INVESTIGACIÓN: ¿Existe el tráfico de órganos en América Latina?
Publicado: 25 nov 2017 09:58 GMT
RT
"Vendo riñón por motivos económicos" u "oferto todos
mis órganos porque no quiero vivir más", son algunos de los habituales
mensajes que pueden encontrarse en Internet. La búsqueda no tiene que
ser extenuante; basta con abrir notas de diversos medios sobre el
comercio de órganos, leer los comentarios de los lectores y toparse con
miles de personas urgidas en la desesperación y dispuestas a ofrecer
partes de su cuerpo como mercancías.
Para intentar comprender este misterioso mecanismo, me hice pasar por
comprador y vendedor de órganos. Así me topé con Evert C., un peruano
de 38 años que vive en Cuzco y
quiso darme su riñón a
cambio de dinero, para ayudar a su hermano. Al no tener parámetros para
comparar valores, mi oferta inicial fue de 5.000 dólares, pero a pesar
de su necesidad, aquella propuesta le pareció irrisoria. Su postura fue
tajante; se plantó en
20.000 dólares y argumentó ese
valor enviándome fotos por Whatsapp que evidencian su buen estado físico
y videos suyos jugando al básquetbol. La conversación se tornó
conmovedora, aunque para no generar falsas expectativas le dije que no
contaba con ese dinero. Se ofendió y me bloqueó, nunca más hablaría con
él.
Para hacer más atractivo el combo, asegura que cuenta con un tío que es médico y podría realizar la operación
Además de comentarios en textos periodísticos, también pueden encontrarse ofertas en
Facebook y hasta en populares sitios de compra y venta de artículos, como Mercado Libre.
"A la venta mi riñón", así tituló Cristian su
publicación en
esta plataforma que, tal vez sin saberlo, ocupa el rol de
intermediario. Curiosamente, la foto de un perro acompaña esta frase; su
autor no pretende pecar de alevosía.
También figuraba un número telefónico. Al contactarme con
este usuario de la ciudad de Cochabamba, Bolivia, confirma la intención
de vender su órgano en
15.000 dólares. A su vez, para
hacer más atractivo el combo, asegura que cuenta con un tío que es
médico y podría realizar la operación. La transacción se trunca cuando
revelo que soy periodista y quiero conocer más sobre este extraño mundo
donde el capitalismo y la salud vuelven a chocar.
Cuando todo es vendible
Como en estos casos, hablé con decenas de posibles vendedores de
distintas partes de la región, principalmente Argentina, Perú, Bolivia y
Venezuela. ¿Se trata de vendedores reales o son simples
personas inmersas en la pobreza, que se dejaron llevar por un impulso?
Una cosa es segura: si alguien vende un órgano, otro lo debería comprar
para concluir este círculo.
Decidí cambiar de rol: ahora soy yo quien ofrece el riñón para dar con un posible comprador.
Así, me pongo en contacto con un
supuesto médico nefrólogo,
quien dice llamarse Pele Rodríguez y habla en inglés; nos entendemos
bien. Me pregunta si estoy seguro de esta operación y solicita que llene
un formulario básico con algunos datos personales, como mi nombre
completo, edad y grupo sanguíneo. También debo aclarar si fumo o tengo
algún vicio. Le sigo el juego, pero doy un nombre falso. No creo ser el
único. Cuando me pide una foto del pasaporte, me hago el desentendido;
podría ubicarme fácilmente.
Rodríguez —o cómo se llame— comenta que trabaja en la red 'Apollo
Hospitals', de la India, que cuenta con establecimientos en 25 ciudades.
Sin embargo,
la operación tendría lugar en México.
Precisamente, la clínica elegida está en Ciudad Juárez y pertenece a la
red de Hospitales Star Médica. Pele dice que puede ofrecer
300.000 dólares por
la transacción y que los gastos del viaje corren por su cuenta. La
estadía en territorio mexicano sería de dos semanas. A su vez, informa
que la mitad del dinero se entregaría antes de la cirugía y el resto
después de la intervención. Todo es muy tentador para alguien que esté
con urgencias económicas.
