Los
graves riesgos que la intensificación de la contraofensiva imperialista
-con su tropa de asalto mediática a la cabeza- entraña
En
las ciudades de La Paz y Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, los días 27 y
28 de septiembre del corriente año tuvo lugar un seminario
internacional para discutir el tema objeto de la presente nota. El
evento reunió a un conjunto de analistas bolivianos e internacionales y
también a dirigentes y militantes de los movimientos sociales de ese
país para analizar una de las armas más virulentas de la contraofensiva
lanzada por el imperio: la batalla mediática. Contó con la presencia de
intelectuales bolivianos como Emilio Rodas, Hugo Moldiz y Katu Arkonada,
y Gisela López, Ministra de Comunicación del Estado Plurinacional de
Bolivia, en representación del gobierno boliviano. A estos se sumaron
Randy Alonso Falcón
(Cubadebate), Luis Hernández Navarro
(La Jornada, México y
TeleSUR), Érika Ortega Sanoja (corresponsal de
RT
en Venezuela), Otavio Antunes (Fundación Perseu Abramo de Brasil),
Carlos Antonio Lozada (prensa FARC, Colombia), Juan Manuel Karg (Red de
Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad), Luis Bruschtein (
Página/12) y el autor de esta nota.
Imposible reseñar la variedad de asuntos tratados a lo largo de dos
días de intensos debates, estimulados además por sendas reuniones con el
presidente Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera. No
obstante, a la hora de señalar las principales conclusiones de este
evento hubo un amplio consenso acerca de los graves riesgos que la
intensificación de la contraofensiva imperialista -con su tropa de
asalto mediática a la cabeza- entraña para la viabilidad misma de la
democracia y la autodeterminación nacional en América Latina y el
Caribe. El objetivo del desenfreno de Washington es inocultable:
“restaurar las condiciones vigentes en esta región en vísperas del
triunfo de la Revolución Cubana” como reza el documento final firmado
por los participantes del encuentro. [1]
Instrumentos de esta iniciativa son las continuas presiones
desestabilizadoras –a veces francamente destituyentes- que el gobierno
de EEUU ha venido ejerciendo en estos años con alevosía y perversidad en
comunión con sus clientes locales. Blanco preferido de la agresión ha
sido la Venezuela bolivariana, pero esta política también se ha
aplicado, de modo apenas más disimulado, sobre todos los gobiernos
progresistas del continente sin excepción. El reciente endurecimiento
del bloqueo a Cuba impulsado por Donald Trump reitera la vigencia de
esta pertinaz ofensiva contra la isla rebelde. Otras herramientas de
esta estrategia son los mal llamados “golpes blandos” en donde una
pandilla de jueces, legisladores y medios de comunicación derrocan
“legalmente” y sin apelar a la intervención de las fuerzas armadas a
gobiernos desafectos: Honduras en 2009, Paraguay en 2012 y Brasil en
2016 son otros tantos hitos de esta siniestra política, aparte de las
tentativas fracasadas en Bolivia en 2008 y Ecuador en 2010. El asalto al
poder de la derecha en Brasil en 2016 fue ejecutado por una cuadrilla
de corruptos y mafiosos orquestados casualmente por la embajadora
estadounidense Liliana Ayalde, la misma que dirigió el “golpe
express”
en contra de Fernando Lugo en Paraguay en 2012 (resuelto en menos de 24
horas) y que hoy se desempeña como jefa civil del Comando Sur. La
involución democrática que padece la Argentina actual bajo el gobierno
de Mauricio Macri y la intensificación de la presencia militar
estadounidense en el área son otras tantas dimensiones de la guerra de
reconquista lanzada por Washington con la ilusión de cerrar el
desafiante paréntesis abierto con el triunfo de la Revolución Cubana el
1º de Enero de 1959.
