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¿Quién
tiene la auctoritas para poner en suspensión a la potestas? Dussel
responde: “Nosotros querríamos llamar la atención sobre una necesaria
atribución diversa de la auctoritas. Se debe pasar de un actor
individual que tiene autoridad (como momento del ejercicio institucional
del poder, como potestas) a un actor colectivo: la comunidad política o
el pueblo mismo”. Cuando la decisión corresponde a un actor individual,
hablamos de la declaratoria de un estado de excepción. Cuando es la
comunidad política o la potentia quien decide (“nombrando nuevos
representantes, dictando nuevas leyes o convocando a una nueva Asamblea
constituyente”), se trata de un estado de rebelión (1). Pero ¿qué sucede
cuando quienes deciden poner en suspensión a la potestas son poderes
fácticos, fuerzas que ejercen un poder que nadie les delegó, que
gobiernan sobre nuestras vidas al margen de nuestra voluntad?
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En
Venezuela, estos poderes fácticos han impuesto un estado de excepción
de hecho. La actual ofensiva inició en 2012. Cuando en agosto de 2015 el
presidente Maduro decretó el estado de excepción en los municipios
fronterizos (2) y luego en mayo de 2016 el estado de excepción y
emergencia económica (3), no hizo más que reconocer una situación de
facto, procediendo conforme a sus atribuciones constitucionales
(artículos 337, 338 y 339).
3
La improbable y nada heroica
“resistencia” contra la democracia venezolana es el correlato callejero,
muy cercano a la antipolítica, de un oxímoron jurídico y político: la
activación de un 350 oligárquico (4). La “resistencia” es hija de la
“rebelión” oligárquica.
4
Este estado de excepción de hecho
es la resultante de la rebelión de las fuerzas económicas que controlan
el mercado. Pasqualina Curcio ha identificado sus dos principales
estrategias: “inflación inducida a través de la manipulación del tipo de
cambio en el mercado paralelo e ilegal” y “desabastecimiento programado
mediante la manipulación de los mecanismos de distribución de bienes
esenciales para la vida” (5). A esto se le suma el “bloqueo financiero
internacional” (6), en el que la Asamblea Nacional ha desempeñado un
papel muy activo (7). Además, estas fuerzas han logrado avanzar en la
liberalización de la economía de facto, que se expresa fundamentalmente
en el abierto desconocimiento de los controles estatales en materia de
precios de los alimentos.
5
En el campo político, esta
rebelión de las fuerzas económicas trae como consecuencia una progresiva
desciudadanización (pérdida de derechos o creciente dificultad para su
pleno ejercicio y disfrute, en particular de los derechos económicos) y
un repliegue popular de la política. En la medida en que el chavismo no
es capaz de politizar la rabia legítima de quienes padecen la
desciudadanización, se hace más grande la oportunidad del antichavismo
para despolitizar el conflicto, promoviendo la movilización a través del
miedo: ya no el miedo raigal de las elites frente a la “barbarie”
chavista, sino el miedo a perderlo todo de quienes salieron de la
pobreza en tiempos de Chávez. Por lo pronto, ha prevalecido la
desmovilización y el hartazgo de parte importante de la población.
6
Discutir
sobre estos asuntos en abstracto es algo que también se decide. En
concreto: la potestas expresada en forma de Estado moderno metropolitano
con vocación imperial no puede ser equivalente a la potestas expresada
en los Estados periféricos, ya sea subordinados o rebelados contra la
metrópoli imperial. Cuando Chávez asume el Gobierno en 1999, el
venezolano es todavía un Estado subordinado. Entonces, el pueblo
movilizado convoca a Constituyente y refunda la República. Pronto, esta
refundación asume la forma de una rebelión contra el statu quo global.
En 2017 la situación es distinta: la República está en serio riesgo, que
aumenta con el repliegue popular de la política. En este contexto, la
convocatoria a Constituyente tiene como propósito inmediato la defensa
de la República, y significa al mismo tiempo un llamamiento a la
movilización popular.
7
Este estado de excepción de hecho se
da en un contexto de estado de excepción permanente a escala global. En
1940, en pleno auge del fascismo, Walter Benjamin escribía: “La
tradición de los oprimidos nos enseña que «el estado de excepción» en
que vivimos es la regla”. En 2009 Daniel Bensaïd actualizaba el
análisis: “Cuando, poco después del 11 de septiembre de 2001, George W.
