viernes, 28 de septiembre de 2018

Criminología, Seguridad y Políticas en América Latina

Criminología, Seguridad y Políticas en América Latina

El Prof.Dr Miguel Ángel Barrios-Argentina- dictando el Curso de "Criminología, Seguridad y Políticas Públicas en América del Sur" en la Universidad Federal de Uberlandia-Minas Gerais. República Federativa de Brasil
El Prof.Dr Miguel Ángel Barrios-Argentina- dictando el Curso de "Criminología, Seguridad y Políticas Públicas en América del Sur" en la Universidad Federal de Uberlandia-Minas Gerais. República Federativa de Brasil

La seguridad se halla al tope de la agenda en la tensa campaña presidencial que definirá el próximo presidente de Brasil el 7 de octubre. Con niveles de violencia con un registro de 64 mil asesinatos en 2017, el asunto se torna central en el debate electoral.
Es una de las principales banderas, de Jair Bolsonaro (PSL) que propone revisar el Estatuto de Desarme y reducir la imputabilidad penal a partir de los 16 años. Desde un grupo de Diputados se afirma sobre la necesidad de aumentar la eficiencia y eficacia de la Inteligencia en las fuerzas de seguridad del país. El petista Fernando Haddad proyecta una actuación efectiva de la Policía Federal contra el crimen organizado. Ciro Gómez (PDT), defiende la implementación de una Escuela Nacional de Seguridad Pública. El tucano Gerardo Alckmin pretende que se cree una Guardia Nacional y Marina Silva (Rede) propone el aumento de efectivos militares en función de seguridad. (Folha de Sao Paulo. 25 de Setiembre de 2018. página 1).
Para comprender este debate, nos parece necesario contextualizarlo desde una mirada latinoamericana. En América Latina vive el 8%de la población del mundo, pero concentra el 33 % de los homicidios del mundo. La tasa regional de asesinatos es de 21,5 % por cada 100 mil habitantes, más de tres veces el promedio global, que es del 7%.Por la combinación de su gran violencia y la cantidad de población, Brasil, Colombia, México y Venezuela concentran 1 de cada 4 homicidios globales, es decir la cuarta parte de todos los que suceden en el planeta.
Estas cifras surgen del último informe del think tank sobre Latinoamérica  Igarape Institute sobre la seguridad ciudadana https://igarape.org. Según datos de 2016 de Igarape Institute, 43 de las 50 ciudades con mayor tasa de homicidios en el mundo están situados en América Latina. Por países, los datos son igualmente negativos para la región, 17 de los 20 países con mayor tasa de asesinatos en todo el mundo son latinoamericanos. Otro dato preocupante: Entre 2000 y 2016, más de 2,5 millones de latinoamericanos han muerto de forma violenta, la mayoría de ellos por homicidios intencionales, según el citado reporte.
El think thank llama además la atención sobre la edad de los asesinados: la mitad de ellos tienen entre 15 y 19 años. Y además las encuestas de victimización indican que la violencia contra las mujeres y los niños es generalizado. En este plano, es tan llamativo, que en las encuestas surge que los ciudadanos consideran más dañina a la violencia hacia la mujer y los niños que a las menciones a la violencia callejera, el crimen organizado y la violencia de las pandillas.
En pocas palabras, hay que urgente generar políticas proactivas para fortalecer la seguridad ciudadana en toda la región y establecer prioridades, así como en invertir en medidas de prevención no policial, enfatizar en dar oportunidades laborales a grupos de riesgo, reforzar la cohesión social e invertir en tecnologías de seguridad pública pero que sean evaluadas-y no se conviertan en un negocio- para medir su rendimiento.
En el rubro secuestro, México contabiliza más de 10.000 secuestros por día en menos de seis años: seis rapto por día. En este escenario, ya metiéndonos de lleno en Brasil, podemos afirmar que la tasa de homicidios cruzó por primera vez en su historia la barrera de 30 homicidios cada 100 mil habitantes y en la última década se calcula que han muerto 553.000 personas por violencia intencional. El número de asesinatos es un 26 % superior al registrado en la década anterior, lo que convierten a Brasil en uno de los países más peligrosos del mundo, según el Informe del Fórum Brasileiro de Seguranza Pública en su Atlas de la Violencia 2.018 Fórum Brasileiro de Segurança Pública
Solo en 2016 hubo 62.517 muertes violentas, en su mayoría jóvenes negros de entre 15 y 29 años en situación de pobreza, grupo que experimentó una escalofriante tasa de homicidios de 281 cada 100 mil habitantes. La tasa nacional, un promedio de todo el país, casi 30 veces más que el promedio de Europa y muy por encima de sus vecinos, especialmente en Paraguay (9,29%), Argentina (6,53%) y Uruguay (8 %) según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito https://www.unov.org/unov/es/unodc.html
El Estado más peligroso de Brasil parece ser Servir, en el nordeste, donde se registró una tasa de 64,7% cada 100.000 habitantes, seguido por Alagoas con 54,2% y Río Grande do Norte con 14,2% y Minas Gerais ,con 22%,ambos en el sureste.
Por lo que podemos ver, la criminalidad y el narcotráfico se ha convertido en un riesgo en nuestra región y no podemos evadirnos o negar la situación. Abordarla urgente, desde nuestros diagnósticos y capacidades constituyen la mejor respuesta ante el intento de la República Imperial de imponer su agenda bajo la híbrida categoría de "nuevas amenazas" en una reactualización militar de la doctrina Monroe de militarización de América del Sur y de policialización de las FFAA. Ello lo desarrollamos estratégicamente en nuestro libro "Geopolítica de la Seguridad en América Latina". (Barrios, Miguel Ángel-Coordinador-, Emmerich, Norberto,Torres, Yesenia.Geopolitica de la Seguridad en América Latina. Biblos. BsAs. 2017).
Nunca como ahora tuvimos la posibilidad de que nazcan Estados criminales en América Latina. Regiones de América Central y Méjico son casos a observar. Hemos sostenido en "Geopolítica de la Seguridad de América Latina" que el narcotráfico y el crimen organizado poseen los mismos atributos que un Estado: territorialidad, regulación de "leyes”, la fuerza y sustentabilidad. Y por lo tanto, no es un actor económico sustentado en redes criminales, sino un sujeto político económico cuyo potencial consiste en fragmentar el territorio. El Estado criminal es imposible sin connivencia en sectores de la política, de la justicia, de la policía y del "empresariado”. Por lo tanto, no es consecuencia de una amenaza externa sino de debilidades institucionales y de ausencia de políticas claras integrales y de una corrupción sin patria.
Consideramos fundamental en una política de seguridad ciudadana, un abordaje institucional integral desde la capacitación de las fuerzas policiales en policiamientio preventivo acompañado multiagencialmente por el Estado, creación de unidades de investigación de delitos complejos, prevención local comunitaria no policial, creación de un servicio civil de inteligencia financiera. Pero nada servirá sin una ley clara sobre el financiamiento de la política, otra sobre la regulación de la obra pública para evitar la cartelización, controlar casinos y juegos de azar, y penalizar el cohecho activo-activo a la persona jurídica y a la persona empresarial.
Por supuesto decirlo es fácil, pero en esta tarea se juega nuestro destino y el gran dilema de Perón: "Unidos o Dominados", hoy es "Estado Continental o Narcodemocracias".
¡Bienvenido el debate en Brasil!
MIGUEL ÁNGEL BARRIOS - ARGENTINA
Doctor en Educación
Doctor en Ciencia Política
Autor de reconocidas obras de América Latina y en estos momentos, dictando el Curso "Criminología, Seguridad y Políticas Públicas en América del Sur".

La crítica más antigua a la democracia


La crítica más antigua a la democracia





Alberto Buela


El primer autor del que tenemos noticias acerca de una crítica a la democracia es un ignoto aristócrata ateniense conocido como el Pseudo Jenofonte, quien allá por el año 424 a.C. escribió un breve texto conocido como República de los atenienses.

En este opúsculo, de no más de veinte páginas, el autor va a desarrollar una serie de argumentos que luego se repetirán a lo largo de la historia por dos mil quinientos años. Pero, al mismo tiempo, aducirá, por primera vez en la historia, razones sociológicas para explicarla. Cuánto aprovecharían, y nos harían aprovechar, los sociólogos contemporáneos su lectura.

Y así comienza en la primera línea afirmando que con la democracia los plebeyos sustituyen a los mejores (aristócratas) y en todo el orbe, la parte mejor se opone a la democracia porque entre ellos existe un mínimo de indisciplina y maldad y un máximo de rectitud para las virtudes, mientras que en el pueblo reinan grandísima ignorancia, desorden y vileza, pues les inducen al vicio, la pobreza y la falta de instrucción, que se dan por la falta de dinero.

Es por ello, concluye su razonamiento, que los aristócratas ejercen en democracia, preferentemente, la carrera militar costeando su propio armamento como en el caso de los hoplitas (soldados de infantería), “En cambio, cuantas magistraturas proporcionan remuneración y provecho para el propio peculio, esas son las que procura ejercer el pueblo”(I, 3, in fine).

Si bien, a una mentalidad democrática como la nuestra de hoy día este razonamiento le resulta reprobable, no podemos dejar de destacar que la pseudo democracia que reina en todo el mundo es más un sistema de adquisición rápida de riqueza por parte de los actores políticos, que un sistema de gobierno para los intereses del pueblo.

El nuevo orden político, o sea, la democracia ateniense que nace con Pericles ofrece los cargos públicos a todos los ciudadanos, pero los aristócratas y nobles participan en aquellos donde se necesitan las antiguas virtudes que dan el parentesco, la educación y la riqueza. En tanto que los pobres- artesanos, comerciantes y obreros- se reservan los cargos remunerados. Pericles pagaba su poder político a la mayoría, con el presupuesto del Estado.

Así, los pobres siendo dueños del poder lo conservan en sus manos para su propio bien, de ahí que la democracia derive, necesariamente, en demagogia, según la tesis de Platón. El déspota es la figura con que concluye el ciclo de la decadencia democrática.

Con gran objetividad el Pseudo Jenofonte observa que la democracia no puede actuar más que como actúa, pues la prepotencia del número y la igualdad democrática tienen por consecuencia necesaria la impotencia de los buenos y el dominio de los malvados . Es que los malos pasan inadvertidos en una ciudad democrática. En definitiva, la democracia no puede mejorarse. Y si obra como obra, según lo descripto, es porque esa es su naturaleza.

