jueves, 24 de octubre de 2013

La era del dólar ha llegado a su fin

La era del dólar ha llegado a su fin

La era del dólar ha llegado a su fin

La era en que el dólar americano era la divisa universal para la realización de cualquier tipo de transacción ha llegado a su fin, si bien el periodo de transición en que pierda su liderazgo demorará un tiempo más. Las economías del orbe llevan un par de años sustituyendo las reservas que tenían en dicho papel moneda y aunque sea un tema que se maneja con precaución dadas las desastrosas consecuencias que podría generar la aceptación de este hecho, es una verdad innegable.

La manera en que los EEUU imprimen papel para cubrir sus obligaciones inmediatas aún cuando su economía se encuentra estancada es un acto desesperado que no sólo provoca inflación fiduciaria sino que la pérdida de confianza provocada en los bancos centrales ha reducido la participación del dólar en sus reservas en no menos de 10 puntos porcentuales durante la última década. El terreno ganado por el euro y la misma revalorización del oro son factor, pero también consecuencia de la debilidad de la divisa americana.
Porque existen mil argumentos técnicos para defender al dólar, pero aún siendo ciertos, ni todos ellos juntos son suficientes para contrarrestar los dos más grandes que se tienen en su contra: que está respaldada en una economía endeudada y que sus reservas en metal son ficticias.
Producción y deuda
Si bien es cierto que EEUU es la mayor economía del mundo medido a través de su PIB nominal, gran parte de su desarrollo se debe al endeudamiento, por lo que su riqueza está comprometida. La unión americana es la nación con mayor deuda externa del orbe y ella rebasa la totalidad de los valores agregados generados en un año. Debido a la alta carga que representa su deuda, cada vez le es más complicado conseguir financiamiento para solventar sus finanzas en el sector público y ello explica en parte la simulación entre partidos para no aprobar su presupuesto y llevar sus instituciones a paro.
Bajo esas mismas condiciones y si se tratase de un ciudadano americano en su misma nación, seguramente la preocupación de embargo y desalojo ocuparían su mente las veinticuatro horas. Porque el primer cese de pagos en la historia estadounidense está a la vuelta de la esquina y a medida que pasa el tiempo las dudas incrementan, algo que es mortal en un mundo regido por la especulación.
Reservas ficticias en oro
El oro es el instrumento de reserva por excelencia. Las operaciones estabilizadoras de política monetaria suelen ocupar los dólares para proteger sus intereses debido a la facilidad de comercialización que brinda el papel-moneda y así poder influir en el mercado. Pero lo anterior se hace bajo el supuesto de que el dólar cuenta también con un respaldo en metal precioso y no simplemente a la especulación sobre la economía estadounidense.
Recién el año pasado tras el escándalo protagonizado por Goldman Sachs al vender certificados íntegros de oro cuyo aval físico en bóvedas resultó ser ficticio, el gobierno alemán –que además es sostén y pilar del euro- comenzó las presiones hacia la banca central estadounidense para repatriar la mitad de sus reservas en oro que se encuentran almacenadas en territorio americano.
Pero resultó un fiasco. Tras diversas gestiones alemanas, las inspecciones permitidas fueron mínimas y se generó un alto grado de desconfianza hacia la Reserva Federal de EEUU, concluyendo diversos especialistas que como en Goldman Sachs, el respaldo era fraccionario o inexistente. Por ello el argumento de hacer la devolución hasta el año 2020 a no ser que con canales diplomáticos logren extender dicha fecha de entrega también.
La debilidad del dólar y la complicidad de las demás naciones
El dólar sigue siendo un valor de cambio exclusivo en el sector energético, principalmente del petróleo, así como la divisa ideal para los emprésitos, aunque precisamente los escenarios actuales exigen mayores alternativas. Porque lo que es su principal fortaleza también es su mayor desventaja: al tener presencia en todas las monedas del mundo y por tanto, la capacidad de devaluarlas todas, de darse una erradicación del dólar de forma simultánea alrededor del orbe, la desvalorización de las divisas sería proporcional a su respaldo en dólares, estos es, que en términos mundiales se perdería un valor nominal, no real –cosa que se daría al revés con cualquier otra moneda.
Entonces el paradigma cambia: es la moneda –y la economía- de EEUU la que se sostiene y opera gracias a las monedas -y economías - del mundo, y no viceversa, como ellos suponen.
Las naciones del mundo tienen conocimiento de la fragilidad del dólar pero con la finalidad de no acelerar procesos, guardan silencio y actúan con cautela, pues toda la economía se encontraría al borde del colapso. Los países saben que sus reservas en dólares valen mucho menos de lo que se especula pero nadie quiere –o puede- reventar la burbuja que encadene una serie de eventos fatídicos.
Y es que la forma en que la economía de mercado asigna un valor, es verdaderamente sencilla y hasta irrisoria: basta que un par de personas, o en este caso naciones, crean –o digan- que una mercancía cuenta con valor, para que de inmediato le sea asignado un precio y pueda ser comercializable. Con las monedas sucede de manera parecida, dado que bastan dos naciones que crean que una divisa vale y está respaldada, para que sea ocupada como unidad de cambio. La especulación es la madre de la economía actual y aunque en apariencia el mercado de divisas sea el mayor informado, la verdad es que se cimienta en la mentira compartida: “acepto que su moneda tiene un valor siempre que ustedes acepten que la mía cuenta con una proporción de dicho valor”.
Por eso los vaivenes del mercado de valores y sobre todo del mercado de dinero son tan impredecibles: se basan en pronósticos, nunca en realidades. A lo más, su especulación obedece a la posibilidad de que un escenario se presente dado un fenómeno real, nunca a la consecuencia en sí.
lj/er
Nota: Las opiniones expresadas por el autor no necesariamente coinciden con los puntos de vista de la redacción de La Voz de Rusia.

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