viernes, 5 de enero de 2018

La Unión Europea: una estratagema china al servicio de los Estados Unidos (II/IV)

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La Unión Europea: una estratagema china al servicio de los Estados Unidos (II/IV)

 

La UE sólo puede ser una dictadura: la estratagema de las cadenas

Como dije anteriormente, el objeto de este trabajo es responder las preguntas: ¿Cuál es el interés de los Estados Unidos en promover la construcción europea? ¿De qué manera puede servir a sus intereses?
Para  responder a esta pregunta hace falta referirse a una de las estratagemas chinas citadas en el manual de guerra de origen chino Las 36 estratagemas, que fue escrito por un autor anónimo bajo la dinastía Ming en el siglo XV. Se trata de una recopilación de estrategias de guerra elaboradas en China a lo largo de varios milenios. La estratagema que nos interesa es la nº35, llamada Lián huán jì, conocida como la estratagema de las cadenas. Esta estratagema consiste en empujar al enemigo a trabarse a sí mismo con cadenas absurdas y auto-bloqueantes de manera a que se le retire toda movilidad estratégica y táctica, impidiéndole así poder defenderse.
Para explicar qué tiene que ver esto con la UE, vamos a utilizar la siguiente metáfora. Comparemos un estado soberano e independiente con una casa rural. En este caso, el propietario de la casa es dueño y señor en su casa. Si quiere volver a pintar las ventanas, cambiar el tejado o la puerta, o cambiar el color de las paredes, puede hacerlo en la medida en que tenga el dinero para ello. En este ejemplo, hace lo que quiere, cuando quiere. Esto es una simplificación, porque se hace abstracción de las contradicciones de clase en un país capitalista dado y del carácter de clase del Estado. Pero para una mayor comprensión, haremos abstracción de estas cuestiones, porque veremos a continuación, lo que ocurre con la UE es en realidad mucho más problemático que el carácter de clase de tal o cual Estado.
Sigamos. Con la Europa de las seis naciones a partir de 1957, ya no tenemos una única casa rural sino un apartamento en el seno de una copropiedad de seis apartamentos en una localidad turística. Aquí el propietario del apartamento ya no podrá hacer lo que quiera porque habrá una soberanía compartida: podrá cambiar por ejemplo el color de las paredes en su propia casa, pero por ejemplo ya no podrá cambiar las contraventanas ni el tejado, ni cambiar el color del hueco de la escalera porque en este caso le hará falta la autorización de los demás copropietarios. Y sabiendo que es muy difícil que los seres humanos se pongan de acuerdo entre ellos (ya lo es para elegir un color, entonces no digamos ya a escala de Estados sobre cuestiones como formar parte o no de la Alianza atlántica) para zanjar los conflictos entre los distintos vecinos hará falta un presidente de la comunidad de vecinos.
Pero si ahora tenemos una copropiedad de 27 pisos, el dueño del piso ya no decide de nada: es imposible que los 27 dueños se pongan de acuerdo sobre cualquier asunto, y de hecho la mayoría ni se conocen (ya me dirán que relación histórica o cultural tienen España o Portugal con un país como Eslovaquia o Finlandia, o con los estonios o los letones que rehabilitan a las Waffen-SS). En estas condiciones, el presidente de la comunidad de vecinos decide de todo. Esto es lo que está ocurriendo con la UE, siendo el presidente de la comunidad de vecinos la Comisión europea.
Por ello, la UE no puede ser otra cosa que una dictadura. Más aun sabiendo que los tratados europeos sólo se pueden cambiar por unanimidad (las directivas se pueden modificar por mayoría cualificada de países miembros en reunión del Consejo de la Unión Europea, pero esto no permite modificar los tratados de los que emanan las propias directivas). Recordemos que el significado etimológico de democracia es “poder del pueblo”, es decir démos (δῆμος) y krátos (κράτος). Para que haya democracia, hace falta que haya un pueblo. Pero no existe un pueblo europeo, contrariamente a lo que quieren hacer creer los europeístas. Por lo tanto es imposible que haya una política común que pueda satisfacer a todos. Además, las instancias dirigentes de la UE siempre puede apoyarse en uno o varios pueblos para imponer a otros una política que no quieren.
En 1992 el euro-escéptico Philippe Séguin, hombre que se reclamaba del “gaullismo social”, y por el cual siento una cierta admiración, hacía mostrado tener una enorme capacidad de previsión por la lucidez de sus análisis, al anticipar lo que acabo de exponer. Séguin no cuestionaba en sí la construcción europea desde 1957, pero se había dado cuenta de que la UE maastrichtiana no podría ser democrática, y ello no solamente a razón de la divergencia de intereses entre los (entonces) 12 países miembros, sino también porque el propio factor nacional lo hacía imposible. En un debate televisado sobre el referéndum de 1992 para ratificar el tratado de Maastricht, en el que se enfrentó al presidente francés François Mitterrand, partidario del “sí”, Séguin dijo:
“En esta campaña se ha citado mucho al general De Gaulle. Así que no hay motivo por el cual no debería hacerlo yo mismo. Él decía: ‘Para mí, la democracia es inseparable de la soberanía nacional’. ¿Qué quería decir con esto? Que la democracia es la aceptación por una minoría de la ley de la mayoría. Y eso no es poca cosa, usted ha conocido esta situación, señor presidente, yo la estoy conociendo en este momento
“Señor presidente, creo en la posibilidad de que un francés del norte acepte estar en minoría frente a una coalición de francés del este, del oeste, del sur, porque juntos tienen un sentimiento muy fuerte de pertenencia común. No estoy seguro, señor presidente, de que en el estado actual de las cosas, mientras una mayoría o minoría de franceses acepte o rechace tal o cual cosa, una mayoría de otros países pueda imponérselo.”[6]
Y en un discurso, verdaderamente magnífico, pronunciado en la Asamblea Nacional el 5 de mayo de 1992 en oposición al proyecto de ley constitucional previo a la ratificación del Tratado de Maastricht, Séguin dijo:
“¿Qué quieren que apoyemos en lugar de lo que se quiere eliminar? ¿A qué quieren que nos unamos cuando se haya obtenido de nosotros una renuncia nacional? ¿Sobre qué vamos a fundar este gobierno de Europa al que quieren someternos? ¿Sobre la conciencia europea? Es cierto, esta conciencia existe; incluso existe de alguna manera la civilización europea, en el confluente de la voluntad prometeica, la cristiandad y la libertad del espíritu.
Por supuesto, los europeos tenemos un patrimonio y todo tipo de similitudes, pero esto no basta para construir un Estado. Si existe una conciencia europea, es un poco como existe una conciencia universal; es algo que releva del concepto, y no tiene que ver con el alma del pueblo ni con la solidaridad carnal de la nación. La nación francesa es una experiencia multisecular; la conciencia europea es una idea, que de hecho no se detiene en las fronteras de la Comunidad. Y no se construye un Estado legítimo sobre una idea abstracta, aún menos sobre una voluntad tecnocrática.
Así, el Estado federal europeo carecería de fundamento real y de justificación profunda. Sería un Estado arbitrario y lejano en el que no se reconocería ningún pueblo.”

En un discurso magnífico en la Asamblea Nacional francesa en 1992, el gaullista Philippe Séguin había vaticinado que la UE no podía ser otra cosa que una dictadura, al no existir ningún “pueblo europeo”
También me gustaría citar al ex-funcionario del BCE Vincent Brousseau, responsable de cuestiones monetarias del partido Unión Popular Republicana, que hace unos 15 años era un europeísta convencido, pero que ahora se ha desengañado:
“…es una utopía, porque no hay pueblo europeo. Una cosa que comprendí, es que el pueblo francés se define por referencias en común que tiene en la mente, que pueden ser de naturalezas muy diferentes: lingüísticas, culturales, el hecho de que haya visto las mismas cosas en la televisión, el hecho de que haya aprendido las mismas cosas en el colegio, que haya participado a ciertos debates que no tienen equivalente en Italia o Bélgica, etc. Y lo mismo vale para los demás países. Por lo tanto, el hecho de ser un pueblo significa básicamente ser una comunidad mental. Y los demás pueblos son otras comunidades mentales, pero no tienen mucho en común. Con los alemanes, nuestros puntos en común son esencialmente referencias anglo-sajonas. Es decir, ni francesas ni alemanas. Creo que esto es un poco superficial para ser el pilar del surgimiento de un nuevo pueblo.”[7]
Ahora bien, si la Comisión europea es el equivalente del presidente de la “comunidad de vecinos” en primera instancia, lo que pretende desarrollar este artículo es que, en última instancia, son los Estados Unidos de América quienes desempeñan este papel de presidente, o como decía Charles de Gaulle, el papel de “federador exterior”.

Los Estados Unidos, el “federador exterior”