Este poder de los demócratas, a los que no les interesa la mayor o menor justicia del sistema sino la defensa de sus propios y mezquinos intereses y al no contar con una alianza de los aristócratas, el autor, ve imposible sacarlos de poder. Su consejo es: no conspirar contra el demos pues no sirve de nada, pero tampoco trabajar con el demos, pues eso solo es útil a la canalla.[1]

Esta desengañada opinión de Pseudo Jenofonte se apoya en su constatación empírica de carácter sociológico: que el poder de la antigua Atenas que se apoyaba en la riqueza territorial, en el ejército de tierra y en el concepto de buena ley. Con los años el poder se desplazó del campo a la ciudad y de esta al puerto, pues Atenas se ha convertido en una potencia naval Hoy es un imperio talasocrático donde los pobres son los que tripulan, fabrican y conducen las naves. Dejó de ser un país agrícola para transformarse en una polis de comerciantes y marinos.

El dominio del mar ha introducido modalidades de bienestar por contacto con otros países; al oír otras lenguas se adoptaron distintos términos de unos o de otros; respeto de los sacrificios y festividades quedó el festejo a las ciudades y no en manos privadas como antes. En definitiva, el dueño del mar se reserva para sí transportar a unos, unas cosas y a otros, otras, reservándose para sí el uso de todas y cada una. “de un país la madera; del otro el hierro; del otro el cobre; del otro el lino; del otro la cera. Además, no permitirán que lo lleven a quienes son nuestros competidores, y si no, no podrán circular por los mares” (II, 11).

Atenas al ser una potencia talasocrática tiene abiertos todos los mercados y ninguna isla o ciudad puede colocar sus productos sin su autorización. Las otras ciudades le venden todo lo que ella necesita para la construcción de sus barcos a condición que no lo hagan con un posible competidor, sino se verán sometidos a bloqueo. Nihil novo sub sole = nada nuevo bajo el sol.





[1] Esto mismo lo observó el gran filólogo y poderoso crítico Wilanowitz-Malendorff en un libro extraordinario e incomparable, Aristóteles y Atenas, a fines del siglo XIX.

La austeridad del FMI ya se siente en Argentina


cadtm.org

La austeridad del FMI ya se siente en Argentina

 

 


Traducido por María Piedad Ossaba para La Pluma y Tlaxcala, 22 de septiembre de 2018.
El presidente argentino Mauricio Macri anunció el lunes 3 de septiembre un brutal plan de austeridad bajo la supervisión del FMI. Los efectos ya están sacando a la gente a la calle.

Diecisiete años después de la crisis de 2001 en Argentina, el gobierno de Macri, que llegó al gobierno en diciembre de 2015, está reforzando un feroz plan de ajuste estructural en contra de la población tras el préstamo solicitado al FMI. El país, que ostenta la presidencia del G20 en 2018, es uno de los más afectados por el aumento de los tipos de interés en Estados Unidos, la fuga de capitales, el alza del dólar y la especulación bursátil, similar a la crisis emergente en Turquía.
En el contexto de la guerra comercial del presidente Trump para favorecer sus exportaciones en detrimento de las otras, el aumento de los tipos de interés en los Estados Unidos lleva a un apuro por el dólar, que se ha convertido en un valor refugio. Los capitales en dólares son repatriados a Estados Unidos para aprovechar dicha subida de tipos, la liquidez se agota repentinamente y las monedas de los llamados países emergentes caen brutalmente.

Turbulencias en Argentina

El peso está en caída libre, los precios explotan, el consumo se reduce al mínimo, incluso para la clase media, muchos comercios y empresas cierran y despiden masivamente, el hambre se extiende en los barrios periféricos y los especuladores entran en pánico sin saber qué inventar para evitar el naufragio anunciado. Sin embargo, se podría haber aprendido de las crisis pasadas para no reproducirlas: Argentina ya pasó por esto... el pueblo recuerda 2001, el hambre, el ruido de las ollas vacías crujiendo en medio del martilleo de cucharas sobre las cortinas metálicas bajadas de los bancos... cerrados. Era el corralito [1]. Por otro lado, los capitales se evaden discretamente en espera de estabilidad para un posible regreso. El escenario orquestado por el FMI en las cuatro esquinas del globo se repite una y otra vez, pero esto no le impide destilar sus mismas recomendaciones nauseabundas independientemente de la latitud del país en cuestión.
El escenario orquestado por el FMI en las cuatro esquinas del globo se repite una y otra vez, pero esto no le impide destilar sus mismas recomendaciones
«Pobreza Cero», repetía Macri durante su campaña electoral. Hoy su popularidad está en caída libre, y este lema yace entre sus numerosas promesas electorales que nunca se cumplirán, una vez más la confianza del pueblo es pisoteada, traicionada por el poder del dinero. En tela de juicio la cura de austeridad que no hace más que agravar la situación social ya destruida por más de dos años de derecha dura en el gobierno.
Los primeros 15.000 millones de dólares del megapréstamo de 50.000 millones de dólares del FMI concluido en junio no parecen ser suficientes para estabilizar la economía, que se vio sacudida por una inflación de aproximadamente el 30%, impulsada a su vez por una depreciación de su moneda. El peso argentino perdió casi el 20% de su valor frente al dólar en dos días, entre el 29 y el 30 de agosto, y el 98% en los últimos 12 meses (más del 50% desde principios de año), alcanzando un mínimo histórico de más de 40 pesos por dólar.
Con pánico, el 30 de agosto, el Banco central del país elevó su tipo de referencia del 45 al 60%, uno de los más altos del mundo, después de haberlo aumentado del 40% al 45% el 13 de agosto, con el fin de fomentar las inversiones en moneda local [2]. Sin embargo, esta acción, al igual que los esfuerzos del Banco Central de la República Argentina, que supuestamente ha vendido más de 12.000 millones de dólares de sus reservas de divisas desde principios de año para estabilizar el peso [3], no ha logrado contener la desconfianza de los inversionistas ante la posibilidad de impago, ni reducir la caída de los precios. Como por provocación, el 31 de agosto, al día siguiente de la espectacular subida de las tasas del Banco Central, la agencia calificadora estadounidense Standard & Poor’s colocó la calificación de la deuda argentina en «vigilancia negativa».

La austeridad del FMI

El presidente argentino Mauricio Macri anunció el lunes 3 de septiembre un brutal plan de austeridad bajo la supervisión del FMI. Esto incluye la introducción de un impuesto a las exportaciones de productos agrícolas de 4 pesos por dólar exportado [4], que el propio Macri reconoció que eran «muy malos impuestos», pero había una «emergencia» ante el déficit presupuestario. Después de tanta austeridad aplicada a los más pobres, es posible que esta medida no satisfaga a los productores de soja y maíz, los principales proveedores de divisas del estado, que se vieron gravemente afectados por una sequía sin precedentes a principios de año. Además, Macri anunció la eliminación de 12 de los 22 ministerios. El Señor Macri pretende eliminar los Ministerios de Cultura, Trabajo, Ciencia y Tecnología, Energía, Agroindustria, Salud, Turismo y Medio Ambiente para convertirlos en secretarías de Estado bajo el paraguas de otros ministerios: Cultura y Ciencia y Tecnología, pasan por ejemplo, bajo el mandato del Ministerio de Educación, Trabajo dependerá del Ministerio de Producción, Salud es absorbido por el Ministerio de Desarrollo Social y la Agroindustria se traslada al Ministerio del Tesoro mientras despide a 600 trabajadores. Hasta ahora, sólo los dictadores Pedro Eugenio Aramburu y Juan Carlos Onganía se habían aventurado a eliminar el Ministerio de Salud.
Los altos precios y la austeridad están resucitando el descontento popular, las huelgas y las protestas en las calles argentinas
El 4 de septiembre, el ministro de Economía de Argentina, Nicolás Dujovne, y el vicepresidente del Banco Central, Gustavo Cañonero, despegaron en un avión con destino a Washington. Era prevista una reunión en la sede del FMI con el fin de negociar una revisión del acuerdo firmado en junio y acelerar los pagos. Argentina tiene una grave escasez de dinero en efectivo. Al mismo tiempo, el fiscal Jorge Di Lello acusa al presidente Mauricio Macri de abuso de autoridad y violación de los deberes de un funcionario público por firmar el acuerdo con el FMI el 7 de junio sin presentarlo al Parlamento, violando así la Constitución. Por su parte, el Presidente Macri ya no sabe qué decir para calmar el creciente descontento. Declara en la televisión y no cesa de repetir: «Esta crisis no es una crisis más, debe ser la última (...) lo peor ha quedado atrás.» [5] Sin embargo, los mismos errores producen los mismos efectos y la historia se repite...
En las calles, los altos precios están resucitando el descontento popular. En Buenos Aires, La Plata, Rosario, Mar del Plata, o en otras ciudades del país, la gente expresa su cólera por el aumento de los precios o los recortes presupuestarios impuestos en la administración pública a cambio del préstamo del FMI, como los aplicados a las universidades públicas. En huelga desde hace más de un mes, los profesores de 57 universidades públicas piden un aumento de sus salarios. Reavivando los trágicos recuerdos del colapso financiero de 2001, los comedores populares se ven nuevamente desbordados, no sólo por los niños, sino por familias enteras... La inflación galopante está reduciendo los márgenes del consumo en caída libre y el gigante estadounidense de la distribución Walmart ha vendido una docena de hipermercados. El precio del pan ha aumentado más de un 20% en pocos días [6]. Como en 2001, la gente está hambrienta, de justicia social y de pan.

No hay plata para la paz, pero sí para la guerra


rebelion.org

No hay plata para la paz, pero sí para la guerra

 

 


El actual gobierno crea una atmósfera belicista que nos retrotrae a cien años de barbarie
Esto no debe sorprender, habida cuenta de que el proyecto político ganador no fue propiamente el de la paz. Sin embargo, no dejan de producir inconformidad y desasosiego los pasos cada vez más concretos dados por el actual gobierno: en primer lugar, para volver inane el acuerdo de paz pactado con las FARC y, en segundo lugar, para crear una atmósfera belicista que nos retrotraiga a recientes años de barbarie.
La profundización de la guerra contra el narcotráfico, iniciada con algo aparentemente simple como la criminalización de la dosis mínima,y el anuncio de volver al uso del glifosato por el encima de las consideraciones jurídicas de la Corte Constitucional señalan los prolegómenos de la política que viene en camino. A esto se debe agregar algo de importancia capital: por un lado, la ambientación que se le viene dando a la alternativa ya estudiada desde las oficinas de la Casa Blanca y la Casa de Nariño de que la situación venezolana no se resuelve sino mediante una intervención militar y, por el otro, la imposibilidad de continuar, prácticamente, con el proceso de negociación con el ELN dadas las condiciones de rendición que impone el presidente Iván Duque. Esto configura un escenario que no es propiamente el del posconflicto: es sencillamente el retorno a la oprobiosa guerra que tantas víctimas ha dejado a lo largo y ancho del territorio nacional.
Al respecto, dos anuncios del gobierno merecen destacarse: La solicitud del Ministerio de Defensa de que se discuta la inclusión en el presupuesto nacional de1,1 billones de pesos para el “fortalecimiento del sistema de defensa antiaérea multicapa a nivel nacional”. No se trata exactamente de defenderse del Clan del Golfo o del ELN; esto es para prepararse para un eventual ataque de Venezuela que desde hace rato supera a Colombia en equipo bélico,pero sobre todo en armas aéreas.De otro lado, se anuncia que el posconflicto está desfinanciado, que la educación y la salud también lo están y que, si se quiere mantener los programas sociales, es necesario que se grave a la clase media y todos aquellos que no tienen más recursos que su salario. Pero, eso sí, es perentorio rodear de garantías al capital nacional y extranjero, mediante la rebaja de tributos, y ampliar su seguridad jurídica.
Artículo completo en Agencia de Prensa IPC: https://wp.me/p6ZuQq-2J4

¿Dónde está la izquierda en la India?


rebelion.org

¿Dónde está la izquierda en la India?

