A traves de la historia han existido 265 Papas, de estos
81 han sido canonizados (segun datos de la iglesia catolica) acá les
presento algunos de ellos o por lo menos los que mas revuelo causaron
sus actos mientras estuvieron sentados en el trono de la "santa sede".
No
podemos cerrar los ojos a la historia, ni a la realidad de quienes se
autoproclaman como los "Santos Padres", los "Vicarios de Cristo", el
"Obispo de obispos" o el "Vicediòs", muchos de ellos han sido de todo,
menos hombres santos.
El papa Sergio II
Reinó del 904 al 911, obtuvo la oficina papal por medio del asesinato.
Los anales de la Iglesia de Roma hablan sobre su vida en pecado con
Marozia, una conocida prostituta de esa época, quien le engendró varios
hijos ilegítimos.
Este papa fue descrito por Baronio y otros escritores eclesiásticos como
un «monstruo» y por Gregorio como un «criminal aterrorizante». Dice un
historiador: «Por espacio de siete años este hombre ocupó la silla de
san Pedro, mientras que su concubina, imitando a Semíramis madre,
reinaba en la corte con tanta pompa y lujuria, que traía a la mente los
peores días del viejo Imperio». Refiriéndose a otra, dice:
«Esta mujer -Teodora de nombre-, junto con Marozia, la prostituta del
Papa, llenaron la silla papal con sus hijos bastardos y convirtieron su
palacio en un laberinto de ladrones».

Imagen de Sergio II
Y así, comenzando con el reino del papa Sergio, vino el período (904-963), conocido como «el reinado papal de los fornicarios».

© CC
Ilustración de Juan X
Teodora hizo papa a
Juan X (914-928).
Este había sido enviado a Ravena como arzobispo, pero para satisfacer
sus deseos carnales, lo hizo volver a Roma y lo hizo nombrar papa. Su
reinado tuvo un fin súbito, cuando Marozia lo asesinó.
Marozia quería deshacerse de Juan X para, de esta manera, poder llevar a
León IV (928-929),
al oficio papal. Su reinado fue muy breve, pues éste también fue
asesinado por Marozia cuando ella se enteró de que este había entregado
su cuerpo a una mujer más descarada que ella.
Poco después llevó a su propio hijo ilegítimo (de Sergio III) al trono
papal. ¡El muchacho era todavía un adolescente! Tomó el nombre de
Juan XI. Pero durante un altercado con los enemigos de su madre fue azotado y puesto en prisión, donde lo envenenaron y murió.
En el año 955 el nieto de la prostituta -después de varios encuentros
sangrientos- pudo tomar posesión del trono pontificio bajo el nombre de
Juan XII.
Llegó a ser tan corrompido que los cardenales se vieron obligados a
hacer cargos contra él. Este rehusó a presentarse para contestar a las
acusaciones y en vez de esto, ¡los amenazó con excomulgarlos a todos!
Aun así le hallaron culpable de varios crímenes y pecados, incluyendo
los siguientes:
hizo prender fuego a varios edificios, bebió un
brindis dedicado al demonio, jugó a los dados e invocó la ayuda de los
demonios, obtuvo dinero por medios injustos y fue enormemente inmoral.
Tan viles fueron sus acciones, que incluso el notable obispo católico romano de Cremorne, Luitprand, dijo de él:
«Ninguna mujer honesta se atrevía a salir en público con él, porque el
papa Juan no tenía respeto a mujeres solteras, casadas o viudas, puesto
que él faltaba al respeto aun a las tumbas de los santos apóstoles,
Pedro y Pablo».
Levantó la ira del pueblo al convertir el Palacio Laterano en «una casa de prostitución pública» y fue descrito por el
Liber Pontificalis con las siguientes palabras:
«Pasó toda su vida en adulterio». Finalmente, su vida terminó mientras cometía adulterio: el furioso esposo de la mujer con las que copulaba, lo mató.
El Papa Formoso rigió los designios de la iglesia católica desde el año
891 hasta su muerte en el año 896. Durante su pontificado, se produjeron
a su alrededor las habituales tramas, engaños y todo tipo de actos por
parte de los nobles de la época.
