viernes, 21 de noviembre de 2014

Marcha DF 20 nov

Marcha DF 20 nov

Cuidado con Guerrero

Cuidado con Guerrero

Refriega en el Zócalo al concluir la marcha y el mitin de protesta por Ayotzinapa

Refriega en el Zócalo al concluir la marcha y el mitin de protesta por Ayotzinapa
Un grupo de jóvenes, unos encapuchados y otros no, chocan con policías federales y granaderos capitalinos; después de casi dos horas de enfrentamientos, la plancha del Zócalo fue desalojada.
  1. Refriega en el Zócalo al concluir la marcha y el mitin de protesta por Ayotzinapa FOTO: DIEGO SIMÓN SÁNCHEZ /CUARTOSCURO

Varios padres de los normalistas de Ayotzinapa habían concluido el mitin que se realizó cuando decenas miles de manifestantes colmaron el Zócalo.
La efigie del presidente Enrique Peña Nieto había terminado de quemarse y la mayor parte de los manifestantes se retiraban.
Fue entonces cuando un grupo de jóvenes, unos encapuchados y otros no, arremetieron contra los policías federales que custodiaban Palacio Nacional, protegidos con escudos y cascos.
Lanzaron piedras, botellas, petardos y otros objetos contundentes. Para entonces ya sólo quedaban algunos cientos de personas en el Zócalo.
Finalmente, los policías federales, apoyados por granaderos capitalinos, rompieron su formación y arremetieron contra los atacantes, que poco después fueron desalojados de la plancha del Zócalo. Hubo varias detenciones y algunos lesionados, incluso policías.
En total, los enfrentamientos duraron casi dos horas. Durante la refriega, algunos grupos respondieron con piedras, como en el cruce de Tacuba y República de Brasil, donde quedó varada una camioneta de la CNDH.
Al ser dispersados de la explanada, los atacantes corrieron hacia calles como Madero, 16 de Septiembre y Brasil.
Los uniformados también utilizaron gases lacrimógenos para disolver la concentración, luego de las jornadas de protesta que se efectuaron este jueves.
La Plaza de la Constitución fue “recuperada” casi en su totalidad por los aproximadamente mil efectivos que fueron desplegados en la primera línea.
En las escaramuzas algunos policías perdieron sus escudos y fueron pateados por los activistas. En tanto, varios manifestantes  resultado lesionados por las estampidas.
Un grupo de jóvenes se retiró por las calles 20 de Noviembre, Bolívar y Pino Suárez, en dirección a la Avenida Izazaga, donde avanzaron lentamente para dejar la zona centro.
(Con información de Reforma).

31 detenidos tras disturbios en el Zócalo capitalino

31 detenidos tras disturbios en el Zócalo capitalino
15 fueron detenidos por elementos capitalinos. Mientras que a 16 los detuvo la Policía Federal o elementos de la PGR. Entre los 31, se encuentra un extranjero.
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FOTO: MIGUEL J. CRESPO
31 personas fueron detenidas anoche, tras diversos enfrentamientos con la policía, que ocurrieron después de la marcha y mitin -pacíficos- por los 43 normalistas desaparecidos.
Anoche, después del mitin, un grupo de jóvenes, varios encapuchados, se quedó en la plancha del Zócalo capitalino y comenzó a azuzar a los elementos policiacos, quienes no tardaron en responder. El grupo buscaba llegar, nuevamente, a Palacio Nacional, pero esta vez no tuvo éxito.
El mitin ya había terminado pero seguía llegando gente al Zócalo, cuando los jóvenes comenzaron los enfrentamientos con la policía.
Granaderos, primero, y Policía Federal, después, persiguieron a los agresores -incluso encapsularon a personas ajenas a las mismas- y finalmente detuvieron a 31.
Todos fueron presentados ante el Ministerio Público, donde se les toma declaración; la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal será la encargada de investigar su presunta participación en delitos del fuero común.
Anoche, el jefe de Gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera Espinosa explicó que las autoridades tomaron la decisión de actuar cuando el grupo de jóvenes comenzó a atacar y lanzar objetos, entre ellos bombas molotov, contra los policías.

