domingo, 25 de marzo de 2018

Los 5 hackers que más han aportado a la innovación colectiva en internet y a la libertad de la información


cybermedios.org

Los 5 hackers que más han aportado a la innovación colectiva en internet y a la libertad de la información

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Hace algunos años me he venido cuestionando acerca de los hackers que a nivel individual han aportado más al campo de internet y la libertad de la información.
Ciertamente, si bien la lista de los elegidos puede variar enormemente de acuerdo al criterio para realizar tal selección, yo he decidido oponer los siguientes puntos para elaborar mi lista:

a) Que su acción (creación de un programa, proyecto, idea, etc) haya tenido un impacto sostenido y duradero para otros hackers.

b) Que se apegue en lo posible al ideal histórico del ethos hacker; es decir, que contemple los escenarios de la tecnomeritocracia, la economía de beneficio y la ética hacker.

c)  Que su acción fomente escenarios inclusivos y libres, por sobre los propietarios y cerrados a los demás.

d) Que sus acciones fomenten primero ganancias sociales cooperativas e inclusivas, por sobre las ganancias económicas personales.

Bajo estos criterios he dividido mi TOP FIVE HACKERS en dos rubros, a nivel individual y a nivel grupal.
Es esta primera entrega me referiré al nivel individual, recordando que la numeración refleja la mayor o menor importancia en mi lista.

1- RICHARD STALLMAN (EL HACKER MÁS GRANDE EN TODA LA HISTORIA), también conocido como el “último hacker verdadero”, es de los pocos que ha practicado a rajatabla los principios que conforman el ethos hackers, a él se le deben proyectos tan sobresalientes como la Free Software Foundation y el inicio de dinámicas cooperativistas a través de internet como la licencia GPL (que ha derivado en las actuales Creative Commons, por ejemplo).
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2- DENNIS RITCHIE, desarrollador de los sistemas operativos de Multics y Unix, así como del lenguaje de programación C, el cual compartió libremente con la comunidad de programadores de su tiempo. Practicamente, casi todo internet, los sistema operativos, etc. están hechos con Unix y con lenguaje C. Así pues, en términos históricos, el valor de Dennis Ritchie fue el sentar las bases para el surgimiento de los old school hackers , al tiempo que “…el contexto del ‘hacking’ se vio influenciado por elementos como la innovación colectiva y la propiedad comunitaria de software.” (HERNÁNDEZ; Vladimir “Chihuaco” (2003) “Un poco de historia – hackers y software libre.”

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3- WAU HOLLAND, hacker alemán que durante su estancia en esta vida fundó el Chaos Computer Club –CCC- (el colectivo de hackers más añejo e influyente de la historia), inauguró las figuras del “ethical hacking” y el “hacker samurai” (que ingresa a un servidor externo no para robar información, sino para alertar de sus posibles fallos de seguridad), además de impulsar la inclusión y formación de nuevas generaciones de hackers en el CCC bajo principios éticos de respeto y creatividad. Descanse en paz.
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4- RICARDO DOMÍNGUEZ, si bien no es el único, a él le tocó personificar y abanderar el movimiento hacktivista historico de los años 90s, propiciando que los hackers fueran más allá del escenario tecnológico y empezaran a preocuparse por la defensa de los derechos humanos, el derecho a la información y a la privacidad. En su momento, fue uno de los mayores impulsores del Zapatismo.Net, de las tácticas netstrike en la web y, junto con e-toy, de la puesta en marcha de la táctica de redes conocida como “enjambre”.
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5- LINUS TORVALDS, con un sentido político y de ethos hacker muy menor en comparación a Richard Stallman, a Torvalds se le debe hacer del software libre un proyecto realmente inclusivo al fomentar que no sólo los hackers de élite, sino también los aficionados, pudieran participar en Linux, generando un modelo de producción de software conocido como modelo bazar (abierto a la innovación colectiva) por sobre el tradicional modelo catedral (cerrado a la innovación colectiva).
EDITORIAL:
A futuro, es muy posible que haya más Linus Torvalds…
A futuro, es muy poco probable que haya más Wau Holland y Ricardo Domínguez …
A futuro, ES IMPOSIBLE que haya más Richard Stallman y/o más Dennis Ritchie, lamentablemente.
CRÉDITOS:
Autor: Doctor Jorge Alberto Lizama Mendoza. UNAM-México, 18 marzo 2018
Fecha original de publicación: 6 agosto 2006
Fuente Original: https://cybermedios.org
También publicado en Steemit: https://steemit.com/@cybermedios.org
 



La gran conspiración contra la libertad


disidentia.com

La gran conspiración contra la libertad

 

Benegas y Blanco

“…Desmintiendo tópicos y sugiriendo incómodos paralelismos para todo lector occidental, este libro nos abre los ojos al desalentador espectáculo de una gente embrutecida, endeudada, fundamentalista cristiana y amante de la caza, a la que no le alcanza ni para pagar las medicinas. Personas que, sin embargo, en defensa del «estilo de vida americano», votan a los republicanos «porque tienen más pelotas», y de este modo acaban decidiendo el destino de un mundo que ni conocen ni comprenden.”
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Esta es parte de la reseña comercial del libro “Crónicas de la América profunda” (2007), de Joe Bageant, toda una declaración de intenciones que, al menos honestamente, nos advierte que el texto contiene una crítica despiadada hacia la amplia clase media rural norteamericana. Una clase decrépita que, no obstante, se resiste a asumir el cambio de paradigma que las élites de expertos radicados en las grandes ciudades tratan de imponer “en bien de ellos“.
Por el libro, escrito poco antes de la victoria de Barack Obama, desfilan personajes muy variados, hombres y mujeres en una aparente situación terminal de la que son plenamente conscientes. Y sin embargo, aborrecen a los escasísimos políticos demócratas que se acercan a hacer campaña a sus pequeños y polvorientos pueblos para recordarles lo que ya saben, que viven bordeando la miseria, y ofrecerles servicios sociales a cambio de su voto.
La gran conspiración contra la libertad
Se trata de gente como Joey, que no puede costearse un caro trasplante de cadera y camina de un lado a otro cojeando, como si fuera un androide destartalado. O Dotie, una mujer de cincuenta y nueve años, que pesa ciento treinta kilos y puede cantar las canciones de Patsy Cline casi tan bien como la propia Patsy, pero que padece una insuficiencia cardíaca grave para la que necesita una costosa medicación que, cuando le surge un gasto imprevisto, no puede comprar.
Para ellos la libertad individual es eso: un valor sagrado. Tan sagrado como las escrituras de la Biblia que escuchan regularmente todos los domingos
Sin embargo, ni Joey ni Dotie, ni otros muchos personajes que desfilan por las páginas del libro, toleran que se sienta lástima por ellos. Tampoco están dispuestos a dejar de ser quienes son para echarse en brazos de los políticos. Asumirán su destino y tratarán de vivir conforme a sus principios hasta el último instante de sus vidas, sean estas largas o breves.
En definitiva, no votarán a Obama en las elecciones presidenciales de 2009, porque no creen en el “Ye We Can” sino en el mucho más americano “Yes I can“. Y si uno no puede, tocará aguantarse. Para ellos la libertad individual es eso: un valor sagrado. Tan sagrado o más que las escrituras de la Biblia que muchos escuchan regularmente todos los domingos.

¿Simple ignorancia o la punta del iceberg?

