sábado, 15 de diciembre de 2018

¿Cómo comprender Rusia a inicios del Siglo XXI?

¿Cómo comprender Rusia a inicios del Siglo XXI?


En el campo hace falta agitarse para saber la hora; el estómago es nuestro mejor reloj
A S Pushkin
Rusia es el país más grande del mundo; la frase como tal encierra preguntas alrededor de cómo se construyó esta nación. Las múltiples herencias que conserva son parte de un pasado activo, reflejo de guerras internas y externas, lo mismo frente a tátaros, mongoles que a los alemanes o cosacos; confrontaciones en distintos tiempos y espacios que confirman el ser ruso contemporáneo.
Las presentes líneas tienen la intención de mostrar ejes de comprensión de un país que en su nombre se lee la historia universal; el mundo hoy no se explica sin la participación rusa; León Tolstoi, por ejemplo revoluciona a través de la literatura el tema de la guerra, al momento en que la documenta y convierte un momento en una referencia permanente; es decir, el concepto Crimea -elemento central de la geopolítica de su época- no pierde vigencia; como no pierde vigencia la necesidad de crecimiento territorial de este país.
Para muestra un ejemplo de su cultura, de forma segura se conoce a la muñeca tradicional rusa nombrada «Matrioshka» ¿se sabe algo de ella? ¡Seguro que sí! Aunque no está de más confirmar uno de los significados que se le da: es necesario para que funcione, ésta sea un regalo, en primera instancia se habla de la generosidad eslava; pero esta generosidad implica que por cada una de las muñecas que se integran al interior se conserve un deseo. Una vez que se tiene el regalo, se forman las muñecas y se pide un deseo por cada una de ellas, al momento en que se van cumpliendo los deseos, se coloca la muñeca más chica al interior de una más grande y así de manera sucesiva, hasta que la mayor conserva y protege a todas. Entre más grande más protección, menos riesgo.
¿Qué pasa si la concepción de la Matrioshka se traslada a la visión espacial rusa? se comprende entonces que entre más grande sea el territorio, es más fácil conservar las aspiraciones de sus habitantes, evitando así los riesgos que implica un Estado de dimensiones pequeñas, que para ellos sería difícil de proteger. De esta manera, el expansionismo ruso se comprende desde una visión cultural que ya fue capaz de dimensionar dos conceptos: el de Europa y el de Eurasia. La pregunta es que si en términos reales ¿Europa termina en los Pirineos o en Vladivostok?
Es una pregunta un tanto engañosa si se permite. Esto se explica porque habrá que entender tres momentos para explicar a Rusia en el siglo XXI, el primero es el tiempo ruso, la frase inicial de Alexandr Sergueievich Pushkin es importante para profundizar en líneas siguientes al respecto; el segundo momento es el espacio, tal y como el ejemplo de la Matrioshka ha servido como introducción; y el tercer momento es el pensamiento, mismo que implica una complejidad que alberga a pensadores como Tolstoi, Lenin, Pasternak, Duguin, Dostoyevski, Trotsky, entre muchos más.

El espacio ruso

Es necesario sin duda acercarse a los rusos desde su cultura, desde su idioma, lo que permite involucrar un contexto amplio que envuelve una cosmovisión que prioriza la relación sujeto-espacio. En este sentido da forma a lo que se conoce como telurocracia, el «poder terrestre», mismo que involucra la identidad rusa y eslava, la cual no está sellada por un pacto de sangre, sino por un sentido multicultural, multirracial y multiétnico que está contenido en el territorio ocupado.
El modo de nombrar la jerarquización alta del espacio es «eurasismo», concepto geopolítico amplio que da prioridad a la historia, hecho que se observa en la forma en que se nombra al ruso. Ello se percibe al momento en que hay una presentación personal al observar que el nombre se acompaña del patronímico, está en su cultura nombrar de dónde vienen, saber el origen de su persona.
El espacio ruso se construye a través de confrontaciones con el otro, que desde otros valores da significado a conceptos como el de democracia y libertad, mismos que desde su historia se definen en otro contexto.

El tiempo ruso

La acumulación rusa se refleja en la herencia cultural; es decir, en su pasado que sirve de repositorio en la conformación del ser ruso contemporáneo. De cada confrontación se observan los ciclos de flujo y reflujo en tanto cómo el devenir ruso es contenedor de la tradición, misma que se observa transversal de forma independiente de los ciclos históricos que ha transitado esta nación.
Para muestra de ello es menester mencionar que al momento de conservar la religión cristiana ortodoxa, se asumen también como salvadores de la humanidad en tanto llega el fin de todos los tiempos. De esta manera, al ser ellos quienes asumen haber recibido el último bautismo santo, tienen la misión de llevar la salvación al mundo. Es de resaltar que si bien la cuestión ortodoxa es mayoritaria, no se deja de lado el entendimiento civilizacional en tanto concebir un sentido multireligioso.
Se saben en un momento crucial de la historia, el 11 de septiembre de 2001; sin los hechos ocurridos, el tiempo geopolítico de Rusia habría tendido que esperar. Fue el momento del regreso a los escenarios del mundo, Vladimir Putin se apropió el acto para también declarar la guerra contra el terrorismo, con ello se hizo del poder total de su país, controlando a los separatistas del Cáucaso, en específico de Daguestán y Chechenia. Lo mismo se profundiza en el control de los recursos crítico estratégicos (gas y petróleo).

Saber Pensar Rusia

Desde la temprana Rus de Kiev, los rusos han caminado al horizonte como un programa que se circunscribe en tiempo y espacio. La idea de los grandes espacios es motor del expansionismo e imperialismo ruso, mismo que lo hizo brillar en la época de los Zares Iván Grozny, Pedro el Grande, Catalina la Grande, así, hasta Nicolás Segundo; esta idea de expansión tras la derrota a inicios del siglo XX con Japón en una guerra, se retoma con la llamada Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que en 1992 tuvo una de las más grandes contracciones; para que después, ya en la era de Vladimir Putin, el Cáucaso y Crimea pasaran a ser parte de Rusia, expandiendo así su territorio, pese a que el objetivo de sus contrarios era balcanizar a la nación eslava.
Uno de los señalamientos del actual presidente ruso en términos del pensamiento que se menciona es el siguiente: «La peor catástrofe geopolítica del siglo XX fue la desaparición de la Unión Soviética, pero no queremos otra Unión Soviética»; pero no se renuncia a la idea de mirar a Rusia como uno de los grandes espacios que en estos momentos disputa el dominio del mundo, al lado de China, frente a Estados Unidos.
Los inicios del siglo XXI están marcados por una competencia tecnológica y energética a gran escala, la dominación de espectro completo tiende a no dejar hueco para las resistencias a las esferas del poder mundial; la biotecnología, las tecnociencias y la geocultura. Es tiempo en que el pensamiento es vital, sobre todo en lo referente  al conocimiento del otro. Y todos los que están en una conferencia como ésta, son conscientes de ello.
Cultura, idioma y nacionalidad, son elementos a los que debemos dar centralidad en el análisis; desde la adopción bizantina que no sólo se adopta la religión como elemento de cohesión, también la arquitectura, elemento al que se le colocado énfasis de manera histórica, de ello deriva la creación de San Petersburgo, por ejemplo; el espacio construido es resultado de los viajes de Pedro el Grande por Europa. Hay una proyección de la construcción espacial, lo cual implica el localizar una de las principales ciudades del mundo en cuanto polo de atracción económica y centro político; por eso uno observa los puentes elevados o las grandes avenidas alrededor del río Neva en San Petersburgo.
En cuanto al idioma es importante señalar que para los rusos es un elemento de identidad; basta decir que en 2016 Vladimir Putin lo consideró como un asunto de Seguridad Nacional ¿Qué significa esto? En palabras del mismo presidente ruso es: «mantener nuestra (la rusa) idiosincrasia en el mundo global», con ello se intenta profundizar el valor histórico del país euroasiático, así como el espíritu de sus tradiciones; si se analiza esto desde la geopolítica, es necesario no dejar de hacerlo bajo el concepto seguridad nacional, porque entonces se defiende más allá de las fronteras; es decir, hasta donde esté el último ruso en el mundo, así de grandes son las aspiraciones de este país, hoy en el encuentro de la lengua rusa se puede decir que los presentes son un asunto de seguridad nacional para Rusia, sí, San Luis Potosí en 2018 significa eso.
Por otra parte y para ir cerrando esta plática, Mijail Lomonosov, acuñó el término de «Pueblo soviético» hoy pueblo ruso, mismo que se asume como multinacional, Rusia no puede ser de otra manera, la gran extensión geográfica que se mencionó justo al inicio de esta plática, implica que un vasto territorio es capaz de contener una de las diversidades más amplias en su espacio.
Rusia a inicios del siglo XXI se concibe como un espacio que alberga etnias, culturas, idiomas, historia, en fin; pero se compromete con todas ellas en cuestión de su defensa, los rusos dicen «sin peligro», en lugar de decir «seguridad», lo cual implica un concepto mayor de lo que quieren para sí y para el mundo.