Le advierto que me contactaré con los centros médicos para chequear esta información, y se altera notablemente
Así las cosas, este aparente doctor envía a mi teléfono una imagen de su credencial de profesional, pero
se lee que trabaja en Nigeria.
Le solicito realizar una video llamada, a lo cual se niega. Entonces le
advierto que me contactaré con los centros médicos para chequear esta
información, y se altera notablemente. Dice que en muchos años de
trayectoria nunca le pasó algo así. Al comunicarme con los mencionados
hospitales privados de la India, en su sistema
no encuentran el nombre de Pele Rodríguez. Lo mismo sucede en México.
Mark Henry es otro de los supuestos médicos interesados en adquirir mi riñón. Su oferta es mucho más tentadora:
800.000 dólares.
Me envía una foto, donde se ve a un doctor o enfermero canoso, con su
típica vestimenta hospitalaria color azul. Posee una sonrisa
espeluznante y muestra los brazos abiertos, como si estuviera a punto de
recibir mis órganos. Cuenta que trabaja en el 'University of Benin
Teaching Hospital' (UBTH), de
Nigeria, pero es blanco y dice ser estadounidense.
Las conversaciones duran más de dos semanas y el procedimiento es
similar al anterior. Me envía un formulario informal y pide una foto de
mi documentación. Vuelvo a negarme, excuso que no puedo darle mi nombre
original porque en Argentina (mi país) esta clase de operaciones es
ilegal. Mark lo entiende, pero solicita tranquilidad y asegura que su
equipo vendría directamente a Sudamérica a realizar el trabajo. No
parecen importarle demasiado los obstáculos legales.
Responsabilidad social empresarial
Todo marcha según lo planeado, entonces recibo las bases y
condiciones para comenzar el proceso. En un apartado se destaca que debo
enviarles 110 dólares para comenzar el registro dentro de la Fundación
Nacional del Riñón (NKF, por sus siglas en inglés), una institución de
EE.UU. donde fomentan la donación y no sólo entre familiares: también
pueden ser amigos o compañeros de trabajo del receptor, entre otras
relaciones incomprobables para con el donante.
En Argentina, por ejemplo, sólo se permite la donación en vida para
trasplantes entre parientes consanguíneos o por adopción hasta 4º grado,
cónyuges y concubinos. Aquella institución norteamericana sostiene que
la clínica a cargo del trasplante debe realizarle una consulta
financiera a quien otorgue su órgano, además de una evaluación
psicológica y exámenes físicos. Hasta el momento, NKF no respondió sobre
si tiene conocimiento del doctor Mark Henry, un nombre tan genérico y
común que sería difícil de rastrear.
Henry pide que el giro del dinero se realice por Western Union, cuyo
receptor sería un tal Peter Ebhuomwan. El único perfil de Facebook
parecido lleva el nombre de Peter Evbuomwan, un supuesto hombre negro
con tan solo 67 amigos
Sin rodeos, Henry
pide que el giro del dinero se realice por Western Union, cuyo receptor sería un tal Peter Ebhuomwan. El único perfil de Facebook parecido lleva el nombre de
Peter Evbuomwan, un supuesto hombre negro, también de la Ciudad de Benín, Nigeria, con tan solo 67 amigos; una cuenta, a todas luces, falsa.
Si bien es de público conocimiento que estas empresas intermediarias presentan
menos barreras que los bancos tradicionales
para realizar transacciones ilegales, ¿por qué esta clase de mafias
elige esa forma de operar? Cuando parece que en este juego de
identidades irreales todo comienza a complicarse, Ricardo Centurión
Luchi, quien trabajó dos años en la compañía financiera, aclara el
panorama:
"No pasan por ninguna regulación".
Luchi trabajaba en Argentina, y aunque suene raro que argentinos
precisen girar dinero a Nigeria, algunas veces se topaba con esta clase
de escenas: "Imaginate que
en Nigeria el 90 % de la gente no tiene documentos. Entonces allá, para retirar la plata, sólo te piden el número de operación y los datos de quien envía, no del que recibe".
