a hacer creíble su preocupación: la manifiesta injerencia estadounidense, con invasiones, guerras, golpes de Estado, presiones e imposiciones a numerosos países (de Afganistán a Venezuela, de Iraq a Honduras, de Siria a Brasil, de Corea a Libia), no ya en América Latina y en África, sino en todo el mundo, ponía en tela de juicio sus generosas palabras y su preocupación por los países latinoamericanos y africanos. Tal vez sin percatarse, esas acusaciones norteamericanas a China eran el acta notarial del retroceso occidental en África y del aumento del prestigio chino.
La diplomacia norteamericana y sus instrumentos de propaganda han jugado, además, con el equívoco, sugiriendo que el centro logístico chino que se construye en Djibuti como punto de apoyo para los buques que combaten a la piratería en el cuerno de África es una base militar, extremo completamente falso; sin olvidar que Estados Unidos y algunos de sus aliados, como Francia y Japón, disponen de bases militares en Djibuti. El enclave tiene una enorme importancia estratégica. Por el estrecho de Bab el-Mandeb pasa la ruta que comunica con Europa por el norte, y, hacia el este, por el golfo de Adén, la ruta marítima más importante que comunica África con Asia: Pekín quiere mantener seguras sus vías de transporte y, además, garantizar la salida del petróleo que Sudán y Sudán del Sur exportan a China, que sale por el Mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb. Por Djibuti pasa también una de las rutas de contrabandistas, y de inmigrantes, sobre todo etíopes y somalíes, que quieren dirigirse a Arabia a través del Yemen, pese a la guerra.
La influencia occidental en África sigue siendo indudable: Francia mantiene una considerable presencia en los países que formaron las viejas África occidental francesa y África Ecuatorial francesa, y la Unión Europea ha incrementado la ayuda militar a los países del Sahel (Chad, Níger, Mali, Níger, Burkina Fasso y Mauritania), con más cien millones de euros, y ha conseguido que Arabia contribuya con otros cien millones. Desde 2014, con la “migración ilegal” y la “seguridad” en el centro de sus preocupaciones, la Unión Europea aportará, en seis años, cuatro mil millones de euros. Francia, vieja metrópolis, tiene unidades militares destacadas en Chad, Burkina Fasso, Níger y Costa de Marfil, entre otros países de la zona, como en los años de la Françafrique, y Hollande intervino militarmente en Mali en 2013, con la excusa de hacer frente al terrorismo y para “defender a ciudadanos franceses”, aunque detrás estaban los intereses de la multinacional francesa de energía nuclear Areva, denominada ahora Orano. En 2018, París tiene cuatro mil militares destinados en Mali.
Por su parte, Estados Unidos cuenta con sólidas bazas en todo el continente, tanto por su despliegue militar e influencia diplomática como por la actuación de sus multinacionales, y sus servicios de inteligencia son muy activos, aunque ello no les evite fracasos clamorosos como en Mali. Washington tiene como prioridades en África mantener abiertas y bajo control las vías de navegación en el Mar Rojo y en el estrecho de Suez, y en el cuerno de África (donde coincide con China en su lucha contra la piratería), la alianza con Marruecos y Egipto y el control del Magreb, además de la explotación de los recursos del continente, al tiempo que intenta dificultar la colaboración económica de China con los países africanos; en segundo plano, pretende controlar la evolución del sur de África (Mozambique, Sudáfrica, Zimbabwe), combate a grupos yihadistas y busca la estabilización política del Sahel y del corazón de África para facilitar la actuación y los intereses de los grupos económicos norteamericanos.
Por su parte, China, que estableció relaciones con África en los años sesenta, hasta finales del siglo XX no dispuso de la fortaleza necesaria para estar presente en todo el continente. Desde entonces, aplicando su cautelosa política de fortalecer su economía mientras establece acuerdos estratégicos de colaboración y desarrolla una política exterior de fomento de la paz, ofrece proyectos de infraestructuras ferroviarias, construcción de carreteras, puertos, aeropuertos y ciudades, mientras refuerza lazos diplomáticos y compra materias primas para su industria. Aunque China impulsa sobre todo la colaboración económica, no descuida la relación política: en noviembre de 2017, sesenta dirigentes de partidos políticos africanos, de más de veinte países, se reunieron en Pekín con dirigentes del Partido Comunista Chino, para abordar criterios de gobierno, mecanismos de aplicación de un desarrollo económico sostenible, e iniciativas para la defensa de la paz en el mundo. China quiere paz y estabilidad: sabe que son imprescindibles para su propio desarrollo.
A su vez, Rusia, que perdió la influencia de los años soviéticos, ha iniciado una discreta colaboración económica con empresas mineras en Nigeria, Angola, Namibia y Sudáfrica, además de proyectos agrícolas en Namibia. También el nuevo presidente de Zimbabwe (Emmerson Mnangagwa, que sustituyó a finales de 2017 a Robert Mugabe, forzado a dimitir por el ejército), se ha mostrado cercano a Moscú, con quien quiere mantener la colaboración en seguridad y defensa. En Egipto, Rusia ha firmado además la construcción de una central nuclear en Al Dabaa, en el mayor contrato de la reciente historia rusa, que será la más moderna y con mayor capacidad de África. Además, en 2017, consiguió iniciar la cooperación con Sudán en la energía atómica de uso civil, y Jartum y Moscú firmaron un acuerdo, a finales de año, para construir una central nuclear; pero el papel desempeñado por Rusia es secundario en África.
África padece hoy una sucesión de peligrosos conflictos en algunos países, que conviven con esperanzadores cambios en otros. En diciembre de 2012, empezó la guerra en República Centroafricana, y, al año siguiente, en diciembre de 2013, la guerra en Sudán del Sur, que continúa. El embargo de armas decretado por Estados Unidos ha hecho que Yuba llamara a consultas a su embajador en Washington, y a presentar una protesta formal por la intervención de Nikki Halley en el Consejo de Seguridad de la ONU criticando al gobierno de Salva Kiir. Estados Unidos presiona a Sudán; interviene en la guerra civil de Sudán del Sur, quiere controlar a Kenia, que padece fuertes ofensivas terroristas del yihadismo musulmán; observa a una Eritrea aislada; a Yibuti, donde China ha abierto su base logística; y a Somalia, convertida en un Estado fallido, donde los drones y aviones norteamericanos bombardean con frecuencia. Al otro lado del cuerno de África, prosigue la guerra en Yemen, con Washington utilizando el brazo ejecutor de Arabia para hacer frente a Irán. De hecho, en esa gran región, africana y asiática, a caballo del mar Rojo, coinciden tres de las cuatro crisis humanas más graves que, según la ONU, afronta el planeta: Yemen, Sudán del Sur, Somalia y Nigeria. El norte de África vive años convulsos. El derrocamiento de Gadafi en 2011, después de una sangrienta intervención de la OTAN, con Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia como protagonistas, dio paso a un caos en el país que no ha terminado, siete años después. Obama saludó alborozado la noticia del asesinato de Gadafi, pero Estados Unidos comprobó que su intervencionismo tiene costes: en septiembre de 2012, su representación en Bengasi fue atacada y cuatro diplomáticos murieron: Hillary Clinton tuvo serios problemas con el Congreso por ese asunto. En agosto de 2013, Estados Unidos evacuó diecinueve embajadas y oficinas de representación en el norte de África y en Oriente Medio: el Pentágono temía una oleada de atentados terroristas, hasta el punto de que, en mayo de 2014, Washington envió barcos de guerra a las costas libias.
El caos posterior a la caída de Gadafi llevó inestabilidad a buena parte del Sahel: en Mali, Mauritania y Níger, grupos de combatientes armados que lucharon en Libia se han reconvertido y actúan en la zona; además, los tuaregs, que prescinden de fronteras y países, han conseguido más armas y son una fuerza que no puede obviarse y que opera sobre todo en Mauritania, en el norte de Mali, en el sur de Argelia y en Níger. De hecho, el caos provocó la caída del presidente de Mali, Amadou Toumani Touré, en el golpe de Estado de marzo de 2012, que fue dirigido por Amadou Haya Sanogo, un militar formado y entrenado en Estados Unidos, cuyos servicios secretos, sin embargo, no supieron prever la acción de Sanogo y despilfarraron el dinero del programa norteamericano, según publicó el New York Times en enero de 2013: Estados Unidos estuvo entrenando a soldados que, después, se pasaron a sus enemigos. Esa situación llevó a los tuaregs, que habían mantenido buenas relaciones con Gadafi, a proclamar el Estado islámico de Azawad en una zona de casi un millón de kilómetros cuadrados. El Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA) de los tuaregs es la organización que impulsó esa proclamación. Estados Unidos se vio obligado a dejar paso a Francia, pese a la rivalidad entre ambos países por hacer prevalecer su influencia en la región del Sahel: Hollande envió tropas a Mali en enero de 2013. La crisis culminó en septiembre de 2013 con la elección de Ibrahim Boubacar Keïta, un veterano político que ha llevado a su partido a participar como observador en la Internacional socialista. La acción de grupos yihadistas en todo el Sahel, conectados con Daesh o actuando con autonomía, ha añadido complejidad y peligro al continente africano. En la región, operan organizaciones que se dedican al transporte de drogas, al contrabando de armas y a la trata de personas, y que han llegado al extremo de crear los mercados de esclavos en Libia: según la Agencia Nacional para la Prohibición de la Trata de Personas de Nigeria, más de veinticinco mil nigerianos han sido retenidos en campamentos de esclavos en Libia.
Estados Unidos cuenta con una base militar en Ougadogou, Burkina Fasso, cuyos aviones sobrevuelan gran parte del Sáhara, Mali y Mauritania. Mantiene además grupos de operaciones especiales en la República del Congo, Chad, República Centroafricana y Kenia (Camp Simba). También, una base de drones en Niamey, la capital de Níger, y otra base en Entebbe, Uganda, con varios centenares de militares estacionados. En Djibuti, Washington tiene Camp Lemonnier, la gran base del USAFRICOM, con más de cuatro mil militares y aviones de guerra desde donde controlan al menos seis bases más de drones de vigilancia en África. Y tiene destacamentos en Mali, Nigeria, República Democrática del Congo, Sudán del Sur, Etiopía y Somalia.
Nigeria (que había sido el principal productor de petróleo en África, se ha visto superada por Angola) sigue siendo uno de los países más pobres del mundo, y vive en una situación de constante crisis, con la población sumida en la miseria. Nigeria ha buscado la colaboración de Estados Unidos y Rusia en su lucha contra Boko Haram, pero la presión terrorista del yihadismo africano continúa. Las ofensivas frases de Trump sobre algunos países americanos y africanos, calificándolos como “agujeros de mierda”, llevaron a Abuya a protestar formalmente. Al sur de Nigeria, China mantiene excelentes relaciones con Gabón y con Angola, países que respaldan a Pekín en su postura sobre el Mar de China meridional; Angola tiene en China a su mayor socio comercial, el destino principal de su petróleo y el más importante financiador de su economía, además de ser un aliado estratégico.
