lunes, 7 de marzo de 2016

EL CAMBIO DE LOS TIEMPOS NOS LLENA DE ESPERANZA (I)

EL CAMBIO DE LOS TIEMPOS NOS LLENA DE ESPERANZA (I)



        La detención por corrupción del jefe del Partido de los Trabajadores de Brasil, Lula da Silva, uno de los iconos del “antiimperialismo” y el “anticapitalismo” mundial, tras sucesivas intervenciones judiciales que han llevado a docenas de dirigentes de aquel partido a la cárcel en los últimos años, puede ser tomada como el final de un periodo histórico que comenzó en 1991, con el desplome de la Unión Soviética.

         Los partidos comunistas e izquierdistas eran instrumento de que se valía el capitalismo del oeste de Europa tras la II Guerra Mundial. Desintegrada la Unión Soviética, y convertida China “socialista” en vanguardia del capitalismo, los viejos izquierdismos fueron relanzados desde arriba a partir de tres puntos programáticos, las religiones políticas, el “antiimperialismo” institucional y el “anticapitalismo” burgués. De ese modo, el estalinismo (fascismo de izquierdas) renacía de sus cenizas.

         En Latinoamérica el Partido de los Trabajadores de Brasil y el chavismo han sido los dos pilares de tal estrategia. Ahora, si el primero está atrapado en una descomunal trama de apropiación de fondos estatales y robos, el segundo agoniza a causa de un fracaso muy estridente. Dentro de esa operación de significación planetaria estuvo el ascenso de Obama, el “Mesías Negro”, a la presidencia de EEUU, hoy un político y un proyecto agotados. En Bolivia ese gran enemigo de los pueblos indígenas que es Evo Morales padece un creciente descrédito. Cuba vuelve a ser, ya explícitamente, lo que era antaño, una semi-colonia del imperio. Nicaragua por un tiempo sandinista, es hoy un extravío político y social

         El régimen de Nelson Mandela, primer agente político del capitalismo sudafricano, al que garantizó el paso del régimen de “apartheid” al parlamentarismo para acelerar la acumulación del capital y mantener la dictadura política, se ha desenmascarado al reprimir sangrientamente las huelgas de los mineros negros, en algún caso con bastantes víctimas mortales, precisamente en minas de las que la familia Mandela es accionista… En Irán la “revolución islámica” de los ayatolas, una mojiganga sangrienta pactada con EEUU para reprimir a las clases trabajadoras alzadas contra el régimen terrorista del Sha, se desenmascara a buen ritmo, al ser la dictadura del gran capital, sobre todo del estatal, provista de formas fascistas.

         Así pues, el “antiimperialismo” burgués, ajeno a las clases populares de los países sometidos y opuesto a la revolución, está en una fase de retirada.

         En Grecia, la demagogia de Syriza y su jefe Tsipras se ha venido a tierra en un tiempo record, al estar aplicando políticas de “ajuste” todavía más duras que las exigidas por la Troika. En menos de un año ese gubernamental montaje palabrero ya ha sido combatido por los trabajadores con tres huelgas generales.

         El “anti-capitalismo” concebido como hiper-consumismo, como expansión supuestamente ilimitada de las prestaciones asistenciales del Estado de bienestar en los países ricos, choca con la realidad de unas economías europeas que necesitan incrementar la acumulación de capital para mantenerse en la competición contra las potencias rivales de la UE. Lo cierto es que dicho “anti capitalismo”, una de las expresiones más toscas de la ideología burguesa, prepara las condiciones para instituir en Europa el modelo chino de economía.

         Hemos ido descendiendo de mileuristas a seiscientoseuristas, y mientras los más cualificados agentes del capitalismo en el seno de las clases populares nos calientan la cabeza con la historieta de “la función redistribuidora del Estado”conocemos que el empresario Amancio Ortega tiene 61.000 millones de euros. Nunca han sido tan grandes como ahora las desigualdades sociales, jamás han sido, como en el presente, tan ricos los ricos y, comparativamente, tan pobres los asalariados. Quienes planean mantener ese estado de cosas por medio de una política de distribución de micro-limosnas a la plebe, para sobornarla y corromperla con unas pocas monedas, se encuentran con que la realidad les desautoriza cada día. 

         En suma, la detención de Lula es expresión del fracaso explícito del proyecto político global implementado por el imperialismo occidental tras la caída de la Unión Soviética a fin de disponer de fuerzas políticas “radicales” a su servicio, que les son imprescindibles para impedir el desarrollo de las corrientes revolucionarias. Dicha estrategia ha ofrecido buenos resultados a sus creadores durante 25 años pero ahora está en retirada, desacreditada y cuestionada. Que haya sido el poder judicial y policial brasileño quien ha actuado contra Lula indica que su partido e ideología ya no son una fuerza útil al capitalismo, lo que se explica por su colosal agotamiento y desprestigio.

