domingo, 25 de marzo de 2018

El Poder intenta desactivar la Red, último reducto de la libertad


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El Poder intenta desactivar la Red, último reducto de la libertad

 

Antonio Camuñas

La histeria desatada en estos días por la utilización de datos de los usuarios de Facebook, recuerda la conmoción que se vivió hace seis décadas al conocerse la mercadotecnia que utilizaban los gigantes publicitarios de Madison Avenue. Recuerdo que una escala en Barcelona, en diciembre de 1987, sirvió para hacerme con un ejemplar del libro de William Meyers Los creadores de Imagen (1984) sobre la industria de las agencias de publicidad.
Hacia ya cerca de 30 años que Vance Packard había escrito The Hidden Persuaders, una obra sobre la capacidad de la publicidad para controlar nuestras vidas, que tuvo un enorme impacto en la sociedad norteamericana. Aún así, la solapa interior del libro de Meyers resultaba sugestiva: “En la actualidad los publicitarios no son meros persuasores, son psicólogos/vendedores. Para ellos no somos meros consumidores, sino que nos han dividido y clasificado en grupos, cada uno con necesidades emocionales claramente definidas, que pueden ser medidas de forma científica, y para cada una de ellas existe su correspondiente producto”.
Los once capítulos de la obra versan sobre diferentes casos de productos y servicios a los que, tras el suministro de las misteriosas pócimas de los habitantes de la calle Madison, se convertían en fórmulas de éxito como por arte de magia. El medio en el que estos alquimistas y manipuladores de mentes operaban era la televisión, de cuya tecnología se aprovechaba un naciente negocio que acabaría rindiendo extraordinarios beneficios económicos.
Según William Meyers, los publicistas manipulaban las mentes mediante exageraciones, mensajes subliminales, ardides y engaños
Las fórmulas para conseguir tan perversos efectos estaban ligadas a las exageraciones, los mensajes subliminales, los ardides y los engaños de una industria que aprovechaba la nueva era de abundancia en la América triunfante. “Anunciar es hurgar en heridas abiertas… miedo, ambición, angustia, hostilidad” confesaba Jerry Della Famina uno de los más exitosos miembros del gremio, y de los primeros ‘arrepentidos’ del monstruo que había creado la industria de la publicidad. El propio Packard, por su parte, sentenciaba que “si el negocio de la publicidad se deja sin control, lo más probable es que acabe por controlar nuestras vidas”.

Visto con la perspectiva de los años, la monstruosa industria emocional y los enigmáticos psicogramas de los ‘Hombres de Madison’ que tan bien retrata Mad Men, se nos antoja más bien propios de una época naif, con su cirugía plástica aplicada a los productos para hacerlos apetecibles mediante imágenes sugestivas, slogans pegadizos y recompensas esencialmente simplonas que venían a dar respuesta a las necesidades de bienestar y confort de la nueva sociedad salida de la Segunda Guerra Mundial.
Muy lejos, por tanto, de la brujería siniestra y maliciosa que durante años se atribuyó a los publicistas, pero bastante más cerca de lo que ahora conocemos como “Fake News”: noticias que uno quiere creer aunque sepa que no son ciertas (el reclamo de una Sonrisa Profiden sin ir más lejos).

El calvario de Zuckerberg, el hombre de la camiseta y las zapatillas

Estos días atrás, al joven fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, se le congeló la sonrisa tras saberse que una aplicación de la firma Cambridge Analytica había accedido a los datos de 50 millones de usuarios de la red social, utilizados posteriormente para favorecer la campaña de Donald Trump. Poco se habla, sin embargo, de que Barack Obama hizo exactamente lo mismo en su campaña de reelección en 2012, tal y como confesaba en su cuenta de Twitter Carol Davidsen, su directora de Integración y Análisis de Datos, quien utilizó la misma herramienta de Cambridge Analytica (conocida como API) para establecer una base de votantes afectos a Barack Obama.
La información sobre el público objetivo destinatario de los mensajes ha sido siempre un activo muy valioso para vender cualquier producto
El Poder intenta desactivar la Red, último reducto de la libertad
No viene al caso aquí analizar el doble rasero con el que se trata al presidente hawaiano y al magnate neoyorquino. Lo importante es hacer hincapié en que tanto ahora como en los tiempos de Mad Men, la información sobre el público objetivo destinatario de los mensajes sigue siendo un activo muy valioso ya sea para vender un producto cosmético o un candidato político.
En ambos casos se trata de analizar las necesidades y preferencias de los consumidores o votantes para brindarles la mejor oferta posible, algo que no implica, ni mucho menos, que la clientela se trague la píldora sin rechistar. La experiencia parece demostrarnos, más bien, que la gente hace uso de su libertad individual con mayor frecuencia de lo que parece.
La clientela no se traga la publicidad sin rechistar: la gente hace uso de su libertad individual con mayor frecuencia de lo que parece
De ahí que no se pueda atribuir a las agencias de publicidad o a las plataformas como Facebook el papel determinante que se nos quiere hacer creer en los últimos tiempos. Ni las agencias entonces ni las plataformas ahora representan peligro alguno para la sociedad o la democracia. Ambas buscan necesidades no cubiertas, demandas insatisfechas y opciones que sintonicen con un sentir colectivo. De no partir de esta premisa, se podrá crear momentáneamente una demanda artificial y efímera que tarde o temprano acabará extinguiéndose o tornándose residual.
No. El problema de Facebook no son los datos que puedan tener de cientos de millones personas, sino el imparable deterioro económico y de credibilidad que ha propiciado en el llamado Main Stream Media, las terminales mediáticas de las élites político-económicas a cuenta de plataformas como la de Zuckerberg. Antes de la llegada de la televisión los ingresos mayoritarios de la prensa provenían de las suscripciones, y lo más parecido a la publicidad que uno podía encontrar en sus páginas eran los anuncios por palabras o algún elixir de efectos milagrosos.
El imparable ascenso de las plataformas de Internet ha dejado a la prensa en estado terminal y a las cadenas de televisión convencionales seriamente tocadas
Fue la televisión la que catapultó la industria de la publicidad y esta a su vez hizo posible la edad de oro de la prensa escrita, un reinado compartido que se ha mantenido hasta la aparición de Internet y las nuevas plataformas digitales. El imparable ascenso de la empresa de Zuckerberg y sus adláteres en estos últimos años ha dejado muy tocadas a ambas industrias. La prensa, en estado terminal. Las cadenas de televisión convencionales, muy tocadas por los nuevos hábitos de consumo en tabletas y móviles. Demasiadas víctimas por el camino como para que estas no intentaran resarcirse con oportunidades tan propicias para el contraataque como el Brexit o la victoria de Trump.
El Poder intenta desactivar la Red, último reducto de la libertad
El proceso ha sido tan gradual como implacable: primero y al igual que ocurrió tras él nacimiento de la industria publicitaria, surgieron los ‘arrepentidos’ expresando sus remordimientos por los perniciosos efectos de la criatura por ellos creada. Más tarde la reacción de las autoridades, con anuncios de nuevas medidas regulatorias, seguidas por el consiguiente mea culpa de la empresa, comprometiéndose a censurar contenidos y primar las informaciones ‘de calidad’, es decir, las de siempre.
Los medios convencionales intentan resarcirse induciendo a las autoridades a imponer regulaciones que obliguen a las plataformas de Internet a censurar contenidos
Finalmente, un episodio vendido como un supuesto robo de datos brinda la excusa perfecta para iniciar una investigación a escala internacional que daña económicamente a la compañía, y crea un serio problema reputacional a su fundador. Tras un inexplicable silencio de seis días, Zuckerberg ha comparecido para reconocer los errores cometidos y anunciar medidas para subsanarlos. Entretanto, se le acumulan las citaciones en Londres, Bruselas y Washington para dar explicaciones de lo sucedido.

