viernes, 1 de septiembre de 2017

Una nueva batalla contra el imperio

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Una nueva batalla contra el imperio


Foto: Referencial
Foto: Referencial
Hoy que las pretensiones del imperio norteamericano se han convertido en una amenaza real contra el pueblo venezolano,  no debemos olvidar que desde Guaicaipuro, pasando  por el ejército de llaneros y zambos, con Bolívar a la cabeza, hemos demostrado que somos un pueblo que no se arrodilla, que no se entrega al mejor postor; hemos construido nuestra historia con sangre y con luces, ambos métodos llenos de sueño y de heroísmo.
Hoy una vez más un imperio sediento de sangre y de recursos, amenaza nuestras conquistas sociales y lo más preciado “la independencia nacional”, ante esta amenaza, nuestra genética libertaria, impulsa nuestra convicción de resistencia en movilización  y de victoria. Dios nos proteja de una locura, pero si así ocurriera volveremos a brillar junto a la historia heroica de nuestros indígenas y de nuestros libertadores.
Nunca hemos sido un pueblo que se arrodilla, nosotros estamos obligados a VENCER.
Les invito a leer la Carta del Teniente General Pablo Morillo y Morillo, Comandante de la Expedición Española de Pacificación al Rey Fernando VII en marzo de 1816, respecto al los venezolanos y su espíritu independentista :
Carta del Teniente General Pablo Morillo y Morillo a Fernando VII , 1816.
El americano no quiere ser gobernado por nadie, a menos que sea jefe de su país; no obedece a ningún europeo, sobre todo si es español, o, si le obedece, no es sino aguardando la ocasión de sacudir el yugo.
Cada provincia de América quiere ser gobernada a su manera: Lo que es bueno para el virreinato de Santa Fe, no es conveniente para Venezuela, aunque sean limítrofes.
El habitante de Santa Fe se ha mostrado tímido; el de Venezuela, audaz, malvado y sanguinario. En el virreinato se escribe mucho, y los jueces están abrumados de trabajo; en Caracas, al contrario, se terminan las disputas por medio de la espada. De aquí la diversa clase de resistencia que hemos encontrado en los países; aunque en una cosa se parecen ambos, que es la disimulación y la perfidia.
Probablemente los habitantes del virreinato no nos habrían resistido con tanta obstinación si no hubieran estado ayudados por los venezolanos.
Por igual motivo ha sido que Cartagena se ha sostenido tanto tiempo contra nosotros. Al lado derecho de los márgenes del Magdalena han dado algunos combates; los que más se han distinguido en ellos han sido igualmente los venezolanos. La estéril provincia de Antioquia nos ha declarado una guerra a muerte por dos ocasiones, y han cerrado el paso de sus montañas: Los venezolanos han sido lo que a ello la han excitado.
Santa Fe ha tomado las resoluciones más desesperadas en virtud de las insinuaciones de los emisarios de Venezuela. En una palabra, todo en la lucha actual es obra de este maldito pueblo.
En su propio país es una horda feroz, y si se dirige bien, nos va dar que hacer por mucho tiempo, y será necesario sacrificar muchos soldados y muchos tesoros para reducirlo a la obediencia. A mi llegada a este país, a la cabeza de la expedición de S.M., me ha horrorizado el saber que cada acción perdida o ganada, costaba multitud de soldados. Persuadido de que la guerra de destrucción era la obra de dos partidos animados por la venganza, creí llegado el tiempo de emplear la clemencia que S.M., ha recomendado tanto; pero ¿Cuál ha sido el resultado de la dulzura? Nuevas revoluciones; nuevas perfidias han sido la continuación de la aparente pacificación, y si en algún tiempo se somete al virreinato, se puede estar persuadido de que no aguardará sino una ocasión favorable para sublevarse de nuevo, sobre todo si no se ha extinguido radicalmente el germen de la revolución en Venezuela
Carta del Teniente General Pablo Morillo y Morillo Comandante de la Expedición Española de Pacificación al Rey Fernando VII en marzo de 1816, desde su Cuartel General en Santa Fe de Bogotá, Nueva Granada.
FPAV…
Ni un paso atrás
La Victoria es Nuestra

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