Sin embargo, en opinión de Joe Bageant su resistencia numantina al “progreso” se debe a la ignorancia atroz que envuelve a la mayoría de los Joey y Dotie que pueblan la América profunda
“La gente trabajadora no niega la realidad: la crea desde lo más profundo de su ignorancia, mientras la presunta izquierda reflexiona y se pregunta por qué no puede obtener ninguna influencia política sobre esas almas. Para esta gente la realidad es el fútbol americano, las carreras NASCAR y una república con armas de fuego. Ésa es la realidad por la que votan: una República armada y con principios éticos.”
Pero esta ignorancia, siendo en muchos casos innegable, no puede explicar por sí sola las razones últimas por las que este ejército de parias se niega a depender de los burócratas, a vivir del Estado del Bienestar. En realidad, tanto el culto como el ignorante se rendirían ante una causa mayor como es el instinto de supervivencia.
Que la gente llegue al extremo de poner en riesgo su salud, o incluso su vida, por conservar sus convicciones o su estilo de vida no puede explicarse simplemente por la ignorancia ni por un trastorno mental colectivo: el instinto de supervivencia puede anularse en algunas personas, pero nunca en tantas y al mismo tiempo.
Detrás de todo aparente error humano se encierra una verdad que muchas veces se nos escapa… o que intencionadamente se hurta a la opinión pública
En el libro de Bageant hay algo de verdad; pero no “toda la verdad”. Existe algo más que mantiene a estos desheredados en pie, contra viento y marea, resistiéndose a ser salvados. Detrás de todo aparente error humano se encierra una verdad que muchas veces se nos escapa… o que intencionadamente se hurta a la opinión pública.
Este no es sólo un problema norteamericano, exclusivo de su idiosincrasia. Algo similar sucede en otros países de Europa e Iberoamérica; también en España. El “problema” no son sólo de los Tommy y Mary, también son los Antonio y María. Un movimiento contestario, hasta ayer silencioso, empieza a propagarse por las sociedades desarrolladas.
La gran conspiración contra la libertad
Pero los diagnósticos de los expertos siguen inasequibles a la realidad. Mientras el mundo parece reaccionar ante lo que podría ser una  indigestión de Corrección Política, algunos de estos expertos prometen conjurar el peligro reinventando “lo liberal”, porque, en su opinión, los liberales clásicos reclamarían hoy políticas sociales tan amplias como las que poseen los países del centro y norte de Europa. Pero lo más probable es que tales clásicos contemplasen con espanto sociedades donde las personas viven y mueren en soledad, tras haber delegado toda contingencia humana, toda responsabilidad en el Estado, convirtiéndose en seres deshumanizados.
Los expertos de la posmodernidad siempre aluden a la sociedad como un ente tenebroso, que debe ser reconducido. Nunca apelan al individuo porque éste, con sus preferencias, convicciones y convenciones, resulta incómodo, inmanejable y, en ocasiones, irritantemente indisciplinado. Pero, en el fondo, el ciudadano es tanto o más racional y coherente que los ingenieros sociales, que formulan sus juicios muy condicionados por conflictos de intereses y sesgos ideológicos. Aun así, el mensaje de las élites no varía: si quieres bienestar material debes renunciar a tu libertad. Es el dulce sabor de su arsénico.

La otra realidad que se hurta a la opinión pública

El sociólogo norteamericano Christopher Lasch, ya había identificado este conflicto con bastante antelación. En su libro, The Revolt of the Elites and the Betrayal of Democracy (1994), señaló que “si en un tiempo fue la Rebelión de las Masas la que amenazó el orden social y la cultura de Occidente, hoy la principal amenaza proviene de aquellos situados en la parte más alta de la jerarquía social […] las nuevas élites se han rebelado contra la América convencional, a la que imaginan tecnológicamente atrasada, retrasada en sus gustos, presuntuosa y complaciente, aburrida y desaliñada”.
Las élites consideraron que el apego a las costumbres del pasado era un comportamiento irracional que justificaba la tutela de los ciudadanos por parte del Estado
Estas élites consideraron que el apego a las costumbres del pasado era un comportamiento irracional que justificaba la guía y tutela de los ciudadanos por parte del Estado. Corregir estos “malos hábitos” requería por parte de políticos, técnicos y expertos una ingeniería social intrusiva, que impusiera nuevas formas de ser, de pensar, siempre fundamentadas en una aparente modernidad, basada en los últimos descubrimientos.
La gran conspiración contra la libertad
De esta forma, Occidente fue abjurando de su historia, de hábitos y conocimientos sociales acumulados por la experiencia de siglos, quebrando ese frágil proceso por el que los nuevos descubrimientos se van incorporando paulatinamente al acervo cultural. En adelante, la sociedad se diseñaría y construiría partiendo de cero, sin aprovechar la experiencia histórica, una suerte de adanismo que marca a fuego el mundo de hoy.
Lasch también puso el dedo en la llaga cuando distinguió entre la ética de la compasión, propia de los ingenieros sociales, del Estado intrusivo, y la ética del respeto, propia de los habitantes de esa América profunda, cuyo comportamiento pudiera parecer irracional pero que, en realidad, obedece al principio de responsabilidad. Las comunidades rurales de clase media, fundamentadas en la pequeña propiedad, se basan en la confianza en sus propios medios, en la superación individual y en una red de lazos familiares y comunitarios, que sirven de estructuras de ayuda y apoyo voluntario.
Sin embargo, sostiene Lasch, el recurso al Estado como elemento protector, de ayuda universal, reemplaza estos los lazos informales por vínculos legales, debilitando la confianza en los demás, socavando la disposición a asumir las propias obligaciones y destruyendo el respeto por la autoridad.

La falsa piedad de los ingenieros sociales

La ideología de la compasión, fomentada por el Estado Protector, resulta atractiva a primera vista pero es una de las causas principales de la quiebra social porque la convivencia no depende tanto de la compasión como del respeto mutuo. La Corrección Política se basa en una mal entendida compasión que dice proteger a los “grupos víctima” pero, en realidad, los degrada a objetos de lástima, no de respeto. Sentimos lástima por aquellos que sufren o, al menos, por los que se jactan de ello. Pero el respeto lo reservamos para quienes asumen la responsabilidad de sus actos.
Hoy, las élites dirigentes nos hacen creer, de forma interesada, que el sistema es inherentemente opresivo, que discrimina a ciertos grupos minoritarios: justifican así su omnipresente intervención. Pero la aparente compasión acaba convirtiéndose realmente en desprecio y en un tratamiento distinto según el grupo al que pertenece cada uno, algo que socava gravemente las bases de la democracia que, por definición, no admite distintos tratos, ni los dobles raseros que los expertos tratan de imponer.
Las personas de la América profunda prefieren pasar estrecheces a vivir de dádivas pues no quieren ser tratados con compasión y, por tanto, con desprecio 
El rechazo a la ética de la compasión y su defensa a ultranza de la ética del respeto, del orgullo, de la responsabilidad es lo que explicaría que las personas de la América profunda se aferren a su forma de vida y prefieran pasar estrecheces a vivir de dádivas, a ser tratados como víctimas que merecen compasión y, en el fondo, un irritante desprecio. Aun siendo pobres, no permiten que nadie les arrebate el respeto que sienten hacia sí mismos y hacia sus vecinos.
Como explicaba el sociólogo Donald Black, los conflictos sobre cuestiones que afectan a principios básicos, a valores fundamentales y cuestiones éticas, acertadas o equivocadas, generan en la sociedad tensiones y desacuerdos insuperables. Las personas, aun a disgusto, pueden adaptarse a una subida de impuestos, pero difícilmente aceptarán una ley que violente sus convicciones más íntimas.
De ahí, que cada vez más gente se levante contra esa ingeniería social que impone una absurda corrección política, que trata al ciudadano como un niño, incapaz de tomar decisiones, siempre a merced de las paternales instrucciones de los expertos. Y es que muchas personas se han percatado de que esa milagrosa medicina, de sabor dulce y agradable, que recetan constantemente los ingenieros sociales constituye, en realidad, la mayor conspiración contra la libertad desde que fueron desapareciendo aquellos totalitarismos basados en la fuerza.


