lunes, 9 de diciembre de 2019

Foucault, el neoliberal





Foucault, el neoliberal







Juan Gabriel Caro Rivera


Uno de los temas que está entrando a debate en los ambientes izquierdistas franceses es la cada vez más manifiesta afinidad existente entre el pensamiento de la denominada Nueva Izquierda, nacida en Mayo del 68, y el neoliberalismo económico. Hoy, este debate está empezando a caldear los ánimos y se puede decir que gira alrededor de la figura de uno de los gurús más importantes de la Nueva Izquierda: Michel Foucault. Gracias al trabajo de investigación publicado por varios de sus discípulos y críticos, hoy surge una nueva imagen de un Foucault menos izquierdista, o de extrema izquierda, y más bien apuntando en un sentido contrario: el de un apologista de la sociedad neoliberal y del capitalismo tardío. Realizando un examen de la obra de Michel Foucault, los sociólogos franceses Daniel Zamora y Michael C. Behrent, han mostrado una nueva imagen del famoso filósofo postmoderno, después de compilar una serie de estudios acerca de la influencia del neoliberalismo en el pensamiento de Foucault: su estudio titulado Foucault y el neoliberalismo, publicado por la editorial Amorrortu, resulta muy revelador. En una entrevista hecha por la revista Ballast, Daniel Zamora señala como al final de su vida Foucault mostró un gran interés por el neoliberalismo. “Foucault”, dice Zamora, “se sentía muy atraído por el liberalismo económico: el cual veía como una posible forma de gobierno menos normativa y autoritaria que la izquierda socialista y comunista que encontraba totalmente obsoleta. Veía al neoliberalismo como una opción “mucho menos burocrática” y “mucho menos disciplinaria” que la propuesta por el Estado social de postguerra. Imaginaba un neoliberalismo que no proyectaría un modelo antropológico sobre los individuos y que les ofrecería mayor autonomía frente al Estado” (1).

Este tema no deja de tener una profunda repercusión en el ámbito académico, pues la Nueva Izquierda francesa – convertida en el núcleo duro de la postmodernidad occidental – había sido cubierta con un halo de invulnerabilidad y reconocimiento acrítico de todos sus postulados. Muchos de sus autores han sido consagrados en las universidades y las academias como clásicos del pensamiento que son ineludibles, y los estudios hechos sobre ellos se hacen ya innumerables. Recordemos que bajo el rotulo de la Nueva Izquierda se agrupaban una serie de pensadores modernos, sobre todo franceses, que habían optado por una revisión sistemática de la herencia del pensamiento de la Modernidad Occidental y en la cual convergían autores como Félix Guattari, Gilles Deleuze, Michel Foucault, Jacques Lacan, Jacques Derrida, entre otros. Muchos de ellos optaron por una “deconstrucción” de la cultura occidental, la cual clamaban estaba llena de prejuicios, autoritarismo, exclusiones y disciplinas que habían producido un totalitarismo velado en las sociedades democráticas y liberales. A través de la revisión del aparato teórico de la modernidad, sus autores esperaban demoler ideológicamente semejante legado y preparar la llegada de una nueva libertad: la de un “cuerpo sin órganos”, una lengua sin contenidos, un mundo menos estructurado que podría finalmente ser considerado afín a una sociedad libre. Muchos de los autores de esta Nueva Izquierda habían sido disidentes de la Guerra Fría, identificándose como izquierdistas, pero detestando los regímenes del socialismo real, a los cuales consideraban demasiado autoritarios, y desligándose de cualquier herencia de la filosofía ilustrada, que resultaba para ellos demasiado dogmática. El ataque sistemático a las instituciones sociales, a las formas veladas de gobierno y poder, sin hablar de su provocadora actitud hacia el orden general de la Europa de la postguerra, convirtió a los representantes de la Nueva Izquierda en el objeto de un culto fetichista de las nuevas generaciones universitarias, sobre todo en las facultades de humanidades y filosofía, como los grandes exponentes de una izquierda anárquica e individualista. Hoy día es imposible no oír los nombres de alguno de ellos en los pasillos universitarios o siendo citados en revistas científicas de investigación como autoridades consagradas. Lo que no deja de ser un giro irónico para una serie de autores que se rebelaban contra la autoridad establecida. De hecho, las posiciones de muchos de los representantes de la Nueva Izquierda no pasaron desapercibidas, e incluso lograron llamar la atención de la CIA, que vio con buenos ojos la deserción de los autores de izquierda franceses, porque “ya no hay más Sartres, ya no hay más Gides”, sino que en su lugar se mostraban hostiles a la Unión Soviética y atacaban los presupuestos básicos del marxismo. Esto último despertó la simpatía de los organismos de inteligencia norteamericanos, quienes comentaban que «en el campo de la antropología», dice un documento de la CIA, «la influencia de la escuela estructuralista vinculada con Claude Lévi Strauss, Foucault y otros, ha cumplido esencialmente la misma función. […] creemos sea probable que su demolición de la influencia marxista en las ciencias sociales perdure como una contribución profunda tanto en Francia como en Europa Occidental» (2).

Como recuerda el sociólogo Daniel Zamora, Foucault llamó a abandonar las luchas políticas y sociales, que habían perdido sentido en el Estado de Bienestar de la postguerra, y más bien proponía dedicarse a una “resistencia molecular”, donde fueran cuestionadas las grandes construcciones modernas y se disolvieran las masas homogéneas de la sociedad industrial. «En realidad», dice Daniel Zamora, «la idea de una revolución “molecular” descentralizada que pudiera conducir a grandes cambios se mostró poco realista, especialmente cuando se trataba de las relaciones económicas. Si se quiere entrar en una polémica, uno podría preguntarse por la relación entre esta visión con el neoliberalismo. “No olvides inventar tu vida”, concluía Foucault a comienzos de 1980. ¿Acaso no se asemeja mucho esto al mantra de Gary Becker de que nosotros debemos convertirnos en “empresarios de nuestro yo”?» (3). Y no deja de llamar la atención que precisamente esta convergencia entre el postmodernismo y el neoliberalismo alcanzara su mayor auge en las universidades norteamericanas, donde surgió precisamente el epíteto “postmoderno” y donde todos sus representas (Foucault, Deleuze, Derrida) alcanzaron un gran reconocimiento en vida. Zamora una vez más pone el dedo en la llaga y dice que resulta una empresa inútil «reconciliar a Marx con Foucault en alguna síntesis mayor, cuando de hecho al final de su vida Foucault “decidió deshacerse del marxismo”». Tampoco puede alegarse que Foucault desconociera los primeros experimentos neoliberales en la política y la sociedad, pues él conoció muy bien la California gobernada por Ronald Reagan – quien por cierto destruyó el sistema de hospitales psiquiátricos del Estado federal, lo cual siempre fue uno de los grandes sueños de la anti-psiquiatría foucaultiana – y donde impartió varios cursos en sus universidades. En lugar de eso, Zamora recuerda la «profunda conexión entre el neoliberalismo como forma de gobernabilidad y la promoción, por parte de Foucault, de la invención de nuevas subjetividades. Lejos de oponerse, son dos ojos pares. Más abierto al pluralismo, el neoliberalismo parecía ofrecer un marco menos estrecho para la proliferación de experimentos de minorías» (4). Aquí cobra todo su sentido las palabras del filósofo francés Jean-Claude Michéa, para quien “Foucault es el complemento cultural del economicismo de Hayek, Friedman y Gary Becker”.