 

 


En la India, al igual que en Europa, la izquierda atraviesa grandes dificultades. Más allá de la financiarización de la economía y de la disparidad de las condiciones sociales, este artículo analiza los factores que, desde las dinámicas electorales hasta la penetración de la criminalidad en la clase política, explican la debilidad de la izquierda india, en un contexto de crecimiento del nacionalismo hindú de extrema derecha que hoy controla el gobierno central.
Desde los movimientos campesinos que organizaron una marcha de decenas de miles de agricultores durante varios días hasta las movilizaciones de cientos de miles de dalits1 que denuncian la discriminación que padecen, pasando por los movimientos contra los desplazamientos de población ligados a la construcción de grandes represas hidroeléctricas –como el Narmada Bachao Andolan2, el paisaje indio de las luchas sociales se distingue por su diversidad y energía3. Estas movilizaciones vinculadas a causas precisas se propagan a través del país y suelen estructurarse en torno de un sangharsh samiti, un comité de lucha local.
Sin embargo, en un país que concentra más de un tercio de los pobres del planeta4, este dinamismo de los movimientos sociales no significa que la izquierda sea fuerte. Ni estas luchas ni las movilizaciones sindicales y partidarias logran tener peso suficiente como para lograr una mayor protección jurídica de los trabajadores, el acceso universal a servicios públicos de calidad (educación, salud, etc.), una mejor distribución del ingreso y, en general, la «reincrustación» de la economía en la sociedad5. Recogiendo los interrogantes de Werner Sombart sobre la ausencia de socialismo en Estados Unidos, cabe preguntarse sobre las razones de esta debilidad de la izquierda en el subcontinente indio.
Neoliberalismo y dispersión de las condiciones sociales
Las dificultades de la izquierda india y su repliegue sobre una postura esencialmente defensiva en general se explican por dos factores. El primero, común a la mayoría de las sociedades contemporáneas, es la creciente hegemonía, en un contexto de financiarización de la economía, del neoliberalismo, que puede definirse como un fenómeno que combina una teoría económica, una ideología política, una filosofía de las políticas públicas y, finalmente, un imaginario social que alaba las virtudes del mercado y la competencia6. Las promesas del liberalismo seducen a la clase media urbana y estas nuevas aspiraciones la desvían de una solidaridad hacia los grupos más dominados. Este desplazamiento del poder hacia las finanzas, en detrimento del Estado y del empresariado, no ha sido aún suficientemente estudiado por las fuerzas de izquierda, tanto intelectuales como partidarias. La izquierda se encuentra así en una situación de anomia, privada de una ideología y de repertorios de acción colectiva adaptados a los desafíos contemporáneos.
La segunda explicación a la que se recurre frecuentemente insiste en la disparidad de las condiciones sociales en la India, en función de la clase, la casta, el género, la religión, el idioma o incluso la pertenencia regional7, lo que dificulta particularmente el surgimiento de una conciencia de clase común a los grupos dominados. Esta fragmentación se ve acentuada por la «obsesión por la pequeña diferencia» o la «desigualdad graduada» producida por el sistema de castas, que, según Bhimrao Ambedkar8, favorece la indiferencia frente a las desigualdades9. Asimismo, se ve reforzada por la débil convergencia de los reclamos de los trabajadores rurales y urbanos, así como por las muy diferentes protecciones jurídicas que benefician al sector organizado y al sector informal. En efecto, debe señalarse la importancia que tiene en la India la división entre el trabajo organizado (es decir, sujeto a las regulaciones del derecho laboral y que ofrece protección a los trabajadores) y el trabajo no organizado, que escapa a toda regulación estatal y atañe a entre 40% y 85% de la población activa del país según las estimaciones10.
Pero más allá de la evidente constatación de la extrema fragmentación sociológica de la sociedad india y de la creciente influencia del neoliberalismo sobre la conciencia política, este artículo pretende explorar algunas de las razones por las cuales no existe hoy una izquierda fuerte en la India. Por ser el país un vasto Estado federal, este intento de ofrecer una mirada de conjunto sobre la izquierda está necesariamente condenado a pasar por alto numerosos aspectos, principalmente la multiplicidad de culturas políticas locales, ricas en tradiciones singulares. Sin pretender agotar el tema, analizaremos en particular las dinámicas electorales, la debilidad estructural del sindicalismo, la penetración criminal de la clase política y el amordazamiento de la crítica social por parte de las fuerzas fascistas. En efecto, estas explicaciones, pocas veces utilizadas en conjunto, permiten comprender mejor por qué un frente común de las diversas fuerzas de izquierda, capaz de hacer surgir un nuevo pacto social, es un horizonte que hoy parece lejano.
Una izquierda fuerte después de la Independencia
Al momento de la Independencia, en 1947, localizar a la izquierda en la escena política india era relativamente sencillo. Se la encontraba en parte en el seno mismo del Congreso Nacional Indio (CNI), también denominado Partido del Congreso, partido-paraguas cuya corriente socialista se emancipó de forma progresiva, aun cuando el socialista moderado Jawaharlal Nehru, primer ministro hasta 1964, nunca dejó de proclamar su apego a esta familia política, al igual que su hija Indira Gandhi. Fuera del Partido del Congreso, la izquierda estaba representada por el Partido Comunista, presa del faccionalismo desde su nacimiento en la década de 1920. Pero en 1957 el Partido Comunista ganó las elecciones regionales en el pequeño estado costero de Kerala; y en 1967, como Partido Comunista (Marxista)11, surgió como una agrupación de mayor importancia en el otro extremo del subcontinente, en Bengala Occidental.
Fue en ese estado donde, en ese mismo año, obreros agrícolas del distrito de Naxalbari se apoderaron de las tierras cuya distribución más equitativa reclamaban desde hacía mucho tiempo. El proyecto político de quienes pronto serían llamados los naxalitas era maoísta12: se trataba de poner fin, mediante las armas, al «sistema parlamentario fraudulento, semicolonial y semifeudal» para reemplazarlo por una «dictadura democrática popular»13. Los asesinatos políticos se multiplicaron en Calcuta, que asistió, a lo largo de los años 70, a la instauración de una espiral de violencia, entre el «terrorismo urbano» de los insurgentes14 y su despiadada represión por la policía y el ejército. El movimiento naxalita pasó entonces a la clandestinidad y se desplazó hacia las regiones del centro de la India, donde sobreviviría hasta una nueva fase de desarrollo en los años 2000.
En cuanto al Partido Comunista (Marxista), tras algunos años de titubeos, optó por perseguir sus objetivos jugando el juego del reformismo y la democracia parlamentaria. En 1977 ganó las elecciones y, desde entonces, iba a gobernar sin compartir el poder la región de Bengala Occidental, en el seno de un Frente de Izquierda cuyos mayores logros políticos serían una reforma agraria a gran escala y una práctica avanzada de descentralización. En Kerala, donde el Frente de Izquierda alternaba en el poder con una coalición dominada por el Partido del Congreso, el principal triunfo del Partido Comunista (Marxista) fue el alto nivel de desarrollo humano de ese estado, que debe mucho a la estrecha red asociativa de la sociedad de Kerala como consecuencia de una fuerte tradición de movilización, impulsada por los partidos políticos y los sindicatos15, pero también por las organizaciones religiosas, de casta y otras ong .
La lenta fragmentación ideológica de la izquierda india
Ubicar a la izquierda en el tablero político indio se vuelve mucho más complicado a partir de los años 80. Durante esta década, el paisaje político se transforma: por un lado, el Partido Popular Indio (Bharatiya Janata Party, BJP), expresión de la derecha nacionalista hindú, se impone progresivamente como el otro partido panindio, junto al Partido del Congreso; por otro lado, surgen los llamados partidos regionales, cuya carrera (si no su ambición) está limitada al perímetro local. La competencia política alcanza entonces un nivel inédito, ya que se vuelve cada vez más difícil gobernar en los estados, y luego en el centro, sin esos partidos. La noción vaga, pero muy utilizada en el discurso político indio, de «política identitaria» remite al fenómeno de movilización en torno de las identidades de las regiones, castas y religiones que dan forma, más o menos explícitamente, a esos partidos.
Sin embargo, varios de ellos recurren a pensadores políticos que son claramente, aunque de diferentes maneras, de izquierda. Periyar, reformista ateo, racionalista y feminista, es el principal inspirador del movimiento antibrahmánico y luego de los partidos dravídicos16 –la Federación Dravidiana del Progreso (Dravida Munnetra Kazhagam, DMK), creada en 1949, y su rival surgida de una escisión en 1972, la Federación de Progreso Dravida de Anna en Toda la India (AIADMK)–, en el estado de Tamil Nadu. Ambedkar, principal autor de la Constitución india, partidario de la «aniquilación de las castas» y defensor de los dalits, pero también de los derechos de las mujeres, es el héroe del Partido de la Sociedad Mayoritaria (Bahujan Samaj Party), creado en 1984 en la región de Uttar Pradesh. Ram Manohar Lohia, mentor del socialismo indio, es la figura tutelar de los partidos surgidos de las sucesivas escisiones del Janata Dal (Frente Popular) que llegaron al poder en los años 90 en Karnataka, Odisha, Bihar o Uttar Pradesh: Janata Dal (United), Biju Janata Dal, Rashtriya Janata Dal y Samajwadi Party.
Sin embargo, estos partidos se alejaron con rapidez de su inspiración más o menos radicalmente reformista en el ejercicio del poder. En el sur, los dos grandes partidos dravídicos que se alternan en el gobierno de Tamil Nadu desde 1967 no impidieron las recurrentes manifestaciones de violencia contra los dalits ni la regresión del feminismo de Periyar hacia una celebración simplista de la maternidad17. En el norte, el Samajwadi Party y el Rashtriya Janata Dal son partidos profundamente patriarcales. Aunque todos afirman luchar contra la pobreza, ponen por delante las identidades de casta o las diferencias culturales. En efecto, la apelación a la casta resultó de una temible eficacia en el plano electoral: reemplazó a las grandes ideologías como tópico central de la movilización18. Actualmente, todos los partidos políticos se dedican a movilizar a ciertas castas para ganar las elecciones, y el recurso a los denominados «bancos de votos» está en el corazón de la «democracia de patronazgo»19.
La percepción mutante de las desigualdades
No obstante, el juego electoral no es el único que está en tela de juicio, ya que la importancia del concepto de «justicia social» en el discurso de los partidos dravídicos en el sur o en el de los llamados partidos «de las castas bajas» en el norte, pone de manifiesto un particular enfoque sobre las desigualdades. Este concepto tan impreciso como ambicioso expresa, en efecto, una reivindicación de la reparación de la injusticia histórica de la que fueron víctimas algunos grupos sociales, dominados según los casos por los brahmanes, las castas altas, los habitantes del norte, etc. Pero la reparación reclamada, al igual que el perjuicio sufrido, atañe a un grupo particular, aun cuando ese grupo pueda ser muy amplio: así, los dalits constituyen el 15% de la población india; y las other backward castes («otras castas atrasadas»), categoría heterogénea, utilizada por el gobierno, que agrupa a las castas que no son ni «intocables» ni «superiores», se estiman en 52%.
El sistema de cuotas (reservations), implementado a partir del periodo colonial pero consolidado tras la Independencia, tenía como objetivo compensar la discriminación que afectaba a los grupos de castas bajas y a las poblaciones tribales forzando su integración en tres instituciones de las que estaban excluidos de facto: la administración, la universidad y las asambleas legislativas.