El detenido examen de las distintas experiencias nacionales realizado
en el seminario reveló que en fechas recientes la manipulación
mediática y la absoluta irresponsabilidad de los medios de comunicación
hegemónicos alcanzaron niveles sin precedentes en la región. De hecho,
los grandes oligopolios multimedios que pululan en Nuestra América
culminaron su inmoral tránsito desde el periodismo a la propaganda,
abandonando la misión de ofrecer información verídica y objetiva para
asumir, en cambio, el rol de agentes organizativos de los “partidos del
orden”. Por lo tanto es inexacto referirse a ellos como “órganos
periodísticos” porque han sufrido una mutación genética que los ha
convertido en vergonzantes oficinas de propaganda de la derecha
vernácula y sus amos estadounidenses. Conscientes de la verdadera estafa
que esto implica para la opinión pública insisten en autodenominarse
como “periodismo independiente”, aunque hacen cualquier cosa menos
actuar como periodistas y honrar el derecho a la información. En su
abominable involución su tarea ahora es atrofiar y adormecer la
conciencia de la ciudadanía, idiotizarla con burdos programas de
“entretenimiento” o transmisiones deportivas y descargar sobre el
público un torrente de noticias maliciosamente tergiversadas y
eternamente descontextualizadas y que se presentan como si fueran la
obra de un “periodismo independiente, serio, objetivo, respetable”. Sin
embargo lo que hacen estos medios es difundir una propaganda destinada a
mantener a la población en la pasividad, sometida y obediente a los
mandatos de sus dominadores y ahondar su despolitización para que la
política termine siendo un monopolio de las clases dominantes.
Sin embargo, la degradación intelectual y moral de las masas es sólo
una parte de la misión de estos grandes medios pseudoperiodísticos. Ante
la debilidad de las fuerzas políticas de la derecha estos asumen las
funciones propias de un partido del orden, tal como Antonio Gramsci lo
advirtiera en sus clásicos estudios sobre el
Risorgimento
italiano. Y en línea con esa nueva función política fijan los
lineamientos fundamentales que la derecha deberá llevar a la práctica en
materia de política y economía doméstica así como el alineamiento
internacional (es decir, sometimiento total a los dictados de
Washington) que las fuerzas restauradoras deberán seguir para erradicar
la plaga izquierdista, progresista o populista según los casos que se ha
apoderado de América Latina y el Caribe. Su tarea incluye también la
elaboración de la agenda concreta de trabajo de las organizaciones
políticas de la derecha regional; el entrenamiento de sus cuadros y
militantes; la fabricación y promoción publicitaria de sus candidatos y,
por último, a través de sus imponentes aparatos comunicacionales, la
manipulación de la opinión pública para que aquellos prevalezcan en las
elecciones.
En este escandaloso escenario, líderes y gobiernos populares son
víctimas de permanentes campañas de calumnias y difamaciones tendientes a
satanizar a sus principales dirigentes, agigantar los problemas que
enfrentan en sus países a la vez que ocultar cuidadosamente la tragedia
que aflige a otros. Así, las mortales amenazas a la libertad de
expresión se encuentran en Venezuela, no en México, en donde once
periodistas fueron asesinados en lo que va del año y más de un centenar
desde principios de siglo. Para esas agencias de propaganda Nicolás
Maduro es sin duda alguna un contumaz dictador, y Michel Temer, el
mafioso que usurpó la presidencia de Brasil, un prudente estadista. Las
víctimas fatales de las “guarimbas venezolanas” de este año son una
prueba escandalosa del despotismo del “régimen”, y fueron noticia en
primera plana, día a día durante más de cuatro meses; pero los 120.000
que murieron en México en la fútil “guerra contra el narcotráfico”
fueron invisibilizados al igual que los 43 estudiantes de Ayotzinapa.