Todo lo anterior nos ayuda a explicar porqué algunos de los seguidores y discípulos de Foucault han terminado por convertirse en grandes defensores del capitalismo de mercado, mientras atacan de un modo inmisericorde los sistemas de pensiones, los servicios sociales y el Estado de Bienestar de la postguerra. Basta con citar a Beatriz Preciado, una de las representantes más radicales de la izquierda feminista, quien escribía en el periódico digital Libération que «no debemos llorar por el fin del estado de bienestar, porque el Estado de Bienestar es el hospital psiquiátrico, la oficina de discapacitados, la prisión, la escuela patriarcal-colonial-heteronormativa» (5). Por supuesto, este desmonte de las instituciones estatales está completamente de acuerdo con las políticas neoliberales promocionadas por grandes figuras del mundo de los negocios como Bill Gates o Georges Soros, quienes también se han convertido en grandes defensores de las políticas a favor de las minorías sexuales, el feminismo, amigos de la inmigración masiva y promotores del anti-racismo, mientras promueven la demolición del aparato estatal y su suplantación por un sector privado y una sociedad civil organizada que reemplazaría cualquier forma de poder público. Como ya había observado Marx, el capitalismo no es un sistema social conservador ni mucho menos: “La burguesía sólo puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de producción, y con él todo el régimen social… La época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes. Las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado, con todo su séquito de ideas y creencias viejas y venerables, se derrumban… Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, todo lo santo es profanado” (6). Por lo que no resulta extraño que el gran capital financiero asumiera hoy el patrocinio de la nueva revolución de las relaciones sociales que se está gestando, siendo esta revolución íntimamente unida a las transformaciones del capitalismo y su concepción del individuo, que hoy pasa de estar basada en el naturalismo filosófico del siglo XIX al trans-humanismo que es promocionado por empresas como Google o filósofos postmarxistas como Toni Negri, para quienes la naturaleza eterna no existe sino que puede ser alterada por la biotecnología o la nanotecnología que hoy se está desarrollando.

No deja de ser interesante observar, como este nuevo capitalismo y neoliberalismo han impregnado la cultura de la izquierda. Una vez demolidos los últimos restos del socialismo real y conquistado el mundo por la globalización, la izquierda por fin se ha separado del comunismo y ha decidido conscientemente convertirse en el buldócer del capitalismo. Algunos intelectuales de izquierda como Nancy Fraser o Daniel Zamora han señalado esta contradicción. Nancy Fraser, por ejemplo, en su libro Las fortunas del feminismo ha mostrado como, poco a poco, el movimiento feminista ha abandonado todas sus reivindicaciones de izquierda, unidas al comunismo y al igualitarismo radical, para en su lugar adoptar el discurso del “empoderamiento femenino” planteado por el capitalismo neoliberal, cuyo modelo sería la mujer exitosa en la política y la economía, estilo Hillary Clinton o Margaret Thatcher (7). Otros, como Daniel Zamora han señalado que la postmodernidad foucaultina terminó por ser un antecesor directo de la Tercera Vía de Tony Blair y Anthony Giddens, convirtiéndose de este modo en un defensor de la globalización. Quizás esta impregnación cada vez mayor del socialismo por elementos liberales sea la causa del hundimiento de los partidos comunistas y la razón por la cual hoy día las clases trabajadoras votan cada vez más por los partidos identitarios de derecha, tanto en América Septentrional como en Europa. Una vez que la izquierda se unió al gran capital financiero y abrazó el liberalismo cultural, era inevitable que las clases trabajadoras, consideradas demasiado autoritarias y totalitarias, fueran atacadas y sustituidas por objetos de rebelión que chocaban con su sentido común. Resulta interesante anotar que ya en 1947, el comisario soviético y responsable del control ideológico de la cultura en Rusia Andrei Zhdánov denunciara en su momento este giró en la cultura occidental y de la izquierda francesa. Al comentar la obra de Jean-Paul Sarte en su curso Sobre la historia de la filosofía, Zhdánov señalaba como esta figura izquierdista de primera línea en Europa alababa el Diario de un ladrón del criminal homosexual Jean Genet: un libro que comenzaba declarando que su tema seria “la traición, el robo y la homosexualidad”, para finalmente acabar en la depravación y el nihilismo. Zhdánov vería en ello el desplome de la filosofía occidental, última consecuencia del cosmopolitismo burgués: la destrucción de toda moral y de relación social en defensa de las pasiones individuales y la estética. “Hoy”, escribía Zhdánov, “esas filosofías se presentan bajo una forma nueva, particularmente repugnante, reflejando toda la profundidad, toda la bajeza, toda la villanía de la decadencia burguesa. Los «souteneurs» y los criminales de derecho común en filosofía significan, evidentemente, el límite de la ruina y de la descomposición” (8).

Frente a este panorama, resulta bastante significativo que hoy esté apareciendo una nueva generación de autores izquierdistas que, distanciados de los medios de comunicación y exiliados de las academias, han comenzado a denunciar este devenir de la Nueva Izquierda, convertida para muchos de ellos en uno de los pilares centrales del sistema capitalista globalizado y defendida por un grupo de gurús intelectuales enemigos de las causas populares. Mientras Daniel Cohn-Bendit y Bernard-Henry Lévy – protagonistas de Mayo del 68 y grandes héroes de la izquierda libertaria – se dedican ahora a denunciar como fascistas todos los movimientos contestatarios – caso de los chalecos amarillos en Francia y el crecimiento de las olas populistas en el Primer Mundo –, otros han decidido regresar a las causas originales del comunismo y abrazar los movimientos populistas dirigidos contra el sistema. Este viejo estandarte ha sido alzado una vez más por autores como Jean-Claude Michéa, Constazo Preve, Diego Fusaro, Adriano Errigel y Kevin Boucaud-Victoire, quienes han decidido dejar de lado cualquier cooperación con la izquierda fucsia y multicolor para más bien plantearse la pregunta contraria y necesaria: ¿cuáles serán los presupuestos de la actual lucha contra el cosmopolitismo burgués como último elemento de la alienación sistemática de lo social y la cultura? Para esta izquierda populista, la lucha contra el capitalismo ya no puede pasar por el deseo deconstruccionista de la anarquía individual y el abandono de todo contenido social, antes bien se trata de una nueva contestación que pretende rescatar del olvido todo aquello desechado por la Nueva Izquierda en el transcurso del siglo XX. Si la Nueva Izquierda abandonó el socialismo y afirmó, por el contrario, el libre mercado y la libertad individual a favor de proyectos individuales de “experimentación del yo”, la izquierda populista propone más bien “la síntesis entre las ideas de izquierda y los valores de la derecha en nombre del interés nacional”. Es decir, el rescate del “trabajo, la solidaridad, la defensa de los débiles, la comunidad” junto con “la familia, la patria, el Estado, el honor”, tal y como afirma actualmente el filósofo italiano Diego Fusaro (9).

Esta nueva brecha, que pareciera estarse formando en la izquierda europea, nos pone frente a una disyuntiva: una defensa a ultranza de la globalización y el neoliberalismo, amparada en la postmodernidad como la ideología global de una multitud imperial sin rostro o contenido, o por el contrario la defensa de un nacional-populismo que se enfrenta al cosmopolitismo y reclama una defensa del trabajo frente al capitalismo financiero y de los valores nacionales frente al universalismo. Semejante división, sin embargo, recuerda a otra que ya había sucedido en el pasado, cuando la socialdemocracia y el socialismo moderado europeo había adoptado el programa del reformismo, dejando la bandera de la revolución y la lucha violenta al socialismo nacionalista, que se encarnó en el sindicalismo y los movimientos nacionales. Ante estos nuevos devenires políticos, la izquierda europea tendrá que enfrentar una disyuntiva que parece estarse transformando en una guerra civil en su interior.