El corazón africano se desangra en la interminable crisis de la República Democrática del Congo, donde, en 1996, Estados Unidos impulsó la invasión del país con fuerzas de Ruanda y Uganda, que ahora se debate en las protestas contra Kabila por el retraso de las elecciones, en enfrentamientos con grupos armados y desplazamiento forzoso de millones de personas, además de la violencia en Tanganyika. En el vecino Sudán, la guerra civil se arrastra desde los años ochenta, en medio de un mar de pobreza y corrupción, conflicto que ha causado más de dos millones de muertos, y donde, en 1996, Estados Unidos forzó a Eritrea y Etiopía (que se habían separado tres años atrás) a que intervinieran en la guerra sudanesa, apoyados por aviones de combate norteamericanos,
Estados Unidos ha apoyado a gobiernos islamistas en Jartum, y también a los rebeldes del sur, ha presionado a las partes para pacificar el territorio con objeto de que Chevron pueda explotar los nuevos yacimientos descubiertos, y, tras los acuerdos de paz de 2005, y la independencia del sur sudanés en 2011, Estados Unidos ha puesto huevos en todas las cestas, facilitando armamento tanto a Jartum como a Yuba. Dos años después de la independencia de Sudán del Sur, el presidente Salva Kiir Mayardit destituyó al vicepresidente, Riek Machar, acusándolo de organizar un golpe de estado, enfrentamiento que ha dado lugar a una nueva guerra, donde se ventilan enfrentamientos étnicos y, sobre todo, la lucha por el poder y por los recursos petrolíferos del país, cuestión que interesa a Washington: no en vano, Sudán fue uno de los principales exportadores de petróleo hacia China, y Estados Unidos pretende ahora limitar el acceso chino a esa fuente de abastecimiento. Etiopía media en la guerra civil entre los bandos dirigidos por Kiir y Bachar: uno de los problemas añadidos es el reclutamiento de miles de niños para los grupos armados, además de las constantes violaciones de mujeres y niñas.
El intervencionismo norteamericano viene de lejos, asociado con frecuencia a un grave desconocimiento del Pentágono (que contrasta con la rigurosa investigación desarrollada por sus universidades) y unido a una arrogancia militar que ha causado graves daños en la región, envenenando conflictos y creando otros en su afán por el dominio global. Estados Unidos ha intentado llenar el vacío dejado por Moscú en Etiopía y en Sudán, que mantuvieron buenas relaciones con la Unión Soviética; mantiene rivalidad con Francia, y su mayor preocupación ha pasado a ser China. Estados Unidos organizó bases de entrenamiento militar en Etiopía para los grupos armados que operan en Somalia, ha conseguido el acuerdo del gobierno etíope para abrir bases operativas para sus aviones de guerra que atacan en Yemen y Somalia, además de crear una base de drones en Arba Minch, junto al lago Chamo y el lago Abaya, en el sur del país. Los servicios secretos norteamericanos operan también desde Etiopía, uno de los gigantes de África, donde la dimisión del presidente Hailemariam Desalegn (del Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope, FDRPE, que llegó al poder en 2012 iniciando la larga etapa de dos décadas de Meles Zenawi, tras derribar a Mengistu) ilustra las dificultades y disputas en el seno de la coalición gobernante, en un marco de crecimiento económico (el “milagro etíope”), pero también de disturbios, donde el FDRPE, de orígenes marxistas, aunque domina por completo el parlamento, ha tenido que hacer frente a protestas que, en 2016, causaron numerosos muertos. En el plano internacional, Hailemariam mantiene una alianza con Estados Unidos en las guerras de Somalia y Sudán del Sur, y en el dispositivo militar norteamericano contra el terrorismo, y, en la práctica, la diplomacia norteamericana protege al gobierno etíope como instrumento para el control del cuerno de África, aunque la presencia china se hace notar: China es ya el principal destino de las exportaciones etíopes. Su ejército es uno de los más poderosos de África, y, desde 2006, hay tropas etíopes en Somalia, enviadas allí por la presión norteamericana. Estados Unidos ha intervenido en Somalia desde los años noventa, y tanto Bush como Clinton enviaron decenas de miles de soldados, y, después, financiaron a grupos armados somalíes para hacer frente a la coalición islamista (que recibía apoyo de Arabia) que se apoderó de Mogadiscio en 2006. El país se encuentra en una situación catastrófica: la ONU ha contabilizado miles de muertos civiles en los dos últimos años, centenares de secuestros y miles de detenidos arbitrariamente por las fuerzas del gobierno y por los grupos armados, mientras Estados Unidos interviene regularmente bombardeando a destacamentos del grupo yihadista Al Shabab (relacionado con al Qaeda), apoya al actual gobierno somalí y mantiene grupos de operaciones especiales en el país para entrenar a las tropas del gobierno e intervenir en misiones secretas tanto en Somalia como en todo el cuerno de África.
La gran cuenca del Nilo es, además, escenario de peligrosas tensiones por la prevista construcción de una presa en el gran río (en Etiopía, cerca de la frontera sudanesa, que sería la mayor de África), que El Cairo teme afecte al caudal que recibe en su territorio. Esa Presa del renacimiento etíope se construye con financiación china y del BAFD, Banco Africano de Desarrollo, del que forman parte cincuenta y tres países africanos. El dimitido presidente etíope, Hailemariam Dessalegn, durante su visita a El Cairo en enero de 2018, afirmó que la Presa y la central hidroeléctrica que su país construye en el Nilo, no tendrían repercusiones negativas para Egipto, pero impera la desconfianza. Las obras alcanzan ya el sesenta por ciento de su construcción, y finalizarán en 2019: pese a las tranquilizadoras palabras de Dessalegn, las diferencias entre Etiopía, Sudán y Egipto no han terminado y podrían desatar un conflicto militar por el reparto del caudal del Nilo. Países como Kenia, Tanzania, Ruanda, Burundi, Uganda, Sudán del Sur y Djibuti, que esperan recibir una electricidad más barata, apoyan a Etiopía frente a Egipto. Con esa presa, Etiopía será el otro gigante africano de producción de energía eléctrica, además de Sudáfrica.
A esa situación, se añade la tensión entre Sudán y Egipto: El Cairo destacó unidades militares a Eritrea, en la frontera con Sudán. La política exterior sudanesa ha sido con frecuencia errática, cambiando de aliados: Turquía mantiene buenas relaciones con Sudán, y la visita de Erdogan a Jartum, en enero de 2018, fue vista con gran desconfianza por El Cairo. Jartum retiró a su embajador en Egipto, y, por si faltaran incertidumbres en la región, desde 2016, las disputas en el Golfo han configurado dos bandos entre los países musulmanes de la zona: uno, compuesto por Arabia, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, que acusaron a Qatar, y otro formado por Irán y Turquía, que se alinearon con Doha. También Egipto desconfía del alquiler a Turquía de la isla sudanesa de Suakin (en el litoral, al sur de Puerto Sudán y al norte de la costa de Eritrea) por noventa y nueve años, que Ankara y Jartum anunciaron para el desarrollo turístico en el mar Rojo, pero donde El Cairo sospecha que Turquía tiene previsto construir una base militar, como punto de apoyo para controlar el tránsito en el Mar Rojo. También la presencia de barcos turcos es vista con desconfianza por Egipto y por Arabia. Además, Egipto y Sudán se disputan la soberanía del triángulo de Halayeb, en la costa, rico en petróleo. En mayo de 2017, el presidente sudanés, Omar Bashir, acusó a Egipto de intervenir en el conflicto de Darfur (que se arrastra desde hace años, y que ha sido utilizado por Estados Unidos para presionar a China). El general Sisi, el presidente golpista egipcio, negó que su país interviniera, aunque su gobierno acusa a Sudán de complicidad con los Hermanos Musulmanes del derrocado presidente Mursi, a quienes también apoya Turquía.
En ese complejo escenario, China trabaja las infraestructuras. La construcción del ferrocarril Addis-Abeba-Djibuti, inaugurado en octubre de 2016, y la más reciente construcción de la línea Mombassa-Nairobi, el mayor proyecto de la historia de Kenia, ejecutada por China, alarmó todavía más a Estados Unidos, que teme el aumento de la influencia de Pekín. Además, China está dispuesta a prolongar esa vía, invirtiendo otros 4.000 millones de euros, para llevar el ferrocarril a la región de los grandes lagos y al interior del continente, hasta Sudán del Sur, Uganda, Ruanda y Burundi, países que, de esa forma, podrían tener una salida al mar a través del gran puerto keniata de Mombassa.
En el sur de África, además de la destitución de Mugabe en Zimbabwe, los cambios alcanzan también a Angola, donde João Lourenço sustituyó a José Eduardo dos Santos (que permanecía en el poder desde 1992), y a Sudáfrica, donde Cyril Ramaphosa sucedió al corrupto Jacob Zuma, en una transición llena de peligros para el Congreso Nacional Africano. Los tres países están gobernados por los movimientos de liberación que consiguieron la independencia de sus países o el fin del apartheid, y Pekín mantiene buenas relaciones con todos ellos. China, que estableció relaciones diplomáticas con Sudáfrica hace sólo veinte años, suscribió con Pretoria, en 2010, la Declaración de Pekín, y ambos países firmaron la Asociación Estratégica Integral (AEI), que ha convertido a China en el principal socio comercial de Sudáfrica. En la vecina Bostwana, Pekín ha construido la central eléctrica de Morupule, que produce el noventa por ciento de la electricidad del país.
China prosigue su apuesta estratégica por la colaboración con países de todo el planeta, asegurando el mutuo beneficio, rehuyendo enfrentamientos, trabajando por la distensión, porque necesita un entorno pacífico para afianzar su desarrollo económico, y consolidar el socialismo chino, consciente de que Estados Unidos no quiere renunciar a sus prerrogativas imperiales y sigue negándose a un trato entre iguales: mientras China quiere evitar la extensión del incendio de Oriente Medio por el mundo, Estados Unidos sigue utilizando la guerra como instrumento para imponer su dictado. Las viejas potencias coloniales europeas han retrocedido en el continente africano, y hoy la joven África, envuelta en un mar de pobreza pero también de proyectos de futuro, quiere dejar de ser el vecino desdichado, condenado por los poderes capitalistas del planeta a contemplar, extenuado, el expolio de sus riquezas; ve cómo Francia se resiste a abandonar su papel de patrón en el territorio, y cómo Estados Unidos extiende los tentáculos del Pentágono y de sus compañías multinacionales, creando nuevas bases militares, llevando el miedo y la guerra, al tiempo que China se convierte en una esperanza pasa el desarrollo. África se mira en un espejo chino.
Agenda 2063 de la Unión Africana: https://au.int/en/agenda2063
Fuente: http://www.elviejotopo.com/articulo/africa-en-un-espejo-chino/