         ¿Qué ha sido de las religiones políticas? Ese descomunal montaje violento y totalitario, de naturaleza estalinista, destinado a imponer a viva fuerza las necesidades fundamentales del ente estatal y la clase patronal a las multitudes, está asimismo en reflujo. Sus agentes se han manifestado como componentes esenciales del poder al mismo tiempo que muy ávidos recaudadores de subvenciones estatales y empresariales. Además, sus dementes enunciaciones, sometidas a la prueba de la práctica, están siendo cuestionadas y refutadas. La evolución de la sociedad en su base, sociológicamente diríamos, hace astillas los atroces dogmatismos de tales creencias obligatorias. Finalmente, la denuncia a que las hemos sometidos, además de las propuestas alternativas superadoras, les están dejando escasas prestigio intelectual y credibilidad política, a pesar del fanatizado apoyo que reciben de todo el poder mediático.

         En definitiva, se ha constituido una situación a escala mundial en la que todo un entramada de formulaciones, programas, proyectos, teorías, teoréticos, formas organizativas y metas estratégicas, en parte heredados del estalinismo y en parte constituidos tras 1991, se está descomponiendo. Un vacio bien visible, múltiple y profundo, se ha ido constituyendo. Un vacio que puede y debe ser llenado con una nueva concepción sobre el cambio revolucionario integral a escala planetaria.

         En lo que llaman España la situación táctica es algo diferente. Por motivos históricos, la guerra civil, los 40 años de fascismo y el modo como se efectúo el paso del franquismo al parlamentarismo (con la izquierda hegemonizando un proceso destinado a dotar de estabilidad y futuro a todo el entramado de poder que Franco había presidido), la izquierda conoce en el presente una situación de auge y ascenso. Pero esto es meramente coyuntural.

         Podemos, su principal expresión, es un montaje del CNI, el ejército y el banco Santander, que se mantiene gracias a las cadenas televisivas de la plutocracia. No posee ni una estrategia a largo plazo ni un programa que vaya más allá de la demagogia ni suficientes dirigentes experimentados ni tampoco solidez organizativa. Es una chapuza del tipo “mantente mientras cobro”, incluso peor que su partido hermano, Syriza.

         Poseemos tres certezas sobre el bloque Podemos-grupos afines. Su descrédito a medio plazo es inevitable y será formidable, si bien no tan rápido como el de Syriza. En las condiciones objetivas e internacionales existentes es factible que sea mucho más que un retroceso coyuntural, pudiendo elevarse a retirada definitiva del centro de la escena política de las fuerzas del izquierdismo burgués. Hay una posibilidad real de que la idea y el ideal de revolución total sustituya entonces, en la cabeza de los sujetos y colectivos más avanzados, al chapucero, demagógico y burgués programa de Podemos.

Ahora el sistema de dominación, a escala mundial, conoce un momento de debilidad, confusión y déficit en lo referente a sus herramientas políticas, que se han ido desgastando y están en una fase de retroceso. Sin duda, esta debilidad es relativa y además pasajera pues los poderes de facto ya están trabajando para dotarse de nuevas armas políticas, pero es al mismo tiempo muy cierta. Por el momento, el statu quo conoce una situación de agotamiento y defensiva, que puede mantenerse durante años y que cabe utilizar para hacer avanzar el proyecto revolucionario.

Lo necesario es: 1) comprender transformadoramente la situación, bastante favorable, que se ha ido constituyendo, 2) tratar los grandes problemas de nuestro tiempo por medio de un cuerpo argumental mínimo suficiente, que en parte existe ya y en parte ha de ser puesto a punto, 3) planear un trabajo de difusión múltiple que lleve las propuestas del proyecto integral revolucionario a las clases populares, 4) autoformar y formar personas de calidad, aptas para el esfuerzo transformador, 5) estimular todas las formas de lucha en la calle y oposición a los gobiernos de la izquierda burguesa, 8) hacerlo todo ello a través del compromiso individual y la acción colectiva.

En esta situación hemos de saber qué estamos en condiciones de lograr y qué no. No podemos, en efecto, llegar a las masas por el momento, porque son patrimonio del hiper-poderoso poder mediático y están apresadas por un sinnúmero de formas de dominación que las hace dóciles, desinformadas y pasivas. Pero si podemos llegar a esa minoría, muy reducida aunque decisiva, de personas que, a pesar de todo, piensan por sí mismas, se hacen preguntas, buscan una salida y están dispuestas a pelear.

A las sociedades las mueven minorías, verdad tan a lamentar como a no poner en duda. Atraer y ganar a las minorías reflexivas, activas y generosas hoy es la pre-condición de la consecución de nuevos y magníficos logros mañana. Nosotros somos muy débiles en todo menos en argumentos y formulaciones: ahí reside nuestra fuerza y desde ahí hemos de actuar estratégicamente. Ahora es más fácil atraer a dichas minorías porque el entramado de propuestas y formulaciones del radicalismo burgués se cae a pedazos, y está siendo desmantelado. Todas estas cuestiones deberían ser tratadas en el II Encuentro por la Revolución Integral. Los tres-cinco años próximos serán decisivos.

Pero no sólo es la política lo que debe ocuparnos. Esta es parte y no todo. Por eso en un próximo trabajo trataré sobre los asuntos no-políticos.
(Continuará)

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