En varios de los países donde opera Western Union es común que a la
hora de retirar el efectivo, su destinatario deba mostrar al menos su
documento de identidad. Sin embargo, ese requisito puede variar según
cada nación, ya que lo primordial es que la compañía multinacional
cumpla con su promesa de hacer llegar la plata a otros destinos en
concepto de ayuda familiar, tan requerida en muchas naciones.
A pesar de que en algunas economías 110 dólares parezca una cifra
insignificante, en Nigeria "puede servir para mantener una familia por
varios meses", considera el entrevistado. Ello, multiplicado por la
cantidad de personas que accedieron a realizar esta clase de
transacciones desde distintas partes del mundo, es algo difícil de
cuantificar. En otras palabras:
un negocio rentable donde no hay inversión y todo es ganancia.
No hay garantías de nada, vos enviás el dinero y listo. Desde acá se puede saber si la plata fue retirada, pero nada más
Por último, Ricardo detalla la clave de este embrollo: "No hay
garantías de nada, vos enviás el dinero y listo. Desde acá se puede
saber si la plata fue retirada, pero nada más. No hay políticas de
reembolso ni nada parecido, porque es para 'ayuda familiar'". Para
resumir: empresas como Western Union y Mercado Libre sirven de
intermediarios para la compra y venta de órganos, o al menos para
estafar a unos cuántos desesperados, pero
sin asumir responsabilidades.
Así las cosas, al llamar al hospital nigeriano donde supuestamente trabaja Mark, me hacen una pregunta que me deja atónito:
"¿Usted quiere comprar o vender su riñón?". Respondo
que sí, quiero vender, pero, ¿cómo lo supo? Este hombre comenta en
inglés que en el establecimiento no realizan esas acciones, que
ya le han consultado varias veces por un tal Mark Henry, pero que no trabaja allí.
"Nos causó muchos problemas, lo está buscando la Policía", revela. Por
motivos de seguridad, mis superiores optaron por dejar de tratar con
estas fuentes delictivas. De todas formas, el círculo empieza a cobrar
sentido.
Mientras tanto, los factibles vendedores siguen apareciendo. José
Córdoba tiene 30 años, es albañil y vive en San Miguel de Tucumán, al
norte de Argentina. Tiene una esposa, dos hijos y está por ser abuelo,
pero no la está pasando nada bien: "
La guita no alcanza para nada,
me pagan poco y tengo deudas sin saldar", resume. El contexto actual de
aquel país sudamericano tampoco ayuda: según cuenta, "la clase media y
baja está mucho peor que el resto", pero él desea "estar más tranquilo
en la vida".
Córdoba es de esos trabajadores que corren el dinero siempre desde
atrás, pero ya se cansó. Quiere revertir la ecuación: "Un doctor de
Turquía
me ofreció 400.000 dólares por mi riñón", se
ilusiona, y el circuito vuelve a comenzar. "¿Es ilegal? ¿Sería
enriquecimiento ilícito?", pregunta, con cierto grado de inocencia.
Asimismo, el obrero sostiene que "si hacés tu vida sana, podés vivir sin
un riñón"; está convencido de que aquel dinero le solucionaría sus
problemas. "Me considero una persona muy inteligente", finaliza la
charla. No hay intenciones de repreguntar.
El Vaticano y la ONU ya lo advirtieron
El tráfico de órganos a nivel internacional tomó tal relevancia que
el 7 y 8 de febrero de este año se realizó una cumbre en el Vaticano,
donde participaron más de 50 países para debatir el conflicto. El
flagelo existe. De hecho, en 2008 se desarrolló la Cumbre Internacional
sobre Turismo de Trasplantes y Tráfico de Órganos, convocada por 'The
Transplantation Society' (TTS) y la Sociedad Internacional de Nefrología
(ISN, por sus siglas en inglés) y celebrada en Estambul, Turquía. En
aquel encuentro se establecieron
pautas comunes para
combatir esta clase de comercio,
coincidiendo en que la mejor forma de enfrentarlo es teniendo un
sistema de trasplantes ordenado, regulado por el Estado y transparente.