Sin embargo, hoy numerosas castas dominantes20, como los jats en Haryana, los patels en Guyarat, los yadavs en Uttar Pradesh o los reddys en Andhra Pradesh, reclaman a su vez cuotas. Sean estas demandas legítimas –en el caso de las castas bajas que son las víctimas probadas de una discriminación histórica– o no tanto –en el caso de las castas dominantes–, todas estas movilizaciones tienen como consecuencia el reforzamiento de las fronteras entre castas, ya que su éxito supone que funcionen como grupos de intereses. Tales movilizaciones conducen a que prevalezcan las lealtades de casta sobre las de clase, en detrimento particularmente de los numerosos integrantes de las castas dominantes que viven en una gran precariedad económica. Muchas instituciones formales (asociaciones de casta, templos, sectas religiosas, etc.) o informales (cultura de casta, redes clientelistas, estrategias matrimoniales, etc.) contribuyen además a acentuar esta frontera entre las castas en detrimento de otras líneas de fractura.
A comienzos del siglo xxi , solo los naxalitas siguen ubicando la lucha de clases en el centro de su proyecto y de sus acciones. El movimiento maoísta consolida entonces su presencia en las regiones tribales del centro de la India, donde defiende los derechos de los llamados adivasis (indígenas) en selvas muy codiciadas por la industria minera, ya que su subsuelo figura entre los más ricos del país. Se habla de un «corredor rojo»21 que cubriría un tercio de los distritos del país, a punto tal que en 2009 el ministro del Interior del gobierno central (dirigido entonces por el Partido del Congreso) consideraba al movimiento como la «principal amenaza a la seguridad nacional» y atribuía al Partido Comunista (maoísta) el estatuto de organización terrorista, antes de desplegar el ejército en apoyo de milicias locales «antiterroristas» en las regiones en cuestión. Los pocos investigadores que se atreven a hablar del tema mencionan una verdadera guerra civil22, aun cuando, a la sombra de la selva y lejos de la atención mediática, se trata de una guerra olvidada. En efecto, el movimiento maoísta está hoy completamente marginado: desacreditado por recurrir a la violencia, invisibilizado por los intentos de intimidación contra los intelectuales que escriben sobre él y aplastado por la fuerza militar desplegada en su contra.
La historia de los partidos políticos indios de izquierda desde la Independencia revela así una dificultad para articular casta y clase en la denuncia de las injusticias. Mientras que la focalización de las estrategias electorales en la cuestión de la casta favoreció los desvíos identitarios del juego político, la rigidez ideológica de los partidos marxistas los condujo en cambio a abandonar esta cuestión, que se encuentra sin embargo en el corazón de las dinámicas de explotación.
El esquivo acuerdo social
Una de las razones por las cuales a las fuerzas de izquierda les cuesta tanto hoy hacer oír sus reivindicaciones sociales es también la debilidad estructural del sindicalismo, que nunca logró instaurar una relación de fuerzas entre capital y trabajo favorable a las clases populares para sentar las bases de un acuerdo social23. Al momento de la Independencia, mientras que el sector empresarial denunciaba los «exagerados» reclamos de los trabajadores y la multiplicación de los movimientos de huelga, la Conferencia de la Tregua Social, que reunía al gobierno, los trabajadores y los industriales, pretendía encontrar una salida a los conflictos sentando las bases de un diálogo social. Esta conferencia condujo sin embargo a la desmovilización de los sindicatos, que aceptaron abandonar la estrategia de la movilización de base en beneficio de la participación en organismos de cogestión. Además, la implementación de un nuevo marco legislativo debilitó la posición de los trabajadores, especialmente con la Ley sobre Disputas Industriales (Industrial Disputes Act, 1947). Esta norma solo autoriza la huelga y el lockout con un preaviso de al menos 14 días y torna obligatorio el recurso a un procedimiento de arbitraje cuyas decisiones demoran varios meses, incluso años. Se genera así una situación en la cual la búsqueda de consenso pasa por el arbitraje obligatorio más que por la obtención de convenios colectivos, y en la que la «dinámica política de un acuerdo social» se desvía hacia «una forma de paternalismo estatal que se volvió característica del sistema que rige las relaciones laborales»24. En efecto, si bien pretendía construir un Estado socialista, el gobierno del Partido del Congreso dirigido por Nehru se inclinó rápidamente por el capital y en contra del trabajo25.
La importancia del sector informal y el tamaño reducido del sector industrial organizado tornaron difícil cualquier organización y coordinación de los trabajadores. No hubo pues en la India un «momento socialdemócrata»26. Tal como lo afirman Lloyd Rudolph y Susanne Rudolph, a escala nacional, «el movimiento obrero no estuvo en condiciones de cuestionar la ideología y la política centristas propias de la India, es decir, de crear o sostener un partido de clase anclado en la izquierda»27. Los sindicatos solo pudieron encontrar apoyo político en los estados de Kerala, Bengala Occidental y Tripura, donde el Partido Comunista se mantuvo durante mucho tiempo en el poder.
Actualmente, la capacidad de los trabajadores para influir en la agenda política es más débil que nunca. Las últimas grandes huelgas se remontan a 1982 cuando, durante alrededor de 18 meses, más de 250.000 trabajadores del sector textil de Mumbai reclamaron mejores condiciones de trabajo28. La huelga terminó trágicamente con el cierre de las fábricas y su deslocalización en otros estados del país. Tras las olas de liberalización de la economía en 1991, las reformas que debilitan los derechos de los trabajadores son cada vez más numerosas, como el proyecto de ley de pequeñas fábricas (Small Factories Bill) para eximir a los establecimientos industriales de menos de 40 empleados de cumplir numerosas regulaciones laborales29. La huelga general del 2 de septiembre de 2016, a pesar de movilizar a más de 150 millones de trabajadores y formular reclamos originales sobre la regulación del sector informal, solo duró una jornada y no condujo a un resurgimiento del movimiento social.
El juego político como reino de las mafias
La debilidad de la articulación de los partidos políticos con los movimientos de trabajadores se ve además acentuada por la creciente penetración criminal de la clase política. En efecto, los grandes partidos políticos tienden a recurrir en forma cada vez más masiva a candidatos con actividades ilegales, ya que, sin duda alguna, en el mundo de la política india, «el delito paga»30. Incluso se volvió prácticamente indispensable para ganar en elecciones democráticas. Entre 2004 y 2014, los candidatos para las elecciones nacionales que fueron objeto de al menos un proceso penal tenían así 18% de posibilidades de ganar las elecciones, contra solo 6% para aquellos sin ninguna causa penal en su contra. Y cuanto más seria era la acusación (agresión o asesinato), mayores eran las posibilidades de ganar.31
Las campañas electorales son cada vez más costosas, ya que los candidatos intentan con frecuencia comprar los votos de los electores32. La distribución entre estos de bolsas de arroz, alcohol o dinero en efectivo se volvió una práctica corriente, y si bien estos regalos no garantizan el triunfo, no ofrecerlos suele condenar a la derrota33. Como los gastos elevados son ineludibles para ganar las elecciones, cada vez con mayor frecuencia los partidos compran candidatos capaces de financiarse a sí mismos, con el fin de reducir sus gastos. Además, como los límites fijados por la Comisión Electoral generalmente están por debajo del umbral de gasto mínimo que permite aspirar a un triunfo, los partidos van también en busca de candidatos capaces de manejar grandes sumas de dinero no declarado, aptitud que las personas dedicadas a actividades delictivas suelen tener. Todos los partidos tienden pues a descartar a los candidatos menos adinerados y a privilegiar a los poco escrupulosos. Milan Vaishnav muestra así el círculo vicioso en el que está atrapada la clase política, que no puede trabajar por el bien común sin haber consolidado previamente, a través de medios por lo general ilegales, su anclaje en las redes de patronazgo locales o nacionales. Estos cambios estructurales favorecieron lo que Lucia Michelutti denomina el «reino de la mafia» (Mafia Raj), «un sistema híbrido de gobernanza política y económica que combina lógicas de redistribución, libre mercado, depredación y democracia»34. De este desvío mafioso no está exento el Partido Comunista (Marxista), el más importante de los partidos comunistas indios; de hecho, esta fue una de las causas de su derrota en 2011, luego de 34 años de reinado en su bastión de Bengala Occidental, aun cuando las políticas de expropiación de los campesinos para la construcción de fábricas hayan contribuido en gran medida a separar al partido de su base electoral.
En un contexto semejante, la fidelidad al programa ideológico del partido ya no es el principal criterio que prima en la selección de los candidatos, lo que conduce a una verdadera «indiferencia por las ideas»35 y a una homogenización de los programas con consecuencias fatales para las ideas de izquierda y la consideración de los intereses de las clases populares en los debates políticos. El BJP, el partido del hinduismo radical, es uno de los pocos partidos que lograron conservar su anclaje ideológico adaptándose a esta nueva situación delictiva.
El partido de los «indignados»
En este contexto de disolución de la izquierda y penetración criminal de la política, un partido atípico pareció ofrecer, en los últimos años, una nueva respuesta a las aporías ideológicas y estratégicas de los partidos comunistas y en favor de la justicia social. El Partido de la Gente Común (Aam Aadmi Party, AAP), surgido del movimiento de lucha contra la corrupción que sacudió los grandes centros urbanos en 2011, fue creado en 2012 para, según las palabras de sus fundadores, «limpiar la política desde adentro» porque «la India necesita una revolución». Este partido, que reivindica a Mahatma Gandhi y pretende reconstruir la democracia por medio de la participación, suscitó primero desconfianza y sarcasmos de la izquierda marxista, que denunciaba la ingenuidad de su postura «ni de derecha ni de izquierda», la miopía de su programa «anticorrupción» y el elitismo de su base social. Pero cuando en las elecciones regionales de 2013 el AAP ganó los escaños suficientes para formar gobierno en Delhi, demostró que aún era posible en la India movilizar ampliamente con un programa no identitario y ganar elecciones con muy poco dinero. Sedujo entonces a una parte de la izquierda india y logró movilizar a líderes de la sociedad civil organizada contra el BJP en 2014. Así, militantes del Narmada Bachao Andolan, del movimiento antinuclear o de la campaña por el derecho a la información compiten bajo la etiqueta del AAP36, mientras que desde los medios, personalidades comunistas explican su adhesión al nuevo partido.
En 2015, el AAP ganó por segunda vez las elecciones en Delhi, con una participación electoral récord que le permitió obtener 67 escaños sobre 70. Pero su ejercicio del poder se revela particularmente caótico, por razones en primer lugar internas: rivalidades en el seno de su dirigencia, divergencias estratégicas, tendencia a actuar precipitadamente y sin concertación, comunicación agresiva. El análisis de las políticas adoptadas señala, sin embargo, que el partido tomó decisiones claras: puso su prioridad en los servicios urbanos básicos y los más pobres se transformaron en su objetivo privilegiado (con propuestas como gratuidad del agua y la reducción del precio de la electricidad para los pequeños consumidores, el desarrollo de una red de dispensarios de barrio, el impulso del derecho a la educación a través de la movilización de los padres de alumnos en las escuelas públicas). Pero el gobierno central (dominado por el BJP) obstaculizó sistemáticamente la implementación y difusión de esas políticas y se dedicó a paralizar, de hecho, las iniciativas del gobierno regional.
