Irán: ¿República Islámica o dictadura teocrática?
- El estado tiene una compleja separación de poderes, pero poco pluralismo
- Hay luchas de poder más o menos abiertas que dirime una élite político-clerical

Gráfico del sistema político iraní
RTVE.es
El orgullo persa
Irán,
la antigua Persia, es una de las grandes cunas de la civilización y
llegó a ser un poderoso imperio que se extendía por una gran parte de
Asia. Su declive llegó entre los siglos XIX y XX, cuando pasó a ser
tablero en el juego de las potencias occidentales, con intervención
directa de la CIA en la última etapa del sha (rey).
La situación
se revirtió con la revolución islámica y ese rechazo al nuevo
“imperialismo” de Estados Unidos ha quedado explícito en el propio
preámbulo de la Constitución de 1979.
Por otra parte, Irán es el
país que más se ha destacado en su rechazo al reconocimiento del estado
de Israel y mantiene también muy tensas relaciones con otras monarquías y
teocracias de mayoría suní en la región del Golfo, que en Irán llaman
Pérsico y en esos otros países Arábigo, lo que ya da una idea del
conflicto latente.
MARIO VALLEJO 13.06.2013 - 10:35hIrán celebra este 14 de junio
elecciones para elegir a su nuevo presidente, el segundo hombre con más poder en la “República Islámica”, un estado que cuenta con una compleja separación de poderes, pero
donde el Líder Supremo destaca hasta el punto de ser considerado por muchos el jefe de una férrea dictadura teocrática.
Se trata de un
sistema original
en el cual las elecciones eran, al menos hasta 2009, una parte
fundamental de la vida política en la que, eso sí, la mayoría de puestos
clave están
reservados a la élite religiosa chií que cuenta con su propia Guardia Revolucionaria para mantener el régimen establecido en 1979.
Mahmud
Ahmadineyad, exmiembro de esta fuerza, simboliza las contradicciones y
luchas de poder abiertas en esta histórica potencia, que cuenta con las
segundas mayores reservas de hidrocarburos del mundo y que está
desarrollando un polémico programa nuclear en una
región cada día más convulsa.
Ahmadineyad se convirtió en 2005 en el primer presidente no clérigo de la Revolución Islámica y
ha acabado abiertamente enfrentado al Guía Supremo, Ali Jamenei (que sucedió a Jomeini a su muerte en 1989).
Los apocalípticos y el Líder Supremo
El que siempre ha sido calificado como un político ultraconservador ha acabado siendo acusado de
“desviacionista” religioso,
por ejemplo, por su asistencia al funeral católico por el presidente
venezolano Hugo Chávez. Pero eso es una anécdota comparado con la
vinculación de Ahmadineyad a la corriente religiosa que pide el pronto
retorno del imam Mahdi, el duodécimo
guía espiritual que da nombre a la rama del chiísmo que se profesa en
Irán (duodecimano). Está prohibido especular con la fecha de ese retorno
en tanto que el Líder Supremo es el teórico representante de Mahdi en
la tierra.
A los clérigos de esta facción se les llama apocalípticos y
se les acusa de usar el discurso mesiánico para movilizar al electorado
en beneficio de un candidato radical, en aparente revuelta contra el
Líder Supremo como representante de la élite. Hace ocho años, uno de
estos clérigos apocalípticos muy famoso
hizo campaña por Ahmadineyad.
En
todo caso, lo que trasluce es el pulso entre el poder de los clérigos,
encabezados por Jamenei, y el del presidente y su principal asesor,
Esfandiar Rahim
Mashaei, personaje que ha estado en casi todas las polémicas de la segunda legislatura de Ahmadineyad (2009-2013) y uno de los más destacados teóricos del nacionalismo iraní.
Mashaei, cuñado del mandatario, quería limitar el poder de los clérigos en el régimen, según
The Guardian.
El periódico británico recuerda que poco después de las controvertidas
elecciones de 2009, el Líder Supremo dio un paso inédito al forzar su
destitución como vicepresidente, a lo que Ahmadineyad reaccionó sorprendentemente nombrándolo jefe de su propia oficina.
Después,
en 2011, Mashaei fue supuestamente objeto de un espionaje en medio de
acusaciones de “brujería” al entorno del Ahmadineyad. En protesta, el
presidente se ausentó durante una semana de sus responsabilidades aunque
finalmente perdió ese claro desafío a Jamenei tras escuchar a otros
líderes políticos pedirle que depusiera en su actitud para “no
beneficiar al enémigo”.