Del mismo modo, esa prensa que no ahorra adjetivos para descalificar a
los gobiernos progresistas nada dice sobre los más de veinte líderes de
las FARC-EP asesinados en los últimos meses en el marco del actual
“proceso de paz” de Colombia, para ni hablar de los casi doscientos
militantes de base asesinados en el último año y medio y los siete
millones de desplazados por el paramilitarismo y el narcotráfico. En la
Argentina los medios hegemónicos apelan a miles de argucias y falsedades
para ocultar que un joven ciudadano, Santiago Maldonado, fue
aprehendido por la Gendarmería y desde entonces está desaparecido; o que
hay una parlamentaria del Mercosur y líder de un importante movimiento
social, Milagro Sala, que hace casi dos años está en prisión sin haber
sido condenada por ningún delito.
Casos como estos que hemos reseñado se multiplican a lo largo y a lo
ancho de toda la geografía latinoamericana y caribeña pero estos
trágicos acontecimientos no llegan a ser noticias porque la misión de
los grandes medios es precisamente impedir que esto se sepa, o si tal
cosa es imposible hacer todo lo posible para minimizar su visibilidad o
inventar alguna que otra noticia espectacular que distraiga la atención
de la ciudadanía y se olvide del otro tema. ¡Imagínense cual habría sido
la reacción de esos medios de propaganda si el gobierno de Nicolás
Maduro hubiera enviado a la Guardia Nacional Bolivariana a secuestrar
las urnas del ilegal referendo convocado por la MUD el pasado 16 de
julio y hubiera maltratado y golpeado a casi un millar de votantes como
este domingo 1º de octubre lo hizo el gobierno de Mariano Rajoy durante
la realización del referendo en Catalunya! La noticia habría sido
primera plana mundial durante días y días, y los escribas de la derecha
habrían literalmente incendiado el continente con las denuncias en
contra de tan brutal atropello a lo que ellos mismos conciben como la
esencia de la democracia. No ocurrirá lo mismo con las tropelías
perpetradas por el gobierno de Rajoy; nadie dirá, como lo hacen con
incurable estulticia de Maduro, que “Rajoy es un dictador.” Esas
agencias de propaganda del imperio y la derecha protegen a sus
mandaderos, hicieran lo que hicieren.
En suma, la historia corrigió a Karl Marx y ahora los medios -no de
comunicación sino de “in-comunicación” y desinformación, o al decir de
Noam Chomsky, medios de “confusión de masas”- han reemplazado a la
religión para convertirse en “el opio de los pueblos”. Esta involutiva
mutación fue precozmente reconocida por Gilbert K. Chesterton en 1917 al
decir que los medios “son por su misma naturaleza, los juguetes de unos
pocos hombres ricos. El capitalista y el editor son los nuevos tiranos
que se han apoderado del mundo. Ya no hace falta que nadie se oponga a
la censura de la prensa. No necesitamos una censura para la prensa. La
prensa misma es la censura. Los periódicos comenzaron a existir para
decir la verdad y hoy existen para impedir que la verdad se diga.” Sus
palabras son una vibrante radiografía de la situación de la escena
mediática en el mundo de hoy. Sin quitar o poner una coma retratan la
situación de los medios en Latinoamérica.
La estrategia concertada de los grandes conglomerados de la
comunicación -coordinada desde EEUU por ejemplo a través del Grupo de
Diarios de América, con sede en Miami- impone una asfixiante uniformidad
de temas, noticias y opiniones en todos los países del área. El GDA
dice lo que hay que informar y lo que no debe ser informado. Dice
también qué es lo que hay que opinar, quiénes deben hacerlo y cómo.
Basta con recorrer las páginas de los principales periódicos de la
región o los programas televisivos con mayor audiencia para comprobar,
por ejemplo, que hace mucho tiempo la principal noticia procedente del
exterior (cuando no la única) es, invariablemente, Venezuela. Para la
canalla mediática un mundo tan convulsionado como el actual tiene un
solo punto de referencia, y es lo que ocurre en la tierra de Bolívar y
Chávez. ¿Hay riesgo de una guerra termonuclear en la península
norcoreana? ¿Que la OTAN desplegó sobre la frontera rusa el mayor
contingente de fuerzas militares desde la Segunda Guerra Mundial? ¿Siria
es desangrada por unos terroristas creados por Occidente? ¿El jihadismo
aterroriza a Europa y amenaza con expandirse por todo el mundo? ¿El
presidente de EEUU, que controla el mayor arsenal nuclear del planeta,
es caracterizado por la Asociación Psiquiátrica de EEUU como una
personalidad emocionalmente inestable e inepta para desempeñar un cargo
de tanta trascendencia? ¿Miles de muertos en Yemen por la agresión de
una alianza formada por Saudiarabia, Israel y las potencias
occidentales?