Presenta Morena, ante la PGR, denuncia penal contra Peña Nieto por delitos contra la nación

Presenta Morena, ante la PGR, denuncia penal contra Peña Nieto por delitos contra la nación


El presidente de Morena, Martí Batres Guadarrama, y el representante jurídico de Andrés Manuel López Obrador, Jesús González Schmal acudieron a la Procuraduría General de la República (PGR) a presentar una denuncia en contra del presidente Enrique Peña Nieto por la presunta comisión de delitos contra la nación, contra la riqueza nacional y por actos de corrupción que incluyen utilización de financiamiento ilícito para la compra de más de 5 millones de votos, y la adquisición de la llamada Casa Blanca, una residencia que se localiza en la colonia Lomas de Chapultepec, con un valor de 86 millones de pesos.
Antes de entregar la denuncia a través de la Oficialía de la Partes de la PGR, Martí Batres pidió que el el presidente Enrique Peña Nieto renuncie antes del 1 de diciembre a fin de que se convoque a nuevas elecciones, esto ante los actos de corrupción que se han registrado antes y durante su gobierno.
Batres Guadarrama señaló que Peña Nieto obtuvo financiamiento ilícito para su campaña presidencial y se realizó “compra del voto en 2012, en regiones como Guerrero; también se da un régimen de corrupción ya que la casa (en alusión a la propiedad que se localiza en Lomas de Chapultepec) fue un soborno de una empresa beneficiaria de contratos del gobierno federal.
“Esta es la punta del iceberg en caso de que llegue a concretarse la reforma energética”, sostuvo el presidente de Morena, al considerar que se beneficiará a empresas extranjeras.
González Schmal dijo al respecto que esta denuncia se concatena con otras acusaciones ya presentadas ante la PGR desde el gobierno de Felipe Calderón, pero las cuales, señaló, no han sido atendidas y sostuvo que esta nueva promoción acusa a Enrique Peña Nieto de la comisión del delito de traición a la patria, ya que ha comprometido la riqueza petrolífera de México a intereses extranjeros.