La asfixia de la crítica social
El ensañamiento del BJP contra el AAP , que va mucho más allá de la rivalidad habitual entre partidos en competencia, se inscribe en un conjunto de prácticas que apuntan a la sofocación progresiva de las fuerzas críticas. Estas, numerosas y diversificadas, constituyen los cimientos de la democracia india, pero sufren actualmente un ataque sin precedentes. Uno de los principales pilares de la crítica social se sostiene en el tejido asociativo particularmente denso de la India: «Si se tienen en cuenta las asociaciones de castas, los grupos que reclaman, la política de los movimientos sociales y las organizaciones no gubernamentales, puede ‘leerse’ la India como un país con una vida asociativa omnipresente y extraordinariamente activa, tal vez una de las más participativas en el mundo»37.
Pero el sector no gubernamental está actualmente muy debilitado: a fines de 2016, el Ministerio del Interior les negó a unas 20.000 ong la renovación de la licencia que les permite recibir ayuda financiera del exterior y las privó de esta manera de los medios necesarios para librar un combate judicial o mediático.
Los medios de comunicación, otro pilar de la crítica, son también víctimas de una censura polimorfa. Si bien existe en la India una tenaz tradición de periodismo de investigación y de crítica del poder, este es hoy blanco de continuos ataques. The Hoot, un observatorio privado pero reputado de los medios de comunicación indios, publica cada año su informe sobre la libertad de prensa, The India Freedom Report. En 2017, ese informe comenzaba de esta manera:
El clima en el cual se ejerce el periodismo en la India se volvió claramente hostil en 2017. Una serie de ataques tuvieron como blanco a periodistas, fotógrafos e incluso redactores que fueron víctimas de asesinatos, ataques, amenazas, acciones judiciales por difamación, sedición y delitos ligados a internet. Ese año, dos periodistas fueron asesinados a balazos, y otro fue muerto a golpes frente a la policía que dejó actuar a la muchedumbre.38
En efecto, la Ley contra la Sedición, heredada del periodo colonial, fue utilizada para intimidar a periodistas, pero también para detener a líderes estudiantiles. Draconiana y de muy amplio alcance, esta norma puede aplicarse prácticamente a cualquier forma de crítica al gobierno, que es pasible de prisión perpetua. Constituye así una temible amenaza contra la libertad de expresión. Esta policía del pensamiento está acompañada por el celo vigilante de milicias39 provenientes de la constelación de organizaciones del hinduismo radical40. No conformándose con acosar a sus adversarios en las redes sociales, estos autoproclamados defensores de la nación ya no dudan en agredir físicamente a reconocidos intelectuales, sean escritores (como Kancha Illaiah) o profesores universitarios (como Nivedita Menon).
La izquierda india frente al peligro fascista
Esta violencia emana del Estado, a través de la policía y la justicia, y de la sociedad civil, a través de las milicias de la nebulosa nacionalista hindú, como las de los grupos de «Protectores de la Vaca». Y detrás de la violencia están las acusaciones sobre los objetivos «antinacionales» de la izquierda. Este tipo de acciones son emblemáticas de un crecimiento de fuerzas que pueden calificarse de fascistas, si nos basamos en la definición propuesta por Ugo Palheta, quien define el fascismo como un
movimiento político de masas que pretende trabajar por la reconstrucción de la nación (concebida como una totalidad homogénea o, por el contrario, fuertemente jerarquizada y dominada por un grupo étnico-racial particular), mediante la eliminación de todo conflicto (de ahí la denuncia del antagonismo izquierda/derecha por ejemplo), todo cuestionamiento –político, sindical, religioso, periodístico o artístico– y todo aquello que al parecer ponga en peligro el principio de su unidad imaginaria («racial» y/o «cultural») –en particular, las minorías raciales, religiosas y/o sexuales–41.
La izquierda india, sociológicamente fragmentada, ideológicamente dividida y con recursos materiales y simbólicos en descenso, es, además, intimidada por la actual violencia física de una derecha envalentonada cuyo proyecto político y cultural parece estar a punto de devenir hegemónico. El discurso ultranacionalista de las fuerzas de la hindutva y el amordazamiento de la crítica mediática, intelectual y política fomentan en particular un sentimiento patriótico extremadamente fuerte y la creciente estigmatización de los musulmanes. El secularismo indio, denominador común de las izquierdas indias, está más débil que nunca.
Hoy está claro que ningún movimiento político, partidario o no, ofrece un repertorio ideológico en condiciones de hacer converger los intereses de los dalits, los musulmanes, las mujeres, las llamadas poblaciones tribales, los obreros agrícolas, los pequeños campesinos, los obreros de la industria y los trabajadores del sector informal. Los reclamos de estos diferentes grupos parecen condenarlos a competir entre sí, aunque muchos indios pertenezcan simultáneamente a varios de ellos y compartan en gran medida la condición de víctimas de la explotación económica cada vez más ligada a la financiarización de la economía. En el actual contexto político, la lucha sin descanso contra el auge del fascismo constituye probablemente el único camino que se le presenta a la izquierda para intentar encontrar cierta unidad y, sobre todo, para mantener su influencia en la India del siglo xxi.
Notas:
  • 1. Los dalits, «intocables» o «parias», están en el nivel más bajo del sistema de castas de la India. Aunque son los más discriminados, algunos de ellos han ocupado cargos políticos [n. del e.].
  • 2. Movimiento Salven al Narmada.
  • 3. Agredecemos los incisivos comentarios de Joël Cabalion, Vanessa Caru, Mathieu Ferry, Olivier Roueff y Marc Saint-Upéry.
  • 4. Más de 760 millones de personas viven con menos de 3,2 dólares al día.
  • 5. Karl Polanyi: La gran transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo [1946], FCE, Buenos Aires, 2011. Para Polanyi, en las sociedades tradicionales la economía estaba «empotrada» o «incrustada» en el conjunto de las relaciones sociales, y no autonomizada como en la sociedad de mercado.
  • 6. Peter Hall y Michèle Lamont (dirs.): Social Resilience in the Neoliberal Era, Cambridge UP, Nueva York, 2013.
  • 7. Mathieu Ferry, J. Naudet y Olivier Roueff: «Seeking the Indian Social Space: A Multidimensional Portrait of the Stratifications of Indian Society» en South Asia Multidisciplinary Academic Journal, 20/2/2018.
  • 8. Ambedkar (1891-1956) fue un jurista, académico y político convertido al budismo, recordado por su lucha en favor de los «intocables» [n. del e.]. Ver J. Naudet: «Ambedkar ou la critique de la société de castes» en La Vie des Idées, 27/11/2009.
  • 9. Olivier Herrenschmidt: «‘L’inégalité graduée’ ou la pire des inégalités. L’analyse de la société hindoue par Ambedkar» en Archives Européennes de Sociologie vol. 37 No 1, 1996.
  • 10. Barbara Harriss-White: «India’s Informal Economy: Facing the 21st Century» en Kaushik Basu (dir.): India’s Emerging Economy, Oxford UP, Nueva Delhi, 2004.
  • 11. En 1964, el Partido Comunista se divide entre una minoría que considera a la Unión Soviética como modelo, preconiza el recurso a la vía parlamentaria (autorizado por Nikita Jrushchov en 1956) y se queda en el seno del partido, y una mayoría que rechaza el abandono del proyecto revolucionario en su versión radical y funda el Partido Comunista de la India (Marxista). Ver J. Cabalion: «Maoïsme et lutte armée en Inde contemporaine» en La Vie des Idées, 9/3/2011.
  • 12. Ibíd.
  • 13. El programa está disponible en South Asian Terrorism Portal, <www.satp.org/satporgtp/countries/india/maoist/documents/papers/partyprogram.htm>.
  • 14. Atul Kohli: Democracy and Discontent: India’s Growing Crisis of Governability, Cambridge UP, Cambridge, 1991.
  • 15. Patrick Heller y Thomas Isaac: «Democracy and Development: Decentralized Planning in Kerala» en Archon Fung y Erik Olin Wright (dirs.): Deepening Democracy. Institutional Innovations in Empowered Participatory Governance, Verso, Nueva York, 2003, p. 84.
  • 16. Los pueblos dravídicos son los habitantes originarios del extremo meridional de la India [n. del e.].
  • 17. V. Geetha: «Unhappy Anniversary» en The Caravan, 1/4/2017.
  • 18. Christophe Jaffrelot: La démocratie en Inde. Religion, caste et politique, Fayard, París, 1998.
  • 19. Kanchan Chandra: «Elections as Auctions» en Seminar No 539, 2004, <www.india-seminar.com 2004="" 539="" 539%20kanchan%20chandra.htm="">.
  • 20. Lo que los sociólogos llaman una «casta dominante» no es una casta considerada superior debido a su estatus en una escala de pureza ritual, sino una que a pesar de su estatus religioso intermedio es poderosa a escala local por el efecto acumulado del número de sus miembros y su control sobre la tierra y la propiedad agraria y el poder político. Esta dominación numérica, territorial y política no impide que grandes sectores de estos grupos vivan en condiciones de pobreza real.
  • 21. John Harriss: «The Naxalite/Maoist Movement in India; A Review of Recent Literature», isas Working Paper No 109, 2010.
  • 22. Alpa Shah: «La lutte révolutionnaire des maoïstes continue en Inde» en Mouvements No 77, 2014.
  • 23. Vivek Chibber: «L’incorporation des travailleurs dans l’économie politique indienne» en Contretemps No 23, 2014.
  • 24. Ibíd, p. 54.
  • 25. J. Naudet: «Aux sources du capitalisme indien», entrevista con Claude Markovits en La Vie des Idées, 13/6/2014.
  • 26. La India, sin embargo, se acercó a este momento socialdemócrata entre 2004 y 2009, cuando los partidos comunistas apoyaron al Partido del Congreso para formar el gobierno, sobre la base de un Programa Mínimo Común Nacional que resultó en un número sin precedentes de políticas públicas en favor de los más pobres. Pero el abandono de la coalición por parte de los comunistas en 2008 y las dificultades para la implementación de los programas adoptados impidieron un verdadero cambio de las lógicas distributivas. Ver Zoya Hasan: «Breaking New Ground: Congress and Welfarism in India», Institut Français des Relations Internationales, 2009.
  • 27. L. Rudolph y S. Rudolph: In Pursuit of Lakshmi: The Political Economy of the Indian State, University of Chicago Press, Chicago, 1987, p. 259.
  • 28. Gérard Heuzé: La grève du siècle. 1981-1983, L’Harmattan, París, 1989.
  • 29. Amarjeet Kaur: «Trade Unions in an Era of Neo-Liberalism» en Seminar No 669, 2015.
  • 30. Milan Vaishnav: When Crime Pays: Money and Muscle in Indian Politics, Yale UP, New Haven, 2017, pp. 121-122.
  • 31. Ibíd.
  • 32. K. Chandra: ob. cit.
  • 33. M. Vaishnav: ob. cit., pp. 140-142.
  • 34. L. Michelutti: «The Cult of the Boss» en Seminar No 793, 2017.
  • 35. M. Vaishnav: ob. cit., p. 135.
  • 36. S. Tawa-Lama Rewal: «Le droit à l’information» en La Vie des Idées, 22/11/2017.
  • 37. L. Rudolph: «Pradeep K. Chhibber: Democracy Without Associations: Transformations of the Party System and Social Cleavages in India», reseña en Comparative Political Studies vol. 36 No 9, 2003, p. 4.
  • 38. «The Climate for Free Speech in India» en The Hoot: The India Freedom Report: Media Freedom and Freedom of Expression in 2017, 20/1/2018.
  • 39. Sylvie Guichard: «Populismes indiens» en La Vie des Idées, 15/11/2016.
  • 40. Mathieu Ferry: «Le terrorisme de la vache»en La Vie des Idées, 17/11/2017.
  • 41. U. Palheta: Essai sur la possibilité du fascisme en France, La Découverte, París, 2018.
Nota: la versión original de este artículo en francés fue publicada con el título «Où en est la gauche en Inde?» en La Vie des Idées, 6/2018.
Traducción de Gustavo Recalde.