En mi anterior artículo había citado un extracto de la famosa  conferencia de prensa del General de Gaulle del 15 de mayo de 1962, donde hablaba del “federador exterior” de Europa. Esta vez el lector me va a permitir reproducir un extracto más amplio de esta misma conferencia de prensa. Sin ser de una longitud particularmente excesiva, pido al lector que sea paciente, pues si comprende las palabras de De Gaulle, pronunciadas por él con la mayor campechanía (pero no por ello con menor lucidez) lo habrá comprendido todo sobre la estrategia estadounidense con respecto a Europa. De paso también se podrá comprobar hasta qué punto es una patraña aquello que se escucha a veces de que De Gaulle fue “una de las figuras influyentes en la historia del proceso de construcción de la Unión Europea” como afirma por ejemplo Wikipedia.
Ante la pregunta de un periodista que le preguntó acerca de los motivos que impulsaron el Plan Fouchet[8], De Gaulle dijo:
“Es cierto que las propuestas de Francia han suscitado dos objeciones, que por cierto eran perfectamente contradictorias entre sí, aunque presentadas por los mismos oponentes.
Por una parte, estos oponentes nos dicen: ‘Queréis hacer la Europa de las patrias. Nosotros, en cambio, queremos hacer la Europa supranacional’, como si se tratase de una fórmula para mezclar a las entidades potentemente establecidas que se llaman pueblos y Estados. Por otra parte, se nos dice: ‘Inglaterra puso su candidatura para entrar en el Mercado común; mientras no esté dentro, no podemos hacer nada político.’ Pero todo el mundo sabe que Inglaterra, como gran Estado y nación fiel a sí misma, jamás consentiría en disolverse en una construcción utópica.
Y ya que tengo la ocasión, señores periodistas, quisiera de forma accesoria hacer observar –y tal vez vayáis a sorprenderos– que en lo que a mí respecta, jamás he hablado, en ninguna de mis declaraciones, de ‘Europa de las patrias’, aunque se pretenda que lo hice. Esto, por supuesto, no significa que reniegue de la mía; al contrario, estoy más apegado que nunca a ella y no creo que Europa pudiese tener alguna realidad viviente si no incluyese a Francia con sus franceses, a Alemania con sus alemanes, Italia con sus italianos, etc. Dante, Goethe, Chateaubriand pertenecen a toda Europa en la medida en que eran, respectivamente y eminentemente, italiano, alemán y francés. No podrían haber servido mucho a Europa si hubiesen sido apátridas y si hubiesen pensado en algún idioma ‘esperanto’ o en ‘volapük’ integrado…
Pero es cierto que la patria es un elemento humano, sentimental, mientras que Europa sólo se puede construir en base a elementos de acción, de autoridad, de responsabilidad. ¿Qué elementos? ¡Pues los Estados! Porque sólo los Estados son válidos, legítimos y capaces de hacer realidad cosas. Lo he dicho y lo repito, que en el momento actual, no puede haber otra Europa que la de los Estados, si naturalmente descartamos los mitos, las ficciones y las representaciones teatrales. Lo que sucede con la Comunidad económica lo demuestra todos los días, porque son los Estados, y solamente ellos, quienes crearon esta Comunidad económica, quienes la han provisto de créditos, quienes la han dotado de funcionarios. Y son los Estados quienes le dan una realidad y una eficacia, sabiendo además que no se puede tomar ninguna medida económica importante sin cometer un acto político.
[…]
En realidad, no podemos asegurar el desarrollo económico de Europa sin su unión política. Y respecto a ello, quisiera señalar lo arbitraria que es cierta idea que había aparecido en los debates recientes, que pretendía sustraer las cuestiones económicas de las reuniones de jefes de Estado y gobierno, cuando para cada uno de ellos, en sus países respectivos, ésta es una cuestión cotidiana y capital.
Quisiera hablar particularmente de nuestra objeción contra la integración. A esta objeción se nos opone lo siguiente: ‘Fusionemos juntos los seis Estados en una entidad supranacional; así todo será muy simple y muy práctico.’ Esta entidad nacional no se propone, porque sencillamente no existe. No existe hoy un federador en Europa que tenga la fuerza, el crédito y el atractivo suficientes. Entonces la gente se repliega en una especie de híbrido y dice: ‘bueno, al menos que los seis Estados acepten someterse a lo que habrá sido decidido por una cierta mayoría.’ Al mismo tiempo se dice: ‘ya existen seis Parlamentos europeos –seis parlamentos nacionales más exactamente–, una Asamblea parlamentaria europea, incluso hay una Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa, que, cierto es, era anterior a la concepción de las Seis naciones, y que, según me cuentan, ya está muerta en vida. Pues pese a todo ello, elijamos otro Parlamento, que llamaremos europeo, y que dictará la ley para los seis Estados.’
Son ideas que tal vez puedan encantar a algunas mentes, pero no veo cómo podrían hacerse realidad en la práctica, aunque dispongamos de seis firmas sobre un papel. ¿Existe acaso una Francia, una Alemania, una Italia, una Bélgica, un Luxemburgo, que estén dispuestos a hacer, respecto de una cuestión importante para ellos desde el punto de vista nacional e internacional, lo que les parecería malo, porque habrá sido ordenado por otros? ¿Acaso el pueblo francés, el pueblo alemán, el pueblo holandés, el pueblo belga, el pueblo luxemburgués, piensan en someterse a leyes votada por diputados extranjeros, a partir del momento en que dichas leyes irían en contra de su voluntad profunda? ¡No es cierto! No hay manera, en el momento actual, de hacer que una mayoría extranjera pueda someter a naciones recalcitrantes.
Es cierto que, en estas ‘Europa integrada’, como se suele decir, tal vez no habría política en absoluto. Esto simplificaría mucho las cosas. En efecto, a partir del momento en el que no habría Francia, ni Europa, que no habría política porque no podríamos imponer ninguna a cada uno de los seis Estado, nos abstendríamos de hacer política.
Pero entonces, este mundo se pondría a la cola de alguien de fuera que sí tendría una política. Tal vez habría un federador, pero no sería europeo. Y no sería la Europa integrada, lo que habría sería algo mucho más amplio y mucho más extenso, con, lo repito, un federador. Tal vez sea esto lo que, en cierta medida y en ocasiones inspira algunas declaraciones de tal o cual partidario de la integración de Europa. Entonces, sería mejor que lo digan.
Vean ustedes, cuando se evocan los grandes negocios, a la gente le resulta agradable soñar con la lámpara maravillosa que a Aladín le bastaba frotar para poder volar por encima de lo real. Pero no hay fórmula mágica que permita construir algo tan difícil como la Europa unida. Entonces, pongamos la realidad en la base del edificio, y cuando hayamos hecho el trabajo, entonces podrán mecernos con cuentos de las Mil y una Noches.”[9]
Estas declaraciones fueron un escándalo, tanto en Francia como en el extranjero. Todo el mundo había comprendido perfectamente a quién se refería el general De Gaulle con el “federador exterior” que “no sería europeo”. Y tampoco tenía escrúpulos a la hora de señalar indirectamente a los agentes de Washington que estaban detrás de la “construcción europea”.
Es más, en 1963 De Gaulle confirmaba este mismo análisis confesándole lo siguiente a su ministro de información Alain Peyrefitte:
“¿Sabe usted lo que significa la supranacionalidad? La dominación de los americanos. La Europa supranacional, es Europa bajo mando americano. Los alemanes, los italianos, los belgas, los holandeses están dominados por los americanos. Los ingleses también, pero de otra manera, porque son de la misma familia. Entonces, sólo Francia no está dominada. Para dominarla a ella también, se empeñan en querer hacerla entrar en un engendro supranacional a las órdenes de Washington. De Gaulle no quiere eso. Entonces, la gente no está contenta y lo dice continuamente, se pone a Francia en cuarentena. Pero cuanto más quieren hacerlo, más se convierte Francia en un centro de atracción.”[10]

Cartel de campaña del PS francés para el referéndum sobre la ratificación del Tratado de Maastricht: “Hacer Europa es dar la talla”. La idea implícita, que además emitía cierto tufillo racista, es que la UE permitiría a Europa hacer de contrapeso a los Estados Unidos. La  realidad es exactamente lo contrario.
Resumiendo: como militar y genial estratega, De Gaulle había sabido descifrar la “estratagema de las cadenas” de los Estados Unidos, y había percibido que, al promover la cesión de soberanía de los países de Europa en un único ente supranacional, la construcción europea:
a) tenía vocación de liquidar la soberanía de las naciones europeas, para que nunca pueda surgir un Estado soberano con un gobierno que se opusiera a los planes de dominación del imperialismo estadounidense (y añadiré que para ello el imperialismo estadounidense cuenta con la ayuda inestimable de sus auxiliares euro-trotskistas que afirman que la vuelta al Estado-nación es “nacionalismo”);
b) generaba un mecanismo auto-bloqueante que impedía que los países miembros de la CEE pudiesen tener una política común que pudiera hacer frente a estos mismos planes de dominación, ya sea en materia de defensa, diplomacia, política comercial y económica, etc., y gracias a lo cual los Estados Unidos podrían dominar mejor a unos debilitados países de Europa occidental;
c) y, al hacer que tanto unos como otros tengan que fusionar en un mismo ente supra-nacional, favorecía que las naciones más pequeñas (o las que habían sido seriamente desprestigiadas por su pasado fascista como Italia o la Alemana federal) se pusieran bajo el manto protector de los Estados Unidos, de manera a sentirse en pie de igualdad con una potencia como Francia, que había estado en el campo de los vencedores de la II Guerra Mundial, y que en los años 60 era con diferencia la mayor potencia diplomática y militar de la CEE. Esto es algo que se ha seguido desarrollando en las últimas décadas con la expansión de la UE hacia los países del este de Europa, cuyas élites han estado americanizadas desde incluso antes de la caída del socialismo, y que en ocasiones se caracterizan por una rusofobia enfermiza.
Con estas afirmaciones no pretendo, ni mucho menos, defender una suerte de “teoría de los tres mundos” como la enunciada por el Partido Comunista de China en la década de los 70, que diera a entender que los países capitalistas de Europa occidental son pobres colonias oprimidas por el imperialismo estadounidense, y que negara la existencia del colonialismo y del imperialismo francés, así como del fenómeno imperialista en países como Bélgica, Holanda, Italia, Alemania, etc. En absoluto. Son potencias imperialistas y los monopolios de estos países pueden tener contradicciones con los monopolios estadounidenses. Sin embargo, me reafirmo en la denuncia de dos hechos objetivos, a saber a) la dominación política y militar de los Estados Unidos sobre los países de Europa, y b) el hecho de que, independientemente de que se trate de países capitalistas, la construcción europea ha ido despojando de soberanía nacional a los pueblos de Europa.
El análisis de De Gaulle fue confirmado 51 años después por Vincent Brousseau que –insisto en ello– ha estado 15 años trabajando en los pasillos del BCE:
“Si la UE es una utopía, ¿está justificada la construcción europea? La respuesta es no. Porque… ¿qué podría ser entonces? ¿Si no puede ser un Estado-nación, con todos los atributos de la soberanía, como aún lo es Francia, en qué puede convertirse? Un mosaico de Estados donde no estaremos bien, donde no sabremos si el poder estará a la escala federal o a la escala nacional, o (lo más probable), no estará en ninguna parte. Por lo tanto, esta construcción nos habrá llevado a una pérdida, no a una ganancia. En última instancia no habrá autoridad francesa o europea. En resumen, será la puerta abierta a una dominación extranjera. Y tengo la impresión de que el sentido de la construcción europea es éste: el de ser avasallados por una potencia extranjera que no es europea, y que es, ella sí, un Estado-nación perfectamente sólido.”[11]
Dice un proverbio chino que el pez se pudre empezando por la cabeza. Al estar concentrados los poderes ejecutivo y legislativo en Bruselas, al haberse diluido las soberanías nacionales de los pueblos que forman parte de la UE, resulta inmensamente más fácil para los lobbies de todo tipo y para las redes de influencia estadounidenses poder controlar a las instancias de decisión europeas, que no tienen que rendir cuentas ante ningún pueblo (puesto que ése es el principio mismo de la supra-nacionalidad).
Recientemente, descubríamos por medio de un diputado del parlamento Húngaro que un tercio de los diputados del Parlamento europeo estaban patrocinados por organizaciones afiliadas a la Open Society del magnate Georges Soros[12]. Esto se debe añadir a las investigaciones de François Asselineau, que ya había citado en mi anterior artículo, acerca de la proximidad entre los Estados Unidos y la gran mayoría de miembros de la Comisión europea bajo la presidencia Durao Barroso (actualmente empleado de Goldman Sachs). Es poco probable que la situación haya cambiado sustancialmente con el alcohólico Jean-Claude Juncker.
En la segunda parte del artículo daré algunos ejemplos concretos de cómo se traduce en la práctica el mecanismo auto-bloqueante de la construcción europea al servicio de Washington y del capitalismo neoliberal.
[1] Apuntes sobre la construcción europea. Contribución a un debate fundamental http://ladialectika.com/actualidad/internacional/2017/10/04/apuntes-la-construccion-europea-contribucion-debate-fundamental/
[2] Primera observación: “pilotar” no necesariamente significa “controlar”. El gran capital europeo, que participa igualmente de la llamada globalización, también tiene interés en la construcción europea. El enfoque de mi artículo es principalmente geopolítico.
[3] El lector probablemente estará interesado en saber que este movimiento, que no es más que un think tank destinado a promover el federalismo europeo, fue creado en 1948 y todavía existe a día de hoy. La rama francesa del movimiento dice textualmente en su página web que su objetivo es “desarrollar en el pueblo francés la toma de consciencia de Europa y de la comunidad de destino de los pueblos que la componen”, cosa que parece un copia y pega de los discursos nazis sobre la integración europea. En la web del Movimiento Europeo internacional se dice que entre los años 50 y 90 su principal función era “el establecimiento de un think tank y una red de movilización en los países democráticos de Europa y en los países sometidos a regímenes totalitarios” (léase “comunistas”). Es interesante saber que entre los presidentes del movimiento europeo han estado personalidades como Valéry Giscard d’Estaing (el presidente que representó el viraje total de Francia hacia el europeísmo), el socialista español Enrique Barón, el presidente portugués Mario Soares (muy cercano a la CIA), y a José María Gil-Robles y Gil-Delgado, presidente del Partido Popular Europeo e hijo del antiguo dirigente de la CEDA José María Gil-Robles y Quiñones. Si después nos detenemos en quienes componen el Consejo de Honor del movimiento, vemos atónitos que aparte de Joaquín Almunia y Josep Borrell, figuran los nombres de los empleados de Goldman Sachs Mario Monti y José Manuel Durao Barroso.
[4] https://www.youtube.com/watch?v=1Atyvt9TlcQ&t=15s (min. 1.02)
[5] Es muy triste decirlo, pero lo que dice el programa del PTB sobre la UE es que “queremos una Europa diferente. Queremos un nuevo proyecto europeo basado en el progreso social”. (http://ptb.be/programme/goleft9-une-europe-de-la-solidarite-et-de-la-cooperation) En su día, me llamaron mucho la atención las declaraciones del economista del PTB Henri Houben a Mundo Obrero “si España o Grecia se quedan en la UE es catastrófico, pero si salen será peor”. (http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=2995) Esto sí que es animar el espíritu de lucha de sus hermanos de clase trabajadora de Grecia y España… ¿Os imagináis si le hubiesen dicho a Fidel Castro cuando estaba en Sierra Maestra: “si seguimos siendo colonia de los EE.UU. es catastrófico, pero si dejamos de serlo habrá atentados terroristas y bloqueo comercial. Esto es peor.”?
[6] https://www.youtube.com/watch?v=j1C40Bo7fE8 (min 7.02)
[7] https://www.youtube.com/watch?v=SX8-UaORQ2U
[8] El Plan Fouchet fue un proyecto político europeo presentado por Francia en 1961-1962. Fue un intento por parte de Charles de Gaulle de contestar a las presiones políticas y mediáticas que sufría para que acepte la idea de una Europa federal. El Plan no rompía oficialmente con la construcción europea, pero la limitaba a una simple concertación internacional entre Estados soberanos. El Plan terminó en fracaso ante –naturalmente– la oposición feroz de los Estados Unidos.
[9] https://www.youtube.com/watch?v=C_kklC9JPzw
[10] Charles de Gaulle, citado por Alain Peyrefitte en C’était de Gaulle, Editions de Fallois, Fayard, 1997, tomo 2, pág. 217.
[11] https://www.youtube.com/watch?v=SX8-UaORQ2U (min 9.53)
[12] Sputnik, ‘La lista de Soros’: revelan la red de políticos europeos al servicio del magnate, 6 de noviembre de 2011.
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La Unión Europea: una estratagema china al servicio de los Estados Unidos (I)