Formoso se creó gran cantidad de amigos... pero aún más enemigos, que le seguirían hasta la tumba.
Le sucedió en el trono Bonifacio VI, que murió de gota apenas 15 días
después. Y tras él... llego Esteban VI que impulsó la realización de un
juicio sumarísimo al antiguo Papa, que no le había apoyado en vida.
Formoso fue acusado de dejarse elegir obispo de Roma estando a la cabeza
de otra diócesis -debido a que había una ley canónica que prohibía a
los obispos a trasladarse de una diócesis a otra-. Su elección, por
tanto, fue declarada inválida, como inválidas fueron consideradas todas
las ordenaciones que confirió durante su reinado.
Con este juicio Esteban quiso ponerse a resguardo de que lanzaran contra
él una acusación análoga, puesto que también él era obispo de otra sede
cuando fue elegido para la de Roma: al anular las acciones de Formoso,
este nombramiento quedaba invalidado.

'El papa Formoso y Esteban VI', de P. Laurens. Muestra a Esteban VI que
desenterró el cadáver de su predecesor y rival, lo juzgó y lo arrojó al
río Tíber
Como es evidente, el cadáver de Formoso
asistió en completo silencio a las acusaciones, insultos y gritos que le
lanzaba su sucesor. Eso sí, aquellos que le juzgaron tuvieron la
"deferencia" de situar a su lado a un diácono - que aguantaba como podía
las arcadas producidas por el hedor de la descomposición - para que le
representara, a modo de moderno "abogado de oficio".
Finalmente Formoso - como era previsible - fue declarado culpable y, no
contentos con el escarnio al que le habían sometido después de muerto,
le cortaron los tres dedos que utilizaba para bendecir y le arrastraron
por el palacio. Después tiraron su cuerpo a una fosa común. Finalmente
Esteban, aún no contento con lo que había hecho, volvió a exigir su
exhumación y Formoso acabó en las aguas del Tíber.
Pero quizá el peor castigo, más grave que las vejaciones a un cadáver
que, después de todo, ni sentía ni padecía, fue la aplicación a Formoso
de la llamada Damnatio memoriae, una práctica que ya se practicaba en la
antigua Roma y que consistía, ni más ni menos, que en borrar cualquier
vestigio histórico del que lo sufría. En definitiva, el receptor de tal
castigo y sus acciones eran borrados de la Historia, como si nunca
hubieran existido.
Meses después de la celebración del Concilio Cadavérico o Sínodo del
cadáver, una multitud descontrolada - sabiamente aprovechada y dirigida
por los partidarios y defensores del papa Formoso - atraparon al
pontífice y le llevaron a prisión.
Poco después
Esteban VI, quien un día se había atrevido
a profanar la tumba de su antecesor, moría asesinado en prisión - por
estrangulamiento - en agosto de 897.
La Iglesia Católica no reconoce oficialmente el Sínodo del Cadáver
aunque sí ha llegado a admitir que ha habido Papas que no han sido
precisamente modelos de santidad: asesinos, licenciosos o papas que han
sucedido a sus propios padres en el trono papal.
El papa
Bonifacio VII (984-985)
mantuvo su posición a través de cuantiosas distribuciones de dinero
robado. El obispo de Orleans se refirió a él (y también a Juan XII y
León VIII), como «monstruos de culpabilidad, llenos de sangre y
suciedad», y como
«Anticristos sentados en el templo de Dios». Además, Bonifacio fue un asesino.
Hizo que el papa Juan XIV fuera encarcelado y envenenado. Cuando el papa
Juan murió, el pueblo romano arrastró su cuerpo desnudo por las calles.
La sangrienta masa de carne humana que había sido un papa, fue dejada a
los perros. A la mañana siguiente, sin embargo, algunos sacerdotes lo
enterraron secretamente. Bonifacio asesinó al papa Benedicto VI
estrangulándolo.
El papa Silvestre II lo llamó
«un horrendo monstruo que sobrepasó a todo mortal en su maldad». Pero, evidentemente, el papa Silvestre no era mucho mejor, pues la Enciclopedia Católica dice que
«... el pueblo le consideraba como un mago pactando con el diablo».
