lunes, 20 de julio de 2020

La razón y el patriotismo

disidentia.com

La razón y el patriotismo

José Luis Montesinos

En los tiempos oscuros que vivimos son necesarias pequeñas alegrías. Necesitamos alguna válvula que nos permita ir evacuando las tensiones que suma la situación política y sanitaria al ya de por sí estresante día a día. Si bien el tópico dice que no somos máquinas, lo cierto es que las máquinas se recalientan o se sobrecargan y están fajadas de lubricante o plagadas de purgadores y aliviaderos. La vida tiene siempre dos caras inseparables. Eros y thánatos. Tensión y relajación. No hay una sin la otra así que vivimos condicionados por ese movimiento pendular.

Supongo que por eso me emocioné como un niño, podría pensarse que más de la cuenta – la verdad, no había testigos – viendo estos días pasados los videos del gol de Iniesta en la prórroga a aquellos holandeses broncos y leñeros que supuso a la postre la única estrella que luce la camiseta española que distingue a los que han ganado un campeonato del mundo de fútbol. Por si se lo preguntan también me encanta que gane Rafa Nadal o el equipo de NBA en el que juega un español. Vibré con Perico Delgado o Induráin y me gusta ver en los periódicos que españoles de aquí y allá que se forran vendiendo startups a Google o siendo el hombre más rico del mundo. No puedo evitarlo, como por otra parte, es natural.

La oxitocina, la educación y el trato con nuestros congéneres crea lazos difícilmente disolubles. Primero la familia y posteriormente los amigos y otros entornos de colaboración, como el laboral o el equipo de fútbol-sala, nos enseñan que uno más uno pueden sumar tres o cuatro, si somos capaces de trabajar conjuntamente, empujando todos en la misma dirección.  Empatizamos y entendemos su ausencia como algo patológico, enfermizo. Todos queremos ser parte de algo, lo necesitamos para desarrollarnos plenamente como seres humanos. Es una sensación reconfortante rodearse de gente que siente o piensa de manera similar.

Si la pertenencia a un grupo, nación o tribu es más relevante que la búsqueda la verdad, de la eficiencia o de la economía de escala, estamos condenados a la extinción. Seremos la mujer maltratada que defiende a su maltratador, el votante de Bildu que disculpa los Años de Plomo o la Dina Bousselham de Pablo Iglesias

Sin embargo, todos somos individuos, únicos e irrepetibles. De hecho, las economías de escala que se derivan de la colaboración tienen que ver en gran medida con el hecho de que lo que nos hace distintos se complementa, nos completa y, por lo tanto, nos potencia elevando la suma de nuestras fuerzas no de forma aritmética, sino geométrica o incluso exponencial. Consecuentemente despreciar sistemáticamente la diferencia y la individualidad produce efectos negativos en la colaboración entre personas. Además, la interacción pacífica con otros individuos nos facilita mucho la existencia y nos permite centrarnos en aquello en lo que somos más eficientes, produciendo mayor valor añadido y por ello mayores posibilidades de intercambio. La dualidad de la existencia es absolutamente patente de nuevo, puesto que somos gregarios como parte de un proyecto grupal o en una mera compraventa, pero aportamos nuestra propia especificidad para llevar todo ello a buen fin. Por cierto, que no hay que ver todo esto solo en términos monetarios. La economía también habla – mucho más de lo que cree la mayoría – de satisfacción, de sentimientos o relaciones interpersonales.

Ahora bien, puesto que las necesarias relaciones con otros no son perfectas y surge con frecuencia el conflicto, entendemos que es necesario dotarnos de ciertas reglas que nos permitan superar los obstáculos que pudieran surgir por nuestra interdependencia. Si pretendemos que nuestras colaboraciones sean fructíferas o, dicho de otra manera, que nuestra vida en un espacio común sea satisfactoria, generando recursos monetarios o sentimentales suficientes no hay más remedio que plantear la cuestión respetando las singularidades de cada uno, de otro modo estaríamos eliminando capital humano que puede ser útil para transformar la suma en progresión. Cuando hablamos de vida, propiedad y, en definitiva, de Libertad simplemente estamos diciendo que es estúpido desperdiciar recursos que pueden ser valiosos para el conjunto de la sociedad. Imaginen que alguien hubiera descartado a media selección porque eran muy bajitos.

Esta sandez es la que hacen constantemente los colectivistas, fraccionar y enfrentar. Tan estúpido es segmentar por altura, como por sexo, color o procedencia social o territorial. Ya les digo yo que Tyrone Bogues triunfó en la NBA con sus ciento sesenta centímetros de estatura, incluyendo noches memorables en varios concursos de mates, antes de que alguien diga que para jugar a baloncesto hay que ser muy alto. Nuestras condiciones iniciales pueden ponernos las cosas difíciles, sin duda, pero se pueden ganar muchas manos de Texas Hold’em con un dos y un siete. Tampoco olviden que, como seres empáticos y sociales, entendemos la solidaridad de forma instintiva.