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Hablan de "consenso" cuando deberían decir "cambalache"


disidentia.com

Hablan de "consenso" cuando deberían decir "cambalache"

 

Carlos Prallong

Decía Nietzsche que “la mejor manera de corromper a un joven es enseñarle a tener en más alta estima a los que piensan igual que él y en más baja estima a quienes piensan diferente”. Hoy en día, sin embargo, veneramos el acuerdo, la coincidencia de opinión, hasta el infinito y más allá. Nada valoramos más que la capacidad de encontrar puntos en común y llegamos incluso a entender el consenso no como un medio para perseguir un fin, sino como un fin en sí mismo.
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En boca de algunos, el dichoso consenso resulta comparable a la panacea universal; y cada vez resulta más habitual toparse con declaraciones en las que políticos hablan de buscar y alcanzar acuerdos sin especificar en qué términos o tan siquiera con qué fin.
Pero lo cierto es que eso del consenso, por muy simpático, democrático y amigable que suene, no puede ser un objetivo final, sino un punto de partida. Eso sí, para los colectivistas de todo el espectro ideológico que una posición sea compartida, es decir colectiva, ya la coloca por encima de cualquier opinión individual, independientemente de su contenido. Sin embargo, debemos entender que llegar a un consenso no es más que establecer unos parámetros, un acuerdo de mínimos, un escenario en el que trabajar.
Cuando aplaudimos a los que proclaman el consenso sin preguntar lo consensuado o su objetivo, manifestamos la vacuidad intelectual de nuestra sociedad
Porque cuando aplaudimos a los que proclaman, persiguen o defienden el consenso así sin más, sin pararnos a preguntar qué es lo que se ha consensuado o con qué objeto, lo que hacemos en verdad es manifestar por enésima vez la vacuidad intelectual en la que estamos sumidos como sociedad. Eso hacíamos en España cuando aquel incapaz, José Luis Rodríguez Zapatero, a quien una sucesión de carambolas y desgracias colocó como presidente del gobierno, hablaba de talante sin especificar si se trataba de talante vengativo, rencoroso, racista, misógino, traicionero, homicida, viperino o beligerante. Él apostaba por el talante y aquello debía de ser bueno, como el consenso; y nosotros aplaudiendo…

No es que no debamos aplaudir directamente ante el consenso: más bien al contrario, especialmente en política. Cada vez que nuestros representantes políticos alcancen algún tipo de “consenso” deben saltar todas nuestras alarmas. Porque, no nos engañemos; en España la política la hacen los partidos, y cada vez que los partidos llegan a acuerdos lo hacen para salvarse a sí mismos, nunca para favorecer a los ciudadanos. Los ciudadanos únicamente pasábamos por allí.
Deben saltar todas nuestras alarmas cada vez que nuestros representantes políticos alcancen algún tipo de “consenso”
Porque los partidos en España, como bien dice Javier Castro-Villacañas, en lugar de estar en la Sociedad se han incrustado en el Estado. Y si a mayores tenemos que al ser el Estado el que financia a los partidos, lo lógico es que los partidos representen al Estado y no a la Sociedad; pues poco bueno cabe esperar de los acuerdos que puedan alcanzar entre ellos.

Salvando posturas irreconciliables si hay enemigo común

Resulta incluso gracioso comprobar cómo toda esa suerte de diferencias insalvables y posturas irreconciliables que (tal y como a ellos mismos les gusta decir en plan hortera) llevan en su ADN, se salvan y se reconcilian en un santiamén en cuanto asoma por debajo de la puerta la patita de un enemigo común. ¿Acaso no recuerdan el verano de 2011? Tras siete años de “crispación” y total desencuentro, de pronto el presidente y el líder de la oposición en una tarde pactan una reforma de la Constitución. ¡La Constitución, nada menos!
Hablan de "consenso" cuando deberían decir "cambalache"
Europa cerraba el grifo del dinero y quebraba el “chiringuito”: “por ahí no pasamos, marchando una de consenso, firmamos lo que sea necesario y a quién pregunte respondemos que fue para salvar la sanidad y la educación. Y mañana, por supuesto, volvemos al encono insalvable e irreconciliable…” Volvió a ocurrir en 2013 tras el relevo entre los dos “grandes” partidos: la canciller alemana Angela Merkel apretó las tuercas y a gobierno y oposición les faltó tiempo para alcanzar el consenso una vez más.
Lo único que persiguen los acuerdos entre partidos es la supervivencia de la partitocracia; o sea, del “aparato del Estado”
Pero más allá de lo ridículo que resulta en ocasiones, es importante comprender que lo único que persiguen los acuerdos entre partidos es la supervivencia de la partitocracia; o sea, de ese “aparato del Estado” en el que, por el que y para el que existen. Y lo más a lo que podemos aspirar es a que sus consensos no nos perjudiquen o incluso nos acarreen beneficios a los ciudadanos como efecto colateral; porque en la mayor parte de las ocasiones el enemigo común que obliga a los partidos a ponerse de acuerdo somos nosotros, la sociedad civil.
Por eso como ciudadanos debemos mantenernos alerta y recelar de cualquier consenso. Y cuantas más personajes y partidos se sumen a él, más alerta aún deberemos estar. Porque aunque llegar a acuerdos pueda ser reflejo de tolerancia y entendimiento, no lo es  necesariamente: muchas de las grandes barbaridades cometidas por el hombre se han llevado a cabo alentadas por un consenso.
Muchas de las grandes barbaridades cometidas por el hombre se han llevado a cabo alentadas por un consenso
Hablan de "consenso" cuando deberían decir "cambalache"
Miren si no hacia Cataluña. Allí se dan la mano la derechona más rancia y la izquierda más radical. Se forman alianzas y se alcanzan acuerdos que resultarían inconcebibles en cualquier otro punto de nuestra geografía (¿recuerdan el escándalo cuando en Extremadura hubo un gobierno del Partido Popular gracias a la abstención de Izquierda Unida?). A estas alturas no creo que nadie entienda que se deba a una especial capacidad para la negociación o el entendimiento por parte de los políticos catalanes.
Que los partidos en Cataluña puedan superar semejantes diferencias y anteponer a todas ellas el ideal de independencia no demuestra ningún tipo de generosidad ideológica. Más bien lo que evidencia es por un lado que las discrepancias insuperables de los partidos son mero postureo y, sobre todo, el carácter totalitario del independentismo, que establece unos objetivos prioritarios anteriores a cualquier tipo de convicción ideológica o tan siquiera democrática. Los secesionistas actúan al más puro estilo de los regímenes que anteponen destinos de razas, consolidación de revoluciones o movimientos nacionales a todo lo demás.

El mantra del consenso

Cuidado, pues, con el mantra del consenso. Nuestro bien nunca lo motiva. Por no entrar en el carácter antidemocrático del proceder de unos partidos que tienen, supuestamente, unos fundamentos ideológicos determinados y unos programas electorales concretos pacten y acuerden a espaldas de sus votantes saltarse fundamentos y principios según consideren oportuno.
Quien hable de perseguir y alcanzar un consenso seguramente se refiera a un cambalache en beneficio suyo y de unos pocos más
Entre partidos los acuerdos se alcanzan contra nosotros o en todo caso a pesar de nosotros. Así las cosas, pensémoslo dos veces antes de aplaudir al próximo al quien le llene la boca hablando de perseguir y alcanzar un consenso porque lo más probable es, en realidad, se refiera a un cambalache en beneficio suyo y de unos pocos más.