Notas:

1. Entrevista a Daniel Zamora, “Peut-on critiquer Foucault?”, en la revista electrónica Bastiat, https://www.revue-ballast.fr/peut-on-critiquer-foucault/

2. France: Defection of the Leftist Intellectuals, en http://www.deigualaigual.net/cultura/2017/1222/braudel-levi-strauss-y-la-cia/

3. Entrevista a Daniel Zamora, “La résistence chez Foucault ne prend plus vraiment le visage de la lutte des clases”, en https://comptoir.org/2019/09/05/daniel-zamora-la-resistance-chez-foucault-ne-prend-plus-vraiment-le-visage-de-la-lutte-des-classes/

4. Ibid.

5. Beatriz Preciado, “Nous disowns Revolution”, en https://next.liberation.fr/culture/2013/03/20/nous-disons-revolution_890087

6. Karl Marx y Friederich Engels, Biografía del Manifiesto Comunista, Editorial Mexico S.A., 1949, pág. 75-76.

7. Nancy Fraser, Las fortunas del feminismo, Traficante de Sueños, 2015.

8. A. Zhdánov, “Sobre la historia de la filosofía”, en http://www.filosofia.org/hem/dep/pce/nb024071.htm

9. Entrevista de Rafaele Alberto Ventura a Diego Fusaro, “Le cas Fusaro”, en https://legrandcontinent.eu/fr/2018/10/27/nous-avons-rencontre-diego-fusaro/

Juan Guaidó: Presidente “fraudulento” de Venezuela


Juan Guaidó: Presidente “fraudulento” de Venezuela




 



Manuel Miranda


La oposición ha optado por el entretenimiento y engaño contra sus electores, al no tener ninguna solución a los problemas que agobian a los venezolanos.

Existen 2 denominaciones con las cuales se cataloga el origen y ejercicio de los mandatos conferidos a los gobernantes: legal y legítimo. Sin embargo en Venezuela, existe una tercera denominación, la cual llamamos “fraudulento”.

Se define fraude como:

“Acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete”

Fraude, es lo que ocurre contra el pueblo de Venezuela, en lo teórico y practico con Juan Guaidó, el autodenominado “presidente encargado”.

Antecedentes:

Conforme a la Constitución Bolivariana de Venezuela, ante la ausencia definitiva del Presidente de la República, el Presidente de la Asamblea Nacional (AN) es quien asume la misma. Esta Presidencia se “encarga” dentro de 30 días, convocar Elecciones para elegir al titular, mientras ejerce las atribuciones de gobierno hasta tanto sea formalmente votado, juramentado y posesionado.

Es harto sabido que Nicolás Maduro, fue reelecto Presidente de la República Bolivariana de Venezuela para el periodo 2019-2025, en las Elecciones del 20 de mayo del 2018, prestando juramento ante el Tribunal Superior de Justicia (TSJ). En ningún momento ha existido “abandono” del cargo ni “vacío de Poder” que lo amerite

El “cuestionamiento” a Nicolás Maduro, tiene que ver con quien realiza la convocatoria: la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Y esta ha sido “la excusa” enarbolada para este nuevo espectáculo del “Presidente Encargado” vs “El Presidente ilegitimo o “en disputa”

SHOW TIME: La oposición conquista el Parlamento.

Este “cuestionamiento” es la continuación del triste show del “ilegitimo” enarbolado por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) a partir del triunfo del Presidente Nicolás Maduro sobre Enrique Capriles en las Elecciones del 14 de Abril del 2013.

El 6 de diciembre del 2015, la oposición o Mesa de la Unidad Democrática alcanzó la victoria en las Elecciones Parlamentarias, obteniendo mayoría calificada en la Asamblea Nacional. Sus dirigentes, enarbolaron tener en sus manos, la solución de todos los problemas que agobian a los venezolanos.

Su divisa “Venezuela quiere cambio”, insinuando el desplazamiento de Nicolás Maduro de la Presidencia de la República o imponer “gobierno parlamentario” en donde este Poder del Estado también ejercería las funciones del Poder Ejecutivo, desde la cual implementarían esas “soluciones” con la instauración de “gobierno de transición”, el cual convocaría “elecciones libres” organizadas por un “nuevo e independiente” Consejo Nacional Electoral (CNE).

En lugar de “cumplir su promesa” al electorado, convocando a Asamblea Nacional Constituyente, con poderes plenos para “barrer” el ordenamiento jurídico venezolano y sin mayores obstáculos imponerlas… Durante meses mantuvieron entreteniendo a sus electores, mediante varios artilugios:

-“Enmienda constitucional” para “recortar” el período para el que fue electo el Presidente Nicolás Maduro. A sabiendas de que sería rechazada por el Tribunal Superior Electoral, al existir otros mecanismos como el referéndum revocatorio.

-“Recolección de firmas” para un supuesto “referéndum revocatorio“; luego un supuesto “plebiscito”, al margen del Consejo Nacional Electoral, a sabiendas que los “resultados” nunca serían ejecutados…

-Declaración de “abandono del cargo” pero sin elegir sustituto…

-Rocambolesco “juicio político” por supuestos actos de corrupción, a cargo de un supuesto Tribunal Superior de Justicia, ilegalmente elegido, sin quórum y sesionando en el extranjero…. Cuya sentencia no fue “acatada” por la Asamblea Nacional (AN) por “no existir condiciones”, según declaró su entonces Presidente Omar Barboza.

El fraude de Juan Guaidó

Agotado el libreto anterior, reelecto Nicolás Maduro, la oposición “pone en cartelera” la “autojuramentacion” de Juan Guaidó como “Presidente Encargado” de Venezuela.

La cual no tiene ningún sustento, legal ni moral ni legitimo, al tratarse de engaño contra sus propios electores, creando falsas expectativas e ingobernabilidad…

En lo teórico.

Esta “Presidencia encargada”, hasta hace poco, no contaba con Resolución a cargo de la Asamblea Nacional (AN) declarando “la vacante” y procediendo a su designación.

La “juramentación” aunque es requisito simbólico, no se realizó en sesión solemne de la Asamblea Nacional ni se prestó ante Diputado que ejerciera las funciones del Presidente de la Asamblea… Más bien fue una pintoresca “autojuramentación” sin ningún tipo de protocolo, rigor y seriedad.

El Presidente “encargado”, nunca ha convocado a Elecciones para elegir al titular, ni creemos que lo haga.

En lo práctico

Sus “funcionarios”, no han sido designados “Ministros”, sino como “comisionados” .

Sus “diplomáticos”, no han sido designados cónsules o embajadores, sino como “representantes”.

Sus decisiones no son “decretos”, ni leyes ni resoluciones efectivas, sino “acuerdos de compromiso” sin ningún valor jurídico.

En conclusión

De estas premisas, es que entidades que han “reconocido” a ese “gobierno” como el Grupo de Lima, cuando se refieren al verdadero y autentico gobierno encabezado por Nicolás Maduro, lo tildan de “ilegitimo”, lo que implícitamente es un reconocimiento a la “legalidad” del mismo.

Así como también que varios países que han dado respaldo a Juan Guaidó acogiendo a sus “representantes”, mantengan la acreditación de los EMBAJADORES del Presidente Nicolás Maduro, reconociendo implícitamente la legalidad y legitimidad del mismo.

Estos hechos, prácticos y jurídicos, demuestran fehacientemente, que Juan Guaidó, como “Presidente Encargado” es una fraude, tanto al pueblo de Venezuela, creando falsas expectativas… Como a la Comunidad Internacional, asi como a los inversionistas metalúrgicos, gasíferos y petroleros, creando clima de ingobernabilidad, que ha profundizado la crisis o “guerra” económica que abate ese país.

Veremos cuál será el próximo show en cartelera.