Los dos imperios. Los rusos al Este y los españoles al Oeste

Los dos imperios. Los rusos al Este y los españoles al Oeste


Los rusos al Este, nosotros los españoles, al Oeste. Y en medio, Europa, es decir, la tierra del centro.
Con demasiada frecuencia, a los de ambos extremos, a españoles y a rusos, les ha sido discutida su condición de europeos. ¿Son los rusos, verdaderamente europeos? ¿Lo son, en puridad, los españoles? Tal parece como si el formar parte de un extremo geográfico condenara a la marginalidad a la nación que allí mora, como si los conceptos de "periferia" y "centro" encerraran propiedades esenciales, absolutas, como si confundiéramos la Geometría con la Geografía, y ambas, a la vez, con la Geopolítica. La pregunta sobre la "centralidad" de los españoles y de los rusos como prototipos de lo europeo ya es una pregunta ideológica, interesada, ya es un ataque revisionista contra el destino de ambos imperios, el ruso y el hispánico.
Porque de esto precisamente se trata. Lo que desde hace unos siglos se viene llamando "Europa" es, con la Reforma protestante, la modernidad, el capitalismo liberal, etc. un "anti-imperio", un disolvente de la idea "católica" o universalista de unidad imperial. Y la unidad imperial ha sido tenazmente buscada, a la vez, en paralelo y con notable simetría, al Oeste desde España y al Este desde Rusia.
Desde España y desde Rusia se alzaron enormes baluartes de "reacción" contra las corrientes disolventes de la modernidad. Justo en el momento en que los reformistas protestantes dividían el centro y el norte de Europa, en el Oeste hispano se pugnaba por conservar la catolicidad. Ese fue el empeño del Imperio español: conservar la catolicidad.
De Carlos I de España y V de Alemania se han dicho muchas cosas ambiguas que poseen un fondo de verdad, pero a menudo dentro de un envoltorio manipulador. El Emperador, se lee, fue un tanto "medieval", una especie de nostálgico, un romántico avant la lettre en su afán de reconfigurar la idea universal de Imperio (Universitas Christiana). Todos los reyes cristianos se subordinan al rey de reyes, al Emperador, y el propio poder del Emperador, lejos de constituir un brazo armado al servicio del Papa, está investido por naturaleza de sacralidad propia.
La propia misión imperial sobre la Tierra es sagrada en cierta forma. Contra este proyecto, que Carlos hizo suyo y lo devino hispano, hispano sin contradicción alguna con su universalidad, se alzaron las incipientes monarquías "nacionales" (Francia, Inglaterra), los principados germánicos reformados, el propio Papado, reproduciéndose así, a escala casi planetaria, la lucha medieval entre el ideal "güelfo" y el "gibelino". Decimos a escala casi planetaria porque el Emperador ya reinaba sobre el Nuevo Mundo y sus marinos exploraban la Tierra en toda su redondez. El choque entre los ideales güelfos y los gibelinos no se circunscribía ya a las comunas del norte de Italia. La idea romano-germánica-medieval resplandecía en la mente de don Carlos y de sus asesores españoles, quienes, a su vez, la habían conservado a través de la Reconquista, iniciada por Pelayo en 718 (otros dicen que en 722).
La crisis nacional de España, su tendencia centrífuga y cantonalista, es solidaria hoy en día de la crisis de su ideal imperial. Un "nacionalismo español" es un proyecto tan fraccionario y artificioso como un "nacionalismo catalán" o un "nacionalismo vasco". La idea estatalista, y a su modo jacobina, de una nación como resultado de una decisión popular de "dotarse a sí mismo" de un estado, es tan francesa, tan extranjerizante y anti-católica, que no puede aplicarse a España sin grave merma para ésta. De forma un tanto confusa aún, pensadores tradicionalistas (Vázquez de Mella) o actuales (Gustavo Bueno), han sido capaces de reconocer esto. El nacionalismo español fue inyectado en nuestra patria a instancias isabelinas y liberales, tratando de imitar lo francés y "modernista" en todo aquello que en Europa había "funcionado".
Pues este nacionalismo de corte occidental y liberal es, justamente, nacionalismo anti-imperial. El liberalismo que, desde Inglaterra y Francia inyectaron en España, a través de logias secretas en gran medida era, justamente, a la par que un proyecto capitalista depredador, la encarnación misma del ideal disgregador. Se quiso renunciar al Imperio con vocación universal pretendiendo homologarse con las naciones disgregadoras que habían arruinado dicho imperio (Francia, especialmente). Y el resultado no puede ser otro que acoger en su seno la misma disgregación. La carrera emprendida en España desde el siglo XIX fue la de la homologación, y en su fase postrera lo que estamos conociendo es la ruptura, pues el mismo ideal jacobino y de homologación se inoculó en Cataluña, en las Vascongadas y en cualesquiera de las entidades regionales constituyentes de España.
El imperio ruso pasó de ser una reserva de la reacción, en el siglo XIX, a una "patria del socialismo" en el XX. Situado en el otro extremo geográfico, sus enormes dimensiones garantizarán para siempre su condición imperial, al margen de su forma política concreta. Muy distinto el caso ruso al caso de España. El imperio hispánico fue recortado, saqueado, y la pérdida de extensión de su territorio fue progresiva. Aún no está del todo claro si la España residual o post-imperial no va perder más territorios en un futuro inmediato. Por el contrario, la Gran Rusia pudo experimentar grandes transformaciones superestructurales (el paso del imperio zarista a una república federal), pero a los analistas atentos no se les escapa nunca que éstos son cambios en la superficie, y que en Rusia hay esencias, estructuras de fondo resistentes a todas las mareas del tiempo y a las infiltraciones del occidente.
Desde un punto de vista material, es la enorme extensión de territorio la que garantiza esta resistencia, esta inercia, esta fidelidad a su propio ser. Pero junto a la propia dimensión gigantesca de Rusia, entendida en términos de espacio y materia, reposa su idiosincrasia espiritual. Y es precisamente sobre ésta donde hay abundantes malentendidos.
El filósofo de la "Decadencia de Occidente", Oswald Spengler, tan clarividente y profético en muchos puntos, erró de lleno en su visión de Rusia. Sus páginas rebosan desprecio hacia este Imperio. Su punto de vista ultra-prusiano le obliga a ver en Rusia el enemigo, la "horda" del Este, la amenaza orientalizante y bárbara que se cierne sobre un Imperio occidental. Pero si la Gran Rusia no es el enemigo a batir, a conquistar, a domeñar o tener a raya, entonces la Rusia spengleriana es, nada más, una llanura inmensa donde gentes demasiado humildes y sencillas se aplanan ellas mismas por influjo de un cristianismo –el ortodoxo- que ve en cada ruso un hermano.
Rusia es para Spengler, la encarnación del igualitarismo. Allí, en el Este, nadie es más que nadie y de la misma manera que en las llanuras del Poniente ninguna colina se destaca, todo es horizonte y se vive en horizontal, así ocurre con la sociedad rusa: una masa informe desconectada de su aristocracia minúscula. Pero lo que Spengler ve como defecto (sencillez, humildad, hermandad, igualitarismo), otro filósofo contemporáneo suyo, Walter Schubart, lo contempla como gran virtud y gran esperanza. Rusia, dice Schubart, es la esperanza de Europa. Y esperanza en su pleno sentido: esperanza espiritual.
Rusia será quien reconquiste espiritualmente Europa. Su cristianismo, algo asiático-oriental y parejo a la espiritualidad india y china, es hoy el más auténtico. Schubart lo denomina cristianismo yoánico, fundado, como su nombre indica, sobre el Evangelio de San Juan. Este es el tipo de religión, cristiana-yoánica, que puede salvar al hombre europeo, sumido en la decadencia, en el nihilismo, en la idolatría al dinero y a la tecnología. En los años en que el autor balto-alemán vivía, solamente España –y el tipo de hombre que el español encarnaba- se salvaba del diagnóstico negativo que recaía sobre el europeo occidental. Schubart todavía veía, en la primera parte del siglo XX, al español como una esencia fijada en su edad dorada, los siglos XVI y XVII, siglos de místicos y de guerreros. Pero éste filósofo no pudo llegar a conocer a fondo la trágica transformación del Homo hispanicus tras la guerra civil y, especialmente, tras el desarrollismo registrado en nuestro país en los últimos años del franquismo.
Toda traza de espiritualidad, mística, ardor guerrero y fanatismo (incluyendo el fanatismo de los "sin Dios" rojos, tan hispano como el de su opuesto diametral, el integrista católico) fue diluyéndose, evaporándose y abrasándose por el espíritu capitalista y consumista al que ésta "Reserva Espiritual de Occidente" fue entregándose, a la par que el Caudillo iba abriéndose a los créditos americanos, a las instituciones internacionales, a la tecnocracia y al crudo pragmatismo. Schubart veía de forma muy idealizada al español, y todo su libro sobre Rusia y el Alma de Occidente es un idealismo de principio a fin.
Pero un idealismo que ayuda al lector a comprender la importancia de un "arquetipo" en los devenires geopolíticos. Con esto queremos decir que en España la revolución y la contrarrevolución habidas entre 1934 (Revolución de Asturias) y 1939 (fin de la llamada "Guerra Civil") fue la verdadera clave de bóveda de la aniquilación liberal del ideal imperial. Era el eco simétrico de la liquidación del imperio de los zares ocurrida definitivamente en 1917. Lo que ya había sucedido al Oriente, por obra de los bolcheviques, debía consumarse al Occidente, en España. Sin embargo, Schubart supo reconocer que había una Gran Rusia, eterna y esencial, intangible e inmune a las reformas comunistas.
El alma de un pueblo no se modifica superestructuralmente, viene a decirnos el filósofo balto-alemán. Por eso el ruso, bajo el imperio de la hoz y el martillo sigue adorando a la cruz. Por eso su igualitarismo esencial se manifiesta incluso en un régimen donde Dios aparece oficialmente proscrito, y la gente reza en silencio y en secreto, incluso al margen de un clero no siempre ejemplar, y mantiene viva su Iglesia. Schubart cree ver una religiosidad ardiente, olvidada hace tiempo por los occidentales, incluso en el ateísmo fanático de los bolcheviques, de los incendiarios de iglesias, en los iconoclastas rusos "sin Dios", paralelo y gemelo al hispano de los años 30.
Pero nos parece excesivo idealismo creer que el alma de los pueblos subsiste por debajo, por encima y más allá de los cambios que superficialmente damos en llamar superestructurales. Es cierto que décadas de comunismo no pueden transformar las tradiciones de un pueblo. La cultura rusa, tan vieja, evoluciona al ritmo de los siglos, pero los regímenes políticos, en cambio, se desvanecen en unas décadas. También concedemos a Schubart- como a Spengler- el hecho de que los reformadores superestructurales de Rusia han trabajado siempre con ideas importadas de occidente, ideas ilustradas y después socialistas y comunistas que, una vez planean y tratan de cubrir la inmensa planicie oriental, se quedan en nada, en nubes pasajeras. Las reformas petrinas, tanto como las leninistas, se muestran de todo punto superficiales en sus consecuencias históricas.
Pero esto que podemos aceptar de Schubart en sus reflexiones sobre Rusia, se deshace cuando buscamos el paralelismo con el arquetipo español. Nuestra "Guerra Civil" parece haber provocado una desaparición de aquellos arquetipos hispanos, desaparición física junto con la liquidación de las bases materiales que lo hacían posible. La economía capitalista se instauró plenamente en la España de los años 60 y el materialismo que le es propio hace que los místicos, los caballeros, los ultramontanos, los bandoleros y demás personajes arquetípicos dejen de existir. De hecho hoy vivimos en una España hambrienta de valores, desnuda de arquetipos, inerme e inválida, pues siente haber perdido su identidad.
No es el caso nuestro el de un pueblo que ha resistido heroicamente las reformas superestructurales impuestas por la economía mundialista y la ideología oficialmente liberal (en sus dos versiones, socialdemócrata "progresista", y liberal-conservadora). Antes al contrario, el pueblo español, con hambre atrasada, acoge de forma masiva y entusiasta esa Unión Europea que al tiempo le lamina, bendice ese recetario de la ONU-UNESCO que le idiotiza, adora esos reajustes del FMI que le esclavizan. Llevamos ya unas cuantas décadas, desde el franquismo tardío y todo el Régimen setentayochista, siendo un pueblo mayoritariamente ovejuno, que ha encontrado la solución a su vacío en las fórmulas globalistas, pro-inmigracionistas, europeístas, americanizantes y maurófilas.
España, tal parece, se comporta como un sujeto colectivo que ha decidido dejar de ser. Unos la quisieran ver como un nuevo Puerto Rico, asociado al atlantismo yanqui, otros como el vertedero financiero-comercial de la Unión franco-alemana, y muchos, muchos más de cuantos se suele creer, quieren hacer de esta España nuestra una colonia del Sultán de Marruecos, soñando con un al-Andalus de cuento de mil y una noches. Pero estos proyectos anti-españoles, atlantista, europeísta y maurófilo, señalan justamente el espacio que ha quedado en blanco en el tablero geopolítico. Y es una ley geopolítica la ley del horror vacui. Es el espacio disputado desde tres flancos, desde tres vectores que arrastran poder y empujan el poder hacia el vano. España es un vano y no sólo una disgregación en taifas (llamadas "comunidades autónomas").
La identidad, a veces inventada, otras, deformada, de las regiones españolas suele ser una terapia de sustitución. La gente necesita por lo común una identidad, y cuando no existe un locus de poder y autoridad para suministrársela, otros centros, subnacionales, corren a ofertar sus baratijas. Yerra, y yerra mucho, la derecha española al creer que la causa de una falta de identidad nacional en España, y la falta de orgullo "imperial" y conocimiento del pasado es debido (exclusivamente) al adoctrinamiento nacionalista-periférico. Ningún soberanismo fraccionario hubiera podido hacer nada en contra de un proyecto imperial de destino común. Es la falta de hombres que sustenten de veras ese proyecto imperial de destino común lo que ha dejado el camino despejado a mentes tan subdesarrolladas como las de Sabino Arana, Blas Infante o Puigdemont. Las nuevas versiones de aquellos místicos y guerreros españoles del siglo XVI no parecen existir ya.
Sin embargo, aun admitiendo que el Homo hispanicus se ha transformado drásticamente, y que los paralelismos espirituales entre el Oeste español y el Oriente ruso trazados por Schubart se han deslavazado, hay dimensiones y hechos invariantes, y el tablero geopolítico de este primer tercio del siglo XXI es el que es. El tablero implica que ya no hay "dos Españas", se mire por donde se mire, sino un territorio de extensión media que ocupa una posición estratégica de extraordinaria importancia. Este territorio es, a la vez, una puerta de África y un balcón hacia América. Así lo ha sido desde que los Reyes Católicos y sus sucesores, los reyes de la Casa de Austria, deciden proseguir la Reconquista en ambas direcciones, al sur y al occidente.
