México tiene una deuda con sus trabajadores. Durante años las
condiciones laborales en el país han sido más que desfavorables,
privilegiando los intereses de empleadores, empresarios y líderes
sindicales por encima de los obreros y sus derechos, situación que
sexenio tras sexenio se promete cambiará y que al día de hoy no ha
sucedido.
Intentos han habido varios, quizá el más claro fue la reforma
Constitucional del 24 de febrero de 2017, donde se modificó el artículo
123 de la Carta Magna para sentar ahí las bases del derecho colectivo
en el país y normar la libertad sindical, un compromiso pendiente de
aplicar por la actual administración y ahora una responsabilidad por
cumplir del gobierno electo
Por ese motivo y con la intención de atender una exigencia de la
clase trabajadora que ha permanecido en el olvido por más de 50 años, en
el Senado de la República, donde Morena junto con sus aliados gozan de
la mayoría, se ratificó la semana pasada el Convenio 98 de la
Organización Internacional del Trabajo.
La propuesta fue impulsada por el senador Napoleón Gómez Urrutia,
presidente y secretario general del Sindicato Nacional de los
Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la
República Mexicana y quien hoy también encabeza la comisión del Trabajo y
Previsión Social de la Cámara Alta.
“Estamos haciendo un acto de justicia porque hay muchos intereses
creados, con esto se acabarán los contratos de protección patronal y
sindicatos blancos”, aseguró Gómez Urrutia durante su posicionamiento.
Este es el primer instrumento internacional que ratifica la 64
Legislatura en el Senado y el cual busca garantizar la libertad de
asociación y la sindical, el reconocimiento efectivo del derecho de
negociación colectiva, dotar a los trabajadores de una adecuada
protección contra todo acto de discriminación que pudiera menoscabar la
libertad sindical en relación con su empleo y eliminar prácticas como
los votos a mano alzada para elegir a sus representantes para ser
sustituidas por un método donde la elección de los mismos se haga de
manera libre y secreta.
Además pretende que las organizaciones de trabajadores y de
empleadores gocen de una adecuada protección contra todo acto de
injerencia de unos respecto de los otros; abre la posibilidad de que se
cree más de un sindicato dentro de una misma empresa y prohíbe la
afiliación obligatoria a centrales de trabajadores oficialistas; una de
las prácticas del llamado corporativismo sindical que se acentuó durante
los más de 70 años del PRI en el poder.
“Hoy por hoy los sindicatos en México no necesariamente hacen los
trabajos más fuertes, contundentes y congruentes para tutelar a sus
agremiados.
Todavía hace falta una condición de libertad sindical; que no se
obligue, que no se presione, que no se chantajeé, que no hayan
votaciones controladas, que no haya sindicalismo blanco, que no haya
sindicalismo charro”, dijo el senador Emilio Álvarez Icaza en un video
publicado en su cuenta de Twitter.
Todos estos cambios que se quieren implementar parecieran solucionar,
por lo menos en el papel, el problema laboral por el que atraviesa
México, pero una cosa es planear y soñar y otra muy diferente llevarlas a
la realidad.
A pesar de los elogios que diversos actores políticos, académicos y
representantes de la sociedad civil lanzaron ante la ratificación del
Convenio 98, no todos los involucrados en el tema mostraron el mismo
optimismo.
Entre los principales inconformes se encuentran Juan Pablo Castañón,
presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), la Confederación
de Trabajadores de México (CTM) y la bancada del Partido Acción
Nacional, la cual incluso trató de reventar la sesión al abandonar el
Senado durante la votación.
Tanto el CCE como la CTM publicaron a través de sus canales oficiales
comunicados en donde dejaron de manifiesto que no estaban de acuerdo
con la manera en la que se aprobó la ratificación del Convenio 98,
asegurando que no se discutió lo suficiente el tema y que además se
estaba violando otro de los acuerdos ya firmados con la OIT, que sería
el 144.