La Red: el último reducto de libertad

Hay muchos aspectos cuestionables en la influencia de las redes sociales en estos últimos tiempos. Los linchamientos públicos, la degradación de los debates a meros intercambios de insultos y descalificaciones. El activismo militante de quienes buscan imponer nuevos mecanismos de ingeniería social a través de un Pensamiento Único sin resquicios para la disidencia.
Son esos islotes de libertad, alejados las consignas oficiales los que ahora se pretende neutralizar, máxime cuando las sociedades pudieran estar saliendo del letargo de las últimas décadas
Pero no es menos cierto que a su amparo han hecho acto de presencia quienes están dispuestos a plantar cara a esas nuevas fórmulas de totalitarismo postmoderno con argumentos que chirrían con los postulados de agenda progresista. Son esos islotes de libertad, alejados de los tópicos, los mantras y las consignas oficiales los que ahora se pretende neutralizar, máxime cuando hay indicios fundados de que las sociedades pudieran estar desperezándose y saliendo del letargo de las últimas décadas.
El doble reto al que se enfrenta Zuckerberg es pues de enorme envergadura. Por un lado tiene a todo el aparato de información tradicional clamando contra el daño que su plataforma les ha infligido y exigiendo compensaciones por medio de un mayor reparto de los beneficios. Por otro, se le impone la tarea de silenciar a quienes puedan resultar una amenaza para el poder establecido. No es poca cosa para un joven solitario cuyo principal objetivo era aumentar sus posibilidades de ligar en el campus.
Se impone a las plataformas de Internet la tarea de silenciar a quienes pudieran resultar una amenaza para el poder establecido
Si bien tengo para mí que dentro unos años el “Affair Zuckerberg” nos evocará la misma sensación que ahora nos producen quienes creían que los Chicos de Madison dominarían el mundo, es muy posible que, a sus 33 años, este antiguo estudiante de Harvard haya iniciado su particular calvario, en el que descubrirá lo difícil que es jugar a formar parte de las estructuras de poder mundial, por mucho que haya intentado disimular el intento vistiendo su sempiterna camiseta gris y zapatillas de deporte.
Si en las comparecencias parlamentarias que le aguardan, Zuckerberg opta por el traje y la corbata, podremos visualizar con mayor claridad que no es tanta la distancia que le separa de Don Draper. Igual hasta caemos en la cuenta de que, en unos años, las sofisticadas técnicas que hoy nos abruman parecerán tan pedestres como las que utilizaban los genios de la avenida Madison.



Los héroes... siempre han existido


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Los héroes... siempre han existido

 

María Teresa González Cortés

Hay individuos que afrontan los reveses que la vida trae consigo a través de la planificación de la muerte propia. Esto fue lo que movió a Stephan Lux cuando entró en la Sociedad de Naciones un 3 de julio de 1936. Y tras el discurso del delegado español Sr. Barcia, Stephan Lux se levanta frente a un auditorio de políticos. Su intención era dar a conocer las derivas del nazismo, en concreto, los inicios del genocidio judío. Y para que su testimonio pudiera abrir los ojos a la comunidad internacional Stephan Lux decide delante de todos los representantes de las delegaciones en la sede de Sociedad de Naciones dispararse a sí mismo en el pecho, en señal de protesta.
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Los héroes... siempre han existido
Stephan Lux creyó que el hecho de cortar el hilo de su vida le permitiría servir a una causa noble. Imaginaba que con su conducta iba a lograr un cambio drástico en la sucesión de acontecimientos. Nada más lejos. Aunque el ideal de este periodista de origen checo era crear un bloque internacional “unido contra los nazis”, su testamento no logró influir en el rumbo de la Sociedad de Naciones. Lux jamás contó con la impasividad de esta organización política que “no” intervendría en contra del régimen asesino de Hitler, a pesar de que Lux llevaba en su maletín cartas dirigidas al Secretario General de la Sociedad de Naciones.

El infierno de los campos

Como Lux predijo, las matanzas comenzarían. Y en los campos de concentración prevalecería una regla, inicua, que rezaba “por cada persona fugada diez serán asesinadas”. Esta medida bestial se puso en marcha a finales de julio de 1941. Uno de los elegidos en esta macabra feria del disparate fue Franciszek Galowniczek. Al tener conocimiento de la sentencia, imploraba y decía: “Dios mío, tengo esposa e hijos. ¿Quién los va a cuidar?”
El sacerdote polaco Maximiliano Kolbe convenció a las autoridades de Auschwitz para morir en lugar de Galowniczek, un hombre casado y con hijos
Las muestras de desesperanza de este militar llegaron a oídos de Kolbe, que convence a las autoridades de Auschwitz para ponerse en lugar de Galowniczek. Decir “grandeza” no es exageración cuando Kolbe acepta morir llevando a la práctica la enseñanza de San Juan de “nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”. Así que, realizado el trueque, el sacerdote polaco Maximiliano María Kolbe (1894-1941) sería sentenciado a morir de hambre. Y durante tres semanas malvivió entre la extenuación y la agonía hasta que un 14 de agosto le inyectaron el letal fenol.

Héroes que salvaron a judíos

Mientras colaboracionistas italianos y seguidores del Gobierno francés de Vichy ayudaban a los nazis, el alcalde de Túnez Al Sakdat se afanó por ocultar a los judíos hasta que las tropas aliadas los liberaron. Y si el Gran Muftí en Palestina, el musulmán Haj Amin al-Husseini, era ardiente seguidor de la causa nazi –en Berlín la bandera palestina fue la única que ondeó al lado de la del Reich-, el regente de la Gran Mezquita de París, Kaddur Benghabrit, fue contrario al antisemitismo visceral de al-Husseini y proporcionaría identidad musulmana a los detenidos y deportados judíos.
En el este de Europa sobresaldría también, de modo igualmente heroico, el español Ángel Sanz Briz (1910-1980). Este zaragozano, con la ayuda de su amigo italiano Giorgio Perlasca, que más tarde le suplantaría la identidad y sustituiría en el cargo, se opuso a la persecución fratricida. Y siguiendo el modelo de su antecesor en Budapest, Miguel Ángel de Muguiro, y los pasos del funcionario de la Embajada española en Berlín Fernando Oliván, en 1944 Sanz Briz dispuso su ingenio para generar documentos falsos y saltarse las leyes nazis vigentes.
El diplomático español Ángel Sanz Briz generó multitud de documentos falsos para salvar a miles de judíos en Hungría
Este diplomático español en Hungría no solo creó casas “asilo” en las que mantener con vida a los judíos, sino que además, y bajo el mismísimo régimen de Franco, proporcionaba, rescatando la letra del Real Decreto de 1924 del entonces General Primo de Rivera, pasaportes españoles a los judíos que alegaban origen sefardí, es decir, español. En esta red clandestina perfectamente tejida para sacar de los pogromos a hombres, niños y mujeres, Sanz Briz consiguió salvar a más de 5.200 judíos.