Enseguida vino el papa
Juan XV (985-996), quien dividió
las finanzas de la Iglesia entre sus familiares, lo que le trajo la
reputación de ser «codicioso, de torpes ganancias y corrompido en todas
sus acciones».
Benedicto VIII (1012-1024) «compró el oficio de papa por medio de chantaje».
El siguiente papa,
Juan XIX (1024-1033), también compró el papado y pasó por toda la escala de títulos eclesiásticos reconocidos en un solo día.
Después de esto,
Benedicto IX (1033-1045)
fue elegido papa, siendo apenas un niño de 12 años, por medio de
arreglos monetarios con las poderosas familias que manejaban a Roma.
Este papa-niño creció en la maldad y
«cometió homicidios y adulterios en pleno día; hizo robar a peregrinos en las catacumbas de los mártires». Fue un horrendo criminal a quien el pueblo desterró de Roma.
Finalmente, la compra y venta del cargo papal se hizo tan común y la
corrupción tan pronunciada que los gobernantes seculares tuvieron que
intervenir en el nombramiento de los papas. Enrique III, emperador de
Alemania, eligió a
Clemente II (1046- 1047), que era un clérigo alejado de la corte papal porque
«ningún sacerdote romano pudo ser hallado limpio de corrupción de simonía y de fornicación», declaró un historiador.
Muchos de los papas fueron asesinos, pero sin duda alguna
Inocencio III (1194-1216)
sobrepasó a todos sus predecesores en homicidios. Durante su reinado,
Inocencio (el cual era todo menos «inocente»), hizo asesinar a más de
cien mil supuestos «herejes». El promovió la más infame y diabólica
acción en la historia de la humanidad:
"La Santa Inquisición".

Inocencio III. Fresco en la iglesia del Sacro Speco, en Subiaco. Siglos XIII
Por espacio de más de 500 años, los papas usaron la Inquisición para
poder mantener el poder. No se tiene constancia del número de personas
inocentes fueron asesinadas al no estar de acuerdo con las enseñanzas de
la Iglesia Católica Romana. De momento, ningún papa ha pedido perdón
por la Santa Inquisición.
El papa
Bonifacio VIII (1294-1303) -otro de la negra
lista medieval- practicó la brujería. Llamó mentiroso e «hipócrita» a
Cristo, profesó ser ateo, negó la vida futura y fue un
homicida y un pervertido sexual. Oficialmente dijo lo siguiente:
«El darse placer a uno mismo o con mujeres, es tan pecado como frotarse
las manos». Y -aunque parezca imposible- él fue quien escribió la bula Unam Sanctum,
en la cual declaró oficialmente que la Iglesia Católica es la única y
«verdadera» Iglesia, ¡fuera de la cual nadie puede salvarse! Fue este
inmoral papa quien declaró oficialmente: «Nosotros afirmamos y
declaramos definitivamente que es necesario, para la salvación, que todo
ser humano sea sujeto al pontífice de Roma».
Fue durante el reinado de este papa, cuando Dante visitó Roma. Describió
el Vaticano como el «alcantarillado de la corrupción», y puso a
Bonifacio (junto con los papas Nicolás III y Clemente V) en «las
profundidades del infierno».
Durante el período de 1305 a 1377, el palacio papal estuvo situado en
Avignon (Francia). Durante esta época, Petrarca declaró que dicho
establecimiento papal era un lugar de
«violación, adulterio y toda clase de fornicación». Y debido a que los papas eran tan inmorales, no debemos sorprendernos de que los sacerdotes no fueran mejor que ellos.
Como consecuencia, en muchas parroquias los feligreses insistían en
que los sacerdotes tuvieran concubinas «como protección para sus propias
familias».
Durante la larga celebración del Concilio de Constanza,
llegaron a existir hasta tres papas a la vez, y algunas veces cuatro,
que se insultaban todas las mañanas acusándose los unos a los otros de
anticristos, demonios, adúlteros, sodomitas, enemigos de Dios y del
hombre. Uno de estos «papas», Juan XXII (1410- 1415), compareció ante el
Concilio para dar cuenta de su conducta.