Es necesario tomar cierta perspectiva. La supervivencia requiere de eficiencia y ésta precisa de colaboración. Los lazos afectivos necesariamente aparecen en el roce y en ocasiones se pierde la perspectiva racional. Racionalmente la Libertad es imprescindible, como ya hemos puesto de manifiesto. Ningún grupo es superior a otro, siempre y en todos los campos por lo que debe existir una necesaria permeabilidad. La posibilidad de cambio, modificación y rotura ha de ser constante para poder sumar fuerzas o restar rémoras. Este es otro de los ingredientes de la intrincada receta de la eficiencia. Las parejas, los amistades o las sociedades anónimas se rompen, para mal a veces, pero en multitud de ocasiones para bien. Pueden incrementar el número de individuos en el grupo y la regla no dejará de ser cierta.

Si el punto de partida para no perder recursos debe ser indefectiblemente el individuo y no el colectivo, el pensamiento racional no puede desdeñarse. Si la pertenencia a un grupo, nación o tribu es más relevante que la búsqueda la verdad, de la eficiencia o de la economía de escala, estamos condenados a la extinción. Seremos la mujer maltratada que defiende a su maltratador, el asesor que gira la cara ante el latrocinio de su alcalde porque espera un carguito que nuca llega, el votante de Bildu que disculpa los Años de Plomo o la Dina Bousselham de Pablo Iglesias. Individuo y razón son los cimientos de la Ley.

Mirando a nuestro alrededor comprobaremos que la construcción de sociedades sobre la estructura adecuada tiene como consecuencia una atomización administrativa, bien sea a través del federalismo o del municipalismo, bien sea mediante Estados pequeños. No creo que haya un solo camino, y por lo tanto un solo nombre, para alcanzar cualquier meta en la vida, tampoco para minimizar el poder, que hoy viene en forma de colectivistas que plantean la organización social anulando al individuo y apelando al sentimentalismo. Si los cimientos han de ser los que son, porque no queda otra, los resultados a los que se llega tampoco tienen vuelta de hoja.

¿Quiere esto decir que debemos eliminar el sentimiento de adhesión a la nación o al país? En absoluto. Vistos los partidos de la selección suiza o islandesa, sus paisanos animan con el mismo ahínco que los nuestros, muchos rednecks americanos, dicen amar a su país mientras desprecian al gobierno federal y por supuesto, en todo esto que escribo hay una firme voluntad de vivir en la mejor de las Españas posibles, lo cual significa que si el primer ministro holandés, Mark Rutte, nos da un sopapo económico y el consejo más adecuado para salir de la crisis, yo para esto voy con Holanda por muchas patadas que soltara De Jong en Johannesburgo, porque resulta que ahora y para estos menesteres Holanda está jugando en nuestro equipo. No se trata de separar sentimiento de la razón. Cuando separas el anverso del reverso de una moneda, obtienes dos monedas con su anverso y su reverso cada una. Somos individuos y somos parte de algo, siempre y en cualquier momento. Se trata de ser capaces de saber cuando elegir cara y cuando cruz.

Foto: Pool Moncloa / Fernando Calvo



El espacio menguante de los medios de comunicación

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El espacio menguante de los medios de comunicación

José Carlos Rodríguez

Si no lo ha hecho aún, corra el lector a leer la carta de dimisión de Bari Weiss escrita a Arthur G. Sulzberger, publisher del diario The New York Times. Está pulcramente traducida al español por Pepe Albert de Paco. El nombre de Bari Weiss no le dirá nada, a no ser que hayan leído algo sobre el incidente protagonizado por el senador Tom Cotton precisamente en The New York Times. Lea, si no, a Dante Augusto Palma. El título de su artículo, No publicarás, parece ahora un augurio sobre la propia Weiss.

Más que una dimisión, parece una carta de despedida a un mundo que se desvanece. Es una llamada a los que se conforman, un testimonio para escándalo de historiadores futuros (ella menciona la historia en su misiva), y un ajuste de cuentas con el periódico y con su propia trayectoria profesional.

Weiss formaba parte del equipo editorial del diario. Los editores del diario la contrataron para que les ayudara a entender, a ellos y a sus lectores, la victoria de Donald Trump. Fue como un gran terremoto sobre una tierra sin fisuras, una catástrofe imprevisible; un cisne negro como el futuro de la democracia en América. O así lo entendió el diario. El realismo y el instinto de supervivencia le llevaron a abrirse, como dice Weiss, a “otros americanos”; a los que Hillary Clinton llamó “despreciables” y que The New York Times despreciaba desde una altura intelectual y moral en la que, efectivamente, a los votantes de Trump no se les divisa.

Weiss cuenta con detalle el acoso que ha sufrido por parte del staff del periódico; ella y todos a los que ella señalaba como sus amigos, o apoyos. Si estás con ella, estás contra nosotros es el lema que parece regir esa redacción

Aun con traje de protección biológica, la dirección del diario ha ido aceptando la entrada de opiniones que ponían en cuestión el dogma progresista. Pero la paciencia de algunos de sus compañeros se agotaba. El asunto de Tom Cotton es síntoma de esa exasperación. Esos contenidos amenazadores estaban sometidos a un escrutinio severo, “pero aún no ha aparecido ninguna nota adjunta a la entrevista de Cheryl Strayed a la escritora Alice Walker, una orgullosa antisemita que cree en illuminati reptilianos”.