Además, se destacó que "el acto de donación debe ser observado como
heroico y valorado como tal por los representantes de los gobiernos y de
las organizaciones de la sociedad civil". A su vez, en 2010 la Asamblea
Mundial de la Salud de la OMS
instó a
la Dirección del organismo a brindar "apoyo a los Estados miembros y
las organizaciones no gubernamentales con el fin de prohibir el tráfico
de material de origen humano y del turismo de trasplantes".
"En Argentina la compra y venta no tienen lugar"
Hay países donde el mercado de órganos está más presente que en
otros, o al menos toma conocimiento público. En Costa Rica, por citar un
ejemplo, actualmente se está desarrollando un
juicio con cinco imputados,
acusados de integrar una red dedicada a este negocio, donde extranjeros
adinerados presuntamente adquirían órganos bajo este sistema, informa
La Nación.
El insólito escenario para reclutar a los vendedores de riñones sería
una pizzería, explica este diario, e incluiría a médicos e
intermediarios de todo tipo. Se espera que la sentencia se dicte en los
próximos días.
Caso contrario,
en Argentina las autoridades sostienen que su sistema
funciona perfectamente
y tiene una condición privilegiada con respecto a Latinoamérica. La
presidenta del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e
Implante (INCUCAI), María del Carme Bacqué, asegura que "la donación y
transplante de órganos aumentaron un 15 % con respecto al año pasado".
También destaca que disminuyó la oposición de las familias a donar
órganos de personas fallecidas —a menos que expresen su negativa antes
de morir, todos los argentinos son presuntos donantes al dejar de vivir,
pero se necesita la aprobación de los familiares, según la ley local—.
"El año pasado teníamos entre un 40 % y 45 % de oposición familiar, a
partir de mayo se redujo hasta un 32 %". La campaña comunicacional del
Estado surte efectos positivos.
Actualmente, aquel país sudamericano tiene 12,12 donantes efectivos
por cada millón de habitantes. En 2015 tenía 13,75, mientras que países
como Chile en ese mismo año contaban con casi la mitad: 7,8. En total,
Argentina alcanzó "un número récord" de
1.327 trasplantes de órganos en
lo que va del año y la nación trasandina —con menos habitantes que su
vecino— llevaba 370 hasta septiembre, según el Ministerio de Salud
chileno. A pesar de los avances, Bacqué reconoce que todavía están lejos
de alcanzar la autosuficiencia estipulada por la OMS, es decir, "que
todas las personas en lista de espera cuenten con la misma accesibilidad
a un trasplante". Aún no se cubre toda la demanda.
Para explicar su argumento, disipa las dudas: "En Argentina la compra
y venta no tienen lugar. Hace 40 años que existe el INCUCAI y
nunca hubo una denuncia judicial sobre
ello. Eso sólo puede pasar en países que por su falta de desarrollo
sanitario no tienen tecnología para trasplantes, también en regiones
vulnerables donde se acude a esto por problemas económicos. Se sabe de
personas con gran poder adquisitivo que viajan a esos lugares para
acceder a un órgano, pero en Argentina se prohíbe expresamente la
donación de órganos de un donante vivo no relacionado".
Y concluye el reportaje:
"Acá el tráfico es imposible porque el trasplante es un proceso médico de alta complejidad. Requiere capacitación y tecnología de precisión. Además, es una
práctica costosa y
su seguimiento también, donde aparecería rápidamente que el origen del
órgano no fue una fuente legítima. Los pacientes tienen que recibir
drogas especiales, de por vida. Además, el trasplante sólo es efectivo
si se cumplen una serie de
compatibilidades entre el donante y el receptor,
como su tamaño y edad. Los establecimientos que hacen esto deben seguir
rigurosas normas, reguladas por el INCUCAI. Para cualquiera de estas
operaciones, se necesitan más de 100 profesionales". Resta por ver si
América Latina logra vencer definitivamente al tráfico de órganos.
Leandro Lutzky