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El día más letal para los periodistas en Afganistán desde al menos 2002


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El día más letal para los periodistas en Afganistán desde al menos 2002

 



Los periodistas y otras personas que acudieron al lugar tras producirse la primera explosión en Kabul quedaron atrapados como víctimas de la segunda
(Omar Sobhani/Reuters)
Dos atentados acaecidos en Kabul el pasado lunes mataron al menos a 25 personas, entre ellas nueve periodistas. Fue el ataque más mortífero en el que se han visto involucrados periodistas en Afganistán desde al menos el año 2002, y uno de los más letales en todo el mundo, según el Comité para la Protección de los Periodistas.
Un décimo periodista, del servicio afgano de la BBC, fue asesinado a tiros en un ataque distinto que también se produjo el lunes en las afueras de Kabul.
Los atentados constituyen el último espasmo de un conflicto que se inició hace más de década y media y que no muestra signo alguno de atenuarse.
A través de un ataque perpetrado en dos etapas, los terroristas detonaron un primer artefacto en la hora punta matinal y un segundo apenas 40 minutos después, matando a los trabajadores de los servicios de emergencia y a los periodistas que se habían acercado al lugar, según declaraciones de las autoridades.
Una rama del Estado Islámico reivindicó después su responsabilidad en dichos ataques, que se produjeron justo ocho días después de que el grupo asumiera la responsabilidad de otra explosión que mató a 57 personas que hacían cola para registrarse para votar.
Un portavoz de la policía afgana, Hashmat Stanikzai, declaró que en los ataques de Kabul del lunes habían muerto al menos 25 personas, incluyendo cuatro agentes de policía, y hubo también 49 heridos, pero las autoridades y los testigos presentes en el lugar dijeron que era muy probable que la cifra final de víctimas fuera más elevada.
Nueve periodistas murieron, incluido el principal fotógrafo en Afganistán de la Agencia France-Press, Shah Marai, que llevaba veinte años cubriendo la guerra que asola su país desde. [Véase aquí parte del importante legado que ha dejado su trabajo.]
El gobierno afgano dijo en un comunicado que los atentados constituían un ataque contra el Islam y describía el asesinato de los periodistas como un “crimen imperdonable”.
Los ataques pusieron de relieve la naturaleza interminable de la violencia en Afganistán, que lleva sufriendo oleada tras oleada de guerras civiles, invasiones extranjeros y golpes de Estado durante el último medio siglo.
La fase actual del conflicto empezó en 2001 con la invasión liderada por los estadounidenses que derrocó al régimen de los talibán, a los que nunca ha llegado a expulsar por completo, tampoco a otros grupos extremistas emergentes, como el Estado Islámico.
Las autoridades afganas y estadounidenses creen que algunos ataques son el resultado de la colaboración entre elementos del Estado Islámico y los talibán.
A pesar de más 100.000 millones de dólares en ayuda y la continuada presencia de soldados estadounidenses en el país y que el gobierno afgano que apoya Occidente ha luchado para lograr el control total sobre su territorio, sus fuerzas han perdido incluso el control de una ciudad importante en dos ocasiones.
Los ataques urbanos contra los civiles se han convertido en ley de vida, transformando la existencia diaria en una lotería. Desde que comenzó el año, más de 210 personas han sido asesinadas en espacios públicos.
El presidente afgano, Ashraf Ghani, ofreció recientemente un acuerdo de paz a los talibán, que controlan o disputan más de 40% del territorio afgano, según datos del ejército de EE. UU. publicados en enero. Pero semanas más tarde, los talibán anunciaron una nueva operación contra los estadounidenses y sus partidarios.
El atentado del lunes se produjo en un contexto de renovado compromiso estadounidense con la contrainsurgencia en Afganistán. A pesar las promesas iniciales de frenar la implicación en Afganistán, el presidente Trump decidió enviar más tropas el pasado verano.
Los ataques aéreos estadounidense sobre el país han alcanzado una intensidad no vista desde 2012, según los registros militares. Más de 14.000 soldados estadounidenses están ahora estacionados en Afganistán, lo que supone un descenso importante desde los 100.000 que había en 2010 y un incremento desde los 9.800 de 2015.
Desde 2002, alrededor de 2.400 soldados estadounidenses han muerto asesinados en suelo afgano, pero una investigación de la Universidad Brown sugiere que los civiles afganos que han perdido la vida a causa de la violencia en ese mismo período superan la cifra de 31.000.
“No creo que haya ningún analista serio de la situación en Afganistán que crea que la guerra puede ganarse”, dijo Laurel Miller, ex representante especial en funciones para Afganistán y Pakistán en el Departamento de Estado, en un podcast del pasado verano.
Según el Sr. Stanikzai, de la policía afgana, el caos del lunes empezó a las ocho de la mañana, cuando un terrorista que circulaba en motocicleta se inmoló en el distrito de Shah Darak, en el centro de Kabul. El ataque tuvo lugar cerca de una calle vigilada que va por la parte posterior de la embajada de EE. UU. y que conduce a muchas oficinas, incluidas las de la agencia de la inteligencia afgana.
La segunda explosión, que se ha descrito como mucho más intensa, alcanzó a los trabajadores de la ayuda de emergencia que se congregaban cerca del cordón policial que bloqueaba la zona.
Algunos funcionarios afganos dijeron que el segundo terrorista iba disfrazado de fotógrafo, aunque no ha habido confirmación independiente.
“La segunda explosión fue enorme y se produjo entre la multitud, en la que había periodistas y funcionarios del gobierno que esperaban para ir a la oficina”, dijo Muhammad Yunus, un testigo de 38 años. “Me encontraba muy próximo a la segunda explosión y vi docenas de cuerpos tirados por el suelo”. Final del formulario