Sin embargo, para la doctora Graciela Bensusán, el tema ya se ha discutido lo suficiente.
“El tema se ha hablado hasta que nos aburrimos de la discusión porque
está todo claro. Se respondieron las quejas de la OIT, primero se le
dijo que no existían los contratos de protección, después se reconoció
que sí existían, luego que se iban a corregir; fuimos y vinimos años con
el tema.
Ahora se vota con la mayoría como siempre se han votado las leyes y
resulta que nos faltó discusión”, dice la investigadora de la UAM
Xochimilco.
Esta postura también la comparte el senador Julio Menchaca.
“El tema de los sindicatos y el Convenio 98 de la OIT es un
asunto que está esperando la ratificación prácticamente desde 1956, se
firmó en 1949 y en el 2015 Enrique Peña Nieto lo volvió a mandar al
Senado”
- Julio Menchaca
Senador de Morena por Hidalgo
Entonces de que se ha discutido se ha discutido por todas las
organizaciones obreras, por lo tanto no pueden decir sus detractores que
un tema que ha estado presente por más de 50 años no se ha discutido lo
suficiente”.
En cuanto a la posibilidad de que esta ratificación desate un
conflicto entre el gobierno electo y la clase empresarial, el senador
por Hidalgo ve esto como algo lejano.
“Lo que pasa es que hay que diferenciar bien entre algunos líderes
empresariales y los empresarios. Aquí el punto es que Juan Pablo
Castañón no son los empresarios de México.
Quizá exista alguna situación de molestia por parte de algún sector
pero eso no significa que estemos en un círculo de confrontación”,
señala.
Ahora el reto será la implementación de lo firmado y acordado tanto
en el Convenio 98 como de lo que establece el artículo 123
Constitucional, pues los alcances que tendría la correcta aplicación de
estas normas trascienden el tema laboral, ya que rompen el estatus quo y
modificarían la relación entre el Estado y los trabajadores, una
realidad que de llegar a alcanzarse, también ayudaría a acabar con la
desigualdad en el país, sacar a los trabajadores de la informalidad,
reducir la corrupción y la violencia al igual que mejorar la relación
con nuestro principal socio comercial: Estados Unidos.
Cumplir los compromisos
Con la ratificación del Convenio 98 de la OIT México concluye con la
aprobación de los ocho compromisos fundamentales en materia de derechos
laborales con los que cuenta la Organización Internacional del Trabajo y
se suma a los 165 países de América Latina y el Caribe que también
suscribieron el acuerdo que hoy causa tanta polémica en el país.
“Con esta decisión, México se unirá a los 165 países del mundo que
han ratificado el Convenio 98 y toda la región de América Latina y el
Caribe tendrá ratificado este Convenio” señaló en un comunicado la OIT,
en el que también aclara que las normas internacionales del trabajo
están orientadas a garantizar que el crecimiento económico y el
desarrollo vayan de la mano de la creación de trabajo decente.
Todo esto, incluida la reforma Constitucional al artículo 123 de la
Carta Magna que se realizó el año pasado, se vislumbra como un gran
avance, sin embargo, una cosa es lo que se describe en el papel y otra
muy distinta su aplicación en el actual contexto nacional.
Como bien se sabe, México cuenta con una de las
Constituciones más robustas del mundo, sin embargo, esto nunca se ha
traducido en la correcta aplicación o respeto de las leyes que de ésta
emanan, un hecho que demuestra que de nada sirve tener las mejores
normas si éstas no se pueden implementar
Por ese motivo, la investigadora de la Universidad Autónoma
Metropolitana campus Xochimilco y experta en temas laborales, Graciela
Bensusán, cuestiona las capacidades con las que cuenta el Estado para
poder cumplir tanto lo que la Constitución establece en materia laboral
como los convenios internacionales a los que se ha sumado.
“Un grave problema que tenemos en México, no sólo en el ámbito
laboral, es que cambiamos las leyes con cierta facilidad pero luego no
podemos implementarlas”, comenta.