Weiss cuenta con detalle el acoso que ha sufrido por parte del staff del periódico; ella y todos a los que ella señalaba como sus amigos, o apoyos. Si estás con ella, estás contra nosotros es el lema que parece regir esa redacción. El propio receptor de la carta, Sulzberger, alababa su entereza ante los ataques, pero sólo se atrevió a decirlo en privado. Es una censura implacable, pero efectiva. Cree la periodista que muchos de sus ex compañeros no comulgan con los últimos salmos de la religión progresista, pero ellos también ceden ante la presión de “un puñado de iluminados” que han asumido la labor de administrar una ortodoxia, en palabras de Weiss.

Weiss es la última noticia del mundo periodístico estadounidense, y como periodista he corrido a presentársela, pero no la única. Andrew Sullivan posee una de las inteligencias más agudas del periodismo estadounidense. Conservador y católico, es también abiertamente homosexual; un detalle biográfico que, al respecto de su papel de opinador, es mucho menos relevante para la derecha estadounidense que para la izquierda. Sullivan ha publicado su carta de despedida del New York Magazine.

“Lo que ha ocurrido, creo, es relativamente simple: Una masa crítica del staff y de dirección del New York Magazine y de Vox Media ya no quiere verse asociada conmigo y, en un tiempo de presupuestos cada vez más estrechos, me he convertido en un lujo que ya no quieren permitirse”, escribe Sullivan. Como en el caso de Weiss, el conflicto de Sullivan con su publicación es que no se ha adherido al dogma del momento. El problema es que “cualquier escritor que no se adhiera a la teoría crítica en cuestiones de raza, género, orientación sexual e identidad de género está dañando activamente, físicamente a sus compañeros simplemente por existir en el mismo espacio virtual”.

Es, dice, como si todos estuviésemos sometidos al sectarismo de los campus universitarios; de ese Harvard en el que sólo un 1,46 por ciento de los estudiantes se reconoce conservador. Es conservador, dice el periodista, “lo que en mi caso quiere decir que me opongo apasionadamente a Donald Trump, fuí pionero en el matrimonio homosexual, apoyo la legalización de las drogas, la reforma criminal y de la justicia, una mayor redistribución de la riqueza, una acción decidida contra el cambio climático, la reforma policial, una política exterior realista y que las leyes protejan a los transexuales de la discriminación”. Apoyó a Obama al principio y ha anunciado su voto por Biden. Y acaba preguntándose: “Me parece que, si este conservadurismo es tan repugnante que muchos de mis compañeros se avergüenzan de estar trabajando en la misma revista, no tengo ni idea de qué versión del conservadurismo podrían llegar a tolerar”.

Quienes conocemos a Sullivan, lo hemos leído durante quince años en su blog, The Daily Dish. A él vuelve. A la libertad radical de la URL, donde se atrincheran otros pensadores independientes “que no están sujetos al espacio, cada vez más estrecho, del pensamiento aceptable de los medios de masas”.

¿Cuál es la causa de este “nuevo macartismo” del que habla Weiss? En el asunto de Tom Cotton, ella recurrió para explicarlo a Jonathan Haidt y Greg Lukianoff. En La transformación de la mente moderna hablan del safetysm, quizás el “segurismo”. En cualquier caso la pretensión de no estar sometido a la insoportable tensión de enfrentarse a un pensamiento alternativo, que ponga en duda las nuevas certezas, que eche por tierra el desgaste psicológico de haber actualizado el credo. Mientras que el cristianismo reza el mismo credo desde hace casi mil setecientos años, la teoría crítica exige una actualización constante.

Quizás sea sólo eso. Muchos buscan una seguridad en un mundo sin referencias claras. Una seguridad que les permita decir que ellos son buenos, que están en el lado correcto de la historia en este preciso minuto. Quizás sólo sea la búsqueda de un avatar que nos permita jugar sin sobresaltos en esta vida literalmente intrascendente; un salvoconducto que nos permite vivir, seguir nuestro camino sin más pretensiones.

Ahora Weiss forma parte de lo que ella llamó oscura red intelectual de renegados. Una red sin apenas nodos en los que se encuentran pensadores unidos sólo por su decisión de no sucumbir a la resignación.

Foto: dimitrisvetsikas1969



L@s pres@s polític@s del Procés alcanzarán el tercer grado penitenciario a partir de este fin de semana

kaosenlared.net

L@s pres@s polític@s del Procés alcanzarán el tercer grado penitenciario a partir de este fin de semana

Por Kaos.Països Catalans

Carme Forcadell, Dolors Bassa, Oriol Junqueras, Jordi Turull, Raül Romeva, Josep Rull, Joaquim Forn, Jordi Cuixart y Jordi Sánchez dormirán en prisión 4 días a la semana


Cuando ya se van acercando los 3 años desde que fueran encarcelad@s l@s primer@s, , Carme Forcadell, Dolors Bassa, Oriol Junqueras, Jordi Turull, Raül Romeva, Josep Rull, Joaquim Forn, Jordi Cuixart y Jordi Sánchez dormirán en prisión 4 días a la semana a partir de este fin de semana, como consecuencia de la aplicación del tercer grado penitenciario, tal y como establece el artículo 83 del Reglamento penitenciario.