Familiares, colegas y amigos rezan junto al cuerpo de Shah Marai, fotógrafo-jefe para Afganistán de la Agencia France-Presse
(Rahmat Gul/Associated Press)
El fotógrafo Shah Marai había expresado con anterioridad lo orgulloso que se sentía de ser a menudo de los primeros periodistas en llegar al lugar de un atentado.
Como uno de sus colegas no pudo llegar de inmediato el lunes al lugar del primer atentado, Marai le envió un mensaje tranquilizándole, diciendo que él ya estaba trabajando en el sitio.
“No te preocupes, estoy aquí”, escribió por WhatsApp, en un mensaje publicado después por su agencia.
Momentos después, explotaba la segunda bomba.
Según Nai, una ONG afgana que trabaja por la libertad de los medios, cuatro reporteros de emisoras de noticias afganas murieron también allí asesinados. Radio Free Europa informó después que tres de sus actuales empleados habían muerto, lo que elevó la cifra total de periodistas muertos a nueve.
Uno de los periodistas asesinados, Yar Mohammad Tokhi, un cámara de 54 años de Tolonews, iba a casarse este mes, según manifestó un amigo y antiguo colega, Rateb Nuri.
Otra de las víctimas fue Abdullah Hanazai, periodista de 28 años de REF/RL en Kabul, que era el principal sostén de su familia y llevaba casado sólo siete meses, según su colega Ibrahim Safi.
La BBC anunció que a un décimo periodista –Ahmad Shah, de 29 años, reportero del servicio afgano de la BBC-, le habían disparado unos pistoleros desconocidos en otro ataque perpetrado en la provincia de Khost.
Ese mismo lunes, en un tercer ataque, un terrorista suicida empotró un vehículo contra un vehículo blindado rumano junto a una mezquita en la zona sur de la ciudad de Kandahar, provocando una explosión que mató a 11 niños e hirió a 16 personas, según manifestaron las autoridades.
En un cuarto episodio de ese mismo día, en la zona oriental de Afganistán mataron a un soldado estadounidense y otro resultó herido, según anunció el ejército de EE. UU.
Esta reciente oleada de violencia plantea nuevas preocupaciones sobre si los servicios de seguridad afganos pueden garantizar un entorno que sea lo suficientemente seguro como para que se puedan celebrar en septiembre elecciones parlamentarias.
De los 7.355 colegios electorales existentes en Afganistán, casi 1.000 están fuera del control del gobierno, según funcionarios de seguridad.
Se teme ya que la participación sea baja; sólo 190.000 de los 14 millones de posibles votantes se han inscrito para votar en la primera semana de registro. Porque muchos de los votantes se sienten decepcionados ante la extendida corrupción que impregna la política afgana y por las sucesivas elecciones fraudulentas.
Fatima Faizi y Jawad Sukhanyar han contribuido a la elaboración de este artículo con sus informaciones desde Kabul, y Patrick Kingsley desde Londres.
Mujib Mashar, nacido en Kabul, es corresponsal de The New York Times en Afganistán. Antes de incorporarse al periódico trabajó para The Atlantic, Harper’s, Time y otros. Fahim Abed colabora con The New York Times en Afganistán y con Pajhwok Afghan News.
Fuente: https://www.nytimes.com/2018/04/30/world/asia/kabul-bombing-photographer.html
Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a los autores, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.

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El científico más veterano de Australia tiene 104 años y su único deseo es morir


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El científico más veterano de Australia tiene 104 años y su único deseo es morir


El científico más veterano de Australia tiene 104 años y su único deseo es morir
El científico, David Goodall, en su ciudad natal, Perth. Handout / Exit International / AFP

Tras celebrar su cumpleaños el pasado mes de abril, David Goodall decidió que sería el último y atravesará 13.000 kilómetros para recibir el derecho a una muerte digna. El que seguramente sea el más veterano de los científicos de Australia, David Goodall, viajará a principios de este mes a Suiza para poner fin a su vida, informa The Washington Post. El botánico y ecologista, de 104 años de edad, no padece ninguna enfermedad terminal, pero decidió morir por considerar que su calidad de vida se ha deteriorado considerablemente.
"Lamento profundamente haber alcanzado mi edad", dijo Goodall en una entrevista concedida a la cadena australiana ABC. "Preferiría tener 20 o 30 años menos", agregó el científico. "No estoy feliz, quiero morir",confesó con calma.
Con esa convicción, Goodall está decidido a atravesar casi 13.000 kilómetros solo para morir tranquilamente. El motivo de tan largo viaje es que en Australia está prohibida la eutanasia: si bien el estado de Victoria legalizó esa práctica el año pasado, la medida sólo entrará en vigor en el verano de 2019 y únicamente será aplicable a enfermos en fase terminal.
En Suiza, aunque no se han aprobado leyes que legalicen el suicidio asistido, existen entrecijos legales que no lo impiden. Como miembro de la organización 'Exit International', que aboga por la legalización de la eutanasia, Googall será acompañado a Suiza por el fundador de ese centro.

Hasta los 90 jugó al tenis

"Tengo la sensación de que una persona mayor, como yo, necesita disfrutar de todos sus derechos ciudadanos, incluido el derecho al suicidio asistido", afirmó el anciano con respecto a su deseo de poner fin su vida. "Quiero morir... No es triste. Lo triste es impedir que lo haga", explicó.
Menos de dos años atrás, en 2016, la Universidad Edith Cowan, donde Goodall trabajaba como investigador, le pidió que abandonara su puesto de trabajo, con el fin de prevenir posibles riesgos para su salud. El profesor y científico rechazó entonces la propuesta, que fue revocada.
Hasta sus 90 años de edad, Goodall jugó al tenis, y todavía en fecha reciente continuaba actuando en piezas de teatro, pasión que finalmente dejó debido a crecientes problemas de la vista. Por ese mismo motivo decidió luego cesar su trabajo académico, al no ser ya capaz de leer el correo electrónico.
RT

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ONU admite 54 denuncias sexuales entre su personal en solo 3 meses


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ONU admite 54 denuncias sexuales entre su personal en solo 3 meses


ONU admite 54 denuncias sexuales entre su personal en solo 3 meses
El portavoz adjunto de la ONU, Farhan Haq, durante su discurso en la Organización de las Naciones Unidas, 15 December de 2017.

Solo en el primer trimestre del año en curso ha habido un total de 54 casos de maltrato sexual en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), mientras que en el último trimestre de 2017 se registraron unos 40 casos, informa el portavoz adjunto del organismo, Farhan Haq. “Cada acusación relacionada con nuestro personal compromete nuestros valores y principios, así como el sacrificio de personas que sirven con orgullo y profesionaldad en algunos de los sitios más peligrosos del mundo”, dijo ayer martes Haq.
En la misma comparecencia, el portavoz señaló que, de los 54 casos reseñados, 17 se han catalogado como agresiones sexuales, 34 como abuso sexual y tres son de “naturaleza desconocida”, además de admitir que entre las víctimas hay 13 niñas menores de 18 años.
Por su parte, el secretario general de la ONU, António Guterres, recalcó ayer martes que poner fin a las agresiones sexuales dentro del organismo mundial es una de sus principales prioridades.

Cada acusación relacionada con nuestro personal compromete nuestros valores y principios, así como el sacrificio de personas que sirven con orgullo y profesionaldad en algunos de los sitios más peligrosos del mundo”, ha dicho este martes el portavoz adjunto de la ONU, Farhan Haq.
“Estamos muy comprometidos con asegurarnos de poner fin a esto”, dijo Guterres en un acto del Día Internacional del Trabajo, celebrado en el exterior de la sede principal de la ONU, en Nueva York (EE.UU.).
Según ha anunciado la ONU, de estos 54 casos de malos tratos sexuales, 14 ocurrieron en operaciones de mantenimiento de paz y 18 en agencias, fondos y programas.
Sin embargo, Naciones Unidas reconoce que no todos los casos se han estudiado a fondo y que muchos están en una fase de análisis preliminar.
Haq, no obstante, recalcó que las agresiones no reflejan la conducta de la mayoría de la plantilla de la ONU, que dispone de más de 95.000 empleados civiles y de 90.000 uniformados trabajando para ella.
Además, en el trimestre anterior, la ONU había anunciado haber sido objeto de 40 acusaciones de este tipo.
Una investigación realizada recientemente por el rotativo británico The Guardian reveló que el acoso y los abusos sexuales son muy frecuentes en la ONU, donde reina una cultura de silencio debido a la inefectividad de los entes encargados de investigar este flagelo.
hispantv

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Taiwán evalúa comprar tanques a Estados Unidos



Taiwán evalúa comprar tanques a Estados Unidos
La decisión será tomada por las autoridades ante la posibilidad de un ataque a sus costas por parte de China Continental. | Foto: EFE

De realizar la compra, el Gobierno de Taiwán estima adquirir unas 108 unidades estadounidenses para la protección del territorio. El Gobierno de Taiwán considera adquirir tanques M1A2 Abrams a Estados Unidos (EE.UU.) para resguardar sus costas ante posibles ataques de China Continental, expresó este miércoles el ministro de Defensa, Yen Teh-fa.
El alto funcionario aseveró que es probable que el estrecho de Taiwán se convierta en el punto más caliente de la región por las maniobras militares que ha ejecutado China.
Además, indicó que la compra podría ser de unas 108 unidades y agregó que esperan en los próximos meses más ejercicios militares por parte del gigante asiático en las operaciones de sus fuerzas combinadas en aguas cercanas a Taiwán.