Astillero

Astillero
Antes de la marcha
Aprestos militares
Provocación encapuchada
La voz de las calles
Julio Hernández López
Foto
CHOQUE EN EL ZÓCALO. Al término de la Jornada de Acción Global por Ayotzinapa en la ciudad de México, cuando los padres de los 43 normalistas desaparecidos anunciaron que se retiraban a sus comunidades y pidieron a los manifestantes ir a sus casas, jóvenes que se reivindicaron como anarquistas, algunos con el rostro cubierto, arrojaron objetos a granaderos afuera de Palacio Nacional, lo que provocó un choque y terminó con el desalojo del Zócalo y el reporte oficial de 15 detenidosFoto Pablo Ramos
L
a presente columna fue escrita antes de que comenzaran las movilizaciones masivas, vespertinas y nocturnas, a lo largo del país (y, conforme a sus horarios, en varias ciudades del mundo), que tomando como referencia la fecha de inicio del movimiento de violencia revolucionaria de 1910 han planteado la exigencia de que Enrique Peña Nieto deje el cargo que actualmente ocupa, que haya justicia en casos específicos (Iguala y la Casa Blanca, los más notables) y que vuelva a México una paz marcadamente perdida durante la administración de los priístas vueltos al poder federal.
La conmemoración revolucionaria (hasta ahora la más agitada de la historia, en términos políticos y sociales) tuvo en la primera parte del día una sugerente confirmación de alianzas entre el poder civil, ejercido por Peña Nieto, y el militar, a cargo del general Salvador Cienfuegos Zepeda. Justamente en el día de la mayor movilización de protesta contra el régimen peñista, el mexiquense impugnado selló pactos y alentó vigores en la cúpula verde olivo. EPN defendió la institucionalidad que una parte activa de la sociedad considera fallida e incluso contraproducente, rechazó expresamente la violencia (cualquiera que sea su origen, puntualizó, sin advertir que estaba celebrando justamente la irrupción de la violencia maderista que devino en el régimen desde cuya cúpula ahora hablaba el propio Peña) y arengó a los militares, en las circunstancias sabidas de gran inconformidad social, a estar preparados para enfrentar los desafíos del presente (una especie de te lo digo, militar, para que lo entiendas, manifestante).
El general Cienfuegos Zepeda aprovechó esa tribuna de la ceremonia de entrega de premios y ascensos a oficiales de las fuerzas armadas mexicanas (celebrada en el Campo Marte, pues se canceló el desfile militar en el Zócalo, ante lo cual el citado general comentó enigmáticamente: la suspendieron, yo no, como si las decisiones de los civiles no fueran compartidas por él) para pronunciar un discurso más allá de los lugares comunes, que en tiempos ordinarios suelen usarse para demostrar que no es necesario traspasar los límites de lo castrense. Ahora, el titular de la Sedena tuvo que entrar en el terreno de la política circunstancial, de la interpretación de hechos, leyes e Historia, y de la fijación de posturas coyunturales, con los riesgos y distorsiones que ello entraña.
Dijo el secretario de la Defensa Nacional (se toma como referencia la nota de Jesús Aranda, publicada ayer en el portal de La Jornada) que la historia ha registrado que para superar los problemas hay dos caminos: la desunión, la intolerancia, la crítica infundada y las frustraciones que no llevan a ninguna parte, y por otro lado, el diálogo entre los sectores de la sociedad para salir adelante. Además, llamando a dejarnos de suposiciones, pues esas actitudes en poco abonan (¿no tiene ya el mexicano un olímpico derecho a suponer lo que considere adecuado? ¿De ahora en adelante sólo se podrá suponer lo que el gobierno considere que abona, una especie de pensamiento composta?), sentenció que los problemas de la inseguridad y la violencia no son sólo culpa del gobierno, sino del Estado.
El alto jefe militar se instaló militantemente del lado de la versión peñista del compló social contra las instituciones e hizo fraseos en los que se tacha de adverso a la patria a quien critique o actúe en sentido contrario a lo que el gobierno federal desea y pretende imponer. Otro distinguido representante del estatus repelido en las calles por muchos mexicanos, el ministro Juan Silva Meza, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, también presentaba armas oratorias al hacer un llamado a la unidad y el orden, y rechazar el caos, la destrucción, la arbitrariedad y la violencia (ha de entenderse que pretendía endilgar responsabilidades a los manifestantes y opositores del régimen, y no a éste que ha producido justamente todo lo retóricamente mencionado por el alineado ministro).
El panorama antes de la marcha se completaba con escaramuzas en la calzada Ignacio Zaragoza, en las inmediaciones del aeropuerto capitalino, que por decisión de la asamblea interuniversitaria no se intentó tomar, pero al cual concurrieron grupos de jóvenes encapuchados que sostuvieron enfrentamientos con granaderos y policías que detuvieron a algunos de aquellos. En San Lázaro, los priístas y los verdes que no suspendieron ninguna sesión durante el maratón reformista de hace meses, a pesar de los discursos y protestas de algunos opositores, ahora cancelaban la sesión porque diputados de izquierda habían colocado en la tribuna una manta conminando a Peña Nieto a renunciar y pretendían que los temas de la Casa Blanca y de Ayotzinapa fueran discutidos en esos micrófonos legislativos.
A la entrada de la SEP, en tanto, estudiantes politécnicos trabajaban en el levantamiento de un muro de material firme, en protesta por la postura de la delegación gubernamental que ha venido participando en reuniones con los paristas y en contra del nombramiento de un nuevo director, Enrique Fernández Fassnacht (quien salió de la rectoría de la Universidad Autónoma Metropolitana justamente por sostener posiciones como las que los politécnicos rechazan ahora).
En las calles, a la hora de cerrar esta columna tempranera, iba manifestándose la otra cara de la realidad nacional, con muchos mexicanos decididos a expresarse activamente en contra de lo que hoy sucede en México, en especial en contra de la continuidad de Peña Nieto al mando formal del país. La voz de las calles tenía como telón de fondo el amago de provocadores e infiltrados y el discurso sincronizado de los poderes institucionales que parecieran decididos a acallar las críticas y a meter miedo a quienes salen a protestar. Ya no se pudo en este espacio consignar lo que más tarde sucedería, por técnicos tiempos editoriales y porque, a fin de cuentas, el autor de los presentes teclazos, como ciudadano, sumaba también sus pasos al río ciudadano que busca un México distinto. ¡Nos leemos aquí el próximo lunes!
Twitter: @julioastillero
Facebook: Julio Astillero

