QUEBEC, CANADA, Abril 15 2015. Luego de transcurridos tres años
desde las enormes manifestaciones contra el alza de los costos de
matrícula, los estudiantes de Quebec volvieron a las calles el 2 de
abril para denunciar las políticas de austeridad del nuevo gobierno de
la provincia de Quebec.
Fueron manifestaciones pacíficas, violentamente reprimidas por las
fuerzas del orden, ante una indiferencia casi generalizada…
Movilizaciones contra la austeridad,
Hace tres años las calles de Montreal y las de Quebec se llenaban de
estudiantes absolutamente decididos a luchar contra la decisión del
gobierno de la provincia de Quebec de aumentar los costos de matrícula
en la universidad.
Un movimiento histórico que comenzó el 13 de febrero de 2012 y que duró varios meses.
Todos o casi todos los días los estudiantes se reunían en las calles
para exigir el acceso a los estudios superiores y la derogación de la
ley que aumentaba el costo de las matrículas.
Las sentadas y la ocupación de las universidades formaron parte entonces
de la cotidianeidad de los estudiantes decididos a hacerse escuchar por
el gobierno del Jean Charest.
Pero tres años más tarde nada o casi nada queda de aquello. Los
estudiantes volvieron a sus universidades y las escenas de las
manifestaciones parecen lejanas. No se contaba con las recientes medidas
de austeridad anunciadas por el nuevo ministro quebequés Philippe
Couillard, elegido hace un año.
Las medidas anunciadas la semana pasada van a recortar drásticamente los gastos públicos, especialmente en salud y educación.
Esta decisión provocó la ira de los estudiantes que denuncian “las peores reducciones en educación desde hace 20 años”.
El 21 de marzo las asociaciones y los sindicatos estudiantiles
anunciaron una huelga destinada a denunciar el restrictivo presupuesto
neoliberal del gobierno quebequés.
El 23 de marzo más de 5.000 estudiantes participaron de la huelga en las
universidades y en los campus de la provincia. Y este jueves 2 de
abril, “día de huelga nacional”, unos 135.000 se sumaron a la huelga en
las universidades y cerca de 75.000 personas salieron a manifestarse en
las calles de Montreal.
Familias, profesores, estudiantes, empleados todos manifestaron su ira frente a las políticas antisociales que se les imponen.
Los estudiantes, punta de lanza de las protestas, denunciaron
ardientemente las políticas de austeridad impuestas una tras otra por
los sucesivos gobiernos.
Desde hace 20 años y siguiendo las políticas neoliberales de los EE.UU y
Europa, el gobierno quebequés y en mayor medida el gobierno canadiense,
libran un combate sin tregua contra los últimos logros del estado de
bienestar.
Salud, educación, cultura, todos los servicios públicos reciben los impactos de los obsesos del “rigor presupuestario”.

Por
otra parte, el primer ministro quebequés considera urgente “retomar el
control de nuestras finanzas públicas” Para alcanzar los objetivos
presupuestarios se han puesto en marcha medidas muy impopulares como,
por ejemplo, el aumento constante del precio de la electricidad.
Además, esas políticas han creado una competencia cada vez más mayor en
la administración de los asuntos públicos. Los sindicatos denuncian la
privatización de los servicios públicos y de los programas sociales.
Estas manifestaciones se asemejan a las masivas manifestaciones de los
indignados en España, de los contrarios a la austeridad en Grecia o de
los estudiantes en Londres o en Santiago de Chile.
Aunque las situaciones varían de un país a otro, el denominador común de
todas estas protestas es el rechazo de las políticas neoliberales que
hacen de los servicios públicos y especialmente de la educación un
“producto” cada vez más escaso, reservado a los más adinerados. Hace
tres años en Inglaterra el primer ministro David Cameron anunciaba
medidas para aumentar los costos de matrícula en la universidad.
La misma campana sonó en Chile con el presidente Sebastián Piñera,
reemplazado luego por la presidenta Michelle Bachelet que prometió
revisar las decisiones de su predecesor.
La educación, que se ha convertido en un producto de lujo, provoca un
fenómeno inquietante que se generaliza: el endeudamiento de los
estudiantes. Verdadera bomba retardada, un fenómeno que podría
convertirse bien pronto en la nueva burbuja financiera a punto de
explotar.
Por otra parte, es preciso señalar que la lucha contra las medidas de
austeridad no es el único motivo que ha impulsado a los estudiantes a
manifestarse en las calles en Montreal.
En efecto, también luchan contra los hidrocarburos y las desastrosas
consecuencias ambientales que provocan en el país, Los manifestantes
denuncian especialmente el Plan Norte del ex primer ministro Jean
Charest y de su sucesor Philippe Couillard, un plan destinado a ampliar
la explotación minera.