El caso de Irena Sendler

Los héroes claro que existen. Los ha habido en todas las épocas. Incluso en aquellas en las que parece no haber ventanas por donde entrar la luz. De hecho, cerca del horror de los guetos, hubo individuos que realizaron una labor callada pero efectiva, altamente ejemplar aunque anónima. Tal fue el caso de Irena Sendler (1910-2008). La proeza de esta mujer no es baladí, pues de los tres millones y medio de judíos polacos solo llegaron a sobrevivir 70.000. Y de esos setenta mil supervivientes 2.500 fueron, gracias a la acción de Sendler, librados de la guadaña de la muerte.
Irena Sendler sacar del gueto a 2.500 niños judíos después de haber falseado sus nombres y escondido su verdadera identidad

A diferencia del final trágico que reservaron a la antinazi Sophia Magdalena Scholl, Irena pudo escapar con vida del cautiverio al que le sometió la Gestapo. Y pese a las palizas y fracturas de huesos sufridas a raíz de su detención acaecida el 20 de octubre de 1943, esta asistente social nada dijo durante su encierro. Nunca empleó el camino de la delación. ¿Su crimen? Haber convencido a madres y abuelas de que sus hijos y nietos podrían mantenerse con vida lejos del destino que les imponían los Gilles de Rais nazis. Su no delito residió en oponerse a lo inhumano. Y sacar del gueto a 2.500 niños judíos después de haber falseado sus nombres y escondido su verdadera identidad en minúsculos trozos de papel guardados en tarros de cristal, sepultados a su vez bajo el árbol mítico de la Vida, el manzano.
En cualquier caso, ya lo dijo Miguel de Unamuno en El sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1912), “ni el sentimiento logra hacer del consuelo una verdad ni la razón logra hacer de la verdad un consuelo”. Cito la observación unamuniana porque Irena Sendler, esta mujer polaca, descubierta en 1999 por unos escolares de Kansas, siempre brilló con luz propia. Y siendo casi centenaria apenas había hablado al mundo de sus hazañas. Solo a un año de morir, en 2007, Irena sería propuesta para el Premio Nobel de la Paz, galardón que conquistaría Al Gore, un político tan de moda como bien pagado de sí mismo.

El valiente Vasili Arkhipov

La lista de gentes de bien resulta interminable. E invisible para nosotros en la mayoría de las ocasiones. Igual que los frailes trinitarios rescataban a presos en cárceles africanas –fue el caso de Miguel de Cervantes en Argelia-, el monje suizo Jens Petzold ha logrado salvar a 200 personas de los hierros y prisiones de ISIS. Y si me lo permiten ahora, acabaré estas líneas no sin antes rescatar la figura de un oficial naval que impidió el estallido de la IIIª Guerra Mundial. Y salvó a la especie humana de morir bajo los efectos radioactivos de la conflagración nuclear.
El marino ruso Vasili Arkhipov convenció a su capitán para no disparar un torpedo nuclear que hubiera originado la Tercera Guerra Mundial
En aquella crisis cubana de los misiles que duró trece interminables días, un buque de guerra norteamericano descubrió la presencia de un submarino nuclear soviético, un B-59, cercano a las aguas de Cuba. Al ver que era hostigado con cargas de profundidad, el oficial al mando del submarino soviético dio la orden de preparar un torpedo nuclear para su disparo inminente. “Vamos a reventarlos ya. Nosotros moriremos, pero hundiremos a todos. No deshonraremos a nuestra armada”, exclamaba el capitán Valentín Grigórievich Savitsky.
Fue la intervención del marino Vasili Arkhipov (1926-1998) lo que permitió dar fin a esta locura. Con frialdad, Arkhipov expuso al primer oficial que no había instrucciones beligerantes en tal dirección procedentes de Moscú. Y no solo eso. Manteniendo la calma en una situación tan difícil como tensa logró convencer a su capitán de no iniciar el fuego nuclear. Esto sucedía a las cinco de la tarde de un 27 de octubre del año 1962.


La crisis de unidad nacional en España: causas y remedios


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La crisis de unidad nacional en España: causas y remedios

 

Alejo Vidal-Quadras

Nos encontramos en un momento crucial del período histórico que se inició en España con la Transición, hace ahora cuarenta años. Se ha dicho y repetido que hemos vivido cuatro décadas cuyo balance es netamente positivo; “una historia de éxito” ha sido una expresión frecuentemente utilizada por responsables políticos y por destacados representantes de las élites empresariales y financieras para describir las cuatro décadas que se iniciaron con el cambio sin apenas traumas del régimen autoritario surgido de la Guerra Civil a una democracia homologable a las del Mundo Occidental.
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Sin embargo, nuestra nación se tambalea sacudida por un golpe de Estado, inconcebible en la Europa de principios del siglo XXI, pero desgraciadamente muy real. Un golpe que, si consigue su objetivo, habrá liquidado nuestra condición de españoles tal como la hemos conocido porque la España que nos ha sido dada por dos mil años de devenir colectivo como una unidad, no siempre política, pero sí geográfica, espiritual y cultural, y por cinco siglos de compartir un Estado soberano, dejará de existir.
Si el golpe consigue su objetivo liquidará nuestra condición de españoles porque la España que nos ha sido dada dejará de existir
Nuestro despertar del sueño complaciente que nos ha mecido desde 1978 está siendo sin duda doloroso al contemplar entre atónitos y desconcertados cómo la cuádruple crisis que estalló en 2008, financiera, institucional, moral y de unidad nacional, ha alumbrado una catástrofe total, potencialmente irreversible y de carácter irreparable porque no afecta ya a este o aquel aspecto de nuestra vida en común, sino que es existencial.
La crisis de unidad nacional en España: causas y remedios
ESTUDIANS CONTRA EL 155
Hemos nacido españoles y nos amenazan con despojarnos de este atributo esencial que nos cualifica para formar parte de nuestra civilización, intentan robarnos nuestra identidad como ciudadanos, es decir, como personas libres que conviven en un espacio de igualdad, justicia y dignidad. Claro que los golpistas atacan al Estado de Derecho y vulneran la ley, como nos recuerdan machaconamente los tecnócratas desideologizados que nos gobiernan, pero es que nos agreden de una manera mucho peor, pugnan por privarnos de un patrimonio material, jurídico, histórico y cultural que es de todos para condenarnos a habitar un ente mutilado, sin nombre ni alma, un despojo de la Historia en el que cada día nos veríamos forzados a padecer impotencia y frustración.
La crisis se ha ido gestando desde la misma Transición: los actores que la han propiciado, unos por acción y otros por omisión, son perfectamente conocidos
Es evidente a estas alturas que la crisis no es fruto de la mala suerte, de acontecimientos imprevisibles o de una conjunción maligna de los astros. Se ha ido gestando desde la misma Transición y los distintos actores que la han propiciado, unos por acción y otros por omisión, son perfectamente conocidos. Un cataclismo de las dimensiones del que nos aflige y del que aún no sabemos la magnitud de los daños que causará, no brota súbitamente una jornada aciaga, es el resultado de un prolongado cúmulo de confusión conceptual, ausencia de moral, errores estratégicos, maniobras oportunistas, corrupción desatada, deficiencias institucionales profundas, prioridades equivocadas, cortoplacismo miope, cobardías patentes, renuncias inauditas, evaporación de convicciones, ignorancia de la Historia y una carencia absoluta de visión de futuro.