Avui dormiré a la presó i demà i passat demà i la setmana entrant i l'altra i moltes altres. No hi ha semillibertat, la llibertat és o no és i nosaltres, els presos i preses, no en tenim. El tercer grau no és llibertat és el compliment de la condemna.

— Carme Forcadell (@ForcadellCarme) July 14, 2020

Así lo han decidido las juntas de tratamiento de las prisiones de de Wad-ras, Lledoners y Puig de les Basses, según ha informado la Secretaria de medidas penales, rehabilitación y atención a las víctimas. A paertir de ahora, l@s pres@s pasarán entre 8 y 11 horas al día en el centro penitenciario y dormirán 3 días cada semana en su domicilio.

Argentina. La mafia de la deuda

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Argentina. La mafia de la deuda

Por Pablo Anino

En la reestructuración de la deuda argentina la realidad supera la ficción. Billions, la serie disponible en Netflix donde Bobby “Axe” Axelrod acumula riquezas con su agresivo fondo de inversión, se queda corta en comparación con los métodos con que negocian la reestructuración de deuda los lobos de Wall Street [1]. El mexicano Gerardo Rodríguez Regordosa fue el primer negociador frente al equipo económico argentino en representación de BlackRock, el principal fondo especulativo del mundo. Fue quien amenazó meses atrás al ministro de Economía, Martín Guzmán: afirmó que si ellos querían podían cambiar a los directivos del FMI y esperar a que él no esté más para obtener mejores condiciones.

Finalmente, Rodríguez Regordosa fue reemplazado por la abogada Jennifer O´Neil luego de la intermediación de jugadores interesados, tal es el caso de otro mexicano, David Martínez, socio del Grupo Clarín y dueño del fondo de inversión Fintech, uno de los acreedores de Argentina. Los modales cambiaron: O’Neil es una negociadora más amable. No obstante, las amenazas siguen en pie. BlackRock lidera el “Grupo Ad Hoc”, que también integran los fondos Fidelity y Ashmore. El rechazo de esta parte de los especuladores es la principal traba que parece tener por delante la reestructuración de deuda argentina. Aparentemente, la diferencia reside en detalles contractuales. No obstante, los trascendidos indican que BlackRock presiona para que Alberto Fernández se vea obligado a realizar una negociación directa con Donald Trump y el Tesoro de los Estados Unidos, donde, además de cuestiones financieras, se discutan aspectos geopolíticos.

Martín Guzmán mantuvo firmes sus buenos modales, su tono moderado en la argumentación, su estilo sencillo y humilde, al tiempo que flexibilizó todos sus principios: su idea de “última oferta”, enarbolada en abril, está enhebrada en un álgebra móvil que cede cada vez más dólares a los acreedores. El lunes 6 de julio el Gobierno formalizó frente a la Security and Exchange Commission (SEC, la Comisión de Valores de los Estados Unidos) una nueva oferta para la reestructuración de deuda: propone pagar U$S 53,5 por cada U$S 100 adeudados [2]. El efecto de la reestructuración es que los especuladores ganen menos de lo que tenían planificado. Pero ninguno pierde. En realidad la quita de capital es insignificante: 1,9 % promedio ponderado para las distintas series de bonos [3]. De abril a julio, el ministro de Economía pasó de ofrecer U$S 40 a ofrendar U$S 53,5: según varios analistas financieros, esto implica unos U$S 15 mil millones adicionales de pagos de deuda en relación a los cálculos de hace tres meses atrás. En la negociación, Guzmán fue dejando de lado otros principios. El 1 de junio, a pedido del ministro, el FMI hizo un estudio de sostenibilidad que afirmaba que existía muy poco margen para mejorar la oferta, que en ese entonces se ubicaba en U$S 47. Con la nueva propuesta es muy probable que se esté vulnerando el marco de sostenibilidad en el que tanto énfasis hizo Guzmán. No solo eso. El FMI, que siempre falla en sus mal intencionados pronósticos, realizó aquél análisis con los escenarios económicos de marzo, antes que la pandemia del coronavirus dejara expuestas todas las debilidades previas de la economía mundial y la Argentina. Toda la historia económica reciente muestra lo falaz de estos estudios, por lo rápido que la deuda pasa de ser supuestamente “sostenible” e evidenciarse como una hipoteca impagable: el documento del FMI es directamente ciencia ficción.