Ejemplos para sustentar esta aseveración hay muchos. Tal es el caso
de la implementación del Nuevo Sistema Penal Acusatorio, el cual, al día
de hoy, no se ha podido aplicar con éxito.
Algo similar ocurre con la prometida transformación de la
Procuraduría General de la República a una Fiscalía independiente y
autónoma.
Para evitar que estos fracasos se repitan en el ámbito
laboral, Bensusán explica que lo primero que se tiene que hacer es crear
la reglamentación de la reforma Constitucional al artículo 123 que
todavía está pendiente y que depende del legislativo
Otra tarea que es imprescindible y que también duerme el sueño de los
justos desde hace más de un año a pesar de que en la Carta Magna se
estableció un periodo máximo para su creación de 365 días es la
fundación de un nuevo organismo autónomo que sería el espacio donde se
registrarían los sindicatos y donde se inscribirían los contratos
colectivos de trabajo.
Aunado a todo esto la experta indica que para poder comenzar a ver un
cambio real en el tema laboral también se necesita que los pocos
sindicatos verdaderos que existen comiencen a aplicar esta nueva
normativa, un Estado comprometido con capacidades estatales y recursos
para hacer el nuevo órgano de registro de los contratos colectivos y los
sindicatos, dinero para hacer la transición de las juntas de
conciliación hacia el poder Judicial y la formación de cuadros y de
jueces en materia laboral.
Además, Graciela Bensusán comenta que también vamos a requerir que
los sindicatos y los trabajadores mismos encuentren algún incentivo para
crear nuevos sindicatos o para legitimar los que ya existen a partir de
la votación universal, secreta y directa de los trabajadores y a partir
de negociaciones reales crear los contratos colectivos con los
empleadores.
“Sin duda si esto no se conduce bien y no generamos una buena
reglamentación y no tenemos procesos ágiles y transparentes para llevar a
cabo todos estos cambios sindicales y de sus contratos pude haber
problemas en las empresas que lleven a conflictos intersindicales, por
eso hay que fijar las reglas del juego. El convenio no nos las da, éste
simplemente establece una serie de principios que debemos de seguir”,
asevera.
La investigadora también lanza un par de cuestionamientos que se deben tomar en cuenta.
El principal reto para mejorar las condiciones laborales en
México es que las leyes y los convenios que se han creado y ratificado
en este tema se apliquen y no se queden como letra muerta sobre el papel
“Necesitamos de reglas muy claras que nos digan cómo va a funcionar
el órgano autónomo, cómo va a garantizar su autonomía, su independencia,
sus recursos y cómo vamos a hacer para que el proceso de reorganización
sea transparente, cómo hacer que los trabajadores voten, que los
conflictos intersindicales no se vuelvan huelgas, y qué tienen que hacer
todas las partes: el gobierno, los empleadores, los sindicatos
existentes, y los trabajadores para que este proceso de transformación
sea real y no genere daños a la economía, a los trabajadores o al país”.
No hay vuelta atrás
Romper con el estatus quo y cambiar la relación que existe entre el
Estado y los trabajadores que al día de hoy ha provocado violaciones
tanto a derechos humanos como laborales, ha fomentado la corrupción y ha
incidido en la creciente desigualdad del país parecería ser un objetivo
común de todos los mexicanos, sin embargo, esto no es así.
Empresarios, sindicatos e incluso algunos partidos políticos se han
manifestado en contra de la manera como se ratificó el Convenio 98 de la
OIT en el Senado. Una situación que algunos senadores y expertos en el
tema consideraron como un intento de tratar de trabar la aprobación para
que sus intereses personales no se vieran afectados.
El Consejo Coordinador Empresarial (CCE), encabezado por Juan Pablo Castañón, manifestó a través de un comunicado su desacuerdo.