Así pues, al aspecto socio-económico se le viene a agregar el ecológico.
Al terminar la manifestación del jueves los estudiantes convocaron una
nueva manifestación el 1 de mayo próximo.
Medidas liberticidas y represión policial
Para contrarrestar a los manifestantes el gobierno quebequés utiliza todos los medios destinados a intimidar a los estudiantes.
Hace ya tres años las fuerzas del orden no dudaron en reprimir brutalmente a quienes habían osado manifestarse.
Se vieron imágenes de estudiantes con los rostros ensangrentados,
testimonio de la violencia con la que la policía cargó contra los
manifestantes. Como los policías no lograron que los estudiantes
regresaran a sus casas, el gobernador Charest decidió utilizar el
arsenal legislativo para hacer callar la protesta de los estudiantes.
El 18 de mayo del 2012, es decir, dos meses después del comienzo de las
manifestaciones, promulgó la Ley 78 que restringe el derecho a
manifestarse, la libertad de expresión y también la libertad de
asociación. Una ley que generó una sarta de protestas, sobre todo en el
seno de un grupo de historiadores que declaró que “raramente se ha visto
una agresión tan flagrante a los derechos fundamentales que desde hace
decenios han sostenido la acción social y política de Quebec”.
En junio del mismo año, el Artículo 19.2 del reglamento municipal sobre
la paz y el orden de la ciudad de Quebec desató una fuerte polémica.
Dicho artículo declaró ilegal toda manifestación cuyo recorrido no fuera
previamente comunicado. Una medida tendente sobre todo a desalentar a
los manifestantes. Luego en 2012, como actualmente, los policías
utilizan el artículo 501 sobre seguridad vial para impedir a los
manifestantes reunirse en las calles argumentando que interrumpen la
circulación.
En resumen, unos artículos y leyes liberticidas cuyo único objetivo
tanto hoy como ayer es poner fin a la protesta estudiantil. Pero nada
los arredra, allí están, tenaces.
El pasado 24 de marzo la policía procedió a realizar detenciones
masivas. No menos de 274 estudiantes fueron cercados cuando se
manifestaban delante del Parlamento de Quebec.
A todos les cayó una multa de 220 dólares que deberán pagar. Dos días
más tarde, es decir el 26 de marzo, tuvo lugar una manifestación
pacífica. Los policías usaron gases lacrimógenos contra los
manifestantes.
Un policía, Charles Scott Simard, la emprendió violenta y cobardemente contra una joven estudiante Noemie Tremblay-Trudeau.
Los estudiantes acusan al policía de disparar casi a quemarropa a la joven manifestante.
Las fotografías muestran a la muchacha en el suelo, con los labios
destrozados y ensangrentados, testimonio de la violencia del ataque.
También el pasado 2 de abril, cuando terminaba la manifestación algunos
policías atacaron a varios manifestantes, golpearon a algunos e hicieron
numerosas detenciones.
Estas escenas de violencia son desgraciadamente comunes en Quebec o,
como ocurre por ejemplo en los EEUU, se reprimen todos los movimientos
sociales pero más especialmente los llevados a cabo por estudiantes.
Es necesario aclarar que los policías quebequeses gozan del apoyo de los
partidos dominantes, lo que les permite actuar con total impunidad.
El alcalde de Quebec, por su parte, también apoyó a los policías al
declarar: “Los estudiantes que se quejan de la brutalidad policial son
los únicos los culpables”.
El ministro de Educación Francois Blais también amenazó con “expulsar de
la Universidad a los estudiantes que exageren para dar ejemplo” antes
de declarar con arrogancia y desprecio “hacemos esto con los chicos para
corregir sus comportamientos”.
Una vez más estas escenas de represión policial nos recuerdan la
violencia perpetrada con motivo del movimiento Occupy Wall Street en
Nueva York, las manifestaciones estudiantiles en Londres o en Santiago
de Chile.
Ejemplos todos ellos que muestran el verdadero rostro del sistema
represivo liberal. Cuando el orden capitalista se siente amenazado no
duda en enviar su máquina represiva para someter a quienes osan desafiar
el orden establecido.
La fuerza como último recurso frente a quienes protestan. Una violencia
arbitraria que pone al descubierto el negro rostro de las sociedades
liberales.
De este modo, los derechos humanos, la democracia y la libertad se
reducen a nada cuando se trata de imponer leyes impopulares. El caso de
Quebec es un claro ejemplo.
Frente a este decrépito Estado de derecho, los manifestantes han
convocado una nueva reunión para el viernes 10 de abril con el objeto de
denunciar especialmente los atentados contra la libertad de expresión y
la violencia policial.