La conquista de América, como bien lo vio don Claudio Sánchez Albornoz, es la continuación inmediata del espíritu reconquistador. Sin embargo, las campañas militares y la labor colonizadora del imperio español en el norte de África no gozaron del éxito y el grado de penetración cultural que se dieron en América. En lo que se llama Magreb, la presencia española y, en general europea (francesa, italiana) está barrida del mapa. No hubo posibilidad de crear un verdadero colchón entre mundos, una sociedad fronteriza (limes) en donde pudieran convivir segmentos cristianos y laicos con segmentos musulmanes. Es en este espacio norteafricano donde debería haberse situado la zona de transición entre mundos, el afro-oriental y el europeo.
Todas las regiones norteafricanas podrían haberse constituido en protectorados y enclaves europeos con sociedades mixtas (europeas-cristianas, magrebíes-musulmanas) que avanzaran gradual y experimentalmente hacia una mayor educación y laicidad, haciendo de éstos países una nueva Europa, un limes, donde el contacto entre mundos se hiciera preservando a la Europa propiamente dicha de toda la emigración masiva y de la africanización e islamización crecientes que hoy en día estamos conociendo.
En realidad, la concepción imperial y civilizadora de Europa se lleva a la práctica por medio de estas acciones en territorios ultramarinos. El optimismo, el impulso a exportar ideas, técnicas, valores, contingentes hacia otros paisajes y latitudes da la medida exacta del vigor de una civilización-imperio. Expandirse es siempre la mejor forma de defenderse. La expansión hispánica hacia las Américas aunó la mayor parte de las energías de nuestro pueblo, y no pudo desdoblarse hacia África. Pues bien: éste será siempre el origen de todas nuestras pesadillas y debilidades. La "América" de los rusos, por analogía, consistió en un movimiento civilizador de doble dirección: una, la más efectiva, la conquista de Siberia, una verdadera ola expansiva de rusificación, que puso lo ruso a las puertas mismas de Mongolia y de los imperios chino y japonés; la otra, infructuosamente realizada por causa de la oposición otomana (y sus aliados occidentales, franceses y alemanes), volcada hacia el Sur, hacia la antigua Bizancio, y en general, hacia el mar Mediterráneo. En efecto, una Rusia asomada a éste Mare Nostrum hubiera sido la Nueva Roma a todos los efectos.
El enfrentamiento con los turcos y con los occidentales se lo impidió, pero la partida en Ucrania y en el Cáucaso, así como en los Balcanes, entre otros lugares ya próximos a nosotros es una partida que se sigue jugando. La "rusificación" de los países que comunican el Mediterráneo con todo oriente hubiera desplazado completamente al Islam en el tablero geopolítico. De ser una fuerza "sustantiva", que golpea en sus vertientes terrorista, inmigracionista y como agente "troyano" en la desarticulación de sociedades abiertas y demasiado abiertas, habría pasado a ser una fuerza meramente "accidental", un acompañante meramente cultural y folclórico en el mosaico de pueblos unificados al Oriente por un ideal de Imperium.
En cierto modo, ya es así en China y, parcialmente en la Federación Rusa: el islam, no es una religión, sino una teología política que causa conflictos dondequiera por lo que tiene de concepción totalitaria de la política, esto es, porque actúa como fuerza teocrática; ésta fuerza violenta teocrática siempre se acaba plegando ante autoridades imperiales capaces de disciplinar al rebelde y al violento.
El hecho es que la Historia fue la que fue. No hubo un Norte de África europeizado, hispano-francés, por ejemplo, ni tampoco un Próximo Oriente rusificado. La Historia es una disciplina testaruda en lo referente a los hechos. En otro plano, nunca desconectado completamente de los hechos, situamos la ideología. Rusia, la Gran Rusia imperial es un factum que sobrevive a las ideologías, y que obliga a éstas a moldearlas. La Rusia de los zares, la de los bolcheviques o la de Putin es, sustancialmente la misma Gran Rusia, el mismo factum imperial que se impone por sí solo, por su inmensa territorialidad, más que por su peso demográfico. Y por ello, no nos puede extrañar que un filósofo que muchos consideran allegado al régimen de Putin, como es Alexander Dugin, haya formulado su "cuarta teoría política" en unos términos de evolución-superación (cuasi hegelianos) ideológica. La Primera Teoría Política a la que asiste el mundo moderno, roto el orden feudal, es el liberalismo.
El liberalismo se abre paso en las postrimerías de la edad media, con el auge de una clase plutocrática, amasadora de dinero, que subvierte el orden de la civilización cristiana –basado en la fe, la tierra, el linaje- y lo "simplifica", haciendo de la civilización entera un inmenso mecanismo de acumulación y producción de plusvalía. La Primera Teoría Política, liberal, se realiza como modo de producción-dominación capitalista, y desde el orbe cristiano occidental se va imponiendo (a cañonazos, si hiciera falta, como rezaba con exactitud El Manifiesto Comunista) a las otras civilizaciones mundiales. Pero como antítesis de la Primera Teoría, surge la Segunda, auto-representada como una Teoría del Proletariado apta para sepultar en el cementerio de la Historia al liberalismo ideológico, y a su realización económico-política, el capitalismo. La Segunda Teoría Política, el comunismo, fijó en Rusia, precisamente, su patria y su suelo de implantación. Rusia pasó de ser el imperio zarista a ser la Unión Soviética, esto es, una auto-representada federación rusificada, entendida como primer paso para una República internacional de los Trabajadores en la cual la propiedad privada quedaría abolida y se socializarían los medios de producción.
El reparto del mundo dado entre los imperios de ambas teorías políticas, liberal (angloamericano) y soviético (ruso) sólo pudo hacerse efectivo por medio de una dialéctica con la Tercera Teoría Política (el fascismo). La derrota del fascismo fue el paso necesario para la consagración de las dos teorías precedentes, y casi a la manera hegeliana hubo de ser así en la medida en que en el fascismo había elementos tomados en síntesis tanto del liberalismo como del comunismo. La guerra fría tras la derrota del fascismo en 1945 supone una negación de la síntesis, o más bien una negación de la negación. El fascismo hubiera sido la negación del liberalismo en la medida en que el liberalismo tiende a la disolución del Estado, de la Autoridad, de la Tradición por mor del imperialismo del dinero. Igualmente, el fascismo hubiera sido la negación del comunismo en la medida en que ésta Segunda Teoría Política era el igualitarismo extremo, la anulación de las jerarquías y de la tradición. Pero el fascismo o Tercera Teoría Política también puede ser superado, y no meramente negado. La negación realizada habría sido manifiesta en su derrota militar, en medio de una Europa en ruinas, pero la superación hegeliana, que es negación y conservación de lo salvable, implica un restablecimiento de las jerarquías, de la tradición, de la autoridad, sin entregar el cetro del mundo al "poder del dinero", ni tampoco a unas masas desarraigadas y adoctrinadas por el marxismo.
La Cuarta Teoría Política vendría a ser una especie de "vuelta al Imperio", Imperio entendió en su sentido genuino, una autoridad respetable y que se hace respetar, un nuevo nomos sobre la tierra que contrarreste las tendencias disgregadoras, criminales, barbarizantes, de las otras tres anteriores Teorías Políticas.
Pero, si somos coherentes con esta lectura metapolítica de la Cuarta Teoría duginiana (que hemos expuesto aquí de una forma demasiado hegeliana y libre, no obstante), habrá que estar en guardia contra las posibles tendencias criminales de ésta en la medida en que encuentre oposición. Pues la "teoría política" alzada para reajustar el orden del mundo es un arma siempre, ante cuya acción se despierta la reacción. Dugin parece presentar su proyecto hegemónico ruso en términos de multi-polaridad, esto es, en términos de un más ajustado reparto del poder que ya está recayendo, de hecho, en manos de potencias regionales. Irán, en el Oriente Medio, será el centro de poder que neutralice el sionismo. China, en el Oriente Lejano y en el Pacífico, hará lo propio frente a los "dragones" capitalistas que sirven de satélites asiáticos de los E.E.U.U. También parece que puede florecer un poder iberoamericano que sustraiga el "patio trasero" de los yanquis y liquide la doctrina Monroe ("América para los americanos"), siempre que se superen diversos obstáculos y se alcance una conciencia "imperial" común.
¿Será, pues, la Gran Rusia la esperanza de Europa? Un gran estado, un poder de dimensiones verdaderamente imperiales, reserva energética y territorial inmensa, contingente poblacional nada despreciable, afinidad étnico-cultural incuestionable con respecto a los pueblos de Europa, peso militar inmenso, comunión de intereses con los europeos occidentales, que van desde lo energético (gas natural) hasta lo espacial (astronáutico) y geopolítico (control de la islamización y freno de las pretensiones sionistas y yanquis)… Son muchas, abundantísimas las razones para defender un cierto euroasianismo y apostar por la multipolaridad. Un largo rosario de pensadores, especialmente a destacar los miembros de la llamada "Nueva Derecha" (Guillaume Faye, Alain de Benoist, Robert Steuckers…), han apostado, cada uno a su manera, por este alineamiento euroasiático.
La unión política, económica y militar de Europa y Rusia, desde Lisboa hasta Vladivostok, parece hoy en día una mera utopía, un imposible. De hacerse realidad, las amenazas que hoy se ciernen sobre todos nosotros cesarían en el instante. Sería algo parecido a coser y cantar la posibilidad de frenar las agresiones imperialistas norteamericanas o controlar ese "arma de inmigración masiva" que alientan desde el Mediterráneo sur y oriental. La Cuarta Teoría Política" supondría la superación del caos impuesto por imperios depredadores, que no dudan en subvertir los fundamentos mismos de las civilizaciones (no sólo de la civilización europea o la "judeocristiana"). Correctamente entendida, la hegemonía rusa, por su mismo carácter continental (y no talasocrático) nunca podrá consistir en el imperialismo de los "señores del dinero".
Cuando hablamos de miles de kilómetros cuadrados de un área de la corteza terrestre sobre la que no hay abruptas fronteras físicas ni anchos brazos de mar separadores, y en los que se extienden cientos de pueblos, una síntesis de autoridad central ("imperial"), que una lo que es común en medio de la diversidad, y de multipolaridad, que proteja la Civilización frente a lo que es diverso, se vuelve de todo punto sugerente. Para que esa síntesis o "esperanza rusa" llegue a hacerse realidad, resultaría imprescindible el establecimiento de un bloque de países que, siendo celosos en la defensa de sus respectivas soberanías, a la vez detraigan poder, influencia, prestigio e iniciativa al "occidentalismo". Ese bloque de países, formalmente integrados en el "Occidente", pero disidentes con él, ya existe.
Gracias a ellos no va a ser posible reeditar una guerra fría entre Occidente y Oriente, pues las partes contendientes han cambiado internamente, y al haber cambiado la manera en que resisten los estados determinados a ser libres, que no renuncian a su soberanía, también disponen de otras opciones diferentes a las de la guerra fría. Estados como Hungría, Polonia, Austria, etc. pueden servir como grieta en el sistema del occidentalismo. Cada uno, a su manera, podrá alzar la bandera de la tradición, el respeto a las jerarquías naturales y espirituales, la defensa de los valores civilizatorios.
Quizá su cercanía a la Federación Rusa, su temor a quedar tragados por un oso tan grande, cuyos abrazos de afecto puedan parecer torpes, el miedo mismo a recibir enormes zarpazos, impida la creación de una verdadera unión euroasiática, pero sí que puede darse al menos un desplazamiento del poder y de la iniciativa. El atlantismo cuenta sus días, se sabe en retirada, y esta fiera, arrinconada y herida, puede resultar de lo más peligrosa. Estamos viendo que el atlantismo pierde credibilidad en Europa y que la población menos afectada por la intensa Ingeniería Social sospecha ya de las maniobras con que sus líderes pretenden disolver la sociedad. El multiculturalismo impuesto, no deseado. La disolución de la familia y el ataque a la espiritualidad nacional. El feminismo radical y el homosexualismo. La esterilidad del autóctono, su sustitución demográfica y la experimentación constante con la sexualidad humana. El ensalzamiento del alógeno y la ampliación incesante de la lista de "derechos humanos".
El ataque a la infancia, su escándalo, corrupción y manipulación… son todas éstas, y muchas más, las aristas de una misma estrategia impuesta desde el liberalismo, desde el capitalismo atlantista que ha visto en toda esta Ingeniería Social su medio para pervivir, su forma de hacer de Europa una auténtica papilla humana. Muchos miramos al Este con esperanza. Un Este ideológicamente distinto, un Este curado del bolchevismo, un Este que también es heredero de la civilización clásica, por la mediación especialísima del Imperio Bizantino. Un Este heredero del cristianismo que supo, como España lo hizo tras largos siglos de guerra, defenderse de las hordas de nómadas y del imperialismo islámico de los turcos.
Que el papel de estratega de Vladimir Putin esté a la altura de las circunstancias, es algo que el futuro esclarecerá. Mayor papel le corresponde al propio pueblo ruso, y a las naciones –europeas o asiáticas- que forman su órbita y cinturón. Este conjunto de pueblos podrá, en sus respectivos terruños, mostrarnos otras vías alternativas a la talasocracia y a la depredación. Podrá enseñarnos a todos que un pueblo o comunidad puede recoger la antorcha y volver a ser la "Nueva Roma" caída en manos bárbaras. El papel geopolítico de España y de la lengua española habría de consistir en ser hermana y aliada de la esperanza del Este, pues al hispanismo geopolítico le cabe ayudar en la empresa de un resurgir del polo iberoamericano, y en el Sur le cabe la labor de custodiar los pasos de África y volver a hispanizar la orilla meridional del Mare Nostrum, rescatando a aquellos pueblos de su letal teocracia, y del atraso y fanatismo consiguiente. Quizá sea soñar, o quizá no, pero el ideal de un Imperio del Este es simétrico y complementario de un Imperio del Oeste. Esto, y no otra cosa,
Publicado en la revista Nihil Obstat. Revista de historia, metapolítica y filosofía. Nº 32. 2018:
https://edicionesfides.files.wordpress.com/2018/10/portada-nihil-obstat-...