Foto: EFE

Contexto

Las relaciones entre China y Taiwán se encuentran fracturadas desde hace décadas debido a que ambas naciones se consideran herederos legítimos del Gobierno de China.
Después de años de buenas relaciones, se volvieron a romper luego de la llegada al poder de la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-Wen, por el independiente Partido Demócrata Progresista en mayo de 2016.
La situación se acrecentó aún más tras la firma de la Ley de Viajes a Taiwán (TTA, por su sigla en inglés) en conjunto con el primer mandatario estadounidense Donald Trump.
telesurtv

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Agentes sirios confiscan material israelí destinado a terroristas


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Agentes sirios confiscan material israelí destinado a terroristas


Agentes sirios confiscan material israelí destinado a terroristas

Las autoridades sirias han hecho fracasar un intento terrorista de trasladar desde el sur del país grandes cantidades de armas, munición y drogas, algunos fabricados por el régimen de Israel, para entregarlas a bandas takfiríes en la provincia occidental de Homs. La noticia ha sido publicada hoy miércoles por SANA, que precisa que “las autoridades competentes” lograron confiscar dicho armamento emboscándose, gracias a datos precisos de las fuerzas de seguridad, en una de las rutas de los terroristas en la región de Badiya, en una zona rural del sureste de Homs.
La agencia estatal de noticias añade que entre las armas hay gran cantidad de proyectiles de mortero y cohetes, así como de munición para varios tipos de armas ligeras y medianas.
Por otro lado, Al-Masdar News se hace eco de declaraciones de un agente de seguridad que ha dicho que el material confiscado, en el que hay entre otras cosas medicamentos fabricados por Israel, se trajo originalmente desde las provincias meridionales de Daraa y Al-Quneitra.
El portal web informa asimismo de la incautación de equipos de comunicación como cámaras, computadoras portátiles, discos duros y dispositivos de transmisión en vivo, todos con el logo de la cadena de televisión catarí Al Jazeera.
Todo esto se produce cuando el Ejército sirio ha intensificado su operación antiterrorista en la provincia de Homs para recuperar las zonas ocupadas por los grupos armados.
En febrero pasado, el diario israelí Haaretz reveló que el régimen de Tel Aviv estaba enviando dinero, armas y munición a siete grupos ‘rebeldes’ que combaten contra el Ejército sirio.
hispantv

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El Reino Unido admite bajas civiles en sus bombardeos en Siria


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El Reino Unido admite bajas civiles en sus bombardeos en Siria


El Reino Unido admite bajas civiles en sus bombardeos en Siria
Un avión de combate Eurofighter Typhoon de Real Fuerza Aérea (RAF) despega de una base aérea británica en Chipre, 22 de septiembre de 2016.

El secretario de Defensa del Reino Unido, Gavin Williamson, ha reconocido, por primera vez, que los ataques aéreos de los aviones británicos, supuestamente contra posiciones de los elementos del grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe) en Siria, han dejado víctimas civiles. En un comunicado enviado al Parlamento británico, Williamson admite que durante una operación lanzada a finales del pasado mes de marzo por la Real Fuerza Aérea británica (RAF, por sus siglas en inglés) contra los terroristas de Daesh en el este del país árabe, al menos un ciudadano sirio perdió la vida.
“Por lo tanto, es profundamente lamentable que el ataque aéreo lanzado por el Reino Unido el 26 de marzo de 2018, dirigido contra milicianos de Daesh en el este de Siria, resultara en la muerte involuntaria de un civil”, indica Williamson, citado este miércoles por el diario británico The Independent.
El funcionario británico, no obstante, resalta que las bajas civiles no impedirán que continúen los ataques del Reino Unido en este país, para después justificar que esas víctimas son las “consecuencias del conflicto” sirio.
El ataque aéreo lanzado por el Reino Unido el 26 de marzo de 2018, dirigido contra milicianos de Daesh en el este de Siria, resultara en la muerte involuntaria de un civil”, reconoció el secretario británico de Defensa, Gavin Williamson.
“Estos sucesos sirven para recordarnos las consecuencias del conflicto y el alto precio que pagó la gente de Siria (…) Tantos incidentes no debilitarán nuestra determinación a la hora de luchar contra el EIIL”, agrega.
Estas declaraciones se producen un día después de que la corporación mediática británica BBC, citando una fuente de la llamada coalición anti-Daesh, revelara que varios civiles murieron durante los ataques de la RAF en Irak y Siria.
El Reino Unido, uno de los miembros de la llamada coalición anti-EIIL, liderada por Estados Unidos, inició el 3 de diciembre de 2015 el lanzamiento de bombardeos contra Siria, bajo el pretexto de atacar las posiciones terroristas, en medio de las críticas de la oposición y de miles de británicos.
De acuerdo con la organización de periodistas independientes Airwars —con sede en el Reino Unido—, los ataques de Estados Unidos y sus aliados en Siria e Irak han dejado 6259 civiles muertos hasta abril de este año en curso.
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El FMI emite una declaración de censura contra Venezuela por falla en suministro de datos


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El FMI emite una declaración de censura contra Venezuela por falla en suministro de datos


El FMI emite una declaración de censura contra Venezuela por falla en suministro de datos
Sede del FMI en Pensilvania (EE.UU.). commons.wikimedia.org / AgnosticPreachersKid / CC BY-SA 3.0

Con esta decisión, se abre la puerta a que el país sudamericano sea expulsado del organismo internacional. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha emitido una moción de censura contra Venezuela por fallas en el suministro de datos económicos.
El organismo financiero multilateral publicó un comunicado donde afirma que Venezuela no ha implementado las medidas correctivas ni ha aportado información sobre una serie de datos adicionales requeridos en noviembre pasado.
Por ello, la junta ejecutiva del FMI pidió a Venezuela que adopte medidas correctivas específicas e informó que se reunirá de nuevo dentro de seis meses para revisar los progresos.
En el texto publicado, se especifica que el cumplimiento de sus requisitos es "esencial para entender la crisis económica venezolana" e identificar las posibles soluciones.
Hace seis meses el organismo financiero multilateral había anunciado que daría un plazo de un semestre al país suramericano debido a que Caracas no había entregado en las fechas correspondientes los datos sobre exportaciones e importaciones totales, operaciones del instituto de seguridad social y otros indicadores económicos.

Declaración de censura

Una "moción de censura" es el primer paso que establece la organización para advertirle al país que ha incumplido sus lineamientos y que podría ser expulsado del fondo.
En cada llamado de atención, se estipula un margen de unos meses para que el gobierno al que le ha sido solicitada la información económica, la proporcione.
De no atender las peticiones del organismo multilateral financiero, el país miembro podría ser declarado inhabilitado, transcurrido un plazo fijado.
De persistir el incumplimiento de los lineamientos del FMI, y transcurrido otro lapso, el país perdería su derecho al voto en el ente internacional. Finalmente, si la situación no cambia y tras un nuevo compás de espera, podría ser expulsado.
RT

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Cambridge Analytica anuncia el cese de todas sus operaciones


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Cambridge Analytica anuncia el cese de todas sus operaciones


Cambridge Analytica anuncia el cese de todas sus operaciones
La empresa se encuentra bajo investigación por el escándalo del uso de los datos de usuarios de Facebook | Foto: Reuters

Cambridge Analytica estuvo vinculada a la campaña electoral del ahora presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La consultora política Cambridge Analytica anunció que cesará todas sus operaciones tras el escándalo por el uso y acceso no autorizado a los datos de millones de usuarios de la red social Facebook.
La compañía de marketing político expresó este miércoles que tras el cierredará inició al proceso de insolvencia en Reino Unido, según un comunicado de la compañía publicado en su página web.
Según el comunicado la medida se tomo debido a la pérdida de clientes tras el escándalo, aunado a los gastos legales que debió y deberá afrontar tras revelarse que obtuvo de forma indebida los datos personales de millones de usuarios de Facebook.
Cambridge Analytica suspendió en marzo a su consejero delegado, Alexander Nix, a la vez que iniciaba una investigación independiente para analizar el caso sobre el uso indebido de la información de usuarios de la conocida red social.

