Oaxaca: el fracaso de la transición política
Francisco López Bárcenas
C
on más de medio camino
recorrido y tan sólo dos años para entregar el cargo, está visto que el
gobierno de Oaxaca, encabezado por Gabino Cué Monteagudo, no pudo
conducir a la sociedad oaxaqueña hacia una democracia plural y más
participativa ni mejorar la relación entre la sociedad y el Estado, como
prometió en su discurso de toma de protesta. Postulado por una
coalición de partidos de derecha e izquierda y arropado por una sociedad
agraviada en sus derechos por su antecesor, el mandatario llegó al
cargo con la esperanza de impulsar un gobierno distinto a los que hasta
entonces había sufrido el estado. No pudo. Sus desavenencias con quienes
lo llevaron al poder lo orillaron a llamar a los operadores del partido
derrotado para poder gobernar y terminó apoyado en los grupos
caciquiles regionales y dando concesiones sin fin a todos los partidos,
nacionales y estales, con tal de que lo dejaran manejar la
administración gubernamental.
En noviembre de 2013, la asamblea comunitaria eligió como presidente municipal al señor Alfredo Bolaños Pacheco, quien intentó llevar la paz al municipio y recomponer el tejido social roto en la administración anterior. No fue fácil, porque sus enemigos no lo dejaron. El 12 de agosto de 2014, un grupo de vecinos fue agredido con armas de fuego por gente del ex presidente municipal, que detuvieron y torturaron al señor Pedro Peralta Carrillo, que ahora se encuentra preso en Cuicatlán, acusado de delitos falsos. El 24 de noviembre fue tomado el palacio municipal y los miembros del cabildo retenidos en su interior por más de cinco horas, para obligar al alcalde a solicitar licencia a su cargo. De acuerdo con la asamblea comunitaria, esta acción tuvo como objetivo evitar que el ex presidente municipal aclarara ante la Auditoría Superior del Estado el faltante de varios millones de pesos ejercidos en su periodo de gobierno.
Eloxochitlán de Flores Magón es sólo una muestra de lo que sucede en varios municipios oaxaqueños, que se quedaron esperando la democracia plural y más participativa, así como el mejoramiento de la relación entre la sociedad y el Estado que les prometió Cué Monteagudo en su primer día de gobierno. El resultado no sólo es la continuación del autoritarismo como forma de gobierno, sino la existencia de muertos, presos, perseguidos, amenazados y gente que vive en la intranquilidad, porque no sabe a qué hora le van a caer los contrarios. Son estas condiciones las que dan sentido a las palabras que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional pronunció en el vigesimoprimer aniversario de su aparición pública, haciendo un llamado a los pueblos de México a alejarse de los partidos y unirse entre ellos para construir un futuro distinto. Son estos hechos los que justifican la idea de ir creando otro constituyente, que vaya pensando la idea de transformar el país a fondo.
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