Una movilización gigantesca y la provocación… acompasada con el poder

Una movilización gigantesca y la provocación… acompasada con el poder

Miles marchan al Zócalo por normalistas desaparecidos. Foto: Miguel Dimayuga
Miles marchan al Zócalo por normalistas desaparecidos.
Foto: Miguel Dimayuga
MEXICO, D.F. (apro).- Precedida por los peores augurios de violencia y miedo, que tuvo en Enrique Peña Nieto a uno de sus instigadores, la de hoy fue una marcha gigantesca, vigorosa y festiva aun en el luto y la indignación por los crímenes contra los normalistas de Ayotzinapa, entraña de la movilización de alcance planetario.
La movilización tuvo dos cualidades: una fue que los contingentes estaban poblados de jóvenes, casi niños, y aun niños, nacidos en el apogeo del neoliberalismo que sepultó la Revolución Mexicana –que hoy conmemoró su 104 aniversario sin desfile–, y otra fue que aisló, neutralizó y repudió a los provocadores.
Pero la contención duró sólo hasta la finalización de la jornada, porque los provocadores cumplieron, otra vez, su cometido: Volvieron a desvirtuar una movilización que, además de la exigencia de que aparezcan con vida los 43 normalistas, tuvo un imperativo: “¡Peña, renuncia!”
Otra vez los embozados que, cuando ya había concluido el mitin y los familiares de los normalistas desaparecidos se habían replegado frente a la Catedral, intensificaron su acción, que desembocó, una vez más, en represión generalizada e indiscriminada.
Tras el choque del mediodía, en las inmediaciones del aeropuerto capitalino, el ambiente se hizo aún más denso. Las avenidas principales se vaciaron de vehículos cuando se aproximaba la hora de la tres marchas que convergieron en el Zócalo.
La siembra del temor fracasó. Miles y miles de ciudadanos fueron llegando al Ángel de la Independencia, al monumento a la Revolución y a la Plaza de las Tres Culturas.
Pasadas las cinco de la tarde, el Paseo de la Reforma se preñó de contingentes que, en orden, avanzaron hasta avenida Juárez, 5 de Mayo y hasta el Zócalo, pletórico.
Una vez más, desde que desaparecieron los 43 jóvenes de la normal de Ayotzinapa, el viernes 26 de septiembre, los juveniles manifestantes se unieron a veteranos de las marchas, hombres calvos, canosos, barrigones.
Unos y otros hermanados en viejos ritos de la izquierda, sobre todo las mismas consignas revolucionarias de los sesenta, sólo que ahora eran contra los criminales y el Estado, Peña en particular.
“Peña, renuncia”, fue el imperativo a lo largo de la marcha que exhibió la creatividad de los participantes en todo tipo de pancartas, hechas de cartulinas, hojas carta, cajas de huevo o de zapatos.
“¿Qué cosecha el país que siembra cadáveres?”, pregunta una joven que sostiene, seria, el letrero. “¿Por qué asesinan la esperanza de América Latina?”, se lee en otra.
“Por 43 despertaron miles”, reivindica una señora con la bolsa del mandado, sentada sobre la banqueta de avenida Juárez. “Somos más nosotros”, dice, con firmeza, una manta colgada en un balcón de 5 de Mayo.
Otra joven porta con dignidad un mensaje sobrecogedor: “Mamá, salí a defender mi patria. Si no regreso, me fui con ella”.
Los manifestantes soportan el frío y la leve llovizna de este 20 de noviembre sombrío, acosados también por los augurios de violencia desde el gobierno y desde la provocación que suele tomar todas las formas posibles, hasta de revolucionarios.
Eso fue lo que ocurrió cuando estaba en curso el mitin en el Zócalo: un grupo de no más de diez mozalbetes se aproximó a las vallas instaladas en derredor del Palacio Nacional, detrás de las cuales había una fila de militares custodiando el edificio.
La acometida no tuvo éxito. Otros jóvenes y un hombre mayor los hicieron desistir. “Compañeros, que no se desvirtué nuestro movimiento”. Desde el templete también se llamaba a aislar a los embozados. “Son provocadores”.
Los embozados se dispersaron, aunque luego reaparecieron trepados en las vallas, cubiertas sus cabezas con capuchas de sus sudaderas. Lanzaban insultos a los militares.
Cuando el mitin concluía, un grupo de cinco muchachos, con cachuchas que tenían una estrella roja al frente, hicieron bolita para hurgar en sus mochilas. No extrajeron nada al saberse observados. Y se dispersaron rápidamente.
Pero para entonces, casi las 20:00 horas, ya proliferaban los embozados que lanzaban proyectiles contra los militares, mientras estaban en formación más de 500 policías federales en la calle de Corregidora.
Al menos dos sujetos, con corte de pelo militar, incitaban a gritar y lanzar objetos hacia el Palacio Nacional. Estaban ostensiblemente ebrios. Otros, ya con los rostros cubiertos, tomaban formación.
“¡Infiltrados, infiltrados! “, gritaba la mayoría de los asistentes que, sin embargo, no se alejó de la muchedumbre en que se confundían manifestantes pacíficos, provocadores y periodistas.
Finalmente, el grupo provocador tuvo éxito: Enardeció a los militares y a los granaderos federales y del gobierno de Miguel Mancera, que acometieron contra quienes encontraron.
Otra vez la provocación se acompasó con el poder…