El reemplazo de las mayorías por las minorías

El reemplazo de las mayorías por las minorías


Charlando con un experimentado dirigente sindical me comentó su preocupación por lo que viene observado: el reemplazo del interés sobre las mayorías por el de las minorías. “Acaso no nos enseñaron desde siempre, me dijo, que el que gana gobierna y el que pierde acompaña.”
Y es cierto, hoy asistimos a la paradoja que gobiernos, votados por mayoría, se ocupan más por los intereses de las minorías, que de sus votantes. Ej. Macri se ocupa más por satisfacer el deseo de las abortistas, que son una ínfima minoría, que por los deseos de veinte millones de mujeres argentinas que quieren tener hijos sanos, sabios y buenos. Y para ello tiene que proveerlas de un buen sistema de salud, de educación y de justicia, cosa que no hace.
  • El gobierno anterior, el de los KK, se ocupó de los deseos de los homosexuales y lesbianas sancionando el matrimonio gay, en lugar de crear las condiciones de trabajo y vivienda para que millones de jóvenes puedan casarse.
     
  • El de Menem, nos salteamos los de Duhalde y de la Rúa porque fueron circunstanciales, se ocupó de satisfacer el deseo de la minoría empresaria y financiera en contra de las necesidades de la mayoría del pueblo.
     