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China lista para apretar el gatillo


es.sott.net

China lista para apretar el gatillo


El presidente chino, Xi Jinping, tiene todas las papeletas para convertirse en el hombre más poderoso del mundo. Eso ocurrirá cuando el gigante asiático logre acabar con el sistema del petrodólar, implantado por EEUU, informa el portal ruso Vesti Finance.
time© CC0 / Pixbay
Poco a poco, Pekín está apartando a Washington de las posiciones de potencia dominante. Este relevo de fuerzas es inevitable, consideran los periodistas del portal ruso Vesti Finance en su análisis.
Según sus cálculos, la economía de China será el doble de grande que la economía de EEUU en 2030. "Es más probable que tenga lugar una guerra económica de pleno valor. Durante la Presidencia de Trump, se producirá casi con toda seguridad", escribe Vesti Finance.
Los primeros pasos hacia esta guerra ya los ha dado Washington. Así debe interpretarse el memorando firmado por Trump y dirigido contra una supuesta agresión económica de China.
Este documento prevé elevar las tarifas a las importaciones chinas con destino a EEUU, evaluadas en 60.000 millones de dólares. Aparte de eso, el documento implica introducir restricciones a las inversiones chinas.
El medio ruso señala que la Administración Trump subestima las posiciones fijadas por el gigante asiático en lo referido a su desarrollo a corto y a largo plazo.
La estrategia de Pekín
El pilar tal vez más importante de la estrategia de Pekín a largo plazo es la implementación del proyecto de la Nueva Ruta de la Seda. Dicho proyecto fue lanzado por el país asiático en 2013 y está previsto que se concrete en 2025.
En el marco de esta iniciativa, China planea construir una red de infraestructuras y comunicaciones y crear una plataforma de cooperación económica que conecte a decenas países de Asia, Europa y África, reeditando las antiguas vías comerciales de la Ruta de la Seda.
De acuerdo con Vesti Finance, es el proyecto de infraestructura más grande en la historia. Su principal objetivo radica en cambiar por completo el mapa económico mundial.
"En caso de que China tenga éxito, de lo que no caben dudas, se convertirá en la potencia dominante en Eurasia", recalcan los autores del artículo.
Para conseguir su meta, el país asiático introducirá en las próximas semanas un método alternativo para realizar las operaciones de compraventa de petróleo. Esta herramienta ayudará a prescindir del dólar en este tipo de transacciones.
La palanca del dólar, al servicio de EEUU
La mayor parte de los inversores sabe que, desde el punto de vista estratégico, el petrolero es uno de los mercados de materias primas más importantes del planeta.
"Cada país necesita dólares para comprar petróleo. Es una razón de mucho peso para tener grandes reservas de dólares. Por ejemplo, si Italia se decide a comprar crudo de otro país que no sea EEUU, tiene que adquirir dólares para poder pagar por el petróleo", recuerdan los periodistas rusos sobre cómo funciona el sistema del petrodólar desde comienzos de los años 70 del siglo pasado.
Según Vesti Finance, esta necesidad crea un gran mercado artificial para la moneda estadounidense.
"El dólar es solo un intermediario que se usa en un sinnúmero de transacciones por valor de billones de dólares, que no tienen nada que ver con los productos y los servicios de EEUU", informa el portal.
De acuerdo con los autores del artículo, el mercado de petróleo sirve como punto de referencia para el comercio internacional. Si los países utilizan dólares para adquirir crudo, es más fácil usar la moneda estadounidense con otros fines. Así, el dólar de EEUU se emplea en el 80% de las transacciones internacionales. "Eso le da a EEUU una ventaja geopolítica sin precedentes. Washington puede rápidamente sancionar o excluir a casi cualquier país del sistema financiero", recalcan los periodistas.
La alternativa capaz de cambiar las reglas de juego
Está claro que China, que es el importador de petróleo más grande del mundo, no quiere depender de su principal adversario. Con este objetivo, el país asiático propuso una buena 'alternativa dorada' al petrodólar. Por primera vez se podrá cambiar el petróleo por oro. La implementación del nuevo mecanismo arrancará el 26 de marzo.
La función del nuevo método será fácil. La bolsa de Shanghái introducirá los contratos de futuros en yuanes. Eso permitirá a los productores de petróleo vender el crudo a cambio de yuanes.
China está al corriente de que la mayor parte de productores de crudo no necesita grandes reservas de yuanes. Por eso los productores podrán convertirlos en oro en la bolsa de Shanghái o en la de Hong Kong.
De esta manera, la mayor parte de los recursos financieros obtenidos gracias a la venta de petróleo se cambiarán a oro y evitarán la conversión en dólares y bonos del Tesoro de EEUU. De hecho, China no será el único país que utilizará este esquema, informa Vesti Finance.
"A fin de cuentas, la gente entenderá que la alternativa dorada de China se ha convertido en aquel catalizador que mate al petrodólar. De esta manera, el país asiático dará un paso más para apartar a EEUU de las posiciones dominantes", resumen los periodistas del medio ruso.

Reivindica, protesta y patalea... que el Estado algo te dará


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Reivindica, protesta y patalea... que el Estado algo te dará

 