Bush declaró una guerra total al terrorismo internacional, impuso en el
mundo el régimen de excepción permanente. En abierta oposición a los que
proclaman la decadencia de la soberanía, afirmaba así una soberanía
imperial mundializada, con total desprecio de las instituciones y el
derecho internacional vigentes. Esta dilatación espacial y temporal de
la excepción contradice su principio de limitación, y logra invertir su
relación con la regla expuesta por Benjamin en su octava tesis sobre el
concepto de historia. Sin duda sería más exacto decir que la excepción y
la regla se mezclan y se confunden inextricablemente. De esta confusión
surgen las figuras aún imprecisas de futuros totalitarismos” (8). En
adelante, caracterizaba este régimen de excepción permanente: “Ilimitada
en el tiempo y el espacio, la cruzada del Bien contra el Mal predicada
por George W. Bush ha proporcionado el marco para esta trivialización de
la excepción, que generaliza a escala mundial una suerte de ley sobre
los sospechosos. Su lógica llega al extremo de considerar al enemigo la
encarnación del Mal absoluto y excluirlo de la especie humana (…) La
guerra global introduce así subrepticiamente una nueva concepción del
derecho. Abre el camino a la rehabilitación de la tortura y a la
desterritorialización de prisiones clandestinas sustraídas a toda
jurisdicción (…) Establecimientos de zonas «extrajudiciales», control
reforzado de zonas declaradas «vulnerables», prevención de riesgos,
legislaciones antiterroristas, vigilancia generalizada, controles
arbitrarios: desde los atentados de Manhattan, los discursos oficiales
sobre la «seguridad global» han cambiado aceleradamente de tono. El
derecho a la seguridad ya no se invoca como condición de la libertad,
sino en referencia a la amenaza terrorista. La seguridad se vuelve así
una categoría autónoma que subordina los derechos civiles a la razón de
Estado (…) En las situaciones extremas, se supone que el estado de
excepción establece una zona gris de transición en la que, por más que
la ley siga vigente, se suspende su aplicación” (9).
8
Hija
de la “rebelión” oligárquica, la “resistencia” cierra el círculo del
estado de excepción que se nos ha impuesto. En mayor o menor medida,
todas las características que exponía Bensaïd están presentes: cruzada
del Bien contra el Mal, que encarnan con elocuente patetismo los jóvenes
“templarios”, con su indumentaria cuasi medieval aderezada con gadgets o
implementos de última generación (lentes, guantes, máscaras antigases,
cámaras fotográficas); la absoluta deshumanización del adversario, que
se expresa de múltiples formas: lenguaje escatológico (“narco corrupta
cúpula”), crímenes de odio (linchamientos, ejecuciones), amenazas
veladas o expresas a partidarios del chavismo o “sospechosos” de serlo;
territorios en los que se suspende la aplicación de la ley, con la
anuencia de las autoridades regionales o locales, y en los que se impone
el terror, se amedrenta, se agrede violentamente e incluso se asesina a
quienes desean hacer su vida normal (transitar libremente, abrir sus
comercios, acudir a los establecimientos comerciales, trabajar,
estudiar, llevar a sus hijos e hijas a la escuela, entretenerse,
ejercitarse, etc.). La “seguridad” impuesta en estos territorios
anticipa el tipo de seguridad y, más allá, de sociabilidad que
impondrían estas fuerzas a toda la sociedad en caso de hacerse con el
control total del Estado.
9
Este estado de excepción de
hecho es impuesto por fuerzas económicas y políticas, imperiales y
cipayas, que incluso llegan a manifestar que están actuando en defensa
de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, cuando en
realidad están haciendo todo lo posible por suspender su aplicación.
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Las
fuerzas partidarias de este estado de excepción de hecho estimulan la
despolitización del conflicto. Incluso en el caso de linchamientos o
ejecuciones, los victimarios no reconocen que están actuando contra
negros y pobres, sino contra delincuentes, chavistas o, más
recientemente, “infiltrados”. Absolutamente coherente con la
deshumanización del chavismo, se le niega su origen de clase popular. El
uso y abuso de un lenguaje escatológico, soez, es parte importante de
esta operación. La eficacia simbólica de expresiones del tipo “narco
cúpula corrupta” no viene dada por lo que devela, sino por lo que
oculta: al chavismo en tanto sujeto político popular. Si aquel lenguaje
es el punto de referencia, el chavismo ya solo puede aparecer como
“cómplice” de una clase política corrompida, y esa misma complicidad lo
anula como sujeto político. Cuando el antichavismo más virulento ejerce
presión social (valga el eufemismo) y conmina al chavista a renegar de
su filiación política, lo que está induciendo realmente es el
desclasamiento. La tragedia de los renegados y desclasados consiste en
que, al margen de las razones de mayor o menor peso que puedan tener
para cuestionar la identidad política, terminan favoreciendo los
intereses de clase de quienes imponen este estado de excepción de hecho.