 
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La Unión Europea: una estratagema china al servicio de los Estados Unidos (I/IV)



“Francia no lo sabe, pero estamos en guerra con América. Sí, es una guerra permanente, una guerra vital, una guerra económica, una guerra sin muertos… aparentemente. Sí, los americanos son muy duros, Son voraces, quieren un poder total sobre el mundo… Es una guerra desconocida, una guerra permanente, una guerra sin muertos aparentemente, y no obstante es una guerra a muerte.”
(François Mitterrand, pocos meses antes de morir, en Georges-Marc Benamou, Le dernier Mitterrand, 1997, Ed. Plon-Omnibus)
En un artículo anterior[1] tuve la ocasión de demostrar que los Estados Unidos han estado pilotando la construcción europea desde la firma del Tratado de Roma en 1957 hasta el momento actual[2]. Demostré con fuentes irrefutables (extraídas de documentos desclasificados del Departamento de Estado) que los Estados Unidos habían estado detrás de la creación del mercado común, de la moneda común, y que habían inspirado la idea de un parlamento europeo, de una constitución europea, etc. (ideas que en un primer momento habían sido de origen nazi, los imperialistas estadounidenses ocupándose después de reciclarlas en interés propio) Para ello, habían contado con una serie de “agentes de influencia” colocados en las grandes instancias de decisión de la llamada Comunidad Económica Europea (CEE): “padres fundadores” de Europa como Jean Monnet y Robert Schuman; Walter Hallstein, el antiguo ministro nazi que después fue presidente de la primera Comisión europea; o Paul-Henri Spaak, primer ministro belga y presidente del Movimiento Europeo[3], financiado en gran parte por la CIA a través del American Committee on United Europe, entre otros ejemplos.
Lo ignoraba en el momento de escribir aquel artículo, pero desde su publicación pude descubrir que mi tesis había sido confirmada en 2013 en un programa de la televisión francesa por Marie-France Garaud, ex-política que había sido muy próxima a Chirac (cuando éste era “gaullista”) y que entre 1969 y 1974 había sido ni más ni menos que asesora del presidente Georges Pompidou (y sin que ello genere el menor revuelo o comentario en los medios de comunicación):
“Los Estados Unidos habían querido organizar en Europa una especie de contrafuego frente a la Unión Soviética. Los americanos, que habían organizado redes de influencia para difundir esta política, consideraron, naturalmente, e inspirándose en el Tratado de Westfalia y en la situación de Europa antaño, que las naciones en Europa significan la guerra, y que por lo tanto había que suprimir los Estados y las naciones soberanos. ¡Esto se dijo expresamente! Lo dijo Bush, y lo dijo… Monnet, que portaba el mensaje europeo. Estaba convencido de ello, de hecho era un agente americano (incluso sabemos por cuánto fue remunerado, porque ha sido desclasificado), pero estaba convencido.
Por lo tanto, un día dijo: ‘la paz no renacerá en Europa si las naciones se reconstituyen a partir de la soberanía, hace falta que los pueblos formen una federación con un pilar económico común.’ En otras palabras, lo que los americanos desean es una Europa económica, ¡pero no política! ¡Jamás tuvieron la idea de una Europa política! Y de hecho, lo que vemos ocurrir ante nuestros ojos es la plasmación de este pensamiento.”[4]
Para quien tenga un mínimo de intuición política es evidente que las afirmaciones de Garaud son coherentes: el objetivo de los Estados Unidos era constituir un gran bloque geopolítico bajo su dominación, que sirva de contrapeso a la Europa bajo influencia soviética. Y es indudable que, con este mismo propósito, contaron con la colaboración entusiasta de las grandes burguesías de Europa Occidental.
No obstante, uno puede preguntarse de manera legítima por qué razón los Estados Unidos tendrían interés en seguir pilotando la construcción europea después de desaparecido el campo socialista. ¿Cuál es el interés de los Estados Unidos en que sobreviva el euro? ¿No dicen algunos analistas marxistas que la UE es un proyecto imperialista para hacer de contrapeso a los Estados Unidos y competir con los monopolios estadounidenses? ¿Cómo podrían entonces los Estados Unidos apoyar algo que supuestamente va a en contra de sus intereses?
En mi anterior artículo ya había explicado que esto es efectivamente así, citando los ejemplos de George Bush animando a la entrada de países miembros de la OTAN en la UE, las declaraciones de Condoleeza Rice a favor de la llamada Constitución europea o las palabras de Bill Clinton a favor de la entrada de Turquía en la UE. Por lo tanto, el objeto de este artículo no es tanto demostrar que los Estados Unidos están a favor de la construcción europea, sino más bien dar a comprender por qué lo están.