Nada.Todas estas cosas son nimiedades. La noticia es Venezuela; las
secciones “internacionales” de la prensa latinoamericana sólo hablan de
ese país, como si no existiera ningún otro en el mundo. Puede haber
alguna que otra ocasional referencia a noticias del ámbito
internacional, pero “la noticia” del exterior, la que precipitará un
aluvión de editoriales y notas de opinión será siempre la situación
venezolana. Decíamos que esto no es casual, sino que obedece a una
estrategia consciente y de alcance regional. Por eso quienes hemos
participado en el seminario exhortamos a los gobiernos y los movimientos
sociales y las fuerzas políticas progresistas latinoamericanas y
caribeñas a dar pasos hacia la conformación de una vasta red de alcance
continental capaz de enfrentarse a las mentiras, tergiversaciones y
manipulaciones de las oligarquías mediáticas neocoloniales de la región.
Existen en Latinoamérica valiosas expresiones de un periodismo fiel a
su misión de informar con objetividad. Pero, hasta ahora, se trata de
iniciativas aisladas que será necesario integrar y coordinar para
desarrollar una estrategia común capaz de enfrentarse al poderío de las
oligarquías mediáticas que abruman a nuestros pueblos. Como recomendaba
Martí, “plan contra plan”. Si el de ellos es una coordinación
continental de mentiras y calumnias el nuestro debe serlo para hacer que
la verdad aparezca con todas sus luces.
El seminario concluyó manifestando su apoyo a la propuesta de los
movimientos sociales de Bolivia de respaldar la repostulación del
presidente Evo Morales Ayma a un nuevo mandato, denunciando además el
escandaloso doble rasero del “periodismo independiente” que saludó el
reciente triunfo de la Canciller alemana Angela Merkel para iniciar un
cuarto turno de gobierno mientras que agravia y condena sin atenuantes
al presidente Evo por tratar de hacer lo mismo en Bolivia. En un caso se
trata de la capitalización de la experiencia adquirida por largos años
de gobierno y la maduración que éstos le otorgan a una estadista como la
Merkel. En el otro, expresión de una turbia aspiración a eternizarse en
el poder y destruir la democracia destruyendo el crucial principio de
la alternancia en el poder.
Los participantes del evento manifestaron asimismo su beneplácito
ante la iniciativa de declarar el 9 de Agosto “como el “Día
Internacional de los Crímenes Estadounidenses contra la Humanidad”,
conmemorando la fecha en la que EEUU arrojó su bomba atómica sobre la
indefensa ciudad de Nagasaki y se comprometieron a promover su
lanzamiento oficial el año próximo. Son crímenes que ponen en jaque la
supervivencia misma de la especie humana y ante los cuales la
indiferencia se convierte en complicidad. En síntesis: este magnífico
seminario permitió refinar el diagnóstico sobre la escena mediática en
América Latina y el Caribe, aquilatar los perniciosos efectos del
creciente control de la información y los medios de comunicación en
manos de oligarquías neocoloniales y profundamente refractarias ante las
exigencias de la democracia y, por último, comenzar a diseñar una
propuesta para establecer en Nuestra América un nuevo orden informativo
internacional compatible con los anhelos emancipatorios y democráticos
de nuestros pueblos.
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Nota: [1] Ver la declaración en Cubadebate:
http://www.cubadebate.cu/noticias/2017/09/29/concluye-en-bolivia-seminario-internacional-sobre-ataques-mediaticos-a-gobiernos-progresistas/#.WdEdjGjWxPY
La Haine