El Mal nace en la Escuela



El Mal nace en la Escuela




 




Carlos Javier Blanco Martín


España no tiene futuro. Siento decirlo con estas palabras tan crudas, tan negras y derrotistas. Pero cuanto antes nos hagamos a la idea, antes podremos adoptar medidas que permitan al menos "salvar los trastos". Engañarse con patrioterismos, lucir banderas y eslóganes cuando hay tantos y tan aviesos enemigos no sirve de nada. Hay quienes piensan en recuperar el Peñón o rehacer imperios ultramarinos, cuando lo cierto es que toda una región española -¡españolísima!- como es Cataluña, está hoy ardiendo y desde esos incendios está a punto de iniciar el proceso de balcanización del país.

Éste, como otros males, es un cáncer que nace en la Escuela. La Escuela española, la Educación Primaria, es un fraude y es la semilla del mal de nuestra nación. No querer verlo es ceguera, o por mejor decir, es estupidez. No admitir esta tesis de que el mal de la nación empieza en la primera enseñanza es adoptar una posición suicida. Y el problema no es, única ni principalmente, el grado de adoctrinamiento al que los niños catalanes están llegando, como en la peor de las pesadillas totalitarias, desde hace generaciones. El problema no es, de manera exclusiva, este aberrante "Estado de las Autonomías" que ha entregado la Educación –instrumento de Estado y arma civilizatoria al mismo tiempo- a los mayores sinvergüenzas de la historia de España, gentes que arrancaban prebendas y privilegios del Estado sin ceder ni un ápice en sus pretensiones adoctrinadoras y separatistas (los Pujol, los Mas). Lo cierto es que los "grandes" patriotas y estadistas (Felipe, Aznar, Zapatero) serán juzgados dentro de un siglo con más dureza que los sátrapas regionales, de butifarra, sardana y birretina. En sus manos, las manos de presidentes del gobierno de la nación, estuvo la posibilidad de contener a los sátrapas y a los balcanizadores, en su obligación estaba el ver venir las cosas a largo término. Pues fue en La Moncloa, y no en Palau, donde se comenzó a destripar España.

Y se destripó mucho más, y mucho más gravemente, con las leyes educativas. Lo tremendo no es que no se pueda hablar en español en un colegio de España. Catalán y español siempre han convivido, y la Ley Fundamental establece esta convivencia. Lo tremendo es que ante el fraude de la Primaria estemos –docentes y administradores- deliberando sobre un "lenguaje inclusivo" o poner aseos "unisex", mientras la formación moral e intelectual de los futuros españoles, y no sólo catalanes, se va al inodoro. Se adoctrina siempre que no se educa. Y en España no se educa. Voy a hablar claro: no se educa y no dejan educar desde la LOGSE (1990). Se ha sustituido el magnífico entramado educativo del franquismo tardío por un engendro adoctrinador llamado "sistema educativo español", que sólo sirve para estabular niños y adolescentes, tiranos hoy y esclavos mañana.

En el presente artículo me centraré más en la Enseñanza Primaria. Debo decir bien alto que en la mayor parte de los colegios de nuestro país ya no se enseña. Los maestros, liberados de la responsabilidad de otorgar títulos al terminar sexto curso, que es el último año de Primaria, envían a los niños al Instituto de Secundaria sin hacer ninguna valoración realmente objetiva sobre las posibilidades de seguir estudiando con éxito. Al ser el título de graduado en E.S.O. [Educación Secundaria Obligatoria] el título más bajo que otorga el sistema educativo, expedido en el Instituto y no en la Escuela, ésta ni siquiera se siente obligada a emitir un informe objetivo sobre las capacidades de cada niño que, siendo díscolo, inquieto o torpe, abandonará (con gran alivio para los maestros de Primaria) el colegio de Primaria y se "integrará" en una Secundaria que, amén de obligatoria, es aluvial: allí van a parar todos, mezclados y revueltos, como mandan los cánones del pensamiento pedagógico moderno.

En seis años de Primaria, muchos niños no disponen de verdadera experiencia de acercamiento al arte, la belleza, la historia, la ciencia, la moral. Son años "gamificados" (educación lúdica, basada en juegos, excursiones, conexión a internet). Muchos colegios rozan el rizo incorporando tabletas electrónicas, móviles y demás sistemas de "virtualización de la enseñanza" fomentado la tecnoadicción, los problemas visuales, la obesidad, y diversos trastornos psiconeurológicos (trastornos atencionales, hiperactivos, desórdenes en el procesamiento cerebral de la información). Los libros están siendo desterrados de la Enseñanza y, cuando hay lecturas obligatorias, ya no se recomiendan clásicos de la literatura infantil y juvenil sino autores actuales que preparan al niño como adolescente o pre-adulto, iniciándole prematuramente en los temas del sexo, la droga, la violencia. El papel de ciertas obras "literarias", además de charlas y documentales a la hora de crear una erotización de la infancia y una hiperestimulación en conductas cibernéticas, es del todo preocupante, y la Escuela está siendo un agente fundamental en este adoctrinamiento. Se busca (y se logra con notable éxito) un consumista prematuro: alguien fundamentalmente inculto, pero apto para gastar un dinero que él no gana, y que probablemente nunca llegará a ganar con su propio esfuerzo. El niño de Primaria, especialmente quien está agotando la etapa (4º, 5º y 6º), es, gracias a padres irresponsables y a maestros y pedagogos ineptos, un nuevo y terrible bárbaro. El españolito del futuro será –ya es, en muchos casos- un monstruo: alguien que a los doce años ya está "de vuelta" en materia de sexo…es un monstruo. La iniciación precoz en el sexo es el síntoma de que la Civilización europea, cristiana y española está muriendo. Otro tanto se diga del "enganche" o dependencia precoz que los niños sufren con respecto al móvil. Entre los ocho y diez años va creciendo el porcentaje de niños con teléfono móvil dotado de datos para acceder a internet, y con ello, con la posibilidad de acceder a golpe de clic a la más deleznable pornografía y violencia. Es evidente que el haber "liberalizado" de tal manera el acceso a la red desde sus inicios, sin pedir credenciales de edad e identificación (algo que la Policía de todos los Estados podría haber logrado, habiendo voluntad para ello) supone "nuevos yacimientos de negocio": pedofilia, adoctrinamiento, iniciación en el hiperconsumo.

Y los maestros se están cruzando los brazos. Como la evaluación (que incluye calificaciones y decisiones sobre pasar de curso o "promocionar") se ha trivializado hasta extremos grotescos, los maestros del colegio dan el pase al instituto a todos los niños. En vez de firmar unas actas con calificaciones numéricas vinculantes, la pedagogía moderna ha permitido a los maestros informar estúpidamente de esta manera: "progresa adecuadamente", "competencia digital adquirida", "competencia emocional en vías de consolidación". Consecuencia: los niños de doce años llegan al Instituto sin ninguna valoración objetiva acerca de lo que saben y lo que no saben hacer. Es frecuente que los profesores de secundaria reciban unos niños en estado ferino, sin hábitos adquiridos en la Escuela, niños que se levantan de la silla cuando quieren, intervienen en clase o interrumpen cuando les viene en gana, no pongan una tilde, jamás escriben mayúsculas en los nombres propios, exhiban deficiencias en sus capacidades aritméticas, no sepan poner ningún país en el mapa… Lo peor es la carencia de normas y falta de memoria en estas nuevas generaciones de muchachos. Avezados en pulsar teclas en aulas de informática, en hacer "búsquedas" en su propio móvil o duchos en talleres de "inteligencia emocional" y "educación afectivo-sexual", estos niños de ahora no pueden memorizar una sola hoja de apuntes, y, por supuesto, nunca toman apuntes porque éstos están "colgados" en la red o volcados en su tableta digital. De otra parte, está llegando el momento en que los padres que no han solicitado una "adaptación curricular" para su niño van a parecer unos tontos, porque esto equivale a renunciar a las ventajas que supone alcanzar un aprobado o la titulación con el más mínimo esfuerzo. Cualquier niño que acuda a un "especialista" poseerá alguna "diversidad" (las que están más de moda son TDA, TDAH, y toda una suerte de sopa de letras de síndromes y trastornos) si éste "experto" se propone buscarlas. A veces hay una base real: la conexión de niños a dispositivos electrónicos con o sin acceso a la red está generalizada, y la voluntad, facultad que se encuentra en la base de la atención y demás sistemas cognitivos necesarios para la vida escolar, se ve con ello perturbada. Pero otras veces no hay base para tal diagnóstico: es una moda que el propio sistema potencia, porque "la diversidad mola".