El argumento de que se violó el Convenio 144 de la OIT no tiene ningún peso, pues este tipo acuerdos no son vinculantes
“El Consejo Coordinador Empresarial expresa su desacuerdo con la
decisión del Senado de presentar ante el Pleno, sin contar con un
dictamen de comisiones y sin realizar las consultas pertinentes, la
ratificación del Convenio 98 de la Organización Internacional del
Trabajo (OIT).
Rechazamos que el Senado busque tomar determinaciones que afectan
fundamentalmente a la relación entre trabajadores y empleadores en un
trámite apresurado, violando así lo dispuesto en el Convenio 144 de la
OIT…”
Por su parte, la Confederación de Trabajadores de México (CTM), en
voz de su secretario general y también senador, Carlos Aceves del Olmo,
igualmente mostró su inconformidad por las mismas cuestiones que el CCE.
“Sería deseable que esta Soberanía recapacitara sobre el atropellado
proceso que se llevó a cabo y se pueda regresar la ratificación a las
Comisiones Unidas a las que fue turnada para que se pueda cumplir con lo
establecido en el Convenio 144 de la OIT y con la obligación de las
Comisiones Legislativas Permanentes del Senado y se pueda dar una
discusión sobre el Convenio 98 de la OIT, con todos los sectores
involucrados en la materia”.
Diversos actores involucrados en la ratificación del Convenio
98 de la OIT se han quejado por la manera en que se dio la aprobación,
sin embargo ninguno de sus argumentes cuenta con la fuerza legal para
revertir lo ya votado
La bancada panista simplemente abandonó la sesión.
“Los empresarios que se han manifestado en contra de la ratificación
del Convenio 98 es porque temen que al firmarlo ya no se puedan imponer
al sindicato que firma el contrato colectivo, algo que es violatorio de
los derechos humanos en todo el mundo.
Entonces lo que se está queriendo es cuestionar y decir que
no se discutió suficientemente el tema cuando el asunto ha estado
presente en el país desde 1949”
- Graciela Bensusán
Investigadora de la UAM Xochimilco
La investigadora de la UAM Xochimilco también asegura que algunos
empresarios y empleadores están acostumbrados a imponer sus condiciones y
lo que ellos temen es que tanto la ratificación del Convenio como la
reglamentación y en su momento la reforma Constitucional los obligue a
reconocer una interlocución sindical verdadera.
“Les preocupa que haya genuinamente la necesidad de negociar porque
no saben ni quieren hacerlo, no tienen una cultura de negociación”,
comenta.
Además explica que el argumento de que se violó el Convenio 144 de la
OIT que todos los detractores están utilizando no tiene ningún peso,
pues este tipo de acuerdos que emite la Organización Internacional del
Trabajo no son vinculantes, es decir, no se tienen que cumplir de manera
obligatoria por el país que lo firma.
Por su parte, el senador por Hidalgo Julio Menchaca, califica el
abandono de la sesión por parte del PAN como una irresponsabilidad.
“Cuando uno asume su responsabilidad podrá no estar de acuerdo con
algo y votar en contra, algo que han hecho en el transcurso del tiempo
las minorías cuando el PRI o el PAN estaban en el poder.
Pero los panistas, que por un lado no quisieron verse poco solidarios
con los trabajadores y por otro decidieron atender los intereses que
los representan, en este caso el de los sectores empresariales a los que
no les conviene esto porque hay contratos que ni siquiera conocen los
trabajadores y que los perjudican, prefirieron usar como excusa la
propuesta de reducir los tiempos para presentar propuestas para
abandonar la sesión”.
Respecto a la crítica de que el Convenio 98 no se turnó a comisiones
en la Cámara Baja, Menchaca dice que eso no implica ninguna violación a
la Ley, por lo tanto no hay forma de echar para atrás lo que ya se
aprobó.
“La reglamentación también te dice que si ya tiene primera lectura le puedes dar una segunda y la sometes a votación”.