Matemáticamente, la Unión Europea es irreformable

Para poder tener una mejor comprensión de cómo la propia existencia de la UE sirve a los intereses del imperialismo estadounidense, es preciso explicar de qué manera los tecnócratas al servicio del imperialismo euro-atlantista y del gran capital financiero e industrial se las han arreglado para blindar la construcción europea, de tal manera que no pueda haber “otra Europa”.
En España, la izquierda que con buen criterio ha comprendido que la UE es irreformable y que por lo tanto es preciso salir de la UE para acariciar toda posibilidad de transformación social, sigue siendo una minoría. No obstante, para explicar esto al ciudadano de a pie, se suele recurrir a argumentaciones poco comprensibles, aludiendo directa o indirectamente a la teoría marxista sobre el Estado, es decir a la imposibilidad de transformar desde dentro las estructuras de poder de la UE en beneficio de las clases trabajadoras, puesto que ésta no es su naturaleza de clase.
Esta izquierda tiene razón, pero en mi opinión es querer buscarle tres pies al gato. Yo propongo explicar que no es posible “otra Europa” de una manera mucho más sencilla y más comprensible para cualquier persona. Lo que hace imposible cambiar la UE es el artículo 48 del Tratado sobre la Unión Europea, que recomiendo leer detenidamente. Se trata del artículo que habla de los procedimientos de revisión de los tratados europeos, que se dividen entre procedimientos “ordinarios” y “simplificados”.
Para los procedimientos de modificación llamados “ordinarios”, el apartado 4 del artículo 48 dice:
“El Presidente del Consejo convocará una Conferencia de representantes de los Gobiernos de los Estados miembros con el fin de que se aprueben de común acuerdo las modificaciones que deban introducirse en los Tratados. Las modificaciones entrarán en vigor después de haber sido ratificadas por todos los Estados miembros de conformidad con sus respectivas normas constitucionales.”
Y para los procedimientos de modificación llamados “simplificados”, el apartado 6 dice:
“El Consejo Europeo se pronunciará por unanimidad previa consulta al Parlamento Europeo y a la Comisión, así como al Banco Central Europeo en el caso de modificaciones institucionales en el ámbito monetario. Dicha decisión sólo entrará en vigor una vez que haya sido aprobada por los Estados miembros, de conformidad con sus respectivas normas constitucionales.”
¿En qué se traduce esto en la práctica? En que es imposible la revisión de los tratados europeos, y por lo tanto obtener “otra Europa”, por un simple problema matemático. Aunque parezca evidente para muchos, lo voy a ilustrar con una serie de ejemplos.
Ejemplo 1: un único Estado soberano
Cojamos primero un caso hipotético en el que tenemos un único Estados independiente y soberano, es decir, precisamente lo que no ocurre con los países miembros de la UE. Para una mayor simplicidad, haremos abstracción del carácter de clase del estado, de la posible dominación que pueda ejercer otra potencia sobre este país, o de posibles coyunturas que impidiesen llevar a cabo las políticas deseadas por el gobierno (tales como una situación de guerra, una crisis financiera repentina, una crisis climatológica, etc.) Haremos abstracción de estas coyunturas para imaginar que tenemos un país plenamente soberano.
En este caso, la política de este país es siempre coherente: si los electores de ese país eligen un gobierno de izquierdas, tendrán una política de izquierdas, y si eligen a un gobierno de derechas tendrán una política de derechas. Si cogemos por ejemplo un país relativamente soberano, al no estar dentro de la UE ni de la OTAN, como es Suiza, la situación es a grosso modo la que sigue: si los ciudadanos eligen mayoritariamente al Partido Socialista suizo, tendrán una política de izquierdas, y si eligen mayoritariamente al Partido Demócrata Cristiano tendrán una política de derechas. No hay, por decirlo así, la sensación de que la democracia ha sido robada por instancias externas a Suiza.
En términos matemáticos, la probabilidad de tener una política coherente de izquierdas o coherente de derechas se expresa de esta manera (0.5)0 = 1. Es decir, es una probabilidad del 100%.
Ejemplo 2: dos Estados que deben adoptar una política común
Imaginemos ahora que tenemos dos Estados cuyos gobiernos deben sentarse en la mesa para adoptar una política común. En principio, esto sólo es posible si en ambos países hay gobiernos con el mismo color político. Debido a que está moda hablar del mito (jamás verificado en la realidad) del “dúo franco-alemán”, voy a coger los ejemplos de Francia y Alemania, dos países miembros de la UE.
Aquí la probabilidad de tener una coherencia política entre ambos Estados es menor. Pongamos por ejemplo que en Francia la “izquierda” es el PS y la derecha es LR-Los Republicanos, y que respectivamente en Alemania son SPD y CDU. Nótese que se trata de una simplificación extrema, pues en este ejemplo sólo existe una dicotomía izquierda/derecha.
Existen las siguientes combinaciones posibles:
  1. Francia: PS, Alemania: CDU. Incoherencia “izquierda-derecha”.
  2. Francia: PS, Alemania: SPD: Coherencia “de izquierdas”.
  3. Francia: LR, Alemania: SPD. Incoherencia “derecha-izquierda”.
  4. Francia: LR, Alemania: CDU. Coherencia “de derechas”.
Es decir, sobre cuatro combinaciones posibles, hay dos casos en los que hay coherencia, y en los que por lo tanto puede haber gobiernos que se pongan de acuerdo sobre una política común. En términos matemáticos, la probabilidad de que haya coherencia se expresa de la siguiente manera: (0.5)1 = 0.5, es decir un 50%.
Ejemplo 3: tres Estados que deben adoptar una política común
Si ahora son tres los Estados cuyos gobiernos deben adoptar una política común, las cosas se complican seriamente, y se irán complicando cada vez más a medida que lleguemos a 27 Estados, que es la situación actual en la UE (ya no incluyo al Reino Unido, que habrá finalizado su salida de la UE en marzo de 2019).
Imaginemos que los tres Estados en cuestión son Francia, Alemania y España. Vamos a situarnos en un caso hipotético, imaginando que la “izquierda” es el PSOE y que la derecha es el PP. Las posibles combinaciones son las siguientes:
  1. Francia: PS, Alemania: CDU, España: PP. Incoherencia “izquierda-derecha-derecha”.
  2. Francia: PS, Alemania: CDU, España: PSOE. Incoherencia “izquierda-derecha-izquierda”.
  3. Francia: PS, Alemania: SPD, España: PP. Incoherencia “izquierda-izquierda-derecha”.
  4. Francia: PS, Alemania: SPD, España: PSOE. Coherencia de izquierdas.
  5. Francia: LR, Alemania, CDU, España: PP. Coherencia de derechas.
  6. Francia: LR, Alemania CDU, España: PSOE. Incoherencia “derecha-derecha-izquierda”.
  7. Francia: LR, Alemania: SPD, España: PSOE. Incoherencia “derecha-izquierda-derecha”.
  8. Francia: LR, Alemania: SPD, España: PSOE. Incoherencia “derecha-izquierda-izquierda”.
En este ejemplo, hay ocho combinaciones posibles, pero sólo hay dos que representen una coherencia total que permita que los tres Estados puedan tener una política común. En términos matemáticos, la probabilidad de haya coherencia total se expresa así: (0,5)2 = 0,25, es decir un 25% de probabilidades.
Ejemplo 4: 27 Estados que deben adoptar una política común
Si el lector ha comprendido hacia donde quiero ir con estos cálculos, ya habrá podido anticipar que es matemáticamente imposible toda reforma de los tratados europeos y por lo tanto del propio funcionamiento de la UE, pues hace falta la unanimidad de los 27 Estados para ello.
Y lo cosa no se detiene aquí, pues a ello se añade la necesidad de contar con la unanimidad de los respectivos parlamentos nacionales, que deben ratificar la decisión de los gobiernos nacionales, excepto en el caso de Irlanda, donde la ratificación pasa por un referéndum. Es decir, para modificar los tratados europeos y conseguir la “otra Europa” deseada por la izquierda alter-europeísta, hacen falta 27 x 2 = 54 acuerdos.
Haciendo abstracción de la necesidad de obtener el acuerdo de cada parlamento nacional, en términos matemáticos la probabilidad de tener una política coherente entre todos los Estados se resume en la siguiente fórmula: (0.5)N – 1, en la que “n” es el número de países miembros de la UE.
Nótese que se trata de un cálculo extremadamente favorable para las tesis europeístas, puesto que postula:
a) Que las opciones políticas en cada país son binarias, es decir que solamente existe la división izquierda/derecha, haciendo abstracción de otros matices políticos como ecologistas, centro, extrema-derecha, izquierda “radical”, partidos comunistas, etc.
b) Que “izquierdas” y “derechas” sean las mismas en todos los países y tengan programas compatibles entre ellos, cosa que está lejos de suceder. Por ejemplo me es difícil imaginar que la socialdemocracia sueca, portuguesa o francesa sea la misma que la socialdemocracia alemana de las reformas “Hartz IV”, con sus mini-jobs pagados 1 o 2 euros/hora.
c) Que no existen intereses nacionales diferentes entre uno y otro estado, cosa que evidentemente es falsa. El Reino Unido, antes del Brexit, no tenía ningún sector textil en la industria, mientras que países como España o Francia tenían un sector textil que se colocaba en competencia con los salarios chinos. ¿Tenían estos país los mismos intereses en el marco de las negociaciones entre el representante de la UE y China en las reuniones de la OMC? No, y a cambio de textiles baratos, el Reino Unido consiguió prebendas interesantes en China (notablemente la introducción de sus compañías de seguros). No creo que el “internacionalismo proletario” consiga que se haga caso omiso de estas cuestiones.
d) Que existe un sentimiento natural de solidaridad entre los pueblos europeos. No estoy seguro de que los habitantes de Finlandia o Alemania acepten gustosamente financiar a otros Estados deficitarios con los que no tienen ningún lazo histórico o cultural.
Pero aun haciendo abstracción de estos factores, cuando aplicamos el cálculo económico a la realidad concreta, llegamos a la conclusión de que las promesas acerca de “otra Europa”, una “Europa social”, o incluso una Europa “que ponga a las clases populares en el centro de las decisiones”, como dice la euro-trotskista Marina Albiol, son sencillamente risibles. Veamos:
Cuando existía la Europa de las seis naciones, entre 1957 y 1972, la probabilidad de que hubiese una política coherente era de (0.5)5 = 0.031, es decir 3.1%, lo que equivale aproximadamente a tres años sobre un siglo. Esto ya lo había percibido perfectamente en 1962 el general Charles de Gaulle, gran opositor en aquella época a la construcción europea.
En la actualidad, en la Europa de los 27 Estados (recordemos que no incluyo al Reino Unido), la probabilidad de tener una política coherente es de (0.5)26 = 1,49 x 10-8, es decir 0,000.000.015.901%. Lo que equivale a aproximadamente a medio día cada 100.000 años.
Así se explica que en 1979, el lema de campaña del PS francés para las primeras elecciones europeas fuera “Cambiar Europa, vivir en el país”

…y que 30 años después, el lema de campaña del PS seguía siendo “cambiar Europa”:

Cuando la socialdemocracia europeísta y demás europeístas (ya sean “pro” o “alter” europeístas) no consiguen lo que afirman querer conseguir desde 1979, lo mínimo es preguntarse el porqué. Hay un proverbio chino que dice “es dormir toda la vida el creer a tus propios sueños”.
Siendo realistas, los políticos de la socialdemocracia, por no hablar de ciertas personalidades de la izquierda supuestamente radical o “alternativa”, saben perfectamente lo que vengo de exponer, pero cuentan con la facilidad de sembrar ilusiones reformistas para seguir engañando a los trabajadores y asegurarse de que no peligre la continuación de la construcción europea.
Por otra parte es indudable que existen representantes de la izquierda que obran con honestidad, pero por una cuestión de democratismo infantil siguen afirmando que es necesaria y posible “otra Europa”. ¿No cree el lector que tendrían que plantearse por qué no ha sido posible “otra Europa” desde hace ya 60 años? Decía Albert Einstein que la locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados.
Y si el cálculo que acabo de exponer, lo hago aplicable a otras corrientes políticas, como por ejemplo ciertas corrientes de la izquierda “radical” o “alternativa” que apuestan por “otra Europa”, podemos reírnos aún más. Imaginemos que el Sr. Pablo Iglesias o el Sr. Mélenchon han llegado a ser presidente del gobierno y presidente de la república en sus respectivos países. Una posibilidad que no es del todo descartable pero, como acabamos de ver, para obtener la “otra Europa” que tanto desean necesitarían tener el acuerdo de otros 26 países, y por lo tanto haría falta que en cada uno de estos 26 países hubiese un gobierno con un color político más o menos homologable a Francia Insumisa, Podemos-IU, Syriza, etc.
Podríamos proponer, siendo extremadamente generosos, que en cada país de la UE hay un 15% de probabilidades de que un partido de este tipo llegue al poder mediante las urnas. En realidad la probabilidad de que Podemos-IU o Francia Insumisa gane las elecciones en sus respectivos países es mayor (de hecho las posibilidades de que Mélenchon gane las presidenciales en 2022 van a aumentar fuertemente gracias a la gestión catastrófica de Macron), pero lo que propongo es un hipotético porcentaje medio para los 27 países, que de hecho ya es una cifra extremadamente generosa (de hecho, en el momento actual esta posibilidad es nula en países reaccionarios o filo-nazis como Polonia, Estonia o Letonia). Pues bien, la probabilidad de obtener esta “otra Europa” que desean los Iglesias, los Mélenchon o los Raoul Hedebouw del Partido del Trabajo de Bélgica[5], sería entonces de (0,15)26 = 3,79 x 10-22, es decir 0,000.000.000.000.000.000.000.379%. Lo cual equivale más o menos a 1,2 segundos por cada trillón de años. Y luego nos dicen sin pestañear que van a modificar los tratados si son elegidos.
Estos son los distintos colores políticos que llegaron a la cabeza de cada país en las elecciones europeas de 2014. Es evidente que jamás podrá haber el mismo color político en 27 países al mismo tiempo. Y ello haciendo abstracción de los diferentes intereses nacionales, que también existen. Este planteamiento utópico recuerda al de la “revolución permanente” de Trotsky, ante lo cual Lenin opuso el “socialismo en un solo país”. Consecuentemente con el principio de basarnos en la realidad, yo propongo la “salida de la UE en un solo país”.