11
Escribía
Daniel Bensaïd sobre los orígenes del totalitarismo moderno: “mientras
que las clases dominantes, ocupadas en la gestión privada de sus
asuntos, no habían tenido mucho interés en gobernar directamente
(contentándose con negociar con la casta gobernante y la burocracia
administrativa), «los hombres de negocios» se convierten ahora en
políticos. Luego, con la aparición de «funcionarios» de la violencia en
las guerras coloniales, esta violencia se administra y se burocratiza.
Finalmente, la multitud anómica, compuesta por los restos de todas las
clases, ya no forma ni un pueblo ni una clase, sino que, en relación de
ósmosis con el capital, pasa a ser la materia prima de los
totalitarismos”. Más adelante, siguiendo a Carl Schmitt, se refería a la
“disolución de la política en lo humanitario” y sus peligrosas
implicaciones: “Para Schmitt, elevar la humanidad a la condición de
instancia suprema del derecho es el complemento lógico del
individualismo ético. La política ordinaria instrumentaliza su
universalidad abstracta por medio de una «impostura universal». Surge
entonces «la posibilidad de una aterradora expansión y de un
imperialismo asesino». Eso es lo que consiguen ante nuestros ojos la
reivindicación de la injerencia humanitaria (donde el deber – moral –
sustituye subrepticiamente al «derecho» jurídico) y la proclamación de
una guerra ética presentada como cruzada: «Cuando un Estado combate a su
enemigo político en nombre de la humanidad, no es a una guerra de la
humanidad» a lo que se asiste, sino a un trastrocamiento del concepto de
universal. La invocación a la humanidad como legislador supremo
demuestra ser «instrumento ideológico particularmente útil a las
expansiones imperialistas». Bajo su forma ética y humanitaria, la guerra
se convierte en «un vehículo del imperialismo económico» que «niega al
enemigo su condición humana», lo declara «fuera de la ley y de la
humanidad» y lleva su propia lógica «a los límites de lo inhumano». No
es de extrañar que este enemigo, excluido de la especie, sea
regularmente objeto de un discurso de bestialización y de actividades
secretas diversas. Por un siniestro juego de espejos, la despolitización
del conflicto produce a cambio una despolitización de la «víctima
humanitaria». Negada como actor político, se ve reducida a la desnudez
pasiva de los cuerpos sufrientes y martirizados” (10).
12
Toda
la retórica sobre la “crisis humanitaria” en Venezuela es funcional a
la avanzada imperialista. Tanto la “bestialización” del pueblo chavista
como su reducción a la condición de “víctima humanitaria” es
consustancial al metarrelato antichavista (11). Son muy frecuentes las
expresiones de falso horror respecto del hecho cierto de que han
“reaparecido” las personas que comen de la basura en las calles. Pero
este falso horror se disipa cuando la “resistencia” arma a niños y
jóvenes en situación de calle para luchar contra el “régimen”.
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Cierta
intelectualidad de izquierda ha manifestado que “la situación de
violencia en la que está sumida Venezuela tiene orígenes complejos y
compartidos”, pero que “esta dinámica arrancó con el desconocimiento por
parte del ejecutivo de otras ramas del poder (la Asamblea Legislativa)
donde la oposición hoy cuenta con la mayoría, luego del triunfo en las
elecciones de diciembre de 2015” (12). Que cada quien asuma la
responsabilidad de las palabras que decide, soberanamente, emplear o
suscribir. Puesto que “esta dinámica arrancó” con la rebelión de las
fuerzas económicas que controlan el mercado, en 2012 (13), y la actual
“situación de violencia” tiene su antecedente inmediato en la oleada de
violencia antichavista entre febrero y junio de 2014, que dejó un saldo
de cuarenta y tres víctimas mortales, y que inició apenas dos meses
después de las últimas elecciones municipales, diez meses después de las
últimas elecciones presidenciales y trece meses después de las últimas
elecciones regionales, contiendas electorales todas en las que resultó
vencedor el chavismo (14). Hoy vuelve a resonar lo que planteaba Walter
Benjamin en su séptima tesis sobre el concepto de historia: “La empatía
con el vencedor resulta siempre ventajosa para los dominadores de cada
momento”. Se puede seguir hablando de “polarización”, pero el dilema
sigue siendo: o se tiene empatía con el vencedor o se cepilla la
historia a contrapelo.