Los bonos en manos de los especuladores cotizaban a U$S 30 dólares antes de que se iniciaran las negociaciones gracias al default virtual y el derrumbe económico que dejó Mauricio Macri. En la actualidad, cotizan encima de U$S 40 dólares. Quienes acepten el canje van a obtener U$S 53,5, lo cual implica una recuperación patrimonial significativa en relación a fines del año pasado. Por la naturaleza de la especulación financiera, no hay información pública sobre a qué valor compró cada tenedor el bono. Si bien muchos tenedores pueden haber comprado U$S 100, U$S 80 o en una amplia gama de cotizaciones intermedias, existen algunos acreedores que compraron justamente a U$S 30, cuando esos bonos se devaluaron y estaban a “precios de remate”. En esos casos, las ganancias patrimoniales son gigantescas: casi del 80 %. Tanto que, incluso, el Gobierno apuesta a que este sector sea el que le permita un canje exitoso.

Los detalles técnicos son difíciles de ponderar para la mayoría del pueblo trabajador que va a sufrir la hipoteca que significa la deuda, pero los respaldos del exministro de Finanzas macrista, Luis Caputo, y de Domingo Cavallo dan cuenta de la generosidad de la oferta del Guzmán. Además, la propuesta del actual ministro contiene una cesión de soberanía, en tanto se emite con prórroga de jurisdicción: esto significa que, frente a cualquier litigio, las reglas y los árbitros son extranjeros. De esta forma, queda abierta la puerta a que en el futuro aparezcan nuevos Thomas Griesa, el fallecido juez neoyorquino que impuso, con el beneplácito del Congreso Nacional, pagar una millonada a los fondos buitre.

Mientras BlackRock esgrime todas sus armas extorsivas para defender sus intereses, el Gobierno de Alberto Fernández busca destrabar la negociación con el lobby del Papa Francisco y de economistas que luego de haber servido al capital financiero hicieron un mea culpa por los “daños colaterales” causados por el neoliberalismo, como Joseph Stiglitz, quien fuera asesor del presidente yanqui, Bill Clinton, y economista jefe del Banco Mundial. Estos respaldos se confrontan con la misma tragedia del ministro de Economía de Raúl Alfonsín, Juan Carlos Pugliese, quién le habló al corazón de los “mercados” que, insensibles, le contestaron con el bolsillo.

La propuesta de Guzmán también recibió el respaldo del FMI, el G-20 y el Club de París. El gobierno postergó los pagos de este año con el Club de París y pidió una rebaja de la tasa de interés desmedida que acordó Axel Kicillof en 2014 para pagar una deuda con origen en la dictadura. Si logra cerrar un acuerdo con los acreedores privados, lo cual todavía no tiene asegurado, el próximo paso de Guzmán será negociar con el FMI, quien no acepta ninguna quita y vela por asegurarse el cobro del préstamo más grande de su historia. Un acuerdo con el Fondo es, a la vez, exigido por el Club de París. Así se entienden mejor esos apoyos “bien” intencionados. El resultado final de la reestructuración sigue abierto [4]. La oferta argentina estará vigente hasta el 4 de agosto.

En su reciente informe de estabilidad financiera [5], el FMI advierte que “tanto en las economías avanzadas como en las de mercados emergentes, la carga de la deuda de empresas y hogares podría tornarse inmanejable”. Según el FMI, otro foco de inestabilidad se encuentra en los que denomina mercados emergentes (países dependientes, semicoloniales, según los marxistas) que, a pesar de cierta distensión en relación a los primeros meses de la pandemia, siguen enfrentando riesgos para cubrir sus necesidades de financiamiento. En este contexto crítico, con un mundo que acumula una montaña de deudas de empresas, familias y Estados (deudas que alimentaron las ganancias financieras exorbitantes desde la salida de la crisis de 2008/2009), el resultado de la reestructuración de deuda argentina puede actuar como una suerte de “paritaria testigo” a escala global para esa montaña de deudas que, eventualmente, puede ingresar en un proceso de reestructuración en medio de la crisis global [6].

Asociación ilícita

El Banco Central indica que “El conjunto de políticas económicas que se aplicaron desde diciembre de 2015 facilitaron la fuga de capitales por más de USD 86.000 millones” [7]. La mayor parte del endeudamiento macrista financió la fuga de capitales; en particular el préstamo del FMI se esfumó casi todo en fuga. Casi el 30 % de toda la salida de capitales de la era macrista la realizaron 100 agentes sobre los cuales la entidad financiera no ofrece detalles. La información sí fue difundida por Horacio Verbitsky en su portal El Cohete a la luna: Telefónica, Pampa Energía, Western Union, American Express, General Motors, Shell, Cervecería y Maltería Quilmes, Telecom, Cohen Sociedad de Bolsa e YPF están en el top ten de fugadores [8].