  • El anterior, el de Alfonsín, se ocupó de satisfacer los intereses de las madres de Plaza de Mayo por sobre los intereses de la inmensa mayoría de las Madres del Dolor, a quienes a diario les mataban y les matan a sus hijos en las calles argentinas.
Con estos ejemplos, hay cientos que el lector puede poner a su gusto e piacere, queremos mostrar como desde la restauración democrática (1983) hasta hoy día los gobiernos, todos elegidos por mayoría de votos, han gobernado para las minorías de uno u otro signo político.
Este cambio evidente para el observador atento tiene que ver, en nuestra opinión, con el reforzamiento cada vez más profundo de lo que Robert Michels (1876-1936) denominó Ley de hierro de la oligarquía; que el sociólogo alemán enunciaba así: la paradoja es que siendo los partidos políticos las principales instituciones de la democracia, ellos al estar constituidos por oligarquías partidarias, no son organizaciones democráticas.
Estos oligarcas de la política responden cada vez más y más a los intereses de las minorías que ellos representan. A los diferentes lobbies.
Esto viene a explicar el por qué hoy la minoría gay tiene una amplia representación en el ministerio de relaciones exteriores y en la educación. El por qué la minoría hebrea tiene amplia representación en todos los organismos del poder ejecutivo y judicial. El por qué la minoría apátrida ocupa cargos de decisión político-económica.
Es que los agentes políticos se han transformado en un eslabón en la cadena de ejecución de mandos y así ellos responden a los intereses concretos de los grupos de poder o lobbies que los llevaron a integrar las oligarquías de los partidos.
Hoy no existe prácticamente ningún gobierno en Occidente que gobierne para las mayorías. Hoy se gobierna para las minorías. Ej. en Bolivia en favor de las minorías indígenas en lugar de la mayoría del pueblo criollo. En Brasil, como ocurrió con Menem en Argentina, para los empresarios y financistas. En España y Francia para la minoría de inmigrantes musulmanes en lugar de los gallegos y franchutes. Y así podemos seguir con los ejemplos.
Y lo más grave de todo es que al dejar de gobernar para las mayorías populares, las minorías beneficiadas con este nuevo régimen, en lugar de integrarse a las mayorías, las rechazan. En Bolivia el ciudadano de a pie la pasa mejor haciéndose el indio que presentarse como lo que realmente es: un criollo. En España y Francia los musulmanes viven como duques gracias a las canonjías que reciben del Estado y putean a las mayorías nacionales. Ni hablar que se les enseñe historia patria o religión cristiana.
Es decir, hoy los gobiernos protegen a la minorías y éstas reniegan contra esos mismos gobiernos. La inmigración dejó de ser con integración sino que es entendida como “ocupación” del territorio que la recibe. La minoría abortista o gay no se conforma con recibir derechos sino que pretende que todos aborten y se sodomicen. La minoría indigenista pretende que todos seamos indios como pasó con la constitución boliviana de 2002, que diez años después se tuvo que modificar porque era un desatino.
Nadie gobierna para las mayorías nacionales. Ningún gobierno se dice nacionalista, aunque pareciera que Trump, Putin y Jimpin lo hacen. Pero ellos son tres giles, los vivos somos nosotros. Los países dependientes pero interculturales, según nuestra terminología, que la Alianza para el Progreso llamó en vías de desarrollo y que ahora los denominan emergentes. Somos aquellos a quienes nos vendieron el cuento de la izquierda progresista y la teoría del multiculturalismo. Teoría que vino a reemplazar la sana del crisol de razas que nos enseñaban nuestros maestros.
Hace 70 años, para poner mi edad, teníamos, mal que bien, seguridad, justicia, educación, salud y trabajo, entonces éramos una polis. Hoy no tenemos ni seguridad, ni justicia, ni educación ni trabajo, nos transformamos en tribus.
¿Qué nos pasó? ¿Qué sucedió para que caigamos tan bajo?
La respuesta es simple y compleja a la vez. Simple porque la razón última es que dejamos de tener gobiernos patrióticos y por lo tanto se dejó de lado la idea de soberanía nacional en todos los ámbitos (agricultura, pesca, energía, finanzas, defensa, petróleo, etc.), que debe ser la idea rectora de toda actividad política. Sin ella hay colonia, factoría, dependencia, en una palabra, tribus.
Por otra parte, la respuesta es compleja, porque confluyen en ellas infinidad de causas. Que cada uno de ustedes podrá enumerar ad infinitum. De modo que, al menos en Argentina, realizamos lo contrario de los griegos que luchando contra los medos lograron pasar de las tribus a la polis.
Si algo se le debe reclamar al kirchnerismo, falsificación ilustrada del peronismo, más allá del saqueo planificado del Estado, es que al no contar con el apoyo de las mayorías nacionales y populares se inventaron pequeños pueblos: los gays, los indígenas, los sojeros, las madres y abuelas de mayo, los grupos concentrados de la economía, etc.
Una vez, hablando con Kirchner apenas asumió (2004) le propuse que los planes de ayuda a los desocupados se los dieran para administrar a los sindicatos pues ellos mejor que nadie conocen quienes se quedaron sin trabajo; a lo que me respondió: yo quiero la gente en la calle, pues a lo que Ud. propone, yo voy a reemplazar a los sindicatos por los piqueteros, al las fuerzas armadas por los medios de comunicación y a la Iglesia por los derechos humanos. Y así lo hizo.
La apoyatura teórica de este reemplazo del pueblo peronista como mayoría popular por múltiples pueblos creados ad hoc la encontraron en el trabajo de un hombre que fue expulsado de la izquierda nacional por cipayo intelectual, Ernesto Laclau y su Razón Populista.
Las minorías son tales y es válido que lo sean en la medida en que están integradas al ethos histórico de nuestro pueblo, de lo contrario son enemigos internos, son perduellis como los denominara ese pensador y denunciante que fue José Luis Torres (1901-1965).
¿Qué nos está permitido esperar? Que se subleven las mayorías populares; que como afirmara el General: que el pueblo haga tronar el escarmiento y le prendan fuego Buenos Aires como los chalecos amarillos lo hacen con París. No hay otra salida. El pueblo tiene que salir a cazar a todos aquellos que le robaron, no solo la plata sino también la ilusión de ser grande y feliz.
Hoy River y Boca juegan en Madrid en lugar de hacerlo en Buenos Aires. ¿desde cuándo hay que pedir permiso para jugar el fútbol donde queremos? Durante las dos primeras presidencias del Perón, Argentina no se presentó a jugar ninguno de los mundiales, porque el gobierno de entonces sabía que la FIFA es al fútbol lo que el FMI es a la economía. Una explotación.
Ayer nomás un gobernador tilingo se casó por la Pachamama a la que rinde culto una minoría, en lugar de hacerlo bajo la advocación de la Virgen María, madre de la mayoría del pueblo argentino.
Es hora que el pueblo haga tronar el escarmiento y se subleve pues no solo nos roban nuestro trabajo sino que ahora nos roban nuestras fiestas.

El proceso de desdolarización y el Euro

El proceso de desdolarización y el Euro


Estamos en una etapa de transición histórica a escala mundial que presenta, entre sus características distintivas, la desdolarización y la elevación de otras monedas.
La desdolarización segura  de la economía mundial es una nueva realidad que se opera a través de la mengua de la participación del dólar en las reservas de divisas de muchos países, en el comercio interestatal, en la base referencial de valores de bienes de precisos mercados, en la interconexión del dólar con monedas nacionales y por la introducción del dinero virtual que propician el cambio de paradigmas financieros y económicos en un mundo cuya economía  está con desequilibrios estructurales, desacelerada y encaminada a la recesión y la depresión globales.
Cabe señalar que el proceso de desdolarización viene de tiempo atrás, pero es en la actualidad donde sus indicadores se hacen objetivos y evidentes por el incremento de los  hechos que son públicos y por  la velocidad de su marcha. También corresponde decir que la caída que el dólar tiene actualmente no es comparable al descenso efectuado en años precedentes.
En efecto, en 1978, la moneda de los Estados Unidos cubría más del 80% de las reservas internacionales oficiales, pero fue bajando a niveles como el dado en 1991, año en el que registró el 46% de las reservas del mundo hasta llegar al 70% en el 2000 –en pleno período del unipolarismo-y  bajar de nuevo a un 63,5% en el 2017. El 65% de los dólares emitidos en los Estados Unidos se utilizan diariamente fuera de la superpotencia y prácticamente el 40% de la deuda mundial se efectúa en dólares.
Pero, a diferencia de otros períodos, la desdolarización presente está vinculada a la fragmentación del mundo como un solo mercado por el ahondamiento de la  caída de la eficiencia del Capital, el agotamiento de un tipo de modelo financierista –globalista, impuesto en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial; también se encuentran entre las grandes razones, la lógica y las agendas de poder que introducen progresivamente las panregiones monetarias, económicas y políticas  en un escenario emergente de multipolarización geopolítica.
Como herramienta de algunos clanes de la Bancocracia Internacional para que funcione como moneda zonal y con la intención de que trascienda el marco regional,  la moneda única de la mayoría de los miembros de la  Unión Europea, desde su origen, fue impresa en un valor de 1,109,000,000,000 € para que físicamente no perdiese la competencia frente al dólar estadounidense. El euro es usado como signo monetario oficial en 25 estados y microestados, pero lo han rechazado como moneda única países como  Bulgaria, Croacia, Dinamarca, Hungría, Polonia, Reino Unido, República Checa, Rumanía y Suecia.
Facilitada por la caída del dólar como moneda de reserva mundial, la tecnocracia de la eurodivisa volvió a elevar la participación del euro en las reservas internacionales oficiales a un  20,4%, recuperando la carrera alcista, ya que en el tercer trimestre del 2014 tenía un 22,6%, mostrando que tiene como objetivo rivalizar con el dólar, tal y como lo vienen diciendo voces institucionales europeas como Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, para quien el euro tiene que asumir su rol de moneda de reserva internacional y liderazgo en lo comercial.
Por esos motivos, la Comisión Europea expuso un plan para disminuir el uso del dólar en sus transacciones internacionales y blindar la concurrencia del Eurosistema en zonas globales.
El euro  ha aumentado  su presencia en el sistema de pago internacional SWIFT con un 35% en 2017 y, en 2018,  la eurodivisa  única  siguió siendo la segunda  moneda más negociada, obviamente detrás del dólar, con un volumen que supera el 30% del mercado de divisas  contra, por ejemplo,  un 4% del yuan chino. Al igual que otros años, en 2018, el euro sigue estando entre las 10 monedas de mayor valor del mundo, manteniéndose en el rango de consolidación, beneficiando al poseedor de euros –especialmente al turista- en lugares como la India, Argentina, Brasil, Sudáfrica, Rusia y Turquía, entre otros muchos sitios. En contraste, el euro pierde frente al dólar, el dinar kuwaití, el  dinar jordano o el rial omaní.
Algunas de las entidades estatales que estimulan la sustitución del dólar como única moneda de transacción y  aceleran la diversificación de la moneda para salirse de la esfera del dólar y proceder con independencia política de Washington, incontrovertiblemente, favorecen al euro con sus movimientos, pero lo hacen transitoriamente ya que tienen otras metas, entre las cuales están el apuntalamiento de sus monedas nacionales o, en el futuro, afianzar otro tipo de moneda que no sean el dólar ni el euro. Por ejemplo, el gobierno de Rusia, cuyo sistema exportador  se realiza en un 70% en dólares y un  14% en euros y su estructura importadora paga un 37% en dólares, un 31% en euros y un 29% en rublos, quiere implementar normas para desdolarizar el sistema financiero ampliando  el uso de otras divisas y lanzando el rublo en los centros internacionales. 
La presencia del dólar en el comercio ruso es mayoritaria, incluso en la relación comercial con China porque tanto en las exportaciones como en las importaciones se facturaron los pagos en moneda estadounidense en 2017 por arriba del 70%. En Moscú, saben que la tarea es trabajosa y titánica, pero, al parecer, están decididos en ir hacia adelante.
La posición del euro a nivel internacional es lo que ha llevado también al gobierno de Venezuela a decidir que, en su empeño de reemplazar el dólar en las transacciones,  el mercado venezolano gire hacia Europa para comerciar en euros, como así también, es cierto, que impulsa mirar hacia Asia para operar en yuanes de manera simultánea.
La República Islámica de Irán también ve de forma atractiva al euro en interés de su arquitectura estratégica para salir vencedora de la campaña de demonización, cerco y aislamiento internacionales que sus rivales han procesado en su contra.
En una contienda monetaria mundial sin antecedentes,  el euro redujo su diferencia con el dólar, empero, el Eurosistema es una herramienta de una zona capitalista que tiene problemas graves, intrínsecos y extrínsecos, y cuyo futuro es amenazado hasta por sus propios componentes nacionales que manifiestan ser perjudicados por la moneda única y piden su defunción o que les permitan desligar sus destinos de la eurozona.
Asimismo, en estos momentos, el Eurosistema no garantiza plenamente la cobertura contra riesgos a Estados e inversores privados, lo cual motiva que muchos de ellos prefieran seguir  su estancia en la esfera del dólar por temor a perder. Aunque la desdolarización avanza en un proceso irreversible, el euro no será una moneda hegemónica ni durará por siglos, así lo han entendido los propios banqueros centrales europeos que también están reemplazando las reservas en dólares con el yuan.