Trump en la ONU: aún huele a azufre


rebelion.org

 Trump en la ONU: aún huele a azufre

 

 


El presidente estadounidense Donald Trump puso la nota de color a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Sus aseveraciones, muy cercanas al cinismo, no sólo provocaron una cascada de risas en el auditorio, sino que el ambiente de la gran sala de sesiones se inundó de estupor por la agresividad de su discurso.
Trump, presidente de la potencia militar más temible del mundo, llegó tarde a su turno y debió hablar después de su par ecuatoriano, y en cuanto comenzó su alocución, cargada de autoelogios y chovinismo, hizo reír a los presidentes, cancilleres y embajadores presentes, lo que incomodó al magnate.
No sólo se animó a alabar la construcción del muro antimigrantes en México, sino que aseguró que en sus dos años de gobierno consiguió más que cualquier otra administración en la historia de su país. Y ante el asombro de todos, aseguró que “la economía de EEUU está floreciente como nunca antes y tenemos el desempleo más bajo de los últimos 50 años… el desempleo de los latinos y negros y otros grupos ha disminuido”.
Quizá sin saber a ciencia cierta qué significaba realmente la reciente declaratoria de la “Década de Nelson Mandela por la Paz” por parte de la ONU, siguió con su libreto (¿tendrá guionista o es un improvisador?) dejó sentada su vocación guerrerista: “Nuestras fuerzas militares serán pronto más poderosas que nunca… en otras palabras, los Estados Unidos son más fuertes, más seguros y ricos que antes de asumir mis funciones”, se jactó, para luego incitar a un golpe militar en Venezuela.
Trump, sorprendido por las risas del auditorio, titubeó algo desconcertado, pero insistió en que "es la verdad" y admitió que "no era la reacción que esperaba". Lo que vino después fue un asalto contra lo que representa la ONU como máxima institución multilateral mundial y la afirmación de que EEUU rehusará ceder su "soberanía" ante el orden, leyes y agencias supranacionales.
Mutis en el foro: toda esa andanada fue recibida en silencio por casi todos los 192 estados miembros de la ONU, mientras el aún presidente estadounidense celebrarba que "nuestra fuerza militar será más poderosa de lo que ha sido jamás". Obviamente, no había prestado la menor atención al exhorto hecho minutos antes por el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, sobre la urgencia de fortalecer el multilateralismo para abordar los problemas más graves que enfrenta el mundo.
Trump proclamó lo opuesto: "Rechazamos la ideología del globalismo y abrazamos la doctrina del patriotismo" e indicó que ordenó el retiro de su país de varios acuerdos apoyados por la ONU, entre ellos el tratado nuclear con Irán, del Consejo de Derechos Humanos y de la Corte Penal Internacional, al afirmar: "nunca rendiremos la soberanía de EEUU a una burocracia global no electa y que no rinde cuentas".
Y siguió su discurso imperial: anunció nuevas sanciones contra los colaboradores más cercanos del presidente Nicolás Maduro en Venezuela, donde Trump declaró: "estamos atestiguando una tragedia humana", porque "el socialismo ha llevado a la bancarrota al país rico en petróleo y llevado a su pueblo a la pobreza abyecta", con la ayuda de "sus patrocinadores cubanos". Y convocó a los presentes a un esfuerzo para "restaurar" la democracia en ese país.
De paso condenó al régimen de Irán, al cual acusó de ser una "dictadura corrupta" que "siembra caos, muerte y destrucción" y aseguró que "no podemos permitir que el principal patrocinador de terrorismo en el mundo posea las armas más peligrosas del planeta". También advirtió de que intervendrá en Siria si ese régimen emplea armas químicas.
En todo su discurso se abstuvo de hablar de Rusia y del cambio climático, y al ilustrar su defensa de lo que califica como "soberanía", resaltó como ejemplo que ya está construyendo su muro fronterizo con México.
Y de golpe se retrasó el reloj hasta la Guerra Fría: "virtualmente todo lugar en que se ha intentado el socialismo o comunismo, se ha producido sufrimiento, corrupción y degradación", afirmó, y además aconsejó que "todas las naciones del mundo deberían resistir al socialismo y la miseria que lleva a todos".
Pero el ataque a Venezuela en la sala le pareció poco, y lo siguió en comentarios a medios, señalando que el gobierno de Maduro "es un régimen que francamente podría ser derrocado muy rápidamente por los militares, si éstos deciden hacer eso". Refrendó la Doctrina Monroe (América para los norteamericanos) como política de su gobierno, al decir que en el hemisferio occidental "estamos comprometidos con mantener nuestra independencia de la intrusión de poderes extranjeros expansionistas".
Siempre viene bien recordar que el 20 de septiembre de 2006 el comandante Hugo Chávez, presidente de Venezuela, dijo:“Ayer estuvo el diablo aquí, en este mismo lugar. ¡Huele a azufre todavía esta mesa donde me ha tocado hablar!”. Claro, no se refería a Trump sino a las poses imperiales del entonces mandatario George Bush, en el mismo podio ocupado por Trump en el 73 período de sesiones de la Asamblea General.
A propósito, el presidente boliviano Evo Morales advirtió de que EEUU y sus aliados aprovechan la palestra de la ONU “para lanzar ataques golpistas contra Venezuela” y remarcó que “la verdadera amenaza a la paz mundial es el intervencionismo de EEUU”.
El cambio climático y los riesgos de la tecnología
Por su parte, el secretario general Antonio Guterres declaró que el mundo padece "un desorden de déficit de confianza" ante una ola populista y la fragmentación social, y alertó de dos problemas cada vez más urgentes que definirán el futuro inmediato del planeta.
"El cambio climático procede más rápidamente que nosotros y si no cambiamos curso en los próximos dos años, arriesgamos un cambio climático desatado", declaró, y advirtió de que nuevos avances en tecnología representan tanto oportunidades como riesgos cada vez más peligrosos, sobre todo si se emplean para fines bélicos. Ante estos desafíos, afirmó, la cooperación internacional es más necesaria y urgente que nunca y señaló que "el multilateralismo está bajo fuego justo cuando más lo necesitamos".
Raídamente, el presidente francés Emmanuel Macron se desmarcó de Trump y retomó el exhorto del secretario general contra el aislacionismo y afirmó que el "nacionalismo siempre lleva a la derrota", y pidió a los estados miembros que "no acepten la erosión del multilateralismo", algo que recibió una ovación.
El presidente de Irán, Hassan Rouhani, seña ó que el rechazo al multilateralismo es "un síntoma de la debilidad de intelecto; revela incapacidad para entender un mundo complejo e interconectado". Acusó a Trump y a sus aliados de querer derrocar a su gobierno y de violar el derecho internacional, así como sus obligaciones estatales por retirarse del acuerdo nuclear de 2015.
Mientras tanto, varios presidentes sudamericanos –entre ellos los de Ecuador, Brasil y Argentina– respondieron obedientemente al llamado de Trump contra Venezuela. En sus discursos criticaron al gobierno de Maduro por violaciones de derechos humanos y el argentino, Mauricio Macri, anunció que su país presentará ante la Corte Penal Internacional (no se enteró de que Trump la declaró "ilegítima") "los crímenes de lesa humanidad de la dictadura venezolana".
Mirko C. Trudeau: Economista jefe del Observatorio de Estudios Macroeconómicos (Nueva York).
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