J.L. González Quirós

Si se examina el fabuloso crecimiento de los aparatos políticos y administrativos de lo que llamamos Estados, es evidente que, en la actualidad, nos encontramos en una fase casi exponencial. Las burocracias públicas crecieron de manera paulatina desde su creación con las Monarquías Nacionales durante el siglo XVII, pero se mantuvieron bastante contenidas hasta las revoluciones burguesas que le dieron al Estado un primer empujón significativo en tamaño. El tercer impulso, en el que todavía estamos, es el que acontece con la generalización de los llamados Estados de Bienestar, más o menos a partir del segundo tercio del Siglo XX.
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Estamos ahora mismo en una fase muy expansiva (los déficits públicos se consideran inevitables) caracterizada porque los aparatos políticos buscan fortalecer sus poderes intentando combatir, de manera cada vez más exquisita, lo que consideran nuevas amenazas y satisfacer lo que descubren como nuevas demandas.
El tamaño de los Estados siempre ha crecido en función de una demanda que se mide de dos maneras: el intento de compensar las desigualdades y la necesidad de ganar adhesiones populares
Nada nuevo, en realidad, porque el tamaño de los Estados siempre ha crecido en función de una doble demanda, o mejor, de una demanda que se mide de dos maneras: el intento de compensar las desigualdades y la necesidad de ganar adhesiones populares. Es decir, las que llaman políticas sociales y el puro clientelismo. El fondo del asunto reside en que el régimen de libertades tiende a crear desigualdad económica, y, con ello, resentimiento social, y los sectores que se sienten perjudicados aprenden a sindicalizar sus votos para exigir a los poderes públicos que protejan sus intereses, un proceso que se convirtió en canónico a medida que las democracias se fueron consolidando.
Reivindica, presiona, protesta y patalea... que algo te tocará
El problema en la actualidad reside en que el Estado se ha convertido en un agente más, en un mercado de posibilidades cada vez más amplio y global y, sobre todo, en que empieza a ser evidente que sus soluciones no siempre contribuyen a resolver aquello que supuestamente las justifica.
Para concretar en el caso de España, piénsese, por ejemplo, que la multiplicación del número de universidades no ha conseguido lo que se supone lograría: un título ya no funciona eficazmente como motor de ascenso social pues el subempleo es muy alto entre los nuevos graduados. O, algo que la opinión pública no siempre percibe: la multiplicación del número de hospitales se hace a costa de la curva de experiencia de los médicos y, por supuesto, de la eficiencia en el uso de las costosísimas inversiones tecnológicas sanitarias.
Si el Estado fuese un sujeto racional, reduciría su ineficacia relativa concentrándose en sus funciones esenciales
Si el Estado fuese un sujeto racional, reduciría su ineficacia relativa concentrándose en sus funciones esenciales. Pero como, más allá de cualquier racionalidad, es un ente que se debe a presiones e intereses de todo tipo, su reacción suele ser algo más marxiana, de Groucho, (“más madera, esto es la guerra”) y corre el riesgo de lanzarse constante e irreflexivamente a nuevas aventuras, tan inciertas como el resultado obtenido en el desempeño de sus funciones clásicas.
Esta deriva es evidente en su función más dadivosa: la prodigalidad subvencionadora. Muchas minorías aguerridas tienen tomada la medida al Estado y obtienen aumentos incesantes en sus subsidios porque consiguen transformar su energía reivindicativa, su dominio de la calle, en miles de euros contantes y sonantes. Así, las movilizaciones feministas se traducirán en un espectacular incremento de la ya enorme cantidad de dinero que las distintas administraciones dedican a tan “noble” causa.
Reivindica, presiona, protesta y patalea... que algo te tocará
Las numerosas micro-revueltas que llenan el escenario público de las causas más diversas no pueden considerarse al margen de la dadivosidad pública, pues son la manera de hacer que el Presupuesto sea, por definición, insuficiente. Pero nos engañaríamos si creyésemos que el Estado benefactor, con todo su inmenso poderío, se limita a financiar pequeñas, o no tan pequeñas, revoluciones populares. Su tamaño y sus inercias le obligan a tratar de imponer nuevos escenarios de orden, a defender los supuestos intereses comunes en batallas de alto bordo.
El arte del político-funcionario al servicio del Estado consiste en mostrar que siempre hay un marbete justificador que puede legitimar cualquier nueva forma de intervencionismo
El arte del político-funcionario al servicio del Estado consiste en mostrar que siempre hay un marbete justificador que puede legitimar cualquier nueva forma de intervencionismo. Este es el motivo por el que los poderes públicos se aprestan a defendernos de las diabólicas tretas de los dueños de Internet que nos chupan la sangre informática que portamos para ponerla al servicio de intereses que el Estado cree que nadie sino él debiera controlar.
Pero, de la misma manera que detrás de los movimientos sociales hay grupos, bien activos y conscientes, de beneficiarios, de cazadores de subvenciones, detrás de la campaña contra los supuestos abusos de Internet están los intereses de los medios clásicos que ven que se les arrebata el monopolio de la verdad, con el que tan bien sirven al Estado, y, como Antonio Camuñas escribió ayer mismo en Disidentia, pretenden evitar que las plataformas de Internet compitan con su capacidad de administrar el mercado informativo.
Los totalitarismos siempre se han promocionado como la defensa de los débiles frente a la capacidad opresora de los poderosos
Los totalitarismos siempre se han promocionado como la defensa de los débiles frente a la capacidad opresora de los poderosos, pero ocultan a sangre y fuego, que detrás de su ánimo falsamente solidario y humanista se oculta el rostro del tirano, del que no quiere creer, ni en sus peores sueños, en la capacidad de los individuos para pensar y decidir por sí mismos, mientras confía en pequeños grupos subvencionados para que se entrenen en acaparar el potencial crítico y lo pongan a su servicio.


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Facebook necesita disciplina, pero no de los burócratas sino del mercado


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Facebook necesita disciplina, pero no de los burócratas sino del mercado

 

José Carlos Rodríguez

En una entrevista hace unos días con Juan Verde, el español que más alto ha llegado en Washington, contaba que ellos, los del Partido Demócrata, necesitaban sólo cuatro datos para saber el sentido del voto de cualquier estadounidense: el nombre, el código postal, la edad, la marca de su automóvil. Cuatro datos son suficientes para predecir el sentido de su voto con una fiabilidad del 97 por ciento.
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Llevo, desde que me lo contó, con el juicio suspendido. No he querido enfrentarme a lo que ello supone. ¿De veras somos tan previsibles? ¿las circunstancias nos constriñen con una fuerza invencible? ¿O hay una lógica subyacente en estos cuatro aspectos, que pertenecen a conjuntos en principio disjuntos, y nosotros nos limitamos a seguirla como quien transita un camino ya trazado?
Facebook necesita disciplina, pero no de los burócratas sino del mercado
Parece que hay realidades culturales y políticas que guardan relación entre sí y que, como el humo lleva al fuego, así conducen algunas manifestaciones de nuestras acciones a otras que considerábamos ocultas, o al menos discretas. El libre albedrío no es albedrío estocástico, actuamos como tejiendo una red, en la que cada uno de los nodos tiene relación con el anterior.
Cambridge Analytica robó (accedió sin su permiso) los datos de 50 millones de usuarios de Facebook. Y, como en el caso de los códigos postales y las marcas de automóviles, utilizó esos datos para identificar el sentido del voto
Este asunto es ahora de plena actualidad. Pero no porque esperemos que un nuevo John Locke describa la naturaleza del entendimiento humano, un asunto que no ocupa las portadas de los medios, sino por la combinación entre destreza técnica y cléptica de Cambridge Analytica. Esta empresa robó (accedió sin su permiso) los datos de 50 millones de usuarios de Facebook. Y, como en el caso de los códigos postales y las marcas de automóviles, utilizó esos datos para identificar el sentido del voto, entre otras cosas.
Y utilizó la propia red social para enviar mensajes, especialmente destinados a ellos, para incitarles al voto por Donald Trump o, cabe pensar, para hacer que desestimaran el voto, que probablemente iría por Clinton. La huella digital, en una única cuenta que además está ligada a nuestra persona, tratada con inteligencia artificial, es capaz de decir a un tercero cómo pensamos y qué deseamos. Nos desnuda y nos hace vulnerables.
La red social liderada por Marc Zuckerberg ha expulsado a Cambridge Analytica del la megalópolis virtual que es Facebook. Pero, con ello, el joven empresario no ha cerrado el asunto. Es verdad que Cambridge Analytica rechaza la acusación, y alega que sólo utilizó los datos de los 270.000 usuarios que se los cedieron voluntariamente. Pero independientemente de que la acusación sea cierta o no, la empresa tecnológica tiene una responsabilidad evidente.
A Facebook le entregamos todos los datos que necesita para saberlo todo comercialmente, y políticamente, de nosotros
Facebook es gratis. Y la compañía vale miles de millones de dólares. ¿Qué es lo que proporciona su valor? Nosotros, los usuarios. Y no sólo nuestra monomaníaca presencia en la red social. Un cuarto de la población forma parte de la red social, y pasamos muchos minutos mirando sus actualizaciones. El verdadero valor proviene de que le entregamos todos los datos que necesita para saberlo todo comercialmente, y políticamente, de nosotros.
Facebook necesita disciplina, pero no de los burócratas sino del mercado
Ya no tienen que buscarnos los anunciantes con complejas y fallidas técnicas de investigación de mercados. Nosotros le decimos día a día a Facebook cuáles son nuestras apetencias e inquietudes y, así, Facebook nos conoce mejor que un confesor. Mejor, en cierto sentido, que nosotros mismos. Pues muchas de las nimiedades que compartimos allí se nos olvidan. Pero a Facebook, no. Y luego la red social vende esos datos a los anunciantes, que por fin pueden dirigirse a quienes desean y en el momento que les es preciso.
En 2012, Obama utilizó las mismas técnicas que Cambridge Analytica, sólo que con muchos más usuarios
La política también tiene su márketing, y ha entrado hasta la cocina, hasta nuestra cocina, como el resto de los anunciantes. Recuerdo las loas sin medida que recibía Barack Obama por hacer uso pionero de los nuevos métodos de identificación capilar de los votantes. ¡Qué artículos loando los logros del candidato Obama gracias a que observaba los cambios de canal de unos miles de hogares estadounidenses! Y aquello no fue nada.