¿Qué planea Israel en Argentina?


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¿Qué planea Israel en Argentina?


Las autoridades argentinas ven con inquietud la compra masiva de tierras en la Patagonia por parte de un multimillonario británico y las «vacaciones» de decenas de miles de soldados israelíes en las propiedades de ese acaudalado personaje.
¿QUÉ PLANEA ISRAEL EN ARGENTINA?
Por Thierry Meyssan
Dueño de 175 empresas, entre las que se cuentan varias cadenas de restaurantes y el club de futbol británico de Tottenham –autoproclamado «Ejército de los Yid»– el discreto multimillonario Joe Lewis se dedica a la especulación en el mercado cambiario, junto a su amigo George Soros.
En el siglo XIX, el gobierno británico estuvo indeciso entre crear Israel en la actual Uganda, en Argentina o en Palestina. Argentina estaba entonces bajo control del Reino Unido y, por iniciativa del barón francés Maurice de Hirsch, se convirtió en aquel momento en tierra de asilo para los judíos que huían de los pogromos desatados en Europa central.
En el siglo XX, después del golpe de Estado militar que derrocó al general Juan Domingo Perón, presidente democráticamente electo de Argentina, una corriente antisemita se desarrolló en las fuerzas armadas de ese país. Esa corriente distribuyó un folleto donde se acusaba al nuevo Estado de Israel de estar preparando el «Plan Andinia», para invadir la Patagonia.
Hoy resulta que, si bien la extrema derecha argentina exageró los hechos en los años 1970, realmente existía un proyecto, que no era de invasión sino de implantación en la Patagonia.
Todo cambió con la guerra de las Malvinas, en 1982. En ese año, la junta militar argentina en el poder trata de recuperar los archipiélagos de las Malvinas y las Islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur, denunciando su ocupación por la Gran Bretaña desde hace siglo y medio. La ONU reconoce que la reclamación argentina es legítima, pero el Consejo de Seguridad condena el uso de la fuerza para recuperar esos territorios en disputa. Hay de por medio un botín considerable ya que las aguas territoriales de esos archipiélagos dan acceso a las riquezas del continente antártico.
Al final de la guerra de las Malvinas, que oficialmente dejó más de mil muertos –aunque las cifras oficiales británicas en realidad minimizan las pérdidas humanas–, Londres impone a Buenos Aires un Tratado de Paz particularmente duro, que limita las fuerzas armadas de la República Argentina a su más simple expresión. Incluso se priva a Argentina del control del espacio aéreo del sur de su territorio continental, a favor de la Royal Air Force británica, y se impone a la República Argentina la obligación de informar previamente al Reino Unido de todas sus operaciones.
En 1992 y 1994, dos atentados extraordinariamente devastadores y sangrientos destruyen sucesivamente la embajada de Israel en Buenos Aires y la sede de la asociación israelita AMIA en la misma ciudad. El primer atentado ocurre en momentos en que los jefes de la inteligencia israelí en Latinoamérica acababan de salir del edificio. El segundo atentado, perpetrado contra la sede de AMIA, tiene lugar durante los trabajos conjuntos de Egipto y Argentina sobre los misiles balísticos Cóndor. Durante el mismo periodo estalla la principal fábrica de misiles Cóndor y tanto el hijo mayor del presidente argentino Carlos Saúl Menem como el hijo mayor del presidente de Siria Haffez al-Assad mueren en sendos accidentes. Las investigaciones sobre todos esos hechos son objeto de numerosas manipulaciones.
Después de haber designado a Siria como responsable de los atentados contra la embajada de Israel y la sede de la AMIA en la capital argentina, el fiscal Alberto Nisman se vuelve contra Irán, acusándolo de haber ordenado ambos atentados, y contra el Hezbollah, atribuyendo a esa organización libanesa la realización de estos. La hoy ex presidente Cristina Kirchner es acusada de haber negociado la interrupción de los procedimientos legales contra Irán a cambio de un precio ventajoso para las compras de petróleo. Más tarde, el fiscal Nisman es hallado muerto en su apartamento y Cristina Kirchner es inculpada por alta traición. Pero la semana pasada, como en una obra de teatro, se vino abajo todo lo que hasta ahora se daba por sabido: el FBI entregó análisis de ADN que demuestran que el presunto terrorista no está entre los muertos así como la presencia de un cuerpo no identificado. Conclusión: al cabo de 25 años, no se sabe absolutamente nada sobre los atentados de Buenos Aires.
En el siglo XXI, explotando las ventajas obtenidas en el Tratado impuesto a Argentina después de la guerra de las Malvinas, el Reino Unido e Israel emprenden un nuevo proyecto en la Patagonia.
El multimillonario británico Joe Lewis adquiere inmensos territorios en el sur de Argentina y en el vecino Chile. La extensión de sus tierras allí cubre varias veces la extensión territorial de todo el Estado de Israel. Esas tierras se hallan en el extremo sur del continente, en la Tierra del Fuego. Incluso rodean el Lago Escondido, impidiendo el acceso al lago [1] a pesar de una decisión de la justicia argentina.
El multimillonario británico ha construido en esas tierras un aeropuerto privado, con una pista de aterrizaje de 2 kilómetros, capaz de recibir grandes aviones de transporte, tanto civiles como militares.
Desde el fin de la guerra de las Malvinas, el ejército de Israel organiza para sus soldados «campamentos de vacaciones» en la Patagonia. Cada año, entre 8 000 y 10 000 soldados israelíes pasan 2 semanas de “vacaciones” en las tierras del multimillonario Joe Lewis.
Si en los años 1970, el ejército argentino señaló la construcción de 25 000 alojamientos –vacíos–, dando lugar al mito del plan Andinia, hoy parece que se han construido cientos de miles más. Es incluso imposible verificar el estado de realización de esos trabajos, por tratarse de tierras privadas y porque Google Earth neutraliza las imágenes satelitales de esa zona, procediendo así exactamente como lo hace con las instalaciones militares de la OTAN.
Mientras tanto, el vecino Chile ha cedido a Israel parte de una base militar que posee en la zona. Allí se han cavado túneles para facilitar la vida ante los rigores del invierno polar.
Por su parte, los indios mapuches que pueblan la Patagonia, tanto en Argentina como en Chile, quedaron sorprendidos con la noticia de la reactivación, en Londres, de la “Resistencia Ancestral Mapuche” (RAM), una misteriosa organización que reclama la independencia. Inicialmente acusada de ser una vieja asociación recuperada por los servicios secretos argentinos, la RAM es vista hoy por la izquierda como un movimiento secesionista legítimo, pero los líderes mapuches la denuncian como un ente financiado por George Soros.
El 15 de noviembre de 2017, la marina de guerra argentina perdió todo contacto con su submarino ARA San Juan, finalmente declarado como hundido con toda su tripulación. El ARA San Juan era uno de
 los 2 submarinos de propulsión diesel-eléctrica que constituían el orgullo de la pequeña marina de guerra argentina. La Comisión Preparatoria de la CTBTO (Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, siglas en inglés) anunció haber registrado un fenómeno acústico inhabitual en Atlántico, cerca de la zona desde donde procedía la última señal recibida del ARA San Juan. El gobierno argentino reconoció finalmente que el submarino perdido estaba realizando una «misión secreta», cuya naturaleza no se precisó y sobre la cual se había informado a Londres. El Pentágono estaba participando en la búsqueda y la marina de guerra rusa contribuyó con el envío de un drone submarino capaz de explorar el fondo marino a 6 000 metros de profundidad, sin encontrar nada. Todo parece indicar que el ARA San Juan estalló bajo el agua. La prensa argentina está convencida de que chocó con una mina o fue destruido por un torpedo enemigo.
Por el momento, es imposible determinar si Israel está implicado en un programa de explotación del continente antártico o si está construyendo una base para el repliegue en caso de derrota en Palestina.
 [1] El Lago Escondido se extiende sobre casi más de 7 kilómetros cuadrados, constituye un bien público de la República Argentina y sus orillas son públicas. Nota de la Red Voltaire.
USA.

El Victimismo como Política en Israel


 
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El Victimismo como Política en Israel