El rumbo aconsejable en adelante

Llegados a este punto, procede considerar cuál es el rumbo aconsejable a partir de ahora, cuando el golpe ha sido temporalmente frenado por la aplicación tímida y breve del artículo 155 de la Constitución y por la actuación firme del Rey, del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional. Ciertos cerebros privilegiados han propuesto abrir una negociación con los separatistas ofreciéndoles una mejora de la financiación y una reforma constitucional que les otorgue aún más privilegios liquidando por completo la igualdad entre los españoles. Algo así como curar el alcoholismo regalando un bar al adicto.
Abrir una negociación con los separatistas ofreciéndoles una reforma constitucional que les otorgue aún más privilegios, es como curar el alcoholismo regalando un bar al adicto
Se ha dicho, y parece razonable, que la forma de prevenir futuras crisis de unidad nacional debería incluir entre las medidas a tomar una reforma sensata de la Constitución, pero en sentido opuesto al que imaginan los profesionales del diálogo y la negociación, método que se ha revelado tan inútil para domesticar a los nacionalistas.
Por supuesto, esta hipotética reforma se podría hacer de forma total y radical inaugurando un período constituyente que alumbrase una nueva Constitución, como sucedió en el paso de la IV a la V República Francesa o en nuestra Transición de 1978, o de forma más limitada, como ha sucedido en los sucesivos retoques constitucionales en la República Federal alemana a lo largo de los últimos treinta años.

Mi propuesta concreta de reforma limitada

Si el camino elegido fuese el de la simple mejora del actual sistema intrínsecamente defectuoso, es evidente que la supresión del término “nacionalidades” en el artículo 2, la garantía del uso de la lengua común en la enseñanza y en las relaciones con la Administración en el artículo 3, la obligación real de democracia interna y de respetar la Constitución para los partidos en el artículo 6, la mención de la condición de EM de la UE en el artículo 9, el carácter punitivo y protector de la sociedad de las penas de prisión en el artículo 25, el uso del español en la enseñanza en el artículo 27, una clara restricción de la capacidad de las Comunidades Autónomas para legislar en el ámbito de derechos y libertades en el artículo 53, la igualdad de sexos en la sucesión de la Corona en el artículo 57, la introducción de un sistema electoral más representativo en el artículo 68, una composición del Senado que lo transforme en una verdadera cámara de representación territorial en el artículo 69, el empleo prioritario de la lengua común en las actuaciones judiciales en el artículo 119, la atribución del recurso de amparo al Tribunal Supremo y no al Tribunal Constitucional (TC) en el artículo 123, un estatuto y una forma de elección del Fiscal General del Estado que asegure su independencia en el artículo 124, el mandato para las Autonomías de ejercer su autogobierno en el marco de la Constitución en el artículo 137, mayorías reforzadas en los parlamentos autonómicos y en el nacional para aprobar reformas estatutarias y exigencias más amplias en cuanto a participación y mayorías en los referéndums de aprobación de reformas estatutarias del artículo 147, una clarificación precisa de las competencias estatales y autonómicas, la mera ejecución en Educación y Sanidad para las Autonomías y competencia estatal en medios humanos y materiales de la Administración de Justicia en los artículos 148 y 149, la supresión del artículo 150.2, una definición del Cupo vasco que impida privilegios financieros en el artículo 158, mayores requisitos en edad y años de ejercicio, así como carácter vitalicio para los magistrados del TC en el artículo 159 y la supresión de la Disposición Transitoria Cuarta relativa a la posible incorporación de Navarra a la Comunidad  Autónoma Vasca, contribuirían notablemente a fortalecer nuestra democracia y nuestro Estado de Derecho.
Los partidos no están dispuestos a rediseñar el Estado para que sirva a los ciudadanos y no a ellos mismos
No se dan en la actualidad las condiciones para estas reformas, ni la drástica del Artículo 168 ni la parcial del Artículo 167, porque no hay mayoría social ni parlamentaria que las respalde. No hay mayoría social porque la gente ha estado bombardeada durante muchos años con conceptos erróneos, vaciada de los valores que hacen fuerte, próspera y segura a una sociedad, y distraída de lo verdaderamente relevante en favor del entretenimiento fácil y del hedonismo inmediatista. Y no hay mayoría parlamentaria porque los partidos no están dispuestos a rediseñar el Estado para que sirva a los ciudadanos y no a ellos mismos.
La crisis de unidad nacional en España: causas y remedios
Se partió de una premisa falsa: que los nacionalistas y la izquierda no romperían la baraja tras el Pacto de la Transición
Se partió de una premisa falsa: que los nacionalistas y la izquierda no romperían la baraja tras el Pacto de la Transición en el que se llegó a cuidadosos equilibrios en lo relativo a la forma de Estado, a la cuestión social, a la cuestión militar, a la cuestión religiosa y a la cuestión territorial. Craso error. Ninguno de los dos renunció a sus planes revanchistas, dogmáticos y extremistas, y solamente fingieron, para entregarse a continuación a dinamitar lo pactado. La prueba es que sucesivas concesiones a los nacionalistas no han hecho sino exacerbar su furia separatista y que veintiún años en el Gobierno de la Nación y un enorme poder autonómico y municipal tampoco han conseguido que el Partido Socialista se comporte responsablemente.
Los dos grandes partidos han puesto siempre su interés particular por encima del interés de España, pactado con los nacionalistas concesiones que iban debilitando progresivamente a la Nación
Los dos grandes partidos han puesto siempre su interés particular por encima del interés de España. Han preferido sistemáticamente pactar con los nacionalistas regionales a cambio de concesiones que iban debilitando progresivamente a la Nación antes que cerrar filas para defenderla. El desastre actual es la consecuencia inevitable de este comportamiento egoísta y despreciable.

Un golpe preparado con mucha antelación

El golpe de Estado que el Gobierno de la Generalitat y la mayoría del Parlamento de Cataluña están perpetrando no es un episodio súbito, un ataque repentino de furor secesionista inesperado e imprevisible, es la culminación de un proceso que se ha extendido a lo largo de treinta y siete años, desde el inicio de la Autonomía en 1980.
La preparación del golpe separatista ha sido larga, perfectamente planificada y dosificada: “gradualismo” para expulsar la idea de España de Cataluña
La preparación ha sido larga, perfectamente planificada y dosificada. En las escuelas, en los medios de comunicación, en la política lingüística y cultural, mediante la falsificación de la Historia y la invención de agravios inexistentes. Jordi Pujol acuñó una expresión muy reveladora para describir su técnica de expulsión de la idea de España y del Estado español de Cataluña. La llamó “gradualismo”, es decir, ir dando numerosos pasos para adquirir más competencias y recursos y para que el Estado fuera perdiendo capacidad de acción a lo largo de un tiempo lo bastante dilatado, de tal manera que cada uno de ellos pareciese asumible. La suma final de todos ellos ha sido, como estamos viendo, un intento de golpe de Estado para separar a Cataluña del resto de España.
La crisis de unidad nacional en España: causas y remedios

