miércoles, 4 de mayo de 2016

A toda velocidad la estrategia de Obama contra Cuba


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A toda velocidad la estrategia de Obama contra Cuba

 

 

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El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama y los miembros de su gabinete, han sido precisos en lo que desean hacer con la Revolución socialista cubana para lograr su desmontaje, sencillamente erosionarla desde sus entrañas, y dejar atrás la inoperante política del aislamiento que no les dio resultados.
Para poner en marcha ese plan, el primer paso fue la apertura de una embajada en La Habana, que les permite tener más diplomáticos en la búsqueda de información de la situación interna, los aspectos más sensibles a priorizar e identificar posibles actores para el cambio.
Seguidamente y así lo han expresado, es la influencia política sobre lo que se empeñan en calificar como sociedad civil, especialmente los trabajadores no estatales, prepararlos y beneficiarlos para que resulten más prósperos económicamente y sirvan como la vitrina eficiente y próspera del sistema capitalista.
El pasado 26 de enero del 2015 fueron anunciadas y publicadas algunas medias que flexibilizan el control y las regulaciones impuestas por Estados Unidos hacia Cuba, de forma conjunta por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro. Sobre estas la Secretaria de Comercio, Penny Pritzker, expuso en su cuenta Twitter que:
“Las provisiones están diseñadas para apoyar al sector privado emergente en Cuba y colocarnos más cerca de alcanzar las metas históricas de política exterior del presidente Obama y fortalecer la sociedad civil cubana”.
En este sentido, el vocero del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Ned Price, aseguró en un comunicado oficial:
“Así como los Estados Unidos están haciendo su parte para eliminar los impedimentos que han limitado a los cubanos, urgimos al Gobierno cubano a que facilite que sus ciudadanos emprendan un negocio, puedan comerciar y accedan a la información en línea”.
Todo va encaminado hacia el sector no estatal, como si los pequeños negocios de restaurantes, cafeterías y los taxis pudieran desarrollar la economía de un país bloqueado económicamente por Estados Unidos desde hace más de medio siglo.
Como continuidad a esa misma estrategia, el pasado 22 de abril 2016 el Departamento de Estado emitió un anuncio donde expresa que a partir de esa fecha permitirán la importación de café y de productos textiles, pero “solo los producidos por empresarios independientes cubanos”.
En el mes de febrero de este año había hecho lo mismo con los artesanos que trabajan la joyería, la cerámica y las obras de arte, la perfumería, los jabones, velas, productos fotográficos o cinematográficos, artículos de plástico, de cuero o de madera; libros y papel, seda, algodón, algunos textiles, calzado, cerámica, artículos de cristal, piedras preciosas, entre otros.
En su nuevo anuncio el Departamento de Estado admitió: “hoy no se puede predecir lo que permitirá el Gobierno cubano, y esperamos que autorice esta y otras oportunidades para el naciente sector privado de Cuba”. Esta es otra medida pensada para apoyar la capacidad del pueblo cubano para lograr un mayor control sobre sus propias vidas y determinar el futuro de su país.
Resulta evidente que Estados Unidos pretende crear una disputa interna entre los productores privados y el Gobierno cubano, para que se les enfrente e ir creando la verdadera oposición al sistema socialista.
Una prueba de su malsana intención es que mantienen el Bloqueo y por tanto la prohibición de importar desde Cuba alimentos, productos agrícolas, alcohol y tabaco, productos minerales, químicos, metales, maquinaria y equipos eléctricos, entre otros más.
Para seguir perfilando su nueva estrategia seleccionan a ciertos grupos de cubanos para visitar sus Universidades, como parte del intercambio académico, donde reciben conferencias de diversos temas, entre ellos el de la racialidad, las nuevas tecnologías de las comunicaciones, el empleo de Internet y sobre las fórmulas económicas para ser un eficaz empresario privado.
No en balde una parte considerable de los norteamericanos que visitan la isla, bajo alguna de las 12 licencias aprobadas por el Departamento de Estado, deben hospedarse en casas particulares, comer en restaurantes no estatales y moverse en taxis privados, con el fin de incrementar las ganancias de este sector, y que logren una prosperidad económica mucho mayor que la de los trabajadores estatales. Obama fue uno de ellos.
El reto para Cuba es grande, de ahí que se ha establecido una política muy inteligente con ese sector, que ha crecido por decisión exclusiva de la máxima dirección de la Revolución desde 1995, cuando el propio Fidel Castro afirmó el 7 de marzo, durante su discurso en el VI Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas, (FMC):
“Tiene que aumentar el número de trabajadores por cuenta propia, las posibilidades para el trabajo por cuenta propia y el desarrollo de determinadas producciones artesanales, de producción en menor escala, eso hay que hacerlo por distintas razones”.
“Tenemos que analizar bien las perspectivas del desarrollo de la pequeña y la mediana empresa, el papel del Estado y su participación en todo eso…”
Obama podrá soñar con ver el socialismo cubano desmontado, pero deberá tener presente que los cubanos desean ir hacia adelante, mejorar económicamente sin perder las conquistas sociales que solo la Revolución socialista les posibilitó, pues el capitalismo instaurado desde que Estados Unidos ocupó la Isla en 1898, no hizo nada por mejorar al pueblo trabajador.
Ante escenario hay que tener muy presente las palabras de José Martí, cuando aseguró:
“Un pueblo en la angustia del nuestro necesita despejar el enigma: arrancar, de quien pudiera desconocerlos, la promesa de respetar los derechos que supiésemos adquirir con nuestro empuje, saber cuál es la posición de este vecino codicioso, que confesamente nos desea…”
Arthur González, cubano, especialista en relaciones Cuba-EE.UU.
Fuente: martianos.ning.com

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