La OTAN despide a Obama con una fiesta anti-Rusia
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La fiesta de despedida que la OTAN brindará a Barack Obama en la última visita oficial del presidente norteamericano a Europa incluirá un nuevo miembro en la foto oficial. Montenegro será uno de los protagonistas de la reunión que la Alianza Atlántica celebrará en Varsovia, el 8 y 9 de julio.
Los
propagandistas otanianos dicen que la invitación a uno de los antiguos
miembros de la Federación yugoslava no puede considerarse como un acto
contra Moscú, "pues basta consultar el mapa de Europa para ver que
Montenegro está lejos de las fronteras con Rusia". Justificaciones
peregrinas como la anterior pueden valer para párvulos, pero no son
serias ni siquiera en la boca de activistas del agit-prop atlantista.
La
expansión hacia el Este de Europa de la OTAN da un nuevo paso
saltándose la opinión de los ciudadanos del país concernido y obviando
las condiciones que supuestamente son exigidas para devenir miembro de
la organización militar. Según los sondeos más recientes publicados en
Monenegro, los partidarios de la integración en la Alianza y los
defensores del estatus actual se encontrarían igualados.
Uno de los regímenes más corruptos del Viejo Continente, conducido
desde hace más de 25 años por Milo Djukanovic, es el último invitado a
unirse al club apadrinado por Washington, aunque antes deberá pasar el
examen de los Parlamentos de los 28 miembros. Y en cada capital los
gobiernos deberán justificar la acogida a un régimen que hasta el
momento no ha recibido más que críticas sobre el respeto a los derechos
humanos, la libertad de prensa u otros ejemplos de las condiciones que
la organización exige supuestamente a sus socios.
Nada imposible para los países de la Unión Europa, acostumbrados a saltarse las normas que ellos mismos se imponen cuando les conviene, como es el caso del cortejo hecho a Turquía en el momento en el que el régimen de Racep Tayyp Erdogan aumenta la represión contra la minoría kurda, cierra diarios críticos, encierra a periodistas independientes y oculta sus ambiguas relaciones con el autodenominado Estado Islámico.
Montenegro
no tiene frontera con Rusia, pero de sobra conocen los estrategas de la
OTAN el valor simbólico de un país que, cuando le convenía, mantenía
excelentes relaciones con Moscú. La OTAN sueña con expandir su poder
militar para, como reconocen – en serio– sus dirigentes, "hacer frente a
la amenaza rusa". Cualquier ciudadano montenegrino y europeo no ducho
en estrategia militar puede preguntarse quién amenaza a Montenegro.
¿Entra en los planes de Rusia llegar hasta el Adriático, tras invadir
uno tras otro a Ucrania, Moldavia, Rumanía y Serbia? ¿Provoca la risa
el exmando de la Alianza Atlántica, el británico Sir Alexander Richard
Shireff, cuando asegura en un libro que Rusia invadirá Letonia en 2017?
¿Las declaraciones del almirante norteamericano y también ex jefe
supremo de la OTAN, James Stavridis, asegurando que Vladímir Putin
pulsará el botón nuclear son otra broma?
El ejercicio de sus funciones puede haber afectado a ciertos uniformados occidentales que reflejan su estrés post-traumático en soflamas anti-Putin. Pero todo sirve a la guerra mediática. El problema es que las historias de James Bond ya no venden como en el período de la 'Guerra fría'. A los europeos se les intenta convencer de que esa Guerra Fría fue declarada por Rusia en Crimea y el Este de Ucrania. Pero ese discurso no cuaja, aunque el softpower antirruso utilice todos los medios, desde los films de Hollywood, a los premios Nobel o el Festival de Eurovisión.
Brigadas norteamericanas en Polonia, sistemas de defensa antimisiles en Rumanía,
presión a Finlandia y flirteos con Suecia. Los portavoces de la
ofensiva militarista de la OTAN encuentran todo tipo de justificaciones.
Las instalaciones en Rumanía se vendieron como parte de la defensa
contra un ataque iraní. Otra broma.
Pero lo que menos gracia hace a los gobiernos europeos es la
exigencia de los norteamericanos de dedicar un 2% del PIB de cada país a
gastos militares. En su última visita a Alemania, Obama abroncó a sus
aliados diciendo que "Europa ha sido complaciente con su propia
defensa". Washington quiere pagar menos para "defender" a Europa. El
candidato republicano, Donald Trump, ha criticado el gasto y ha
insinuado, incluso, que la OTAN debería disolverse.