En 2012, Obama utilizó las mismas técnicas que Cambridge Analytica, sólo que con muchos más usuarios. Y entonces, el entusiasmo de los analistas por el uso político de la red social rozaba el paroxismo. Pero quien ha utilizado la magia de los datos en cantidades ingentes es Donald Trump, que ganó las elecciones. Hay que poner coto a esta deriva.
El manejo masivo de los datos facilita el análisis y la identificación personal, concreta, de los gustos y preferencias de un ciudadano. Y esto hace la labor del márketing más eficaz. Pero no perfectamente eficaz. De otro modo Cambridge Analytica habría encumbrado como rival de Hillary Clinton a Ted Cruz, y éste perdió contra el outsider Trump.
Nada es perfectamente eficaz en la manipulación del comportamiento humano, pero la efectividad es suficientemente alta como para que el papel de Facebook resulte preocupante. Según recoge un artículo de Forbes, Facebook, con el apoyo de la Universidad de Cornell, elaboró una prueba y demostró que eran capaz de manipular los sentimientos de un gran número de usuarios.
Marc Zuckerberg debe estar despidiéndose estos días de su sueño, mal disimulado, de convertirse en presidente de los Estados Unidos
Marc Zuckerberg debe estar despidiéndose estos días de su sueño, mal disimulado, de convertirse en presidente de los Estados Unidos. El americano medio sigue desconfiando de las grandes empresas, y una coalición de un arma política que ahora se ve tan poderosa con el propio poder resulta preocupante. Además, él ya tiene bastantes problemas, como salvar su propia empresa.
Ya se está hablando de la necesidad de regular al gigante de internet. El propio Zuckerberg lo ha dejado caer, lo cual no debe extrañarnos. Son las grandes empresas las que dirigen la regulación de sus sectores. Pero ¿de verdad es necesaria una regulación? ¿Es la forma adecuada de controlar lo que pudiera considerarse un abuso de su posición? Sobre este asunto, recordemos cómo Enron demostró que el capitalismo funciona y la actuación pública, no.
El capitalismo hizo que las dos empresas que habían actuado mal se volatilizasen, y el poder público premió con más poder y recursos el fracaso de la SEC
Enron era la primera empresa de energía del mundo. Y a medida que acumulaba pérdidas, acumulaba mentiras sobre su situación financiera. Sus mentiras tenían el respaldo de la primera compañía de auditoría, Arthur Andersen. Cuando la verdad se coló por las grietas de su maquinaria de mentiras, ocurrió lo siguiente: Enron, desapareció. Arthur Andersen, desapareció. Y el organismo público encargado de controlar que nada de eso pasase, la SEC… agrandó sus poderes.
El capitalismo hizo que las dos empresas que habían actuado mal se volatilizasen, y el poder público premió con más poder y recursos el fracaso de la SEC. Lo mismo cabe esperar aquí. Los anunciantes encogen la mano frente a Facebook, que cae en Bolsa. Los usuarios reaccionan con más lentitud, pero si desconfían de la empresa de Zuckerberg, puede ser el inicio de su fin. Y la emergencia de otras plataformas, dispuestas a asumir nuevas reglas de conducta si eso les va a hacer los reyes de Internet.


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El Poder intenta desactivar la Red, último reducto de la libertad


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El Poder intenta desactivar la Red, último reducto de la libertad

 

Antonio Camuñas

La histeria desatada en estos días por la utilización de datos de los usuarios de Facebook, recuerda la conmoción que se vivió hace seis décadas al conocerse la mercadotecnia que utilizaban los gigantes publicitarios de Madison Avenue. Recuerdo que una escala en Barcelona, en diciembre de 1987, sirvió para hacerme con un ejemplar del libro de William Meyers Los creadores de Imagen (1984) sobre la industria de las agencias de publicidad.
Hacia ya cerca de 30 años que Vance Packard había escrito The Hidden Persuaders, una obra sobre la capacidad de la publicidad para controlar nuestras vidas, que tuvo un enorme impacto en la sociedad norteamericana. Aún así, la solapa interior del libro de Meyers resultaba sugestiva: “En la actualidad los publicitarios no son meros persuasores, son psicólogos/vendedores. Para ellos no somos meros consumidores, sino que nos han dividido y clasificado en grupos, cada uno con necesidades emocionales claramente definidas, que pueden ser medidas de forma científica, y para cada una de ellas existe su correspondiente producto”.
Los once capítulos de la obra versan sobre diferentes casos de productos y servicios a los que, tras el suministro de las misteriosas pócimas de los habitantes de la calle Madison, se convertían en fórmulas de éxito como por arte de magia. El medio en el que estos alquimistas y manipuladores de mentes operaban era la televisión, de cuya tecnología se aprovechaba un naciente negocio que acabaría rindiendo extraordinarios beneficios económicos.
Según William Meyers, los publicistas manipulaban las mentes mediante exageraciones, mensajes subliminales, ardides y engaños
Las fórmulas para conseguir tan perversos efectos estaban ligadas a las exageraciones, los mensajes subliminales, los ardides y los engaños de una industria que aprovechaba la nueva era de abundancia en la América triunfante. “Anunciar es hurgar en heridas abiertas… miedo, ambición, angustia, hostilidad” confesaba Jerry Della Famina uno de los más exitosos miembros del gremio, y de los primeros ‘arrepentidos’ del monstruo que había creado la industria de la publicidad. El propio Packard, por su parte, sentenciaba que “si el negocio de la publicidad se deja sin control, lo más probable es que acabe por controlar nuestras vidas”.

Visto con la perspectiva de los años, la monstruosa industria emocional y los enigmáticos psicogramas de los ‘Hombres de Madison’ que tan bien retrata Mad Men, se nos antoja más bien propios de una época naif, con su cirugía plástica aplicada a los productos para hacerlos apetecibles mediante imágenes sugestivas, slogans pegadizos y recompensas esencialmente simplonas que venían a dar respuesta a las necesidades de bienestar y confort de la nueva sociedad salida de la Segunda Guerra Mundial.
Muy lejos, por tanto, de la brujería siniestra y maliciosa que durante años se atribuyó a los publicistas, pero bastante más cerca de lo que ahora conocemos como “Fake News”: noticias que uno quiere creer aunque sepa que no son ciertas (el reclamo de una Sonrisa Profiden sin ir más lejos).