¡Circulen, no hay nada que ver!
Lo menos que se puede decir tras estas enormes manifestaciones es que los principales medios no se han apresurado a cubrirlas.
Testimonio de ello es la falta de informaciones referidas a los
acontecimientos de Quebec. Ni las cadenas de televisión ni los diarios
ni las radios se han interesado por lo que pasa actualmente en Canadá.
En la cadena informativa francesa Itele, silencio de radio. El diario de
las 20 horas de France 2 se mostró igualmente muy discreto en relación a
los acontecimientos al otro lado del Atlántico.
Sobre el sitio Internet del diario Le Monde solo un ridículo artículo de
dos párrafos relatando brevemente las manifestaciones. También se puede
encontrar en este sitio un artículo titulado: “En Quebec los gatos se
afilian a los partidos políticos” Sin comentario,
Por lo que se refiere al diario Libération, también muy discreto,
prefiere referirse a “escaramuzas” para calificar la violencia policial.
Un silencio que dice mucho de ese culpable y cómplice silencio
mediático.
¿Por qué tres días después de las manifestaciones ningún medio o casi
ninguno se ha interesado por las manifestaciones en contra de la
austeridad?
¿Cómo explicar que un movimiento de tal magnitud invocando
reivindicaciones legítimas no llame la atención de los grandes medios?
¿Considerarán que este tipo de información no interesa a la opinión
pública y prefieren, por lo tanto, insistir en noticias de sucesos,
como testimonia la obsesión en la que se ha convertido desde hace diez
días la caída del Airbus de la Germanwings? Lo que, sin embargo, explica
mejor ese silencio mediático es sin duda la voluntad de no sugerir
ideas revolucionarias a quienes en Europa, desde París a Londres,
pasando por Lisboa sufren las rigurosas políticas impuestas por las instituciones financieras internacionales.
Mostrar esas imágenes de los manifestantes, estudiantes, familias,
profesores, empleados podría entusiasmar a todos los que en sus propios
países se enfrentan a políticas tendientes a que el Estado deje de
prestar servicios públicos.
Las revoluciones son contagiosas y por eso nuestros queridos medios, en
manos de poderosos hombres de negocios que son además la causa de esas
medidas de austeridad, no se hacen eco de estas reacciones en Quebec ni
en el resto del mundo.
Cuando los estudiantes se manifestaban en las calles de Santiago de
Chile o Bogotá para exigir el fin de las políticas neoliberales, la
prensa raramente se hizo eco de ello.
Cuanto menos esto tiene el mérito de confirmar el papel de garante del
orden social que tienen los medios en los países occidentales. Promover
el sistema dominante y silenciar a los que protestan. Una gimnasia
periodística maravillosamente ejecutada.
Indignación selectiva
Pero lo más grave de todo esto es la falta de condena de la famosa
“comunidad internacional”, en realidad Occidente, ante las flagrantes
violaciones de los derechos humanos al margen de las manifestaciones.
Represión policial, ataques a la libertad de expresión, de
manifestación, de asociación, criminalización de los movimientos
estudiantiles, intimidaciones…El coctel perfecto del autoritarismo de
Estado.
Ningún jefe de Estado occidental, acostumbrado, sin embargo, a las
lecciones de moral a favor de los “derechos humanos” y de la
“democracia”, se ha conmovido ante esta deriva autoritaria del gobierno
quebequés.
El mismo silencio en los medios. Ese silencio que mantuvieron en
relación a las manifestaciones se ha visto acompañado por otro silencio
aún más grave, el referente a la violencia policial. Ni indignación ni
condena. Cuando se trata de un país aliado o de una nación amiga, todo
está permitido.
Un trato de favor que contrasta enormemente con el tratamiento mediático
y las conminaciones de las cancillerías occidentales ante las
manifestaciones estudiantiles en Venezuela.
Cuando el país ha decidido elegir otra vía en los planes económicos,
social y político, y se ha enfrentado así a los intereses occidentales,
se convierte en el blanco permanente de los “nuevos perros guardianes” y
de las naciones occidentales.
El año pasado cuando algunos manifestantes ocuparon las calles de
Caracas para atacar bastante violentamente los edificios públicos, los
ministerios, la cadena de televisión Telesur, en Francia o aún más en
España medios como Le Monde y El País homenajearon a los provocadores y
los presentaron como “combatientes” e incluso “mártires” de la
“libertad”,
aunque la mayoría de ellos formaban parte de las famosas Guarimbas,
estos grupos extremistas cuyo único objetivo es desestabilizar las
instituciones y al gobierno venezolano.
Señalemos, además, que esos mismos medios eran los primeros en denunciar las “represiones policiales”.