"La diversidad mola" y lo mismo que trae ventajas que el orientador decrete la necesidad de "adaptaciones curriculares" (verbigracia: ponérselo más fácil al estudiante), también está trayendo ventajas la promoción del homosexualismo, de la ideología "trans", y de la ideología de género. El sistema educativo español, siguiendo consignas de organismos internacionales que planifican la ingeniería social mundial y una "superación de las barreras naturales", ha optado por la inflación legislativa y la promoción a bombo y platillo de unos sentimientos, comportamientos y dudas que, en un menor, digan lo que digan, no pueden ser definitivos, auténticos ni madurados. No es de recibo que un menor, a quien no le dejan salir de la verja del centro y que tiene que contar con la autorización firmada de los padres para ir con su clase de visita a un Museo que está en la acera de enfrente del Colegio, tenga en cambio, como sujeto, la capacidad para "autodeterminar" su identidad "de género" y que un Colegio o Instituto se ponga patas arriba para acoplarse a esa "autodeterminación".

Hemos perdido el norte, y los maestros y profesores son parte del problema. En un principio, las aberraciones de la LOGSE y demás leyes hijuelas suyas se atribuían a la abstrusa legislación en sí misma, al imperio omnímodo de doctrinas pedagógicas extranjeras y pseudocientíficas, a la ideologización y politización del propio sistema educativo. Pero ya es el momento de poner el dedo en la herida y señalar al colectivo de los docentes como corresponsables de este fracaso, de esta negación de toda posibilidad de hallar salida al suicidio de España.

Para cortar por lo sano, la única posibilidad que nos queda es devolver al maestro y al profesor su soberanía en materia calificadora. Evaluar es duro, es un acto administrativo de gran seriedad y que exige mucha responsabilidad. Pero para hacer esto con objetividad es preciso quitarse de encima las moscas que revolotean en torno al docente. Todo docente que ha tenido que poner las notas tomándose en serio su trabajo puede contar docenas de casos en que todo tipo de moscas aterrorizaron sobre su acta de evaluación: el director, el orientador, el jefe de estudios, el padre influyente, la madre con ascendientes, el inspector y el defensor del pueblo, si me apuran. Todo el que pasa por delante de la nariz del profesor tiene "algo que decir", y la amenaza de reclamaciones y papeleos infernales está siempre pendiente, cual espada de Damocles. Así hemos creado, desde la LOGSE de 1990, varias generaciones de docentes timoratos, aterrorizados, gandules cuyo lema "haz que pase" se ha hecho proverbial. Nadie quiere líos, sólo se piensa en cobrar a fin de mes y escaparse en los puentes y fiestas de guardar, "desconectando" de la Escuela y viviendo con la venda en los ojos. Los maestros y profesores saben que sus decisiones no cuentan con el apoyo de nadie y que lo que predomina es ese lema de Pedro Sánchez: "haz que pase", que el niño gandul y caradura pase de curso, y cuente con unas notas infladas. Llegará el día en que ese niño se haga mayor y el Sistema se lo coma crudo. Carne de cañón para todo género de dependencias, débil ante poderes mundiales de control social, carente de voluntad y capacidad crítica, el niño que ha pasado de curso con "empujoncitos" paternalistas, con buenismo irresponsable, con corrupción inherente al Sistema (por medio de presiones, amenazas o reclamaciones de nota sin fundamento), ese será el futuro votante, consumidor y esclavo. Quedémonos nada más que con esa palabra: esclavo. Un suspenso a tiempo, igual que un bofetón a tiempo, han salvado a millones de españolitos de otros tiempos. Los han salvado de la gilipollez extrema. Pero estos de hoy son otros tiempos. Tiempos en los que la Escuela ya hace décadas que no funciona, y la Escuela ha arrastrado sus males y su "pedagogismo" a los Institutos y a la Universidad.

Que en la calle vemos niños con sexualidad precoz cuando no aberrante: Haz que pase. Que en casa vemos niños tecnoadictos. Haz que pase. Que al niño se le concede un "derecho de autodeterminación". Haz que pase. Que al niño se le imparten charlas adoctrinadoras en lugar de enseñarles a leer, escribir y hacer bien sus cuentas. Haz que pase. Que el maestro y el profesor sean, nada más, que unos "mediadores de aprendizajes", es decir, unos tipos sin prestigio alguno, cuyas decisiones vienen cuestionadas por parte de cualquiera (incluyendo sus propios "compañeros" de profesión)… Haz que pase.

En España dejamos pasar a todo el mundo, y tragamos carros y carretas. Ningún partido político ha dicho palabra sobre este descalabro. Nadie articula ni pergeña una reforma legal que restablezca la autoridad (disciplinaria y calificadora, ambas) al profesorado, ni tampoco nadie ha diseñado un plan para modificar el acceso a la profesión docente. Al menos desde los tiempos de Zapatero, los sindicatos docentes se han convertido en agentes para la admisión masiva de interinos, esto es, de graduados universitarios que nunca han aprobado un examen de oposición en su relajada existencia pero que "por su cara bonita", y por el populismo sindical y autonómico, han visto que se les daba plaza fija de por vida. Y nadie habla de retirar para siempre todas esas asignaturas típicas de "iniciación al turbocapitalismo" (Economía, Administración de Empresas, Iniciación para Emprendedores, Robótica, Informática, Tecnología, Talleres varios…) que quitan tiempo y espacio a la necesaria formación científica y humanística de la persona.

¿Los niños catalanes adoctrinados? ¿Los vascos? Sí, y los castellano-manchegos, y los andaluces, y los extremeños. Adoctrinar es lo opuesto a educar. La revolución en la enseñanza sería volver a hacer dictados, clases magistrales, leer a Cervantes y a Homero, mandar muchas cuentas y ejercicios para hacer cada tarde, poner de rodillas a quien se porte mal, cerrarle la puerta al padre que entre en un Colegio dándole voces al tutor o al mismo director. Revolución sería contar con inspectores formados en las materias específicas y ajenos al populismo (nada hay más populista que darle la razón a unos padres-clientes y quitársela al funcionario, sujeto como está por una nómina y sometido a una autoridad jerárquica).

Me río y me distancio, como de la peste, de una derecha que quiere poner la bandera rojigualda en el Peñón o que clama por detener a Torra, pero elude todas estas cuestiones de que hablo. Me río, y me aparto como si fuera el diablo, de una izquierda que habla de pedagogías "emancipadoras" y prepara, en cambio, a los niños de hoy, para ser perfectos esclavos sin voluntad y sin cacumen en el turbocapitalismo que está ya aquí.

Apéndice:

En contra de la pedagogía.