«Fue acusado por 37 testigos (obispos y sacerdotes, en su mayoría) de
fornicación, adulterio, incesto, sodomía, hurto y homicidio»
Y se probó con una legión de testigos que
había seducido y
violado a 300 monjas. Su propia secretaria, Niem, dijo que en Bolonia
mantenía un harén donde no menos de doscientas muchachas habían sido
víctimas de su lujuria.
Por todo ello el Concilio lo halló culpable de 54 crímenes de la peor
categoría; le depuso del papado, y, para no verse condenado a lo que se
merecía, el indigno papa optó por huir.
El registro oficial del Vaticano ofrece de este hombre esta información sobre su inmoral reinado:
«Su señoría, el papa Juan, cometió perversidad con la esposa de su
hermano, incesto con santas monjas, tuvo relaciones sexuales con
vírgenes, adulterio con casadas y toda clase de crímenes sexuales...
entregado completamente a dormir y a otros deseos carnales, totalmente
adverso a la vida y enseñanzas de Cristo... Fue llamado públicamente el
Diablo encarnado». Para aumentar su fortuna, el papa Juan puso impuestos
a todo, incluyendo la prostitución, el juego y la usura. Se le ha
llamado con frecuencia «el más depravado criminal que se haya sentado en el trono papal».
Del papa
Pío II (1458-1464) se dice que fue el padre de
muchos hijos ilegítimos. «Hablaba en público sobre los métodos que
usaba para seducir a las mujeres, aconsejaba a los jóvenes y hasta
ofrecía instruirlos en métodos de autoindulgencia». Pío fue seguido de
Pablo II (1464-1471),
quien mantenía una casa llena de concubinas. Su tiara papal estaba tan
cuajada de joyas, que sobrepasaba el valor de un palacio.
Vino después el papa
Sixto IV (1471-1484); éste tuvo
dos hijos ilegítimos de su manceba Teresa a los cuales hizo cardenales.
Financió sus guerras vendiendo posiciones eclesiásticas al mejor postor,
y «usó el papado para enriquecerse él y sus familiares. Hizo cardenales
a ocho de sus sobrinos, aunque algunos de ellos siendo aún niños. En
cuanto al lujo y extravagancias, rivalizó con los césares. El y sus
familiares sobrepasaron a las antiguas familias romanas tanto en
riquezas como en pompa».
El papa
Inocencio VIII (1484-1942) tuvo dieciséis hijos
de varias mujeres. No negó que fueran sus hijos ni que fueran
engendrados en el Vaticano. Como muchos otros papas, multiplicó los
oficios clericales y los vendió por vastas sumas de dinero. Incluso
permitió corridas de toros en la plaza de San Pedro.

Papa Alejandro VI
Vino más tarde Rodrigo Borgia, quien tomó el nombre de
Alejandro VI
(1492- 1503) Y ganó su elección al papado mediante chantajes con los
cardenales, práctica común en aquellos días. Antes de ser papa, cuando
aún era cardenal y arzobispo, vivió en pecado con una mujer llamada
Vanozza dei Catanei y después con la hija de ésta, Rosa, con la cual
tuvo cinco hijos. En el día de su coronación nombró a su hijo -joven de
temperamento y hábitos viles- como arzobispo de Valencia. Vivió en
incesto público con sus dos hermanas y con su propia hija y era el padre
y amante de su hija Lucrecia, de quien se dice tuvo un hijo. El 31 de
octubre de 1501 realizó una orgía sexual en el Vaticano, que no ha
tenido parangón alguno en los anales históricos de la humanidad.
En cuanto al papa Pablo III (1534-1549), incluso la revista de signo
católico Life dijo que siendo cardenal había tenido 4 hijos y en el día
de su coronación celebró el bautismo de sus dos bisnietos; que eligió a
dos de sus sobrinos adolescentes como cardenales, realizó festivales con
cantantes, bailarinas, bufones y buscó ayuda de astrólogos.
El papa León X (1513-1521) fue elegido para 27 oficios diferentes
clericales antes de tener 13 años de edad. Fue enseñado a considerar los
cargos eclesiásticos sólo como un medio de ganancia. Con su producto
compró el cargo y declaró que el quemar a herejes era una orden divina.
