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Así sería una 'superpotencia' china
Por Marc Champion, New Economy Forum @ElFinanciero_Mx
Lo
que más sorprendió a Wang Wen de la Antártida, aparte del frío de
diciembre, fue la escala de las operaciones de EU en un entorno tan
inhóspito. Tras observar la misión académica de cientos de científicos
estadounidenses en una región con tanto potencial de recursos, resolvió
que China debe ir a la par.
El
informe que Wang escribió este verano para el Instituto Chongyang de
Estudios Financieros en la Universidad Renmin de China en Beijing, donde
es decano, refleja el creciente dilema chino a medida que avanza en un
sistema internacional que no creó.
Por
primera vez, la nación tiene en el presidente Xi Jinping un líder con
una visión global. Por eso Beijing mira inevitablemente a EU, la única
superpotencia como referencia para saber qué necesita para llegar a ese
nivel.
Sin embargo, los líderes
del Partido Comunista parecen resistirse a ser vistos como la próxima
hegemonía mundial y son reacios a asumir el gasto que ello conlleva.
Evitan cuidadosamente la palabra “superpotencia” y consideran que la
versión estadounidense es ideológicamente inaceptable.
Tanto
si China se convierte en una superpotencia como si puede soportar los
costos involucrados son preguntas que impactarán al mundo por décadas.
Tendrá el poder de fijar los términos del comercio, el orden global y
cuestiones de guerra y paz. Cuando le preguntaron a Wang cómo sería una
gran potencia china, respondió “No lo sabemos. No será para nada como
Estados Unidos”.
Tal vez China no
esté interesada en ser una superpotencia, pero el destino puede cambiar.
Después de todo, EU también comenzó su viaje en la escena mundial
decidido a no replicar los imperios coloniales anteriores. Hoy, marinos y
militares se extienden por todo el mundo para proteger sus intereses.
China
podría estar recorriendo un camino similar. Tiene un programa de
construcción de portaaviones e inauguró su primera base militar en el
extranjero el año pasado, en Yibuti, en el Cuerno de África. Ha
aumentado su gasto para el servicio diplomático y el proyecto económico
“Made in China 2025” pretende desplazar a EU como potencia tecnológica
mundial, mientras que otro plan busca dominar la arena de la
inteligencia artificial para 2030.
El
país incrementó el gasto en defensa de 21 mil millones de dólares en
1990 a 228 mil millones el año pasado, tres veces el presupuesto de
Rusia. China puede ser cualquier clase de potencia que desee.
Con
todo, su mano dura contra la libertad de expresión y otras libertades
sociales no sugiere un régimen seguro de sí mismo. Una incipiente guerra
comercial con EU mermó en 20 por ciento el valor de las acciones chinas
desde enero, lo que desencadenó un debate interno sobre si Xi se ha
extralimitado desafiando tan abiertamente a Washington.
Pensemos,
también, que el ciudadano chino sigue siendo menos rico que el mexicano
en un momento en que la población envejece. Algunos inversores se
preguntan sobre los bancos de ese país, cuyos préstamos sustentaron por
décadas el crecimiento del que depende el partido para su legitimidad.
Si hablamos de una superpotencia, es una todavía frágil.
Wang,
de 32 años, es uno de los leales que ha cobrado relevancia desde que Xi
asumió el poder. Al igual que su jefe (porque Wang es también el
secretario del partido en el Instituto Chongyang), exuda confianza
ilimitada en el futuro de China. Aunque le desagradan las historias de
los exploradores de la era colonizadora, como Robert Scott, que corrían
para plantar sus banderas y reclamar territorios, admira su “espíritu
intrépido” y su disposición.
Una
capa de hielo con una profundidad media de 2.6 kilómetros ha protegido
los recursos de la Antártida de la exploración. Aun así, el informe de
Wang afirma que debajo de la superficie hay aproximadamente 500 mil
millones de toneladas de carbón, 100 mil millones de barriles de
petróleo y 5 billones de metros cúbicos de gas natural. A pesar de un
tratado de 1959 que congela todas las reivindicaciones territoriales, al
menos por ahora, Wang ve una “feroz” lucha geopolítica en camino.
Teme
que, sin una voz y presencia más fuertes, China saldrá perdiendo. “El
presidente Xi Jinping ha enfatizado en repetidas ocasiones que China
debe participar más activamente en el establecimiento de reglas en
nuevas áreas, incluidas las aguas profundas, las regiones polares, el
espacio exterior e internet”, concluye su informe. En la práctica, eso
significaría construir infraestructura para recibir turistas y reforzar
la presencia de los investigadores chinos, el factor determinante de
influencia en la administración multinacional de la Antártida.
El
presupuesto solicitado en EU para la Oficina de Programas Polares en
2019 es de 534 millones de dólares. Según el informe, entre 2001 y 2016
China invirtió 45 millones en su programa antártico. Beijing podría
invertir más, pero la Antártida es solo uno de los desafíos que el país
encara mientras afirma sus intereses en todo el mundo.
En
enero, China publicó su primer libro blanco sobre el otro polo, el
Ártico, delineando su ambición de una “Ruta de la Seda Polar”. Propone
construir buques rompehielos y bases, herramientas esenciales en una
zona más expuesta a las reivindicaciones territoriales que el casquete
polar del sur.