Diagnóstico muy pesimista a corto plazo

Mi diagnóstico es muy pesimista a corto plazo y ligeramente optimista a medio y largo porque después del trauma que hemos sufrido y de lo que nos espera todavía las próximas semanas, España, que es una Nación muy antigua, aún alberga sectores potencialmente vigorosos que si conseguimos que despierten y se movilicen, hallará la energía y el coraje para salir del hoyo en el que la han metido unos políticos cuya talla es muy inferior a la de su país. Otras veces ha sucedido así a lo largo de nuestra Historia.
España necesita una transformación de la mentalidad de los españoles, una revisión de su ethos colectivo que la libere del nihilismo y del relativismo
España necesita reformas, sin duda, y reformas profundas, en su ordenamiento básico, en su modelo productivo, en su sistema educativo, en su organización territorial, pero necesita, si desea seguir existiendo, una transformación sanadora de la mentalidad de los españoles, una revisión radical de su ethos colectivo, un tratamiento de choque que la libere del nihilismo y del relativismo que han envenenado su cuerpo y han vaciado su alma hasta sumirla en su presente agonía. Mientras una gran parte de nuestra sociedad crea que democracia es sinónimo de regla de la mayoría y que por mayoría se pueden decidir las peores aberraciones, como si no existieran bienes intangibles y valores morales que son pre-políticos, España como ente soberano reconocible y como marco de nuestra convivencia pacífica, democrática y segura, estará en peligro permanente de disolución.
Frente a nosotros se bifurca en este tiempo clave de nuestra Historia el sendero que recorremos juntos como españoles:  una dirección nos lleva a la España unida, potente, competitiva y segura de sí misma que dibujó el Rey Felipe VI en su discurso ante el Foro Económico Mundial en Davos hace tres semanas y la otra a la España dividida, vacilante e irrelevante a la que nos arrastran el separatismo golpista, el populismo demagógico y la tecnocracia aséptica y sin pulso. La elección es nuestra y debemos movilizarnos, cada uno en su ámbito y en su esfera de influencia, para no equivocar el camino.



Posescrache: el odio universal en las redes sociales


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Posescrache: el odio universal en las redes sociales

 

Dante Augusto Palma

Una periodista escribe un artículo ofensivo y sensacionalista contra una activista discapacitada y como consecuencia de ello recibe centenares de insultos en las redes y hasta se inicia una campaña virtual para que se firme un petitorio en el que exigen que la echen del periódico. Un día después aparece muerta. Lo mismo le ocurre a un cantante de rap que es repudiado salvajemente en las redes sociales después que, en el prime time de la TV, se burla y maltrata a un niño de nueve años que era su admirador.
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Una joven participa de una manifestación y no tiene mejor idea que subir una foto en la que simula estar orinando en un monumento histórico. Minutos más tarde observa angustiada cómo centenares le desean la muerte en una red social. Se produce una shitstorm, un linchamiento mediático, en la que, al igual que en los otros dos casos, su nombre es parte de un hashtag que comienza con “Muerte a…”. Horas más tarde, muere.
Una mujer fotografía a un hombre en el metro afirmando que la acosaba y lo sube a las redes. Sin embargo, el presunto acosador era solamente un hombre con problemas mentales. Los usuarios no le perdonaron la mentira/el error a la mujer y la maltrataron en las redes con insultos y amenazas. Emocionalmente no pudo aguantar el escarnio y decidió cortarse las venas en la bañera. Por suerte su novio llegó a tiempo para socorrerla.

Es sólo una serie, pero…

Los cuatro casos aquí mencionados son parte de la trama del capítulo seis de la tercera temporada de la serie inglesa Black Mirror, creada por Charlie Brooker, y que se denomina “Odio Nacional”. En este capítulo existe un juego virtual en el que diariamente los usuarios votan lo que consideran “la persona más odiada” y lejos de tratarse de un fenómeno circunscripto a las redes, sus consecuencias son bien reales pues derivan en el asesinato del señalado a través de un complejo sistema que incluye unas abejas robot autónomas que no viene al caso desarrollar aquí. Porque donde quisiera posarme es en este fenómeno tan particular de las tormentas de mierda” de las redes sociales para, desde allí, reflexionar sobre lo que denominaré “Posescrache”.
Los usuarios de las redes sociales suelen destilar el odio hacia alguna figura pública o algún personaje que haya tenido sus quince segundos de fama
Para quien no esté familiarizado, aclaremos que, en forma diaria, los usuarios de las redes sociales suelen destilar el odio hacia alguna figura pública o algún personaje que por diversas razones haya tenido sus quince segundos de fama gracias a una viralización. No es nada personal y, en la mayoría de los casos, el acoso dura unas horas para ser reemplazado por un nuevo objeto de odio al día siguiente.
Posescrache: el odio universal en las redes sociales

La lógica de enjambre

Les mencioné que en la serie de Charlie Brooker aparecen unas abejas asesinas y no hay mejor elección metafórica porque las tormentas de mierda se producen gracias a que las redes sociales funcionan con la lógica del enjambre que, como diría el sociólogo polaco Zigmunt Bauman en su libro Mundo consumo, no son identidades estables ni colectivos cohesionados capaces de perdurar en el tiempo sino individuos/usuarios que “se juntan, se dispersan y se vuelven a reunir en ocasiones sucesivas, guiados cada vez por temas relevantes diferentes y siempre cambiantes, y atraídos por objetivos o blancos variados y en movimiento”.
En el enjambre no hay solidaridad, ni vínculos perdurables. Menos aún sentido de pertenencia a una unidad trascendente. Es un viaje casual en el que circunstancialmente tenemos a un compañero de tránsito que no nos acompañará en el enjambre de mañana. Lo único que importa para el enjambre es el número, porque opera allí la falacia de cantidad por la cual, si somos muchos no podemos estar equivocados. Además, claro está, el “quedarse afuera” del odio del día es castigado con el desprecio que tiene la red hacia todo aquel o aquello que no esté “actualizado”.
Lo único que importa para el enjambre es el número, porque opera la falacia de cantidad: si somos muchos no podemos estar equivocados
Ahora bien, las tormentas de mierda que destilan odio muchas veces se superponen o son partícipes necesarias de una nueva forma de “escrache”. Como ustedes sabrán, al menos en Argentina, los escraches tienen un origen muy preciso y claro: se trató de la condena social que impulsaron agrupaciones de Derechos Humanos tras lo que se conoce como las “leyes de impunidad”, esto es, las leyes de “Punto final”, “Obediencia debida” y, sobre todo, la del “Indulto” que, a principios de la década del 90, hizo que los jerarcas de la dictadura más brutal que sufriera el país salieran libres con total impunidad.
El mecanismo del escrache y la condena social han sido siempre controvertidos porque apelan a un derecho natural que nunca está exento de controversias y, sobre todo, porque es incapaz de acordar una proporcionalidad de la pena. Con todo, si bien asumo que puede haber buenas razones en su contra, entiendo que, en su origen, el escrache fue el único mecanismo que encontraron las víctimas cuando una decisión política echó por tierra sendas sentencias judiciales en las que se presentaron pruebas, se comprobó la culpabilidad y se asignaron las penas correspondientes según un código vigente.