"Hay que tomar medidas para contrarrestar la concentración de poder de los medios de comunicación de derecha en Latinoamerica"


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"Hay que tomar medidas para contrarrestar la concentración de poder de los medios de comunicación de derecha en Latinoamerica"

 

 


"Hay que tomar medidas para contrarrestar la concentración de poder de los medios de comunicación de derecha en Latinoamerica"
Hay que tomar medidas para contrarrestar la concentración de poder de los medios de comunicación de derecha en Latinoamerica, sostuvo el lingüista estadunidense Noam Chomsky, quien se reunió el jueves pasado con el ex presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, que cumple una sentencia de 12 años por corrupción en la cárcel de Curitiba, donde hablaron de los ataques de la prensa a su gestión (2003-2010).
El intelectual narró que encontrarse nuevamente con Lula fue una experiencia maravillosa y afirmó que “es muy emocionante pasar un rato con la persona que por derecho debería ser el próximo presidente de Brasil, y es una de las figuras más significativas del siglo XXI. Lula organizó el sur del mundo con protagonismo de forma inédita.
Acabamos de tener el enorme privilegio de pasar una hora con Lula, y uno de los puntos en los que hizo énfasis es en que durante todo su mandato sufrió constantes ataques de los medios de comunicación. Se trató de miles de ataques desde todas las direcciones, algo que, por supuesto, confunde y socava a la opinión pública. De modo que la respuesta a su pregunta es que deben tomarse medidas para contrarrestar la concentración de poder de los medios de comunicación de derecha, los cuales, particularmente en Latinoamérica, superan todo lo demás, denunció Chomsky, publicó el portal independiente Democracy Now.
Chomsky, quien cumplirá 90 años en diciembre, explicó que este es un periodo crucial en la historia de Brasil, y podría moverse hacia un declive permanente o convertirse en el coloso del sur que hace un siglo se preveía que sería, y que empezó a ser con el liderazgo de Lula, quien con la ayuda de personas como ustedes podrá nuevamente llevar a Brasil a la posición mundial que debería tener, indicó el lingüista a partidarios del ex líder metalúrgico y fundador del Partido de los Trabajadores (PT) congregados en la vigilia Lula Libre, instalada desde el 7 de abril enfrente de la prisión de Curitiba.
Es un periodo muy crítico de la historia brasileña, subrayó Chomsky, quien insistió en exaltar a Lula como una fuente de energía y comentó sobre la importante elección de octubre próximo para los brasileños, pues está en sus manos cambiar el rumbo de ese escenario.
Brasil elegirá a su próximo presidente el 7 de octubre, en unos comicios que prevén un polarizado duelo entre el ultraderechista Jair Bolsonaro y Fernando Haddad, designado por Lula para remplazarlo como candidato del PT.
Chomsky llegó la semana pasada a Brasil para participar en el seminario internacional Amenazas a la Democracia y al Orden Multipolar, organizado en Sao Paulo por la Fundación Perseu Abramo.
Lula fue condenado a 12 años de cárcel tras ser declarado culpable, sin haber presentado la fiscalía prueba alguna, de recibir un departamento de la constructora OAS, a cambio de su presunta mediación para obtener contratos en la estatal Petrobras.
Fuente: http://www.jornada.com.mx/2018/09/26/mundo/031n1mun

La sabiduría descartada de los fundadores de Estados Unidos


kenzocaspi.wordpress.com

La sabiduría descartada de los fundadores de Estados Unidos 

 

 

Author: kenzocaspi

http://theduran.com/the-discarded-wisdom-of-americas-founders/
La gran regla de conducta para nosotros con respecto a las naciones extranjeras es extender nuestras relaciones comerciales, para tener con ellas la menor conexión política posible.
17 de agosto de 2018 Por Eric Zuesse
Un buen ejemplo de la sabiduría descartada de los fundadores de Estados Unidos es la Discurso de Adiós de George Washington a la nación, entregado por él, no oralmente, sino únicamente en forma impresa, publicado en Filadelfia por American Daily Advertiser, de David C. Claypoole, el 19 de septiembre de 1796, y distribuido a la nación. El siguiente fragmento ampliado es la parte más famosa y está siendo violada abiertamente por el actual gobierno de EE. UU. y, por lo tanto, podría indicar la necesidad de una segunda Revolución Americana, esta para desconocer y echar fuera no a la aristocracia británica, sino a la aristocracia de Estados Unidos. Los Fundadores de América habían hecho todo lo que sabían hacer para conquistar la aristocracia británica, y encarnaban en nuestra Constitución todo lo que sabían para evitar que surgiera alguna aristocracia en esta nación; pero los Fundadores claramente habían fallado en esta su más querida esperanza, porque una aristocracia nacional estadounidense ha surgido aquí y ha destruido la democracia estadounidense, como temían los Fundadores de esta nación, y como Washington en este documento afirma efectivamente – y, por estas palabras, demuestra – haber sucedido (se han apoderado de este país, en y por sus dos Partes, y así tenemos aquí una crítica profunda y mordaz, ampollosa, del gobierno estadounidense de hoy):
Observar la buena fe y la justicia hacia todas las naciones; Cultive paz y armonía con todos. La religión y la moral impiden esta conducta; y puede ser,
esa buena política no lo ordena igualmente? Será digno de un ser libre, iluminado, y en un período no lejano, una gran nación, para dar a la humanidad el ejemplo magnánimo y demasiado novedoso de un pueblo siempre guiado por una justicia y una benevolencia exaltadas. ¿Quién puede dudar de que, en el transcurso del tiempo y de las cosas, los frutos de un plan de este tipo compensarían con creces cualquier ventaja temporal que pudiera perderse mediante una adhesión constante a ella? ¿Puede ser que la Providencia no haya conectado la felicidad permanente de una nación con su virtud? El experimento, al menos, es recomendado por cada sentimiento que ennoblece la naturaleza humana. ¡Ay! ¿se vuelve imposible por sus vicios?
En la ejecución de tal plan, nada es más esencial que las antipatías permanentes e inveteradas contra naciones particulares, y los apegos apasionados por otros, deberían ser excluidos; y que, en lugar de ellos, deberían cultivarse sentimientos justos y amistosos hacia todos. La nación que se entrega a otros un odio habitual o una afición habitual es en cierto grado un esclavo. Es esclavo de su animosidad o de su afecto, cualquiera de los cuales es suficiente para desviarlo de su deber y su interés. La antipatía en una nación contra otra predispone más fácilmente a insultar y herir, a aferrarse a causas leves de resentimiento y a ser altiva e intratable, cuando ocurren ocasiones accidentales o insignificantes de disputa. Por lo tanto, colisiones frecuentes, concursos obstinados, envenenados y sangrientos. La nación, impulsada por la mala voluntad y el resentimiento, a veces impulsa a la guerra al gobierno, al contrario de los mejores cálculos de política. El gobierno a veces participa de la propensión nacional y adopta a través de la pasión lo que la razón rechazaría; otras veces hace que la animosidad de la nación sea subordinada a proyectos de hostilidad instigados por el orgullo, la ambición, y otros motivos siniestros y perniciosos. La paz a menudo, a veces quizás la libertad, de las naciones, ha sido la víctima.
Del mismo modo, un apego apasionado de una nación por otra produce una variedad de males. Simpatía por la nación favorita, lo que facilita la ilusión de un interés común imaginario en los casos en que no existe un interés real real, e infundir en uno las enemistades del otro, traiciona al primero en una participación en las peleas y guerras de este último sin incentivo o justificación adecuados. Conduce también a concesiones a la nación favorita de privilegios negados a otros, lo que es doblemente perjudicial para la nación que hace las concesiones;  al separarse innecesariamente de lo que debería haber sido retenido, y al excitar los celos, la mala voluntad y la disposición a tomar represalias en las partes a quienes se les retienen los mismos privilegios. Y da a los ciudadanos ambiciosos, corruptos o engañados (que se dedican a la nación favorita) facilidad para traicionar o sacrificar los intereses de su propio país, sin odios, a veces incluso con popularidad; el dorado, con la apariencia de un virtuoso sentido de la obligación, una laudable deferencia por la opinión pública, o un celo loable por el bien público, la base o los necios cumplimientos de la ambición, la corrupción o el enamoramiento.
Como avenidas a la influencia extranjera en innumerables formas, tales apegos son particularmente alarmantes para el patriota verdaderamente ilustrado e independiente. ¿Cuántas oportunidades tienen para manipular las facciones domésticas, practicar las artes de la seducción, engañar a la opinión pública, influenciar o asombrar a los consejos públicos? Tal apego de una nación pequeña o débil hacia una nación grande y poderosa condena al primero a ser el satélite de este último.
Contra las insidiosas artimañas de la influencia extranjera (Te conjuro a creerme, conciudadanos) los celos de un pueblo libre deberían estar constantemente despiertos, ya que la historia y la experiencia prueban que la influencia extranjera es uno de los enemigos más nefastos del gobierno republicano. Pero que los celos sean útiles debe ser imparcial; de lo contrario, se convierte en el instrumento de la misma influencia que debe evitarse, en lugar de ser una defensa en su contra. La parcialidad excesiva para una nación extranjera y la aversión excesiva a otra causa que aquellos a quienes actúan vean el peligro solo en un lado, y sirvan para velar e incluso secundar las artes de influencia en el otro. Los verdaderos patriotas que pueden resistir las intrigas de los favoritos son susceptibles de ser sospechosos y odiosos, mientras que sus herramientas y estafadores usurpan el aplauso y la confianza de la gente, para rendir sus intereses.
La gran regla de conducta para nosotros con respecto a las naciones extranjeras es extender nuestras relaciones comerciales, para tener con ellas la menor conexión política posible. En la medida en que ya hemos formado compromisos, que se cumplan con perfecta buena fe. Aquí detengámonos. Europa tiene un conjunto de intereses primarios que para nosotros no tiene ninguno; o una relación muy remota. Por lo tanto, ella debe estar involucrada en frecuentes controversias, cuyas causas son esencialmente ajenas a nuestras preocupaciones. Por lo tanto, por lo tanto, debe ser imprudente en nosotros implicarnos mediante vínculos artificiales en las vicisitudes ordinarias de su política, o las combinaciones y colisiones ordinarias de sus amistades o enemistades.
Nuestra situación distante y distante nos invita y nos permite seguir un curso diferente. Si seguimos siendo un pueblo bajo un gobierno eficiente, el período no está lejos, cuando podemos desafiar una lesión material por molestia externa; cuando podemos adoptar una actitud que pueda neutralizar escrupulosamente la neutralidad que podamos en cualquier momento; cuando las naciones beligerantes, bajo la imposibilidad de hacer adquisiciones sobre nosotros, no amenacen ligeramente con provocarnos; cuando podemos elegir la paz o la guerra, como nuestro interés, guiado por la justicia, aconsejará.
¿Por qué renunciar a las ventajas de una situación tan peculiar? ¿Por qué dejar el nuestro para estar en terreno extraño? Por qué, al entretejer nuestro destino con el de cualquier parte de Europa, enredar nuestra paz y prosperidad en los trabajos de la ambición europea, la rivalidad, el interés, el humor o el capricho?
Es nuestra verdadera política alejarnos de las alianzas permanentes con cualquier parte del mundo exterior; hasta ahora, quiero decir, ya que estamos en libertad de hacerlo; porque no me dejen entender como capaz de condescendencia con la infidelidad de los compromisos existentes. Sostengo que la máxima no es aplicable a asuntos públicos sino a asuntos privados, que la honestidad es siempre la mejor política. Lo repito, por lo tanto, permita que esos compromisos sean observados en su sentido genuino. Pero, en mi opinión, es innecesario y no sería prudente extenderlos.
Cuidar siempre de mantenernos en establecimientos adecuados en una postura defensiva respetable, podemos confiar de forma segura en alianzas temporales para emergencias extraordinarias.
La armonía, las relaciones liberales con todas las naciones, son recomendadas por política, humanidad e interés. Pero incluso nuestra política comercial debe tener una mano igual e imparcial; ni buscar ni conceder favores o preferencias exclusivas; consultar el curso natural de las cosas; difundir y diversificar suavemente significa las corrientes de comercio, pero no forzar nada; establecer (con poderes así dispuestos, para dar un curso estable, definir los derechos de nuestros comerciantes y permitir que el gobierno los apoye) reglas convencionales del coito, lo mejor que las circunstancias actuales y la opinión mutua permitirán, pero temporal, y susceptible de ser abandonado o variado de vez en cuando, según lo dicten la experiencia y las circunstancias; constantemente teniendo en cuenta que es una locura en una nación buscar favores desinteresados ​​de otra; que debe pagar con una parte de su independencia por lo que pueda aceptar bajo ese carácter; que, por tal aceptación, puede colocarse en la condición de haber dado equivalentes para favores nominales y, sin embargo, de ser reprochado con ingratitud por no dar más. No puede haber un error mayor que esperar o calcular sobre favores reales de una nación a otra. Es una ilusión, que la experiencia debe curar, que un orgullo justo debería descartar.