Terminado el año 2017, el análisis respecto a la ocupación del territorio palestino a manos del régimen sionista muestra, no sólo la intensificación de esta política colonialista, sino que el incremento del apoyo estadounidense a contrapelo del respeto al derecho internacional.
DISPARA Y LLORA: EL VICTIMISMO
COMO POLÍTICA EN ISRAEL
Por Pablo Jofré Leal
Tras la polémica decisión del gobierno de Donald Trump de reconocer a Al-Quds – Jerusalén - como capital del régimen israelí y definir el traslado de su Embajada desde Tel Aviv a la ciudad sagrada, el mundo reaccionó con decisión para oponerse a esta determinación. Efectivamente, el día 18 de diciembre del 2017 en el seno del Consejo de Seguridad, catorce de los quince miembros de este Consejo se opusieron a la idea estadounidense. Washington se enfureció, ejerció su derecho a veto tras la resolución presentada por Egipto que buscaba frenar la decisión unilateral de Trump y comenzó a amenazar a diestra y siniestra frente a lo que considera una afrenta contra su “soberanía”. El mundo al revés, La creencia hegemónica no acepta disensos.
Tres días después, el día 21 de diciembre, en el seno de la Asamblea General de las Naciones Unidas,  128 países le dijeron a Estados Unidos, que su política no era aceptada. A pesar de amenazas y fuegos del infierno expresadas por la alianza entre Washington y Tel Aviv, que llegó a extremos escandalosos, que no impidieron que sufrieran una derrota de proporciones. Del total de 193 naciones, treinta y cinco se abstuvieron – de países que se sintieron afectados por la amenaza de Washington de tomar buena nota de aquellos que no apoyaran la política exterior de Trump” al igual que otros 21 países que prefirieron ausentarse de la votación.
Como prueba del aislamiento de la alianza entre el imperialismo y el sionismo, sólo 9 países – entre ellos microestados como Nauru, Micronesia, Palau Islas Marshall, junto a Togo, Guatemala y Honduras, con el lógico voto del gobierno de Netanyahu apoyaron  la postura ilegal de Estados Unidos, negándose a aprobar la resolución presentada por Turquía y Yemen, que reafirmaba la idea que el estatus final de Al-Quds debe ser acordado vía negociaciones y que cualquier decisión adoptada fuera de ese marco es "nula", no tiene efectos legales y debe ser rescindida.
Los votos contrarios a mantener el estatus jurídico de Al-Quds son, indudablemente, votos reprobables indignos. Sobre todo el de una Honduras sujeta a la ilegitimidad de un gobierno surgido tras acusaciones de fraude y una Guatemala sumida en acusaciones de corrupción contra el gobierno del ex cómico Jimmy Morales y bajo el temor de las amenazas de Washington. Lo claro es que el escaso apoyo a Trump y por extensión el negarse a ser cómplice de los crímenes contra el pueblo palestino,  muestra que el mundo está cansado de la crónica conducta de Israel – su hijo putativo – que trata de mostrar una cara de victima ante el mundo, al mismo tiempo que reparte plomo y muerte en los territorios ocupados.
El Doble Rasero Sionista
La historia del sionismo respecto a Palestina se caracteriza por una conducta, donde  a la par del papel de victimarios, colonialistas, dotados de una ideología racista y criminal, suelen acompañar sus acciones con excusas del tipo “nuestros actos son de legítima defensa” o explicar sus ataques aéreos y bombardeos como “acciones de represalia frente al poder de fuego palestino”. Claramente una argumentación ridícula cuando comparamos a una Palestina dotada de milicias mal armadas y una entidad sionista, con armas de última generación, naves aéreas, buques y submarinos, blindados y un poder militar y económico de origen estadounidense.
Un sostén económico y militar de Washington, que los dota de 4 mil millones de dólares anuales sin reembolso –  más armamento a destajo. A lo que hay que sumar el apoyo del Comité de Asuntos Públicos Estadounidense- Israelí – AIPAC por sus siglas en inglés.- que constituye el llamado lobby sionista, unido al financiamiento proveniente del llamado cristianismo sionista que agrupa a iglesias evangélicas en Estados unidos. Es el pago para servir de instrumento del imperialismo en Oriente Medio y esta mitología de pueblo elegido.
La historia del sionismo en Palestina, tanto con anterioridad de la entidad israelí el año 1948, como posterior a esta fecha, ha sido la historia de una ocupación, de un proceso de expansión a costa de los derechos del pueblo palestino, circunscrito hoy a menos del 22% de su territorio histórico. Una historia donde la noción del otro como un “no humano” un “no judío” en su conceptualización jurídica ha significado crear un sistema de apartheid igual o más horroroso que aquel que dominó Sudáfrica de la mano de los colonos blancos a la mayoría negra, desde la instalación de la Colonia del cabo por Gran Bretaña el año 1814 pero con forma jurídica específica desde el año 1948 hasta el año 1992.
Para el analista Jonathan Cook esta dicotomía perversa del sionismo,  que lo mismo asesina, pero luego lamenta estas muertes en función de un supuesto carácter de autodefensa, sólo es posible descifrarlo, tal como sostuve en un artículo donde recordaba el tema de la  partición de Palestina que  “si comprendemos los dos temas, aparentemente contradictorios, que han acabado dominando el paisaje emocional de Israel. El primero es la creencia visceral de que Israel existe para realizar el poder judío; y el segundo es el sentimiento igualmente fuerte de que Israel encarna la experiencia colectiva del pueblo judío como víctima eterna de la historia. A los propios israelíes no les pasa completamente desapercibido este paradójico estado mental, y a veces se refieren a él como “el síndrome de dispara y llora”.
Esto, sin duda, es una conducta escandalosa, inmoral, que pretende enmarcar y explicar la política de ocupación de Palestina bajo el supuesto mitológico de un dios,  que dotado de cierta simpatía hacia un solo pueblo le entrega un título de propiedad de una tierra que no le pertenecía. En ese marco, a la narrativa sionista impone la idea que instalarse en palestina, colonizarla y pasar por encima de sus habitantes es un derecho indiscutible en función de ser un “pueblo elegido”. Bajo esa perspectiva, para ese imaginario no es posible hablar de “usurpadores” sino de alguien que recupera una tierra que habían dejado hace dos mil años. Dios mismo les hizo ese regalo e incluso la leyenda alcanza a la propia Al-Quds sosteniendo que ella es su capital eterna e indivisible.
Bajo ese supuesto, esta sociedad sionista,  que lo mismo es victimaria pero se presenta como víctima, minimiza el papel cumplido respecto a sus creaciones segregacionistas, ocupando para ello el método propagandístico de la hasbara – explicación, esclarecimiento lo denominan sus propulsores – cambiando el sentido real de la política de ocupación. Trabajo que implica, llamar como valla de Seguridad a lo que es un Muro de Apartheid. Hablar de territorios en disputa a la ocupación de la Palestina histórica y los territorios de la Ribera Occidental.
Tratar de judaizar Al-Quds y asentar miles de colonos extremistas en territorio palestino, con el objeto de impedir la futura instalación de un Estado palestino. Autodenominarse como la “mayor democracia de Oriente Medio” cuando en realidad se trata de una etnocracia – donde es la etnicidad y no la ciudadanía es la que otorga derechos, poder y recursos en Israel. A tanto llega la invención oficial y la creación de una historia  que reafirme sus creencias, que la educación escolar israelí está profundamente imbuida de esta narrativa mitológica.
Para el profesor de Sociología de la Universidad de Haifa, Sammy Smooha esta democracia étnica es un tipo de democracia disminuida “porque toma la nación étnica, no la ciudadanía como la piedra angular del Estado…en Israel los judíos se apropian del Estado y lo convierten en una herramienta  para promover sus seguridad nacional, la demografía, el espacio público, la cultura y los intereses…y el millón 300 mil ciudadanos de origen palestino – 20% de la población  son percibidos como una amenaza”
La Profesional judía, profesora de la Facultad de Educación de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Nurit Peled-Elhanan en su libro “Palestina en los textos escolares de Israel afirma que se ha construido una memoria y una identidad colectiva homogénea, que concretara una narrativa que conectara a los estudiantes judíos con sus supuestos orígenes en la tierra que están ocupando “los libros escolares israelíes siempre han presentado a los judíos israelíes como los “indígenas”  de regreso a casa”.
El victimario sionista necesita mostrarse como víctima y para ello le sirve tanto la historia de los pogromos, como también el holocausto – generando una industria de estos crímenes como lo afirma el intelectual judío Norman Finkelstein - las condenas internacionales, al igual que el papel cumplido por organismos como las Naciones Unidas u otras que le exigen el cumplimiento del derecho internacional. Todo en un mismo saco, todo sirve para sostener que son un pueblo “eternamente” perseguido y que en la actualidad, con relación a palestina oculta sus propias violaciones a los derechos humanos de otros pueblos que efectivamente son víctimas de la política colonialista, racista y criminal del régimen sionista. De víctima  a victimario utilizando incluso métodos al que el propio nacionalsocialismo recurrió contra los judíos: apartheid, segregación racial, construcción de guetos, expulsión, destrucción de viviendas, asesinatos por su origen étnico.
A tanto llega el abuso de este papel victimista del sionismo, que su clase política cae continuamente en este juego impresentable. Así sucedió con Danny Danon, Embajador del Régimen de Israel ante la ONU, que ante la mayoritaria posición de negarse a aceptar la defunción de Trump respecto a Al-Quds presentó a su gobierno como víctima de una confabulación internacional liderada por Palestina señaló “Los que apoyan la resolución de hoy son como títeres tirados por los hilos de los maestros titiriteros palestinos. Los defensores de los palestinos son “marionetas obligadas a bailar mientras el liderazgo palestino mira con regocijo”.
Resulta evidente  que uno de los objetivos fundamentales de la narrativa  sionista, sea en el ámbito diplomático, militar como también en la educación, es lo que Nurid Peled  Elhanan denomina “la creación de una identidad homogénea para todas las etnias  judías en Israel…mientras intentan borrar, tanto física como espiritualmente los rastros de una vida palestina continuada en la tierra”. Un claro ejemplo de esto es la denominada Ley Nakba  que tiene como objetivo evitar la conmemoración pública de la catástrofe – Nakba en árabe -  palestina tras la proclamación de la entidad sionista el año 1948. Para Peled, esta es una policía típica  de regímenes etnocráticos  que “construyen narraciones históricas acerca de la etno nación dominante, como si fuera el verdadero propietario de la tierra mientras la historia de “Los Otros – los palestinos  - su lugar y aspiraciones  políticas se presentan como un paquete amenazante que debe ser rechazada  totalmente.
Israel en su papel de victimario no podrá ocultar - a pesar de su patética actuación de entidad martirizada –que ha sido esta entidad, la que permanentemente aprieta el gatillo, quien dispara y después llora, quien arrasa y después presenta alegaciones falsas de una autodefensa imposible de sostener racionalmente.  Lo han hecho así desde su creación el año 1948 y se incrementa año tras año de ocupación y guerras de agresión. La política de Israel respecto a Palestina ha sido de arrasar toda presencia de este pueblo en el territorio, fundando incluso unidades militares de limpieza como lo reveló el historiador israelí Aharon Shay en el diario Cathedra el año 2002.  Unidad fundada por David Ben Gurion el año 1965 y que ha significado borrar toda presencia palestina en los territorios históricos.
Una Unidad que el profesor Gadi Algazi nos presenta como una creación secreta cuya misión era limpiar la palestina histórica ocupada tras la instalación de la entidad sionista “borrando sistemáticamente del paisaje los remanentes de las aldeas palestinas, que quedaron abandonadas, tras ser expulsados sus habitantes. Para los gobiernos israelíes la ruina de las aldeas a lo largo de los caminos daban lugar a “preguntas innecesarias”  de parte de los visitantes y lo mejor era “nivelar” las aldeas. Decisión que evitaría, al mismo tiempo la angustia y frustración de los ciudadanos árabes de Israel de anhelar volver a sus aldeas de nacimiento, sin poder concretarlo.
La Unidad de “nivelación” dirigida por el oficial Hanan Davidson  borró más de cien aldeas palestinas bajo la premisa de encuestar y demoler, documentar y borrar como actos que iban de la mano. Se me viene a la memoria la acción de nivelar llevada a cabo por el régimen nacionalsocialista al arrasar la aldea checoeslovaca de Lídice el año 1942. La dirigencia sionista tuvo que haber tomado buena nota de estas acciones – cuando parte de su pueblo cumplía el papel de víctima,  para ejecutarlas en su papel de verdugo y victimario en el proceso colonizador de Palestina. Buen alumno ha resultado el sionismo.
Los propios historiadores israelíes señalan que esta operación de Nivelación era financiada por la oficina de Administración de tierras de Israel, que no se detuvo sólo en la palestina histórica, sino que también traspasó la Línea  Verde del año 1967 y aldeas como Yalou, Beit Nouba y Amwas recibieron la visita de esta Unidad. Se expulsó a sus residentes y se destruyó piedra sobre piedra estas tres aldeas. Todo ello por orden  del fallecido Premio Nobel de la Paz, el ex General Yitzhak Rabin. Para ocultar su papel de victimarios, Israel construyó en estas tierras el llamado Parque Canadá Park. Nada mejor que ocultar el crimen y la usurpación, bajo el manto bucólico de un parque de atracciones financiado con aportes de la comunidad sionista de Canadá, cómplices activos de este crimen de guerra.
Desde el año 1948 a la fecha, la víctima de antaño, aupada por una ideología surgida en Europa como es el sionismo, ha devenido en victimario, en usurpador, en un experto manipulador. Una entidad que pretende mostrar su política criminal como justa y necesaria para no ser víctima de crímenes y persecuciones sufridas y condenables, ciertamente,  pero que no justifican en modo alguno su actual conducta. Ese dispara y llora, no sólo es impresentable, sino que una farsa con la cual hay que acabar.
No podemos aceptar el chantaje permanente de crímenes pasados cometidos contra el pueblo judío, para justificar la política criminal contra el pueblo palestino. Así lo entiende incluso organizaciones judías como Neturei Karta que agrupa a creyentes de esa religión, que se definen como antisionistas. El sionismo, su dirigencia, sus colonos extremistas, la utilización de la  hasbara, el lobby sionista en Estados Unidos, Francia e Inglaterra, presentan al mundo su peor: el victimismo como política de ocupación, colonialismo, racismo y crimen.
USA.