Las nuevas formas de escrache

Las nuevas formas de escrache comparten con el original su incapacidad para determinar una pena objetiva. Porque una persona que suba un video con un chiste racista hasta otra que sea pescada in fraganti intentando sobornar a un oficial que le quiere llevar el auto, pasando por una madrastra que mata a su hijastro, alguien acusado injustamente de un delito por una persona que lo quiere dañar o un periodista que le haga bullying a una modelo, etc. son pasibles de recibir repudios y pedidos de castigos que van desde exigir que abandone su trabajo hasta la pena de muerte bajo tortura en la plaza pública. Todo esto con el agravante de que la tormenta de mierda puede pasar pronto pero la web no da el derecho al olvido que naturalmente se da en la vida real. Así, una difamación, burla o acusación justa o injusta estará siempre allí presente disponible para cualquiera que navegue por un Buscador.
El posescrache se distingue de escrache original en que no necesita de la justicia ni de prueba alguna para justificar su acción
Posescrache: el odio universal en las redes sociales
Pero a su vez, este posescrache se distingue del anterior en que no necesita de la justicia ni de prueba alguna para justificar su accionar. De hecho, en la mayoría de los casos actúa antes que la justicia y en muchos casos lo hace sobre hechos que ni siquiera son judicializables.  En todo caso, la justificación se basa en aspectos subjetivos, casi siempre en el marco de las modas y los temas del momento según lo indique circunstancialmente el enjambre de hoy. Este punto es importante porque si bien en todos los países del mundo hay críticas al funcionamiento de la justicia, lo cierto es que en las repúblicas democráticas existen mecanismos básicos de control de las pruebas y posibilidad de apelaciones a instancias superiores.
En la lógica del posescrache nada de esto importa: lo que importa es la catarsis de odio contra determinadas personas por razones que pueden ser personales, morales, legales, culturales y que, por supuesto, en muchos casos son atendibles pero, claro, en otros no. Asimismo, lejos de la función que trasunta el espíritu de la gran mayoría de los sistemas jurídicos, vinculados no solo al castigo adecuado y a la protección de la sociedad sino también a una “reeducación” como paso previo a una reinserción del castigado en la sociedad, el posescrache opera como castigo difuminado pero constante y eterno como un loop incesante. El posescrachado, así, padece una pena borrosa, en el mejor de los casos, pero incapaz de saldar mientras Google y eventualmente Wikipedia sigan priorizando los artículos y expresiones que tuvieron como objeto al individuo o a los hechos que éste habría protagonizado.
El posescrache es parte de una lógica de funcionamiento de las redes que necesita constantemente culpables que, a su vez, sean fugaces
Esta permanencia no es contradictoria con el hecho de que, a su vez, el posescrache sea parte de una lógica de funcionamiento de las redes que necesita constantemente culpables que, a su vez, sean fugaces, porque el negocio está en la velocidad y en la novedad ya que la catarsis del odio necesita nuevos objetos de consumo para depositar su malestar y frustración. No hay contradicción porque de lo que se trata es de la intensidad, brutal, obscena y violenta durante la shitstorm y luego más débil pero ubicua y asfixiante cuando el damnificado nota que el agravio se diseminó por toda la red.
Se trata de un fenómeno de alcance universal, como el odio, cuyas consecuencias ya resultan palpables y hacen que el capítulo de Black Mirror no deba entenderse como ficción sino como un episodio descriptivo del más crudo realismo.



Suecia: el monstruoso laboratorio de experimentos sociales


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Suecia: el monstruoso laboratorio de experimentos sociales

 

Juan M. Blanco

“‘No tiene ninguna importancia a quién votamos ni cuáles sean los resultados, ¿acaso no somos todos socialdemócratas?’, me dijo un hombre mientras alzaba un vaso de vino en una recepción electoral que, según adiviné, tenía como objetivo celebrar en privado la inminente victoria de Olof Palme“. “Luego resultó que ese hombre no era el secretario general de ningún sindicato sino un aguerrido periodista, autor de corrosivos editoriales en el principal diario conservador sueco“. Así comienza Hans Magnus Enzensberger la narración de su experiencia en Suecia, un país muy relevante en las políticas actuales por haber servido de laboratorio para experiencias de ingeniería social que luego se exportaron al resto del mundo.
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Los relatos de escritores extranjeros recogen vivencias y análisis muy ilustrativos de la sociedad sueca durante el siglo XX. El más antiguo y conocido de todos, Sweden: the Middle Way (1936) del periodista Marquis Childs, ejerció una enorme influencia en el gobierno y la intelectualidad norteamericana, contribuyendo a señalar al país nórdico como modelo de éxito que combinaba lo mejor del capitalismo y del socialismo. Para Childs, el sistema sueco era pragmático, alejado de dogmas, con agentes sociales siempre dispuestos a negociar, a llegar a acuerdos, un Estado que garantizaba la seguridad económica de todos, cooperativas que limitaban el poder de los monopolios y movimientos políticos que inducían a la gente a participar.
La visión idílica que los extranjeros tenían de Suecia tiende a difuminarse hacia los años 70 con nuevos viajeros que narran su experiencia
Pero esta visión idílica y apologética tiende a difuminarse, incluso a desvanecerse treinta o cuarenta años más tarde, cuando otros extranjeros narran o analizan su experiencia en Suecia. La norteamericana Susan Sontag aporta una visión cargada de sorpresa, el inglés Roland Huntford un análisis muy crítico y despiadado, mientras el alemán Enzensberger unas pinceladas no exentas de ironía y cinismo.
Suecia: el monstruoso laboratorio de experimentos sociales

La sorpresa de Susan Sontag

En su escrito A Letter from Sweden (1969), la escritora y cineasta Susan Sontag cuenta una anécdota, un tanto banal, pero que refleja un aspecto relevante de la mentalidad sueca: la enorme aversión de la gente a la discusión, la controversia o la discrepancia. “Nos dirigíamos en el automóvil hacia un nuevo restaurante pero ninguno estaba seguro de donde se encontraba. Alguien dijo ‘creo que debes cruzar dos calles más y girar a la derecha’. El conductor replicó ‘no, tres más y a la izquierda’. Y, en un tono tranquilo y reposado la primera persona repitió ‘No, dos y a la derecha’. En ese momento, intervino el tercer sueco: ‘Basta ya, por favor, nada de peleas’
Susan Sontag observó una enorme aversión de los suecos a la discusión, la controversia o la discrepancia
Sontag observó que la gente muy raramente hablaba de su vida privada, siendo las conversaciones favoritas el tiempo, el dinero o algún plan de futuro. “El silencio es el vicio nacional de Suecia“, “incluso estoy convencida de que ese carácter sueco tan razonable es profundamente anormal… Reprimir el enojo con tal intensidad excede los motivos de autocontrol racional. Lo encuentro casi patológico. Esta represión parece motivada por un ingenuo malentendido sobre las relaciones humanas: no es cierto que los sentimientos fuertes desemboquen inevitablemente en violencia“.
La misantropía era una cualidad abiertamente aceptada: nunca se entendería Suecia hasta captar el concepto de människortrött, es decir, harto de la gente. Además, los ciudadanos eran más o menos conscientes de vivir un experimento social, con innovaciones exportables: “más de un sueco me dijo que lo que ocurre aquí se aplica cinco, diez o quince años después en alguna otra parte del mundo desarrollado“.

El “Mundo Feliz” de Huxley se hace realidad en Suecia

Mucho más crítico y pesimista fue el escritor Roland Huntford en The New Totalitarians (1971): Suecia había evolucionado hacia una sociedad cercana a la célebre distopía de Aldous Huxley, Un Mundo Feliz. Estaría gobernada por una oligarquía tecnocrática que había inculcado en la gente una mentalidad materialista, la costumbre de recurrir al Estado para todo. Prevalecía así una actitud conformista mientras la libertad no representaba un valor fundamental. Las leyes y las normas estaban determinadas sólo por razones de índole técnico o práctico; nunca por consideraciones de carácter ético o moral.
El sometimiento indiscutido y acrítico de la gente a la autoridad del Estado y su reverencia hacia los expertos, conducía a una actitud de servidumbre
Los políticos habían delegado su poder en técnicos y expertos mientras el sometimiento indiscutido y acrítico de la gente a la autoridad del Estado y su reverencia hacia los expertos, conducía a una actitud de servidumbre. Según Huntford, el sistema utilizaba la escuela, la televisión o un tipo de neolengua para manipular a los ciudadanos. Y habría creado una especie de soma, la droga perfecta descrita por Huxley. En este aspecto, el autor parece apuntar al sexo, a la intervención de las autoridades para cambiar las conductas íntimas.
Suecia: el monstruoso laboratorio de experimentos sociales
En opinión de Huntford, los cambios en las costumbres sexuales partieron casi siempre de las propias sociedades, mientras las autoridades adaptaban la legislación y la política a estos cambios. Pero en Suecia habría ocurrido lo contrario: los gobernantes habrían sido la vanguardia de la revolución sexual, impulsando una permisividad poco habitual en aquella época. El motivo sería ir desplazando el significado de la palabra libertad: de la política a la sexualidad. La visión del escritor inglés es extremadamente tétrica: estos “nuevos totalitarios“, fundamentados en la manipulación y la persuasión, habían tenido más éxito que los “antiguos totalitarios“, que se apoyaban en la fuerza.