China ya ha
invertido cientos de miles de millones de dólares en su iniciativa Belt
and Road. En África prestó casi 86 mil millones de dólares entre 2000 y
2014 a gobiernos y empresas estatales y, en 2015, Xi prometió otros 60
mil millones de dólares para la iniciativa. Mientras tanto, para igualar
los gastos de defensa de EU, China necesitaría encontrar 400 mil
millones de dólares anuales, un costo elevado.
Según
David Shambaugh, profesor de la Universidad George Washington, Xi
comprende la lección central del fracaso de la Unión Soviética, a saber,
su excesiva dependencia de la fuerza militar. Más allá de las armas,
las superpotencias requieren tecnología, economías fuertes y poder
cultural para mantenerse. “China entiende eso”, dijo.
Según
cifras oficiales, China destina el 1.5 por ciento del PIB anual al
gasto militar, si formara parte de la alianza de la OTAN recibiría
críticas de EU por gastar tan poco. No obstante, según el instituto de
investigación Rand Corporation, el año pasado, por primera vez, China
teóricamente igualó el poder aéreo de Estados Unidos en cualquier
conflicto por Taiwán. Mientras tanto, su último presupuesto eleva el
gasto diplomático al doble de la tasa del militar. Más de 500 Institutos
Confucio ahora enseñan la lengua y la cultura chinas en todo el orbe.
Pese
a ello, China tiene pocos aliados reales y sigue siendo una
superpotencia parcial, según Shambaugh. Su poder cultural se ve socavado
por su militarización del Mar del Sur de China y por el temor de que
sus préstamos para infraestructura en el extranjero sean solo trampas de
deuda para naciones pequeñas. “Sus fuerzas armadas siguen siendo
regionales, casi no tienen capacidad de despliegue”, comentó Shambaugh,
agregando que lo mismo puede decirse de la diplomacia, donde China aún
no ha asumido el liderazgo en un acuerdo internacional. “Es realmente
una potencia volcada en sí misma, no está interesada en configurar el
orden mundial”.
Eso no es del
todo cierto, según Henry Wang, fundador y presidente del Centro para
China y la Globalización en Beijing. Es verdad que el país no quiere
destruir el orden mundial configurado por EU, pues se ha beneficiado de
él. Pero sí quiere crear una nueva globalización al agregar nuevas
estructuras como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura. Pero
hay un obstáculo para las ambiciones globales de China: que su motor
económico se estanque. El gigante sería, por ejemplo, la primera
superpotencia en comenzar a envejecer antes de hacerse rica. Según
Naciones Unidas, es probable que su población de mil 400 millones de
habitantes disminuya y envejezca en 2023.
“No
puedo encontrar un ejemplo de una superpotencia que crece cuando su
población decrece”, señaló Zhang Jian, profesor de la Universidad de
Beijing. El Imperio Británico y EU cobraron prominencia cuando sus
poblaciones se catapultaron. “Xi necesita preocuparse más por la
situación doméstica y menos por ser una gran potencia”, dijo Zhang.
Además,
la riqueza de China debe ponerse en contexto, opina Tom Orlik,
economista en jefe de Bloomberg Economics. “Una forma de medir el dinero
adicional que China tiene para gastar en el mundo es mirar el PIB
nominal en términos de dólares estadounidenses. En el lustro anterior a
la crisis financiera, promedió un crecimiento anual cercano al 23 por
ciento”, detalló Orlik. “En los últimos cinco años, promedió un 7 por
ciento, incluido un año de crecimiento cero en 2016”.
El
PIB per cápita de China es 9 mil dólares frente a los 60 mil de EU. Eso
significaría más margen para un crecimiento de convergencia, pero para
llegar allí China tendrá que evitar la trampa del ingreso medio que
mantiene a economías emergentes atrapadas por debajo de un PIB per
cápita de 15 mil dólares. Sin embargo, según los partidarios de Xi, aquí
las leyes económicas occidentales no aplican, la inteligencia del
partido permitirá que China supere la trampa del ingreso medio, incluso
sin el poder judicial independiente y los derechos de propiedad que
fomentaron la innovación en otras partes.
Xi
le pide a los científicos chinos que confíen en un sistema socialista
que sorprendió al mundo cuando produjo programas nucleares y espaciales
en 1960. Por otro lado, la concentración del poder en Xi ha despertado
el temor de que el alcance de las malas decisiones que no son
cuestionadas crezca. En el Museo Nacional de China en Beijing, una
exhibición permanente narra la historia del país desde la Guerra del
Opio de 1839 como un cuento moral de opresión colonial, seguido de un
éxito ininterrumpido protagonizado por el partido. Omite la Revolución
Cultural y el Gran Salto Adelante de Mao Zedong, que causaron muertes y
un gran daño económico.
Joerg
Wuttke, expresidente de la Cámara de Comercio Europea en Beijing,
comenta que la adulación tiende a crecer con el régimen unipersonal de
gobierno. Teme que el partido esté drenando el talento de la burocracia
de la que dependen los líderes de China para ser prósperos. “El partido
que tuvo tanto éxito en los últimos 30 años es el mismo que dejó una
estela de destrucción en los 30 años precedentes”, dice Wuttke. Pero
esto, según Wang Wen, es malinterpretar a China. Para ello, cita cuán
incorrectas han sido las advertencias sobre el sobreendeudamiento chino y
que la economía convencional es incompetente. “Si usas la teoría
occidental, no entenderás la política exterior de China”.
Con la colaboración de Dandan Li y Peter Martin*
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