viernes, 14 de diciembre de 2018

Noticias de Hoy dic 14 (29)



Noticias de Hoy
dic 14 (29)

El fascismo que viene y la disputa cotidiana en el terreno de los afectos

rebelion.org

 El fascismo que viene y la disputa cotidiana en el terreno de los afectos

 

 


Estamos todos tratando de pensar de qué tipo es ese “fascismo que viene” a nivel global y local -por ahora sólo tenemos las viejas etiquetas para nombrarlo- y cómo se puede combatir con eficacia. Lo que puedes leer a continuación son algunos apuntes e intuiciones que, a pesar de su tono demasiado nítido y concluyente, quisieran simplemente servir para empezar una conversación y abrir procesos de pensamiento e iniciativas post 15M.
La crisis y el cortafuegos 15M
La irrupción de Vox en las elecciones andaluzas evidencia que la crisis sigue siendo, diez años después y a pesar de cómo se interpreten los datos macro, la situación que mejor describe la coyuntura política y la vida social. La novedad sería que, mientras que el malestar de la crisis se activó primero en el 15M y luego en el voto a Podemos o las confluencias, ahora se estaría desplazando muy hacia la derecha.
Tras la irrupción de Vox, se han podido leer por aquí y por allá comentarios que consideraban refutada la idea de que el 15M había supuesto en España un “cortafuegos” del ascenso general de la extrema derecha que vemos en toda Europa. Me parece un error gravísimo.
El 15M supuso verdaderamente un antídoto de la derechización -canalizando el malestar hacia arriba (políticos y banqueros) y no hacia abajo (migrantes)-, pero no se puede pensar como una vacuna milagrosa, eterna y que funcionase de una vez por todas. Había que renovarla, actualizarla, para mantener vivos sus efectos. Y eso es lo que no ha ocurrido.
El 15M ya fue, es agua pasada. Lo que venga como nueva politización se llamará de otro modo y tendrá otra forma. Pero es muy importante entender bien qué fue. Es decir, qué fue lo que durante los peores años de la crisis neutralizó el virus fascistizante.
Resumiendo mucho, podríamos decir que el 15M fue 1) una dinámica de autoorganización popular. Es decir, no un movimiento referido a un sujeto preconstituido (la clase obrera, etc.), sino un proceso de “creación de pueblo”. Porque es la acción colectiva la crea un pueblo y no al revés. Un pueblo es un proceso que se hace, como en el tejido de un patchwork se van añadiendo nuevos fragmentos a la tela. Por ejemplo, en las plazas del 15M no había prácticamente inmigrantes, pero estos se unieron más tarde al movimiento a través de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y la politización del problema de los desahucios.
Y el 15M fue 2) un efecto de re-sensibilización social. Donde la crisis ponía en el centro la victimización, el resentimiento, la competencia y el sálvese quien pueda, el 15M puso la activación social, el empoderamiento, la empatía y la solidaridad. El otro, lejos de convertirse en obstáculo o enemigo, se volvía un cómplice para la acción transformadora. Más que un común ideológico, el 15M creó un común sensible en el cual se sentía como algo propio y cercano lo que les sucedía a otros desconocidos. Una nueva manera de decir “nosotros”, abierta e incluyente a cualquiera que estuviese indignado con la situación presente de precariedad generalizada y ausencia de democracia.
El asalto institucional
El “asalto institucional” quería trasladar al poder político -blindado y sordo a los movimientos de la calle- algunas de las demandas y de las nuevas claves nacidas durante el 15M. Sin duda una muy buena idea. Sin embargo, durante el proceso se rompe la tensión productiva entre intervención política e intervención social. La disputa en el campo social -que es precisamente donde se “crea pueblo” y donde se modulan los afectos colectivos- se abandona en favor de la conquista del Estado, dejando así el terreno libre a las estrategias derechistas -tanto mediáticas como de intervención sobre los territorios de vida.
La desactivación del “cortafuegos” 15M -los lazos de acción colectiva, apoyo mutuo, empatía y solidaridad- deja el paso libre a los virus que siempre están ahí durante una crisis económica y social: el miedo, el aislamiento, la amargura, la victimización, el resentimiento, la agresividad, la búsqueda de chivos expiatorios. De esa “pasionalidad oscura” -como dice Diego Sztulwark- se alimenta actualmente el desplazamiento hacia la derecha extrema y la extrema derecha.
Se habla del efecto multiplicador que han tenido los medios de comunicación en la aparición de Vox. Con toda seguridad es cierto. Pero hay que recordar que los medios de comunicación no pueden imponer a la sociedad lo que quieren siempre que quieren. Por ejemplo, era imposible que en un clima social como el creado por el 15M prendiese la idea de que la salida de la crisis pasaba por el rechazo de los migrantes o el endurecimiento del orden. Es en el debilitamiento del clima social generado por el 15M donde calan esas ideas.
Nueva Política
No sólo hemos visto cómo sube Vox, sino cómo baja Unidos Podemos. En unas elecciones donde se ha castigado al establishment (PP-PSOE) con una pérdida importantísima de apoyo político, Unidos Podemos no ha logrado recoger ni un solo voto más, sino todo lo contrario. ¿De qué nos habla esto? De la decepción y el desencanto que ha generado en un cortísimo lapso de tiempo la Nueva Política.
El asalto institucional se hizo cargo en determinado momento de una cantidad enorme de energía que venía del 15M: ilusión, esperanza, deseo. Pero hemos visto cómo ha disminuido conforme se iba asimilando a la vieja política en sus formas de hacer: personalismo extremo, opacidad y verticalización en la toma de decisiones, lógica de bandos y camarillas, relaciones instrumentales, un canibalismo interno pocas veces visto en un partido…
Por tanto, el giro político “realista” decidido en determinado momento por las élites de Podemos -subordinarlo todo a la conquista del poder político: construcción de movimiento, formas de hacer democráticas, aceptación del pluralismo y la crítica, relación positiva con el otro y con el adversario- se revela ahora como lo más iluso e ilusorio: ni se tiene el poder político, ni se tiene una sociedad en movimiento, activa o crítica.
La Nueva Política ha generado en ese sentido una despolitización -desafección, desestímulo, decepción y desencanto- y en el vacío de esa despolitización crece la derechización social. Por todo esto, si existiese un dios de las palabras, que enmudeciese a todo aquel que las usase en vano, creo que ningún dirigente de Podemos podría “apelar al espíritu del 15M” sin perder inmediatamente la voz.
Una palabra sobre Catalunya
No es el conflicto en Catalunya lo que ha “despertado el fascismo” en el resto de España, sino en todo caso la forma que ha tomado finalmente ese conflicto. ¿Qué quiero decir?
Desde este blog, hemos insistido en “pensar distinto” el desafío independentista en Catalunya. No verlo solamente como un asunto identitario o nacional, sino también como otra expresión más -difusa, ambigua, impura- de rechazo al sistema político español y su gestión de la crisis. Pero la lógica de la representación ha conseguido codificarlo enteramente como una pelea entre dos nacionalismos, excitando así el anticatalanismo histórico latente. Ha habido una incapacidad (dentro y fuera de Catalunya) por encontrar los modos de hacer ver la complejidad del procés y plantear un conflicto distinto e invitador para las gentes (muchas, muchísimas) que comparten el mismo rechazo fuera de Catalunya. Lo que era “común” -el malestar de las vidas en crisis y el rechazo del neoliberalismo- se rompe y se pierde al articularse en clave nacionalista.
Despolitizarse para repolitizarse
La repolitización que viene -mejor dicho: que ya está viniendo, con los movimientos de pensionistas o de mujeres- tiene que pasar primero por una despolitización. Una despolitización positiva, un proceso activo en el que hacernos una “limpia” de una cantidad de creencias y hábitos que hemos adquirido durante la etapa del asalto institucional. Por ejemplo:
-la idea de que la sociedad se cambia desde arriba, tomando los lugares del Estado. Cuando ni siquiera las mejoras sociales, si son algo meramente otorgado y no van acompañadas de procesos de subjetivación colectivos (debate, politización, comprensión crítica, otros valores…), contribuyen necesariamente al cambio social.
-la idea de que se puede y se debe subordinar todo a la “victoria” y la “eficacia electoral”: la discusión colectiva, las relaciones de igualdad, la democracia de los procesos, la pluralidad, el valor de la pregunta y la crítica, etc. Hemos podido verificar en muy poco tiempo que se puede perfectamente “ganar pero perder”: ganar poder y elecciones, pero perder todos los ingredientes del cambio social por el camino al disociar los medios y los fines.
Se trata de hacer de la desafección y la decepción con respecto a la Nueva Política un aprendizaje y un nuevo punto de partida. La ocasión para un cambio y un viraje. Hacer de la despolitización una palanca.
Disputar el campo social de fuerzas
El filósofo Michel Foucault nos propuso cambiar radicalmente nuestra concepción del poder: en lugar de verlo como algo que “baja” desde algunos lugares privilegiados (Estado, instituciones), nos invitó a pensarlo como un “campo social de fuerzas”. El poder viene de todos lados y se juega cotidianamente en millares de relaciones que configuran nuestra manera de entender la educación, la salud, la sexualidad o el trabajo.
Las leyes o el poder político no vienen primero, no son los resortes del cambio social, no son su causa, sino justamente los efectos de la disputa en ese campo social de fuerzas. Pensemos en los movimientos obreros, de mujeres, de homosexuales o de minorías étnicas durante el siglo XX: primero se dieron procesos profundos de transformación de la percepción, los afectos y los comportamientos sociales, que más tarde se registrarían a nivel legislativo o institucional.
Lejos de ser una mirada pesimista (“el poder está en todos lados”), la mirada de Foucault tiene implicaciones muy positivas: el cambio social está al alcance de todos, se juega en la vida cotidiana de cualquiera, nuestros gestos, decisiones y relaciones cotidianas cuentan y mucho.
Es la disputa en ese “campo social de fuerzas” lo que hemos abandonado en buena medida, dejando vía libre al miedo, el aislamiento, la victimización y todas las pasiones tristes de la que se alimentan las viejas y nuevas derechas.
En este “periodo oscuro” que se abre, en el cual el malestar social antisistema es canalizado por derecha, no se trata simplemente de encontrar otra “política comunicativa” (guiños, gestos, signos) mediante la cual hablar a los votantes potenciales de la derecha y la extrema derecha y convencerlos de votar a los partidos de izquierda o progresistas. Así seguimos reduciendo la política a “comunicación electoral”. La derecha y la extrema derecha crecen, no porque tengan una política comunicativa mejor, sino porque son capaces de producir un tipo de subjetividad (creencia, valores, afectos) con la cual sintoniza luego su mensaje electoral.
La pelea por la hegemonía social se disputa en los territorios de vida, en todos los entornos laborales, locales y familiares en los que hacemos experiencia, en cualquiera de los lugares cotidianos donde se configura nuestra manera de ver y sentir el mundo.
No se trata necesariamente de abandonar la intervención en la esfera de la representación, pero sí de complejizarla y repensar-rehacer su engarce con la intervención en la vida social. Porque es ahí donde se crea pueblo, se modulan los afectos colectivos y se cambian las cosas.
Fuente: http://www.eldiario.es/interferencias/fascismo-afectos-vox_6_843475663.html
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

¿Por que los franceses se manifiestan con violencia?


rebelion.org

¿Por que los franceses se manifiestan con violencia?