No puede ser tan bonito como lo pintan

Por su parte, la percepción de Hans Magnus Enzensberger no es tan lúgubre pero en absoluto positiva. En su ensayo, Otoño Sueco (1982), se sorprende de la aparente falta de egoísmo en la política, de la generosidad de todo el mundo: “¿Tal concordia, tanta solidaridad y olvido de sí mismos en el seno mismo del capitalismo? Caminaba a lo largo de las enormes ciudadelas de piedra y ladrillo de Östermalm con sus torres color verdín, esos monumentos de la burguesía sueca convertidos en piedra y, ¿debo decirlo?, una duda me heló. Me pregunté cuál era el precio de esta paz, el costo político de esta reeducación y me puse a olfatear por todas partes para descubrir a lo que se había renunciado, el olor a moho de una omnipresente, dulce y despiadada pedagogía“.
En Suecia, los ciudadanos ven la intervención del Estado con un ojo tan cándido y confiado, que consideraban su bondad como dogma de fe
Para Enzensberger, la burocracia había crecido en tamaño, complejidad y poder en todas las sociedades. Pero, en Suecia, los ciudadanos verían la intervención del Estado con un ojo tan cándido y confiado, que consideraban su bondad un dogma de fe, algo incomprensible en otros países donde la gente duda con fundadas razones. Así, las Instituciones del Estado gozarían en Suecia de una inmunidad moral que aplasta inmediatamente a cualquiera que se resista a su intervención. Y este poder crece de forma imparable, penetra en todos los aspectos de la vida privada “confiscando no sólo la mayor parte de las ganancias, sino también los valores morales de los ciudadanos“.

Quiénes mandarían realmente en Suecia no serían los políticos sino una burocracia de técnicos y expertos que experimentan e imponen sus criterios sin oposición alguna. Esto habría llevado a una supresión, de facto, de la separación de poderes y a una ruptura con el pasado, un abandono de la historia que, según el autor, resulta peligrosa.

La imagen general

Las pinceladas de todos estos autores permiten componer una imagen que, si bien parcial y limitada, apunta ciertos rasgos fundamentales. El modelo sueco tiene aspectos que resultan atractivos y eficientes. Es un país que eliminó la corrupción, desarrolló una burocracia eficaz y permitió durante casi todas las etapas una economía privada muy activa, con pocas trabas a la actividad, aun con impuestos muy elevados. Y, cuando el modelo económico entró en crisis, las élites se apresuraron a acometer las reformas necesarias para preservar la eficiencia.
La intensa intervención de los expertos en Suecia, sus experimentos, condujeron a una sociedad poco crítica, con mucha dependencia del Estado
Sin embargo, hay otros elementos que resultan inaceptables. La intensa intervención de los expertos, sus experimentos, condujeron a una sociedad poco crítica, con mucha dependencia del Estado; unas políticas que comenzaron ya en los años 30. En muchos detalles de las narraciones se adivinan ya los gérmenes de la actual corrección política, del conformismo, de la autocensura, del predominio de los expertos y su ingeniería social sobre las decisiones voluntarias del individuo, de la sociedad. Unas prácticas que comienzan a extenderse en nuestros países. ¿Imitar el modelo sueco? Bien, pero sólo sus aspectos positivos; nunca ese paquete completo que algunos intentan vender envuelto en un vistoso papel de regalo.



La justicia social. Ni justa, ni social


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La justicia social. Ni justa, ni social

 