Cambridge Analytica elecciones

De acuerdo a recientes revelaciones Cambridge Analytica recolectó en 2014 información de usuarios de Facebook, para construir un programa informático destinado a analizar la intención de voto para influir en las elecciones.
El alcance de la filtración de datos se estima en unos 87 millones de usuarios de Facebook, especialmente de EE.UU., donde la consultora ganó unos 15 millones de dólares por su trabajo en la campaña de Trump de 2016.
Cambridge Analytica también participó en las elecciones legislativas de Argentina celebradas en el 2017, de acuerdo a información suministradas por el periodista de Clarín, Marcelo Bonelli.

La compañía presto sus servicios en las elecciones de EE.UU. y Argentina. EFE
Según Bonelli funcionarios de máximo nivel del gobierno de Mauricio Macri habrían mantenido negociaciones con directivos de Cambridge Analytica antes de los comicios.
La denuncia internacional sobre la consultora política se hizo pública tras los artículos publicados en los periódicos The New York Times y The Guardian, quienes informaron que Cambridge Analytica recopiló y usó datos de 50 millones de usuarios de Facebook en Estados Unidos, para favorecer e influir en las campañas de Donald Trump y en el Brexit del Reino Unido, entre otras.
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Corte de EEUU condena a Irán a pagar $ 6000 millones “por el 11-S”


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Corte de EEUU condena a Irán a pagar $ 6000 millones “por el 11-S”


Corte de EEUU condena a Irán a pagar $ 6000 millones “por el 11-S”
Imagen que muestra el momento en que ocurren los ataques contra las Torres Gemelas, 11 de septiembre de 2001.

Un juez federal del Distrito Sur de Nueva York condena a Irán a indemnizar con 6000 millones de dólares a un grupo de supervivientes de los atentados del 11-S, pese a la falta de pruebas sobre un supuesto vínculo entre Teherán y los autores de los ataques. El juez George B. Daniels emitió el martes dicho fallo judicial luego de estudiar una demanda que afirma que Irán ‘brindó asistencia técnica’ a los miembros del grupo terrorista Al-Qaeda que llevaron a cabo los atentados.
El fallo responsabiliza a la República Islámica, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) y el Banco Central de Irán de la muerte de 1008 personas como consecuencia de los ataques del 11-S.
Daniels había emitido ya en 2011 y 2016 sentencias similares, en las que se ordenaba a la República Islámica a pagar a las familias de las víctimas miles de millones de dólares.
En abril de hace dos años, el magistrado ordenó a Teherán indemnizar con 11 mil millones de dólares a las familias de las víctimas de los referidos atentados, lo que provocó la condena de las autoridades iraníes.
“¿Cómo se puede explicar que se considere a Irán responsable de los daños a las víctimas del 11-S, mientras se absuelve a otros que fueron los auténticos responsables de aquello?”, denunció ese mismo mes el ministro de Exteriores de Irán, Mohamad Yavad Zarif.
Arabia Saudí sigue siendo el objetivo principal de los ciudadanos estadounidenses que buscan ser resarcidos en relación con los ataques, teniendo en cuenta que 15 de los 19 atacantes de los atentados del 11 de septiembre eran ciudadanos saudíes.
Aunque en línea con las políticas antiiraníes de la Casa Blanca, la demanda sostiene que Irán apoyó a los secuestradores con entrenamiento y asistencia de otros tipos, no hay indicios de que Teherán participase en aquellos hechos en modo alguno.
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Cazas británicos se unen a la OTAN en el mar Negro ante Rusia


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Cazas británicos se unen a la OTAN en el mar Negro ante Rusia


Cazas británicos se unen a la OTAN en el mar Negro ante Rusia

Los cazas Typhoon de la Real Fuerza Aérea del Reino Unido (RAF, por sus siglas en inglés) se unirán a las patrullas aéreas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) sobre el mar Negro para vigilar a Rusia ante lo que consideran las ‘posibles agresiones’. “Tales misiones de protección del espacio aéreo garantizan que podamos hacer frente de manera rápida y efectiva a cualquier posible agresión o amenaza a la Alianza o sus miembros”, declaró el martes Paul Brummell, el embajador británico en Rumanía.
Brummell aseveró que pese a la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), Londres sigue siendo tan firme como siempre en su compromiso con la Alianza Atlántica para que sus aliados tengan seguridad.
Por lo tanto, hizo hincapié en la necesidad de patrullar el espacio sobre el mar Negro para contrarrestar posibles amenazas.

Tales misiones de protección del espacio aéreo garantizan que podamos hacer frente de manera rápida y efectiva a cualquier posible agresión o amenaza a la Alianza o sus miembros”, declaró el martes Paul Brummell, el embajador británico en Rumanía.
Durante la ceremonia oficial en la base aérea rumana Mijaíl Kogalniceanu, los representantes de la OTAN acreditaron a los cazas británicos para que participen en la misión de fortalecer a la policía aérea sobre el mar Negro.
Según el comandante del Centro de Operaciones Aéreas Combinadas de la OTAN, el teniente general Rubén S. García Servert, estas acciones demuestran la capacidad de unirse de la Alianza.
Desde principios de 2018, los aviones de reconocimiento de la OTAN han sobrevolado en múltiples ocasiones las fronteras occidentales de Rusia. En marzo de este año, cerca de las costas de Crimea, se detectó un avión no tripulado de EE.UU. RQ-4A Global Hawk que realizaba un vuelo de reconocimiento.
Rusia en reiteradas ocasiones ha denunciado el aumento de la presencia militar de EE.UU. y sus aliados en la OTAN cerca de sus fronteras occidentales y sus actividades de espionaje cerca de las fronteras marítimas rusas —cuya justificación es la anexión de Crimea a Rusia en 2014 y la crisis de Ucrania—, lo que ha exacerbado la tensión a niveles no vistos desde la Guerra Fría.
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El racismo en Estados Unidos cincuenta años después de su asesinato


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El racismo en Estados Unidos cincuenta años después de su asesinato