Si, es cierto, hubo usos de fuerza desproporcionados por parte de la
policía bolivariana, pero sin duda no merecían ese encarnizamiento
mediático, tanto más cuanto que en Venezuela se respetó el derecho a
manifestar y que en la mayoría de los casos la policía hizo uso de la
fuerza en actitud defensiva, contrariamente a lo que se ha visto en
Quebec en los ataques deliberados de las fuerzas del orden.
En síntesis, una indignación de geometría variable que da una idea del
papel que desempeñan los medios en nuestras llamadas sociedades
democráticas.
Conclusión
Las revueltas que hoy sacuden a Quebec se inscriben en un conjunto más
amplio referente a unas reivindicaciones que se han convertido en
mundiales.
En efecto, el denominador común de los movimientos estudiantiles y
sindicales en Canadá, Inglaterra, España, Francia, Grecia, Chile es el
rechazo de las políticas neoliberales que tienen por objetivo imponer la
austeridad a perpetuidad.
El “rigor” o el “equilibrio” presupuestario que vuelve siempre como un
leit motiv en boca de neoliberales como el primer ministro francés
Manuel Valls o el primer ministro belga Charles Michel se convierte en
un objetivo obsesivo que todos los dirigentes desean lograr lo más
rápidamente posible para complacer a sus amos de Bruselas.
Para lograrlo imponen medidas muy impopulares como el aumento de la
matrícula en la universidad, el congelamiento de los salarios, la
reducción de empleados o los cortes drásticos en los presupuestos del
Estado.
Todo esto con el pretexto de que el “Estado no dispone de medios” y que, por lo tanto, “no tiene alternativa”.
Sin embargo, lo que falta no es el dinero. Las desigualdades
socio-económicas explotan en los países y en el mundo. La crisis,
desastrosa para la mayoría, resulta ser para otros una manera de
aumentar espectacularmente su capital.
Además, frente al terrorismo mediático e intelectual que afirma que solo
es posible la vía neoliberal dado el elevado monto de las deudas
soberanas, sería interesante y fundamental revelar quiénes son los
verdaderos responsables de la explosión las deudas soberanas.
En Francia, por ejemplo, el colectivo Audit Citoyen de la Dette
(Auditoría Ciudadana de la Deuda) estimó en un estudio reciente que el
59% de la deuda francesa era ilegítima.
Esta última no es fruto, como gustan repetir los “expertos” y los
economistas destacados, de la expansión de los gastos públicos porque
han aumentado relativamente poco desde la década de 1980, sino que se
debe a que el propio Estado se ha privado de ingresos fiscales al eximir
(impositivamente) a las grandes empresas y crear nichos fiscales
favorables a los más ricos.
Todo eso en el afán de satisfacer a una clase burguesa cada vez más ávida de beneficios y de dinero.
Finalmente, es forzoso constatar que las políticas neoliberales que se
vienen imponiendo desde hace treinta años han fracasado claramente en
todos los lugares en los que se han implementado.
Ya sea en América Latina en las décadas de 1980/90 o actualmente en
Europa, las medidas de austeridad han aumentado la falta de empleos, la
pobreza, las desigualdades, la deuda… Pero no pasa nada, los adeptos a
estas políticas antisociales e inhumanas no parecen predispuestos a la
autocrítica y a la comprobación de su fracaso que, sin embargo, es
flagrante.
Es indudable que la clase dominante se permite hundir cada vez más el
clavo porque no tiene opositores poderosos que le hagan frente,
conscientes de su situación y de sus intereses de clase, organizados
para luchar contra las fechas límite del sistema económico mundial.
La relación de fuerzas se halla hoy en día ampliamente a favor de la
clase pudiente que, a través de sus medios, de sus escuelas y de sus
instituciones sabe hacer aceptar a los ciudadanos las políticas que les
imponen.
Consiguen así crear un relativo consenso que le permite continuar su marcha hacia adelante.
Y cuando algunos se levantan contra este injusto y desigual estado de
cosas, entonces apela a la máquina represiva con el objeto de hacer
entrar en razón a los recalcitrantes.
Desde Montreal hasta Atenas, pasando por Madrid, Nueva York o Bruselas,
las manifestaciones contra la austeridad son la prueba de que, con todo,
la clase dominante no ha ganado totalmente la batalla.
Los núcleos de resistencia que llevaron al poder a presidentes
progresistas en América Latina son prueba de que a pesar de las
contradicciones, los errores y los incumplimientos, otro mundo, otra
civilización, otra sociedad, otro sistema son posibles.
Para ello será fundamental la lucha internacional y sin lugar a dudas determinará el resultado de la batalla en curso.
FUENTE