El calvario de Zuckerberg, el hombre de la camiseta y las zapatillas

Estos días atrás, al joven fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, se le congeló la sonrisa tras saberse que una aplicación de la firma Cambridge Analytica había accedido a los datos de 50 millones de usuarios de la red social, utilizados posteriormente para favorecer la campaña de Donald Trump. Poco se habla, sin embargo, de que Barack Obama hizo exactamente lo mismo en su campaña de reelección en 2012, tal y como confesaba en su cuenta de Twitter Carol Davidsen, su directora de Integración y Análisis de Datos, quien utilizó la misma herramienta de Cambridge Analytica (conocida como API) para establecer una base de votantes afectos a Barack Obama.
La información sobre el público objetivo destinatario de los mensajes ha sido siempre un activo muy valioso para vender cualquier producto
El Poder intenta desactivar la Red, último reducto de la libertad
No viene al caso aquí analizar el doble rasero con el que se trata al presidente hawaiano y al magnate neoyorquino. Lo importante es hacer hincapié en que tanto ahora como en los tiempos de Mad Men, la información sobre el público objetivo destinatario de los mensajes sigue siendo un activo muy valioso ya sea para vender un producto cosmético o un candidato político.
En ambos casos se trata de analizar las necesidades y preferencias de los consumidores o votantes para brindarles la mejor oferta posible, algo que no implica, ni mucho menos, que la clientela se trague la píldora sin rechistar. La experiencia parece demostrarnos, más bien, que la gente hace uso de su libertad individual con mayor frecuencia de lo que parece.
La clientela no se traga la publicidad sin rechistar: la gente hace uso de su libertad individual con mayor frecuencia de lo que parece
De ahí que no se pueda atribuir a las agencias de publicidad o a las plataformas como Facebook el papel determinante que se nos quiere hacer creer en los últimos tiempos. Ni las agencias entonces ni las plataformas ahora representan peligro alguno para la sociedad o la democracia. Ambas buscan necesidades no cubiertas, demandas insatisfechas y opciones que sintonicen con un sentir colectivo. De no partir de esta premisa, se podrá crear momentáneamente una demanda artificial y efímera que tarde o temprano acabará extinguiéndose o tornándose residual.
No. El problema de Facebook no son los datos que puedan tener de cientos de millones personas, sino el imparable deterioro económico y de credibilidad que ha propiciado en el llamado Main Stream Media, las terminales mediáticas de las élites político-económicas a cuenta de plataformas como la de Zuckerberg. Antes de la llegada de la televisión los ingresos mayoritarios de la prensa provenían de las suscripciones, y lo más parecido a la publicidad que uno podía encontrar en sus páginas eran los anuncios por palabras o algún elixir de efectos milagrosos.
El imparable ascenso de las plataformas de Internet ha dejado a la prensa en estado terminal y a las cadenas de televisión convencionales seriamente tocadas
Fue la televisión la que catapultó la industria de la publicidad y esta a su vez hizo posible la edad de oro de la prensa escrita, un reinado compartido que se ha mantenido hasta la aparición de Internet y las nuevas plataformas digitales. El imparable ascenso de la empresa de Zuckerberg y sus adláteres en estos últimos años ha dejado muy tocadas a ambas industrias. La prensa, en estado terminal. Las cadenas de televisión convencionales, muy tocadas por los nuevos hábitos de consumo en tabletas y móviles. Demasiadas víctimas por el camino como para que estas no intentaran resarcirse con oportunidades tan propicias para el contraataque como el Brexit o la victoria de Trump.
El Poder intenta desactivar la Red, último reducto de la libertad
El proceso ha sido tan gradual como implacable: primero y al igual que ocurrió tras él nacimiento de la industria publicitaria, surgieron los ‘arrepentidos’ expresando sus remordimientos por los perniciosos efectos de la criatura por ellos creada. Más tarde la reacción de las autoridades, con anuncios de nuevas medidas regulatorias, seguidas por el consiguiente mea culpa de la empresa, comprometiéndose a censurar contenidos y primar las informaciones ‘de calidad’, es decir, las de siempre.
Los medios convencionales intentan resarcirse induciendo a las autoridades a imponer regulaciones que obliguen a las plataformas de Internet a censurar contenidos
Finalmente, un episodio vendido como un supuesto robo de datos brinda la excusa perfecta para iniciar una investigación a escala internacional que daña económicamente a la compañía, y crea un serio problema reputacional a su fundador. Tras un inexplicable silencio de seis días, Zuckerberg ha comparecido para reconocer los errores cometidos y anunciar medidas para subsanarlos. Entretanto, se le acumulan las citaciones en Londres, Bruselas y Washington para dar explicaciones de lo sucedido.

La Red: el último reducto de libertad

Hay muchos aspectos cuestionables en la influencia de las redes sociales en estos últimos tiempos. Los linchamientos públicos, la degradación de los debates a meros intercambios de insultos y descalificaciones. El activismo militante de quienes buscan imponer nuevos mecanismos de ingeniería social a través de un Pensamiento Único sin resquicios para la disidencia.
Son esos islotes de libertad, alejados las consignas oficiales los que ahora se pretende neutralizar, máxime cuando las sociedades pudieran estar saliendo del letargo de las últimas décadas
Pero no es menos cierto que a su amparo han hecho acto de presencia quienes están dispuestos a plantar cara a esas nuevas fórmulas de totalitarismo postmoderno con argumentos que chirrían con los postulados de agenda progresista. Son esos islotes de libertad, alejados de los tópicos, los mantras y las consignas oficiales los que ahora se pretende neutralizar, máxime cuando hay indicios fundados de que las sociedades pudieran estar desperezándose y saliendo del letargo de las últimas décadas.
El doble reto al que se enfrenta Zuckerberg es pues de enorme envergadura. Por un lado tiene a todo el aparato de información tradicional clamando contra el daño que su plataforma les ha infligido y exigiendo compensaciones por medio de un mayor reparto de los beneficios. Por otro, se le impone la tarea de silenciar a quienes puedan resultar una amenaza para el poder establecido. No es poca cosa para un joven solitario cuyo principal objetivo era aumentar sus posibilidades de ligar en el campus.
Se impone a las plataformas de Internet la tarea de silenciar a quienes pudieran resultar una amenaza para el poder establecido
Si bien tengo para mí que dentro unos años el “Affair Zuckerberg” nos evocará la misma sensación que ahora nos producen quienes creían que los Chicos de Madison dominarían el mundo, es muy posible que, a sus 33 años, este antiguo estudiante de Harvard haya iniciado su particular calvario, en el que descubrirá lo difícil que es jugar a formar parte de las estructuras de poder mundial, por mucho que haya intentado disimular el intento vistiendo su sempiterna camiseta gris y zapatillas de deporte.
Si en las comparecencias parlamentarias que le aguardan, Zuckerberg opta por el traje y la corbata, podremos visualizar con mayor claridad que no es tanta la distancia que le separa de Don Draper. Igual hasta caemos en la cuenta de que, en unos años, las sofisticadas técnicas que hoy nos abruman parecerán tan pedestres como las que utilizaban los genios de la avenida Madison.


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Los héroes... siempre han existido


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Los héroes... siempre han existido

 

María Teresa González Cortés

Hay individuos que afrontan los reveses que la vida trae consigo a través de la planificación de la muerte propia. Esto fue lo que movió a Stephan Lux cuando entró en la Sociedad de Naciones un 3 de julio de 1936. Y tras el discurso del delegado español Sr. Barcia, Stephan Lux se levanta frente a un auditorio de políticos. Su intención era dar a conocer las derivas del nazismo, en concreto, los inicios del genocidio judío. Y para que su testimonio pudiera abrir los ojos a la comunidad internacional Stephan Lux decide delante de todos los representantes de las delegaciones en la sede de Sociedad de Naciones dispararse a sí mismo en el pecho, en señal de protesta.
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Los héroes... siempre han existido
Stephan Lux creyó que el hecho de cortar el hilo de su vida le permitiría servir a una causa noble. Imaginaba que con su conducta iba a lograr un cambio drástico en la sucesión de acontecimientos. Nada más lejos. Aunque el ideal de este periodista de origen checo era crear un bloque internacional “unido contra los nazis”, su testamento no logró influir en el rumbo de la Sociedad de Naciones. Lux jamás contó con la impasividad de esta organización política que “no” intervendría en contra del régimen asesino de Hitler, a pesar de que Lux llevaba en su maletín cartas dirigidas al Secretario General de la Sociedad de Naciones.