Martin Luther King pronuncia un discurso junto al memorial de Lincoln. Washington, 1963
En este mes de abril de 2018 se cumplen 50 años del asesinato de Martin Luther King, premio Nobel de la paz (1964) y figura imprescindible de la historia de la lucha por el reconocimiento de los derechos civiles y políticos de los afroamericanos en los EEUU y, por extensión, de la lucha por la igualdad de derechos, condición de legitimidad de la democracia. Es también un referente de los movimientos pacifistas, de resistencia no violenta y de desobediencia civil, que han recuperado importancia en este primer cuarto de siglo XXI, ante quiebras graves y manifiestas de las claves de legitimidad de la democracia representativa.
Lo habitual en estos casos es sumarse al panegírico, para glosar los méritos de quien, además, tiene para muchos la cualidad añadida de un mártir, incluso en su sentido trascendente -si es que se tiene en cuenta su condición de clérigo que inspira a millones de cristianos que comparten su fe-. Sin embargo, creo que un elemental respeto a la realidad nos obliga a abandonar ese tono que, en el fondo, esconde a duras penas una cierta autocomplacencia (es decir, el buen pastor King). Y me parece difícil negar que estamos en buen medida ante la constatación de un fracaso. Para parafrasear el film de T. L. Jones de 2005 ( Los tres entierros de Melquiades Estrada , coescrito con G.Arriaga), podríamos hablar de los tres entierros de M.L.King, los tres entierros de su legado.
Un legado que está lejos del éxito
El primer y multitudinario entierro, como corresponde, parecía atestiguar el triunfo del trabajo de King. En el momento de su asesinato (1968) se valoraba sobre todo su contribución al reconocimiento de los derechos civiles y políticos a los afroamericanos, plasmada en sus escritos y discursos. Basta pensar, por ejemplo, en su Letter from the Jail of Birmingham, escrita el 14 de abril de 1963, poco después del discurso How long, so long, pronunciado en Montgomery el 25 de marzo de 1963 tras la “marcha sobre Selma” y unos meses antes del inmortal I Have a Dream, pronunciado en la Marcha sobre Washington el 28 de agosto de 1963. Sin el esfuerzo y la firmeza de King (probablemente también, sin la llamada de atención que suponían las acciones de los Black Panters y de la Nación del Islam, del activista también asesinado, Malcom X), el presidente Johnson no habría logrado aprobar la Civil Rights Act (1964), ni la Voting Act (1965), dos leyes que culminaron el proceso que comenzó con las tres Enmiendas a la Constitución que, un siglo antes, habían tratado de rebajar la peor de las manchas que marcaban el proyecto de los EEUU, la esclavitud y el racismo institucionalizados[1].
Nadie puede ignorar que, para llegar a esas dos leyes, casi cien años después de que se iniciara ese proceso, fue decisivo el trabajo de organizaciones como la MIA (Montgomery Improvement Association), creada en respuesta al caso Rose Parks y cuya dirección se encomendó a M.L.King, el Student NonViolent Coordinating Committee (SNVCC), que también llegó a liderar el Dr. King o la National Association for the Advancement of Colored People (NAACP[2]), que hicieron posible la Marcha desde Selma a Montgmomery [3] , después de la masacre del puente de Selma (narradas en la película de 2014 de Ava du Vernay, Selma), y sobre todo, el enorme éxito de la Marcha sobre Washington, pese a la oposición del ala radical del movimiento de defensa de los derechos de los afroamericanos (Malcom X la llegó a denominar “farsa” sobre Washington).
Las dos leyes que el presidente tejano consiguió que se aprobasen parecían cerrar la historia de esclavismo y discriminación contra los negros en los EEUU, haciendo realidad los piadosos deseos que el Dr. King soñaba para sus cuatro hijos en su extraordinario I Have a Dream y las tres principales demandas de la marcha[4], que King supo formular con eficaz retórica en términos del cheque que la justicia debía al hombre negro en los EE.UU., desde su fundación[5].
La paradoja Obama: el Black Lives Matter
Sin embargo, esos indiscutibles triunfos no han tenido una continuidad que permita hablar de consolidación de la igualdad de derechos. Por supuesto, habría mucho que decir acerca de la racialización de otros grupos (básicamente, latinos y asiáticos) en el marco de lo que se considera un verdadero giro neocolonial[6], pero incluso respecto a los afroamericanos los indicadores de progreso de las políticas antidiscriminatorias muestran evidentes retrocesos que llegan y aun se incrementan en este primer cuarto de siglo XXI. Retrocesos, injusticias palmarias que encuentran expresión en la literatura y el cine y también en ese producto que alcanza una enorme relevancia mediática y simbólica, las nuevas series de TV. El prototipo de todo ello es el tratamiento que ofrecen David Simon y Ed Burns en la aclamada serie de HBO The Wire, situada en Baltimore, Maryland.
Aún peor: en el momento en que parecía haberse obtenido el máximo triunfo del legado de King, con la elección del primer presidente afroamericano, Barack Obama, y en los años de su doble mandato, ese legado fue sepultado, es decir, sufrió un segundo y cruel entierro.
En una cruel paradoja, bien podría decirse que este esperanzador comienzo del siglo XXI para los afroamericanos se ha tornado en una realidad que hace parecer actual el duro juicio enunciado por el Dr. King en su discurso en Washington: ciento cincuenta años después, “la vida del negro es todavía minada por los grilletes de la discriminación”. Ciento cincuenta años después, “el negro vive en una solitaria isla de pobreza en medio de un vasto océano de prosperidad material”. Ciento cincuenta años después “el negro todavía languidece en los rincones de la sociedad estadounidense y se encuentra a sí mismo exiliado en su propia tierra”. Así lo testimonia el incremento de agresiones policiales, asesinatos, el renacimiento de una feroz ola racista, que provocó en 2013 la aparición del movimiento Black Lives Matter(BLM), que surge como denuncia de la brutalidad policial y el racismo del sistema penal y penitenciario de los EEUU contra los negros. Como se recordará, la expresión irrumpe como hahstag en las redes sociales (2013), a raíz del asesinato del adolescente afroamericano Trayvon Martin (, denunció Obama) por un disparo de un adulto blanco, George Zimmerman, que fue absuelto. La indignación subió en 2014, con motivo de las muertes a manos de la policía, en Ferguson y Staten Island, de otros dos afroamericanos, Michael Brown y Eric Garner. Como veremos enseguida, los enfrentamientos en Charlottesville, en 2017, ya bajo la presidencia de Trump, encendieron aún más la reacción.
Desde entonces, el BLM se extendió por todos los EEUU y se ha hecho global, aunque mantiene el espíritu que, de acuerdo con una de sus tres fundadores, Alicia Garza, le dio origen:
“Cuando decimos Black Lives Matter, estamos hablando de las formas en que los negros se ven privados de sus derechos humanos básicos y de la dignidad. Es un reconocimiento de la pobreza negra y el genocidio, es un estado de violencia. Es un reconocimiento de que un millón de personas negras están encerrados en jaulas en este país - la mitad de las personas en las prisiones o cárceles son negras- y esto es un acto de violencia estatal. Es un reconocimiento de que las mujeres negras siguen soportando la posibilidad de un asalto implacable a sus hijos, y sus familias: esos asaltos son un acto de violencia de Estado…Negros homosexuales y personas transgénero llevan una carga única en una sociedad hetero-patriarcal que dispone de nosotros como basura y al mismo tiempo nos fetichiza, nos resta valor: esa es la violencia del Estado. El hecho de que 500.000 personas negras en los EE.UU. son inmigrantes indocumentados y relegados a las sombras, es la violencia del Estado; el hecho de que las niñas negras son utilizados como moneda de negociación durante los conflictos y la guerra, es la violencia del Estado; Los negros que viven con discapacidades y diferentes capacidades, soportan el ser víctimas de experimentos darwinianos patrocinados por el Estado, que tratan de acomodarnos en cajas de normalidad definida por la supremacía blanca, es la violencia del Estado. Y el hecho es que la vida de las personas negras -no todas - sucede dentro de estas condiciones, y es consecuencia de la violencia del Estado” [7].
Este importante retroceso en la situación de los afroamericanos ha sido analizado lúcidamente en libros como El color de la justicia: la nueva segregación racial en los EE.UU., de la jurista afroamericana Michelle Alexander, o Race Matters de Cornell West[8].También en el cine, en dos excelentes documentales de 2017: Enmienda XIIIde Ava du Vernay, y I’M not your Negro de Raoul Peck, basado en la obra homónima de James Baldwin. Y, por supuesto, en la cinematografía de ficción de carácter antirracista, entre la que coincido con Ricardo Sanín en destacar la hábil ironía de Tarantino: tras el brutal envoltorio de Django unchained, su mensaje resulta mucho más corrosivo que las bienintencionadas, previsibles y multipremiadas películas oficialmente antirracistas, como 12 years a slave[9]. 
Trump y el supremacismo que nunca desapareció
El tercer entierro del legado de King, que parece retrotraernos aún más al comienzo de los 60, es el que ha causado la presidencia de Trump, en la que es patente el peso del supremacismo blanco, como lo representa por ejemplo el movimiento extremista y racista Alt Right, comandado por Steve Bannon[10].
Lo significativo de este viaje atrás en el tiempo no son, evidentemente, los ofensivos tuits o las expresiones groseras del Presidente contra <shitholes countries, como Haiti, El Salvador o “esos países africanos”>, afirmaciones consideradas expresamente racistas por el Alto Comisionado de derechos humanos de la ONU, sino sus decisiones políticas, que traducen una visión supremacista y, como mínimo, una alarmante ausencia de compromiso a la hora de combatir comportamientos y manifestaciones de carácter racista y xenófobo.
La envergadura de este tercer entierro del legado de King, de este paso atrás que supone la administración Trump, reside en el hecho de que es la misma presidencia la que contribuye a lo que se puede considerar, como se pone de manifiesto en su cerrado propósito de impulsar leyes migratorias que destilan la peor ideología supremacista contra latinos, mejicanos o musulmanes. El mismo juicio merece el compromiso personal de Trump de ignorar la gravedad de comportamientos discriminatorios o incluso equiparar movimientos racistas con los movimientos de defensa de los derechos.