A fines de mayo, en el Congreso, se reunió la Comisión Bicameral de Seguimiento de la Deuda Externa con el objetivo de pedir al Banco Central que detalle los nombres de los que fugaron capitales (los mismos que difundió Verbitsky) y al Ministerio de Economía que indique cómo fue la elección de bancos colocadores de deuda durante el macrismo. En esa reunión se denunció de todo: Oscar Parrilli (Frente de Todos) explicó que en los últimos tres años de Macri se fugaron capitales a guaridas fiscales para pagar menos impuestos; Maurice Closs (FdT) señaló que el gobierno anterior le daba garantía a los fondos especulativos y bancos internacionales para que hicieran ganancias del 40 % en dólares: Luis Tailhade (FdT) dijo que J.P. Morgan se llevó millones de dólares del Banco Central en abril de 2018 provocando la devaluación del peso argentino; Carlos Heller (FdT) se preguntó cuánto de lo fugado califica cómo ilícito y cuánto se explica por la famosa “bicicleta financiera”, a la vez que cuestionó que siga vigente la Ley de Entidades Financiera de la dictadura militar que contiene una filosofía: los bancos hacen lo que quieren. Fernanda Vallejos (FdT) unió cabos: contó que el Congreso investigó 4040 cuentas bancarias activas durante 2006 y 2007 a través de las cuales HSBC organizó la evasión de impuestos y fuga de capitales de los más ricos del país a Suiza; que recientemente AFIP abrió una causa sobre otras 950 cuentas bancarias localizadas en el exterior de sujetos que evadieron impuestos; que hay otra la lista de quienes compraron dólares durante la crisis de 2008 y 2009; y otra lista más de la fuga de 2011; a lo que se suma la información que surge de los Panamá Papers. ¿Cuál es el hallazgo? Vallejos indicó que se repiten los nombres de los fugadores en todas las listas [9].

Ricardo Buryaile (UCR-Cambiemos) dijo que había que ir más atrás en la investigación: investigar, por ejemplo, los canjes de 2005 y 2010. No le faltan razones. El actual director del Banco Central, Claudio Lozano, es su libro La deuda ilegítima [10] dice que el canje de 2005 fue inconstitucional e ilegal en tanto sirvió para regularizar la deuda del “blindaje” y del “megacanje”, operaciones sospechadas de fraudulentas, realizadas por el Gobierno de la Alianza. Buryaile metió el dedo en la llaga: dijo que a la vez que la Bicameral comprobó que el HSBC es responsable del lavado de activos, es una de las entidades que eligió Martín Guzmán para llevar adelante la reestructuración de deuda.

Es paradójico: HSBC, a través de su exCEO, Gabriel Martino, fue uno de los principales socios en los negociados de la deuda durante la gestión Cambiemos, tanto que fue quien ofició de celestino entre el fondo especulativo Franklin Templeton y el expresidente. Hay que prestar atención a este dato porque parece increíble, pero es real: Guzmán contrató al HSBC para que “solucione” la crisis de la deuda argentina.

En ese debate parlamentario, el cruce de denuncias mutuas expuso la asociación ilícita que actúa detrás de la deuda y la fuga de capitales: se trata de dos engranajes de un mecanismo de vaciamiento donde el empresariado nacional es socio menor del gran capital internacional. El sistema bancario es el instrumento de la fuga. No es un hecho novedoso. La investigación del Congreso sobre la fuga de capitales de 2001 concluyó que el 75 % de los montos fugados se canalizaron a través del Citibank, Banco de Galicia, Banco Río (actual Santander), BBVA Francés, Banca Nazionale del Laboro y, otra vez, el HSBC [11]. Esto ocurría mientras al pequeño ahorrista lo encerraban en el “corralito”. La fuga no se detuvo en los gobiernos kirchneristas. De hecho, es lo que surge del detalle de las listas que mencionó Vallejos, que abarcan casi dos décadas: más de U$S 100 mil millones se fueron del país en los gobiernos de Néstor y Cristina, solo que en ese momento se financió la fuga con divisas del superávit del comercio exterior gracias a los precios extraordinarios de las materias primas de exportación.

En aquella reunión de Comisión Bicameral del mes de mayo, Romina del Plá y Nicolás del Caño, que participaron del debate con un planteo de desconocimiento soberano de la deuda, estaban en condiciones de decir: “señor juez, no más preguntas”. Es evidente que el endeudamiento argentino califica como deuda odiosa, en tanto fue contraído contra los intereses de las mayorías populares. También es evidente que BlackRock es solo el “Al Capone” de una mafia mundial conformada por los fondos de inversión, el sistema bancario y los organismos internacionales como el FMI. No obstante, todo el régimen político capitalista se prepara para convalidar este saqueo. Quizás allí resida el apoyo de Luis Caputo a la propuesta de Guzmán, quien luego de haber estafado al país con un bono a cien años debe estar pensando lo bueno que es hacer borrón y cuenta nueva.

Argentina1307 IIbEl Congreso y el Banco Central hasta el momento solo han realizado un simulacro de investigación, sin ninguna consecuencia para los que vacían el país, que siguen ganando como siempre. El sistema bancario sigue ganando mucho: $ 74 mil millones entre enero y abril, el equivalente a $ 25 millones por minuto. Una buena parte de su rentabilidad proviene del negocio de las Leliq, cuyos intereses paga el Banco Central. La banca ni siquiera cumple el rol que le está supuesto en el capitalismo: canalizar recursos para promover el crédito. El desconocimiento soberano de la deuda, es decir un no pago a BlackRock y el resto de los especuladores impulsado por la movilización popular debe ir acompañado del planteo de nacionalización de la banca, que en manos privadas es un instrumento más del vaciamiento del país.