Luis I. Gómez Fernández

El pasado 17 de marzo miles de personas salieron a las calles en España para reclamar unas “pensiones dignas” y todos los convocantes lo hicieron, con mayor o menor prominencia, desde la doctrina de la justicia social. Evidentemente, la mayoría de los defensores de un sistema de pensiones socialmente equitativo y justo lo hacen siguiendo un impulso positivo. Sin embargo, considero bastante probable que la discusión sobre pensiones, en los términos en los que está planteada, desemboque en medidas políticas que reducirán el nivel general de prosperidad y que, por lo tanto, termine aumentando el nivel de vulnerabilidad social y económica de los pensionistas.
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En cualquier discurso generado desde el llamado progresismo y basado en la justicia social ya no se trata de cambiar la sociedad en su conjunto para mejor. El único objetivo hoy es el ajuste del statu quo a través de la redistribución. Así, la justicia social esencialmente consiste en un intento de absorber la incertidumbre y los riesgos causados por los procesos de cambio social a través de la seguridad económica y existencial proporcionada por el Estado. Por lo tanto, la demanda de justicia social simplemente equivale a la expansión de “derechos” de todo tipo; ya no es un llamamiento para aumentar la riqueza y el bienestar de todos, se trata únicamente de la redistribución de la riqueza y el bienestar existentes.  Como si de la administración de un algo finito se tratase.
Los partidarios de la justicia social y las medidas redistributivas asumen que los ingresos brutos de una nación son una cifra X, independientemente de su distribución
Los partidarios de la justicia social y las medidas redistributivas asumen que los ingresos brutos de una nación son una cifra X, independientemente de su distribución. Es por esta razón que un grupo social sólo puede aumentar sus ingresos en la misma medida que disminuyen los de otro grupo social. Según esta hipótesis, las ganancias de los beneficiarios de las medidas de redistribución son simétricas a las pérdidas de los perjudicados por esas mismas medidas. “Grava al rico para que mejore la situación del no-rico”.
La justicia social. Ni justa, ni social
El término “justicia social” tal y como lo entendemos hoy fue utilizado por primera vez en 1840 por el sacerdote siciliano Luigi Taparelli d’Azeglio, según nos cuentan en “La Constitutione Civile Secondo la Giustizia Sociale”, un folleto de Antonio Rosmini-Serbati publicado en 1848. 13 años después, John Stuart Mill en su famoso libro “Utilitarismo” le brindó un prestigio casi canónico para los pensadores modernos:
La sociedad debería de tratar igualmente bien a los que se lo merecen, es decir, a los que se merecen absolutamente ser tratados igualmente. Este es el más elevado estándar abstracto de justicia social y distributiva; hacia el que todas las instituciones, y los esfuerzos de todos los ciudadanos virtuosos, deberían ser llevadas a convergir en el mayor grado posible“.
Probablemente se trate de la primera vez que aparecen juntos los conceptos de justicia social y justicia redistributiva. Sin duda es loable el afán de Mill, nacido de su concepción de “hombre virtuoso”, que actúa justamente desde su ética y moralidad, tal y como ya definía Aristóteles en su “Ética a Nicómaco”, pero abre las puertas a cualquier forma de economía dirigida y planificada. Pasadas estas ideas de virtuosidad social e individual por el tamiz de la dialéctica materialista comunista ha cristalizado un concepto de justicia social basado en dos ideas motor:
  • que la gente está guiada por directivas externas específicas en vez de por reglas de conducta interiorizadas sobre lo que es justo;
  • que ningún individuo debe ser considerado responsable por su posición en la sociedad. Afirmar que es responsable sería “echarle la culpa a la víctima”. En realidad, la función del concepto de justicia social es echarle la culpa a otro, echarle la culpa “al sistema”, echarle la culpa a los que (míticamente) “lo controlan”.
A la sombra de la rémora socialista, en la urgencia de encontrar nuevos campos en los que hacer efectivas las máximas marxistas de igualitarismo, control del individuo, colectivismo y justicia social surgen nuevas formas de vasallaje
Y así es como ninguno de los teóricos y políticos del “bienestar social” actuales ha sido capaz de despedirse de sus queridas estructuras mentales, apenas desenmohecidas con los elixires homeopáticos del 68. A la sombra de la rémora socialista, en la urgencia de encontrar nuevos campos en los que hacer efectivas las máximas marxistas de igualitarismo, control del individuo, colectivismo y justicia social, y ante la imposibilidad de volverse de nuevo contra los ricos – aquí casi todos los somos – surgen nuevas formas de vasallaje no menos liberticidas.
La redistribución de riquezas no se logra hoy mediante embargos y asesinatos de estado, basta una política impositiva que permita controlar un número cada vez mayor de individuos y grupos subvencionados, atrapados en la trampa de una solidaridad fingida en tanto que obligatoria. El beneficiado cae ingenuo en el ardid, deja de ser dueño de su destino para convertirse en marioneta de las agencias de trabajo, cifra en las estadísticas de los centros de salud, número en los ministerios de interior y hacienda. Olvida el orgullo y el amor propio para alinearse en la cola de los que esperan, derrotados, la limosna mensual del estado.
El estado es quien decide quién cobra más, quién menos, quién por trabajar y quién por no hacerlo
Ya no son su trabajo, ni su talento, ni su mérito los que otorgan valor a su vida. El estado es quien decide quién cobra más, quién menos, quién por trabajar y quién por no hacerlo. Y si tiene la osadía de ahorrar, tampoco podrá decidir quiénes son beneficiarios de su ahorro cuando fallezca: el estado se encarga, vía impuesto de sucesiones, de designar a los agraciados, mayormente él mismo y su aparato.
La justicia social. Ni justa, ni social
En realidad, el tamaño total de la renta nacional sí depende de cómo está distribuida. Cuanto mayores sean los ingresos de un grupo de personas, mayor será su tasa de ahorro con la que financiar nuevas inversiones, de las cuales a su vez depende el stock de capital del sistema económico. La creación de empleos productivos requiere alta inversión, que sólo será posible si existe a disposición el capital requerido para ello.
Por otro lado, la mayor parte del capital generado de los ingresos más bajos se dedica generalmente al consumo. Si el estado redistribuye los ahorros de los “ricos” hacia las carteras de los “no-ricos”, lo que está haciendo es disminuir el ahorro y limitar la capacidad de inversión, al tiempo que favorece el consumo. Pero la capacidad del sistema económico para convertirse en sistema productivo de géneros de consumo depende exclusivamente de su poder inversor. Sólo podemos consumir lo que hemos producido antes.
se aseguran un fondo de votantes alejados de la prosperidad, imposibilitados para alcanzarla, pero que continuarán respondiendo con pancartas, movilizaciones y votos a las llamadas en nombre de la “justicia social”
Aquí encontramos un error fundamental de razonamiento: no es que el crecimiento económico se encuentre desbocado, lo que realmente obstaculiza el desarrollo de la prosperidad general y, en particular, las oportunidades de los trabajadores de bajos salarios para mejorar su nivel de vida, es el crecimiento económico demasiado lento. Los esfuerzos redistributivos de los ingenieros sociales y sus guerreros de la justicia social únicamente contribuyen a frenar el crecimiento económico y reducir considerablemente la capacidad inversora de una sociedad. Un crecimiento económico dinámico es impulsado principalmente por la inversión en investigación y desarrollo y la introducción de nuevos productos y procesos. Los innovadores mejoran la productividad laboral al ofrecer productos nuevos o mejorados a un precio más competitivo. Por lo tanto, la prosperidad general aumenta con precios más bajos lo que a su vez incrementa el poder adquisitivo de los asalariados. Además, el crecimiento impulsado por la inversión crea puestos de trabajo adicionales, lo que puede aumentar el potencial de ingresos… desde los que sería posible diseñar un plan de ahorro más eficiente para los años “plateados” tras el fin de nuestra vida laboral.
Y es precisamente en este contexto, desde el que entendemos por qué las elites políticas están tan interesadas en la “justicia social”. En lugar de abordar resueltamente los desafíos económicos reales, prefieren establecerse en una zona cómoda de la microgestión tecnocrática de desigualdades. Dado que la proposición de medidas dirigidas a favorecer a determinados grupos también es muy popular entre muchos votantes, encuentran en esas políticas una forma muy atractiva y escasamente costosa de alcanzar poder. Y mantenerse en él: congelando o dificultando el crecimiento económico vía políticas de redistribución y desde los principios de una muy mal entendida “sostenibilidad” se aseguran un fondo de votantes alejados de la prosperidad, imposibilitados para alcanzarla, pero que continuarán respondiendo con pancartas, movilizaciones y votos a las llamadas en nombre de la “justicia social”, ésa que, como vemos, no es justa, pues no nace de ni anima a la virtud, ni social: impide la prosperidad de grandes grupos sociales.



¿Y dónde están los «400 000 rebeldes moderados» que había en la Ghouta?


voltairenet.org

¿Y dónde están los «400 000 rebeldes moderados» que había en la Ghouta?


Según la prensa y los gobiernos occidentales, en la Ghouta Oriental había «400 000 rebeldes moderados».
Pero la operación militar de la fuerzas sirias emprendida con respaldo de unidades rusas en el marco del cese de hostilidades con los rebeldes sirios (Resolución 2401), está arrojando un resultado muy diferente.
Hasta el día de hoy, sábado 24 de marzo de 2018, con el 94% de la zona ya liberada y siendo ya poco probable que aún aparezcan allí grandes cantidades de personas, las cifras son las siguientes:
- 105 000 sirios fieles a la República Árabe Siria han sido liberados del yugo de los yihadistas;
- otras 7 000 personas, probablemente yihadistas extranjeros y sus familias, fueron evacuadas, bajo escolta, hacia Idlib (alrededor de 1 500 de esas personas llevaban sus armas ligeras).
O sea, hasta el día de hoy, eso da un total de 113 000 personas, cifra muy inferior a las 400 000 que los países miembros de la OTAN repetían constantemente en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Nadie se ha presentado como «rebelde moderado» ni ha solicitado la protección de Rusia.
Los sirios liberados están denunciando el hecho que los yihadistas usaban como esclavos a todos los varones en edad de poder cavar túneles y construir fortificaciones. También denuncian las condiciones de vida atroces que los yihadistas impusieron a todos los pobladores.
Los yihadistas recibían asesoramiento militar y órdenes de soldados regulares británicos y franceses. Estos últimos no fueron arrestados ya que fueron evacuados por separado en un convoy «humanitario» organizado especialmente para ellos por… la ONU.
Lo mismo sucedió en Alepo, en diciembre de 2016.
Conclusión: Nunca hubo en Siria una guerra civil sino una agresión externa planificada y patrocinada por Occidente [1].
[1] «Agresión disfrazada de guerras civiles», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 27 de febrero de 2018.