En Europa solo Grecia y el Reino Unido dedican el 2% de su Producto Interior Bruto a gastos militares. El resto de sus vecinos no están muy convencidos de seguir las instrucciones de Obama, visto el panorama económico al que tienen que hacer frente en el apartado doméstico.
Montenegro
es la última pieza que la OTAN se adjudica en el flanco Sur de Europa.
Las presiones se hacen intensas en el Norte del continente. Los
finlandeses parecen tenerlo claro: solo dos de cada diez quieren
integrar a su país en la Alianza Atlántica. Solo un partido, el
Conservador, apoya la integración.
En Suecia, el 60% de la población se manifiesta a favor de mantener
la neutralidad de la que el reino disfruta desde hace 200 años. Pero las
presiones aumentan. Algunos mandos militares suecos atizan el caldero
de la paranoia afirmando que sus fuerzas solo podrían resistir un ataque
durante una semana. Hará falta algo más para convencer a la ciudadanía.
Lea más: El ingreso de Montenegro en la OTAN será un nuevo fallo de la Alianza
Hace 30 años el líder socialista español Felipe González convenció a sus compatriotas de la necesidad de votar en referéndum por el ingreso en la OTAN. Su partido había hecho campaña durante años contra esa opción. González ligó la adhesión a la OTAN con el ingreso de España en la Unión Europea. Otro de los argumentos que el jefe de los socialistas utilizó para convencer a los españoles es que "en la OTAN estaban los países con el mayor desarrollo económico, con el mayor grado de democracia, de libertades y de derechos humanos". En el caso de Montenegro ese argumento no es aplicable. Pero Djukanovic no ha necesitado utilizar ninguno. No ha consultado a su pueblo.
Veintidós
países de la UE son miembros de la OTAN. La añagaza de la integración
en Europa es utilizada también para atraer a los gobiernos hacia la
Organización militar, como hizo Felipe González. Ambas organizaciones
intentan colaborar aunque sus fines difieran. La UE no quiere quedarse
fuera de la fiesta de Varsovia en julio. En una reunión conjunta
celebrada en Bruselas ambas instituciones han definido la necesidad de
unirse ante otro peligro proveniente de Rusia: un ciberataque.
La UE y la OTAN han definido los deberes para la "cumbre de
Varsovia": además del ciberataque de Moscú, la crisis de los refugiados y
las consecuencias de estados fallidos vecinos a Europa. Libia, para
entendernos. Las soluciones propuestas son, además de una respuesta
militar, "combatir la propaganda y formar personal para estabilizar
gobiernos". Nada original: más OTAN, más Hollywood y más paternalismo
europeo.
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REUTERS/ Ints Kalnins
Nada imposible para los países de la Unión Europa, acostumbrados a saltarse las normas que ellos mismos se imponen cuando les conviene, como es el caso del cortejo hecho a Turquía en el momento en el que el régimen de Racep Tayyp Erdogan aumenta la represión contra la minoría kurda, cierra diarios críticos, encierra a periodistas independientes y oculta sus ambiguas relaciones con el autodenominado Estado Islámico.
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El ejercicio de sus funciones puede haber afectado a ciertos uniformados occidentales que reflejan su estrés post-traumático en soflamas anti-Putin. Pero todo sirve a la guerra mediática. El problema es que las historias de James Bond ya no venden como en el período de la 'Guerra fría'. A los europeos se les intenta convencer de que esa Guerra Fría fue declarada por Rusia en Crimea y el Este de Ucrania. Pero ese discurso no cuaja, aunque el softpower antirruso utilice todos los medios, desde los films de Hollywood, a los premios Nobel o el Festival de Eurovisión.
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En Europa solo Grecia y el Reino Unido dedican el 2% de su Producto Interior Bruto a gastos militares. El resto de sus vecinos no están muy convencidos de seguir las instrucciones de Obama, visto el panorama económico al que tienen que hacer frente en el apartado doméstico.
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Lea más: El ingreso de Montenegro en la OTAN será un nuevo fallo de la Alianza
Hace 30 años el líder socialista español Felipe González convenció a sus compatriotas de la necesidad de votar en referéndum por el ingreso en la OTAN. Su partido había hecho campaña durante años contra esa opción. González ligó la adhesión a la OTAN con el ingreso de España en la Unión Europea. Otro de los argumentos que el jefe de los socialistas utilizó para convencer a los españoles es que "en la OTAN estaban los países con el mayor desarrollo económico, con el mayor grado de democracia, de libertades y de derechos humanos". En el caso de Montenegro ese argumento no es aplicable. Pero Djukanovic no ha necesitado utilizar ninguno. No ha consultado a su pueblo.
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