Un Caballo de Troya para la “reconstrucción”

La deuda es un mecanismo de dominación que atraviesa toda la historia del país. Pero, evidentemente, pegó un salto de calidad y cantidad en un esquema amplio de ataque a las condiciones de vida regido por el neoliberalismo. Desde la dictadura cívico-militar, iniciada el 24 de marzo de 1976, hasta la actualidad el balance es claro: la pobreza de ser menor al 10 % en los ’70 alcanzó un nuevo piso histórico de al menos un cuarto de la población para expandirse a más del 50 % en momentos de crisis profundas, como en 2001-2002 (un nivel que podría alcanzar nuevamente este año), el desempleo se consolidó en alrededor un décimo de la población activa (es decir, la que busca o tiene trabajo; sin contar la que se cansó de patear sin encontrar empleo) y trepó a más del 20 % en 2002. A lo que se suma una distribución de la riqueza más desigual. De la mano del sometimiento que implica la deuda avanzaron las privatizaciones, que desde los ’90 dejaron en manos privadas los servicios públicos. Desde 2011, el país alcanza casi una década de estancamiento económico y retroceso del PIB per cápita.

La restricción externa, es decir la crónica escasez de dólares para el crecimiento y el desarrollo económico, brota de una estructura económica atrasada que para sostener su actividad requiere de dólares para importar bienes intermedios y maquinaria para la industria, e incluso también para el sector agropecuario desde que su “modernización” de las últimas décadas requiere cada vez más insumos y tecnología importada. Pero esa escasez de dólares es acentuada por la fuga de capitales, los pagos de la deuda y los envíos de ganancias a sus casas centrales que hacen las empresas extranjeras. La mayor extranjerización del aparato productivo es otra de las consecuencias de las políticas económicas de las últimas décadas: el capital imperialista explica el 78 % del Valor Bruto de la Producción (VBP) entre las 500 grandes empresas del país [12].

La derecha acusa perversamente a un supuesto populismo de la decadencia histórica del país, cuando es la clase social capitalista que domina los resortes estratégicos de la economía la responsable. El gobierno rechaza los postulados neoliberales, e incluso exhibe tensiones fuertes con un sector del capital financiero por la reestructuración de la deuda, pero anuncia que prepara la “reconstrucción” de la mano de esa misma clase social que dejó al país en las condiciones actuales. En la celebración del 9 de julio, Alberto Fernández convocó a Olivos al Grupo de los Seis (G-6): Miguel Acevedo y Carolina Castro (Unión Industrial Argentina), Adelmo Gabbi (Bolsa de Comercio), Eduardo Eurnekian (Cámara Argentina de Comercio), Javier Bolzico (Asociación de Bancos Argentinos), Néstor Szczech (Cámara Argentina de la Construcción) y Daniel Pelegrina (Sociedad Rural Argentina). El anunció de un impuesto a las grandes fortunas se posterga infinitamente mientras se envía un proyecto al Congreso para establecer una moratoria impositiva que beneficiará, fundamentalmente, al gran capital. El oficialismo propone un nuevo blanqueo de capitales para que los fugadores seriales aporten a la reconstrucción. Un desatino.

En otro plano, la deuda es un Caballo de Troya que pone límites estrechos a cualquier plan keynesiano, “mini” Marshall, o plan de reconstrucción, según el “marketing” que hace el oficialismo de la idea de superar la actual crisis. La negociación de Guzmán comprende la deuda emitida bajo jurisdicción extranjera: apenas un 20 % del total. Sí, es cierto, es el tramo más complejo de negociar: allí está BlackRock como testimonio. Pero resta reestructurar otro 80 %. Una parte es más sencilla, aunque no menos onerosa: se trata de deuda emitida bajo jurisdicción local (¡milagro! rige la ley argentina). Y, como si fuera poco, falta negociar la deuda con el FMI.

Antes de ser ministro, Guzmán afirmaba que Argentina necesitaba de tres a cuatro años de gracia para volver a crecer y poder pagar. El plazo de gracia de Guzmán se fue achicando hasta casi hacerse imperceptible: el año próximo comienzan los pagos. Es cierto, que de ser exitosa la reestructuración, los pagos con acreedores privados serán reducidos en 2021 y 2022. No ocurre lo mismo con los pagos con organismos internacionales, como el FMI, el BID y el Banco Mundial, a los cuales el año próximo habrá que pagar U$S 7.400 millones. En 2022 y 2023, los pagos al Fondo y organismos internacionales se elevan por encima de los U$S 20 mil millones cada año. ¿Cómo hará el oficialismo para juntar esos dólares en medio de una crisis económica, sanitaria y social de dimensiones históricas? Por fuera de la magia, es difícil encontrar la respuesta. ¿Negociará con el FMI un acuerdo de facilidades extendidas para postergar los pagos? La historia indica que con el Fondo nada es gratis: a cambio de ese tipo de acuerdos exige reformas regresivas en los ámbitos previsional, laboral e impositivo.