El infierno de los campos

Como Lux predijo, las matanzas comenzarían. Y en los campos de concentración prevalecería una regla, inicua, que rezaba “por cada persona fugada diez serán asesinadas”. Esta medida bestial se puso en marcha a finales de julio de 1941. Uno de los elegidos en esta macabra feria del disparate fue Franciszek Galowniczek. Al tener conocimiento de la sentencia, imploraba y decía: “Dios mío, tengo esposa e hijos. ¿Quién los va a cuidar?”
El sacerdote polaco Maximiliano Kolbe convenció a las autoridades de Auschwitz para morir en lugar de Galowniczek, un hombre casado y con hijos
Las muestras de desesperanza de este militar llegaron a oídos de Kolbe, que convence a las autoridades de Auschwitz para ponerse en lugar de Galowniczek. Decir “grandeza” no es exageración cuando Kolbe acepta morir llevando a la práctica la enseñanza de San Juan de “nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”. Así que, realizado el trueque, el sacerdote polaco Maximiliano María Kolbe (1894-1941) sería sentenciado a morir de hambre. Y durante tres semanas malvivió entre la extenuación y la agonía hasta que un 14 de agosto le inyectaron el letal fenol.

Héroes que salvaron a judíos

Mientras colaboracionistas italianos y seguidores del Gobierno francés de Vichy ayudaban a los nazis, el alcalde de Túnez Al Sakdat se afanó por ocultar a los judíos hasta que las tropas aliadas los liberaron. Y si el Gran Muftí en Palestina, el musulmán Haj Amin al-Husseini, era ardiente seguidor de la causa nazi –en Berlín la bandera palestina fue la única que ondeó al lado de la del Reich-, el regente de la Gran Mezquita de París, Kaddur Benghabrit, fue contrario al antisemitismo visceral de al-Husseini y proporcionaría identidad musulmana a los detenidos y deportados judíos.
En el este de Europa sobresaldría también, de modo igualmente heroico, el español Ángel Sanz Briz (1910-1980). Este zaragozano, con la ayuda de su amigo italiano Giorgio Perlasca, que más tarde le suplantaría la identidad y sustituiría en el cargo, se opuso a la persecución fratricida. Y siguiendo el modelo de su antecesor en Budapest, Miguel Ángel de Muguiro, y los pasos del funcionario de la Embajada española en Berlín Fernando Oliván, en 1944 Sanz Briz dispuso su ingenio para generar documentos falsos y saltarse las leyes nazis vigentes.
El diplomático español Ángel Sanz Briz generó multitud de documentos falsos para salvar a miles de judíos en Hungría
Este diplomático español en Hungría no solo creó casas “asilo” en las que mantener con vida a los judíos, sino que además, y bajo el mismísimo régimen de Franco, proporcionaba, rescatando la letra del Real Decreto de 1924 del entonces General Primo de Rivera, pasaportes españoles a los judíos que alegaban origen sefardí, es decir, español. En esta red clandestina perfectamente tejida para sacar de los pogromos a hombres, niños y mujeres, Sanz Briz consiguió salvar a más de 5.200 judíos.

El caso de Irena Sendler

Los héroes claro que existen. Los ha habido en todas las épocas. Incluso en aquellas en las que parece no haber ventanas por donde entrar la luz. De hecho, cerca del horror de los guetos, hubo individuos que realizaron una labor callada pero efectiva, altamente ejemplar aunque anónima. Tal fue el caso de Irena Sendler (1910-2008). La proeza de esta mujer no es baladí, pues de los tres millones y medio de judíos polacos solo llegaron a sobrevivir 70.000. Y de esos setenta mil supervivientes 2.500 fueron, gracias a la acción de Sendler, librados de la guadaña de la muerte.
Irena Sendler sacar del gueto a 2.500 niños judíos después de haber falseado sus nombres y escondido su verdadera identidad

A diferencia del final trágico que reservaron a la antinazi Sophia Magdalena Scholl, Irena pudo escapar con vida del cautiverio al que le sometió la Gestapo. Y pese a las palizas y fracturas de huesos sufridas a raíz de su detención acaecida el 20 de octubre de 1943, esta asistente social nada dijo durante su encierro. Nunca empleó el camino de la delación. ¿Su crimen? Haber convencido a madres y abuelas de que sus hijos y nietos podrían mantenerse con vida lejos del destino que les imponían los Gilles de Rais nazis. Su no delito residió en oponerse a lo inhumano. Y sacar del gueto a 2.500 niños judíos después de haber falseado sus nombres y escondido su verdadera identidad en minúsculos trozos de papel guardados en tarros de cristal, sepultados a su vez bajo el árbol mítico de la Vida, el manzano.
En cualquier caso, ya lo dijo Miguel de Unamuno en El sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1912), “ni el sentimiento logra hacer del consuelo una verdad ni la razón logra hacer de la verdad un consuelo”. Cito la observación unamuniana porque Irena Sendler, esta mujer polaca, descubierta en 1999 por unos escolares de Kansas, siempre brilló con luz propia. Y siendo casi centenaria apenas había hablado al mundo de sus hazañas. Solo a un año de morir, en 2007, Irena sería propuesta para el Premio Nobel de la Paz, galardón que conquistaría Al Gore, un político tan de moda como bien pagado de sí mismo.

El valiente Vasili Arkhipov

La lista de gentes de bien resulta interminable. E invisible para nosotros en la mayoría de las ocasiones. Igual que los frailes trinitarios rescataban a presos en cárceles africanas –fue el caso de Miguel de Cervantes en Argelia-, el monje suizo Jens Petzold ha logrado salvar a 200 personas de los hierros y prisiones de ISIS. Y si me lo permiten ahora, acabaré estas líneas no sin antes rescatar la figura de un oficial naval que impidió el estallido de la IIIª Guerra Mundial. Y salvó a la especie humana de morir bajo los efectos radioactivos de la conflagración nuclear.
El marino ruso Vasili Arkhipov convenció a su capitán para no disparar un torpedo nuclear que hubiera originado la Tercera Guerra Mundial
En aquella crisis cubana de los misiles que duró trece interminables días, un buque de guerra norteamericano descubrió la presencia de un submarino nuclear soviético, un B-59, cercano a las aguas de Cuba. Al ver que era hostigado con cargas de profundidad, el oficial al mando del submarino soviético dio la orden de preparar un torpedo nuclear para su disparo inminente. “Vamos a reventarlos ya. Nosotros moriremos, pero hundiremos a todos. No deshonraremos a nuestra armada”, exclamaba el capitán Valentín Grigórievich Savitsky.
Fue la intervención del marino Vasili Arkhipov (1926-1998) lo que permitió dar fin a esta locura. Con frialdad, Arkhipov expuso al primer oficial que no había instrucciones beligerantes en tal dirección procedentes de Moscú. Y no solo eso. Manteniendo la calma en una situación tan difícil como tensa logró convencer a su capitán de no iniciar el fuego nuclear. Esto sucedía a las cinco de la tarde de un 27 de octubre del año 1962.