La Pornocracia, la epoca en que las prostituas gobernaron, la epoca de Teodora y Marozia.
El termino "pornocracia" o "gobierno de las prostitutas" fue creado en
el siglo XVI por el cardenal Cesar Baronio, para referirse a una de las
etapas mas turbias en la historia de la santa sede, que otros llaman "el
siglo oscuro".
Si sus antecesoras fueron las protagonistas de los mitos, las reinas del
placer y de la muerte, este grupo de mujeres comparte con ellas la
crueldad, la ambición de poder y el uso inteligente de su sexualidad. Y
agregan un ingrediente nuevo: el fanatismo religioso,
Arteras, se disfrazaron de piadosas para dar rienda suelta a sus más
profundos odios y fueron las ideólogas de las primeras matanzas
religiosas y las artífices de las más crueles persecusiones en nombre de
Cristo. No vacilaron en meterse en la cama de reyes y de Papas para
erigir monstruosas hogueras, verter venenos en copas y comenzar
verdaderas campañas de exterminio.

La emperatriz Teodora en un mosaico de San Vital, en Rávena.
Helena
de Constantinopla, o Santa Helena, fue quien por venganza le dio rango
de religión y no de secta al cristianismo; la emperatriz Teodora
castraba a quienes no siguieran la palabra de Cristo; en plena Edad
Media,Teodora y su hija Marozia fueron las protagonistas de la
pornocracia y manejaron desde el lecho de los pontífices la política de
Italia; Isabel la Católica mandó a la hoguera a más de dos mil personas,
expulsó a los judíos de la España del siglo XV y fue la "madre" de la
Santa Inquisición en nombre de la fe verdadera y María Tudor, su nieta,
"La sangrienta" Bloody Mary, hizo lo mismo como reina de Inglaterra.
Todas se sirvieron de la palabra de Dios y enmascararon con mejor o peor
suerte sus apetitos sexuales detrás de la utilería de la Iglesia y de
la infinita imaginería religiosa repleta de vírgenes y santos, para
hacer del fanatismo religioso un instrumento de poder y una máquina de
guerra. Y de venganza.
A fines del siglo III el cristianismo era una secta que proliferaba en
las clases bajas del Imperio romano; despreciados, los primeros
cristianos habían sido cruelmente perseguidos por el emperador
Diocleciano. Y fue la perfidia de una mujer quien los salvó.
Helena, pasó a la historia como Helena de Constantinopla o Santa
Helena, era plebeya, concubina del rey Constancio y fue la madre de
Constantino. Lejos de ser un modelo de piedad, persiguió a los hijos y
nietos "legales" de su amante que la había repudiado, abrazó el
cristianismo y convirtió a su hijo a la secta repudiada sólo para
agraviar al rey.
Tras un halo de beatitud ocultaba un profundo resentimiento y sangrientos deseos de venganza.
Después de veinte años de conspiraciones y asesinatos urdidos por
Helena, Constantino el Grande asumió como emperador y fue ella quien le
aconsejó dar entidad de religión a la nueva secta ya que el apoyo de los
cristianos era esencial para sostener el nuevo poder político.
Con ello y decenas de medidas que tomaron después, Helena le daba un
golpe mortal a Roma, a los aristócratas que la habían despreciado y a su
ex amante. Ella inauguró la intolerancia religiosa, la persecución de
los paganos, la discriminación de los judíos; instauró el día domingo
como el día de descanso, dio forma al concepto de herejía y dio pie a
sangrientas luchas y masacres. Y con el fin de mantener el poder que
tenía sobre su hijo se valió de una mentira para que Constantino matara a
su mujer (la ahogó en agua hirviendo) y a su hijo. Con ellos, Helena
sumaba dos muertos más a su historia criminal. Fue la primera emperatriz
cristiana.
Teodora nació en una familia dedicada al entretenimiento circense; pero
la pobreza y la falta de talento en la música, la danza y la acrobacia
la llevó, junto a sus hermanas, a dedicarse a la prostitución desde
niñas.
No destacaba en el circo ni por su belleza ni por su arte, sino por
su falta de pudor sexual ya que protagonizaba escenas escandalosas con
hombres y animales.