La pedagogía es una de las pseudociencias más peligrosas y dañinas que han surgido en los últimos tiempos. En un falso saber que, formalmente, se arroga el derecho a recomendar e imponer métodos de enseñanza basándose única y exclusivamente en prejuicios ideológicos. Precisamente al presentarse como "ciencia" y el recibir el interesado respaldo de organismos mundiales encargados de aplicar la ingeniería social (UNESCO, ONU, etc.) y de los partidos y sindicatos, los poderes han hecho de la Pedagogía una peligrosa arma de control social capaz de provocar estragos terribles en la infancia y la juventud. Como recordaba el profesor Ricardo Moreno Castillo en una reciente entrevista [https://latribunadelpaisvasco.com/art/11665/ricardo-moreno-castillo-el-d..., sólo el desprecio y la envidia hacia el verdadero saber y únicamente el interés por crear un mundo de analfabetos explican el poder cada vez más omnímodo de esta herramienta de control social llamada "pedagogía".

En nombre de la pedagogía han surgido un sinfín de "expertos" en Orientación Escolar, Psicopedagía e Inspección que –salvo contadas y loables excepciones- no hacen sino controlar ideológicamente a los profesores, les coaccionan para que regalen los aprobados, halagan populistamente a los padres y a los chicos zascandiles o introducen burocracia inútil y verborrea en los centros educativos. Todo esto tuvo lugar de manera desatada a partir de la tristemente famosa LOGSE, la llamada "Reforma" de la cual son hijuelas todas las legislaciones posteriores, hasta llegar a la actual LOMCE.

El colectivo de los docentes españoles se haya tan dividido, alienado y adocenado, que jamás ha tenido una respuesta ante esta pseudociencia que les controla y que interfiere con su labor profesional: nunca han pasado de las burlas condescendientes y las ironías inocentes a la hora de relacionarse con estos comisarios de su labor académica. La jerga pedagógica llegó a resultar risible cuando al recreo se le hizo llamar "segmento de ocio", a las lecciones o temas a explicar había que llamarlos "bloques de contenido" o "unidades didácticas", etc. Si el peligro de la jerga pedagógica hubiera consistido únicamente en llamar a las cosas de otro modo para que así se quedaran contentos ciertos funcionarios, no habría tiempo que perder en quejas y lamentos. Pero los pedagogos y psicopedagogos, en la medida en que ocupan puestos de dirección y gestión importantes en los centros y en la administración educativa, son capaces de hacer algo peor, ellos pueden dañar gravemente la neutralidad y objetividad de las labores académicas de los profesores. Cualquier profesor, en su ejercicio docente, tanto a la hora de determinar el nivel y rigor de sus lecciones como la justicia y justeza de sus calificaciones, se ha tenido que topar alguna vez en su carrera, al menos desde la LOGSE (1990), con interferencias de orientadores, psicopedagogos e inspectores que manejan la jerga y la pseudociencia de la Pedagogía.

Así las cosas, hoy es habitual que el profesor se inhiba de ser objetivo a la hora de poner las notas de alumnos vagos y maleducados, so pena de enfrentarse con reclamaciones de padres y de advertencias de los propios orientadores y pedagogos, cuando éstos no alientan aquellas. Siempre hay algún criterio pseudocientífico de los pedagogos que sirve para minar la labor del profesor, cuestionando las más sólidas y contrastadas técnicas artesanales de la enseñanza académica. Algunos de los "éxitos" de la pedagogía española son –por ejemplo- el elevado nivel de analfabetismo funcional entre titulados de Educación Secundaria por medio de "hallazgos" como la "promoción automática" (pasar de curso con todas las materias suspensas), las "adaptaciones curriculares" (pedir menos de la décima parte de los contenidos a determinados alumnos supuestamente "distintos" para que aprueben y titulen, sea como sea), los "planes de refuerzo individualizados" (poner en gruesos informes lo que tiene que estudiar un zascandil para así recuperar una asignatura que, sea como fuere, no la va estudiar). Un dato grave en la normativa española en materia educativa es que el cargo de director o jefe de estudios de un centro puede ser ejercido por un orientador escolar del mismo, contraviniendo así la necesaria cercanía de los cargos directivos a las aulas, y siendo "juez y abogado defensor" simultáneamente, en cuanto a decisiones académicas (notas, títulos) referidas a los alumnos. No se entiende que los orientadores (que no dan clase) dirijan los centros en tantas ocasiones, y puedan presionar –sin embargo- en materia de notas, casi siempre en beneficio de los perezosos y gamberros. El colectivo de los profesores ha tragado el sapo de la pedagogía, y ahora su ruina corporativa es inevitable.

Por muchas razones, la sociedad debería posicionarse en contra de la pedagogía. ¿De dónde brota su "ciencia"? ¿Qué fundamento tiene? ¿Por qué al profesor de matemáticas o filosofía le tienen que enseñar cómo ha de trabajar unas personas desconocedoras por completo de éstas u otras especialidades? ¿Hasta cuándo debemos tolerar necedades tales como "aprender a aprender", las "competencias" o los "estándares de aprendizaje"?

¿Antinatural alianza de la izquierda y la derecha para entregar la Presidencia de México a Claudia Sheinbaum en 2024?



¿Antinatural alianza de la izquierda y la derecha para entregar la Presidencia de México a Claudia Sheinbaum en 2024?








02.12.2019
México


El relevo de Eduardo Tomás Medina-Mora Icaza en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SJCN) radicalizó la lucha interna en Morena, a pesar de que el presidente Andrés Manuel López Obrador cumplirá, apenas, un año en el poder.

Como es sabido, el jefe del Ejecutivo federal envió al Senado de la República la terna de candidatas a ministra de la SCJN el pasado 22 de noviembre. Los nombres dijeron poco a la opinión pública, pero sacudieron al sistema político.

El presidente propuso a las siguientes personas:
Ana Margarita Ríos-Farjat, actual jefa del Servicio de Administración Tributaria (SAT).
Diana Álvarez Maury, subsecretaria de Desarrollo Democrático, Participación Social y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación (SEGOB), una “experta en energías cósmicas”).
Ana Laura Magaloni Kerpel, presidenta de la Comisión Técnica para la Transición de la Procuraduría General de Justicia a Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México.

El relevo en la SCJN implica la demostración de fuerza de las “tribus” morenistas.

Ríos-Farjat, gente de Alfonso Romo, el empresario regiomontano que está a cargo de la Oficina de la Presidencia de la República, tenía amplio consenso dentro de la bancada de Morena en el Senado de la República, hasta que…

Martí Batres Guadarrama, incondicional de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, comenzó a operar a favor de Magaloni Kerpel.

Desplazado de la presidencia de la mesa directiva del Senado, Batres vio —en la designación de la futura ministra de la SCJN— la oportunidad de cobrar revancha, de reforzar las aspiraciones presidenciales de su tutora y de incrementar el poder político del grupo morenista vinculado al megaespeculador George Soros.

Lo que nos dicen nuestras fuentes, muy cercanas al núcleo cerrado de la 4T, es que Batres acusó a Ríos-Farjat de representar al capitalismo neoliberal. Ríos-Farjat es licenciada en Derecho y Ciencias Sociales y maestra en Derecho con especialidad en Fiscal por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Tiene, además, el doctorado en Política Pública por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM).

Lo paradójico es que Batres busca el apoyo de los senadores del PAN —neoliberales radicales—, vía Damián Zepeda y Xóchitl Gálvez, para colocar a Ana María Magaloni Kerpel en la silla que dejó vacía Medina-Mora. Denise Dresser, vocera de la derecha neoliberal en México —muy vinculada al PAN— publicó un tuit el 22 de noviembre (cuando se hizo oficial la terna de candidatas a ministras de la SCJN) en el que afirmó que Ana Laura Magaloni “tiene el perfil/trayectoria para ser una gran Ministra”.

Magaloni es licenciada en Derecho por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y doctora en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid. A Batres le molesta la formación capitalista de Ríos-Farjat en el ITESM, pero soslaya que Magaloni Kerpel es itamita. ¡Vaya cosa!