14
En Táchira, estado fronterizo con
Colombia, un fuerte militar es asediado violentamente, a tal punto que
los atacantes exigen a los mandos militares entregar la plaza. El tiempo
se acaba y el apoyo no llega: un contingente militar equipado con
bombas lacrimógenas. ¿Abrir fuego o entregar la plaza? El militar al
mando del fuerte no entregará la plaza. Las circunstancias lo obligan a
emplear las armas. Pero se niega. Elabora un plan: ordena a los soldados
bajo su mando lanzar piedras a los atacantes, para disuadirlos. No lo
logra, pero gana algo de tiempo. Hasta que el apoyo llega. Entonces,
dispersan a los atacantes. Piedras en lugar de balas.
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Obligados
como estamos a identificar y reconocer los errores y miserias del
chavismo, las agudas tensiones que le atraviesan, no podemos permitirnos
dejar de volver sobre aquel episodio en Táchira. Incluso en la
situación límite que supone un estado de excepción de hecho, es preciso
evitar la violencia a toda costa. Evitarla, pero sobre todo derrotarla.
Para decirlo con Dussel: solo el poder del pueblo, en tanto que
hiperpotentia, puede ser capaz de suspender el estado de excepción (15).
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La
Asamblea Nacional Constituyente no tiene como propósito suspender la
potestas, sino poner en suspenso el estado de excepción de hecho. Votos
en lugar de balas. Tiene que ser una herramienta para la defensa de la
República, pero sobre todo para radicalizar la democracia, para
repolitizar el conflicto.
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Referencias
(1) Enrique Dussel. Política de la liberación. Volumen II. Arquitectónica. Editorial Trotta. Madrid, España. 2009. Pág. 64.
(2) Maduro decreta el estado de excepción en la frontera con Colombia: Se cierra “hasta nuevo aviso”. 21 de agosto de 2015.
http://albaciudad.org/2015/08/maduro-decreta-el-estado-de-excepcion-en-la-frontera-con-colombia-por-60-dias/
(3) Alba Ciudad. Conozca el Decreto de Estado de Excepción y Emergencia
Económica firmado por el Presidente Maduro este 13 de mayo. 14 de mayo
de 2016.
http://albaciudad.org/2016/05/decreto-estado-excepcion-estado-emergencia-mayo-2016/
(4) Artículo 350 de la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela: “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a
su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá
cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores,
principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”.
La activación del 350 constitucional ha sido una demanda de las líneas
de fuerzas más conservadoras y violentas del antichavismo desde los
primeros años de revolución bolivariana.
(5) Reinaldo Iturriza López. Chavismo y revolución. ¿Qué pasa en Venezuela? 29 de agosto de 2016.
https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2016/08/29/chavismo-y-revolucion-que-pasa-en-venezuela/
(6) Pasqualina Curcio. El bloqueo financiero internacional. Otra arma
de guerra contra el pueblo venezolano. 10 de diciembre de 2016.
http://www.15yultimo.com/2016/12/10/el-bloqueo-financiero-internacional-otra-arma-de-guerra-contra-el-pueblo-venezolano/ (7) Víctor Salmerón. Cómo la crisis institucional dificulta el financiamiento en dólares de Venezuela. 27 de abril de 2017.
http://prodavinci.com/blogs/la-crisis-institucional-agravara-el-deficit-de-dolares-en-venezuela-por-victor-salmeron/ (8) Daniel Bensaïd. Elogio de la política profana. Península. Barcelona, España. 2009. Págs. 54-55.
(9) Daniel Bensaïd. Ibídem. Págs. 59-60, 65, 74.
(10) Daniel Bensaïd. Ibídem. Págs. 81-82, 84.
(11) Reinaldo Iturriza López. Los desafíos de abril: las tareas del chavismo. 24 de abril de 2017.
https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2017/04/24/los-desafios-de-abril-las-tareas-del-chavismo/ (12) Impulsan “Llamado internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela”. 28 de mayo de 2017.
https://www.aporrea.org/venezuelaexterior/n309161.html (13) Reinaldo Iturriza López. Chavismo y revolución. Qué pasa en Venezuela. 29 de agosto de 2016.
https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2016/08/29/chavismo-y-revolucion-que-pasa-en-venezuela/ (14) Reinaldo Iturriza López. Constituyente. 20 de mayo de 2017.
https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2017/05/20/constituyente/ (15) Enrique Dussel. 20 tesis de política. Fundación Editorial El perro y la rana. Caracas, Venezuela. 2010. Págs. 108-110.
www.dariovive.org