Era una maestra en el sexo. Valiéndose de este poder, de una férrea
sangre fría y de su inteligencia privilegiada, se convirtió en la
emperatriz bizantina esposa de Justiniano I. Temiendo que su marido se
enterara de que tenía un lúbrico pasado que incluía un hijo, hizo
asesinar al joven.
Como Helena, aparentó una profunda virtud cristiana para perseguir y
matar a los ricos, a quienes la habían ofendido en el pasado y, de
paso, a quienes no practicaran la fe en Cristo. La condena era la
tortura y la castración, actos que Teodora supervisaba personalmente.
El reinado de las rameras:
El siglo X fue llamado el "siglo oscuro" de los Papas, trece pontífices
ardieron en las llamas del sexo puro y duro y Marozia, su madre y su
hijo fueron los protagonistas de su caída. La hermosa, ambiciosa y
voluptuosa Teodora, que enseñó todas artes a su hija Marozia, quería que
su aristocrática y poderosa familia se ligara al papado. Para lograrlo,
se sirvió de mil argucias y ordenó no pocos asesinatos, hasta que su
amante fue nombrado Papa como Sergio III. Corría el año 904 y se dice
que fue "el peor que haya tenido la Iglesia" por los múltiples crímenes
en los que estuvo involucrado y porque su lujuria sin límites.
Marozia superó a su madre: comenzó su carrera a los 15 años en la alcoba
papal y se convirtió en una de las mujeres más poderosas de su época.
"Su estrategia fue entrelazar sin pudor, y para su total provecho, la
política y la religión con cintas amatorias. Su particularidad consistió
en haber logrado, en un ambiente como el pontificio, la capacidad para
determinar la elección de varios Papas y ordenar la muerte de algunos de
ellos", analiza Susana Castellanos de Zubiría en su interesante ensayo
Mujeres perversas de las historia.
Fue amante del amante de su madre, Sergio III, y tuvo un hijo con él.
Algunas fuentes dicen que Sergio era el verdadero padre de Marozia,
llamada "la Papisa". Se casó a los 17 años visiblemente embarazada y a
los 19 mandó a matar al Sumo Pontífice, su amante y su padre.
Teodora y Marozia eligieron al nuevo Papa, lo usaron como amante y como
títere y luego lo mataron; las mujeres se sirvieron de la combinación de
sexo e intriga para elevar al trono de Pedro a varios Papas y
deshacerse de ellos con la misma facilidad cuando dejaban de ser útiles.
Sin embargo, Juan X, amante de Teodora, tuvo la oportunidad de
demostrar su valor como estadista y soldado cuando los sarracenos
llegaron a 50 kilómetros de Roma a los que finalmente logró derrotar.
Esto disgustó tanto a la madre como a la hija y convirtieron a Roma en
un caldero de rencillas, rencores y odios viscerales contra Juan X. En
este hervidero de intrigas y venganzas, los padres y el primer marido de
Marozia fueron asesinados; se casó nuevamente, urdió un plan para
hacerse con el poder de Roma pero fracasó; cuando volvió a intentarlo,
triunfó y mandó a encarcelar a Juan X de por vida.
Luego, llegarán nuevos maridos y nuevos hijos (uno de ellos fue el Papa
Juan XI), pero el primero, aquel que tuvo con su padre, Alberico II se
vengó de su familia de forma lapidaria: tomó el poder, desterró a la
familia y encerró a su artera madre durante 23 años hasta su muerte.

Lucrecia
como Santa Catalina de Alejandría en un fresco de Pinturicchio, en la
Sala dei Santi de los Apartamentos Borgia, en el Vaticano.
Mientras
en torno de Lucrecia Borgia empezaba a construirse una leyenda negra de
corrupción sexual, jugadas maquiavélicas, asesinatos de maridos y
familiares, veneno escondido en un anillo hueco e incesto con su padre
Rodrigo Borgia, el Papa Alejandro VI, y con su hermano César, otras
mujeres dominaban la escena renacentista con su malicia.
En nombre de Dios, Isabel la Católica mandó a la hoguera a más de dos
mil personas, expulsó a los judíos de la España del siglo XV, fue la
"madre" de la Santa Inquisición española, la generala del ejército que
expulsó a los árabes y la ideóloga de la conquista y destrucción de los
pueblos americanos. Quinientos años después el dictador Francisco Franco
quiso convertirla en santa.