Hasta el FMI reconoce que, en escenarios irrealmente optimistas, en el mediano plazo entre el 3 % y el 5 % del PIB (lo que produce Argentina cada año) se tendrían que destinar a pagos de deuda. Es decir, es la proporción de la riqueza creada por las manos de las trabajadores y trabajadoras argentinas que se llevarán los especuladores en las siguientes décadas.

De la dictadura hasta la actualidad se pagaron más de U$S 600 mil millones. La deuda no paró de crecer: pasó de ser U$S 8 mil millones en 1976 a elevarse a U$S 321 mil millones cuando se fue Macri. La deuda, como mecanismo de dominación, comprende el mismo castigo de Sísifo que, según la mitología griega, tenía que empujar cuesta arriba por una montaña una piedra que, previo a llegar a la cima, volvía a desbarrancarse hacia abajo. Sísifo repetía el frustrante y absurdo procedimiento una y otra vez.

Como fue desarrollado en el manifiesto programático publicado por el PTS en el Frente de Izquierda-Unidad, para poner fin a la dominación del país y a la decadencia nacional, es necesario imponer el desconocimiento soberano de la deuda, la nacionalización de la banca y el monopolio estatal del comercio exterior, propuestas integradas en un programa para que la crisis la paguen los capitalistas. La clase trabajadora tiene la tarea de terminar con la irracionalidad capitalista reorganizando la estructura económica en función de atender las necesidades sociales.

Pablo Anino, licenciado en Economía con Maestría en Historia Económica. Es docente en la UBA (Universidad de Buenos Aires. Milita en el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Es columnista de economía en el programa de radio El Círculo Rojo y en La Izquierda Diario.

Notas

[1] Se les dice así en referencia a El lobo de Wall Street, la película de Martin Scorsese donde el desenfrenado corredor de bolsa Jordan Belfort lleva una vida de lujos y excesos.

[2] Este número resulta de un cálculo técnico que estima lo que se llama valor presente neto de los desembolsos futuros, donde dicho sea de paso se utiliza una tasa de “exit yield” (una tasa de rendimiento “teórica” del canje) del 10 % que favorece a los acreedores. Si se aplica una “exit yield” menor, el valor presente neto es mayor y el descuento menor.

[3] La oferta oficial contiene una tasa de interés creciente que parte en 0,125 % y se eleva progresivamente hasta 4,125 %. Argentina ofrece tasas menores que las draconianas pagadas por Mauricio Macri, pero elevadas en un mundo de rendimientos por el suelo: el bono a diez años de los Estados Unidos tiene un rendimiento menor al 1 %. Alemania, Francia, Suecia, Bélgica, Holanda o Suiza pagan tasas de interés negativas. No solo eso: España que hace pocos años vivió una crisis de deuda, hoy paga 0,5 %; Grecia, todavía siente descargas por su monumental crisis y reestructuración de su deuda, pero paga 1,5 %. En América del Sur, Perú paga 3,5 %.

[4] Existe otro “Grupo de Tenedores de Bonos del Canje”, liderado por Monarch, que no está claro en este momento si está con BlackRock o se está acercando a una postura de aceptación. El “Comité de Acreedores de Argentina”, que lidera Greylock, representa unas 30 empresas y fondos de inversión, consideró “razonable” la oferta oficial. Otro grupo manifestó aceptación es el representado por el UBS (Unión de Bancos Suizos) que negocia en nombre de Gramercy y Fintech. Este último fondo, como se mencionó, es propiedad del mexicano David Martínez, un socio del Grupo Clarín.

[5] Actualización del Informe sobre la Estabilidad Financiera Mundial (Junio 2020), titulado “Las condiciones financieras se han distendido, pero las insolvencias son un riesgo predominante”.

[6] Recientemente, en Ecuador una reestructuración de deuda con U$S 60 de valor presente neto. Ese país también enfrenta una larga crisis, que se agudizó en octubre de 2019 por las protestas desatacadas por los planes acordados con el FMI. Pero el endeudamiento argentino tiene una escala muy superior.

[7] Banco Central de la República Argentina (Mayo 2020), “Mercado de cambios, deuda y formación de activos externos, 2015-2019”.

[8] Los 100 de Macri. Disponible en: https://www.elcohetealaluna.com/los-100-de-macri/.

[9] La sesión completa de la Comisión se puede ver aquí: https://www.youtube.com/watch?v=uhy4XB_fPIk .

[10] Claudio Lozano (2019), La deuda ilegítima. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Editorial Autonomía.

[11] Comisión Especial Investigadora de la Cámara de Diputados sobre Fuga de Divisas de la Argentina durante el año 2001. (2005). Fuga de divisas en Argentina 2001 / Informe final. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina / Flacso, p. 66.

[12] El dato corresponde a 2018 y surge de la última Encuesta Nacional a Grandes Empresas que elabora Indec. Disponible en: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/enge_01_207610BFF62A.pdf

Ideas de Izquierda

correspondenciadeprensa.com/2020/07/13/argentina-la-mafia-de-la-deuda/