Ahora,
Mashaei ha sido rechazado como candidato a las elecciones presidenciales, lo que confirmará la
derrota de este intento de Ahmadineyad en favor de un Ejecutivo independiente. Incluso
algunos medios informaron
de que el apoyo explícito de Ahmadineyad siendo aún presidente a la
candidatura de su cuñado podría ser condenado con 74 latigazos.
El poder del Parlamento
Pero ¿quién ha vetado a Mashaei? En Irán, todos los candidatos a las instituciones electivas del país deben ser aprobados del
Consejo de Guardianes de la Revolución, un órgano formado por 12 miembros, seis de ellos expertos en jurisprudencia islámica
nombrados directamente por el Líder Supremo
y otros seis juristas cuya designación aprueba por el Parlamento entre
los elegidos por el jefe del Poder Judicial, quien a su vez es
seleccionado directamente por Jamenei.
En este caso, solo
ocho de los 686 candidatos han pasado ese filtro islámico.
“Tengo la gran sospecha de que si Jomeini todavía viviera y se
presentase con un seudónimo, sería descalificado porque a veces fue
crítico” con el sistema,
dijo recientemente un parlamentario considerado conservador, en un ejemplo de la independencia de un poder legislativo que,
contrariamente a los regímenes autoritarios, sí tiene competencias reales.
De
hecho ninguno los presidentes ha escapado a la censura de algunos de
sus ministros por parte del Parlamento, cuyos miembros también pasan el
mismo examen del Consejo de Guardianes. En el verano de 2009, los
diputados advirtieron a Ahmadineyad en plena crisis post-electoral y en
2010 llegaron a
iniciar un proceso de destitución acusándose de abuso de poder. Según la revista
Foreign Policy,
ese procedimiento solo paró por orden del Líder Supremo, que temía que
esta acción reforzara al Parlamento en detrimento de su propia base de
poder.
El Líder (casi) Supremo
Incluso
la preeminencia absoluta del Guía es discutible, ya que se halla
sometido al control de la Asamblea de Expertos, otro órgano elegido por
la ciudadanía y que puede revocar el cargo del Líder Supremo y nombrar a
su sucesor.
Finalmente, el
Consejo de Discernimiento es otro órgano cuyos miembros son nombrados por el Líder
y que media entre el Parlamento y el Consejo de Guardianes de la
Revolución, que también hace un filtro de las leyes que aprueban los
diputados.
El sistema fue designado para que ninguna de las
instituciones tuviera por sí sola la capacidad absoluta para decidir
sobre temas fundamentales y para “evitar la deriva hacia el absolutismo
personalista, privilegiando los mecanismos de consenso interno de la
élite político-clerical”, según resume Jean-François Bayart en
El islam republicano.
Unos
debates que se dan a la sombra de las instituciones, a pesar del
protagonismo que han tenido siempre las elecciones en Irán, donde desde
la Revolución, los ciudadanos han tenido la oportunidad de
votar una vez al año, una de las frecuencias más altas del mundo, que se ha visto frenada en los últimos años por la cancelación de comicios tras la crisis de 2009 y hasta 2012.
Pero
elecciones y separación de poderes no pueden desligarse de ese férreo
control del pensamiento, que equivale a una falta de pluralismo, y de la
feroz represión ejercida por el régimen.
La temible Guardia Revolucionaria
El
papel del Cuerpo de la Guardia Islámica Revolucionaria (IRGC o
pasdarán) también tiene un papel político crucial en lo que corresponsal
del
Asia Times Pepe Escobar denomina “dictadura militar del
mullahariado", en referencia a los mulás.
El IRGC controla muchas de las grandes empresas del país,
tiene más fuerza que el Ejército regular
y además tiene una posición “no disimulada” de controlar el Parlamento a
través de su brazo político para, con todas esas cartas, evitar una
nueva revuelta como la ocurrida en 2009, según este experto. Son
numerosos los excomandantes
pasdarán que se pasan a la política
y la mayoría de los líderes iraníes no clérigos vienen de estas filas;
aunque entre ellos hay también divergencias o luchas de poder.
La unidad de élite de la Guardia Revolucionaria, la fuerza Al Quds (Jerusalén) es
considerada una organización terrorista por Estados Unidos que la acusa de apoyar a otros grupos como Hizbulá.