Sus biógrafos relatan que la joven Isabel rezaba para que Dios la
convirtiera en su instrumento y lo hizo en oscuros, húmedos y sucios
calabozos en donde miles de "herejes" eran torturados hasta la muerte,
en medio de gritos de dolor a los que ella era inmune.
Desde los tres años estuvo comprometida con Fernando de Aragón, su
primo, pero por diversos intereses políticos su familia intentó romper
este acuerdo matrimonial para casarla con otros príncipes y nobles;
ella, de carácter altivo y arrogante, ella se negó porque consideraba
que Fernando era el mejor candidato para esposo, procuró que el papa
Borgia, que era valenciano, los dispensara por la consanguinidad y casó
con él. Fue también Alejandro VI quien les otorgó el título de Reyes
Católicos, negocios mediante.
Su nieta María Tudor, hija de su hija Catalina y de Enrique VIII, fue
tan fundamentalista en los temas religiosos y tan astuta y testaruda
como ella, tanto como para la apodaran "la Sanguinaria".

María Tudor, "la reina sangrienta".
El
cóctel Bloody Mary fue creado en honor a ella, porque durante su
reinado envió a la hoguera a miles de protestantes en una Inglaterra que
apenas unos años antes por orden de su padre se había convertido a esta
creencia.
Llegó al trono con 37 años, soltera, una historia familiar que producía
escalofríos y una vida personal llena de humillaciones. Decidió vengarse
de los protestantes y de los nobles, se rodeó de asesores religiosos y
se enamoró perdidamente de su sobrino.
Los ingleses conjuraron y se rebelaron contra la reina para impedir
este matrimonio con un español católico. María, enfurecida, salió a las
calles para arengar a los católicos contra los protestantes y el pueblo
la apoyó. "La Sanguinaria" decidió matar a cualquiera que se le opusiera
y lo hizo en las llamadas Persecuciones Marianas.
María odiaba profundamente a su hermana Isabel, a quien había encerrado
en la Torre de Londres; y mientras frustrada y furiosa al mismo tiempo
tuvo dos embarazos imaginarios y su marido (que sería más tarde el
temible Felipe II) se paseaba por el continente con otras mujeres miles
de hogueras intoxicaron con el olor a carne quemada el aire de Londres:
obispos, nobles, eruditos, estudiantes, sacerdotes, campesinos,
artesanos, pasaron por el fuego. Quienes mostraban compasión eran
arrestados, cientos fueron detenidos por ser considerados herejes y
torturados. Las personas especialmente odiadas por la reina tenían
muertes lentas y dolorosas. Esta intolerancia hizo que miles tomaran el
camino del exilio.
La Papisa
Fue durante esos días que Martín Lutero, siendo aún sacerdote de la
Iglesia Romana, viajó a Roma. Al ver por primera vez la Ciudad de las
Siete Colinas, cayó al suelo diciendo: «Santa Roma, te saludo». No había
pasado mucho tiempo en dicha ciudad, cuando pudo darse cuenta de que
Roma era todo menos una ciudad santa.
Pudo ver que la iniquidad que existía en todas las clases del clero. Los
sacerdotes contaban chistes indecentes y usaban palabras profanas,
incluso en la misa.
Lutero describió a los papas de la época como peores en su conducta que
los emperadores paganos y explica que los banquetes de la corte papal
eran servidos por doce mujeres desnudas. «Nadie puede imaginarse los
pecados tan infames y los actos que son cometidos en Roma -dijo-; tienen
que ser vistos y escuchados para ser creídos». Tanto es así, que se
acostumbra a decir: «Si hay un infierno, Roma está construida sobre él».
Un día, durante la visita de Lutero a Roma, vio una estatua en una de
las vías públicas que conducen a San Pedro, que le llamó la atención,
pues era de una papisa, y junto con el cetro y la mitra papal, tenía un
niño en sus brazos. Era la estatua de la papisa Juana. «Estoy
sorprendido -dijo Lutero- de cómo los papas permiten que la estatua
permanezca allí». Cuarenta años más tarde, después de la muerte de
Lutero, dicha estatua fue quitada por orden del papa Sixto V.
