Pocos debates políticos mantienen a una población tan perfectamente
dividida como el de la permanencia o no de Reino Unido en la UE, que se
decidirá en menos de una semana. La discusión sobre si seguir siendo o
no uno de sus 28 miembros, cohesionados en su día tras la segunda Gran
Guerra y bajo la premisa de que una unión política y económica evitaría
una posible nueva contienda, es más intensa y reñida que nunca. Mientras
los
sondeos dan una ligera ventaja a los partidarios del
leave,
el ascenso de los enfrentamientos
–llevado al extremo ayer con el ataque con disparos a la diputada
laborista Jo Cox en pleno acto contra el Brexit, resultando con la
muerte de la parlamentaria, al grito de “
Britan first!”– ha llevado a ambos “bandos” a detener la campaña.
Pero
¿por qué abandonar la UE? Fue el propio presidente Cameron, aunque
defensor de la permanencia, quien prometió este referéndum en 2013 en
caso de ganar las elecciones de 2015 para calmar las presiones de parte
de su propio partido y de la extrema derecha, vigorosos defensores de la
salida. Los británicos,
célebres euroescépticos,
quienes siempre han considerado que su país da a la UE más de lo que
recibe, se expresarán en una papeleta la próxima semana mientras la
página YouGov ofrece datos significativos, como que sólo el 20% de los
británicos menores de 25 años quieren salir de la UE (mientras que la
cifra se eleva al 56% entre los mayores de 65).
La campaña oficial del Brexit,
“Vote leave”,
da varias razones para apostar por la salida europea: por ejemplo,
evitar que la UE tome control de las fronteras, impedir la crisis del
euro o que los inmigrantes colapsen el sistema sanitario. Hasta que
llegue el momento de las urnas, tanto en prensa y televisiones como en
la calle los argumentos en contra o a favor traen a debate asuntos como
el mercado único y la libra, la inmigración, los derechos humanos o la
solidaridad entre naciones.
A favor del libre mercado, contra la libertad de movimiento
El partido conservador de los
tories apoyó
en el pasado, de forma entusiasta, la permanencia en la Unión Europea
como una gran oportunidad de mercado. Sin embargo, en la actualidad, el
plan perfecto para muchos políticos conservadores defensores del Brexit,
como Boris Johnson o Michael Gove, es que Reino Unido salga de la UE
pero que permanezca, al mismo tiempo, en el mercado europeo. Aquellos
que defienden el libre mercado
sostienen que Bruselas impone demasiadas normas
sobre el Reino Unido, y, mientras que muchos líderes empresariales
prefieren conservar las relaciones con otros países vecinos para
proteger las exportaciones y el crecimiento, otros opinan lo contrario.
Paralelamente
se debate el asunto migratorio, tema clave de la campaña, en un país
cuya potente economía ha hecho que la llegada de miles de buscadores de
empleo de todo el planeta se multiplique desde 2012. Los problemas de
dicha inmigración (como la bajada de salarios debido a la mano de obra
barata) y
el temor que en la ciudadanía inspiran han
sido sobradamente utilizados al estilo Le Pen o Trump por los partidos
ultraderechistas. Para muchos de ellos, tanto el distanciamiento con
Bruselas como el control de las fronteras son dos piedras angulares (si
no las únicas) en su discurso propagandístico, que achaca gran parte de
los problemas británicos a la inmigración y critica las leyes europeas
de “libertad de movimiento”.
“Necesitamos tomar el control de nuestras fronteras, dejar de dar ayudas a los inmigrantes”
Entre
ellos, el más influyente es el partido por la Independencia de Reino
Unido, UKIP, cuyo desorbitado protagonismo en los últimos años ha
forzado a los conservadores a inclinarse hacia el euroescepticismo y
cuyo líder, Nigel Farage, llama a hacer del día 23
“el día de la independencia”. “No
se trata de racismo”, dice uno de sus seguidores. “El país está
perdiendo su identidad, cultura y soberanía. Necesitamos salir antes de
que el buque de la UE se hunda”.
Otro agrega: “Yo dejaría
encantado que me quitaran parte de mi salario con tal de salir de esta
UE podrida y corrupta. Los líderes no electos no tienen ni idea de cómo
solucionar el mayor problema que afrontamos hoy: la inmigración.
Necesitamos tomar el control de nuestras fronteras, dejar de dar ayudas a
los inmigrantes. Nos vamos a pique si no luchamos contra esta
invasión”. En la misma línea del discurso del odio, la campaña llevada a
cabo por Vote Leave y el grupo Leave.EU ha sido
acusada de racista al asociar delincuencia con inmigración y compartir un vídeo de una mujer violada por hombres de piel oscura.
Mientras
tanto, hay instituciones políticas británicas que se muestran
comprometidas con la permanencia: entre ellas, el Partido Liberal y los
laboristas (entre ellos, la diputada asesinada, y cuyo líder, Jeremy
Corbyn, ya advirtió de los “riesgos” del distanciamiento con Bruselas),
contando además con el apoyo de los sindicatos. La comunidad
internacional no ha perdido ocasión para pronunciarse sobre el
trascendental referéndum:
Bruselas entiende que saldría perdiendo sin Reino Unido, y todos los líderes europeos claman por la permanencia o Brestay.
Por
otro lado, las comunidades que han luchado por su propia separación
durante décadas no han perdido ocasión de posicionarse. Los
independentistas escoceses
piden el voto por la permanencia pero ya han advertido de que un Brexit
aprobado contra su voluntad desembocará en un nuevo referéndum por su
propia independencia. En consecuencia, analistas como David Mathieson
opinan que “probablemente la salida de la UE tendría como consecuencia
la desintegración de Reino Unido”.
La izquierda, por una Europa unida y solidaria
En las voces más progresistas hay tendencia a la permanencia, aunque a veces sea vista como
el menor de dos males. Ese escepticismo lo muestra el periodista
Georges Monbiot,
que opina que aunque las directrices europeas no sean ideales, sin
ellas “podemos despedirnos de la protección a nuestro medio ambiente,
nuestra salud, condiciones laborales y, quizá un día, nuestros derechos
fundamentales”.
Algo más de entusiasmo exhibe el periodista Owen Jones, quien, si bien en su día llamó a una campaña por el Brexit desde su
columna en The Guardian, se
muestra ahora más partidario de la permanencia y, de hecho, ha realizado la campaña Another Europe is Possible,
que aspira a unir a la ciudadanía europea “sobre la base del
descarrilamiento del TTIP por la presión popular en toda Europa” y
aprovechando “el ascenso de movimientos como Podemos en España, que
busca desafiar el programa de recortes y privatizaciones que se ha
impuesto en todo el continente."
También comparte criterios y
colabora en la campaña el exministro de Finanzas griego Yanis
Varoufakis. Este político cree que un escenario en el que Reino Unido
salga de la Unión Europea y continúe, al mismo tiempo, en el mercado
europeo, como defienden algunos conservadores, supondría
“el peor de los mundos”, y
aboga por crear una Europa de alianzas entre partidos progresistas.
Otros creen que la actitud escéptica hacia la UE no es más que un
reflejo del descontento no ya de las élites políticas, sino ciudadanas:
voces que tratan, en definitiva, de encontrar la solidaridad
internacional en medio de la división y la violencia.
Es difícil
aún saber cómo afectará a los extranjeros residentes en Reino Unido
–entre ellos alrededor de 200.000 españoles–. Entre las medidas que
Cameron y las élites políticas estudian implementar si el país se
“independiza”, destinadas claramente a frenar la inmigración, está el
recorte a los beneficios sociales de los trabajadores comunitarios residentes en UK.