Periodo especial, sepulta a EEUU en grave crisis militar


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Periodo especial, sepulta a EEUU en grave crisis militar


La agresividad militar estadounidense que en la actualidad son provocaciones y más provocaciones, se convertirá en lo esencial de su política exterior. Esto significa que no retrocederá por sí solo. Y no lo hará aunque lo deseara. Así es cómo el Pentágono va ir plantando muy cara su derrota militar. Es la lógica imperialista estadounidense.
PERIODO ESPECIAL, SEPULTA A EEUU EN
GRAVE CRISIS MILITAR
Por Enrique Muñoz Gamarra
Ante todo el mundo se mantiene en el periodo especial de la tercera fase de la coyuntura histórica iniciada en 2008, tal  como lo describimos en un artículo anterior. Aquello mantiene plena vigencia.
Ya sabemos que el tensionamiento estadounidense, en la península coreana contra la RPDC está en su límite máximo. Esto viene desde el 3 de septiembre del 2017 cuando este país (RPDC) mostro al mundo que era capaz de transportar en sus misiles balísticos intercontinentales (ICBM) armamento nuclear de hidrogeno. Desde aquel momento Estados Unidos está en un grave impasse militar. Prácticamente esta auto-acorralada. Algunos hablan de un callejón sin salida.
Aquello por supuesto tiene conexión con lo ocurrido en 2016 (segunda quincena de enero) cuando el uso del armamento convencional por el ejército estadounidense en su intento por ocupar Siria, tras su exacerbación el 30 de septiembre de 2015 con la intervención directa de Rusia, había llegado a su límite máximo (1).
En realidad los hechos han seguido corriendo raudamente. Es bajo estas condiciones que debe observarse esta situación. Y más aún ahora mismo momento están sobre acumulándose, forzándose y batiéndose inconteniblemente. Por supuesto esto ha conducido a los Estados Unidos a la deriva. Hay crisis política muy fuerte en este país. Es consecuencia de la nueva época que se vive donde sus retrocesos y derrotas militares han sido determinantes. Sobre esto hemos hablado muy largamente en otros apuntes. Los indicios están cada vez muy claros.
Cierto, en el fondo la burguesía financiera estadounidense, un grupo de poder absolutamente siniestro igual que el grupo de poder fascista nazi, ha calado a plenitud su calamitosa situación. No olvidemos el patético discurso de Donald Trump el 20 de enero del 2017 donde la vieja burguesía financiera estadounidense aceptó la bancarrota económica de los Estados Unidos.
Entre sus retrocesos esta su retirada del tratado sobre cambio climático y la UNESCO. También del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (en inglés: Trans-Pacific Partnership, TPP, es decir, Asia Pacifico). De igual modo sus actuales discusiones acerca del Tratado del Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).
Sin embargos sigue envalentonado, lanzando amenazas de guerra a uno y otro país que no acepta sus injerencias. En este sentido las amenazas y provocaciones contra la RPDC han sido extremadamente graves. El 8 de agosto de 2017 el presidente estadounidense, Donald Trump, lo amenazó con “un fuego y una furia nunca vistos en el mundo”. Al día siguiente (9 de agosto de 2017) la amenaza provino del Secretario de Defensa, James Mattis, que dijo dirigiéndose al líder de la RPDC, Kim Jong-un: “Deje de plantear acciones que conducirían al fin de su régimen y a la destrucción de su pueblo”.
Es tal la magnitud de aquella situación (graves provocaciones del ejército estadounidense en casi todas las regiones del planeta), que el mundo ahora prácticamente está en vilo. Pero, ¿Todo esto indica, fortaleza del imperialismo estadounidense? ¿Su ejército realmente es omnipotente e invencible? No. Solo observemos los hechos que se han dado desde el año 2008. Los cambios desde entonces han sido fenomenales. Ahora su poderío ya no es como lo fue en las décadas del sesenta y setenta del siglo pasado. La muestra más clara de toda esta situación es que ninguna de sus provocaciones ha terminado en claras victorias militares, sino, en derrotas, lo que indica su flagrante incapacidad por ajustar la paridad estratégica que lo aplasta desde aquel año (2008). ¿Acaso no fue así en Siria, en el Donbass y en la península coreana?
Entonces algunos países han empezado a reaccionar lentamente contra las imposiciones de este imperialismo. Es esto lo que en el fondo se percibe, por ejemplo, en la Unión Europea que es como una olla de grillos (unos países quieren ejércitos propios, otros están contra las sanciones a Rusia, etc.). También en Japón que se tambalea. De igual modo en el Sur de Asia, el Sudeste Asiático. En Siria está prácticamente derrotada junto a los comandos especiales de los ejércitos de 60-80 países que aún le asisten. En la península coreana, la RPDC lanza una dura advertencia a las fuerzas agresoras (posee misiles intercontinentales, ICBM, que pueden transportar ojivas nucleares de hidrogeno a cualquier lugar del territorio estadounidense).
Sin embargo sus provocaciones fueron muy graves desde el año 2016 (4 de abril) cuando se percibió un grave Estado de Sitio contra Pyongyang como hicieron los nazis contra Leningrado en el curso de la Segunda Guerra Mundial. Cierto, la RPDC denunció en su momento que Estados Unidos había iniciado un periodo de graves provocaciones. Prácticamente la RPDC estaba siendo asediada y sitiada. Repito, se trataba de un estado de asedio y un estado de sitio apenas comparable a lo que hicieron las hordas hitlerianas sobre Leningrado en el proceso de la Segunda Guerra Mundial. El asunto realmente era muy grave. El S.O.S. fue lanzado este 4 de abril de 2016 por un portavoz de la Comisión de Defensa Nacional de la RPDC.
El apunte fue el siguiente:
“El bloqueo de Leningrado (la actual San Petersburgo, Rusia), que sembró el terror en los corazones de la gente… y la crisis del Caribe en la era de la Guerra Fría apenas pueden aguantar la comparación con la  situación (que vive actualmente la península coreana)”, reza un comunicado emitido este lunes por un portavoz de la Comisión de Defensa Nacional (NDC, por sus siglas en inglés), máxima instancia político administrativa en Corea del Norte.. Un alto cargo militar norcoreano ha acusado a EE.UU. y a otras “fuerzas hostiles” de sitiar su país, igual que sucedió en Leningrado en la Segunda Guerra Mundial y en Cuba durante la época de la Guerra Fría. (2).
De sobra se sabe que cualquier ataque a la RPDC es un ataque al planeta en su conjunto, es decir, una aventura criminal contra la humanidad. Serían muy ilusos e ingenuos si algunos creyeran (Rusia y China) que aquello solo afectaría a la RPDC. Esto en realidad es una reflexión de unos pueriles tontos. Estamos hablando, qué duda cabe, de un ataque a un país que tiene armamento estratégico (armamento nuclear de hidrogeno) y misiles balísticos intercontinentales.
Bajo estas condiciones y en el marco del periodo especial en que se encuentra en la actualidad el mundo no es posible descartar algunas canalladas de la vieja burguesía financiera estadounidense a consecuencia de su desesperación y por su desplazamiento del poderío mundial. Una situación que obligara a la RPDC automáticamente a una respuesta como corresponde a un conflicto de aniquilación, orientando sus objetivos en múltiples direcciones de impacto.
En efecto de acuerdo a la actual coyuntura histórica que se vive, las nuevas condiciones de guerra que pretende imponer el decadente imperialismo estadounidense, las tácticas de autodefensa que la RPDC puede asumir son infinitas. En esto no podemos olvidar que el marxismo es ciencia porque precisamente es resultado de todo lo mejor de los conocimientos habidos en el mundo hasta el presente.
Consiguientemente para quebrar la seguridad estratégica de los Estados Unidos, aparte de la armamentística nuclear y sus portadores (misiles balísticos intercontinentales, ICBM), las diversas tácticas y estrategias devienen en extraordinariamente decisivas. Basta con decir que en lo militar la nueva realidad mundial ofrece multiplicidad de objetivos. Esto, combinando las lecciones de la historia del movimiento comunista internacional con los aportes, por ejemplo, de estudiosos como Nicolás Maquiavelo (“El Príncipe”) y Sun-Zi (“El Arte de la Guerra”), convierten al imperialismo estadounidense en un objetivo perfectamente vulnerable desde todos los ángulos Por ejemplo en “El Arte de la Guerra”, es muy importante el siguiente apunte: “Vencer cien veces en cien batallas no es lo mismo: lo óptimo sería dominar al enemigo sin haber llegado a batallar contra su ejército. Por tanto la política militar más aconsejable consiste en neutralizar los planes estratégicos del enemigo: en segundo lugar, EROSIONAR SUS SISTEMA DE ALIANZAS: en tercer lugar, combatir en campo abierto”. Pág. 58. Edición Biblioteca Nueva). Entonces los objetivos tácticos y estratégicos de la guerra revolucionaria al que asumiría la RPDC desde la moral comunista hacen de él perfectamente capaz de hacer saltar por los aires el ordenamiento imperialista actual., pues, de inmediato aquello llevaría a la Tercera Guerra Mundial y que no es otra cosa que guerra nuclear.
Por supuesto todo lo anterior no es ningún chiste. No es por las siguientes razones: primero, porque el 3 de septiembre del 2017 la RPDC mostro al mundo que era capaz de transportar en sus misiles intercontinentales (ICBM) armamento nuclear de hidrogeno. Segundo, que este armamento estratégico ahora está en manos de un país socialista. Y no de cualquier país que de palabra se llama socialista, sino, de un autentico país socialista que ha combatido la agresión del imperialismo estadounidense con las armas en la mano, además, un país que trabaja por la construcción socialista aplicando en los hechos las enseñanzas de los padres del marxismo. Tercero, porque a partir de aquel momento (3 de septiembre del 2017) la bomba atómica pierde su condición de garantía para la supervivencia del sistema imperialista. Cuarto, todo lo anterior ha conducido al sistema imperialista a una inestabilidad histórica. Y, quinto, a partir de aquí los riesgos para este sistema son monumentales. Y de lo que precisamente resulta la enorme desesperación del conjunto de las burguesías financieras por aplastar a este país (RPDC). Ya estamos observando lo que han tramado este 22 de diciembre del 2017 cuando aprobaron por unanimidad en el Consejo de Seguridad de la ONU nada menos la décima ronda de sanciones contra este país (3).
Además, no es posible pasar por alto que a partir de aquí las perspectivas de las burguesías financieras se han vuelto totalmente inciertas, particularmente, muy inciertas para la burguesía financiera estadounidense.
Entonces este es el periodo especial e histórico al que se ha ingresado actualmente. Es uno de los trechos más importantes y decisivos de la coyuntura histórica. Los poderes mundiales a partir de aquí trasuntan sus horas más cruciales de su existencia.
En este caso los más connotados miembros del grupo de poder de Washington que controlan al milímetro el siniestro Estado estadounidense, en sus insanos propósitos por ahogar a la RPDC, deambulan entre sus puntos de reunión, casi como zombis. Pero la historia se mueve a grandes trancos. Una situación inevitable.
El asunto es muy grave que incluso el piso que sostiene a los grupos de poder mundial de segundo orden (India, Japón, Alemania) también está removido.
Pero, aunque a partir de aquí las cúspides y las llanuras pueden alzarse en un abrir y cerrar de ojos, el pentágono no tiene ni un ápice de cojones para un ataque nuclear preventivo en forma solitaria. E incluso aquello ni siquiera puede darse con el involucramiento de Rusia y China. Bien, saben y perfectamente que aquello sería un suicidio. Ni que hablar para el imperialismo estadounidense. Los ejemplos a lo largo de la historia han sido muy claros: primero su ingreso tardío en la Segunda Guerra Mundial. Segundo, sus protervos apoyos a los nazis en el curso de aquel gran conflicto. Todo con el objeto de sacar ventajas sobre el resto de imperialismos, lo que en la actualidad simplemente no va funcionar. Pues, ahora la situación mundial es muy diferente, primero que nada la RPDC puede hacer estallar el armamento nuclear de hidrogeno (ojo con esto) en pleno corazón de territorio estadounidense. Y en segundo lugar, muy a pesar de las colusiones, Rusia y China no se prestaran a semejante atrevimiento. Y, por supuesto, Estados Unidos en solitario, jamás procederá.
Entonces de entre lo que ya sucede, la agresividad militar estadounidense que en la actualidad son provocaciones y más provocaciones, se convertirá en lo esencial de su política exterior. Esto significa que no retrocederá por sí solo. Y no lo hará aunque lo deseara. Así es cómo el Pentágono va ir plantando muy cara su derrota militar. Es la lógica imperialista estadounidense. Hay que tomar nota de esto
Consecuentemente esta es la razón por la que toda está pantomima deviene en una reverenda fanfarronada. Los Estados Unidos no atacaran a la RPDC. No habrá, por lo menos por el momento, ningún ataque nuclear preventivo. Por supuesto con esto no estamos negando ni el carácter guerrerista de las burguesías parasitarias ni los pasos hacia una Tercera Guerra mundial. Aquellas son leyes científicas que están plenamente vigentes y lo estarán mientras exista el capitalismo. Hay que ser claros en esto.
Y a partir de aquí los peligros contra la soberanía de los países débiles y oprimidos devienen en muy graves, pues, lo que más tiene, por ejemplo Estados Unidos, es el armamento convencional y más de 1000 bases militares alrededor del mundo y, la imposición del fascismo por la pérdida de su autoridad, en este caso, sostenido en sus bandas paramilitares que en la actualidad son sus células durmientes compuesta por bandas organizadas de pandillas, bandas organizadas de barras bravas y bandas organizadas de sectas religiosas, todas ellas desplegadas en casi todas las regiones del planeta (incluido en Rusia y China, solo a excepción en la RPDC). Hay que tomar nota de esto.
Sin embargo, dialécticamente todo esto conduce a la aceleración de los cambios mundiales que debe sellar el desplazamiento del imperialismo estadounidense del protagonismo mundial. Por ahora (2017, 2018…) estando en un periodo especial lo acogota (crisis militar, mayor impasse militar y auto acorralado en la península coreana, etc.) y lo vuelve a su realidad: segunda potencia capitalista mundial. Las premisas no las podemos olvidar, son la perdida de la hegemonía mundial estadunidense, la implosión de la arquitectura del dominio imperialista occidental y la nueva estructura económica capitalista después del 2008.
NOTAS:
1.- Leer sobre esto el artículo del sociólogo Enrique Muñoz Gamarra: “Exacerbación del conflicto sirio lleva al límite máximo uso de armamento convencional y exige acuerdos mínimos en Ginebra”, publicado el 24 de enero del 2016.
2.- “Pyongyang acusa a EEUU de asediarlo al estilo de Cuba y Leningrado.”.
Nota 
publicada
 el 04 de abril de 2016, en: HispanTV.
3.- “El Consejo de Seguridad de la ONU aprueba nuevas sanciones contra Corea del Norte”. Nota publicada el 22 de diciembre del 2017, en: RT.
(*) Enrique Muñoz Gamarra: Sociólogo peruano, especialista en geopolítica y análisis internacional. Autor del libro: “Coyuntura Histórica. Estructura Multipolar y Ascenso del Fascismo en Estados Unidos”.
Su Página web es: www.enriquemunozgamarra.org
USA.