¿Quién fue este papa femenino al que la estatua representaba? Se dice
que nació en la tierra del Rhin, en Ingleheim. Fue aclamada en Mainz por
su sabiduría y más tarde se disfrazó de hombre para entrar en el
célebre monasterio de Fulda (entre Frankfurt y Bebra). Se dice que
también estudió en Inglaterra y Atenas y después recibió la posición de
profesora de la Schola Grrecorum de Roma, antiguo colegio de diáconos.
Allí ganó tanta influencia como hombre, que fue elegida papa. Sin
embargo, después de un pontificado de dos años, un mes y cuatro días,
fue descubierta su condición de mujer: que tuvo lugar durante el
transcurso de una procesión del Corpus Christi cuyo recorrido iba desde
la Plaza de San Pedro del Vaticano hasta San Juan de Letrán (Catedral de
Roma).
En un momento del recorrido el Papa se llevó las manos a su abdomen y
comenzó a retorcerse de dolor, cayendo al suelo y apareciendo de su
entrepierna un recién nacido.

Ilustración que representa el momento en que la supuesta Papisa Juana se puso de parto (lavoceditutti)
Ante
el asombro de todos los presentes comenzó a producirse una algarabía
que acabo con un grupo de ciudadanos gritando por la ofensa a Dios
cometida por la mujer Papa, acabando con su vida y la del bebé a base de
golpearles con palos y lanzamientos de piedras.
En tiempos recientes, la historia de la papisa Juana ha sido discutida.
Por razones obvias, Roma ha tratado de ocultarlo; sin embargo, antes de
la época de la Reforma, la cual expuso tanto pecado en la Iglesia
Romana, la historia era parte de las crónicas y conocida por obispos e
incluso por los mismos papas. El papa Anastasio, por ejemplo, la
menciona en su escrito "Historia de los pontífices romanos".
De hecho, todos los libros de historia de antes de la Reforma mencionan a
la papisa Juana en el texto o en el margen. Se discute que hasta el
siglo XV los papas tenían que pasar por un examen físico para que el
caso de la papisa -el papa femenino-- no se volviera a repetir.
Obviamente, la idea de un papa femenino rompe la doctrina católica de la
«sucesión apostólica» y, por lo tanto, es natural que la Iglesia Romana
trate de ocultar esta historia.
Aunque hay numerosos escritos al respecto de este lamentable episodio,
ninguno precisa fechas concretas, habiendo bailes de fechas que lo
sitúan dos décadas arriba o abajo (entre el 855 y 872). Tampoco podemos
encontrar documento alguno en el que figure el nombre con el que realizó
su pontificado (aunque se barajan varios, entre ellos el de Juan VIII o
Benedicto III) existiendo papas que utilizaron esos nombres, pero que
nada tuvieron que ver con la que llegaría a ser conocida como Papisa
Juana.
El palpado testicular a los Papas, para evitar otra Papisa
Existe un tipo de asiento papal conocido como
'sedia stercoraria',
el cual dispone de un agujero en el centro del mismo. Según numerosos
escritos éste se utilizaba una vez elegido nuevo Papa tras el cónclave y
su función era para determinar, mediante el palpado testicular por
parte de un joven diácono, si el recién escogido nuevo pontífice era
varón.

Ilustración que representa el palpado testicular al Papa
Una vez comprobada la masculinidad del Papa, el encargado de realizar dicha tarea debía decir
"testiculos habet" (tiene testículos) o
"habet duos testiculos et bene pendentes" (tiene dos testículos y cuelgan bien). Dicho esto comenzaba toda la liturgia de coronación del nuevo Sumo Pontífice.
Mucha es la literatura, documentación e ilustraciones que existe sobre
este extraño proceder para verificar si el recién escogido Papa disponía
de atributos masculinos, aunque la Iglesia Católica nunca ha confirmado
oficialmente que se realizase tal ritual.
Esto
fue solo parte de la historia del papado en la santa sede. Porque saber
la realidad del mundo que nos rodea es nuestro derecho...hasta la
proxima!.