El lanzamiento de Sheinbaum a la Presidencia de la República

La “molestia” de Batres con Ríos-Farjat no es la formación capitalista de la actual jefa del SAT, sino su peso político y su militancia en una facción contraria a la de Claudia Sheinbaum. Si Ana María Magaloni Kerpel llega a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, las consecuencias políticas podrían ser las siguientes:
Claudia Sheinbaum tomaría clara ventaja en la carrera presidencial sobre el coordinador de los senadores de Morena, Ricardo Monreal, toda vez que su fuerza sería superada por la de Martí Batres Guadarrama.
Sheinbaum relegaría, también, al grupo que encabeza el canciller Marcelo Ebrard, pues exhibiría su incapacidad de colocar a una ministra afín en la SCJN.
Sheinbaum se dedicaría a aplicar el programa de la sociedad abierta de Soros (agenda lésbico-gay, aborto, legalización de las drogas, mmigración, etc.), y trataría de aprovechar el desgaste provocado por el gobierno de Donald Trump en la imagen de Ebrard. (Trump, evangélico-sionista, es rival de Soros).
El siguiente paso sería la entrega de la rectoría de la UNAM, dentro de cuatro años, a John Ackerman, becario de Soros y esposo de Irma Eréndira Sandoval, secretaria de la Función Pública, también relacionada con el especulador judío-húngaro naturalizado estadounidense.

Lo que quiere Batres es construir una alianza con panistas neoliberales, del perfil de Damián Zepeda y Xóchitl Gálvez, para colocar a Claudia Sheinbaum en la Presidencia de la República. El 13 de abril de 2019, publicamos en Sin Compromisos, que el presidente López Obrador tiene el propósito de dejar la Presidencia de la República en 2024 a Claudia Sheinbaun.

Acontecimientos posteriores reforzaron nuestro argumento. El 15 de octubre —seis meses después—, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, “destapó” a Claudia Sheinbaum como fuerte aspirante a presidir el Ejecutivo federal en 2024. También, mencionó —entre otras— a la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, esposa de John Ackerman.

Luego, el 6 de noviembre, el ex presidente de Ecuador, Rafael Correa, declaró que Claudia Sheinbaum será la próxima presidente de México.

El dato es interesante porque nuestras antenitas (que no son de vinil, como las de El Chapulín Colorado), nos refieren que en fecha reciente hubo una cena en la casa de John Ackerman y su esposa Irma Eréndira Sandoval —encargada de combatir la corrupción gubernamental—— a la que asistieron varios senadores de Morena, entre ellos Martí Batres, Citlalli Hernández Mora, Blanca Estela Piña Gudiño, José Luis Pech Várguez y José Narro Céspedes.

Otras senadoras pro Sheinbaum son Antares Guadalupe Vázquez Alatorre, Jesusa Rodríguez Ramírez y Martha Lucía Micher Camarena (las tres de Morena). Ellas no asistieron a la cena en casa de Ackerman y Sandoval, pero tienen alianza con el panista Damián Zepeda.

Los temas centrales fueron:
La designación de Ana Laura Magaloni Kerpel como ministra de la SCJN. (Es una abogada que cuenta con amplias simpatías entre la comunidad sionista asentada en México).
El fortalecimiento político de Claudia Sheinbaum con miras a la sucesión presidencial del 2024.
La entrega de la UNAM al grupo de Sheinbaum en la persona de John Ackerman.

Todo, con la complicidad cínica de panistas ambiciosos que recibirían rebanadas interesantes de poder. Para la historia queda la foto de John Ackerman con el depuesto presidente de Bolivia, Evo Morales, en el marco de un homenaje que le organizó en la Ciudad de México.

Si Sheinbaum y su grupo llegan al poder en 2024 ya sabemos qué extremismo ideológico aplicaría. Llama la atención la pasividad del presidente López Obrador ante el desbordado activismo del Cártel Sheinbaum-Batres-Magaloni-Ackerman-Sandoval-Taibo II-Solalinde-Frank-Ímaz. Por algo será.

El Heartland geopolítico de América del Sur


El Heartland geopolítico de América del Sur








Carlos Chino Fernández


Santa Cruz de la Sierra

Ecuador, Chile, Bolivia y ahora Colombia. Analizando la situación general, sostenemos que en Bolivia y más precisamente en Santa Cruz de la Sierra, se encuentra el eje más importante para comprender los alcances de las explosiones insurreccionales en nuestra América del Sur. Es, en esa región donde se encuentra el corazón geopolítico de nuestro continente.

Cuatro vectores geográficos convergen y se proyectan en Santa Cruz de la Sierra, 1) Hacia Occidente: Por los valles cordilleranos y el acceso al macizo andino. 2) Hacia Oriente: Las serranías de la Chiquitania, el Mato Grosso y el camino hacia el Planalto Brasileño. 3) Al norte: Hacia los ríos y territorios que convergen en la cuenca amazónica. 4) Hacia el sur: Los ríos y territorios de naturaleza chaqueña y platense.[1]
En estos conflictos suramericanos, vemos emerger el siglo XIX en el siglo XXI. Expresan de alguna manera las guerras por la independencia no resueltas y por otra parte, la reconfiguración actual de un mundo multipolar, con foco en el control de los recursos naturales
Existe también en estas protestas las resistencias al modelo neoliberal, que deja sus huellas más allá de los gobiernos y de la crisis de representación política del sistema demo-liberal. En este marco , las protestas toman forma insurreccional

Si nos detenemos en Bolivia, allí el conflicto también expresa la tensión entre la ancestral lucha entre clases y estamentos sociales (la cuestión social), y las luchas por la des-colonización (la cuestión nacional). El motín, es la forma de lucha social característica en Bolivia, está en su ADN, en donde los sectores del trabajo respondían con virulencia ante la explotación, y ante las paupérrimas condiciones de vida que padecían.

Siguiendo a Carlos Montenegro, en Bolivia el motín forma parte del ethos boliviano, hace a su historia de rebelión en el marco de un contexto de sometimiento y explotación ancestral. En el motín casi no hay organización, es un hecho de tremenda violencia que refleja lo extremo de la situación de explotación de la que hablamos.[2]

A través de los siglos, un lugar en la división del trabajo

En el siglo XIX, fue la plata y el oro, que en Potosí dejaron sus vísceras miles de trabajadores, para que una oligarquía local y una Europa lejana alimenten las ansias de poder y disfrute de su clase social aristocrática.

Durante el siglo XX, fue el estaño primero, y después el petróleo y el gas, cuyo sistema de explotación consolidó esa estructura de clases y castas, al mismo tiempo que demarcaba con mayor dramatismo a un territorio boliviano, entre un occidente minero, trabajador e indígena y un oriente blanco, oligárquico y fértil. Hoy en día, sin que desaparezca el gas o el petróleo como recursos naturales deseados, se destaca el litio, como un mineral estratégico para el desarrollo de las modernas sociedades del futuro.

La dimensión internacional, sigue vigente. En el desplazamiento del gobierno de Evo Morales, está presente este esquema de dominación histórico. Aunque el gobierno del M.A.S., mejoró sensiblemente la vida de millones de compatriotas, otrora en la extrema pobreza, no logró desestructurar la matriz de poder heredada.

Para complejizar el panorama, se suman a las protestas, unas capas medias urbanas, que oscilan entre la identificación con las banderas de la igualdad y el progresismo, pero que pretenden vivir cada día mejor emulando a las fracciones que controlan los resortes del poder económico.

El desplazamiento del gobierno de Evo Morales en Bolivia, fue promovido por los EEUU en su disputa por el control de los los recursos naturales, en donde actores internacionales juegan sus fichas, en un esquema de poder que no se ha modificado en sus raíces, aunque sí, en la distribución de sus beneficios (riqueza y derechos sociales), en la lucha entre el trabajo y el capital. El motín y el golpe de estado se fundieron en las acciones callejeras en Bolivia. Aquí la frontera entre el Occidente y el Oriente, define a Santa Cruz de la Sierra como el corazón geopolítico de América del Sur.