¿Son las Revoluciones de Colores un símbolo de la debilidad de EE.UU.?


es.sott.net

¿Son las Revoluciones de Colores un símbolo de la debilidad de EE.UU.?


Vivimos en una época en la que se han producido una gran evolución en todas las esferas: tecnología, ciencia, política e incluso la forma de ver la vida. Por supuesto la guerra, una de las actividades que más ocupa al ser humano, no podía escaparse de estos "cambios". Y en este contexto tenemos las Revoluciones de Colores.
colors revolutions
© Internet
Para el desconocedor de este fenómeno, las Revoluciones de Colores son movilizaciones civiles llevadas adelante por activistas para derrocar regímenes "autoritarios". Intercalo el término entre comillas porque, como se mostrará más adelante, es algo de vital importancia.
Se les denomina de colores porque adoptan un color o una flor como símbolo de su alzamiento (revolución naranja en Ucrania, revolución de las rosas en Georgia etc..).
Evidentemente no son simples movilizaciones, sino que se realizan a través de un conjunto de técnicas, sintetizadas en la famosas obras "Métodos de Acción No violenta" y "De la dictadura a la democracia". Estas técnicas son muy diversas, y se sirven del uso de medios de comunicación, la ocupaciones de plazas públicas, acusaciones falsas, y varios acciones en esta línea.
El modus operandi es muy variado, pero sus principios básicos se fundamentan en lo que se denomina "jiu jitsu político". Resumido, provocar al adversario para usar su propia fuerza contra sí mismo.
El ideólogo de estos procedimientos es Gene Sharp, director de la fundación Albert Einstein, y vinculado de forma muy estrecha al gobierno de EE.UU., quien ha utilizado estas técnicas para desestabilizar países en contra de sus intereses, sin tener que "mancharse las manos".
Esto es lo que en Relaciones Internacionales se denomina "Soft Power" y lo hemos visto aplicado en Ucrania, Georgia, Egipto, Kirguistán y otros países soberanos; con casos de elevado éxito (como Ucrania) pero también con sonoros fracasos (como la revolución Blanca en Bielorrusia).
Dándoles el calificativo de "autoritarios", los países contrarios a Washington son atacados por esta nueva forma de guerra.
El uso de estos procedimientos es lo que demuestra el ocaso de EE.UU. como potencia militar mundial, y también la debilidad del sistema económico que le acompaña: el Capitalismo. Esto se debe a que el ejército y el poder económico de EE.UU. no son suficientes para imponer por la fuerza de los hechos o "Real Politik".
Y lo estamos viendo con la crisis que se vive en la península coreana. Debido a que el gobierno de Corea del Norte, por su hermetismo, es inmune a las técnicas de "Soft Power", EE.UU. se ha visto incapaz de adoptar una solución de fuerza para poder contrarrestar a este adversario.
¿Qué demuestran los hechos? Que EE.UU., cuando tiene un adversario al que no puede seducir con el "poder blando" y tiene una fuerza militar moderada, rehuye el conflicto. Pensemos, ¿contra que potencia importante se ha enfrentado militarmente los EE.UU. desde la II Guerra Mundial? La respuesta es ninguna.
No creo que hagan falta más palabras para decirlo, EE.UU. es un país con miedo y las revoluciones de colores es el arma de un país débil, cuya hegemonía militar e incluso cultural hace tiempo que se perdió.
Reflexionemos y estemos alerta, EE.UU., dando sus últimos coletazos, disparará todo su arsenal de Revoluciones de Colores y "Soft Power", pero si estamos preparados resistiremos y el mundo verá una nueva era.

Comentario:
Bueno, aunque respetamos la hipótesis del autor, nos resulta algo simplista, y hasta cierto punto ingenua. Aún así, podría ser que el debilitamiento como potencia hegemónica sea uno de los factores que han empujado a EE.UU. a procurarse otros medios que no sean la intervención militar directa para interferir en la gobernabilidad de otras naciones y torcer sus políticas a favor de sus mezquinos intereses.
Las Revoluciones de Colores usadas como estrategia intervencionista en este nuevo milenio no son en sí mismas una creación totalmente original y única de nuestros tiempos, sino más bien una suerte de hijas herederas de los viejos golpes militares promovidos por la CIA en los años 70 en Latinoamérica y otras regiones del globo. La realidad parece indicar que las sociedades van creando ciertos anticuerpos contra algunas formas de intervención, y por ende se hace necesario una cierta "evolución" de los métodos para que sigan siendo efectivos a lo largo del tiempo.
Sí es cierto que parecería que EE.UU. tiende a inclinarse cada vez más por estos métodos más "ingeniosos" y subrepticios. Mirando la historia del último siglo en perspectiva, da la sensación de que, aunque eventualmente siguen interviniendo militarmente unilateralmente (Afganistán 2001 o Irak en 2003) o acompañados (Libia en 2011 con las fuerzas de la OTAN o Siria con la Alianza Occidental), esta forma de injerencia se ha hecho cada vez más difícil de promover como genuinamente humanitaria a través de los medios. A esto hay que agregar que, estando inmersos en un sistema económico global basado en deuda que aumenta progresivamente la tensión hasta colapsar cada cierto tiempo (mire la crisis del 2008 por ejemplo), los costos de estas guerras se hacen insostenibles. En consecuencia otras formas de intervención más "sutiles" son necesarias.
Las Revoluciones de Colores encierran un conjunto de técnicas que procuran demonizar al gobierno a derrocar a través de la acción de organismos no gubernamentales (siempre financiados desde el exterior) que exacerban el sentimiento de opresión hasta límites irracionales de los sectores más maleables de la sociedad. Los puntos de acceso más comunes suelen ser los jóvenes en universidades o grupos activistas locales ya existentes, quienes muchas veces sin saberlo se involucran activamente transformándose en la fuerza propagandística de la "revolución". Así la acción directa de estos grupos dan al incipiente movimiento el aspecto de una genuina movilización social local, cuando en realidad las verdaderas fuerzas promotoras son extranjeras.
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