El historiador investigador Eric Zuesse es el autor, el más reciente, de They’re Not Even Close: The Democratic vs. Republican Economic Records, 1910-2010, y de los VENTRILOQUISTS de CRISTO: El evento que creó el cristianismo.

Lauren Southern y la rebelión de los 'millennials'


disidentia.com

Lauren Southern y la rebelión de los 'millennials'

 

 

Francisco José Contreras

Lauren Southern es una de las portavoces del brillante grupo de veinteañeros y treintañeros airados (Milo Yiannopoulos, Ben Shapiro, Lindsay Shepherd, Agustín Laje, etc.) que están desafiando la hegemonía cultural de la izquierda neomarxista y dando forma a un nuevo paradigma liberal-conservador. No los llamaremos “neo-neoconservadores”, pues precisamente una de sus singularidades es el enérgico ajuste de cuentas con lo que en su momento representaron los Kristol (padre e hijo), Podhoretz, Glazer o Kagan, acusados de universalismo ingenuo y de infravalorar las diferencias entre civilizaciones.
Con sólo 23 años, Southern ha dado forma a su visión del mundo en un breve ensayo que pretende ser un manifiesto generacional: Barbarians: How Baby Boomers, Immigrants and Islam Screwed My Generation. Y es un alegato poderoso. Contiene una denuncia contra la promoción actualmente a los mandos de la sociedad occidental: los baby boomers nacidos entre 1945 y 1970. Se nos acusa de haber dilapidado la herencia de nuestros padres y haber dejado a los millennials un paisaje cultural devastado.
Cuando habla en las universidades, Southern, igual que Yiannopoulos o Shapiro, tiene que hacerlo protegida por un cordón policial que mantenga alejados a los “antifas”
No es que la autora sea complaciente con su propia generación: reconoce que sus pares son ignorantes, irresponsables, hiperemotivos, poco inclinados al pensamiento crítico, dogmáticos, intolerantes (cuando habla en las universidades, Southern, igual que Yiannopoulos o Shapiro, tiene que hacerlo protegida por un cordón policial que mantenga alejados a los “antifas”)… Pero ellos han sido modelados así por los boomers. Son sus profesores de 45 a 70 años los que les han enseñado a despreciar su propia cultura, que siempre fue excluyente, racista, explotadora y heteronormativa.
En las aulas canadienses, los profesores de “justicia social” (existe la asignatura) dividen a los alumnos en “privilegiados” y “no privilegiados”, y piden a los primeros que hagan la lista de sus privilegios. La historia nacional es cada vez más escamoteada a los escolares, y se la sustituye por las “historias silenciadas” de afroamericanos, nativo-americanos, mujeres, homosexuales e inmigrantes. “Cuando salí del instituto, no era capaz de contar la historia o siquiera los nombres de las gentes que colonizaron Norteamérica, pero podía dar una conferencia sobre los pueblos nativos a los que injustamente desplazaron”. Shakespeare, Coleridge o Poe tuvieron que empequeñecerse para dejar sitio a genios olvidados de las razas oprimidas y el sexo femenino.
La generación ‘boomer’ renegó de la de sus padres y escupió sobre el legado recibido
Los nacidos en Occidente en las dos décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial se beneficiaron del milagro económico, la universalización de la enseñanza, la consolidación de las libertades, la paz definitiva… En lugar de valorar y transmitir todo ello, la generación boomer renegó de la de sus padres y escupió sobre el legado recibido.
Tal era, en efecto, el mensaje de la “nueva izquierda” de los 60-70: que el Occidente libre y exitoso de la segunda posguerra era en realidad opresivo, excluyente, castrante. La libertad aparente encubría una realidad de esclavitud consumista, discriminación racial, sumisión de las mujeres, represión sexual… Una generación de desenmascaradores -vacunados contra la falsa conciencia y la microfísica del poder por Althusser, Foucault, Marcuse o Derrida- se hizo con puestos clave de la cultura y los resortes de la educación. La deconstrucción, la sospecha, la autocrítica civilizacional llevada hasta la autodenigración, permearon los programas de enseñanza.
Los educadores progres, además, no necesitaban contrastar sus teorías con la realidad social: eran y son “tenured hippies”, acomodados vitaliciamente en plazas de funcionario. “Sólo en el confort de un ambiente aislado de la competición por la plaza en propiedad, y protegido de la realidad por un ejército de administradores, podían prosperar este tipo de ideas”. El gobernante socialista tiene que someter sus teorías al test de la realidad, que le pasa factura en forma de ruina (vid. Venezuela o Nicaragua); el “socialista de cátedra”, en cambio, puede lavar impunemente el cerebro de miles de estudiantes indefensos durante medio siglo.
Además de enseñar a los millennials a despreciar su propia sociedad, los boomers también abrieron las puertas de Occidente a la inmigración masiva, en nombre de la diversidad y la inclusión. Los progresistas que denigraban a Occidente como racista, machista y homófobo no encontraron mejor remedio para la enfermedad que la importación de millones de personas procedentes de países en los que la mujer es poco más que un animal, los homosexuales son colgados de las grúas y los odios tribal-raciales degeneran a menudo en escabechina.
Los “tenured radicals” podían pontificar sobre las virtudes del multiculturalismo desde la seguridad de sus urbanizaciones protegidas por vallas
Los “tenured radicals” podían pontificar sobre las virtudes del multiculturalismo desde la seguridad de sus urbanizaciones protegidas por vallas. Los perdedores fueron los trabajadores a los que decían defender, obligados a competir con los inmigrantes por los puestos de trabajo menos cualificados y a compartir el hábitat urbano con recién llegados poco admiradores de la cultura occidental (aunque sí de sus servicios públicos y subsidios sociales).
Precisamente, la otra acusación que lanza Southern a la generación boomer es la de haber inflado los “derechos sociales” y el Estado asistencial más allá de lo sostenible. Como, además, nos olvidamos de perpetuar la especie –estábamos demasiado ocupados cambiando de pareja y disfrutando la vida- las sociedades occidentales se enfrentan ahora a un futuro sombrío de deuda pública asfixiante e insostenibilidad de las pensiones. Todo ello se derrumbará sobre los millennials: los boomers morirán justo a tiempo de no tener que presenciar el final. Habrán hecho un negocio histórico redondo: Estado-niñera de la cuna a la tumba, libertad amorosa incompatible con la formación de familias estables, muy pocos hijos… todo a ello a expensas de la siguiente generación.
El libro de Southern no se queda en la lamentación, pues también propone recetas para la rectificación. La primera es quitarles a los progres los resortes de la cultura; hay que ganarles definitivamente la batalla intelectual (de hecho, están a la defensiva, y por eso intentan cerrar los debates mediante la censura, con la excusa del “discurso de odio”). La inmigración masiva debe ser detenida: ello no implica necesariamente la inmigración cero, pero sí la afirmación del derecho de cada nación a seleccionar cuantitativa y cualitativamente (es decir, procedencia geográfico-cultural y grado de formación) la inmigración deseada: “Tenemos que empezar por construir muros… aunque sea para añadirles puertas después”. Los jóvenes deben desechar la ética sexual permisiva y volver a las relaciones sólidas, la estabilidad familiar, la procreación generosa. Los servicios estatales tendrán que ser muy recortados, y la responsabilidad individual reaprendida.
Southern cree que todo eso sólo puede resultar factible a escala nacional: rechaza, pues, la consabida demonización del nacionalismo como sinónimo de odio y guerras. Sí, el nacionalismo exacerbado llevó a las dos guerras mundiales… pero en los dos siglos anteriores había impulsado la cristalización de los Estados-nación que protagonizaron el periodo más brillante de la historia occidental. Por lo demás, no queda claro que se refiera sólo a las naciones clásicas: en algún momento, Southern se refiere al conjunto de Occidente como una (meta)nación y habla de un “pannacionalismo occidental”.
Todo un horizonte de esperanza liberal-conservadora para jóvenes. A mí me coge ya un poco mayor.
Foto: Priscilla Du Preez