La geopolítica define su principal enfrentamiento entre el globalismo financiero y el Continentalismo de los grandes estados industriales, pero en la base, se observa cada día con mayor crudeza a poblaciones de ciudadanos de a pie, sin representación política en niveles más fragmentados y locales de búsqueda de su identidad. Bajo esta premisa, el conflicto en Bolivia, manifiesta, esa paradoja en sus raíces, sin desconocer la existencia de un golpe de estado.

La defensa de un gobierno que le dio visibilidad y dignidad a grandes masas de la población trabajadora (sea o no de origen indígena), debe realizarse teniendo presente la guerra inconclusa por la independencia plena de Bolivia y por la integración total de su territorio (Occidente y Oriente)

Ahora bien, a la hora pensar la salida, ésta sería a través de una alianza básica entre las burguesías locales nacionales no-imperialistas y los trabajadores organizados del campo y las ciudades, sin distinción de las regiones, dentro de una visión de Patria Grande.

Noviembre de 2019
Carlos Chino Fernández
CEES-CGTRA





[1] Agustín Saavedra Waise: “El rol de Santa Cruz de la Sierra en Sur América”, abril de 2005, por internet


[2] Montenegro Carlos. Nacionalismo y Coloniaje, Pleamar, Bs. As., 1967

La ciencia del cambio climático y otras religiones


disidentia.com

La ciencia del cambio climático y otras religiones 

 

 

José Carlos Rodríguez

Tras observar las masas congregadas en Madrid, Greta Thunberg jalea el éxito del llamamiento a que el pueblo escuche su mensaje: “500.000 personas marcharon en Madrid anoche. ¡Es el comienzo del cambio! El mundo despierta lentamente ante la crisis climática y medioambiental. Pronto, las personas al poder no podrán seguir ignorando la ciencia”. No sé si Greta tenía el ceño fruncido al teclear su móvil, pero imagino que habrá llegado a esa cifra redonda por ciencia infusa, la misma a la que apela en su triunfante tuit. La Policía cifró el número de asistentes a la manifestación en 10.000, y el diario El País, el mismo que rebajaba, severísimo, el conteo de las manifestaciones contra Rodríguez Zapatero, ve crecidas las masas madrileñas hasta las 20.000 almas.
No está mal, teniendo en cuenta que una buena parte de los 6,3 millones de desplazamientos por el puente los han protagonizado los madrileños, que han huido de la capital quemando hidrocarburos. Le han dejado un paisaje de Madrid que no es el de la bulliciosa ciudad capitalista contra la que luchó Carmena, sino que se asemeja más de lo que acostumbra a Pyongyang, campeona en la lucha contra el cambio climático.
El lenguaje de Greta es apocalíptico. Habla de un fin inmediato de la vida sobre la tierra. Y establece un vínculo entre culpa, penitencia y redención que, como es fácil de entender, es un esquema mental propio del cristianismo y del ecologismo. La relación entre la religión ecologista y la cristiana es la misma que la que hay entre ésta y el gnosticismo: su concepción del mundo se parece lo suficiente como para permitir una ósmosis entre ambas, aunque sean fundamentalmente diferentes. Por eso hay gente que se confunde, como Bergoglio, que adopta la filosofía de la Pachamama, disfrazado de Papa. Él ve en las noticias alarmistas “señales de alarma que nos manda la creación”, trasunto de la Tierra.
El vacío que deja en Occidente el cristianismo ha sido colonizado por otras profesiones de fe. Por eso Greta es una profeta. Por eso puede hablar con esa gravedad de asuntos que desconoce por completo
Si el ecologismo se parece, por un lado, a la gnosis, por otro tiene un elemento que lo vincula con otra religión coetánea de la muerte de Dios: el marxismo. Ambas hablan en nombre de la ciencia, como muestra de su odio inextinguible hacia ella. La ciencia del cambio climático no es la ciencia del clima, es el nombre que recibe la denominación ecologista de mayor impacto. Y, por supuesto, nada tiene que ver con la ciencia.
Hay un motivo para todo esto, y es el engaño de que podríamos deshacernos de la etiología religiosa por la decisión de unos cuantos descreídos de la Ilustración, que podríamos dejar atrás decenas de miles de años de pensamiento religioso como quien se quita un albornoz. No es así. Y el vacío que deja en Occidente el cristianismo ha sido colonizado por otras profesiones de fe. Por eso Greta es una profeta. Por eso puede hablar con esa gravedad de asuntos que desconoce por completo.
Es necesario entender todo ello no sólo para comprender por qué le hacemos caso a una iletrada en un asunto de una complejidad intelectualmente detestable, sino para entender, también, cómo se benefician el poder y otros intereses de este marco entre religioso, ideológico y político.
En el esquema del pecado, nosotros somos los culpables, y buscamos la redención fuera de nosotros: en el poder que nos corrige y nos guía con duro y benevolente cayado, cuyos zarandeos en forma de regulaciones e impuestos son por un lado el camino hacia la salvación, y por otro el sacrificio y la penitencia que expiará nuestro pecado y nos conducirá a la salvación. Conocemos esos conceptos porque llevamos siglos imbuidos en ellos; no tenemos ni que nombrarlos. Mejor, de hecho, no hacerlo. Aunque, como en el caso de la palabra “sacrificio” (acto sagrado), hemos olvidado por completo su significado.
¿Quién se beneficia de esta nueva fe? El poder. El poder es el que asume esta nueva religión que, como tantas veces ha pasado, sanciona y legitima su ejercicio. Y le otorga un sentido a los sacrificios, dicho en el sentido más pagano del término, que nos esperan.
Puede que esto no se entienda en un principio, pero es sólo porque, como ocurre con la forma de comunicación política más moderna, el discurso no tiene pretensión alguna de adecuarse a la realidad; sólo de producir ciertos efectos políticos. Greta dice que ella ha sido “ignorada” por los líderes políticos, los mismos que se pelean por ofrecerle un púlpito. “Están intentando desesperadamente silenciarme”, dice la persona que tiene más titulares en todo el mundo.
Al igual que la ciencia del cambio climático no es ciencia, tampoco el cambio climático es realmente lo importante. En la reunión que ha tenido lugar en Madrid, no han participado tres países (China, los Estados Unidos e India) en los que, por ese orden y en conjunto, se generan más de la mitad de las emisiones de CO2 de origen humano del planeta. Y verdaderamente no importa, porque los grandes temas de este congreso han sido otros.
Patricia Espinosa, directora del área del clima de Naciones Unidas, ha dicho que “si tienes un problema de desigualdad, el efecto del cambio climático profundizará ese problema”, y que lo mismo ocurrirá con la pobreza. También con el hambre, y muchos mensajes apuntan a que el cambio climático supone una pérdida de vidas. Nadie ha albergado la idea de que el CO2 es alimento de las plantas, y que la FAO muestra cómo el hambre está remitiendo en el mundo.
Otro de ellos es el colonialismo. La crisis climática, ¿qué digo?, la emergencia climática se debe a que el colonialismo ha impuesto un mundo desigual en el que unos emiten gases de efecto invernadero y otros no. No sé cómo encajarán esto con el hecho de que China e India sean el primer y tercer emisor de CO2 del mundo. Los jóvenes, o el feminismo, son otros de los grandes temas del COP25 de Madrid. Y, por supuesto, todo dentro de un contexto de lucha contra el capitalismo, y una llamada sin descanso a que actúen los poderes públicos. Es aún pronto para adorarlos como a dioses, pero gracias a Greta puede que lo hagamos en el curso de nuestra vida.
Foto: Andrew Gustar