 

 


Un orden decadente es reconocible por el asombro que se retrata en las caras de sus sumos sacerdotes. Este sábado, el espectáculo no sólo estaba sólo en la calle. También estaba en las caras desconcertadas de la CNN, de Francia 2, y de casi todos los medios audiovisuales. La estupidez y el asombro tiene una misma raíz etimológica. Los trompetistas del “macronismo revolucionario” han vuelto a sus viejas categorías, las categorías del viejo mundo. Ahora titubean entre calificar de extrema derecha o de extrema izquierda a los chalecos amarillos
El viejo régimen está buscando ansiosamente “representantes” o “portavoces ” presentables. Les gustaría un directorio con quien “negociar”. Desesperados, buscan frenéticamente acuerdos con los líderes de los partidos, los parlamentarios y, los sindicatos.
Su esperanza es una “salida a la crisis “. ¿Una moratoria sobre el impuesto al diésel o quizás algo más ? Es decir, están montando otra pantomima más . Y todo esto mientras todo el sistema parecer estar la ruina. En esto están las élites. No quieren ver que el aplazamiento de los impuestos no es ninguna solución. Que no hay más tiempo, que un mundo entero se está desmoronando, que las instituciones se encuentran atrapadas en un colapso porque los chalecos amarillas no son un “movimiento social”: son un levantamiento popular.
Cuando la dominación se acerca al punto de su derrocamiento, todas las instituciones del régimen, y especialmente las del tutelaje simbólico, revelan una profunda incomprensión de los acontecimientos: ¿no es el orden establecido el mejor posible ?
Los medios comunicación han entrado en pánico manifestando en plena luz del día su odio el levantamiento popular. Más aún, porque el movimiento ha llevado el fuego donde nunca había estado y dónde siempre debería estar : entre los ricos. Y probablemente muy pronto, entre sus sirvientes.
Se dice que el presidente de la sociedad de la prensa descubrió horrorizado que”los chalecos amarillos no son el resultado de activistas sino de personas comunes y corrientes”. Los poderes de este tipo, los de la tiranía de los propietarios y sus lacayos, siempre terminan en la estupefacción y la estupidez: ¿ nos odian tanto? se preguntan. La respuesta a sus lamentos es Sí, y por las mejores razones del mundo. Después de décadas, ha llegado el momento de cobrarse tanta humillación. Digámoslo ahora mismo, hay demasiados retrasos y por demasiado tiempo.
Desde las huelgas de 1995, ha crecido la conciencia que los medios de comunicación son vasallos al poder. Los medios han trabajado incansablemente para que la población acepte un neoliberalismo que se profundiza cada vez más . Han puesto a la gente bajo una tensión insoportable, que solo funciona con un intenso bombardeo de los espíritus, para después de bombardear y gasear los cuerpos.
El Ministerio del Interior, ha hecho un favorable recuento, para el gobierno, de los manifestantes movilizados . Todo para condenar las manifestaciones y reprimir la protesta. La acusación de violencia muestra que la situación se les está escapando.
Condenar la “violencia” siempre ha sido la mejor manera de no entender nada . La ceguera voluntaria de los poderosos que califica la protesta como “violenta” es el último reducto del orden neoliberal.
Cuando celebran el 14 de julio de 1789 o conmemoran el Mayo del 68 lo hacen olvidando la violencia de esos momentos y con una loca inconsistencia. Intentan es imponer una historia embalsamada, distanciada, desvitalizada y privada de cualquier enseñanza concreta para el presente.
En cualquier caso, en un panorama general de violencia, los medios de comunicación, especialmente los medios audiovisuales, siempre muestran lo que les conviene cuidando de dejar el resto invisible. Se proponen convencer que se trata de una violencia incomprensible : El mal en estado puro.
La negación de la violencia social es la forma suprema de violencia a la que Bourdieu le dio el nombre de violencia simbólica. Para los medios de comunicación las víctimas de la violencia institucional, debería estar agradecidas a pesar que han sido denigradas y privadas metódicamente de cualquier medio para resistir la violencia del sistema.
Dado que todos los medios institucionales han abandonado al pueblo, este no tienen más remedio que someterse por completo o rebelarse. Ahora , cuando se rebela es tratado como aborrecibles, ilegítimos y antidemocráticos. Una trampa perfecta.
Sin embargo, llega un momento en que el terror simbólico ya no sirve, tampoco valen los veredictos de legitimidad o ilegitimidad. El sufrimiento se transforma químicamente en ira, en la misma proporción de lo que se ha negado. Entonces, todo puede pasar, y no debemos sorprendernos. Nada se respeta cuando todo ha fallado; los diputados, los bancos, las mansiones, las prefecturas policiales.
Es cierto que para aquellos que han vinculado su posición y sus ventajas con las circunstancias del momento, y que no han dejado de repetir que no había otro mundo posible, la irrupción de un proceso radical no deja más solución de una lectura : “es aberrante”, “monstruoso”, o mejor aún, es “violento”. Hay que calificarlo de “marginal” y “bárbaro” para justificar el uso represivo de la fuerza policial. Estas dos caracterizaciones ya no son creíbles en Francia
En efecto, los “chalecos amarillos” ofrecen una figura oximorónica, incomprensible para los poderes. De aquellas “buenas personas” que se manifestaron al principio a “locos enfurecidos”.
Veamos qué ha pasado : si el pueblo se enfurece es porque lo empujaron al límite. Después de 30 años de neoliberalismo (y 18 meses de guerra social macroniana) grupos sociales enteros han sido empujados al límite.
El régimen cree que lo que no se habla en sus exclusivos círculos no existe. Los medios de comunicación no vieron venir a los “locos indignados”. Pero aquí están, son consecuencia de una larga y silenciosa acumulación de ira; acaban de romper los diques.
Los chalecos amarillos no serán fácilmente llevados de vuelta a casa. Peor aún, las “buenas personas” que fueron a las primeras manifestaciones, ahora han experimentado en carne propia la violencia policial. Estas “ buenas gentes” al principio quedaron aturdidas. Ahora algunos cargar paletas en una rotonda para construir una barricada.
Apostamos porque un gran cambio se está produciendo en sus mentes. Todas las personas que desde el 2016 hasta el 2018 se manifestaron pacíficamente hoy son calificados como “matones ultras violentos ”, viven la agresión policial y la violencia de los medios de comunicación.
La otra artimaña es mantener las acciones reales de la policía fuera de la pantalla. La mentira por la ocultación es general, implacable, tan espesa como la propaganda de una dictadura.
La población demostraría instantáneamente su indignación si tuviera la oportunidad de ver la décima parte de lo que los medios de comunicación tradicionales ocultan sistemáticamente los videos con una anciana sangrante o los jubilados gaseados después de una carga policial.
Mientras la televisión nos emborracha hasta la náusea con las ventanas de McDonald en llamas, ningún noticiero informa de la muerte de un octogenario por una granada de gas lacrimógeno o muestra el video de un joven golpeado por ocho policías.
A pesar que hay cientos de manifestantes gravemente heridos y por lo menos un par de muertos , por las armas policiales, todavía ni un solo medio de comunicación audiovisual importante ha transmitido que está pasando con aquella gente que hace un mes llamaron “buenas personas” .
Hay una manipulación general de la violencia. Sabemos cuando se inicia y no cuando termina. Puede llevarnos muy lejos.
¿Quién sino Macron ha desatado la violencia? Declaró la guerra contra su pueblo con la acción policial (y tal vez pronto una acción militar) en compañía de los medios de comunicación que ya han declarado la guerra simbólica al pueblo.
Los ofendidos han estado mucho tiempo sin decir una palabra, han soportado las agresiones económicas, el desprecio de las elites, las mentiras de los medios de comunicación, la brutalidad policial.
El genio “malvado” de la reciprocidad violenta ha salido de la botella. Los primeros tweets de los primeros manifestantes relatan el asombro de quienes fueron apaleados sin justificación ninguna . Ese asombro inicial ahora ha mutado en cólera.
En estos días todas las instituciones de la violencia neoliberal se han exhibido desnudas. Basta conversar con los estudiantes que fueron gaseados con gas pimienta y rodeados por policías con perros. Ellos como el resto de los franceses no olvidarán esa imagen.
Ahora el cuerpo policial comienza a tener sudores fríos. Se sienten solos en sus cuarteles. Desde que se quemó la prefectura de Puy-en-Velay, saben de qué son capaces los “otros”.
Recientemente el viceministro del Interior ha reconocido que el dispositivo policial está “estresado “. Por lo tanto piensan que es urgente negociar, dar un giro a los acontecimientos. Mientras tanto los policías están inquietos por la inercia política de Macron. Son conscientes de las desgracias del pueblo, incluso algunos podrían sumarse a los manifestantes si nos proponemos escucharlos .
Aunque el poder se esfuerza por volver a lo que podría llamarse la “sumisión voluntaria” (o “la situación de La Boétie”) el velo se ha roto y la cruel realidad del poder desnudo se impone.
En el otro lado el movimiento se sabe numeroso pero todavía hay un buen margen para seguir creciendo. Lo veremos pronto: se sumarán los estudiantes de secundaria, los universitarios , los paramédicos, los agricultores, y muchos otros. Ellos , las elites son muy pocos y reinan sobre nosotros que somos la mayoría.
Pero ¿y el ejército? El adolescente travieso que está en el Elíseo es capaz de cualquier tontería : no solo usa granadas contra su población (que son armas de guerra) también ha colocado francotiradores con armas de fuego en los edificios parisinos. La imagen es tan impresionante que Le Monde, también se está preguntando si no ha llegado el momento de dejar de apoyar a su protegido.
En cualquier caso, las editoriales de Le Monde que aplaudían como “un maravilloso estallido de libertad” las manifestaciones de Túnez o de la Plaza Tahrir ahora en Francia hablan de un “inmundo levantamiento popular que recuerda horas oscuras”. Todo vuelve, todo salpica.
Cuando el poder paga una bonificación excepcional a las fuerzas del orden para que se vuelvan más infames, es porque tiene miedo, ha perdido legitimidad, ha colapsado, sólo se sostiene por la fuerza,
El poder es odiado porque sistemáticamente se ha hecho odioso. Hoy está pagando una factura que viene desde muy lejos. Y cuando el poder sólo puede aferrarse a la represión, (tal vez con a una deriva militar) no merece otra cosa que caer.
Frédéric Lordon, economista y filósofo francés.
Fuente original: https://kritica.info/porque-los-franceses-se-manifiestan-con-violencia/