Por un nuevo modelo sindical
La creación de los sindicatos es quizá uno de los avances más
importantes en materia laboral que se ha creado, sin embargo, lo que en
un principio se concibió como una manera de proteger a los trabajadores
de los abusos de sus empleadores terminó por convertirse en todo lo
contrario.
Ejemplos hay muchos, tal es el caso del Sindicato de Trabajadores
Petroleros de la República Mexicana encabezado por el priista y
exsenador Carlos Romero Deschamps, quien ha sido acusado por
presuntamente enriquecerse de manera ilícita con los recursos del
sindicato y de utilizar a sus agremiados como fichas de negociación para
cumplir con sus intereses políticos y personales.
Tan es así, que hace una semana, senadores de Morena pidieron
al SAT un informe sobre los bienes adquiridos por Romero Deschamps, sus
familiares y prestanombres de 1993 a la fecha y a la Unidad de
Inteligencia Financiera de Hacienda un reporte sobre presuntos manejos
irregulares del líder petrolero
Deschamps es el claro ejemplo de lo que ningún líder sindical debe
ser: un hombre millonario que lidera a puros trabajadores pobres.
Un caso similar se da con Joel Ayala, líder de la Federación de
Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE) y quien ha
estado al frente del gremio desde 1998.
Al también priista se le ha denunciado ante la PGR por fraude hipotecario a trabajadores.
Por personajes como éstos es que ahora se busca crear un nuevo modelo
de sindicalismo en el país donde los trabajadores puedan ejercer sus
derechos laborales y exigir que se respeten.
“En este momento en México ya conocemos cómo se encuentra el mercado
laboral, la situación que viven los sindicatos y las condiciones
laborales de los trabajadores. Por lo tanto lo que este modelo nuevo
tiene que crear son incentivos para que todos puedan defender sus
intereses legítimos”, comenta Graciela Bensusán.
México requiere de una transformación radical en la forma
como maneja sus sindicatos, pues la que prevalece actualmente lo único
que fomenta son las violaciones a los derechos humanos y laborales de
los trabajadores
Sin embargo en este cambio el papel de los trabajadores también es
fundamental, pues éstos deben dejar atrás los vicios que de igual manera
afectan a sus empleadores y que pocas veces reconocen.
Como ejemplo de un sindicato real en México la investigadora de la UAM pone a la empresa Volkswagen.
“Salvo el caso de Volkswagen, en general, no hay sindicatos
verdaderos. Esta empresa históricamente negocia con un sindicato
independiente que decidió salirse de la CTM y de la Unión Obrera
Independiente y es una empresa altamente exitosa aquí, en Alemania y en
todo el mundo, pues tiene altos niveles de productividad, bastante
consenso, inclusión y en general un sistema laboral excelente”.
Más allá del trabajo
De lograrse una verdadera mejora laboral en el país otros problemas
que enfrenta México también se verían disminuidos, asegura la experta en
temas laborales.
“Hay que entender que esta desigualdad social y este modelo laboral
que la fomenta no es sostenible, que una de las causas principales de la
pobreza es el bajo salario, que la ausencia de sindicatos trae
desigualdad y que necesitamos contrapesos para que México tenga un
camino diferente de desarrollo y para que este sea un país viable porque
ya dejó de serlo”, señala Bensusán.
En este cambio el papel de los trabajadores también es
fundamental, pues éstos deben dejar atrás los vicios que de igual manera
afectan a sus empleadores y que pocas veces reconocen
Aunado a esto, si las condiciones para los trabajadores mejoran,
también se vería una disminución en la informalidad laboral que traería
beneficios en la recaudación de impuestos; la juventud lo pensaría dos
veces antes de unirse al crimen organizado para tener una vida digna y
la migración por falta de oportunidades también disminuiría, además de
que la relación con nuestro principal socio comercial se beneficiaría,
ya que desde la firma del TPP se le ha pedido a México dejar de lucrar y
promover la inversión extranjera basándose en un modelo de explotación y
de bajas salarios de la clase obrera.