El debate sobre la seria posibilidad de que Trump fuera un racista y un xenófobo se abrió paso con las decisiones del presidente de impulsar una legislación migratoria claramente restrictiva –discriminatoria– en razón de origen geográfico y creencias (islámicas), lo que se conoce como Muslim Ban. Puede decirse que Trump recuperó las peores leyes antimigratorias que haya conocido los EEUU, las que se dictaron contra los inmigrantes chinos entre 1840 y 1850. Ya en su campaña electoral utilizó el argumento del , básicamente en tres frentes: (a) la necesidad de impedir la llegada de inmigrantes irregulares, asociados al incremento de la criminalidad, a su condición de gorrones (free riders) y a la pérdida de empleos de los ; (b) la necesidad de levantar un muro para impedir la llegada de inmigrantes mejicanos (y de ); así como (c) el esfuerzo por expulsar de los EEUU a todos los inmigrantes sin papeles que se han establecido en el país, con especial atención a los denominados dreamers[11].
Apenas llegado a la Presidencia se empeñó en una batalla legal por impedir la llegada de inmigrantes provenientes de países que generan terrorismo, asociados por él a países musulmanes y puso bajo el foco de sospecha, en realidad, a todo inmigrante de confesión islámica. La firme reacción de los tribunales de justicia y de las asociaciones de derechos civiles –como la potente ACLU- le ocasionaron importantes derrotas en su propósito, que se niega a abandonar.
El caso del indulto al sheriff Joe Arpaio, considerado la cara más visible del racismo antiinmigrante yanqui, en agosto de 2017, incrementó la percepción de complicidad de Trump con el racismo para una parte de los estadounidenses. Arpaio, sheriff del condado de Maricopa (Arkansas) durante 24 años, perdió las elecciones gracias al voto del electorado latino que castigó sus tiránicos usos frente a los inmigrantes irregulares, sus prácticas de detención basadas en el color de la piel y las constantes violaciones de derechos civiles de quienes pertenecieran a etnia latina. Para Arpaio, la inmigración irregular es el origen de buena parte de los males que afectan los EEUU, un mensaje en el que coincide con Trump. Demandado por discriminación racial, un juez federal le condenó en 2012 y le ordenó que cesara en estas prácticas. Arpaio ignoró la orden, y en julio de 2016 fue condenado por desacato, aunque se trataba de una condena menor. El indulto fue entendido también como un gesto simbólico, muestra de la obsesión de Trump por borrar toda huella del mandato de Obama. Añadamos que Arpaio y Trump coincidieron en divulgar el bulo de que Obama no había nacido en los EEUU. De hecho, Arpaio utilizó un tuit para agradecer a Trump el indulto, con el siguiente texto: "Gracias Donald Trump por ver mi condena como lo que es: una caza de brujas política de los restos de Obama en el Departamento de Justicia".
Un episodio particularmente significativo lo constituyó la actitud del Presidente ante los disturbios en Charlottesville, en agosto de 2017, a propósito de la retirada de una estatua del general Lee, donde los enfrentamientos entre grupos racistas (vinculados a la ideología de Alt Right e incluso el Ku Kux Klan) y movimientos antirracistas y de defensa de los derechos provocaron la muerte de una mujer que apoyaba la retirada de los símbolos confederados y más de 30 heridos. Trump se negó inicialmente a condenar la presencia de grupos nazis, racistas y vinculados al KKK, habló de la necesidad de evitar “la violencia de uno y otro grupo”, equiparando al BLM con el KKK y aunque a los pocos días hizo una declaración afirmando “el racismo es el mal”, casi de inmediato, en una nueva rueda de prensa, condenó la ideología de lo que denominó “Alt Left”, en contraposición a los grupos inspirados en el movimiento Alt Right, y se negó a considerar a los racistas como terroristas domésticos, tal y como les calificó el entonces fiscal general Sessions.
Resulta, pues, difícil no coincidir con el editor asociado del New York Times en su artículo publicado en enero de 2018 y titulado Just say it: Trump is a racist, en el que recorre el historial de Trump como empresario inmobiliario desde 1970, donde llevó a cabo todo tipo de prácticas discriminatorias contra posibles inquilinos afroamericanos y los meses de ejercicio de presidencia, para concluir en sentido afirmativo: sí. Trump es un racista. Peor: con Trump parece reaparecer el más grosero racismo, como si formara parte de un pecado original de los EEUU del que no parece que se consigan desprender, tal y como señalara el ya mencionado escritor afroamericano y redactor de la revista The Atlantic, Ta-Nasehi Coates, que califica a Trump como “el primer presidente explícitamente blanco”, en su libro We were eight Years in power: An American Tragedy, al tratar de hacer balance de lo que significa pasar de los ocho años del mandato de Obama, pese a las frustraciones evidentes, a esta perspectiva de al menos cuatro años con Trump. En efecto, Trump fue elegido desde la base de promesas ligadas a la ideología supremacista y racista: prometió a la clase obrera blanca que mejoraría sus condiciones porque solucionaría la raíz de sus problemas, la presencia de latinos, musulmanes y negros que les roban sus trabajos y, además, son la mayor fuente de criminalidad. No parece que su presidencia sea propicia al legado del Nobel de la paz.
¿Tendría que resucitar M.L King? Quizá lo haya hecho ya: las mujeres y los hombres del Black Lives Matter, por ejemplo, encarnan su espíritu y ofrecen un motivo de esperanza para la resistencia en la lucha por los derechos, aunque haya que volver a empezar casi desde el principio.
Notas:
[1] Recordemos, en efecto, que la esclavitud era una práctica legal en todo el territorio de los EEUU aunque fuera más generalizada en los estados del Sur, cuya economía dependía directamente de esa institución. La XIII Enmienda, ratificada en 1865, al poco de acabar la guerra civil, prohibió la esclavitud en los EEUU y otorgó un cierto grado de ciudadanía a los antiguos esclavos. Luego, la XIV Enmienda completó el reconocimiento de la condición de ciudadanos a todas las personas nacidas o naturalizadas en EEUU e incluyó el derecho al debido proceso y las cláusulas de igualdad de protección. Finalmente, en 1870, la XV Enmienda prohibió la discriminación por motivos raciales en el derecho a voto.
[2] No me resisto a indicar que en Go, set a Watchman, la novela de Harper Lee que ha dado la vuelta a la figura de Atticus Finch (el protagonista de su archifamosa Matar un ruiseñor), la hija de Atticus, Jean-Louise, más conocida como Scout, aparece enrolada en la NAACP durante sus estudios en Nueva York.
[3] Los dos líderes del SNCC (Stokely Carmichael y Willy Ricks) acuñan esa noción con motivo de esta marcha (“personas negras uniéndose para formar una fuerza política que elige representantes u obliga a sus representantes a defender sus intereses”), aunque la expresión había sido utilizada por primera vez como título de un libro de Richard Wright, en 1954, Black Power. La noción de Black Power es utilizada en otro sentido por grupos como Black Panters Party (inicialmente Black Panters Party for self-Defence) fundado por Bobby Seale y Huey Newton en 1966 y al que perteneció, antes de decantarse por el Partido Comunista, la filósofa y activista Angela Davis. Además del recurso a la violencia, los Black Panters se diferencian de las organizaciones del Movimiento de derechos civiles porque, como explicaba Seale en su libro Seize Time, subrayan que la opresión de los negros era el resultado de un sistema político basado sobre todo en la explotación económica, más que en el racismo.
[4] La marcha proponía cinco objetivos. Los tres principales: el fin de la segregación racial en las escuelas públicas; una legislación significativa sobre los derechos civiles -incluyendo una ley que prohibiese la discriminación racial en el mundo del trabajo- y una protección de los activistas de los derechos civiles de la violencia policial
[5] Así lo formuló en ese discurso: “En un sentido llegamos a la capital de nuestra nación para cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y la Declaratoria de la Independencia, firmaban una promisoria nota de la que todo estadounidense sería el heredero. Esta nota era una promesa de que todos los hombres tendrían garantizados los derechos inalienables de "Vida, Libertad y la búsqueda de la Felicidad". Es obvio hoy que Estados Unidos ha fallado en su promesa en lo que respecta a sus ciudadanos de color. En vez de honrar su obligación sagrada, Estados Unidos dio al negro un cheque sin valor que fue devuelto marcado "fondos insuficientes". Pero nos rehusamos a creer que el banco de la justicia está quebrado. Nos rehusamos a creer que no hay fondos en los grandes depósitos de oportunidad en esta nación. Entonces hemos venido a cobrar este cheque, un cheque que nos dará las riquezas de la libertad y la seguridad de la justicia”.
[6] Dejando aparte los clásicos, como A.Césaire, F.Fanon o más recientemente, E.Said, vale la pena remitir a los trabajos de D. Cole (Engines of Liberty. How Citizen Mouvements Suceeded), B. Santos (Descolonizar el poder, reinventar el poder), o A. Mbembé (Crítica de la razón negra).
[7] Cfr. «A Herstory of the #BlackLivesMatter Movement». The Feminist Wire.
[8] Este, en polémica con el diagnóstico del mandato de Obama ofrecido por otra figura de referencia del periodismo y la literatura afroamericana actual, Ta-Nehisi Coates, en su We Were Eight Years in Power: a American Tragedy (2017). Ta-Nehisi Coates es también autor de un libro extraordinariamente crítico, dedicado a su hijo adolescente, en el que denunciaba la condición racista casi como un elemento inserto en el ADN de los EEUU: Between the World and Me (2015).
[9] Cfr. Ricardo Sanín, “Lincoln unchained: is Obama the global Uncle Tom?”, http://criticallegalthinking.com/2013/03/08/lincoln-unchained-is-obama-the-global-uncle-tom/
[10] El movimiento Alt Right está vinculado a la revista Radix Journal, dirigida por el creador del término, Richard B. Spencer, quien se autodefinió durante un tiempo en su cuenta de Twitter como “el Karl Marx de la Alt Right”. La revista Radix se vincula también con un think tank supremacista blanco, el National Policy Institute (NPI), dirigido asimismo por Spencer. Con todo, la figura más conocida de los Alt Right es Stephen Bannon, director de la web de noticias Breitbart News, considerada altavoz de Alt Right, que llegó a ser consejero de Trump y estratega jefe de la Casa Blanca y participaba en las reuniones del Consejo de Seguridad Nacional, hasta que fue cesado por Trump.
[11] Aunque inicialmente Trump se proponía expulsar a todos los inmigrantes indocumentados, a comienzos de 2018 ha propuesto al Congreso un cierto giro a este respecto, una reforma migratoria que permitiría legalizar a 1,8 millones de inmigrantes indocumentados, que llegaron a EEUU de niños, los dreamers, a cambio de 25.000 millones de dólares para reforzar la seguridad fronteriza. Entre los legalizados se incluiría a los 690.000 actualmente protegidos por el programa DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia) creado en 2012 por el presidente Obama, cuya vigencia acabó recientemente, a finales de marzo. Para acceder a DACA, esos jóvenes tuvieron que probar que habían llegado a EEUU antes de los 16 años y que tenían menos de 31 años en 2012.
Fuente:
http://ctxt.es/es/20180425/Politica/19242/Luther-King-asesinato-aniversario-racismo-derechos-civiles.htm