Morir de miedo en Palestina


rebelion.org

Morir de miedo en Palestina

 

 


Samer al-Arja era un niño palestino de tres años que corría alegre entre los callejones del campo de refugiados de Tal-as Sultan, situado al norte de la ciudad de Rafah, pegado a ella, en la franja de Gaza, casi tocando los muros y el alambre de espino que la separan de Egipto y del mundo. De los ciento cincuenta mil habitantes de Rafah, cien mil viven en los míseros campos de refugiados que la rodean.
La mayor parte de la ciudad fue demolida por el ejército israelí entre el año 2000 y el 2004: el general Yom-Tov Samia, jefe del comando sur del Tsahal israelí fue tajante, entonces: había que demoler trescientos metros a cada lado de la línea fronteriza, sin que importase cuántas casas desaparecerían. Con excavadoras blindadas Caterpillar D9 los militares israelíes, sin advertir previamente a la población, iniciaron redadas nocturnas: derribaron en unos meses 1.700 casas palestinas. Solamente en mayo de 2004, destruyeron trescientas viviendas, diez hogares palestinos cada día. La feroz campaña militar se basaba en la hipótesis de que cada palestino es un posible terrorista, y cada hogar de los territorios ocupados un punto para lanzar ataques. Ese mismo mes, el gobierno israelí aprobó un plan para ampliar las demoliciones: miles de palestinos quedaron sin hogar, pero eso no importaba al sanguinario Ariel Sharón, primer ministro de Israel en aquellos días.
El 20 de mayo de 2004, el Tsahal atacó el campo de refugiados donde vivía Samer: era la operación Arco Iris, lanzada para destruir los pasos subterráneos por donde se abastece precariamente la población gazatí, en condiciones inimaginables, y por donde pasan también algunas armas para los combatientes que resisten la ocupación israelí. La familia de Samer huyó de los bombardeos y llegó al barrio de al-Jneina. El 21 de mayo, mientras la población palestina intentaba resistir con las manos desnudas, arrancando coraje de la desesperación, una bomba lanzada por los militares israelíes cayó cerca del edificio donde Samer y su familia se habían refugiado. La explosión aterrorizó a Samer, cuyos tres años de vida no le habían preparado para la destrucción y las bombas, y perdió el conocimiento.
Sus padres, desesperados, lo llevaron al hospital de Rafah, pero los médicos palestinos sólo pudieron certificar su muerte. ¿Un niño de tres años puede morir de un ataque al corazón? Había muerto de miedo.
El derecho internacional impone obligaciones a todos los países, también a las potencias ocupantes de territorios ajenos: entre otros, el deber de distinguir a la población civil de los combatientes armados, y, además, el de proteger a la población de los territorios ocupados o controlados. Sin embargo, Israel, acostumbrado a hacer caso omiso de cualquier norma de conducta humanitaria, lanzó, en el verano de 2014, un apocalíptico castigo con la operación Margen protector: mató a 2.310 palestinos (entre ellos, 469 niños, según UNICEF), hirió a más de 12.000 (de los que 3.000 eran niños) y sus bombardeos convirtieron a medio millón de palestinos en refugiados y desplazados. En los pobres hospitales de Gaza, adonde llegaban los coches y ambulancias que trasladaban a los heridos, a veces cadáveres despedazados, los médicos debían limpiar con mangueras la sangre de los heridos que llenaba los suelos de los quirófanos.
Israel ejecuta demoliciones ilegales, obliga a desplazamientos forzosos, deja a miles de personas sin hogar, se desentiende de los problemas de los palestinos que han sido forzados a huir, y se niega a pagar ningún tipo de reparaciones por la destrucción causada, además de ordenar a sus francotiradores que disparen a matar, como se vio en abril y mayo de 2018 en las semanas de protestas que siguieron a la Gran Marcha de Retorno palestina. Esa actuación define a un Estado terrorista.
Todos los niños palestinos padecen problemas de ansiedad por el acoso y la guerra que impone Israel, y muchos mueren, como Samer, pero la mayoría de los israelíes prefieren ignorarlo: Yom-Tov Samia es ahora un general retirado que vive en Tel-Aviv; es presidente de varias compañías de logística, sistemas de control y seguridad, y no sabe nada de Samer Al-Arja, el niño palestino que murió de miedo en Rafah.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Una implosión triple y simultánea en el centro de la UE


rebelion.org

Una implosión triple y simultánea en el centro de la UE

 

 


Asistimos estos días a la triple y simultánea implosión del poder en Francia, Reino Unido y Alemania. Los tres principales socios de la Unión Europea afrontan erupciones de distinto signo que confluyen en el mismo resultado, un peldaño más abajo en el proceso desintegrador en curso.
En Francia Macron está acabado. Podemos discutir la evolución del proceso y cuanto durará. Es posible que el Presidente confirme los pronósticos del Napoleon le petit e intente un golpe de fuerza. También es posible que acabe abandonando el Elíseo en helicóptero, pero el resultado será el mismo: su política de darle la puntilla a 30 años de neoliberalismo en Francia para ponerla de una vez por todas en línea con el conjunto europeo, se ha demostrado impracticable. Los franceses no quieren más degradación, piden un cambio de política y Macron es incapaz de concederles ese cambio.
Tras la digna revuelta griega, dramáticamente traicionada por Syriza, y el agotamiento del 15-M en España, es la primera vez que el factor social actúa en la UE, de una forma clara y rotunda -con un inequívoco componente de clase- desde la quiebra de 2008. El vaso se ha desbordado. Habrá que ver qué impulsos de ejemplo lanza hacia otros países, lo que en 2011 llamamos el efecto 1848 .
Los franceses no son antieuropeos, más bien fueron los inventores de la integración europea. No se oponen al cambio, más bien quieren un cambio socialmente progresivo y no regresivo. Respecto a la violencia, no se mide en escaparates, cubos de basura y mobiliario urbano dañado: se mide en millones de vidas degradadas a lo largo de por lo menos una generación. El Estado y la República se repliegan ante la mundialización favoreciendo los intereses de los más acomodados e incrementando las desigualdades. Todo esto es evidente para cualquier persona normal que lo sufra, pero no lo es para los no afectados: el grueso de los políticos y del complejo mediático desconectados de la vida de los comunes.
En el Reino Unido la crisis es resultado del caos que provoca la aplicación de la voluntad de la población expresada en un voto democrático sobre la salida del país de la UE. Hasta el referéndum del Brexit de junio de 2016 ninguna votación de ciudadanos europeos desfavorable a la política de la UE ahora cuestionada en Francia fue atendida. Se trata de 8 consultas a lo largo de 24 años que comienzan en 1992 en Dinamarca hasta Holanda en 2016, pasando por Irlanda, Francia y Grecia. Siempre se les hizo volver a votar, se impuso lo mismo por otras vías, o simplemente se ignoró. El Brexit fue una excepción en todo eso y crea un montón de dificultades, en primer lugar porque Bruselas tiene que lograr que el asunto salga mal a fin de que la salida no se haga atractiva allí donde existe terreno abonado; desde Italia a Polonia, pasando por Hungría y, sobre todo, por Francia… La pregunta sigue siendo: ¿qué tipo de club es ese del que no puedes salir sin ser duramente castigado? Hay que analizar qué reflexión sobre la UE introduce esa pregunta para la población europea que asiste al espectáculo del Brexit desde la barrera.
En Alemania el triple desmonte practicado se salda con la salida de la canciller Merkel. Se trata del desmonte social heredado de la agenda 2010 de Schröder y disolvente de la cohesión social interna, se trata del impulso anti europeo del nacionalismo exportador potenciado por el dumping salarial de aquella agenda, y se trata del fin de la ostpolitik que ha vuelto a destacar tropas alemanas junto a la frontera rusa. Resulta que esa triple calamidad de la Europa alemana también desemboca en una crisis política. Se disuelve el bipartidismo de los volksparteien (CDU y SPD) para consagrar un amplio abanico. La CDU es la última fuerza que aún obtiene más del 25% del voto. Como dice Jakob Augstein, “el último volkspartei de Alemania”, cuyo Bundestag ya cuenta con el mayor grupo parlamentario de ultraderecha del continente. En ese contexto Merkel se va, entregando el testigo a una continuadora antes de que el triple fiasco de su gestión se haga evidente.
Vista desde el bunker central del euro en Frankfurt, la situación es prodigiosa. La crisis política afecta por igual a las tres variantes; el Reino Unido no está en la moneda única, Francia es una clara víctima del euro y Alemania no solo está en el euro sino que es su administradora, la guardiana de su ortodoxia y su principal beneficiaria. ¿Cómo hay que interpretar esto? ¿Cuándo se preguntarán los tecnócratas del BCE y de la Comisión por la viabilidad de la política de austeridad? Hasta el momento no han visto venir nada, ni el Brexit, ni la revuelta en Francia ni el avance ultra por doquier y también en Alemania. ¿Será diferente ahora? No lo creo. Con esta triple y simultánea implosión del poder en los países centrales de la UE, la austeridad tal como la conocíamos está muerta pero sus autores no se dan cuenta. Es, podríamos decir, el momento soviético del proceso de crisis desintegradora que vive la Unión Europea.
Fuente: https://rafaelpoch.com/2018/12/11/una-implosion-triple-y-simultanea-en-el-centro-de-la-ue/